Star Fox: The Anglar Wars

Por Fox McCloude.

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Misión 9: Titania – Wolf's Plot.

Planeta Titania…

El General de Brigada Richardson seguía sin poder creer cuando Fox y compañía le informaron de su reciente hallazgo. La caja negra que encontraron resultó ser la verdadera pista que estaban buscando sobre la supuesta arma a la que los Anglars tanto temían, y ahora sabían el por qué. Tal y como Fox y compañía lo habían deducido previamente, si el dispositivo realmente era capaz de eliminar la acidez en los océanos de Venom, la milicia corneriana podría lanzar un ataque masivo directo hacia el corazón del imperio Anglar y con ello terminar de una vez por todas con la guerra. No obstante, aunque Richardson quería quedarse y continuar la búsqueda del dispositivo, una llamada desde Corneria del mismísimo General Supremo Peppy Hare obligó a que las tropas cornerianas en Titania abandonaran el planeta de emergencia. Los Anglars se estaban preparando para hacer otro ataque a Corneria y la flota principal necesitaba refuerzos para hacer un contraataque preventivo y obligarlos a desistir de su empeño.

- Es una orden directa del alto mando, Fox. – decía Richardson, hablando en pantalla con Fox. – Por mucho que me gustaría quedarme y buscar el dispositivo con ustedes, el deber me llama para defender Corneria. –

- No se preocupe, General. – dijo Fox. – Déjelo en nuestras manos. Nosotros encontraremos el dispositivo, y en cuanto lo tengamos en nuestras manos se lo llevaremos. -

- Cuento con ustedes. No, todos en Corneria cuentan con ustedes. – dijo Richardson. – Ese dispositivo es nuestra esperanza de ganar la guerra. –

- No le fallaremos, le doy mi palabra. –

- Eso espero. Es tiempo de que me vaya, los transportes van a salir pronto. General de Brigada Richardson fuera. –

Tras cortar comunicaciones, Fox reunió a su equipo en el puente para discutir el siguiente curso de acción. El laboratorio de Andross se encontraba en un lugar bastante apartado. De por sí Titania era un planeta remotamente habitable por lo desértico, pero el sitio donde Andross había colocado su laboratorio era aún más árido, caliente y desolado de lo que todos habían visto. Fox pensó que tal vez ese era el mejor lugar para ocultar el dispositivo precisamente por eso. Con la esperanza de que los Anglars tal vez no interfirieran en esta ocasión, el Great Fox se dirigió hacia las coordenadas.

Mientras iban en camino, Fox se retiró un momento a su habitación, para meditar en la situación actual. Una vez que consiguieran ese dispositivo, ¿qué sería lo siguiente que debían hacer? Bien, lo más lógico era llevarlo con la milicia corneriana para examinarlo y hacer todo el protocolo habitual. Pero aparte de eso, Fox estaba pensando, más que en la guerra en sí misma, en el equipo Star Fox, en su equipo. Howler y Falco habían retornado para ayudarlo por voluntad propia, sin que él se los pidiera pero cuando más lo necesitaban. Cuando contactó a Slippy él también parecía dispuesto ir a echarle una mano, de no ser tal vez por la intromisión de su novia Amanda. Y ahora además también conocía el paradero de Krystal, y no podía evitar preguntarse como le estaría yendo. El punto era que, viendo en retrospectiva, cuando había conflictos a gran escala, siempre los habían enfrentado todos juntos. Eran un equipo, después de todo. Algo dentro de él le decía que esta vez no debía ser la excepción. Cuando años atrás cada uno se fue por su lado, Fox pensó que ese sería el final del equipo Star Fox, pero ahora sabía que no era así. Aunque en ocasiones se preguntaba si algún día volverían a reunirse todos, ahora era diferente. En sus huesos sentía que TENÍAN que volver a reunirse.

- ¿Fox, estás ahí? – Tocaron de pronto la puerta de su habitación, del otro lado se oía la voz de Howler.

- ¿Eh? Ya salgo, espera. – dijo Fox, parándose de la cama. Caminó hacia la puerta y la abrió, para encontrarse con su compañero. - ¿Qué ocurre? –

- Venía para decirte que ya terminamos el mantenimiento, y estamos listos para salir. – dijo Howler. - ¿Te pasa algo? Te noto algo extraño. –

- No es nada, solo estaba… pensando. – dijo Fox, mientras salía y ambos empezaban a caminar por el corredor.

- ¿Sobre qué? –

- Pensaba que… Bueno, una vez que tengamos el dispositivo, pensaba que tal vez deberíamos… -

- ¿Deberíamos qué? – preguntó Howler, al parecer Fox tenía dificultad para articular las palabras.

- Bueno, pensaba que tal vez deberíamos buscar a Slippy… y Krystal. Quiero decir… reunir al equipo de nuevo, ¿entiendes? –

- Eso no estaría mal. – admitió Howler.

