En el capítulo anterior…
-¿A dónde se va Hermione?
-Yo digo que con Malfoy –dijo Ron.
-¡Hey, chicos! –era Seamus Finnigan-. El sábado iremos a la Disco Hogsmeade, ¿quieren ir?
-¿Qué hacen aquí tan tarde? –exclamó Snape, furioso.
-Menos mal que no se diera cuenta de que yo aún soy menor –dijo Harry, mientras se iban.
-¡Muchachos! –exclamó Fred, sonriendo al verlos entrar en Las Tres Escobas-. Tenemos a alguien para presentarte, Ron.
Ron siguió a Madame Rosmerta a través de una puerta y unas escaleras que bajaban a un sótano. La mujer se acercó, le aferró el largo cabello con ambas manos y empezó a besarlo.
-¿Tú no salías con Lavender otra vez? –preguntó Neville.
-¿Y tú como te enteraste? Se suponía que era secreto –le dijo Ron.
-Sí, por supuesto que es secreto, considerando que Lavender está de novia con Michael Corner. Luna te vio con Lavender el otro día en Cabeza de Puerco.
-Bueno, muchachos –dijo Fred, luego de que tomaran los tequilas explosivos, en la Disco-. ¡Es hora de divertirse!
Barra libre en la Disco Hogsmeade (segunda parte)
-¡Bésame! –le dijo la rubia, mientras Harry trataba de mantener el equilibro.
-No…
-¿Por qué no?
-¡Porque amo a Hermione! –le dijo Harry. ¿Por qué la gente no entendía eso? Era bastante simple. La chica, que debía tener unos dieciocho años, revoleó los ojos cansinamente, pero no se rindió.
-¿Quién es esa Hermione?
-Es simplemente… La chica más hermosa que puedas imaginarte –le dijo Harry, volviendo a adoptar la sonrisita estúpida. El exceso de alcohol impedía que diferenciara a aquella chica de un Bowtruckle. –Es castaña, y siempre lleva el cabello alborotado –sonrió aún más-. Como si no pudiera controlar el frizz, ¿entiendes? Y su cara es de una piel muy suave, sus ojos son como… no lo sé… a veces son fríos y severos, como si te castigaran por no haber hecho los deberes de Transformaciones, ¿entiendes? Pero luego sus labios se curvan en una sonrisa y se vuelven los ojos más tiernos del mundo, como diciendo: "Eres un pillo, pero está bien" –Harry rió, ahora totalmente abstraído del contexto-. Y esos labios… Son lo más delicado que pueda existir, te lo juro, y hay veces… -tragó saliva-. Hay veces que pareciera que tuvieran miedo, cuando se abren un poco y los besas… Pero no es miedo de ti… Es miedo de enamorarse perdidamente de ti… O es mi miedo de enamorarme tanto de ellos que ya no pueda dejarlos ir nunca más… ¿sabes? Y entonces se convierten en mucho más que labios para mi… porque sé que ahora son algo que necesito para vivir, ese calor entre los brazos, al abrazarla… ¿Te he contado lo que se siente abrazarla? No puedo hacerlo, nunca podría poner eso en palabras. Sacude todo mi mundo, es simplemente…
La chica rubia lo miraba con lástima, angustiada, y parecía al borde de las lágrimas.
-Hermione, ¿quién es Hermione? Hermione es lo más lindo que me haya pasado jamás, sólo eso.
Harry cayó entonces en la cuenta de que esa conversación estaba teniendo lugar realmente, con otro ser humano, y se quitó los lentes para limpiarlos. No estaba nervioso ni avergonzado, ya que el nivel de alcohol en su sangre era tal que enmudecía la capacidad de sentir cualquiera de esas dos cosas.
-¡Pues ve por ella! –dijo la rubia entonces, y lo sujetó firmemente de un brazo. Ella también estaba bastante ebria. -¿Qué estás esperando? ¡Es el amor de tu vida!
-No… -Harry se apartó un paso y el suelo bajo sus pies cambió de verde a blanco-. No, ella está con otro… O eso creo… No sé, hace mucho no hablamos.
Y entonces se dio la vuelta y se alejó a largos pasos. Atravesó la pista de baile hacia la pared contigua a los baños y se metió en el salón VIP, sin darse cuenta de nada de lo que hacía. Cuando volvió a tener conocimiento, estaba sentado en un sofá grande de cuero rojo, o al menos eso parecía en la oscuridad parcial, y la música electrónica le destrozaba los tímpanos.
-¡Harry! –la voz parecía venir de muy lejos-. ¡HARRY!
El chico levantó la cabeza al tiempo que alguien se sentaba a su lado. En su intento de identificar a su acompañante casi vomita.
-¡Dios mío! ¡Harry, ¿estás bien?!
Pero ahora Harry sentía que no podía hablar. La cabeza le daba vueltas con tanta furia que estaba seguro de que explotaría.
