Capítulo XIV: Anarquía

Dando un grito de guerra, Link corrió con fiereza en contra de su oponente fantasmagórico oponente con un tajo vertical... Había entrenado con un guerrero extremadamente estricto, Aedan. ¿Que tan difícil podía ser un entrenamiento con sus antepasados? Un pensamiento absolutamente errado.

Link abrió los ojos al ver que su espada no cortó a la mitad a su oponente, este se había hecho a un lado, un milimetrizado movimiento lateral que esquivó perfectamente el tajo de Link. Con una sardónica sonrisa, el Héroe de los Guerreros ni dejó respirar a su pupilo, antes de darle un brutal cabezazo directo a la frente de Link, haciéndolo retroceder adolorido.

El joven tambaleó luego de gruñir dolido, agitó su cabeza recuperando la compostura volvió a mirar a su oponente, quien lo esperaba quieto y en porte engreído. Link bufó enojado y volvió a dar un tajo horizontal para cortarle la cabeza al Espíritu, pero este lo bloqueó sin la más remota dificultad con su escudo.

—Jaja... Ay chico, estás más flaco y débil que un wolfo vegano—Se burló divertido el Héroe especializado en la fortaleza física. De un empujón sacó impulsado a Link hacia atrás.

Link quedó hincado, y miró frustrado a su oponente, que le devolvía la celeste mirada con una sonrisa de medio lado. Una gota de sudor corrió por su frente, fría. Miró a un lado, los otros espíritus lo miraban con gestos indescifrables. Volvió a mirar a su oponente. Suspiró pesadamente, apretó fuerte su espada y escudo, pensando en como enfrentar a su oponente... Vió que el espíritu era notablemente pesado, su contextura era fornida y gruesa, superior incluso a los otros Espíritus. Su desventaja debía ser su lentitud y pesadez.

Con tal pensamiento en mente Link tomó de nuevo su posición y corrió en contra del oponente para darle una estocada, y el Héroe lo esperaba quieto, pero de repente Link dió un salto antes de darle la estocada y estando lo suficientemente cerca, dando un mortal justo sobre el Héroe. Estado en el aire sobre el Espíritu, Link planeaba darle un corte en la cabeza desde arriba, en un movimiento fugaz en los pocos instantes en la que estaría en el aire encima del oponente, dando uso de su aparente ventaja, la agilidad.

Todo pareció salir a la perfección, Link estaba por cortar el cráneo del Espíritu, pero este dió una total sorpresa, movió la Espada Maestra falsa a una velocidad imposible, dando un tajo que detuvo el de Link en un chirrido de acero.

El chico gruñó enojado cayendo detrás del Héroe de los Guerreros, aterrizando de la voltereta, pero no pudo ni siquiera maldecir como debía ser, porque ya le había acertado una patada en la espalda que lo sacó rodando impulsado hacia adelante.

—¡Jajaja! ¡Había olvidado lo divertido que era esto!—exclamó riendo a carcajadas el Espíritu viendo como Link apenas se recuperaba del movimiento. El poderoso maestro decidió dejarse de contemplaciones, y corrió directo a darle tajos sucesivos y poderosos a Link.

El susodicho apenas pudo ponerse de pie y defenderse con dificultad de los titánicos tajos que en realidad le dolía en la extremidades detener. Sin embargo seguía, sufrido e imparable, defendiéndose de los frenéticos tajos horizontales y verticales como diagonales dados por el ente espiritual.

Por fin Link pudo dar con una abertura en la defensa del Espíritu, dando un tajo seco diagonal hacia abajo, el chico forzó al espíritu defenderse con el Escudo, sin saber que eso quería hacer Link, abrir de par en par la protección del vientre del espíritu, ya que tenía el escudo hacia arriba, y su espada a un lado, dejando vulnerable esa parte del cuerpo del oponente.