- Aunque… con lo que le dije la última vez a Krystal, no creo que quiera volver a hablarme, o verme. – dijo Fox, bastante alicaído. – No sé cómo voy a enfrentarla cuando la vea. -

- Oye, huir de ella no te ayudará a resolver nada. – dijo Howler. – Si sabes que la necesitas… que el equipo la necesita, tendrás que ir a buscarla tarde o temprano. –

- Lo sé. – dijo Fox. – Y lo haré, créeme. –

Entretanto, abajo en el hangar, Wolf pretendía estar ocupado con su nave, cuando en realidad lo que estaba haciendo era intentando formar un plan para robarse el dispositivo, y luego escapar. No iba a ser sencillo, pero la recompensa que podría sacar de él valía la pena. Pero los riesgos estaban en su contra, sabía que ellos (especialmente su propio hermano) no se fiaban de él, y más todavía, que ellos eran tres y él estaba solo. Sin embargo, ya llevaba algo de tiempo forjándose un plan de escape, luego de recordar algo de su tiempo cuando trabajó para Andross, y si tenía suerte, le serviría muy bien en esto.


Más tarde…

El Great Fox llegó al perímetro de la zona donde según el mapa se encontraba el laboratorio de Andross. Tuvieron suerte, efectivamente, no encontraron resistencia Anglar por el camino. Sin embargo, ahora quedaba el otro asunto. En la grabación Andross había dejado claro que el dispositivo estaría bien defendido, y conociéndolo, se podría esperar que hubiera cualquier cosa custodiándolo. Después de todo, casi todo lo que Andross creó fueron armas biológicas, cibernéticas o combinación de ambas, y todas ellas eran letales.

- No tiene sentido que nos quedemos aquí a esperar. – dijo Falco. – El dispositivo está allá y tenemos que obtenerlo pronto. –

- Calma, Falco, sé que el tiempo apremia. – dijo Fox. – Pero tampoco hay que irnos de cabeza, no sabemos qué clase de armas chifladas haya puesto Andross para vigilar el dispositivo. Aparte, después de la última pelea, sabes el Great Fox no está en condiciones de soportar otra batalla. –

- Sí, y nuestro seguro no pagará por ello. – dijo Falco con sorna.

- No es momento para bromas. – dijo Howler. – Una cosa es segura: así como estamos tendremos que ir pilotando nuestros cazas. No podemos llevar el Great Fox. –

- ¿Qué sugieres? ¿Qué uno de nosotros se meta allí e investigue si es seguro? – dijo Falco.

- Yo puedo hacerlo. – intervino de repente Wolf.

Los otros tres se volvieron hacia él. Como siempre, Wolf permanecía al margen de las discusiones, y de hecho la mitad del tiempo ellos actuaban como si él no estuviera allí. No que eso realmente le importara, desde luego.

- ¿Hacer qué? – preguntó Falco.

- Basta con que uno de nosotros se adentre en la zona para verificar. – dijo Wolf. – Yo lo haré. –

- Je, sí claro, ¿desde cuándo tomas un riesgo por nosotros? – dijo Falco.

- Oigan, no quiero que después digan que no cargo mi propio peso ni hago nada por ustedes. – dijo Wolf.

- Claro, porque sabes que tenemos que pagarte, ¿verdad? – dijo Falco. – Di la verdad, Wolf, ¿qué tramas? –

- De acuerdo, si alguno de ustedes quiere ir a exponer su trasero, no los detendré. – espetó Wolf. – Solo pensé que para variar podría hacer algo por mi propia cuenta. –

Fox, Falco y Howler se miraron entre ellos, mientras pensaban. El repentino ofrecimiento de Wolf les daba mala espina. Obvio, sabían que él no haría nada sin una razón, mucho menos si eso involucraba ayudarles. De nuevo, hasta el momento les había resultado de utilidad, a regañadientes, pero había hecho su parte. Y en el fondo, una parte de ellos sentía que, si algo salía mal, no lo lamentarían tanto. Howler y Falco miraron a Fox, obviamente, le estaban dejando la decisión a él. Dudó un poco, pero al final, tomó la resolución.

- Está bien, Wolf. Solo… ten cuidado. – dijo finalmente. Por alguna razón, la última parte sonó más forzada, y Falco y Howler sospechaban que en vez de "ten cuidado", Fox quiso decir "Ni se te ocurra intentar algo extraño".

Minutos más tarde, Wolf había preparado su nave, y estaba alistándose para salir de la bahía de lanzamiento. Como siempre, Howler fue a verificar que no estuviera haciendo nada extraño. Wolf no le dio importancia, y abordó su nave, listo para salir. Justo antes de entrar en la cabina, le echó una mirada a su hermano, quien seguía viéndolo con los brazos cruzados y la habitual expresión de desconfianza total.

- Será mejor que salgas, el ruido de los motores puede ser muy ensordecedor. – dijo Wolf. Howler no respondió, solo se mantuvo sin quitarle la vista de encima. – Si tienes algo qué decirme, a no ser claro, lo de siempre de que me estás vigilando. – De nuevo, Howler no dijo nada. – Oh, el tratamiento silencioso. Bien, hermanito, como quieras, ya me voy. -

Wolf cerró la cabina y se preparó para salir. Desde el puente le dieron luz verde y abrieron la compuerta de lanzamiento, siendo esa su señal para salir. El Wolfen se elevó ligeramente y se catapultó hacia afuera. Howler permaneció hasta que se fue, sin inmutarse ante la corriente que provocó el lanzamiento. Sacó de su cinturón de utilidades un pequeño radar, en el que parpadeaba la señal del rastreador que había dejado escondido en la nave de Wolf. Marcaba la posición exacta, es decir que aún no lo había encontrado, afortunadamente. Con él podría vigilar cada movimiento de Wolf en todo el rango del sistema Lylat, así cuando se escapara, y Howler estaba seguro de que pronto lo haría, sabría exactamente hacia dónde iba.