-Harry, tómate esto –le pasaron un pequeño frasco de vidrio tapado con un corcho-. Tómalo. Es un tónico para quitar el alcohol, hará que te sientas mejor.
Harry se llevó la poción a los labios y tragó hasta la última gota. Entonces sintió un calor en el estómago, pero no era el mismo calor abrasador del tequila explosivo, que parecía devorar sus entrañas e incendiarlo desde dentro, sino un calor hermoso que lo sanaba. Sus alrededores empezaron a dejar de girar, lentamente, y pudo respirar más tranquilo. Entonces se fijó en su acompañante, y literalmente dejó escapar un grito de asombro que hizo que varios a su alrededor se dieran vuelta a mirar.
-¡¿Pansy Parkinson?!
Entonces Harry estuvo seguro: el tequila lo había cagado de la cabeza. Ahora estaba en una realidad alterna en la que Pansy Parkinson estaba sentada a su lado, lo había salvado de la casi muerte a la que sus amigos lo habían llevado, y lo miraba amablemente con una sonrisa tranquila. Sí, eso era definitivamente el mundo de lo absurdo.
-Me voy de aquí –dijo Harry, poniéndose de pie, pero aunque el tónico había tenido resultados milagrosos, se dio cuenta de que aún seguía bastante ebrio, y le costaba enderezarse.
-¡No, no te vayas! –Pansy lo tomó con suavidad de un brazo y logró hacerlo sentar de vuelta a su lado de un tironcito.
-¡NO! –bramó entonces Harry-. ¡Ya estoy harto! ¿Entiendes? ¡Estoy harto! Yo no hago nada malo, sólo voy por ahí viviendo normalmente, haciendo las cosas que se supone que debería hacer, y entonces, ¡ZAAS! ¿Cómo me meto en estas cosas? ¡Me he acostado con Tonks, con Luna, con Romilda y con…! ¿Con quién más? ¡Ah, sí, también con una extraña de la cual ni siquiera recuerdo el nombre! ¡Pero esto es el colmo! ¡El colmo! ¡¿Pansy Parkinson?! –Harry miró hacia el techo, enojado, como si hubiera alguien allí riéndose de él-. ¡¿En qué demonios estabas pensando?! ¿Pansy Parkinson? ¡¿En serio?!
-Ya cálmate, Harry, no hay nadie allí arriba –dijo la chica, con una sonrisa. Harry entonces dejó de gritar y se quedó en su lugar, respirando agitado, pero luego no pudo contenerse y volvió a enojarse.
-¡¿PANSY PARKINSON?!
-¡Harry! –la chica lo miró de lleno, con la típica mueca de asco que llevaba siempre, pero algo divertida igualmente-. ¿Pero qué te pasa? Sólo te vi aquí al borde del desmayo y quise ayudarte, ¿qué tiene eso de malo? Siempre traigo un poco de tónico contra el alcohol por si me excedo bebiendo.
-Sí, disculpa –Harry se calmó un poco y decidió volver a sus cabales-. Lo siento, es que últimamente me pasan cosas de lo más extrañas.
-Entiendo perfectamente lo que dices –la chica entonces se cruzó de brazos y bufó, con la vista clavada en la pared opuesta. Parecía bastante molesta, y su mueca de asco le torcía la comisura de los labios a un lado.
-¿Qué te pasa? –dijo entonces Harry, aunque por dentro deseaba poder simplemente irse de allí, sin sentir que le debía nada a la chica.
-Nada, es el idiota de Malfoy –dijo ella entonces, y sus ojos adoptaron una forma siniestra-. Está con la idiota de Granger.
-¿Aquí? –dijo Harry, y se apresuró a mirar a la salida de la sección VIP, como esperando ver a Hermione de pie allí.
-No, me refiero a que sale con ella –Pansy revoleó los ojos-. ¿Qué demonios le ve a esa chica?
-Bueno… -Harry sonrió nuevamente (aún estaba ebrio)-. Hermione es simplemente… -entonces se dio cuenta de la mirada de desprecio en la cara de Pansy, y decidió no contarle sus pensamientos sobre Hermione a ella también-. ¿Así que aún están juntos? Pensé que Draco no había logrado satisfacerla y ella se habría aburrido.
Pansy entonces rió, con una risa malvada y cruel.
-Draco tiene unos problemitas, ¿cómo te enteraste?
-Yo podría hacerte la misma pregunta –dijo Harry, y entonces le sonrió. En esos momentos aparecieron dos vasos cargados de Licor mágico del Dr. Hoytz y Harry tomó uno, y le pasó otro a ella-. Toma, te invito este.
-Sólo digamos que lo sé –dijo ella, sin darle las gracias y llevándose la bebida a los labios-. Pero no creo que Granger haya conocido nada mejor, porque Draco sigue ensuciándose con ella.
-Oye… -la sonrisa se borró de los labios de Harry.
-Y lo que es peor –continuó Pansy-. Ya ni siquiera nos presta atención a los demás. Nos ha costado horrores convencerlo de que saliera esta noche. ¡Oh, mira, ahí viene!
