Summary: Reconstruir una nación requiere de sacrificios. Sabiendo que la Nación del fuego no aceptará a una Maestra Agua, Katara se hace a un lado de su incipiente relación con Zuko y lo incita a buscar la grandeza de la nación junto a la noble de la Nación del Fuego Mai. Zutara
Ritmo de lluvia
Capítulo Catorce
Por DamageCtrl
Disclaimer: No soy dueña de Avatar: El último Maestro Aire ni nada relacionado con él.
N/T: Yo no soy dueña del argumento, sino que pertenece a DamageCtrl, yo sólo me limito a traducir lo que ella escribió en inglés, con su autorización por supuesto.
Iroh se sentó en un mullido almohadón bajo los cerezos, en el jardín. Tenía frente a él un mesa bajita. La habían preparado los sirvientes con el específico propósito de sostener su té, su pergamino, su tinta y su pincel. Tomó un sorbo de su té de jazmín y contempló con tranquilidad el pergamino limpio delante de él. La tinta que había preparado se estaba secando y si no empezaba pronto, tendría que hacer más tinta.
Despacio, bajó la taza de té y tomó el fino pincel en sus manos. Con movimientos fluidos y lentos presionó el papel dejando que la tinta hiciera unas pronunciadas marcas negras. Se formaron unas gruesas líneas e Iroh levantó el pincel del pergamino. Se quedó mirando la caligrafía con mirada crítica. Fuerza.
Había comenzado su ritual matutino el día después de la partida de Katara, seis meses atrás. Había empezado con la repentina inspiración de escribir con elegante caligrafía la palabra "amor". Con cada pincelada, visiones de la pena de su sobrino, sino del irrefrenable romance con la maestra agua venían a flote. Era como si Katara estuviera de nuevo allí… despejando la mente de Zuko con un pedazo de pan y unas horas de silencio. Tal vez era por eso porque todos los días desde que se fue, él había empezando a escribir una palabra por día. Porque le recordaba tiempos mejores… tiempos en los que sabía su amado sobrino había sido verdaderamente feliz.
En los días soleados, pasaba buena parte de la mañana en esa pequeña colina en uno de los jardines. En los lluviosos, se sentaba en el pabellón, mirando a través de uno de los numerosos estanques y la colina. Tomaba té y escribía una cosa… siempre diferente. A veces describía a Katara. A veces a Zuko. A veces el amor que tenían. Iroh era un romántico de corazón.
Si Zuko había notado el repentino cambio en la rutina matinal de su Tío, no lo mencionó. El joven Señor del Fuego estaba ocupado con las cosas concernientes a gobernar una nación que se estaba recuperando de una guerra. Tal vez demasiado ocupado… meditó Iroh.
Desde que Katara se había marchado, Zuko se dedicó por completo a ser un Señor del Fuego. Empezó a usar una máscara de líder serio; alguien fuerte sin faltas que los miembros de la corte pudieran señalar y cuyo único propósito era su país. Incluso empezó a controlar su genio tan bien que Iroh empezó a preguntarse que le había pasado a su sobrino. ¿Dónde estaban su fuego y pasión? ¿Se habían ido con la maestra agua que tanto amaba?
El viejo general se quedó mirando al palacio que se alzaba frente a él. Recordaba esa noche claramente. Katara se había apurado en salir de su estudio para "alimentar a los patos-tortuga". Y después de que ella se hubo ido, él la había seguido. Cuando todo terminó, las sospechas de Iroh sobre el pedido de Katara de información sobre Mai se confirmaron. Si ella no podía quedarse y ser el pilar de apoyo para Zuko, ella encontraría a alguien que pudiera tomar su lugar.
No había sido una decisión fácil para ella o para Zuko aceptarla. Iroh había sido testigo de las lágrimas de Katara cuando Mai entró en el jardín en su lugar. Había visto el dolor y el resentimiento de Zuko durante toda la reunión, sin importar que también lo escondiera. Y como el viejo general entendía el razonamiento, no estaba de acuerdo. Sin embargo, si las partes involucradas consentían, no le quedaba mucho por hacer.
Zuko había ido a verlo esa noche y le había dicho que estaba comprometido con Mai. Iroh, vacilante, le preguntó sobre Katara, sabiendo ya los detalles. Los ojos de Zuko se pusieron vidriosos y su rostro se volvió inexpresivo. Katara se iba, le respondió Zuko. Al principio, Iroh trató de disuadir a su sobrino del compromiso, pero Zuko era terco. Se mantuvo inflexible en tomar a Mai como su prometida. Aún cuando lo dijo, Iroh podía ver el dolor en sus ojos. Se estaba mintiendo a sí mismo y lo sabía. Después de hablar con su Tío, se fue a dormir un poco antes de que saliera el sol. Iroh salió apurado, buscando a Katara. Cuando la encontró, estaba en su despacho otra vez, durmiendo. Los papeles sobre su escritorio estaban mojados por sus lágrimas.
Odiaba ver a Katara marchándose. Al envolverla en un último abrazo, justo antes de que se subiera al bisonte, sabía que no regresaría por Zuko. Compartieron una silenciosa sonrisa. Una disculpa por irse.
-¿Por favor, cuida a mis patos-tortuga? –sonrió, con lágrimas colgándole de los pestañas. Iroh asintió.
-No necesitas pedirlo, Katara. Siempre lo haré –le había asegurado. Y por eso la había visto alejarse con el corazón triste.
En los siguientes seis meses, Zuko había mantenido una conducta tan profesional, que estaba ganándose las alabanzas de los nobles por la sabiduría y fortaleza tan atípica en un Señor del Fuego tan joven. La pila de documentos que alguna vez habían creado un fuerte alrededor de su escritorio había desaparecido y la habían colocado en los lugares apropiados. Fuertes construcciones estaban en plena marcha en todas las zonas afectadas de la Nación del Fuego. Y también se estaban fundando muchas nuevas escuelas e instituciones que mejorarían la nación.
Y eso había sido gracias a la nueva prometida de su sobrino. Tan pronto como fue anunciada, Mai había sido retirada del sistema y se vio envuelta en el papel de una diligente futura Señora del Fuego. Tenía clases de real etiqueta tres veces a la semana y casi todos los otros días, representaba al Señor del Fuego ante el pueblo en ceremonias y eventos; todos diseñados para presentarla en sociedad. Y la gente estaba entusiasmada con la prometida de su Señor del Fuego.
Iroh debía admitir que estaba haciendo un trabajo excelente. Realizaba sus deberes con una elegancia adquirida y gracia. Entendía la importancia de lo que estaba haciendo y como se afectaría al Señor del Fuego. Sabía con que gente hablar, era educada, y genuinamente se interesaba en ayudar a reconstruir su nación. Verdaderamente admirable. Mientras la observaba, Iroh se percató de otra cosa.
Mai estaba enamorada de Zuko.
¿Lo sabría Katara? Si lo sabía, ¿qué estaba tratando de hacer? La mayoría de las mujeres no enviaría a otra mujer que sentía lo mismo por su alma gemela a su alma gemela ¿Qué tal si él se enamoraba de ella? El corazón del viejo general se congeló por un momento. Iroh se preguntó si eso no era lo que Katara quería.