Mientras tanto, afuera, Wolf se dirigía hacia la zona donde supuestamente se encontraba el laboratorio. Iba tranquilo, pues ya tenía todo bien calculado. Desde mucho tiempo atrás, de la época de las Guerras Lylat, Andross siempre se había asegurado de entregarle a cada uno de sus soldados un emisor con una señal especial con la cual sus armas biológicas o cibernéticas los reconocieran como aliados y con eso evitar que los atacaran. Nadie, absolutamente nadie, conocía de esto, solo aquellos que trabajaron para Andross. Valía la pena probar si la frecuencia funcionaba contra lo que fuera que estuviera vigilando el dispositivo, ya que de ser así, podría sortear las defensas con facilidad y llegar directo al laboratorio, tomar el dispositivo, y luego huir. Y para cuando Fox y los demás decidieran seguirlo, las defensas se ensañarían en su contra, y le darían el tiempo suficiente para escapar de allí con el dispositivo. Si no funcionaba… bueno, solo esperaba que funcionara.

Wolf avanzó durante un par de horas sin problemas. Al cabo de unos minutos, mientras se iba acercando a dónde se encontraba la entrada al laboratorio subterráneo, su radar captó varias señales adelante. Tal y como esperaba, esas debían ser las armas custodiando el dispositivo. De su antiguo Wolfen solo había conservado la caja negra y la unidad emisora, que se las había instalado al que utilizaba actualmente. Activó el emisor y cruzó los dedos, mientras esperaba el resultado…

Unos segundos después, vio que los había dejado atrás en el radar. No se habían activado, su plan había resultado.

- Bien, entonces, ese dispositivo es mío. – dijo triunfante. Era solo cuestión de llamar a los otros para que lo siguieran, y decirles que era seguro. Se llevarían una gran sorpresa. De inmediato abrió un canal de comunicaciones para guiarlos hacia la trampa. – Habla Wolf, ¿están allí? –

- ¿No nos estás viendo? – respondió Falco al aparecer en pantalla. - Y bien, ¿cómo están las cosas allá afuera?-

- La zona parece segura. – dijo Wolf. – Lo que sea que esté defendiendo, tal vez ya esté tan viejo que se oxidó. No me han atacado ni nada por el estilo. –

- ¿Estás seguro? – preguntó Fox. – Eso no parece muy propio de Andross. –

- Tal vez estén más adelante. – dijo Wolf. – Iré a investigar un poco más. –

- Nos reuniremos contigo. – dijo Fox. – Vamos para allá de inmediato. –

Después de cerrar el canal, Wolf sonrió con maldad. Habían mordido el anzuelo.


Un poco después…

Aún desconfiados, Fox y compañía decidieron continuar con el plan. Le ordenaron a ROB permanecer detrás con el Great Fox mientras ellos iban a investigar. Howler todavía no les había dicho nada a Fox y Falco sobre el rastreador que le había puesto en la nave a Wolf, pero sabía que dentro de muy poco tendría que hacerlo. Algo en él le decía que pronto llegaría el momento en que su hermano los apuñalaría por la espalda. Los tres cazas sobrevolaban el área, alertas ante cualquier amenaza potencial.

- Zona de la tranquilidad, esto se está poniendo aburrido. – dijo Falco.

- No te duermas en los laureles, Falco. – dijo Fox. – Aún no sabemos qué podría estar esperándonos. –

- No sé ustedes, pero yo estoy cansado de esperar. – dijo Falco. – Me voy a adelantar para asegurarme de que ese idiota de Wolf no intente nada extraño. –

Pero no tuvo que adelantarse. En menos de 30 segundos, los tres comenzaron a recibir múltiples contactos en sus radares. Estaban yendo directo a la trampa que Wolf les había puesto. Las defensas de Andross ya los habían detectado y estaban activándose para atacarlos.

- Muchachos, no miren ahora, pero creo que tenemos compañía. – dijo Fox.

De la arena comenzaron a emerger una serie de abejas asesinas gigantes. Estas comenzaron a disparar rayos provenientes de sus aguijones, con una precisión y velocidad enorme. Ya que no les dio tiempo a esquivar, Fox y compañía solo atinaron a levantar sus pantallas deflectoras para protegerse, pero aún así sintieron los sacudones de los impactos. La lluvia de los disparos los obligó a dispersar la formación.

- ¡Vuelen bajo, pasaremos debajo de ellos! – gritó Fox.

