A la mañana siguiente, Aang, Zuko e Iroh se prepararon para irse hacia el Pueblo de Chin para empezar a negociar sobre la unión contra la rebelión. En el último momento, Sokka se unió al grupo de hombres. Él se negaba y quería estar con Suki, pero ella le insistió porque él estuvo hace siete años allí. Además el alcalde le había transmitido el mensaje de paz entre los dos pueblos y sabía que Sokka sería un buen representante. Y, si fuera por su protección, Katara, Toph y las guerreras Kyoshi estaban allí para protegerla.

Aang se despidió de Katara con un tierno beso y le dijo que intentaría no tardar aunque sabía que no sería fácil regresar. Luego miró a su recién nacido futuro sobrino (ya lo consideraba así) y le dijo adiós con caricia en su inflada mejilla y le regaló una sonrisa. Eso enterneció a Katara.

Sokka hizo lo mismo con Suki y a su querido hijo lo cogió en brazos, le dio un beso en la frente y le dijo:

- No te preocupes, Shiro, papá estará aquí en seguida.

Sokka había madurado mucho, no solamente se notaba en su voz, sino en su forma de actuar. Eso sí, sin perder su sentido del humor (realmente parecido al de su padre). Suki no podía evitar que su corazón no se acelerara todavía al verlo.

Appa alzó el vuelo con los cuatro encima.


Ya era casi mediodía, Shiro ya había tomado su comida del pecho de Suki y estaba durmiendo en su cunita. Suki, pidió a Katara y a Toph que fueran a comprar un par de verduras para hacer la comida y un poco de pescado.

En ese momento entró Tai Li toda contenta.

- ¡Hola, reciente madre! - dijo casi gritando. - ¿Qué tal está el bebé?

- Ssssssh. Shiro está durmiendo.

- ¿Shiro? ¿Ése es su nombre? - Se le iluminó la cara. - ¡Qué bonito! ¡El universo me dice que llegará lejos!

- Sería maravilloso. - sonrió Suki.

Desde que Tai Li se había unido a las guerreras Kysohi, había demostrado una gran valentía y amistad hacia ellas. Les había enseñado muchas cosas nuevas y ellas a ella. Al principio pensaban que les haría como a Azula, que las traicionaría y abandonaría. Pero un día, sincerándose con Suki, ella le explicó el miedo que le tenía a la princesa y que por eso se había rebelado contra ella en la roca hirviente. Tai Li estaba al lado de Azula sólo por temor, pero Mai la animó a que no lo tuviera y a que escogiera el camino que ella deseaba. Si ella estaba en un sitio o junto a un grupo porque le gustaba, nunca los traicionaría, igual que a Mai, su mejor amiga. También le contó sobre sus hermanas y lo mal que se sentía por sentirse una clon. Le explicó que se había ido al circo para ser diferente, para demostrar que no era una muñeca repetida y que era capaz de llegar lejos. Se volvió una gran equilibrista y bailarina aérea. Tai Li no tenía ningún dominio pero su conocimiento del cuerpo humano y de su cuerpo mismo era extraordinario. Podía bloquear, destensar o hacer cualquier cosa a todos los músculos. Era increíble. Lástima que luego llegara Azula y le destrozara su sueño de continuar su gran gira por el mundo. Para ella fue toda una suerte encontrarse con las demás guerreras Kyoshi en la cárcel. Conoció un nuevo mundo en el que podía hacer lo que le gustaba (también adoraba luchar, pero sobre todo luchar a su estilo de gimnasta) y diferenciarse de sus hermanas de nuevo (al no hacer lo mismo). Al principio dudó por el maquillaje, las veía a todas iguales, pero luego se dio cuenta que aunque en aspecto parecían iguales y su lucha era similar, cada una llevaba un detalle distinto y se distinguían entre ellas. No formaban un ejército clon, sino que eran un grupo unido que luchaba por proteger a los demás y la manera mostrarse al mundo como toda una unidad fuerte era con el maquillaje de Kyoshi. Eso la fascinó y decidió que ella también se pintaría para formar parte de esa unidad y para distinguirse a la vez de sus hermanas. Además, no le importó en absoluto enseñarles su técnica del golpeo en puntos importantes del cuerpo. Ella se sintió toda una profesora y, de esa manera, demostraba también su amistad, confianza y fidelidad a ellas.