Volvió a mirar el pergamino. Fuerza. ¿Para Zuko? ¿Para Mai? ¿Para Katara? Cerró los ojos y dejó el pincel. Para todos aquellos a quienes les importaba.
Aang miró a Katara y a Toph que conversaban sobre la última aldea a la que habían arribado. Katara, notó, se veía mejor. Sonreía ampliamente y sus ojos azul océano estaban enormes y brillante a la luz del restaurante. Sus manos volaban con movimientos exagerados, como ilustrando su historia, a pesar del hecho de que su interlocutora era ciega. Lentamente, estaba volviendo a su vieja y maternal ella misma, más que a la fachada que había creado. Seis meses atrás, cuando dejaron la Nación del Fuego, vio llenársele los ojos de lágrimas y a veces incluso, llorar en silencio en algunos momentos en particular. Especialmente cuando llovía.
Desde que se habían ido, Katara se dedicó completamente a su rol de Embajadora. Iba de un lado a otro con Aang y Toph, ayudando obedientemente lo mejor que podía para aflojar la tensión entre los bandos. Particularmente en las aldeas que una vez estuvieron bajo el control de la Nación del Fuego. Los ex patriotas reconocían su sinceridad y comprensión de su procedencia. Realmente hacía las cosas más fáciles para el grupo en su totalidad.
La noticia de la destreza de Katara como embajadora se esparcía rápidamente. Estaba muy orgullosa de su título y se sentía en la necesidad de probarse a sí misma que lo merecía. Pero incluso aunque estaba haciendo un trabajo excelente, ganando más y más popularidad por su trabajo, siendo idealizada por las niñitas de la Tribu Agua, Aang y Toph sabían que el comportamiento alegre que les mostraba no era completamente real. Sí, Katara era en verdad todas esas cosas, pero creó una pared entre ellos pare asegurar a la gente que la veía que no estaba afectada por lo que había pasado en la Nación del Fuego varios meses antes.
En las noches lluviosas, Toph contenía a Aang para que no saliera corriendo detrás de su amiga que lloraba.
-Necesita estar sola, Aang –le decía Toph con seriedad-. Dejemos que lo saque. Es saludable.
Saludable o no, todavía dolía verla llorar. Ella extrañaba a Zuko. Era tan obvio para los otros dos maestros que pasaban su tiempo con ella. Toda la fuerza e insistencia que tuvo en la Nación del Fuego eran solo para protegerlo de todas las posibilidad de una revuelta por parte de su gente. Pero cuando estaba sola, dejaba caer los muros que había construido a su alrededor. Nunca quería hablar de eso y se controlaba, rehusándose a cargar a los demás con sus problemas. Incluso aquellos quienes le rogaban que los compartiera. Aang sacudió la cabeza. Típico de Katara.
-Sabes, ese chico era algo lindo –anunció Katara con una sonrisa de oreja a oreja, mirando a Toph-. Creces unos centímetros y ahora todos los chicos quieren que vayas a casa con ellos.
-Ey, no soy tan vieja como me veo –le recordó Toph. Aún no había alcanzado los catorce, pero la pubertad ya la había golpeado. Estaba más alta y se desarrollaba bastante rápido. Aang todavía no sabía como tomar el cambio de su maestra de tierra control. Seguía actuando como la misma maestra tierra áspera, sarcástica y de alguna forma bruta. Pero también empezaba a percibir otras cosas. Y por otras cosas, Aang se refería a chicos-. Además, él era algo viejo. ¿No es más de tu tipo?
Katara arrugó la nariz y bufó.
-Dije "algo lindo", no despampanantemente hermoso.
Aang suspiró profundamente desde el otro extremo de la mesa. Estaba con una de esas conversaciones de nuevo. Esas que las chicas tienen entre ellas. Las dos se volvieron hacia el Avatar de catorce años de edad y sonrieron ampliamente al oírlo suspirar.
-Lo siento, Pies Ligeros… todavía pienso que eres uno de las chicas –Toph sonrió con malicia.
-Gracias… -murmuró Aang. ¿Cómo podían seguir confundiéndolo con una chica? Toph no era la única que había crecido. También él estaba unos centímetros más alto y, lo más horripilante, su voz soltaba gallos. Eso había sido objeto de burlas de las dos féminas-. No se molesten… solo me sentaré aquí… comeré mi plato de arroz…
Katara suspiró y puso los ojos en blanco.
-Bien, bien… -cedió. En verdad, a veces ella y Toph empezaban a hablar de un chico lindo solo para molestar a Aang. Nunca era nada serio y todos lo sabían. El corazón de Katara ya pertenecía a alguien innombrable. Y Toph… bueno, Katara prefería sentarse y mirar antes de llegar a una conclusión sobre los afectos de su joven amiga-. ¿De qué quiere hablar, Señor Avatar?
Aang agrandó los ojos y se enderezó en su lugar. Como si de repente, le hubieran dado la oportunidad de su vida. Esbozó una enorme sonrisa y sacó un mapa viejo. Lo azotó sobre la mesa y lo abrió.
-¡Las cabras-leopardo de la montaña de las montañas del Territorio de los Nómadas Aire del Sur! –exclamó orgullosamente, señalando un área que había encerrado.
Toph gruñó.
-Lo sabía… ¡Lo sabía! ¡Nuestro primer descanso después de seis meses de volar de aquí allá llevando paz y quieres montar un animal!
-¡Vamos, Toph! –Suplicó Aang-. ¡Sólo una vez! ¿Por favor?
-No. Dile, Katara –replicó Toph.
-Aang, Toph tiene razón. Ya nos hemos detenido tres veces durante el viaje para que pudieras montar animales. Montaste camello-lobos del desierto, volaste en la espalda de un águila cola de pez roja e hiciste parasailing en el elefante koi otra vez –le recordó Katara. Aang se encogió ligeramente. Tal vez debió haber expuesto sus argumentos.
-¡Pero son cabras-leopardo! –insistió Aang.
-No –Toph se mantuvo firme.
-¿Qué hay de un acuerdo? –Sugirió Aang-. Me dejas montar las cabras-leopardo y la próxima vez, haremos lo que tú quieres, Toph.
-Eso suena justo –concedió Katara. Hurgó en su mochila y sacó un gastado cuaderno de cuero-. No estaremos en Ba Sing Se por otras dos semanas… -cerró el cuaderno de un golpe y se dirigió a Toph-. Eso nos da tiempo suficiente para ir a donde tú quieras ir, Toph.
-Mmm… -meditó Toph. Se frotó la barbilla pensativamente-. Denme un momento.
Katara rió por lo bajo y miró a Aang. Se veía ansioso mirando a Toph. Sonrió abiertamente y él se mordió el labio inferior, silenciosamente orando para que Toph acordara. Los minutos pasaban y Katara terminó su sopa. Aang todavía estaba mirando, suplicante, a Toph.