Falco y Howler lo siguieron, e hicieron descender sus cazas, pero al intentar bajar para esquivar al enjambre de abejas, se toparon con otra sorpresa. Literalmente una pared de piedra, formada por enormes simios que parecían hechos de roca. Los primates rugieron y empezaron a correr hacia los tres pilotos. Al ponerse a buena distancia, se detuvieron, y abrieron los brazos, para luego llevarlos al frente y dar unas palmadas tan fuertes que provocaron ondas sónicas que los frenaron en seco. Los tres fueron a parar en la arena, y aturdidos por la fuerza del impacto, apenas se dieron cuenta justo a tiempo para volver a despegar antes que los pisotearan, solo para encontrarse de cara con las abejas asesinas. Repuestos finalmente del shock, lograron contraatacar con sus propios disparos, y se abrieron paso entre el enjambre para tomar distancia.

- ¿Cómo diablos pasó Wolf a través de esto? – preguntó Falco.

- Va a tener que darnos algunas explicaciones. – dijo Fox, mientras intentaba abrir un canal de comunicaciones, al tiempo que volaba para ponerse fuera del rango de las abejas y los simios. – Wolf, Wolf, responde. – Pero la señal solo mostraba estática. – La línea está cerrada. –

- Maldito lobo traicionero, ¡nos engañó! – gritó Falco. – Sabía que no podíamos confiar en él. –

- No es momento de lamentarse. – dijo Howler. – Hay que deshacernos de estas cosas, y llegar al laboratorio. Tal vez aún podamos alcanzar a Wolf. –

Las abejas asesinas resultaron ser la menor de sus molestias. Cuando intentaban dispararles, reaccionaban apenas en un milisegundo y esquivaban los lásers, aunado a que sus pequeños tamaños las hacían blancos más difíciles. Frustrado, Falco arrojó su Bomba Nova hacia la porción del enjambre que lo estaba persiguiendo, con la esperanza de poder acabar con ellas. Tuvo éxito en parte, pero aún quedaban demasiadas. Encima de todo, los simios de roca los repelían haciendo sus "palmadas sónicas" cada vez que intentaban avanzar hacia donde estaba el laboratorio, forzándolos de nuevo a lidiar con las abejas asesinas. Fox y Howler intentaron atacarlos, pero lo que fuera de que estuvieran hechas sus corazas exteriores, los disparos rebotaron en ellas sin hacer mella. Para empeorar las cosas, no podían pedir apoyo del Great Fox. Tanto Fox como Howler tenían aún sus dos Bombas Nova, pero no querían desperdiciarlas.

- Debo estar loco, pero a ver si esto funciona. – dijo Falco, lanzándose hacia uno de los simios de piedra.

Su intención era tratar de usar el ala cortante, en vista de que el resto de su armamento no funcionaba. Cargó la energía en las puntas afiladas y se disparó hacia uno de los simios cuando estaba a punto de hacer su palmada sónica, tratando de cortarle el brazo. Pasó tan rápido que se alejó y no pudo ver si dio resultado.

- ¿Funcionó? – preguntó Falco, esperanzado.

- Me parece que no. – dijo Howler. – Echa un vistazo a tus puntas afiladas. –

- ¿Eh? – Falco miró hacia su ala, y vio con irritación lo que Howler quería decir. Las puntas se habían abollado, y el simio no tenía ni un solo rasguño. - ¡Por todos los…! –

Los simios mantenían posiciones para repelerlos usando sus palmadas sónicas, mientras que las abejas asesinas les cerraban el paso cada vez que intentaban buscar una ruta alterna. No era la primera vez que el enemigo los superaba en números, pero con el tiempo en contra, su preocupación no era ganar la batalla, sino escapar de ella, cosa que las defensas no les iban a permitir. Las abejas parecían interminables, aunque habían eliminado algunas, el enjambre aún los acosaba, y tenían que mantenerse lejos de los simios de piedra para evitar sus palmadas sónicas. Y con cada segundo que pasara, Wolf estaba más cerca del dispositivo, y ellos más lejos.


Mientras tanto, en el laboratorio subterráneo…

Habiendo traspasado exitosamente las defensas externas, Wolf pudo encontrar con facilidad la entrada al laboratorio de Andross. No obstante, la puerta de este no se mostró tan "cooperativa" como las defensas externas, de modo que se vio forzado literalmente a volarla para poder entrar. Una vez allí, entendió por qué. Casi no había energía en el lugar, seguramente estaría funcionando con un generador de reserva. La iluminación era tan escasa que Wolf tuvo que usar una linterna para ver hacia donde iba.

- Muy bien… ¿ahora dónde estás? – preguntaba a nadie en particular. Obviamente se refería al dispositivo de Andross.

Contrario a lo que Wolf se imaginaba, este laboratorio era bastante pequeño, si se le comparaba con las instalaciones que Andross solía utilizar para sus experimentos (Wolf ya las había visto de primera mano). Por precaución, Wolf pulsó un botón en el lado de su parche cibernético, que en realidad lo utilizaba para poder ver con el ojo dañado, y tenía algunas funciones adicionales, como visión infrarroja, rayos X y demás. Primero usó la infrarroja para determinar si había alguna señal de vida en el laboratorio. Excepto por algunos roedores inferiores, no había nada. Prosiguiendo su camino, se detenía ocasionalmente frente a las puertas para examinar antes de entrar, que no hubiese ningún peligro, o mejor, que adentro estuviese lo que buscaba.