- Bueno, si el pequeño está durmiendo mejor me voy. Ya volveré luego, ¿sí? - se dirigió a la puerta. - ¡Nos vemos, Suki!

Tai Li era realmente una persona muy amable y su sonrisa siempre animaba al más triste de la isla.

Al poco de salir de casa de Suki, Katara se encontró con ella.

- ¡Hola, Katara!

- Hola Tai Li, ¿qué tal?

- Venía de casa de Suki pero Shiro está durmiendo y he preferido no molestarlo. Comeré y luego iré a entrenar un poco.

- Me parece estupendo, oye, sé que eres buena con el bloqueo del chi. ¿Me puedes enseñar un poco? Quiero lograrlo con el agua, quizás si me enseñas algunos puntos, pueda lograrlo.

- ¡Claro que sí, encantada! - y sonrió. Para ella, Katara también era una amiga en la que confiar.

- Vale, dejo esto en casa de Suki, comemos y quedamos allí arriba de la montaña, ¿vale?

- ¡Vale! ¡Hasta luego! - y se fue corriendo a comer.

Katara y Toph entraron en casa con las compras y lo dejaron en la parte de la casa que simulaba la cocina. Suki no se separaba de su hijo, y era normal, así que hicieron ellas la comida y cuando fue la hora, llevaron el plato de Suki a su habitación. Al acabar recogieron y se prepararon para entrenar.

- Chicas, me sabe mal haberos hecho hacer todo esto para mí. - dijo Suki algo triste, mirando a Shiro.

- No te preocupes, Suki. Además debes descansar de tu embarazo todavía. Yo ahora me iré a entrenar con Tai Li y Toph se viene conmigo, ¿estará bien que te quedes sola?

- No pasa nada, en serio. Además, tengo a todas las guerreras de mi parte.

- Vale, cuídate. No llegaremos muy tarde.


Katara y Tai Li estuvieron prácticamente toda la tarde trabajando y decidieron quedar más días y juntos con las guerreras también. Tai Li también enseñó a Toph algunos puntos determinados de las piernas y los pies que podía golpear con las rocas para hacer caer al enemigo con facilidad y sin ella tener que gastar mucha energía con rocas grandes. Eso le gustó.

Esa noche invitaron a Tai Li a casa de Suki y se lo pasaron muy bien contando anécdotas de cuando ella estaba en el circo y luego de los viajes que había hecho con las guerreras y Suki. También hizo un masaje a la espalda de Suki para relajarla y luego a los pies de Toph, quien al principio no se fio pero en cuanto se los tocó se dejó llevar por la ola de goce que le inundó el cuerpo. Nunca antes había sentido un masaje tan bueno para sus pies. Notó como su "vista" había mejorado. Tai Li le había quitado la tensión que le bloqueaba algunos conductos de chi, Toph podía concentrarse en notar (o ver) de más lejos y con más precisión. Igualmente, las cuatro mujeres estaban constantemente pendientes de Shiro.


Así pasaron tres días. Los chicos no volvían, realmente les estaban costando las negociaciones.

En el Pueblo de Chin no podían aceptar a la Nación del Fuego como si nada. Si recordamos, eran muy rencorosos. Aang ya tuvo problemas allí porque era la vida anterior de Kyoshi, quien "mató" a Chin el Grande. Entonces les costó entender que él era otra persona aunque estuviera relacionado con ella y "hubiera sido" ella. Sólo lo perdonaron cuando la Nación del Fuego, los caballeros de los rinocerontes, habían atacado al pueblo y Aang los había echado. Sin embargo, seguían sin tragar a la gente de la Isla Kyoshi y crearon un nuevo rencor hacía los rinocerontes y, en consecuencia, centrándose en la Nación del Fuego por haberlos atacado. A pesar de los 100 años de guerra, el Pueblo de Chin no se había visto involucrado directamente en ella y vivían tranquilamente, quizás por ese odio que sentían hacia avatar. Pero desde el momento en que llegaron aquellos bestías montados, decidieron odiar a toda la Nación del Fuego y no aceptaban colaborar con ellos a pesar del tratado de Paz y que el nuevo Señor del Fuego fuera Zuko, una persona totalmente diferentes a sus predecesores.