Draco estaba entrando en los reservados absolutamente solo, y empezaba a caminar hacia donde estaban ellos, sin haberlos visto. Entonces, de la nada, Pansy se arrojó sobre Harry y empezó a besarlo.
-¡Hey! –Harry empujó a la chica con las dos manos, apartándola.
-¡Si te ve besándome, quizás sienta celos y deje a la sangre sucia! –dijo ella a toda velocidad con un susurro cargado de odio y resentimiento. Harry lo pensó una fracción de segundo, y entonces tomó a Pansy y la atrajó hacia sí, besándola con ganas.
De pronto Harry empezó a dudar de que el plan de la chica fuera lo que más le hubiera convenido hacer, porque la Slytherin, en aquel mismo momento, cruzó una pierna por encima de él (llevaba una túnica negra muy corta con un corte trasversal que bajaba desde las caderas), y se sentó encima suyo, sin dejar de besarlo cada vez con más vehemencia.
Harry entornó los ojos. Draco se había quedado inmóvil en medio del lugar y los miraba, aunque Harry no podía, lamentablemente, ver la expresión de su rostro. Pero decidió seguir adelante, aferró fuerte la cintura de Pansy y continuó besándola.
La chica cada vez le ponía más ganas a la cuestión, lo que no hizo sentir mejor a Harry. Tenía una pierna a cada lado de él y empezaba a moverse con lentitud, como si lo estuvieran haciendo. Eso hizo que Harry se sintiera bastante incómodo y, con mucho disimulo para que no lo notara Malfoy, espió alrededor para ver si la gente se fijaba en ellos. Sin embargo, como pudo comprobar, no eran los únicos que habían llegado a aquel nivel.
-Duro, Potter, como si fuera una asquerosa sangre sucia –le susurró Pansy al oído, y le bajó las manos hasta el trasero. Harry se odió a sí mismo por seguir después de aquel comentario, pero supo que, después de haber llegado hasta allí, lo único bueno que podía hacer era comprobar si el plan de Pansy podía surtir frutos. Era evidente que la chica sólo lo hacía por las mismas razones que él. Entonces le apretó el trasero con fuerza y se inclinó un poco para que ella quedara sentada más arriba, y ella se movió con más rapidez.
-Vamos a hacerlo –Pansy fingía que le besaba el oído mientras hablaba-. Vamos.
Entonces Harry, atónito, fingió que hacía lo mismo con ella para poder hablarle.
-¡¿Qué?!
-¡Sí! –Pansy le lanzó una risita perversa al oído, y luego le pasó la lengua por allí-. Tú sólo déjate llevar.
Harry no tenía la menor idea de cómo había pasado, pero pronto la mano escurridiza de Pansy había llegado a su entrepierna. La túnica de Harry, en realidad, tenía un corte inusual; por detrás era larga hasta el piso, pero en la parte de adelante se terminaba bajo el ombligo, ampliándose en forma de V invertida, y por debajo Harry estaba usando unos jeans negros. Pansy le había desabrochado el jean antes de que el chico fuera consciente de lo que pasaba, y se había acomodado sobre él, su corta túnica hasta las rodillas tapándolos.
Harry cerró los ojos con fuerza, mientras se sentía entrar en ella. Respiró el olor a alcohol que salía de la boca de la chica y cerró los ojos con más fuerza. Ella se movía no muy rápido pero aún así con ímpetu; cualquiera que estuviera mirándolos podría darse cuenta fácilmente de que lo estaban haciendo –y esa era la idea de ella, desde luego- pero Harry trató de no pensar en eso y permanecer con los ojos cerrados.
"Yo solo me meto en estas cosas…" pensó amargado, con sus manos aún en el trasero de Pansy, tan reclinado en el sofá que casi estaba ya acostado en él. Sintió su largo cabello lacio sobre él; Pansy se había incorporado un poco y su cara estaba a unos diez centímetros de la suya, con el cabello cayéndole y ocultando la cara de Harry. Esto hizo que se sintiera confiado de abrir los ojos. Si bien estaba muy oscuro para ver nada, con todo el cabello de ella tapándolo, creyó ver que ella tenía los ojos abiertos, y estos despedían un brillo maligno. Su boca estaba abierta, dejando salir unos gemidos entrecortados que sólo Harry podía oír en medio de aquel estruendo de música electrónica. La transpiración corría por sus cuerpos, y Harry la sentía bajar por su espalda, debajo de la túnica.
Un rayo de luz verde ingresó por la entrada de los reservados, proveniente de la pista de baile (seguramente emitido por la gran bola en el techo), y Harry logró ver a través de las tiras de pelo de la chica el lugar en el que Malfoy había estado de pie instantes atrás. Ya no había nadie allí.
-Se fue –dijo Harry, respirando con esfuerzo mientras le hablaba a la chica-. Ya se fue.