Wolf sabía que tenía que darse prisa, no tenía forma de saber cuánto podrían retrasar las defensas externas a Fox y los demás, y tenía que huir antes que llegaran. Estuvo cerca de una hora u hora y media revisando el laboratorio, y estaba empezando a desesperarse, más intentaba mantener su sangre fría. Él sabía bien los riesgos, si lo atrapaban ahora, todo por lo que había trabajado habría sido por nada. Llegó hasta el tercer sótano, y en la última puerta del corredor, cruzó los dedos para que estuviese allí. Empuñó su pistola, y voló la cerradura de la puerta…

... y allí estaba. Dentro de una cápsula de vidrio, como si hubiese sido envuelto para regalo, allí estaba el dispositivo. Wolf se sintió algo decepcionado, pues cuando vio la grabación de Andross por alguna razón se lo había imaginado más grande (dudaba que algo tan pequeño fuese suficiente para eliminar la acidez de los océanos de Venom por completo), pero viéndolo por el lado amable, tendría menos problemas para cargarlo de regreso hasta su nave.

- Ven con papá… - dijo mientras agarraba la cápsula.

Pero en el instante en que quitó la cápsula de su lugar, comenzaron a sonar alarmas y a prenderse luces por todo el lugar. Al tiempo que la tierra comenzaba a temblar, una voz computarizada resonó por todo el lugar.

- VIOLACIÓN EN EL NIVEL S4. INICIANDO PROTOCOLO DE SEGURIDAD PARA ELIMINAR A LOS INTRUSOS, HUNDIMIENTO DEL COMPLEJO EN T-3 MINUTOS. –

- ¿Hundimiento? Esa es mi señal para salir de aquí. – dijo mientras salía corriendo.

El lugar comenzó a desplomarse, al parecer el protocolo de seguridad era hacer que el laboratorio se hundiera para sepultar a los intrusos. Wolf se encontró con puertas que se le cerraban en más de una ocasión, y tuvo que arriesgarse a usar granadas a quemarropa para volarlas, a riesgo de salir él mismo lastimado, pues no tenía mucho tiempo para ponerse a cubierto. Las escaleras de emergencia le resultaron bastante útiles, permitiéndole cortar distancia y ganar tiempo. Cuando al fin regresó al nivel superior, vio que la arena estaba entrando por el agujero que hizo al volar la puerta. Apretando el paso, arrojó el dispositivo hacia afuera, y después tuvo literalmente que nadar entre la corriente de arena que entraba para poder salir, logrando hacerlo justo a tiempo. Mientras recogía el dispositivo, vio como el laboratorio se hundía en un enorme agujero en la arena, desapareciendo lentamente.

- Eso estuvo muy cerca. – dijo Wolf. – Debí imaginar que Andross no lo pondría tan sencillo, incluso para mí. –

Ya había pasado la parte difícil. Todo lo que quedaba ahora era salir pitando del planeta con el dispositivo en mano. Fox y los otros ya no llegarían a tiempo para detenerlo. Tenía una fortuna en sus manos, si tenía suerte, estaría asegurado de por vida. De todos modos, se tomó un par de minutos más, solo para dejarles un mensaje a Fox y los demás, por cortesía, o más bien, para hacerles notar que se burlaba de ellos.


Al mismo tiempo…

Los tres pilotos del equipo Star Fox intentaban aún abrirse paso para ir al laboratorio subterráneo, pero los simios de roca y las abejas asesinas aún se aseguraban de mantenerlos a raya sin que pudieran escapar. Pese a que habían evitado sufrir daños mayores los estaban manteniendo lejos de su verdadero objetivo, que era recuperar el dispositivo de Andross. Finalmente, cuando Fox se cansó del juego, les indicó a Falco y Howler que lo siguieran en formación delta y atrajeran la atención del enjambre de abejas asesinas para que los persiguieran. Los tres volaron formando un triángulo, con Fox en la punta y Howler y Falco siguiéndole de cerca por detrás. Cuando finalmente lograron que el enjambre en casi su totalidad los persiguiera, Fox inició una serie de maniobras que Falco y Howler siguieron hasta tomar buena distancia de los simios. Acto seguido, comenzaron a volar en línea recta en dirección hacia ellos, con el enjambre detrás.

- Escuchen bien, a mi señal romperemos la formación. – dijo Fox. – Esperaremos hasta el último segundo cuando preparen su ataque, ¿entendido? –

- Entendido. – respondieron Falco y Howler al unísono.

El plan de Fox era hacer que las abejas los siguieran a una distancia relativamente corta de los simios cuando estos preparasen su palmada sónica. En el último segundo, los tres pilotos rompieron la formación, justo cuando resonó el estruendo supersónico, y tal como lo esperaba Fox, las ondas golpearon directamente al enjambre. Las abejas quedaron inmovilizadas por el impacto, dejándolas vulnerables.

- ¡Acabemos con ellas! – gritó Howler, disparando una de sus dos Bombas Nova. Fox hizo lo mismo.

¡BOOOOOOOOOOM! ¡BOOOOOOOOM! Las dos explosiones combinadas fueron suficientes para erradicar la amenaza de las abejas asesinas. Estar aturdidas por el efecto de las ondas sónicas les impidió alejarse para salvarse o levantar sus defensas. Con ellas eliminadas, los pilotos podían concentrarse en buscar el punto débil de los guardianes de roca. Eliminar a uno o dos sería suficiente para huir y adentrarse en la zona para ir al laboratorio subterráneo.