Link no perdió tiempo y dió un elegante giro dándole un escudaso en la cara al héroe de los Guerreros, se infló orgulloso por acertar el primer golpe a su arduo oponente, y aprovechando la abertura, Link dió una precisa y mortal estocada directo al estómago del oponente. Pero lo que no se esperó fue que el Espíritu sonrió sarcástico, recuperándose de lo aturdido, se hizo medio lado, esquivando perfectamente la estocada, y guardando su espada y escudo en un instante dejando libre sus manos, tomó a Link por el cuello, con ambas manos la espalda del joven contra el pecho del espíritu. Link supo perfectamente lo que su Espíritu le haría...

—Oh Mier... ¡AHHHHHRRRGGG!—gritó adolorido Link al sentir como su cuello era quebrado totalmente en manos de su maestro. Si hubiera sido en el mundo real habría muerto. Esa Dimensión les daba esa ventaja...

—Auch... Eso debió doler...—dijo divertido el Héroe del Crepúsculo.

—No sabía que los cuellos podían partirse también de esa forma...—murmuró el Héroe del Renacimiento conteniendo con todas sus fuerzas soltar una carcajada ante el grito de dolor del pobre Link, llevó una mano a sus labios para disimular la sonrisa.

El Héroe Celestial sonrió de par en par mientras que soltaba mudas carcajadas.

El Héroe de las Sombras sólo llevó una huesuda mano a su rostro, palma contra su cara en señal de decepción y vergüenza ajena.

El Héroe de los Guerreros sólo rió aún más sonoramente, mientras que le reacomodaba el cuello a Link y lo pateaba de nuevo en la espalda, haciéndolo rodar por el piso. Link de nuevo gritó en alaridos al sentir como le arreglaban su dislocado cuello con un rudo movimiento igual al primero. Se levantó prácticamente después de tragar tierra, estando a dos metros de su oponente, se dió media vuelta quedando frente a frente. Link estaba notablemente frustrado y molesto ante las burlas de sus maestros. Corriendo de nuevo contra su tutor, las pupilas de Link estaba dilataba y desprendían rabia. El Guerrero elegido sólo sonrió de nuevo, esperando a Link. Subestimándole.

Lo que no se esperó fue las frenéticas estocada y poderosos tajos que le propinó su alumno. No tenía técnica, no tenía estrategias, Link sólo atacaba como una fiera sin control gruñendo con enojo.

El espíritu al inicio sólo bloqueaba con facilidad los tajos de su pupilo, burlándose y divertido. Sin embargo cada estocada de Link se volvía más fiera y despiadada que el anterior. Los nervios del Espíritu crecían al ver el gesto tan desquiciado y salvaje de su joven alumno, imparable. El Héroe del Renacimiento veía a Link con gran desconcierto.

El Héroe de los Guerreros se vió en apuros cuando su fiero pupilo le dió un tajo tan brutal que le desvió el escudo, y sucesivamente el joven le dió una patada en el estómago al Espíritu, haciéndolo gruñir de dolor.

Y sin siquiera pasara un momento la Espada de Link ya estaba directa a clavarse en el pecho del Héroe espiritual en una certera y despiadada estocada. Los ojos de Link se alumbraban en cada milisegundo que pasaba y que se acercaba a la victoria...

Pero un tajo de otra espada desvío la estocada, espíritu se defendió.

—Ok... Esto va en serio—espetando con severidad pero divertido, el espíritu comenzó a dar un certero conjuto de tajos a todas direcciones y ángulos contra Link, quien sorprendido veía como su ventaja se Iba poco a poco por la borda ante su intrépido y osado oponente

Intentaba dar contraataques entre las mínimas aberturas de la defensa del Espíritu, pero atacarlo era como intentar de empujar un muro macizo. Imposible. Cada tajo del Espíritu hacia retroceder un paso a Link por la fuerza bruta, se estaba acertando acercando al límite de la circunferencia, y el Espíritu tenía claras intensiones de sacar al chico del límite. Estaba a punto de dar la última estocada para sacar a Link del límite, pero el joven héroe nunca se rindió y saltó a un lado, para dar un tajo al rostro del Espíritu.

Sorpresivamente, Link logró cortarle el pómulo al Héroe, un tenue corte, pero profundo. Todos miraron sorprendidos a que el chico logró darle un corte al experimentado guerrero.