-No pensarás dejarme por la mitad, ¿verdad? –dijo ella con la voz cargada de odio. Se movió con mayor ímpetu, y Harry se mordió los labios. Se arrepentía a muerte de lo que estaba haciendo, y empezaba a darse cuenta de que existía la posibilidad de que alguien más los viera, o de que alguien más se enterara aparte de Malfoy, y esas voces tranquilamente podrían llegar hasta Hermione…
Pansy dirigió una mano a la cara de Harry y le apretó la mandíbula con dos dedos. Harry estaba por protestar, ya que le dolía, pero se dio cuenta, por los movimientos de la chica, de lo que pasaba, y decidió darle ese último antojo. Pansy apretó más y más fuerte con esa mano, y con la otra, que estaba firme sobre su bíceps del brazo derecho, le clavó las uñas. Harry la oyó gemir más fuerte, y entonces la chica presionó las piernas a su lado con mucha fuerza y tuvo un breve orgasmo.
Harry subió las manos hasta la espalda de la chica. Aunque a él aún le hubiera faltado un largo rato más, no le importó en absoluto. Se alegró de que la chica se apartara de él, lanzando breves miradas alrededor. Entonces permanecieron juntos uno al lado del otro un rato, y Harry pudo ver que a su lado las parejas se besaban con la misma vehemencia que ellos un rato atrás. No había ningún conocido ni nadie que le pareciera haber visto en Hogwarts, y, en todo caso, todos estaban muy concentrados en lo suyo. Eso lo tranquilizó un poco.
-Estuviste bien, Potter –dijo Pansy entonces, que había retomado su trago, tranquilamente y cruzada de piernas. –Casi pude olvidarme de que eres la escoria.
-¿La qué? –Harry no la había oído bien.
-Tú sabes –dijo ella, lanzándole una perezosa mirada con su mueca de asco-. El defensor de los traidores a la sangre, el enemigo de nuestro Señor de las Tinieblas, el amigo de los sangre impura… Te llamamos de muchas formas.
-Mejor me voy de aquí –dijo Harry, incorporándose-. Un placer conocerte mejor, Pansy –añadió con sarcasmo.
Cuando volvió a la pista de baile, Harry buscó a sus amigos con la mirada. Seamus y Dean estaban en medio de la pista, bien visibles entre la multitud bajo un rayo de luz fucsia, bailando cada uno con una chica. Harry siguió de largo y alcanzó a ver a Lee Jordan, que estaba en la barra, riendo con una chica también. No pudo encontrar a nadie más. Sin saber bien qué hacer, Harry dio otra vuelta, pasando entre medio de mucha gente. De pronto dos pares de brazos lo tomaron y lo hicieron girar sobre sus talones.
-¡¿Dónde estabas?! –Fred estaba totalmente borracho, con un vaso de algo espumante y verdoso en una mano; al hablar inclinó el vaso y derramó algo de líquido sobre su túnica, pero no se dio cuenta. -¡Estábamos buscándote por todos lados!
-No estarías con… -empezó George, que parecía incluso peor que Fred, y Harry vio cómo el gemelo cerraba los ojos mientras buscaba la palabra-. Con Ginny, ¿verdad?
-¿Qué? ¿Ginny?
-Sabemos que te tiraste a nuestra hermana, Harry –Fred lo señaló con un dedo acusador-. ¡Te haremos pagar por ello!
-¡No hice nada! –protestó Harry-. ¿Quién les dijo eso? No es cierto, si no la he toca…
Pero entonces George se lanzó sobre él y lo abrazó, dejando caer un vaso de cerveza de manteca al piso.
-¡Él no hizo nada, Fred! ¿Por qué lo acusas?
-¡Lo siento mucho, Harry! –y Fred se unió al abrazo.
-Bueeeno –Harry se separó de ellos con cuidado y les dirigió una sonrisa antes de marcharse. Dio otros cuantos pasos y de pronto vio a Neville yendo a hacia él rápidamente.
-¡Haaaaarrrrr…! –pero entonces Neville tropezó, se dio vuelta, y empezó a vomitar sobre una chica rubia. Harry se dio cuenta de que era la misma con la que él había hablado un rato atrás.
-¡IDIOTA! –gritó ella, enfurecida, y se lanzó detrás de Neville, que se había dado la vuelta y huía a toda prisa.
-¡Harry! –esta vez era Ron, que por suerte no estaba tan destruido como los demás.
-¡Ron! –dijo Harry, yendo hacia él-. Ron, no sabes lo que…
-¡Hermione está aquí! –dijo Ron, y eso hizo que Harry olvidara lo que iba a decirle.
-¿Qué? ¿Está aquí? ¿Dónde?
-¡Acabo de verla! –Ron tenía los ojos bien grandes, y miraba hacia la entrada del club-. ¡Recién, hace dos segundos! ¡Mira, allá va! ¡Vamos!