La armadura externa de los simios parecía virtualmente impenetrable, sin importar por donde intentaran dispararles. Fox decidió utilizar el analizador espectrográfico, y vio que había una enorme concentración de energía exactamente en la parte trasera. Lo más seguro era que el centro de energía se ubicara justo allí, si daban un impacto directo podrían derrotarlos de un solo golpe. El problema radicaba en cómo hacer que se colocaran de espaldas a ellos para poder atacarlos, ya que siempre mantenían posiciones, y si intentaban pasarles por encima, solo usaban sus palmadas sónicas para rechazarlos. Falco y Howler intentaban atraer su atención, mientras Fox se preparaba para usar el Boost Fire y con eso ponerse detrás de ellos para atacar. Con suerte, el efecto giratorio de los escudos serviría para protegerlo de las ondas sónicas, y con eso podría atacarlos para abrirles el camino a sus compañeros y que pudieran avanzar hacia el laboratorio.

- ¡Aquí voy! ¡BOOST-FIRE! –

Fox jaló la palanca aceleradora, y se disparó hacia un espacio relativamente ancho que habían dejado dos simios por seguir a Falco y Howler, esa era la abertura que estaba esperando. Aún cuando trataron de repelerlo con las palmadas sónicas, consiguió pasar fuera del rango de las ondas. Al ponerse detrás, advirtió que, convenientemente, los simios tenían un puerto de ventilación en la parte inferior de la espalda, un disparo directo en ese agujero serviría para volarlos. Apuntó a uno de ellos y presionó el botón del lanzador de bombas. En cuanto entró, la hizo detonar, y el efecto fue instantáneo, el simio voló en pedazos, dejando un buen espacio.

- ¡Aceleren, rápido! – gritó Fox.

Sin perder tiempo, Falco y Howler activaron sus propulsores y pasaron por el espacio que dejó el simio que Fox hizo explotar. Los demás intentaron reagruparse para detenerlos, pero fue demasiado tarde, los tres habían logrado atravesar la línea de defensa. Sin perder tiempo, volaron hacia las coordenadas del laboratorio, intentando dejarlos atrás. Los simios intentaron perseguirlos, pero afortunadamente no eran tan rápidos para correr, en menos de dos minutos ya se habían salido de su alcance.

- Adiós, idiotas. – dijo Falco. – Eso es todo, ahora nada nos detendrá. –

Pero se equivocaba. Aún quedaba una cosa más esperándolos, una última defensa. Cuando estaban a punto de llegar a las coordenadas, de la arena emergieron dos enormes manos flotantes, seguidos de una enorme cabeza de simio robótica. Cuando las manos se lanzaron a agarrarlos, se vieron forzados a detenerse, y pudieron echarle un buen vistazo. Parecía una copia robótica de Andross, o para ser más exactos de la nave insignia de Oikkonny cuando hizo aquella rebelión tantos años atrás.

- NADIE ENTRA EN MI DOMINIO Y SALE SIN PASAR POR ENCIMA DE MÍ. – Habló la cosa. Tenía la voz similar a la de Andross, salvo por el tono robotizado.

- Genial, lo que nos faltaba. – dijo Fox. – Bueno, será como en los viejos tiempos. –

Dado que Fox y Falco ya se habían enfrentado a algo así anteriormente, tenían una idea de qué clase de ataques esperar, y en efecto, sus ataques se limitaban mayormente a puñetazos y manotones, y más raramente a intentar aplastarlos con una palmada. Sin embargo, tomó por sorpresa a Howler cuando, apuntando con su dedo índice, disparó una descarga que lo atrapó en un campo eléctrico, inmovilizándolo. Mientras Howler luchaba por liberarse, el robot-Andross preparaba la otra mano para aplastarlo, pero afortunadamente, Fox le disparó con sus cañones de plasma al dedo que generaba el campo eléctrico, logrando que Howler se liberara.

- ¡Gracias, Fox! – gritó Howler mientras se alejaba.

El robot-Andross comenzó entonces a aspirar, forzándolos a utilizar sus retropropulsores para evitar ser tragados. Al terminar, sopló con gran fuerza, generando un fuerte ciclón de arena que los arrastró a todos, alejándolos de nuevo de su objetivo. Los tres pilotos, sin dejarse amedrentar, volvieron a la carga. Howler de nuevo actuó como señuelo cuando intentó hacer su ataque eléctrico, y al hacerlo, antes que lo golpeara, Falco usó el ala cortante para cortarle el dedo (tuvo que usar, desde luego, la otra ala para esto). Inmediatamente, Fox usó un tiro cargado de sus cañones de plasma para inutilizarle la mano por completo. Pero aún le quedaba la otra, y de un manotón lo alejó de nuevo. Gracias a sus escudos evitó recibir daño, pero la distracción los estaba retrasando más de la cuenta.