De nuevo comenzaron con un reñido sucesión de chirridos metálicos mientras que ambas armas se enfrentaban sin piedad. El combate estaba igualado, y Link estaba jadeante. Sin esperarse el golpe, el Espíritu le dió un escudaso en la cara haciéndolo retroceder y caer boca arriba.

Lo siguiente que Link vió fue como el Espíritu saltaba en un grito de guerra a empalar a Link contra el suelo. El joven abrió como platos los ojos y rodó por el piso para evitar la estocada. Antes de que el Espíritu arrancará la Espada Link desde el suelo le acertó una patada en la cara, y se levantó quedando detrás del Héroe espiritual. Como simio se trepó a la espalda del Héroe y guardando su espada y escudo el joven chico pasó un brazo por el cuello del Héroe espiritual y comenzó a estrangularlo.

El Héroe espiritual se levantó alarmado, llevando en la espalda a su pupilo que lo estaba ahorcando sin piedad. Intentaba desesperado quitárselo de encima con movimientos fuertes pero Link estaba ceñido a el decidido a derrotarlo con una determinación palpable. Sin embargo, el espíritu con gran sorna y diversión bajó su semblante ocultando sus ojos bajo el cabello, pero una sonrisa macabra se ensanchó en su rostro... Y sin esperar demasiado, el espíritu dió un salto con Link en su espalda... Pero para caer de espalda, sobre Link.

Los ciento diez kilos de masa muscular cayeron sobre los setenta y cinco de Link, aplastándolo en la caída y haciendo gritar de nuevo al chico.

—Diosas esto es mejor de lo que creí...—Se burló de nuevo el Héroe del Crepúsculo soltando una carcajada sonora y sosteniéndose el estómago por la desmedida risa que le robó el aliento. Todos los espíritus contenían la risa casi llorando por lo mismo. El Héroe de los Guerreros se levantó, quitándose de encima de Link, quien tosía estando el Shock por el dolor. El espíritu rió sonoramente, sonriendo con sarcasmo.

—Oye no nos servirá muerto...—susurró el Héroe del Renacimiento haciendo muchas para contener la burlona sonrisa.

—¿Te rindes?—preguntó divertido el guerrero mirando al suelo a Link. Más sin embargo no se esperó que su pupilo le diera una patada a los tobillos que le hizo tambalearse.

—Seré débil y una vergüenza para ustedes, pero jamás me rindo—espetó con enojo Link levantándose y aprovechando la distracción para darle un tajo vertical hacia abajo al Espíritu, y este a duras penas pudo bloquear.

Y comenzaron de nuevo, un infrenable duelo de tajos y estocada fieras con secos y fríos sonidos metálicos, impactos brutales en segundo a una extrema velocidad. Ambos guerreros se veían igualados entre los ojos se cualquiera ahora ninguna cedía y conseguía terreno, sin poder ninguno al otro.

—¡Ya basta! Deja de jugar perdiendo el tiempo y acaba de una vez, has tenido veintisiete oportunidades de derrotarlo y no lo has acabado, deliberadamente.—rugió estruendoso el Héroe del Tiempo mirando con clara desaprobación a Espíritu que Link enfrentaba. Este último quedó enmudecido al oír que no había sido derrotado por piedad. Un silencio incómodo sumió el ambiente...

Inmediatamente el Héroe de los Guerreros frunció el ceño claramente molesto por la intromisión de su semejante.

—Se nos ordenó a cada uno entrenar cómo viéramos adecuado ¿No? No te entrometas—gruñó el Héroe de los Guerreros con clara molestia.

—Frente a mi sólo está niño jugando con otro. Si se supone que eres el maestro y no pones compostura, ¿qué se puede esperar de tu alumno?—contestó ácido el Stalfo, dando un paso altanero y fúrico es histeria y enojo.

Y lo dice el que casi me mata la primera vez...—pensó sarcástico Link al ver que ese Stalfo no era el ser con la mayor moral para hablar de compostura luego del arrebato de furia en la que casi lo matan por decir lo que creía de la Princesa. Claramente Link aún no comprendía el por qué de la rabia desmedida que tuvieron sus espíritus... No aún. Su alma no terminaba de reconocer al de su amada.