Ron se marchó hacia la entrada y Harry fue tras él, con el corazón latiéndole a mil. ¿Estaría Ron alucinando a causa del tequila? Pero entonces también la vio: La inconfundible melena de Hermione desaparecía detrás de la puerta, rumbo a la calle. Los dos muchachos se lanzaron hacia allí y salieron al exterior, a la calurosa noche llena de estrellas, donde la música se convirtió en un ahogado ruido de fondo en vez del martirio en sus oídos.
-¡Hermione!
Harry y Ron fueron tras ella. La chica estaba de espaldas y se alejaba por la calle, sin mirar atrás. Parecía que llevaba prisa, y era difícil que no los hubiera oído llamarla.
-¡Hermione!
Pero la chica había desaparecido tras una esquina.
-¡Vamos! –gritó Harry, porque Ron se había detenido-. ¡Se fue por allí!
-¡Déjenla en paz! –dijo entonces otra voz, y los dos amigos se dieron vuelta al mismo tiempo. Malfoy caminaba hacia ellos, con el rostro duro y frío, crispado por el odio. Acababa de salir justo tras ellos.
-¡Métete en tus cosas, Malfoy! –le gritó Ron, casi al oído de Harry, que sintió el aliento a alcohol que tenía su amigo.
-¿Por qué no se meten en sus cosas ustedes? –Malfoy se detuvo a dos metros de ellos. Se notaba que moría de las ganas de atacarlos, pero no era lo bastante idiota para hacerlo estando solo, sin sus amigotes, a los que al parecer había abandonado en el club. -¡Son patéticos! ¿Qué pretenden al seguirla? ¿Reconciliarse? ¡Le bastará sentir el olor a alcohol que tienen encima para darse cuenta de que hace lo correcto a alejarse de ustedes dos!
-¡Cierra la boca! –le gritó Harry-. ¡Vete a la Sala Multipropósito y quédate allí, haciendo lo que sea que hagas ahí dentro, como un imbécil todo el día!
Malfoy apretó los puños, y Harry vio que sus nudillos se ponían blancos.
-Va mejor de lo que crees, Potter –y entonces se le formó una sonrisita-. En unos días desearás no haberte metido conmigo, te lo aseguro.
Una ráfaga de viento le dio a Harry en la cara. Sabía que Malfoy no estaba inventando.
-No sé qué mierda le hiciste –dijo Harry, negando con la cabeza-. No sé qué le has hecho para que se fije en ti… ¿Cuántos maleficios tuviste que utilizar, Malfoy? ¿Te aplicaste alguno a ti mismo también, y ese fue el que te dejó impotente?
Malfoy sacó la varita y apuntó directo al pecho de Harry, con el odio brotándole de cada célula de su cuerpo. Harry y Ron ya tenían la varita en alto y lo apuntaban también. Entonces escucharon pasos que se acercaban a toda prisa, y de pronto vieron a dos magos corpulentos vestidos con trajes oscuros apuntándolos con sus varitas. Eran los vigilantes de la entrada del club.
-Vamos, muchachos, lleven sus peleas a otra parte –dijo uno de ellos, mirando a Malfoy y luego a Harry y Ron. Los tres chicos se miraron entre ellos a los ojos, sin que sus expresiones de odio intenso cambiaran en lo más mínimo, y bajaron las varitas lentamente, pero sin dejar de clavarse las miradas.
-Vamos, vamos –los instó el otro mago-. Así es, bajen las varitas y márchense tranquilos. No queremos disturbios, ¿entendido?
-Ella no sospecha nada, Potter –dijo entonces Malfoy, y la sonrisa volvió a marcarse en su pálido rostro-. No tiene idea de con quién se mete –y entonces se levantó la manga de la túnica, y dejó al descubierto la marca tenebrosa, lo que hizo retroceder asustados a los dos corpulentos magos, que, sin embargo, no bajaron las varitas.
Harry y Ron no se inmutaron. Harry estaba rojo de la ira acumulada, y pretendía asesinar a Malfoy con la mirada.
-Siempre supe que eras tan inmundo como el imbécil de tu padre –le dijo.
-Pero estuve con tu querida sangre sucia, y créeme que lo pasamos muy bien en la Sala Multipropósito –Malfoy acentuó su sonrisa-. Hasta me pidió que la llame sangre sucia, ¿sabes? Es toda una cerda.
Harry no pudo contenerse más. Sacó nuevamente la varita y apuntó al pecho de Malfoy.
-¡STUPEF…!
Pero antes de que pudiera pronunciar el hechizo, uno de los enormes magos se le adelantó y lo lanzó por el aire un par de metros. Harry vio que Ron también había salido despedido y que también tenía su varita en alto. Malfoy soltó una risotada, sin moverse de su lugar. Le lanzó una rápida mirada a los vigilantes, se dio la vuelta y se alejó con su capa ondeando tras él.
-¡Voy a matarlo! –bramó Ron, poniéndose de pie con rapidez-. ¡Juro que voy a matarlo!
