The guilt
Las ojeras derramadas le dicen que no sólo está cansado. Sus ojos están hinchados, y, aunque hacía ya rato que había dejado de llover dentro de él, aún húmedos.
Está bien, promete, cuéntamelo. Y Horokeu se lanza a sus brazos, sin esperar más.
Su padre había muerto. Se había suicidado. El cabrón abandonado se había muerto igual que mamá.
Creo que os quiero):
