Advertencias: Ninguna.
Comentario:
No tengo beta así que todos los errores que encuentren son míos. Creo que este es un capítulo inútil porque no aporta demasiado a la historia, pero qué diablos, ya lo escribí.


No es Miss Simpatía

La mujer de largo y desordenado cabello rubio permanecía con las manos en la cara mientras intentaba respirar calmadamente. El detective Dean Winchester se encontraba sentado frente a ella, en un pequeño sillón crema recubierto de imitación piel en la pequeña salita de estar.

Ella lucía triste, devastada en verdad. Y estaba llorando; reacción que Dean no esperaba ver en una mujer que sufrió de violencia doméstica por parte de su marido.

Lía, la ex esposa del difunto Brad Wallace sollozaba mientras luchaba por recomponer la compostura y limpiarse las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.

— Siento su pérdida, señora — fue todo lo que pudo decir. Apretó los labios mientras acercaba la caja de pañuelos que se encontraba sobre una mesita de madera que separaba a ambos.

Ella jaló un pañuelo y se lo llevó a su rostro húmedo.

— Fue mi culpa — la mujer dijo mientras comenzaba a llorar ya sin ningún reparo.

Dean respiró profundo.

— ¿Cómo puede ser esto su culpa? — Le dijo calmadamente —. Este lamentable hecho no tiene que ver con usted.

— ¡Él era mi esposo! — Soltó ella en tono defensivo.

Dean rodó los ojos. Un esposo bastante agresivo, según su reporte.

— Si, si… — continuó entre sollozos —, no hubiera iniciado el juicio de divorcio, él estaría con vida ahora mismo…

— Señora… — Dean no entendía por qué aquella pobre mujer se culpaba, de verdad que no lo entendía —. No había forma de que usted supiera que sucedería algo como esto.

— Él era un hombre fuerte y un poco rudo… pero yo lo amaba, lo amaba detective — continuó mientras su pecho se expandía y se contraía, mientras sus brazos bajaban y subían. Dean le tendió otro pañuelo.

Amor, vaya amor.

— Por supuesto que lo amaba — Dean torció la boca y arrugó las cejas.

— Perdió todo en el juicio, comenzó a tomar más y más, perdió su empleo…

Lía Wallace recitaba la trágica separación de ella y su marido mientras Dean recordaba en su mente los reportes de urgencias de la mujer; brazo dislocado, hemorragias nasales, hematomas en la espalda, ojos hinchados y amoratados… ¿Amor, eso era amor?

— Mi hermana Cath dijo que sería mejor para ambos… pero si yo no… Oh, por Dios — continuó la mujer, tapándose nuevamente el rostro, el pañuelo en una de sus manos.

Dean observó el decorado de la casa. Cortinas alegres en la cocina, todo estaba particularmente limpio, nada fuera de su lugar, ni un poco de polvo en la mesa, ni un cuadro desbalanceado en la pared… el refrigerador tenía fotografías, quizá de la familia… no parecía que vivieran niños en aquella casa… El matrimonio Wallace no había tenido hijos… ¿por qué había soportado ella todo aquello entonces?

— ¿Su ex esposo tenía enemigos… alguien que quisiera hacerle daño? — preguntó mientras su mirada seguía deambulando por la casa.

— No… — colocó sus manos en su regazo —. No tenía muchos amigos, trabajaba y venía directo a casa… luego del divorcio no lo volví a ver…

Ambos se quedaron en silencio, Dean divagaba mientras observaba los muros de la casa… nada de eso tenía sentido…

— ¿Cómo fue? ¿Sufrió mucho? — preguntó ella luego de un par de minutos de silencio por parte del detective.

Estas preguntas le sintieron como un golpe al estómago a Dean. De pronto su garganta se sentía seca; no sabía qué decirle a la pobre mujer, ¿mentirle? ¿Decirle que su ex fue torturado por algún psicópata hasta morir?