-¡Lárguense de una vez! –les gritó el más corpulento de los dos magos. Harry tomó a Ron del brazo y empezó a caminar hacia una calle distinta a la que había tomado Draco, conduciendo a su amigo en dirección al centro del pueblo.
-Nunca sentí tanto odio en mi vida –se quejó Ron, mientras avanzaban-. ¡Ahhg! ¡Ojalá nos lo encontremos por aquí!
-Ya cálmate –dijo Harry-. Ven, doblemos por aquí.
-¡No me calmo! –se quejó Ron, siguiéndolo por una calle bordeada de casas-. ¿Quién se cree que es? Me importa un carajo que sea un Mortífago, sigue siendo el mismo idiota de siempre.
Siguieron caminando unas cuadras más. Harry tenía la mirada clavada más adelante, y parecía estar seguro de a donde se dirigía.
-¡Y Hermione…! –siguió Ron-. ¿Cómo no se da cuenta? ¡Él la está engañando, quiere hacerle creer que es alguien bueno, seguramente!
-Cállate –le dijo Harry entonces, y apuró el paso.
-¿Qué? ¿Qué pasa? –dijo Ron, sin comprender.
-Vamos, por aquí –Harry caminó más deprisa, y finalmente llegaron a la puerta de École d'amour-. Escondámonos por aquí, detrás de este seto.
-¿Por qué nos traes aquí? –preguntó Ron sin comprender, y se metió con Harry tras el alto seto de hierba que bordeaba la casa contigua al motel, desde donde podían espiar hacia la calle.
-Sólo espera, ¿sí? –dijo Harry. Ron no discutió, y se quedaron allí cinco minutos. Y entonces ocurrió: Ni bien los vio, y antes de que Ron entendiera nada, Harry saltó hacia la calle y llegó hasta la pareja con tanta rapidez que ellos sólo notaron su presencia cuando empezó a gritar.
-¡ASÍ QUE AQUÍ ES DONDE VIENEN SIEMPRE, ¿VERDAD?!
Ron fue tras él. Harry estaba de pie ante los desconcertados Hermione y Draco, que venían de la mano pero se soltaron en el instante.
-¡Lo sabía! –Harry se volvió hacia Hermione-. ¡Él es una mierda, Hermione! ¡¿Cuándo te darás cuenta?!
La chica no cambió su expresión de sorpresa y terror, y Draco no dijo nada. Entonces Ron se unió a su amigo.
-¡Así es, Hermione! ¡Es un Mortífago! ¿No pudiste verle el antebrazo aún? ¿Cómo lograste eso, Malfoy, ocultar tu propio tatuaje?
Draco no dijo nada. Harry parecía victorioso, enojado pero victorioso, y satisfecho de haber acertado en sus conjeturas. Ahora Hermione no podría seguir engañada. Malfoy no podría quedarse callado.
La chica estaba temblando, mirando a Harry a los ojos y después a Ron, y de nuevo parecía al borde de las lágrimas. Entonces habló:
-Ya sé quién es Draco… -su voz era fría e irreconocible-. No necesitan decirme nada, gracias.
Esas palabras fueron como un piedrazo en la cara de Harry y Ron. Los dos se quedaron perplejos.
-¿Ya sabías que…? –Harry tartamudeó-. ¿Ya sabías que era un Mortífago, y aún así andas con él?
-Vámonos –dijo entonces Draco, y miró a Hermione-. Entremos, ¿sí? Olvídate de estos dos.
-¡No! –chilló Hermione, y miró al rubio-. Tú entra, yo iré en unos instantes.
-No voy a dejarte sola con estos…
-¡Te digo que entres! –le espetó Hermione. Draco les lanzó una última mirada de odio a los otros dos y se metió en el motel. Una vez que la puerta de entrada se cerró mágicamente tras él, Hermione volvió a mirarlos.
-¡¿CÓMO SE ATREVEN A CRITICARME ALGO?! -estalló entonces, y empezó a derramar gruesas lágrimas-. ¡¿CÓMO SE ATREVEN?!
Harry y Ron no tardaron en defenderse, a los gritos también.
-¡HERMIONE, ES UN MORTÍFAGO! –Harry trató de hablar lo más fuerte y claro posible, quería que la chica comprendiera la gravedad de esas palabras-. ¿NO LO ENTIENDES? ¡UN MORTÍFAGO!
-¡YA SÉ LO QUE ES! –rugió ella, ahogándose en el llanto-. ¡Voldemort le encomendó una misión, y le dijo que si no la cumplía mataría a toda su familia! ¡Claro que no estoy de acuerdo en que cumpla con ella, pero ya le alerté al profesor Dumbledore, y él me aseguró que tiene el asunto en sus manos!
-¡¿Y eso te da derecho a acostarte con él?! –Ron la miró como si no la conociera-. ¿Sólo porque Voldemort lo amenaza, eso justifica sus acciones? ¿Justifica que se hiciera Mortífago?