-Toph –suspiró Katara, siempre la que llevaba paz-. No lo hagas interminable. ¿Estás de acuerdo o no?
La maestra tierra de cabello de ébano asintió con la cabeza.
-Bueno –acordó-. A cambio, quiero pasar el resto del tiempo en Ba Sing Se. Escuché que están organizando un torneo de tierra control y podría servirme de ejercicio.
-¡Sí! –Aang levantó las manos en el aire y bailó un rato en su asiento mientras Katara reía a carcajadas.
-¿Qué hay de ti Katara? –Preguntó Toph-. ¿Algún lugar al que quieras ir?
-Mmm… -Katara estiró los brazos un poquito-. Sabes, escuché que Ba Sing Se tiene unos grandiosos spas… realmente me gustaría ir a uno… quizás pasar un par de día relajándome antes de que no pongamos en camino de vuelta.
-¡Genial! ¡Eso significa que no tenemos que separarnos en tres cosas; pasaremos una semana con las cabras-leopardo y una semana en Ba Sing Se!
-Aguarda un minuto, Pies Ligeros –le cortó Toph inmediatamente-. Cuenta cinco días solamente. Incluyendo el viaje. El resto lo pasaremos en Ba Sing Se. ¿Entendido?
El Avatar, el hombre más poderoso del mundo, bajó la mirada, obviamente desilusionado, pero asintió.
-¡Genial! –Exclamó Katara volviendo a guardar el libro en la mochila-. ¡No puedo esperar para ir a Ba Sing Se y despejar mi mente de todo!
-¡Sokka! –Suki atravesaba corriendo el suelo congelado, vistiendo una parka verde. En una vasta zona justo fuera de los muros de la ciudad, Sokka se volvió. Estaba en el medio del entrenamiento de un grupo de jóvenes para enseñarles a usar armas básicas cuando oyó la voz de la joven guerrera llamándolo.
Una enorme sonrisa iluminó su rostro al ver a la morena cubierta de verde cruzar el blanco paisaje. Dejo que su corazón se agitara ante la vista. Un mes después de haber vuelto al Polo Sur, un barco de Kyoshi había llegado y en él, Suki. Había traído sus cosas con ella y Sokka sintió que su corazón ardía en su pecho. Ahí estaba ella, con toda su fuerza, elegante belleza… mudándose con él.
Técnicamente, se estaba mudando a la casa de Bato al final de la calle, pero aún así, ella había dejado la Isla Kyoshi para estar con él. Cada vez que pensaba en eso, estaba en el séptimo cielo y le agradecía a Yue por haberle enviado a una mujer maravillosa. En los últimos meses, ella se había acostumbrado al clima frío y usaba ropa gruesa hecha especialmente para ella, en verde.
Todos en la tribu ya sabían quien era desde que había venido unos meses atrás. Mientras en la Nación del Fuego, en medio de la decisión de Katara de dejar a Zuko, se encontró a su mismo pensando sobre él y Suki. Nunca le pediría dejar a la Isla Kyoshi. Ella vivía por esa isla. Sería egoísta de su parte pedirle que se quedase con él. Que dejara su hogar y a sus seres queridos por él no era una opción.
A pesar de eso, cuando Suki le dijo que se iba para la Isla Kyoshi con las otras chicas, estaba devastado. Trató de sonreír y de asegurarle que iría a visitarla, pero no pudo evitar sentirse herido al verla tan tranquila. Le había contado su pena a Gran-Gran y Bato lo escuchó por casualidad.
-¿No te dijo? –Se extrañó el mejor amigo de su padre-. Suki se mudará al cuarto que dejó vació mi sobrina en el Polo Sur en un mes.
Sokka casi atraviesa corriendo el palacio para preguntarle si era verdad, pero decidió esperar. Mejor dicho, Toph le dijo que esperara y Aang lo contuvo. Le tomó toda su entereza no arrinconar a su novia y demandar que le dijera la verdad. Si quería que fuera una sorpresa, tenía que dejarla. E iba a hacer la mejor sorpresa de todas.
Suki sonrió abiertamente mientras se acercaba. Un tenue rubor teñía sus mejillas. ¿Acaso sabía lo guapo que se había puesto? Era alto y tenía un físico atlético. Y esos ojos azules, y esa sonrisa que la derretía. Incluso aunque lo veía todos los días, nunca se cansaba de esa sonrisa melancólica que aparecía en su rostro cuando la veía. Era halagadora y atractiva.
Hacía que su mudanza al ártico hubiera valido todo. Las otras guerreras no se sorprendieron cuando ella anunció que se mudaría con Sokka. Todas habían despotricado contra él al principio, pero era un buen hombre y adoraba a su líder. Realmente no había nada que pudieran decir en contra de la pareja. Sin embargo, cuando Suki se fue, no pudieron evitar llorar. Estaba dejando atrás su vida como guerrera para estar con un hombre al que podía vencer con las manos atadas a la espalda.
Pero verlo parado ahí todo de azul, con el cabello recogido en una prolija cola de lobo, y sus ojos de zafiro brillando al sol del ártico con una cálida sonrisa en su labio, no podía verse en otro lugar.
-¿Cuál es el problema? –preguntó abriendo los brazos. Suki sonrió ampliamente al llegar junto a él e instantáneamente sentir sus labios contra los suyo para un breve, pero placentero, "hola-te extrañe-en-estas-horas-que-no-te-vi" beso. Apoyó sus manos en la cadera de ella y bajó la vista para mirarla.
-Carta de Katara –explicó, levantando el papel-. Me emocioné tanto; tenía que arruinar tu clase.
-Bueno –Sokka se volvió hacia el grupo de niños y suspiró cansinamente. La mitad de ellos estaban jugando en la nieve y lo otros pretendían pelear con las armas-. No es realmente una clase… ¡Ey! ¡Ustedes dos! ¡Paren o los mandaré a su casa!
Los tres que estaban peleando en broma dejaron de hacerlo y suspiraron con resignación mientras Sokka se giraba hacia Suki.
-¿Podemos leerla ahora? –inquirió alegremente.
-Seguro –concedió Sokka. Viró hacia los chicos-. Bien, chicos, ¡quince minutos de recreo! ¡No se vayan lejos!
Los niños gritaron y soltaron las armas antes de salir corriendo. Sokka soltó otro suspiro profundo y miró a Suki. Rápidamente desenvolvió el papel y lo sostuvo entre sus manos enguantadas. Mientras lo leía en voz alta, Sokka sonreía pensativamente.
Originalmente había estado en contra de que su hermanita se marchara y viajara con Aang y Toph. Sin embargo, viendo su determinación al empacar, le hizo darse cuenta que necesitaba irse. Lo necesitaba para poder seguir con su vida. No podía quedarse en la Nación del Fuego y ya no se la requería en las Tribus Agua. La reconstrucción estaba completa.
Pero ella tendría un objetivo si iba con Aang y Toph. Un objetivo que amaría en lugar de Zuko. Odiaba saberlo, pero era bastante obvio en ese punto que esos dos estaban enamorados. Al menos su hermana lo estaba. No le gustaba la idea, pero si Katara era feliz, lo aguantaría. Se sorprendió cuando Katara rechazó una oferta que le permitiría quedarse. Estaba seguro que la tomaría sin dudarlo. Pero cuando explicó sus razones, la entendió y se le cayó el alma a los pies.
