Capítulo 14
-Sólo Académico
A Malfoy no le había quedado de otra, más que presentarse el viernes a las cuatro en la biblioteca. Aunque en realidad, cuando se descubrió a si mismo sentado en aquella alejada mesa en aquel olvidado rincón, no tenía ni la menor idea de cómo ni por qué había llegado ahí. Hermione había estado tan segura de que no acudiría a la biblioteca, que la redacción del Higgil estaba ya casi terminada, por lo que Malfoy no había tenido mucho que hacer, excepto moverse nerviosamente en la silla, evitando hablar con la Gryffindor. Lo cual era un alivio, ya que ninguno podía ver al otro directamente a la cara. El recuerdo de aquel último beso seguía demasiado fresco en sus mentes, como para poder actuar con naturalidad. Y sobre todo, con odio.
Porque deberían de odiarse después de lo sucedido, ¿no? Entonces, ¿por qué no lo hacían? Era cierto que sentían repulsión el uno por el otro, pero ahora, cuando se topaban en algún pasillo, o en el Gran Comedor, fingían no verse, y seguían caminando o prestando atención a lo que estaban haciendo, mientras se limitaban a apretar los dientes y los puños.
Como Malfoy había cumplido con su promesa de ir a la biblioteca, a Hermione no le quedó de otra más que ir el sábado en la mañana, a entregarle su Nimbus 2007 a las orillas del estadio de Quidditch. Caminó nerviosamente hasta llegar a la orilla del campo, apretando fuertemente la escoba entre sus manos, y contra su pecho, el cual subía y bajaba velozmente. ¿Asustada? Claro. No tenía miedo de Malfoy, pero sí de todo el equipo de Quidditch.
-¿Qué haces aquí? –le espetó el Slytherin al verla caminar con toda la naturalidad que podía proyectar, por el campo. Malfoy se acercó velozmente, como si tratara de evitar que los otros miembros del equipo la vieran.
-Pensé que la querías –respondió ella fríamente, mientras lo miraba aventar lejos una de las viejas escobas del colegio.
-¡Sí, pero no quería que todo el equipo me viera contigo! –trató de gritar en voz baja, extendiendo los brazos.
Acababa de decir eso, cuando unos cuantos abucheos se escucharon a lo lejos.
-¿Una sangre sucia, Malfoy? –gritó Dirke, uno de los golpeadores, mientras detenía la escoba en el aire, mirando a los dos chicos.
-¿Así que sólo bastó un besito para que te decidieras a ser un traidor? –esa había sido McKitte, la única chica del equipo, quien al igual que Dirke, se había detenido en el aire, y observaba con aire divertido pero asqueado a Malfoy y a Granger.
-A esto era a lo que me refería –susurró con rabia Malfoy, mientras le arrancaba la escoba de las manos-. Muchas gracias –añadió con tono mordaz.
-Ah, seguramente estarás esperándolo… -le dijo Hermione en tono burlón, cruzándose de brazos. Sentía como si el valor le acababa de llegar, ya que no se sentía dispuesta a ser ridiculizada por los Slytherins, o por ser la burla de Malfoy.
-¿Qué…?
-Es decir, el primer beso fue involuntario, el segundo lo diste tú –empezó a contar con los dedos-, sé qué esperas que ahora yo tome la iniciativa, pero estás muy equivocado, Malfoy. Me das asco.
-¿Y entonces a que vienes, asquerosa sangre sucia?
-Pensé que los Slytherins tenían honor. Al menos nosotros los Gryffindors si lo tenemos espetó ella, apretando los labios -. Vengo a regresarte tu escoba, como prometí.
-Solo te he ayudado con Pociones la tarde anterior. ¿Qué te hace pensar que lo voy a seguir haciendo?
-Es por eso que espero que los Slytherins tengan honor.
Hermione dio media vuelta, lista para irse, pero la voz de Malfoy, suave como un susurro, la hizo detenerse.
-Espera –le había dicho en un tono tan bajo, que solo ella lo escuchó-. Sé que prometí ayudarte con las tareas en equipo. Pero… Sólo no quiero que los Slytherins o los Gryffindors piensen que pasamos mucho tiempo juntos.
-¿Y cuál es tu brillante idea? –preguntó Hermione, sin volverse.
-No nos reuniremos en la biblioteca el próximo lunes. Volverá a ser en la habitación junto al tapiz de Agston. A las seis.
Hermione no respondió, y se limitó a alejarse. Malfoy no estaba seguro de que hubiera aceptado, pero los gritos del equipo de Quidditch de Slytherin retumbaban en sus oídos, por lo que se apuró a subir a su escoba, y dar una fuerte patada en el piso.
-¿Ha salido todo bien? –preguntó Luna con su característico tono soñador.
La Ravenclaw se encontraba esperando a Hermione, fuera del campo de Quidditch.
-¿Qué haces aquí? –preguntó Hermione sorprendida al verla.
-Te he visto pasar a toda velocidad con la escoba en mano –respondió la rubia, mirando a Hermione con sus ojos abiertos como platos-. ¿Te ha dado las gracias al menos?
-¿Qué sí…? Oh, claro que lo ha hecho…
Y se alejó rumbo al castillo, con Luna pegada a sus talones.
El lunes siguiente, a las seis en punto, Malfoy ya se encontraba esperando a Granger, sentado nerviosamente en una de las mesas de aquel salón de clases olvidado. Hermione se apareció en el umbral de la puerta, tan solo un par de minutos después, con la mochila colgada al hombro, el entrecejo fruncido y los puños fuertemente apretados.