- Entiéndalo, sólo en caso de ataque. ¡Vuestras fuerzas defensivas son nulas!

- No.

Sokka se rindió. Ni Zuko ni Aang habían logrado nada en los últimos días. Ahora era el turno de Iroh. Él tenía más dote de palabra y era sabio. Aunque era de la Nación del Fuego, fuera se le tenía un gran respeto porque era bondadoso, respetaba a todas las naciones y se podía razonar con él.

- Señor, - empezó Iroh - ¿por qué no discutimos esto tomando un té caliente?

- No servirá de nada. Y no pienso dejarme envenenar. - Dijo el delgaducho.

- Si no os fiais de mí, entonces hagamos un té típico de aquí. ¡Seguro que tienen un sabor magnífico!

Primera parte lograda: Iroh y el alcalde estaban sentados tomando el té e iban a iniciar su conversación tranquilamente. Iroh fue al grano.

- No os estamos diciendo ni que estéis bajo el mando ni dominio de la Nación del Fuego, ni tampoco que borréis la enemistad que tenéis con la Isla Kyoshi.

- Tus chavales no han dicho lo mismo.

- No saben hablar, son jóvenes, es normal. - Y dio un sorbo al té.

A Aang, a Sokka y a Zuko les cayó una gotita por la sien. Sería mejor que salieran. Iroh prosiguió.

- Antes de nada, quiero preguntarle una cosa, ¿está usted a favor de la rebelión del Reino de la Tierra? ¿Quiere otra guerra?

- Técnicamente, la última guerra a penas nos afectó.

- Pero la rebelión no será igual. El grupo que la lidera no aceptará una abstinencia o neutralidad. Todos aquellos que no se unan serán enemigos.

- Entonces nos uniremos a la rebelión.

- ¿Y luchar por obligación sin fuerza militar? Será enviar a tu gente al suicidio. -dijo con su típica tranquilidad.

El alcalde se calló por un momento. Aunque pudiera parecer una persona tozuda e irracional, se preocupaba por su gente, siempre intentaba que tuvieran los menos problemas posibles y vivieran felices. No quería obligarlos a ir a una lucha para morir. Sabía que no tenían fuerza militar como hacía 377 años con Chin el Grande ni ningún aliado que los protegiera de una catástrofe o ataque a parte del Avatar. Se quedó pensativo.

- Necesito un rato para pensarlo de este modo.

Iroh cerró los ojos, dio un sorbo a su té y contestó.

- Un maravilloso té. Voy a dar una vuelta a ver los paisajes del pueblo, ¿luego podemos seguir hablando?

El alcalde afirmó con la cabeza y Iroh se levantó lentamente y salió con suavidad. Aduera se encontraban los demás e impacientes fueron se avalanzaron sobre Iroh para preguntar la situación.

- Me ha dicho que necesita un momento de reflexión.

Al menos ya habían logrado algo. Con Aang se lo pensó también, pero tardó poco en decir no. Al saber que Sokka estaba viviendo en la Isla Kyoshi, dejó de escucharlo y a Zuko ni quería verlo. Iroh tenía el poder de calmar las aguas salvajes y de crear un ambiente de paz y relajación que abría la mente al más cerrado. Aang debería aprender, aunque el hubiera vivido con los monjes, el hecho de haberlos perdido tan temprano, hizo que sólo pudiera actuar según lo que recordaba y sus pocos años de enseñanza (por muy avatar que fuera). Era joven y todavía se alteraba un poco y se explicaba bastante mal. Necesitaba centrarse y aprender a crear un ambiente en el que se pudiera hablar y razonar. Para su suerte, no era una persona violenta. Zuko saltaba por los aires a la primera.

Al cabo de una hora, el alcalde pidió a Iroh de volver a entrar en la sala del té. Le sirvió una nueva taza.