-¡Y A TI QUIÉN TE JUSTIFICA! –de pronto Hermione estaba fuera de sí, y lloraba como ellos nunca la habían visto llorar-. ¡¿QUÉ DERECHO TIENES TÚ A CRITICARME POR ESTO, CUANDO VAS POR AHÍ ACOSTÁNDOTE CON QUIÉN SEA?!
Ron se quedó con la boca abierta, pero no dijo nada más.
-¡Y A TI, HARRY! ¡¿CÓMO TE DA LA CARA PARA VENIR A EMBOSCARME AQUÍ, CUANDO HAS ESTADO EN ESTE MISMO LUGAR, Y NO TE BASTÓ CON LA PERSONA A QUIÉN TRAJISTE, SINO QUE TE METISTE CON LA PRIMERA EMPLEADA QUE SE TE LANZÓ ENCIMA?!
-¿Tú como sabes…?
-¡ERA YO! –gritó Hermione, y Harry la miró con el ceño fruncido-. ¡YO ERA CHLOÉ!
-¿Pero qué dices, Hermione? No seas ridíc…
-¡YO ERA LA MUJER CON QUIEN ESTUVISTE SOBRE ESA NUBE, Y TAMBIÉN FUI YO LA MUJER CON QUIÉN ESTUVISTE ESTA NOCHE EN LAS TRES ESCOBAS, RON!
-¡¿Qué?! –Ron no le daba crédito a sus oídos-. ¡Esa era Madame Rosmerta! ¿Y cómo te enteraste de que…?
-¡PIÉNSALO! –siguió Hermione-. ¿RECUERDAS HABER ROTO UN FRASCO DE VIDRIO AL SENTARTE EN EL BARRIL DE CERVEZA? ¡ESTABA LLENO DE POCIÓN MULTIJUGOS! ¡LO DEJÉ ALLÍ POR ACCIDENTE!
Ron y Harry se quedaron petrificados igual que si les hubieran lanzado un Petrificus Totalus.
-¡Y LA VERDADERA MADAME ROSMERTA ESTABA OCULTA EN UN BAÚL EN EL FONDO! ¡YO LES DIJE A TUS HERMANOS LA OTRA NOCHE QUE ME GUSTABAS, PARA ACERCARME A TI! ¡Y TAMBIÉN HE SIDO LAVENDER…!
-Estás loca… -dijo Ron por lo bajo, negando con la cabeza mientras oía las palabras de la chica, sin poder creerlo. Hermione lanzó un sollozo enorme y se arrodilló, tapándose la cara con las dos manos. Las lágrimas le caían sin cesar por entre los dedos.
-¡Ustedes me dieron la idea! –dijo, con la voz ahogada por las lágrimas, saliéndole de entre las manos-. ¡Recordé lo que habían hecho con Snape, el día que usaron la poción con él! ¡Y Malfoy tenía un montón de poción en su cuarto, así que se la robé! ¡Lo hice porque los extrañaba!
Los dos se quedaron allí de pie, luciendo como si acabaran de golpearlos con algo muy grande y pesado. No podían hablar, estaban terminando de asimilar todo lo que la chica les había dicho. Hermione había sido Lavender con poción multijugos; probablemente la verdadera Lavender había estado saliendo con Michael Corner lo más tranquila, sin sospechar que algunos murmuraban a sus espaldas que le era infiel a su novio con Ron, cuando en realidad Ron sólo se había visto con Hermione, quien por ese motivo le había pedido que guardara el secreto. De la misma forma, se había metido en el motel y había usado la poción con una de las empleadas para poder acostarse con Harry. Entonces Harry recordó cómo aquella experiencia lo había hecho reflexionar sobre sus sentimientos hacia Hermione, y todo tuvo sentido. A su lado, Ron llegaba a una conclusión parecida; recordó lo familiar que se le había hecho todo al estar con Rosmerta, y también con Lavender.
-¿Draco sabía lo que hacías? –preguntó Harry, lentamente. Hermione negó con la cabeza, todavía llorando a viva voz y con la cara oculta en las manos.
-¡No, claro que no se lo dije! ¡Pero los extrañaba mucho, y quería estar con ustedes!
-¡¿Y por qué no viniste?! –le gritó Ron, con el rostro al rojo vivo por la conmoción-. ¡¿Por qué no nos dijiste eso?!
-¡PORQUE…! –Hermione se puso de pie y los miró; tenía toda la cara roja y llena de lágrimas-. ¡PORQUE USTEDES, MALDITOS… USTEDES, MUJERIEGOS, HAN ESTADO REVOLCÁNDOSE CON CUALQUIER MUJER QUE SE LES CRUZABA EN EL CAMINO! ¡HAN ESTADO POR AHÍ PASÁNDOLO BIEN, Y NO LES IMPORTABA CÓMO ME SINTIERA YO!
Harry respiraba con dificultad. Todo su mundo había quedado patas para arriba, todo estaba al revés.