-Cierra la puerta –dijo Malfoy firmemente. Hermione no necesitó que se lo dijera. Ella tampoco quería que la vieran con él.
Cuando la puerta estuvo cerrada, la chica se acercó a la mesa, y se sentó delante de él, no para verlo de frente, si no para poner distancia. De su mochila, que había aventado al piso, sacó su pluma, su tintero, un rollo de pergamino, y el libro de "Defendiendo lo Inexorable" y lo puso todo sobre la mesa. Mientras respiraba profundamente, Malfoy se limitó a estirarse, como si estuviera relajándose.
-Antes de hacer nada, quiero que hablemos –dijo mientras se recargaba en el respaldo de la silla.
-¿Y de qué se supone que quieres hablar? –respondió Hermione, ignorándolo. Algo le decía que Malfoy intentaba dárselas de interesante, por lo que prefirió abrir su libro en la página 33. Pero Malfoy puso su mano sobre él, impidiéndole dar vuelta a las hojas. Hermione alzó la vista, molesta.
-Entiendo lo que los profesores intentan hacer –dijo él, sin retirar su mano, mirando fijamente al libro, como si fuera muy interesante-. Un inteligente acercamiento ente Slytherins y Gryffindors. Pero que ellos quieran intentarlo, no significa que funcione.
-¿Ah, sí? Vaya novedad –dijo ella sarcástica, y entonces él alzó la vista, con lo que ambos se miraron a los ojos.
-Que tenga que pasarme las tardes contigo haciendo tareas, estúpidas investigaciones y elaborando redacciones, no significa que seamos amigos.
-Créeme que eso ya lo tenía muy claro, ¿algo más?
-Sí, que no volverá a ocurrir ningún otro tipo de contacto entre tú y yo. Esto sólo es académico.
-Lástima –dijo Hermione, jalando su libro y librándolo de la mano de Malfoy-. Besas muy bien.
-¿Eso es otra broma, Granger? –espetó Malfoy, poniéndose de pie de repente. La silla se volcó al instante.
-Te lo dejaré a tu imaginación –le respondió ella, sosteniéndole la mirada, apretando su libro contra su pecho-. ¿Es lo que querías escuchar, no? Que todas las chicas de la escuela te alaben por ser el todo poderoso Malfoy. Pero a mí no me asustas. Y puedes estar seguro de que tampoco me gustas.
Malfoy la miró sorprendido. Entonces, ella le dirigió una sonrisa de triunfo, y bajó la mirada para contemplar su libro. Lo puso de nueva cuenta en la mesa, y le dio vuelta a la hoja.
Pero en ese momento, Malfoy la sujetó fuertemente de la cara, y le plantó un beso en la boca.
Mientras la pobre chica se sobresaltaba por el acto, no se le pasó el hecho de que Malfoy había cerrado los ojos nuevamente. Con repulsión, colocó sus manos en los hombros de él, y lo alejó de sí misma.
-¡Mierda! –gritó Malfoy al ser consciente de lo que acababa de hacer, de lo que acababa de pasar, y procedió a alejarse a toda prisa-. ¡Mierda! –repitió, mientras escupía en el piso, y caminaba rápidamente, en círculos.
-Eres un imbécil, Malfoy –se apuró a decirle Hermione, levantándose ella también, y limpiándose la boca-. ¿Dónde quedó todo eso de "ningún contacto entre tú y yo, esto solo es académico"?
Malfoy la miró, visiblemente enojado. Apretó los puños fuertemente, pero bajó los brazos, derrotado.
-¡Todo esto es tu culpa! –le espetó, mientras la señalaba con un dedo acusador. Hermione se irguió, indignada-. Tú y tú estúpida inteligencia empollona.
-¿De qué rayos estás hablando? –sentía como si en cualquier momento pudiera perder el control, y estuviera por propinarle una buena cachetada.
-Te crees muy lista, ¿no es así? –continuó él, agitando las manos, sin saber qué hacer con ellas-. Dime, ¿Cuándo lo hiciste? ¡¿Cuánto tiempo lo tenías planeando?
-¿De qué hablas? –gritó ella. Estaba encolerizada, pero no más que él.
-¡¿Cuándo jodidos me diste un Filtro Amoroso?
Hermione lo miró con la boca abierta. El coraje que hasta hacía unos segundos borboteaba en su interior, se había ido de paseo, y en su lugar, solo quedaba una sensación de burla. Entonces no pudo contenerse más, se echo a reír. Malfoy la miró, colérico.
-Yo no he hecho tal cosa –dijo ella apretándose el estómago.
Con la mirada desorbitada, y temblando de pies a cabeza, Malfoy tomó sus cosas, y escupió nuevamente, esta vez a los pies de la chica. Hermione seguía riendo mientras lo veía abrir la puerta gritando "Alohomora" con todas sus fuerzas, y sin que ella se propusiera detenerlo, el Slytherin se alejó sin volverse atrás ni una sola vez.
Oh rayos! Lo he vuelto a hacer! Malfoy ha vuelto a besar a Hermione, pero el muy tontito prefiere echarle la culpa a la pobre chica. Un filtro amoroso? xD Debo reconocer que hasta yo me reí cuando lo escribí, porque recordé a Hermione en Half-Blood Prince, viendo filtros de amor en la tienda de Fred y George xD
Debo decir que yo pienso que Hermione nunca y por ningún motivo haría un filtro de amor para nadie! Y a pesar del miedo y confusión que siente Malfoy ahorita, no puedo dejar de pensar que tiene el ego muy inflado al creer que Hermione es quien lo desea xD
Gracias por leerme, y por los reviews. Se les quiere! Y les mando un abrazo y un beso =)