— Uhh… — carraspeó — aún no… el forense aún no… — "Míster Vagabundo no pasó muy bien sus últimas horas", recordó a Garth en su cabeza —. Aún no se termina la autopsia pero…en cuanto tenga más información se lo daré a conocer, ¿de acuerdo? — Dean se levantó del sillón.

Lía, luego de un momento, también se levantó.

— Gracias, detective — le tendió su mano temblorosa.

— De nada, señora — tomó entre sus manos la mano de ella y le dirigió media sonrisa a aquella mujer de ojos vidriosos y semblante cansado.

Dean salió de la casa de la ex señora Wallace sintiéndose sucio, extraño y desconcertado. Todo aquello había sido terriblemente incómodo. Lía definitivamente "amaba" a su ahora difunto ex esposo; a pesar del infierno que seguramente debió haber sufrido durante su matrimonio.

¿Eso es posible?, se preguntaba Dean dirigiéndose a su auto. De entre todas las situaciones y casos que había visto y escuchado… no debería sorprenderse ya, pero bueno, uno realmente no acaba de sorprenderse en esta clase de trabajo. La señora Lía estaba convencida de que era culpa suya que su marido hubiera muerto. Si ella no se hubiera divorciado de aquel bruto, sí, fue asesinado pero eso no le quitaba lo hijo de puta, quien hubiera terminado en la plancha de Garth quizá hubiera sido ella, muchos años atrás. Tantos años en ese matrimonio imperfecto, tantas idas y salidas de urgencias, tantos gritos y llamadas telefónicas a la policía de parte de los vecinos alertando violencia doméstica en la casa al lado… ¿y ella se culpaba y lloraba la pérdida?

— ¿Cómo no es eso algo enfermo? — soltó Dean mientras recargaba su cabeza en el asiento de Impala y cerraba los ojos.

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— Una vez más, como si estuviera ebrio, ¿por qué diablos estoy aquí en mi fin de semana libre? — preguntó el teniente Robert Singer mientras cruzaba sus piernas debajo del escritorio y se inclinaba hacia delante. Luego entrecerró los ojos y resaltó lo obvio —: ¿y qué haces aquí tú también?

Por supuesto que el teniente Bobby estaba enojado, tenía planeado ir con Ellen a un día de campo. La mirada de su superior y amigo tenía un efecto abrumador en Dean, así que comenzó a explicar lentamente:

— ¿Re-recuerdas el caso de la estudiante que fue encontrada muerta en un motel hace cuatro meses? — gesticuló Dean cuidadosamente.

— Déjame ver… — Bobby cruzó los brazos y se reclinó de nuevo en su sillón, Dean no lo vio pero rodó los ojos — por supuesto que lo recuerdo, tú idiota. Casos como esos no se olvidan — el estúpido gobernador había estado pisándoles los talones al departamento de policía para que resolvieran el caso lo más pronto posible porque daba una mala imagen a su administración, pero la policía no podía hacer milagros.

— Bien… — desde que Bobby se había convertido en teniente era imposible tratarlo igual que siempre en estas cuestiones —, Garth llamó. Encontraron un cuerpo: hombre, en sus treintas, múltiples heridas de presunta tortura y… sin ojos.

El hombre mayor miraba a Dean con el ceño fruncido mientras éste describía los detalles del estado del cuerpo.

— ¿Por qué el forense te llamó? — preguntó finalmente una vez que Dean terminó su relato.

— Le dije que si recibía un cuerpo con esa peculiaridad en las cuencas oculares me llamara — dijo Dean como si fuera lo más obvio del mundo y sonrió por dentro por usar una palabra más técnica.

— ¿Porque…? — le animó a explayarse en su respuesta.

— Mira — Dean se acomodó de nuevo en la silla que estaba delante del escritorio de Bobby, evidentemente entusiasmado de por fin expresar las incógnitas y posibles teorías del caso en voz alta ("hipótesis, Dean" volvió a escuchar en su cabeza y se sacudió al instante como un perro mojado tratándose de secar) —. Le he dado muchas vueltas al asunto, pero no tiene mucho sentido. Es obvio que el quemar los ojos de la víctima es su firma, incluso puede que tenga algún significado retorcido para el asesino… pero, ¿cómo escoge a sus víctimas? ¿Por qué una adolescente y su novio? ¿Por qué un vagabundo? ¿Era porque eran objetivos fáciles, o se dio la oportunidad, o lo había planeado desde hace mucho? No parece que haya ningún patrón como color de cabello, edad, o género… y dudo que las primeras dos víctimas conocieran a Míste- al sin techo.