- Este té tiene una diferencia con el otro, lleva un toque con una hierba que sólo se puede conseguir en las llanuras de aquí.

- Excelente. - Dijo Iroh con su voz ronca y alargada.

- Lo he estado pensando. Se me hace muy difícil colaborar con unas personas que atacaron a mi pueblo y otras que nos acusan de conquistadores crueles y despiadados. - Hizo una pausa. - Pero es verdad que ahora no tenemos más que gente que no tiene una formación en la lucha.

- Conocía a los rinocerontes que te atacaron. Sé que ahora fueron castigados por los crímenes que hicieron en el Reino de la Tierra.

- ¿A sí? - Hizo un guiño raro de desconfianza

- Sí. También vinieron a por mí. Querían mi cabeza. - dijo Iroh, nada más diciéndole parte de la verdad. No le mentía.

El alcalde volvió a su pose normal.

- No colaboraremos ni con la Nación del Fuego ni la Isla Kysohi.

Iroh se sobresaltó (en el interior) y su ceño se frunció. Se volvió serio.

- Pero tampoco queremos participar en la rebelión, así que si nos vemos involucrados, iremos contra ellos y, tanto la Nación del Fuego como la Isla Kyoshi, tendremos el mismo objetivo. Así que no nos atacaremos entre nosotros ni sabotearemos sus ataques.

Iroh se calmó y sonrió con una amplia sonrisa.

- Muchas gracias por ser razonable y por haberme hecho disfrutar de este fantástico té.

Salió de la sala con un paso seguro pero lento. Miró a los jóvenes y sonrió con una mirada pícara.

- Tío, eres espetacular. - Dijo Zuko con sorpresa.

- Lo sé, sobrino, lo sé. Volvamos, las chicas deben estar preocupadas.

Sokka se giró con una cara de curiosidad y asquerosidad y preguntó a la imagen del alcalde:

- Oye, ¿seguís celebrando el Día del Avatar con masa cruda?


Cuando lo chicos volvieron a la isla la gente estaba en la casa de Suki. Sokka se preocupó y fue corriendo hacia allí. Le dejaron pasar y se encontró a Suki llorando, con magulladuras y atrapada en rocas que habían traspasado las paredes de madera y paja destrozándolos. Tai Li estaba igual y Katara en el suelo desmayada. Toph estaba de pie, hizo unos gestos y las prisiones de piedra se deshicieron. Estaba seria, a punto de llorar.

Sokka no creía la escena. Se acercó a Suki y le preguntó qué había pasado, miró a su alrededor y no vio a su hijo Shiro. Su pulso se empezó a acelerar y estaba a punto de gritar, pero respiró hondo y preguntó al aire:

- ¿Qué ha pasado?

Aang al ver a Katara en el suelo, se acercó a ella gritando su nombre. La cogió entre sus brazos e intentó despertarla. Estaba a punto de llorar cuando la chica fue abriendo lo ojos y, sin fijarse en Aang, lo empujó atrás y se levantó.

- ¡Suki, Shiro! ¡Noooo!

Y se derrumbó en el suelo... Aang se acercó de nuevo y la cogió por los hombros abrazándola.

- Katara, ¿qué ha pasado aquí?

A Katara le costaba hablar, a Suki también y Toph no podía explicar toda la historia porque no había estado presente. La única que se atrevió a hablar fue Tai Li.

- Suki nos había que ya no necesitaba más ayuda y que Shiro se iba a dormir, así que Katara, Toph y yo nos fuimos a entrenar a la montaña para no despertarlo. De golpe escuchamos un chillido y lo reconocimos. Enseguida regresamos. Toph había decidido irse a la otra punta de las isla, así que no se enteró y no vino con nosotras. Cuando llegamos a casa de Suki estaba aprisionada con rocas y una persona estaba huyendo con Shiro en los brazos. Katara intentó salió tras el secuestrador intentando recuperar a Shiro pero un fuerte golpe de roca la metió en casa dejándola inconsciente. Yo intenté también cogerlo, pero no estaba solo. A pesar de que las guerreras nos ayudaron, en seguida nos aprisionaron en el suelo con el control de la Tierra. Atacaron desde lejos, así que no pudimos bloquearlos.

