CAPÍTULO 13

Draco Black se encontraba de pie, a la intemperie, con la lluvia cayendo sobre él, mojando su pelo y oscureciéndolo. Pero no le importaba mojarse o enfermarse por el frío que hacía, estaba enfundado en una costosa gabardina negra y miraba fijamente un trozo de piedra con letras grabadas, una lápida. La lápida de Narcissa Black, más conocida como Narcissa Malfoy.

Miraba anhelante la tumba, como si esperase que todo fuera una mera ilusión, una pesadilla de la cual pudiera despertar. Pero no, no era una vil mentira, era la más triste y verdadera realidad. El amor de su vida se había muerto, solo un día antes de que el pudiera escapar.

No podía dejar de pensar en que si se hubiese dado un poco más de prisa, si hubiera llegado solo un día antes…ella seguiría viva y podrían volver a estar juntos. Pero ya era demasiado tarde.

Levantó su cabeza, mirando hacia el cielo, con frías gotas de lluvia cayéndole sobre el rostro, podía notar como sus propias lágrimas se mezclaban y esfumaban con la lluvia. Esa era una de las razones por los que había ido aquel día a ver la tumba, esperaba que con la lluvia se fuera el dolor o que al menos pudiera desahogarse.

Gruñó imperceptiblemente al recordar a Voldemort, ese estúpido mestizo se creía que lo tenía engañado, se creía que se había tragado todas sus mentiras. Como se notaba que ese ser no lo conocía. ¿De verdad pensaba que se iba a creer que Narcissa se suicidó?

Imposible. La conocía mejor que la palma de su mano, ella era demasiado orgullosa y elegante como parar hacer tal cosa, aún menos teniendo un hijo.

Un hijo.

Momentáneamente se quedó sin aire. Se había pasado años pensando en el hijo que tenía con Narcissa. Pensando en a quien se parecería más, en si sería igual de sarcástico que él e inteligente como ella. Le habría encantado verlo nacer, verlo crecer, pero ahora tenía 16 años, si no se equivocaba, y ya se había perdido demasiadas cosas.

Y todo había sido por culpa de Lucius.

Apretó sus manos en fuertes puños. Si no hubiera sido por ese imbécil que se interpuso en su camino, se habría casado con Cissy y hubieran podido tener juntos a su hijo. Él lo había planeado todo para meterlo en Azkaban.

Al principio los padres de Narcissa la habían comprometido con Lucius, pero para entonces entre ella y Draco ya estaban creándose lazos más fuertes que los de dos primos o amigos. Y cuando quisieron darse cuenta, se encontraron a sí mismos jurándole amor eterno al otro y planeando mil estrategias para lograr que los dejaran casarse.

Y lo habrían logrado, eso estaba claro, siempre podían comprometer a Bellatrix con Lucius en vez de a Narcissa.

Pero Lucius le había mentido, le había hecho creer que él y Narcissa se habían acostado y ella había quedado embarazada de él. Él, cegado por el odio y la furia, ni siquiera había pensado en que pudiera ser un engaño, y se había ido a un bar mágico, a emborracharse hasta perder la consciencia, o ese era el plan, porque no contaba con que su prima Bellatrix estuviera allí y con tantas copas encima, el pelo negro se le asemejó al rubio, los ojos negros le parecieron grises y la sonrisa maligna le pareció inocente.

Cuando se enteró de que el bebé que esperaba Narcissa era de él, corrió a buscarla, quedaba pocos días para que ella y Lucius se casaran, así que tenía que darse prisa y escapar con ella si era necesario. Pero Lucius conocía sus planes, no sabía cómo, pero se las había arreglado para inculparlo por la muerte de casi toda la familia Bones.