Aparentemente, ella amaba al Señor del Fuego lo suficiente como para terminar con él para que pudiera alcanzar sus metas sin problemas. No quería retenerlo ni ser su debilidad. Su hermana no había cambiado mucho. Siempre queriendo sostener el mundo por el bien de aquellos que le importaban. Por otro lado, sintió que debía de estar feliz. Porque esto significaba que no había ninguna posibilidad de que Zuko se convirtiera en su cuñado.
¿Pero entonces por qué se le rompió el corazón cuando vio a su sonriente hermanita menor despedirse de él con un abrazo con lágrimas rodando por sus mejillas?
Repentinamente, quiso ir con ella. Unirse a ella, a Aang y a Toph de nuevo. Pero ya había hecho planes para quedarse en el Polo Sur. Y Suki también iría. Con el corazón triste, observó a su hermana marcharse. Por primera vez, estarían separados. Y sentía como si estuviera perdiendo una parte de su vida. Si ella reconoció la aprehensión que sintió, trató de arreglar eso también. Cada semana recibían una carta de Katara que los mantenía actualizados en sus más recientes aventuras. Incluso comentarios sobre el crecimiento de Toph y Aang. En silencio, Sokka se preguntaba sobre el propio crecimiento de su hermana. Seis meses cambiaban a una chica. O más bien, a una mujer.
Katara había cumplido dieciséis, y en ese momento, estaba en Omashu. El Rey Bumi, Aang y Toph le organizaron una enorme celebración de cumpleaños al no poder estar con su familia. Sokka frunció el ceño ligeramente. Su hermana era una mujer ahora. No que alguna vez hubiera pensado en ella como una. Una vez hermanita bebé, hermanita bebé por siempre.
-¡Se van a Ba Sing Se en Appa! –vociferó Suki efusiva y enérgicamente-. Oh… un spa…
Sokka se rió por lo bajo y envolvió los hombros de Suki con sus brazos. Cuando ella se reclinó sobre él, la besó en la cabeza.
-Como que desearía estar con ellos –musitó. Suki sonrió intensamente y lo besó.
-Lo sé –le respondió con suavidad-. Pero Katara ya es una chica grande. Estará bien –Sokka asintió. Silenciosamente, rezó para que su hermana estuviera bien como lo aseguraba en sus cartas.
La cena era siempre una tarea en esos días. Zuko se sentaba con su Tío a un lado y con su "prometida" al otro, como establecía el protocolo. Como siempre, la comida se sucedía en silencio y todos los comensales se habían acostumbrado a eso. Ocasionalmente, alguien haría un comentario sobre la comida o cómo había sido su día. Ese alguien usualmente era Iroh.
-Entonces –empezó, limpiándose con sumo cuidado sus labios con una servilleta-. ¿Cómo estuvo su día?
-Estuvo bien, General Iroh –replicó Mai calma. Zuko simplemente gruñó.
-Yo tuve un buen día –murmuró Iroh-. Recibí un bonito paquete de té de los padres de la joven Toph hoy. Parece que el Avatar y las chicas pararon y pidieron que se me enviara té. ¿No fue un lindo detalle?
-¿Qué clase de té es? –preguntó Mai. Su voz era monótona y sólo estaba haciendo una conversación casual.
-Ginseng –respondió-. Acaban de expandirse al mercado del Té y Katara se enteró por lo que me envió algunos ejemplares.
Ante la mención del nombre de la maestra agua, la mesa quedó en silencio. Mai bajó la mirada y Zuko pretendió que no lo había oído. El viejo General tosió levemente. El silencio tomó por asalto la mesa una vez más. Entonces, sin decir una palabra, Zuko dejó los palitos sobre la mesa y le hizo señas a un sirviente para que se acercara.
-Una porción de pan, del tamaño de mi mano –ordenó.
El sirviente asintió y obedientemente desapareció con rapidez en la cocina. Iroh sabía que iba a hacer con el pan. Miró al otro lado de la mesa a Mai. Sus largos y delgados dedos estaban pálidos mientras agarraba con fuerza los palillos. Ella también sabía que es lo que iba a hacer con el pan. Unos instantes después, le presentaron una porción de pan al Señor del Fuego en una bandeja de plata.
Lo arrancó de la bandeja y retiró su silla.
-¿Ya te vas? –Inquirió Iroh-. Aún no han servido el postre.
-Estoy lleno, Tío –contestó Zuko. Les hizo una respetuosa reverencia a ambos-. Gracias por acompañarme. Tío. Mai.
El viejo General miró de reojo a la joven mientras ella inclinaba cortésmente su cabeza. el joven Señor del Fuego se puso de pie y salió por la puerta. Tan pronto estas se cerraron, dejando al anciano y a la joven solos, Iroh soltó un profundo suspiro.
-Me disculpo, mi lady –le dijo consoladoramente-. Con frecuencia, es muy distante. Las cosas están un poco tensas en la corte ahora.
-Entiendo –contestó ella-. La nación está muy inestable todavía.
-Está tratando de estabilizarla nuevamente, mi lady –le aseguró-. Por favor, disculpa su comportamiento –Mai asintió y colocó sus cubiertos a un lado de su plato.
-Me temo que tengo una ligera jaqueca, General Iroh. Creo que me retiraré –anunció respetuosamente. El viejo general suspiró profundamente, pero asintió. Ella dejó la servilleta sobre la mesa y se paró, siguiendo el camino de Zuko a través de las puertas.
Iroh se frotó la frente y le hizo señas a un sirviente.
-Más té, por favor.
Afuera, Mai caminaba rápidamente por los pasillos. Los sirvientes y guardias se inclinaban respetuosamente a su paso, pero no le importaba. Cada noche cuando Zuko pedía pan, sentía que se le retorcía dolorosamente el corazón en su pecho y los celos burbujeaban en su interior. Iba a alimentar a los patos-tortuga; Katara le había contado. La primera vez que lo hizo, le preguntó que es lo que iba a hacer con el pan. Él simplemente se encogió de hombros y le dijo que iba a alimentar a algunos de los animales en el jardín.
La vez siguiente, cuando le preguntó si podía ir, frunció el ceño, molesto e inmediatamente le dijo que no. Era su momento privado y para agregar, a solas. Una parte de ella se tensó ante sus palabras. Si fuera Katara, tú me permitirías acompañarte… reprochó la parte rencorosa de su mente.
Rápidamente, suprimió esa parte suya. En el momento en que tomó el papel de su prometida sabía que no nunca la amaría. No como amaba a Katara. Y aún en la presencia de la maestra agua de llorosos ojos azules, Mai se cuestionó que tan profundo era su amor por Zuko comparado con el de ella.