Sokka se giró hacia Toph, que estaba llorando. Estaba a punto de saltarle al cuello y echarle toda la culpa, pero no podía hacerlo. Ella no tenía la culpa.

- Lo siento, debí estar aquí. Cuando fui a buscar a Katara y a Tai Li y no las noté, vine hacia aquí y me lo encontré todo así... - agachó la cabeza Toph.

Zuko no daba credibilidad. Con la fuerte pontencia de lucha que había en la Isla en ese momento, habían conseguido escapar y burlarla. Aang se aferró más a Katara.

- Todo ha sido mi culpa. Debí haber sido más fuerrte, lo debí haber sido. Perdí la concentración y... y... me golpearon y no hice nada. ¡No ayudé! ¡Debí estar aquí y ser más fuerte! - lloró Katara recriminándose fuertemente.

Sokka no podía ver a su hermana así. La cogió por los hombros y le dijo serio:

- No, Katara. No es tu culpa. No debes echártelo todo a tus espaldas. Todo ha sido circunstancial. Quién debería recriminarse por esto, debería ser yo. Pero no lo haré. Sé que Suki ahora mismo está sufriendo y no quiero que sufra más viendo cómo me derrumbo. No pienso hacerlo. Seré fuerte.

Toph estaba igual. Aunque no lo decía, en sus pensamientos se estaba echando toda la culpa. Si ella hubiera estado allí, o aunque fuera con Katara y Tai Li, podría haber llegado a tiempo y haber pillado al secuestrados y haber bloqueado el ataque de los otros.

Suki seguí llorando destrozada. Estaba siendo abrazada por todas las guerreras Kyoshi, también apenadas.

Tai Li se puso de pie frente a todos y con el ceño fruncido y lágrimas luchando por no salir de sus ojos dijo:

- ¡Tenemos que ir a buscar a Shiro! Ya sé que es duro, pero si lloramos no podremos lograr nada. ¡Debemos movernos!

Esas palabras resonaron mucho en Katara. Se levantó con fiereza y recuperó toda su vitalidad y su energía.

- ¡Tienes razón! ¡No permitiré que nadie toque a mi sobrino!

Sus ojos eran terroríficos. Eso recordó a Zuko aquella vez que fue con ella en busca del asesino de su madre. Su manera de mirar era la misma y eso significaba que iba con todas sus energías. Aang agarró una mano de Katara.

- ¡Vamos! No perdamos tiempo.

Aang sabía que debían hacer eso. Ese secuestro era como el de Ba Sing Se. Les estaban enviando mensajes y, lo malo, es que los estaban recibiendo. No quería que Katara se uniera a esa búsqueda por su bien, y más habiéndola visto inconsciente en el suelo, pero sabía que sus palabras serían en vano. Apretó su mano y salieron corriendo hacia Appa. A ellos se unió Toph y Sokka. Éste último dejó una missión a los demás:

- Guerreras Kyoshi, Tai Li, proteged a Suki y si vuelven, estad más alerta. - luego se dirigió a Zuko e Iroh. - Será mejor que sigáis buscando aliados. Eso nos ayudará por si el secuestrador pasa por algún pueblo. Enviad mensajes a aquellos que estén a nuestro alrededor. El culpable no podrá escapar muy lejos.

Los dos maestros del fuego accederieron y tan rápidamente como Sokka se montó a Appa, ellos se prepararon para emprender el camino hacía otros pueblos.

.


Comentario de la autora:


Este capítulo lo tenía escruto desde hacía tiempo, pero no he tenido oportunidad de subirlo, ruego que me disculpéis.

Estos días estoy liada con los exámenes finales tanto de la universidad como de la escuela de idioma, así que os pido paciencia hasta que los acabe (calculo que el 15 de junio).

Además debo releerme mi fic de nuevo, puesto que he perdido un poco el contexto! Os lo podéis creer! Agradezco el tener un esquema básico de las historia.

Gracias por comprenderme y gracias por seguirme.