Se había enterada demasiado tarde de que el hijo era suyo y no de Lucius, había llegado demasiado tarde, había ido a por ella demasiado tarde…

Siempre tarde pensó Draco con tristeza y melancolía Demasiado tarde

Pero ahora estaba libre e iba a vengarse de Lucuis y desde luego, iba a recuperar a sus hijos, a los dos, tanto al que tenía con la loca de Bellatrix como el que tenía con su amada Narcissa.

Y mataría a todo aquel que se interpusiese en su camino.

o-o-o-o-o—o-o—o-o-o-o-o-o-o-o

-Hola, hermanita. –la voz fría y burlona de su hermano le dio ganas de pegarle, pero teniendo en cuenta que estaba en cadenada y que aparentaba 28 años mientras que él aparentaba 20 recién cumplidos y por ende él tenía más fuerza y vitalidad, llegó a la conclusión de que no iba a poder ser.

-¿Qué quieres? –se sorprendió al oír su propia voz, sonaba más ronca y grave de lo que recordaba, seguramente debido a la falta de agua y a la humedad agobiante del lugar.

-Solo venía a despedirme. –le contestó Aris, apartándose unos mechones negros de la cara para mirarla con una sonrisa, sus ojos azules y profundos centellando como relámpagos.

-¿Ya me vas a matar? –preguntó medio esperanzada, tal vez eso fuera mejor, estaba harta de estar encadenada, eso no era vida y ella ya había vivido mucho por lo que no le tenía miedo a la muerte, a lo único que tenía miedo era a lo que sería de Draco, una parte de ella sentía que no sería capaz de irse tranquila dejando al adolescente a su suerte.

-Para nada. Aún te queda mucho que sufrir, la muerte es demasiado rápida. –contestó él con tranquilidad, como si no estuviese hablando de su propia hermana, aunque teniendo en cuanto lo que ella le había hecho siglos atrás, no se esperaba un trato mejor –Pero me iré durante un tiempo, tengo unas cosas que hacer…-sus ojos brillaron y su sonrisa se acentuó, Nymeria se percató de que Aris estaba deseando que le preguntara a donde tenía que ir.

Harta y deseando acabar cuanto antes, decidió complacerlo.

-¿Y a dónde vas? –preguntó sin interés de verdad.

-A Hogwarts. –contestó con simpleza, antes de ir hacia la puerta para irse, dándole la espalda.

-¿Qué? ¡No! ¡No puedes! ¡Ni se te ocurra! –empezó a chillarle desesperada, tirando de las cadenas en un vano intento por ir detrás de él, sus muñecas volviéndose rojas por la fricción y empezando a sangrar.

-Adiós, hermanita. –canturreó cerrando la puerta y echando una carcajada.

O-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

-No deberías haberte escapado, Draco. –el rubio se giró hacia Theo, mirándolo confundido. –Mi padre me lo contó. –aclaró Theo encogiéndose de hombros.

-¿Y por qué crees que no debería haberme escapado? ¿Crees que debería haberme convertido en un mortífago? –preguntó frunciendo el ceño y mirándolo fijamente.

-Es para lo que hemos nacido, Draco. Hemos sido criados para ello. –contestó Theo con su habitual seriedad, no tenía ninguna expresión o mueca, como si solo constatara un hecho, cosa que en cierto sentido hacia.

-Pero ¿es lo que queremos? –preguntó Draco su ceño dejando de fruncirse y su expresión pasando a ser reflexiva.

-¿Qué más da lo que queramos? A nadie le ha importado nunca lo que queramos, ni siquiera a Dumblendore que se las da de tratar a todos por iguales, cuando no es más que una estúpida mentira. Puede que los demás puedan elegir, pero nosotros, los Slytherins, dejamos de tener esa oportunidad nada más entrar en esta casa, o incluso antes. –Draco observó como la mandíbula de Theo se apretaba con fuerza, ese era el único gesto que hizo.

-Pues tal vez es hora de cambiar eso.-replicó Draco, levantándose de la silla. –Porque antes muerto que ser un mortífago. –juró antes de irse.