Con la mano que le quedaba, disparó de nuevo una descarga eléctrica intentando atraparlos como había hecho antes. Esta vez Falco estaba demasiado lejos para usar el ataque de ala cortante antes que cesara el ataque, por lo que se salvó de que le cortaran el dedo. Por lo visto había aprendido de su error y comenzó a disparar varios rayos intentando mantenerlos alejados, y estaba funcionando. Cada vez que intentaban acercarse les disparaba los rayos, obligándolos a retroceder. Aún con una sola mano hábil conseguía evitar que se acercaran lo suficiente. La pelea se alargaba más y más, y el equipo empezaba a desesperarse por el tiempo perdido.

- ¡Suficiente, me estoy cansando de este juego! – gritó Falco, lanzándose hacia el robot.

Tal como lo esperaba, le lanzó la descarga eléctrica. Falco levantó los escudos y aceleró los propulsores a máxima potencia, soportando el choque como podía, y consiguió cortarle el dedo. De inmediato Fox y Howler aprovecharon de inutilizar la mano, quedando ahora solo la cabeza flotante del robot. Por desgracia, las protecciones de esta eran mucho más resistentes, y los disparos láser rebotaban sin hacerle daño alguno. Aún sin las manos para ayudarse, la cabeza tenía suficiente aspirando y luego exhalando con la fuerza de un huracán para mandarlos lejos. Parecía que con cada paso que daban al frente, el robot-Andross los hacía dar dos hacia atrás. El tiempo seguía corriendo, y con él, sus oportunidades de alcanzar a Wolf y obtener el dispositivo se estaban escapando.

- Esto está tardando demasiado. – dijo Fox. – Tal vez sea mejor deshacernos de él a la antigua. –

- Buena idea. – dijo Falco.

Fox esperó a que el robot-Andross empezara a aspirarlos de nuevo. En esta ocasión, le arrojó la Bomba Nova que le quedaba, haciendo que se la tragara, ya adentro, pulsó el gatillo para detonarla. En el pasado, estas bombas solo ayudaban a que Andross quedase aturdido cuando le explotaban después de tragárselas, pero ahora eran más potentes, y este robot no era nada comparado con el Andross original, de modo que la potencia de la explosión fue suficiente para que el robot explotara. Mientras sus restos incendiados caían hacia la arena, Fox les ordenó a Howler y Falco seguirlo a toda velocidad hacia el laboratorio, antes de que algo más apareciera para retrasarlos.

Por desgracia, para cuando llegaron ya era demasiado tarde. La entrada al laboratorio estaba hundida y sellada en la arena, y tardarían una eternidad en desenterrarla. Y con lo que los retrasaron las defensas, ya Wolf debía estar muy lejos, y lo más seguro era que fuese con el dispositivo. Al aterrizar, se bajaron de sus cazas para ver a su alrededor, a ver si quedaba algo.

- ¿Qué es esto? – dijo Fox recogiendo un dispositivo que estaba semi-enterrado en la arena. Era un comunicador holográfico. Aún sabiendo que no le iba a dar buenas noticias, lo accionó. La imagen de Wolf apareció proyectada en un holograma azul.

- Para cuando veas esto, Fox, ya estaré demasiado lejos. No lo tomes como algo personal, pero este dispositivo vale mucho. Mucho más de lo que puedes pagarme. Creo que la milicia corneriana me dará una fortuna por esto, nunca más tendré que trabajar en mi vida. Sin ofender, Fox, pero tengo mis necesidades, tú entiendes. Ahora, adiós, y buena suerte. La van a necesitar. –

Acto seguido, el holograma se apagó, el mensaje había llegado a su fin. Lo que temían se había vuelto realidad. Inmediatamente Fox activó su comunicador y llamó a ROB.

- ROB, ¿puedes oírme? Rastrea la zona cercana, necesito saber si Wolf sigue aquí. –

- Rastreando… negativo, señal no encontrada. Wolf no se encuentra dentro del alcance de nuestros radares. –

- Maldición… Bueno, no queda nada más que hacer. Iremos de regreso enseguida, cambio y fuera. -

Fox no pudo hacer otra cosa para descargar su frustración que aplastar el comunicador holográfico entre sus manos. Aún cuando supiera que Wolf era capaz de traicionarlos, realmente no esperaba que lo hiciera en un momento tan crucial. Su llave para terminar con la guerra estaba ahora allá afuera, perdida y en manos de un mercenario al que en el fondo no le importaba quién de los dos bandos obtuviera la victoria. Fox esperaba que al menos Wolf tuviera un atisbo de bondad y respeto en su interior, pero por lo visto, se había equivocado.


Más tarde, en el Great Fox…

Horas más tarde, el equipo había abandonado Titania. Ahora que el dispositivo estaba en manos de Wolf, no tenía sentido alguno quedarse en el planeta. Fox y Falco estaban furiosos, y no era para menos. Howler, por otra parte, se mantenía tranquilo, pues él sabía que algo como esto tendría que pasar tarde o temprano. Los tres regresaron al puente,

- Sabía que era una víbora y aún así dejé que me mordiera. – dijo Fox, frustrado.

- No te eches toda la culpa. – dijo Falco. – Oye ROB, ya que estás ahí, ¿por qué no intentas calcular la trayectoria de destino de ese lobo traicionero? Es probable que se haya ido de regreso a su escondite. –

- No lo creo. Sabría que lo buscaríamos allí. – dijo Fox.