Esa noche, había estado lloviendo. Cuando atendió la puerta, se sorprendió de encontrar a la joven maestra agua parada al otro lado, mojada por la lluvia y en su rostro lágrimas saladas mezcladas con el agua de lluvia. Con voz temblorosa pero determinada, le preguntó si podía hablar con ella. Mai quiso echarla. Eran conocidas. No amigas. Y estaba perturbando su hora de dormir. De cualquier modo, Mai dejó que entrara en su cuarto. Fue a buscarle una toalla del cuarto de baño anexo, solo para regresar y verla seca.
Mai había olvidado que era una maestra agua. Y mientras se sentaba en la orilla de la cama, a la mortecina luz de una vela, Katara permaneció de pie frente a ella e inclinó la cabeza.
-Ty Lee dijo que han sido amigas de Zuko desde que eran niños.
-Éramos amigas de su hermana –corrigió Mai con rapidez.
Katara tragó saliva nerviosa.
-Tengo que pedirte un favor.
Lo siguiente que dijo casi hizo que la alta joven noble de la Nación del Fuego se cayera de la cama.
-Cásate con Zuko.
Por un momento, Mai se preguntó si había oído correctamente. ¿Acaso la maestra agua acababa de pedirle que se casara con el Señor del Fuego? Mai la miró fijamente por unos minutos, estudiando a la chica de la Tribu Agua con escrutinio. No tenía sentido. Había oído los rumores, visto la manera en que él la miraba a ella… era el hombre más poderoso en la Nación del Fuego y Katara quería que alguien más se casara con él. Mai respondió la única cosa que se le ocurrió.
-¿Estás loca?
La maestra agua esbozó una pequeña sonrisa.
-Lo amo –afirmó Katara-. Antes de que lo escuches de alguien más, quiero que sepas y entiendas que lo amo.
-Entonces quédate con él.
-No puedo –contestó, dolor apareció en sus ojos mientras una sonrisa triste llenaba su rostro-. Sabes las razones por las que no puedo.
-También sé que eres una respetada heroína de la guerra y que Zuko es el Señor del Fuego. Si ustedes dos quieren, pueden casarse y nadie los detendrá –rebatió Mai. Empezó a preguntarse si estaba loca por empujar a la campesina de la Tribu Agua a casarse con el Señor del Fuego de la Nación del Fuego.
-Nadie nos detendría, pero estaría metiendo en su camino –replicó Katara suavemente-. Toda su vida, Zuko estuvo destinado a convertirse en Señor del Fuego. Ha trabajado duro y creo, y sé, que tiene el potencial para ser el mejor Señor del Fuego que la Nación del Fuego ha visto alguna vez. Pero si me quedo con él ahora, perderá el apoyo de los nobles y lo necesita. Su pueblo no está listo para que una campesina de la Tribu Agua esté a su lado.
-Entonces, ¿lo vas a dejar? –soltó Mai. ¿Qué tan idiota era esta chica? Si lo amaba, debería quedarse.
-Sí –confirmó Katara-. Prefiero que me odie a meterme en el camino de todo lo que ha soñado y trabajado toda su vida –Era tonta, pero Mai sintió celos de lo profundo de su ingenuo y determinado amor.
Mai sacudió la cabeza. El amor realmente te hace hacer estupideces.
-Esta es probablemente la cosa más estúpida que oiré en toda mi vida –Katara rió, ahogando sus emociones-. Creo que para que alcance sus objetivos… necesitará una mujer de la Nación del Fuego a su lado.
Mai entornó los ojos.
-¿Por qué yo? –Arrugó el entrecejo-. Recuerdas como fui tras de ti y el resto del equipo del Avatar junto con Azula, ¿verdad? Te arrojé dagas y cuchillos, casi te mato.
Katara sonrió con suficiencia.
-Bueno… fallaste –retrucó fríamente-. Pero por lo que veo, eso ya es agua pasada. No somos amigas, Mai. Pero nos conocemos. Y sé que no tengo derecho de pedirte esto. Pero, por favor escúchame. Vi tus antecedentes en la academia y arte. Eres inteligente y tienes una buena educación. Te importa la gente.
-Me halagas –murmuró duramente.
Katara la miró seriamente, con significativos ojos azules.
-Mai, creo que serás una perfecta Señora del Fuego.
Le tomó otras dos horas convencer a Mai. Katara lo había logrado de alguna manera cuando le dijo que la necesitaba para ayudar a guiar al pueblo de la Nación del Fuego a su antigua gloria. Mai sacudió la cabeza, insegura de cómo Katara se las había arreglado para que asintiera. Tal vez la maestra agua estaba destinada a ser una embajadora si podía lograr eso.
Antes de darse cuenta, Mai se encontró viviendo sus fantasías infantiles de ser la novia de Zuko. Todas las ventajas, todo el poder y respeto pero nada del romance con el que había soñado. Katara había recibido rumores maliciosos, comentarios desagradables y miradas de desdén, pero Zuko realmente la amaba. La razón por la que había aceptado todos los deberes como Señora del Fuego era porque esperaba que un día Zuko se lo reconociera. Una pequeña parte de su hastiado corazón mantenía la esperanza de que un día eso se volviera real.
No tenía que amarla como amaba a Katara. Solo quería que la reconociera como mujer. Como su futura esposa. No como alguien que había elegido para cubrir sus huellas con la mujer que realmente amaba. Quería que Zuko la viera como Mai. Justo como ella no lo veía como Señor del Fuego, sino como Zuko.
Se detuvo en la entrada a los jardines de los cuartos reales. Podía escuchar el graznido de los patos-tortuga. Con cautela, Mai echó un vistazo más allá de la entrada. Zuko estaba sentado a la orilla del estanque, sentado sobre una pierna con un codo apoyado casualmente sobre su rodilla. Miraba con añoranza a algo que tenía en sus manos mientras los patos-tortuga nadaban a su alrededor. Mai entornó los ojos, confundida.
Era una pequeña flor azul encerrada en un cristal transparente.
-¿Por qué no podemos ir? –lloriqueó Aang mientras Katara sonreía sacudiendo su pase para una semana de spa delante de ellos. Toph tenía el ceño fruncido y Aang se veía desilusionado.
-Porque ya arreglaste para ir con Toph a ver como patea los traseros de algunos maestros-tierra en el torneo –replicó Katara descaradamente.
-No es justo, princesita –gruñó Toph-. Nunca dijiste que teníamos que elegir. Pensé que iríamos al spa contigo después del torneo.
-Y son más que bienvenidos a hacer eso –le aseguró Katara-. Pero esta va a ser mi última oportunidad de tener un agradable y largo tiempo de relax antes de que vayamos al sur del Reino Tierra. Y ya que la mayoría de la zona estuvo controlada por la Nación del Fuego tenemos mucho trabajo para hacer.
-Bueno… -masculló Toph-. ¡Pero espéranos en cuatro días!
Katara sonrió de oreja a oreja.
-En cuatro días, espero verte aquí con un cinturón de campeonato –Toph sonrió con suficiencia.