-¡¿ME VIENEN A ATACAR POR ESTAR CON MALFOY?! ¿CON CUÁNTAS HAS ESTADO TÚ, HARRY? ¿CUÁNTAS HAY DE LAS QUE YO AÚN NO ME HE ENTERADO? ¿Y TÚ, RON? SI HUBIERA UNA CAMARERA EN CABEZA DE PUERCO, ¿LO HABRÍAS HECHO CON ELLA TAMBIÉN? ¡CÓMO SE ATREVEN A DECIRME NADA!
Hermione escupió lágrimas al decir las últimas palabras, y tuvo que agarrarse a la verja para mantenerse en pie.
-Hermione… -empezó Harry.
-¿CREÍAN QUE ESTABA CON MALFOY? ¿PENSARON QUE VENÍA AQUÍ A REVOLCARME CON ÉL TODO ESE TIEMPO QUE DESAPARECÍA? ¡NO! ¡LAS NOCHES QUE NO VOLVÍA A LA SALA COMÚN ERA PORQUE NO QUERÍA QUE MIS COMPAÑERAS DE CUARTO ME ESCUCHARAN LLORAR A VIVA VOZ! ¡ME QUEDABA SOLA EN ALGÚN AULA! ¡Y NADIE VINO A BUSCARME ENTONCES! ¡NADIE! –La chica empezó a temblar descontroladamente, y Harry tuvo miedo de que se desmayara-. ¡Y yo los quería! ¡Siempre los quise, siempre!
Harry no sabía qué decir. No podía pensar. No podía moverse…
-¿Con quién perdieron la virginidad? –les soltó de pronto.
-¿Cómo dices?
-¿Con quién? ¿Con quién la perdieron?
Harry y Ron se miraron brevemente.
-Bueno… -le dijo Ron-. Yo con Fleur, y Harry con Cho. ¿Por qué nos preguntas eso? ¿Con quién la perdiste tú?
Hermione entonces los miró a los ojos, primero a Ron y luego a Harry.
-Yo nunca estuve con Snape el año pasado –dijo entonces -. Sabía que ustedes lo habían hecho con alguien más y quería que pensaran que yo también; pero aquello que te conté, Ron, de que lo había hecho con él en el bosque prohibido… Era mentira. Era sólo una fantasía tonta que había tenido de más chica… Pero nunca fue real. Yo perdí mi virginidad allí arriba, un hermoso día de primavera, en la habitación de ustedes… Y nunca fui tan feliz como entonces...
Ron abrió la boca, luego la cerró. Harry no dejaba de mirarla a los ojos, como tratando de expresar algo muy grande que le ocurría por dentro, pero sin ser capaz, sin poder encontrar palabras. Hermione lanzó un enorme sollozo, se dio vuelta y se alejó corriendo. No entró en el motel, sino que se alejó calle arriba. Harry empezó a correr tras ella, pero la chica, al darse cuenta, giró en el lugar y se Desapareció, dejando nada más que aire en el lugar en el que había estado.
Aturdido, Harry cayó de rodillas al suelo. Cerró los ojos con fuerza. Quiso impedirlo, pero las lágrimas escaparon de él también. Nunca se había sentido tan mal en la vida; lo único que quería hacer en ese momento era decirle a Hermione que la amaba con toda su alma, que verla en ese estado era como si lo estuvieran asesinando lentamente, con mucho dolor. Pero no podía. No debía. Se dio cuenta de que lo mejor que podía hacer para el bien de ella, para que las lágrimas en ese hermoso rostro pudieran desaparecer eventualmente, era alejarse de su lado para siempre. No hablarle nunca más. Porque ella tenía razón: Él sólo había estado por ahí, revolcándose con todas las chicas que le habían prestado atención. Se había divertido tomando Felix Felicis, había actuado como un idiota frente a todo el colegio para atraer la atención de Ginny… Era un estúpido. Un imbécil. No merecía el inmenso amor de Hermione.
La noche había llegado a su fin, y Harry seguía de rodillas en el suelo. De pronto sintió la mano de Ron en el hombro.
-Vamos, amigo… -Ron tenía la voz tomada, y Harry supo que él había llorado también. Se puso de pie y caminaron lado a lado, sin decirse nada. Se alejaron por calles secundarias hasta el camino a Hogwarts. No querían cruzarse con nadie. Cuando el sol ya se alzaba en el horizonte, bañando todo de un rojo sanguinolento, Harry y Ron entraron a su habitación. Parecía que el momento en que habían estado todos juntos allí, preparándose para la salida, no había sido horas atrás, sino días. Y el momento en que habían estado con Hermione, más felices que nunca, recostados en la cama de Ron, se había perdido hacía años ya, para no ser recuperado jamás.
Harry se metió en su cama y cerró las cortinas que la rodeaban. Pero no se durmió. Estaba seguro de que esa mañana no conseguiría dormir. Quizás el haber perdido lo que más había amado en el mundo, por su entera culpa, sería algo que no lo dejaría volver a dormir bien por el resto de su vida.