- Bueno, por algún lado tenemos que empezar. – dijo Falco. – Tenemos que darnos prisa, tal vez aún podamos alcanzarlo. –

- Eso no será necesario. – intervino Howler. – Dejémoslo ir por ahora. –

- ¿Estás demente? – gritó Falco. – Si no te diste cuenta, se acaba de llevar el dispositivo a quien sabe dónde y… -

- No irá a ninguna parte sin que yo lo sepa. – dijo Howler, sacando un dispositivo de rastreo de su cinturón de utilidades. – Dejé un rastreador en la nave de mi hermano, sabía que tarde o temprano iba a hacer algo como esto. Lo más conveniente ahora es darle algo de ventaja, para que se sienta seguro y sea más fácil atraparlo después. –

- Bien pensado, Howler. – dijo Fox. - ¿Tienes alguna idea de a dónde puede haberse ido? Así podríamos adelantarnos y esperarlo. –

- De eso me encargaré yo. – dijo Howler. – Ustedes dos tienen algo más importante qué hacer. –

- ¿De qué hablas? – Falco no entendía. ¿Qué podía ser más importante que recuperar el dispositivo?

- ¿Qué no es obvio? – replicó Howler. – Cuando llegue el momento del asalto final, será mejor que todo el equipo esté reunido. Mientras yo recupero el dispositivo, ustedes tienen que ir a buscar a Slippy y Krystal. –

- Oye, un momento, Howler, ¿quién murió y te dejó a cargo? – dijo Falco, empezando a molestarse. – No esperarás que… -

- Howler tiene razón. – interrumpió Fox. – El equipo tiene que reunirse. Sé que llevamos mucho tiempo separados, pero así debe ser, lo sé… a pesar de todo lo que ha pasado. –

Fox bajó la cabeza al decir eso. Aunque sabía que así debía ser, que el equipo Star Fox debía volver a reunirse, no iba a ser tan sencillo. Traer de vuelta a Slippy tal vez no fuese demasiado complicado, pero con Krystal… eso era otra historia. Para empezar, fuera de lo que le dijo Peppy sobre que estaba trabajando para las fuerzas cornerianas, no tenía idea de dónde estaría en ese momento. Y estaba el hecho de que la última vez que se vieron no se separaron exactamente en buenos términos. ¿Con qué cara iba a presentársele ahora?

- Iré a preparar mi nave. En cuanto me haya hecho cargo de Wolf, regresaré. – dijo Howler.

- No es normal de ti tomar esta clase de decisiones, Howler. – dijo Falco.

- A veces, hay situaciones que uno mismo debe afrontar. – dijo Howler. – Wolf es mi hermano, esto es algo que debo hacer yo. Creo que Fox sabe de esas cosas, ¿no es verdad? –

Falco miró a Fox, quien se mantuvo en silencio, pero el gesto en su cara hizo ver que le estaba dando toda la razón a Howler. Era verdad. En ese momento, sus caminos se separaban, cada uno de ellos tendría que afrontar la situación por sí mismo. Howler con Wolf, y Fox con Krystal.

- Ten mucho cuidado. Wolf no se contendrá solo porque seas su hermano menor. –

- Lo sé. Pero yo tampoco pienso hacerlo. – respondió Howler.

Sin decir más, bajó de regreso al hangar, para preparar su nave. Falco, que se sentía bastante excluido de la conversación entre Fox y Howler, se preguntaba de qué se habría perdido. ¿Qué era eso que Fox sabía, que tenía que afrontar por sí mismo?

Minutos más tarde, ROB avisó que la nave de Howler acababa de partir, y esta se alejó rápidamente del sector, en la misma dirección que la de Wolf. Falco dejó de preguntar cuando Fox le dejó claro que no estaba de humor para responder, y como el tiempo apremiaba, tenían que seguir en movimiento.

- Bien, jefe, ¿a dónde vamos ahora? – preguntó Falco.

- Iremos a buscar primero a Slippy. – dijo Fox. – ROB, fija curso hacia Aquas. –

- Entendido. –

Sonaba estúpido tomar primero esa ruta, pero lo hacía por dos razones. Primera, de momento solo sabía que Slippy estaba en Aquas y que encontrarlo a él sería más sencillo (y debían tratar de ganar tiempo). Y segunda, tal vez su subconsciente intentara posponer lo más posible el reencuentro con Krystal. Pero en el fondo sabía que llegaría tarde o temprano, y cuando así fuera, tendría que mirarla a los ojos, y enfrentarla.

Esta historia continuará…


Notas del Autor:

Uff, bueno, por fin terminé este cap. Me había estancado un poco ya que no se me ocurría de qué forma podría Wolf robarles el dispositivo, quería que fuera de una manera relativamente sencilla pero creíble, no sé si lo logré. Ya estoy llegando a la parte de la historia que más me interesaba, el punto de reencuentro del equipo Star Fox. Si jugaron Star Fox Command, desde ya les aviso que lo que viene variará bastante de lo que sucede en esta ruta del juego (en parte por la intervención de Howler). Espero mantener bien el paso.

Gracias por el review a Ray Wolf Aran. No es que sea obligatorio, pero a quienes sigan la historia, no estaría mal que también me dejaran reviews, ayudaría a motivarme un poco más. Hasta el siguiente cap.