-Como si fuera a regresar con otra cosa –bufó-. ¡Vamos, Pies Ligeros! ¡Dejemos que la princesita tome un baño! ¡Lo necesita! –añadió
Katara puso los ojos en blanco y miró como sus dos amigos se alejaban. A propósito había esperado a que Toph se registrara en el torneo para anunciar que se tomaría dos un tiempo en el mejor spa de todo el Reino Tierra. Sola. Sentía que se debía un tiempo para ella. Seis meses viajando en extrema cercanía con Aang y Toph podía volver loco a cualquiera, sin importar lo mucho que los quisiera. Sin mencionar que necesitaba un descanso de dormir en Appa.
Sí, su estadía en el spa estaba bien merecida. Aturdida, Katara bajó por la calle hasta la entrada del spa. Era grande y célebre por atender a algunas de las personalidades más influyentes y poderosas de todo el mundo. Eso incluía a los reyes y Avatares. Se decía que el Avatar Roku solía ir ahí años atrás. Y si era bueno para reyes y Avatares, era lo suficientemente bueno para una Embajadora de la Tribu Agua.
Subió los escalones de piedra y atravesó las puertas, derecho al mostrador. Una joven mujer le sonrió cuando inclinó su cabeza respetuosamente.
-Bienvenida al Complejo y Spa Real de Ba Sing Se. ¿Se registrará hoy?
-Sí –respondió Katara con una amplia sonrisa. El simple pensamiento de sumergir su cansado y exhausto cuerpo en un hidromasaje la mareaba-. Mi nombre es Katara de la Tribu Agua.
-¡Oh, Señorita Katara! –la joven le hizo una profunda reverencia, ruborizándose. La miró con los ojos enormes, llenos de maravilla-. ¡Bienvenida! ¡La hemos estado esperando todo el día! –Volteó hacia el rollo de pergamino y comprobó y marcó el nombre de Katara-. Tenemos lista su suite.
-¿Suite? –Repitió Katara, arqueando una ceja-. Creo que hay un error. Yo sólo pedí por una habitación…
-Señorita Katara, es un honor tenerla aquí –insistió la muchacha-. Por favor, tome este atrevimiento como un agradecimiento por habernos elegido para su estadía.
Katara parpadeó, pero asintió.
-Está bien… gracias –la muchacha sonrió de nuevo, al parecer aturdida recogiendo algunos papeles y una llave.
-Permítame escoltarla hasta su suite, por favor, Señorita Katara.
La joven maestra agua cabeceó y fue detrás de la chica. Antes de que pudiera avanzar, ya no sintió el peso de su mochila sobre el hombro y jadeó. Se giró y un chico hizo una reverencia.
-¡Hola, Señorita Katara! ¡Permítame llevar su bolso!
Sonrió con optimismo y Katara accedió. Con ilusión, caminó con dificultad tras la mujer castaña siguiendo a la anfitriona. Katara tuvo el placer de un pequeño tour personal por el spa y finalmente subió a uno de los pisos más altos en un ascensor impulsado por un maestro tierra. Su cuarto tenía una vista de toda la ciudad.
-Por favor, disfrute su estadía, Señorita Katara –exclamó la anfitriona haciendo una reverencia. Katara asintió tontamente. Estaba apunto de buscar algo de propina en su bolsilla para la anfitriona y el botones, cuando la puerta se cerró. Suspiró profundamente y se hizo una nota mental para dársela luego.
Katara miró alrededor, contemplando su enorme habitación. Había una gruesa alfombra sobre el piso de piedra. La suite estaba dividida en tres áreas; la sala de espera, el dormitorio y un baño. La cama era grande y suave cuando saltó sobre ella con un infantil regocijo. Cortinas largas de gasa caían sobre la cama, haciéndola de dosel. Grandes y mullidas almohadas se apilaban en la cama y Katara se tiró sobre ellas.
Se hundió en la cama y sonrió de oreja a oreja. Mientras iban de aldea en aldea, se habían quedado en las casas de algunos aldeanos generosos. Las exiguas camas eran bienvenidas después de haber pasado la noche en la dura silla de montar de Appa. Aunque le gustaba mucho tener simplemente un lugar donde dormir, sabía apreciar una cama mullida cuando era regalada con una.
Se extendió y agarró una de las almohadas. La trajo contra su pecho y se dio vuelta, apoyando su cabeza en la seda tersa y suave. Cerró los ojos y suspiró pesadamente.
-Es justo como la cama de Zuko…
Su corazón se detuvo en su pecho y abrió los ojos. Sus largos dedos se crisparon sobre la almohada, recordando el suave confort de una gran cama forrada de rojo. Tragando con nerviosismo, apartó la almohada y se sentó. Se pasó la mano por la cabeza y la sacudió. No era el momento para sumergirse en los recuerdos, sin importar lo tiernos que eran. Estaba ahí para relajarse y descansar un poco antes de despegar una vez más con Aang y Toph.
Con eso en mente, Katara gateó fuera de la cama y empezó a hurgar en su mochila. Arrojó ropa sobre la cama, tratando de encontrar algo que pudiera ponerse cuando regresara de un agradable masaje. Katara sabía que tenía un bonito conjunto de dormir en alguna parte de su mochila. Su mano agarró algo liso y sedoso. Arrugó el ceño y lo sacó. ¿Seda roja? Katara entornó los ojos. Ella no tenía una bata roja…
Agrandó los ojos. Era la bata de Zuko… la que tenía la noche en que habían volado en Appa. Arrugó los ojos y repentinamente se le hizo difícil respirar. Él había tapado su cuerpo con ella para mantenerla abrigada. Todavía podía sentir sus manos sobre ella, plegando la tela sobre su cuerpo, arreglándoselas para poner su cabeza sobre su regazo. ¿Cómo había acabado entre sus cosas? Inconscientemente, la atrajo hacia su nariz, silenciosamente esperando que su esencia estuviera todavía impregnada en el tejido. Cuando sus labios tocaron la tela, se detuvo.
¿Qué estaba haciendo? Dejó caer la ropa y se hizo para atrás.
-Basta… -se dijo con una voz queda y llena de dolor-. Terminó.
Pero incluso aunque lo dijo, rezó en silencio para que no fuera así.
-¿Qué pasa? –inquirió Zuko releyendo una serie de documentos que registraban las últimas provisiones enviadas al Reino Tierra. no alzo la vista cuando el secretario inclinó su cabeza ante él.
-Mi señor, los nobles han pedido una reunión con usted para el final de la semana –explicó el secretario.
Zuko arrugó los ojos y levantó la mirada hacia el secretario.
-Tuvimos una reunión ayer. ¿Por qué necesitan hablar conmigo otra vez?
-No dijeron, mi señor –repitió el secretario-. Solo pidieron una audiencia con usted.
Zuko arrugó los ojos, absteniéndose de seguir presionando.
-¿Tengo algún momento disponible?
-Sí, mi señor. En dos días a partir de ahora, tienes un momento libre por la mañana antes de que vayas a la ciudad para verificar el progreso de la nueva zona del mercado como está programado –informó el secretario-. ¿La arreglo para esa mañana?
El Señor del Fuego asintió ligeramente.
-Sí –concedió. Volvió a los documentos que tenía en la mano-. Y consígueme más tinta roja.