Bobby levantó una mano en señal de que se detuviera, estaba digiriendo todo lo que le había dicho Dean.

— ¿Me estás diciendo… — se aclaró la garganta — que hay un psicópata pirómano de ojos en la ciudad?

Dean se encogió de hombros.

— Hay tres asesinatos conocidos, Bobby.

— El gran número tres… — contestó pensativo — ¿Qué hay de la nueva víctima?

— Uh… no mucho, no tenía trabajo, vivía en la calle… Garth logró identificarlo, tenía una ex esposa así que se lo notifiqué a ella… no tiene más parientes vivos… — un escalofrío le recorrió al recordar a la… ¿ex viuda?

— Mañana ocupada, ¿eh?

— Estaba por ir a los lugares donde frecuenta la gente sin hogar, albergues, comedores públicos, ver si alguien sabe algo de él… — Dean apretó los labios, conocía un par de lugares debido a que a veces John Winchester terminaba por ahí.

— Nah, llamaré a Chris para que lo haga.

Dean se quedó quieto por un momento, creyó no haber escuchado bien.

— ¿Chris? ¿Hablas en serio? — se burló.

— Cierra la boca — contestó abruptamente —. Ese chico trabaja diariamente en las calles y tiene un nivel de empatía más alto que el tuyo — bueno, en eso no había nada que discutir, pensó Dean —. Además, tienes que ponerme al tanto de todo lo que has indagado hasta ahora por tu cuenta — contestó mientras buscaba en su agenda el nombre de su detective señorita simpatía.

— ¿Qué? — preguntó a la defensiva y aparentando incredulidad, tanteando las aguas. Se recargó en la silla y se cruzó de brazos.

Bobby se rio, el lenguaje corporal nunca miente.

— Vamos, chico. Te conozco, sé que no pasaste los últimos cuatro meses rascándote la panza. ¿Con quién crees que estás hablando, hijo? — mierda, la última palabra se le resbaló de los labios.

Ah, hijo. Los únicos que lo llamaban así eran John y el tío Bobby, así le llamaba Dean cuando conoció al ahora teniente Robert Singer. El tío Bobby había llegado a la ciudad hace muchos años, cuando Dean era un mocoso que trabajaba en el Roadhouse lavando platos. Llegó a la ciudad luego de pedir ser transferido a otra ciudad debido a la muerte de su primera esposa. El cáncer se la arrebató.

Era un detective común y corriente en aquel entonces. Era un poco amargado, pesimista y de frío carácter. Cuidar de la persona que amaba y ver cómo moría lentamente era algo que le había cambiado la vida por completo; y no era fácil deshacerse de las memorias aun viviendo una ciudad completamente diferente.

Luego conoció a Ellen en el Harvelle's Roadhouse; todos los policías iban al Roadhouse, era su centro de reuniones, celebraciones y fiestas; ahí es donde ocurrió el encuentro, ese flechazo, el cortejo, y que años después el asunto terminó en boda. Segunda boda para ambos.

Bobby conocía el historial de Dean; Ellen solía contarle cuando se conocieron que el chico trabajaba muy duro para que su hermano menor pudiera estudiar. Bobby conoció después al pequeño Sammy, pues solía ir casi diario al restaurante saliendo de la escuela y trabajaba el resto del día con Dean en la cocina.

Ambos chicos se ganaron de inmediato un lugar en el interior del corazón del aquel entonces detective Singer; y muy en el fondo Bobby sentía un gran respeto y admiración por Dean: por cuidar de su hermano y ser el pilar de su familia cuando no tenía por qué hacerlo, cuando la mayoría de los chicos de su edad estudiaban y sus preocupaciones únicamente eran pasar los exámenes o invitar a una chica al baile de graduación… pero ahí estaba Dean, trabajando de sol a sol, los 365 y 366 días del año.