-Sí, mi señor –el secretario hizo una reverencia y rápidamente salió del despacho del Señor del Fuego. La puerta se cerró y Zuko cerró los ojos. Soltó los papeles y suspiró profundamente. Levantó las manos y se frotó el puente de la nariz cansinamente.
Cada vez que los nobles pedían una reunión, siempre asumía lo peor. Significaba que tenían algo importante que decirles que afectaría su vida personal. Aunque, siendo Señor del Fuego, su vida personal era bastante pública. Le molestaba, pero no había nada que pudiera hacer al respecto.
Alguien golpeó la puerta y lo fulminó con la mirada.
-¿Qué sucede? –gruñó enfadadísimo.
-Señor Zuko –respondió una voz femenina al otro lado de la puerta-. ¿Puedo hablar contigo?
Zuko frunció el entrecejo. Mai raramente venía a hablar con él.
-Pasa –indicó. La puerta se abrió y Mai entró, vacilante en cierta forma. Vestía sus clásicas ropas rojo oscuro y negro. Su cabello recogido en sus clásicos rodetes. Y en su rostro su clásica expresión de aburrimiento. Inclinó levemente la cabeza-. ¿Qué pasa, Mai? Tus visitas no son típicas.
Su corazón se detuvo un segundo ante el sonido de su voz.
-Necesito hablar contigo, mi Señor.
Zuko asintió y le hizo señas para que se sentara en una de las sillas frente a él.
-Zuko está bien en privado, Mai –le aseguró-. Nos conocemos desde que somos niños. Ahora –prosiguió, haciendo a un lado los papeles y mirándola-, ¿Qué pasa? ¿Hay algún problema?
Por un momento, sonó como si se preocupara. Tal vez lo hacía, pero no en una manera romántica.
-Estaba hablando con mi padre la noche anterior a la última.
-Sí –interrumpió Zuko-. Estabas excusada para la cena para ir con tu familia por el cumpleaños de tu hermano. ¿Recibió los regalos que le envié?
-Sí, mi señ… Zuko –Mai se corrigió a sí misma-. A Tom-Tom le encantó la ropa enviada y mis padres agraden los demás regalos.
Zuko asintió, complacido de que el noble y su esposa hubieran aceptado sus presentes. Se volvió a Mai.
-Esta no es la verdadera razón por la que estás aquí –afirmó. Arrugó el ceño y la vio estremecerse inconscientemente-. ¿Sucede algo malo?
-Me dijeron que seis meses es el tiempo normal de compromiso –le contó. Él arrugó los ojos, disgustándole el rumbo que tomaba la conversación-. Me dijo que los nobles se están poniendo ansiosos y están empezando a hacer preguntas.
-¿Qué clase de preguntas…? –inquirió en voz baja.
-Quieren una fecha, Zuko –respondió con cuidado. Podía sentir que el cuarto se estaba caldeando y se removió incómoda en su asiento. El Señor del Fuego no estaba contento-. Quieren saber cuando te casarás conmigo.
Apretó los dientes y cerró los puños.
-Así que es eso… -estableció con voz grave-. Es por eso que quieren reunirse conmigo en unos días…
-Señor Zuko –habló Mai de nuevo y Zuko la miró-. Cuando acepté la posición de tu prometida, tenía la impresión de que jamás iba a ir más lejos que eso –él arqueó una ceja interrogante y Mai se explayó-. Pensé que lo romperías.
Zuko frunció el ceño, molesto y Mai también lo hizo.
-¿Por quién me tomas, Mai? –Escupió Zuko-. ¡No soy el tipo de hombre que usa a una mujer para tapar mis huellas! –Ladró. Mai inclinó la cabeza.
-perdóname, pero no quise decir que…
-¿Entonces qué quisiste decir? –Demandó Zuko-. La razón por la que te acepté como mi prometida fue por Katara te eligió –el dolor golpeó su cuerpo como si hubiera sido apuñalada y luchó para no demostrarlo-. Sabía la clase de mujer que sería perfecta para Señora del Fuego y te eligió a ti.
Mai sentía que el corazón le ardía con un dolor agudo. Todo siempre conducía a Katara. Incluso aunque Mai ya lo sabía, todavía dolía oírlo.
-Ya veo, mi señor.
-Mai, no me malinterpretes –le dijo Zuko-. Si Katara hubiera traído a otra, me hubiera negada –ella agrandó los ojos, genuinamente sorprendida-. Tienes la formación y la inteligencia para convertirte en Señor del Fuego. Katara solo trajo eso a la luz. Tú tienes honor e integridad. Respeto eso.
Mai cabeceó en agradecimiento. Por un momento resintió a Katara; y repentinamente le agradecía que la mostrara al Señor del Fuego.
-Humildemente acepto sus palabras, mi señor.
Zuko asintió.
-Pero como matrimonio… -no completó la frase y Mai levantó la cabeza. Se oía vacilante. ¿No quería casarse con ella? un compromiso era una cosa, ¿pero matrimonio? Casamiento significaba herederos. Y herederos significaban…
Se sonrojó, pero Zuko pareció no darse cuenta. Se apoyó contra su silla y se rascó la barbilla. ¡Mai! ¿De dónde vino eso?, la castigó su mente. Miró a Zuko, vestido con ropa informal en vez extravagantes ropas de la corte. No necesitaba las batas cuando estaba atrapado en su estudio haciendo papelerío. Aún así, se veía maravilloso en el apagado rojo de sus pantalones y camisa abotonada. Sus anchos hombros y sus musculosos brazos estaban escondidos debajo de la tela, pero era bien consciente de que estaban ahí.
-Necesitaré tiempo para pensarlo –Zuko frunció el ceño. La miró y le hizo una reverencia-. Una vez que decida algo, hablaré contigo. No quiero hablar con los nobles sin antes consultarte primero. Fuiste arrastrada a este compromiso y no quiero llevarte más lejos de lo que tú quieras ir.
Estaba empezando a sonar como el noble príncipe que siempre había imaginado que sería. Aquel que respetaría a su princesa y compartiría su honor con ella. Mai reprimió un sonrojo y cabeceó.
-Gracias, Zuko.
Se puso de pie y salió de la habitación. Al cerrar la puerta detrás de ella se apoyó contra ella y momentáneamente dejó que una sonrisa acariciara su rostro.
Dentro de la estancia, Zuko arrugó el entrecejo, molesto. Silenciosamente maldijo a Katara por traerle a Mai ahora que la finta del casamiento amenazaba en la distancia. No quería casarse con Mai. Era una buena persona, respetable e inteligente. Pero no era Katara. Golpeó el puño contra el escritorio de madera y rugió.
-Que Agni te maldiga, Katara –siseó Zuko amargamente. Ella lo había preparado todo. Ella la había llevado a Mai. Ella había tendido su compromiso. Ella lo había dejado, sabiendo perfectamente bien que lo amaba. Cerró los ojos con fuerza y se le acongojó el corazón.
Cuando aceptó el compromiso, no había estado pensando en matrimonio. Gran parte de él pensaba únicamente en tener un largo compromiso. Y quizás un día Katara regresara. Zuko se burló de sí mismo y sacudió la cabeza. Katara los había manipulado a ambos, a él y a Mai para que se casaran. Ella lo sabía desde el comienzo… Él no quería forzar a Mai a un matrimonio sin amor. No quería forzarse a sí mismo a un matrimonio sin amor. Sin embargo, el tiempo de romper el compromiso no se había presentado por sí solo… y si no lo hacía pronto, tendría que casarse con Mai. Y traicionado por la mujer que amaba. Le dolió el corazón…
De alguna manera, tenía el presentimiento de que Katara había planeado todo eso. La maldijo una vez más antes de maldecirse a sí mismo. Sin importar lo que hiciera, sin importar lo ofendido y enojado que estuviera, todavía la extrañaba.
El agua estaba caliente y burbujeaba a su alrededor. Katara soltó un eufórico gemido cuando se acostó en la tina de mármol, su cabello oscuro recogido en un turbante de toalla verde mientras su cuerpo cubierto por una toalla se relajaba debajo del agua. Tenía los ojos azules cerrados y la música llenaba el aire alrededor del jacuzzi.
El área estaba compuesta por una serie de habitación, cada una de las cuales tenía un jacuzzi para que se metieran una o dos personas. El aire era húmedo y cálido y las plantas en tiesto enmarcaban la ventana abierta frente a ella. la cálida luz del sol entraba a hurtadillas al pequeño cuarto y Katara suspiró feliz. Había recibido un bien merecido masaje en su espalda y prácticamente se había quedado dormida en la camilla donde había estado acostada.
Después cuando fue a por un masaje de pies antes de meterse en un jacuzzi personal. Katara sonrió amplia y tontamente mientras sus músculos se relajaban con la temperatura del agua. Mientras estaba allí, su mente viajó hasta su hermano. En su última carta, que había sido enviada a la casa de los padres de Toph, decía que Suki había empezado a ayudarlo a entrenar a los niños de la aldea. Ella sonrió, contenta de saber que Suki se estaba adaptando bien a su helado hogar.
Tuvo un poco de envidia. Aún sabiendo que su trabajo era importante, su hermano y su amiga tenían la suerte no pasar casi todo su tiempo de viaje. Por casi dos años, había pasado mucho de su tiempo viajando. Amaba las aventuras y las emociones, pero cuando estaba cansada, extrañaba la comodidad de un cuarto propio.
Incluso el que había sido su cuarto por unos pocos meses en la Nación del Fuego era bienvenido. La sonrisa abandonó su rostro cuando sus pensamientos volvieron al hombre que había dejado atrás. ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Mai y él se estarían llevando bien? Le dolió un poco el corazón, pero rápidamente sacudió la cabeza tratando de apartar esas ideas. Le había enviado a Mai a Zuko en su lugar. No había razón para enojarse si algo florecía entre ellos.
¿A quién engañas?, pensó para sí. Tendrás el corazón roto y estarás celosa. Más que ahora cuando se casen.
Katara abrió los ojos y se le fue el alma a los pies. Casamiento. El corazón se le retorció en su pecho. ¿Por qué cuando le estaba pidiendo a Mai que se quedara con Zuko, no vaciló en decirle a la chica que sería una excelente Señora del Fuego, la esposa del Señor del Fuego? La esposa de Zuko. Y aún cuando pensaba en eso ahora, se le oprimía el pecho. Esto es lo que quería… dejarlo en las manos de una mujer capaz de manejar los deberes de la Señora del Fuego y estar al lado del Señor del Fuego. Mai sería quien ayudara a Zuko a alcanzar sus metas.
No ella.
Katara cerró los ojos con fuerza y tomó aire. Su cabeza empezaba a hacerle sentir una ligera jaqueca.
-Debería salir… -murmuró. Bajó los brazos y acomodó la toalla abajo del agua. Una vez que estuvo segura alrededor de su cuerpo se paró y camino hacia la pared. Miró alrededor, y asegurándose de que no había nadie espiándola agarró la bata que colgaba de la pared y se la puso. La toalla empapada cayó a sus pies y se ató la tele de toalla alrededor de su cuerpo.
Luego la levantó y la arrojó en uno de los tubos que había en la pared y que llevaban a la lavandería en el edificio de al lado. Verificó que su bata estuviera bien segura alrededor de su cintura y salió de la habitación. Caminó por el pasillo y dobló en una esquina.
-¡Ey! –una voz masculina exclamó cuando sintió que su cuerpo colisionaba con otro. Unas manos firmes y fuertes la agarraron de los hombros.
-Perdón, no estaba mirando –se disculpó, apartándose.
-¿Katara? –se extrañó la voz. Una extrañada voz familiar. A regañadientes, la maestra agua de ojos azules alzó la vista. Los agrandó inmediatamente al descubrir un rostro igual de sorprendido.
Estaba en el spa más caro y más exclusivo de todo el mundo. ¿Por qué de entre todos los lugares, estaba él ahí? Sacudió los hombros y se echó hacia atrás.
-¿Jet? –Jadeó, entornando los ojos-. ¿Qué estás haciendo aquí?
N/A.- Sip… no lo estoy poniendo fácil para nadie. Lamento por no actualizar en un tiempo. He estado tan cansando después de mi pequeña vacación con mi amigo, por lo que de lo único que fui capaz fue de este capítulo de relleno. Y no, no soy de San Francisco. Si tienen alguna pregunta, trataré de responderla en mi perfil antes de cada actualización. ¡Gracias por leer!
N/T: Lala, la termine! Iupii. Genial. No me tardé tanto, ¿vieron? Muchas, muchas, gracias infinitas por haberme tenido paciencia u, no lo merezco de verdad, jajaja. Espero que les haya gustado el cáp. Yo lo amé, está dentro de mis favoritos, junto con el 3, el 12 y bueno, tres o cuatro de los que vendrán! Jajaja. Es aburrido, pero me encanta. Ahonda en esa relación y hace pasar seis dolorosos seis meses, para ellos, xP. Amé a Zuko, a Sokka, a Iroh y adoré a la autora, xP Porque se sumergió con Sokka, o sea, que habló de él. Y es adorablee... (Piramide de valores: 1-Zuko, 2-Zuko, 3-Sokka, 4-Iroh, 5-Sokka, jajaja creo qe varias van a coincidir conmigo.)Y como no puedo salir me voy a poner con el próximo cáp, y porque soy buena y me hacen sentir mal, xP, porque yo no quiero que se queden con la intriga, ni con las ganas, ni con nada, -
Los quiero mucho, un abrazo enorme a: Cripthop3, anime fan (verdad que es triste? Éste y el anterior, es como tortuoso, requete tortuoso, besito y verdad que no tuviste que esperar tanto?), GeminiIlion, .:) (Happy Face! Cada día más original! No llores, no me hagas sonrojar! Jajajaja. Ya actualicé vida, ojala hayas disfrutado, dice carita feliz al comienzo, por las dudas, eh… jajaja), xxmabelxx,Azrasel, CyllanSDT y a kata