Así que sí, Bobby le llamaba hijo, y Dean solía sentir su pecho cálido mientras un joven detective con gorra – sí, desde aquel tiempo Bobby usaba gorras – le revolvía el cabello.

Pero John también le llamaba hijo, y Dean desde entonces suele sentir un retortijón en el estómago y la garganta seca y cientos de memorias acuden a su mente, memorias y recuerdos no muy felices que no incluyen al tío Bobby.

Y Bobby lo sabe, por eso se pateó mentalmente cuando se le escapó la palabra.

— ¡Carajo! Lo siento, Dean. No era-

— No — Dean levantó una mano en señal de que lo dejara —, está bien, no importa.

Dean miró al suelo y se mordió los labios. De pronto la oficina se llenó de un incómodo silencio y una inexplicable tensión entre los dos creció.

— Bueno — se levantó Dean bruscamente —, tengo que… tengo ir por los expedientes a… mi departamento.

Bobby alzó las cejas.

— No es como si alguien aquí los hubiera necesitado, ¿de acuerdo? — se excusó.

— De acuerdo, ve. Yo llamaré a Chris — levantó el teléfono de su escritorio y comenzó a marcar el número de teléfono que había encontrado con tinta azul en su agenda.

Dean salió de la oficina y se dirigió al estacionamiento donde estaba el Impala.

Cómo amaba esa preciosidad de auto. A diferencia de todo lo demás, ese Chevrolet Impala modelo 1967 de color negro le traía buenos recuerdos: largos viajes de carretera con Mary de copiloto, y Dean atrás con sus manitas recargadas en el asiento delantero de su madre admirando el paisaje. Y las sonrisas que se dedicaban sus padres, John deslizaba su mano derecha al voluptuoso vientre de Mary, donde el pequeño Sammy crecía y pateaba, y Dean se entusiasmaba pidiendo a gritos que él quería sentir a su hermano también.

Sí, quería demasiado a ese auto por recordarle tan buenos momentos. Por recordarle cómo era su familia antes de que todo se cayera a pedazos, literalmente.

Torció una media sonrisa y se dirigió al apartamento. En su mente, no le gustaba llamarle "hogar", porque realmente no lo era. Era un apartamento de mierda donde dormía y veía televisión. Era el apartamento donde John los había refundido por el resto de su infancia y adolescencia a Sam y a él. Ni siquiera sabía por qué seguía viviendo ahí luego de la muerte de su padre.

Había veces en que estaba ahí dentro y sentía ganas tomar el hacha contra incendios del pasillo del edificio y destrozar todo.

Esa era una buena pregunta. ¿Por qué Dean seguía viviendo en ese lugar?

De inmediato la imagen de Castiel acudió a su mente.

— No, no tengo tiempo de pensar en esto — dijo el detective en voz alta mientras estacionaba el Impala afuera del edificio de su apartamento. Hay tres asesinatos por resolver, pensó.

El estacionamiento estaba más lleno que de costumbre. Seguramente alguien tendría fiesta. El edificio donde estaba el apartamento no se veía demasiado elegante o seguro. Era un edificio bastante algo, cada apartamento tenía un pequeño balcón. Ni siquiera estaba pintado, en realidad, tenía el exterior aplanado, así que era de un color grisáceo. No había portero en la puerta, había llave y candado pero por el día siempre permanecía abierto. Había un elevador demasiado viejo, así que ya nadie lo utilizaba.

El apartamento número quince es donde había fiesta, Dean escuchó la música mientras subía las escaleras metálicas y veía una pareja de adolescentes besarse en el pasillo, él recargado al barandal y ella sosteniendo un vaso de plástico, seguramente lleno de cerveza. Siguió subiendo hasta llegar al cuarto piso.

Rock and Roll de Led Zeppelin comenzó a sonar, se sacó el celular del pantalón y contestó automáticamente.

— ¿Sí?

¿Dean?

— ¿Garth, qué quieres? — vio el gato negro de la vecina recostado en el pasillo.

Sólo avisarte que casi termino el reporte del señor Brad Wallace así que lo dejaré en tu escritorio cuando lo termine, ¿de acuerdo?

— Ok, perfecto, gracias — el gato alzó las orejas en cuanto percibió ruido en las cercanías y observó a Dean con sus ojos azules.

Se suponía que no se podía tener mascotas, pero también se suponía que no se podía hacer fiestas en el lugar y se suponía que el tipo del apartamento número 10 no podía rentar su cuarto por hora y se suponía que no podías jugar golf con latas de cerveza en la azotea… en teoría no estaba permitido. Pero a nadie le importaba y en realidad nadie conocía al dueño o dueña del edificio.

Pero ahí estaba aquel gato tirado a sus anchas en el pasillo, mirando a Dean con ojos hambrientos.

Claro, la vecina tiene un puto gato pero no le da de comer, y extrañamente desde que Cas llegó allí el gato aparece más a menudo.

Ojos azules, bola de pelos negra. Que se pareciera a Castiel era demasiada coincidencia. El felino se quedó observando a Dean, expectante. Tenía un ojo entrecerrado, posiblemente debido a una pelea gatuna.

El celular de Dean comenzó a sonar y contestó violentamente. El gato se alejó corriendo.

— ¿Qué quieres Garth? — contestó mientras caminaba nuevamente y sacaba las llaves para abrir su apartamento.

¿Quién? — contestó Sam del otro lado de la línea.

— Oh, lo siento Sammy, creí que eras alguien más — sonrió mientras introducía la llave a la chapa.

De pronto escuchó un rechinido de una silla dentro del apartamento. Oh, no. Cas está dentro, pensó Dean con horror al recordar en dónde había despertado esa mañana. Pensó en huir, pero necesitaba los expedientes. Mierda. Abrió la puerta y deseó con toda el alma que Castiel no recordara lo que ocurrió en la noche, pero parecía imposible, quien había bebido esa noche había sido Dean no él.

— ¡Hijo de…! — Dean escuchó y vio a Castiel gritar al tiempo que dejaba violentamente una taza en la mesa y se envolvía la mano en su playera.

Dean se quedó atónito tratando de procesar lo ocurrido. Al principio pensó que Cas le gritaba a él, pero luego vio su mano cubierta de café y después cuando se la llevó a su playera. Dean olvidó que estaba hablando por celular y sólo se quedó ahí de pie como estúpido.

Dean vio que las condiciones estaban a su favor, así que procedió a actuar de la manera normal en como lidiaba asuntos como estos: actuar como si nada hubiera pasado y tomar ventaja de la situación. Soltó una risita al ver el estado de Castiel y vio como éste se sonrojaba inmediatamente.

Sí, Dean tenía todo en sus manos ahora. Lo único que tenía que decir era algo burlesco y todo su trabajo quedaría hecho. Así que dijo "Prueba colocando pegamento de cola en tus manos la próxima vez" mofándose mientras se dirigía hacia su habitación a buscar los expedientes.

¿De qué estás hablando Dean? — escuchó el detective de pronto en su oído. Aún tenía el celular pegado a su oreja.

— No, no tú Sam — le contestó a Sam y volvió a sonreír al sentir unos ojos azules, casi gatunos y expectantes, observándolo.

No es Miss Simpatía - FIN


"No es Miss Simpatía", mejor conocido como "lo que pasó entre el Oculista I y II", mejor conocido como "el capítulo inútil que no puede faltar en toda historia". No me juzguen, soy una persona complicada con problemas de perfeccionismo.

Eeh, no sé qué escribir, se me hace tarde para ir a trabajar XD. Bueno, describí un poco más el lugar donde vive Dean, ya que hasta ahora sólo lo había descrito por dentro. Como sea, me largo, más tarde contesto reviews _

Se me hace tarde askdjsdjksa *huye*

Dee, corto. *huye ahora sí*