—Busca tu muerte natural, chiquillo estúpido—vociferó con rabia y vergüenza el Stalfo poniéndose ante Link, en posición intimidatoria, ante la burla de su pupilo. Link estuvo tentado a tragar saliva, pero mantuvo un porte firme no dispuesto a demostrar nerviosismo. Y se maldijo a si mismo por olvidar el infimo detalle que sus espíritus podían leerle la mente.

—Ya dejen el melodrama... Vamos chico—ordenó el Héroe de los Guerreros alejándose totalmente del resto de sus semejantes. Link siguió algo confundido al Espíritu, agradeciéndole a las Diosas poder alejarse del Stalfo. Seguía jadeante, sus miembros estaba adoloridos y tensados, y de su frente caían espesas gotas de sudor por el arduo ejercicio. Pero su espíritu ni siquiera parecía haberse despeinado, sólo tenía el tenue corte en la mejilla. Sin comprender del todo la situación y guardando silencio, Link sólo asintió y siguió al Espíritu.


Caminaron y caminaron en tal espacio infinito y vacío, hasta el punto de que al horizonte ya no se podía ver ni el castillo, ni a los demás espíritus que se quedaron de pie en donde estaban.

—¿Y qué demonios le sucede a él?—preguntó claramente disgustado Link, asegurándose de estar lo suficientemente alejado para quejarse del Stalfo con su maestro. Sin embargo se detuvo en seco al olvidar el pequeño detalle que posiblemente el Héroe de los Guerreros lo reprendería severamente por el tono que usó. Pero no pasó tal cosa.

—Escucha, Link... Tú, el Héroe de Tiempo, los demás, y yo, nacimos siendo cada uno el mismo. Todos nacimos siendo el mismo acero en manos de distintos herreros, nuestros destinos. Teniendo todos la misma esencia y alma—explicó rápidamente y con seriedad el espíritu de los Guerreros, caminando a paso firme mientras que su bufanda se meneaba con sus zancadas.

—Entonces... ¿Por qué todos son tan distintos a... Mi?—preguntó claramente confundido Link, mirando con curiosidad a su maestro que estaba delante de él caminando.

—Porque tal como el acero en diferentes manos, las circunstancias y nuestros destinos nos forjaron a todos de maneras distintas. Tu tienes la misma esencia que todos nosotros, pero no eres una copia, sino un ser diferente, moldeado por la vida que has vivido, y que serás forjado por el futuro que vivirás. He ahí la razón de que seamos distintos—explicó rápidamente el Espíritu, sin detenerse y con un tono serio.

—El Héroe del Tiempo... No se sabe casi nada de él en mi mundo, sólo que desapareció y nunca regresó...—Y con sus propias palabras, Link comprendió la respuesta a su primera pregunta, y esa era la intensión del Espíritu que lo guiaba.

—Exacto. Las circunstancias lo moldearon como es ahora... Siempre ha sido el más poderoso de nuestras encarnaciones, pero también siempre fue un alma sufrida y melancólica, taciturna y oscura. Una sombra. Entrenó al Héroe del Crepúsculo, y sin embargo nunca fue tan estricto y despiadado como ahora... No eres el único sorprendido —dijo consternado el Espíritu, se notaba que respetaba al Héroe de la raza de los Stalfos, sin embargo también se notaba un claro desapruebo a su actitud actual.

—¿Qué le ocurrió en su vida pasada?—Link no soportó aguantar la intriga.

—Se nos ordenó no revelar nada del pasado de nuestros semejantes. Si quieres saberlo, sólo él tiene permitido expresartelo. Pero lo que sí te diré, es que comprendo el dolor que siente, la melancolía... Yo también me moriría si... Ya, no hablemos de eso. Pero, no permitas que te humille y te aplaste. No está siendo objetivo al tratarte, se está dejando llevar por lo que siente. Estás aquí para que te enseñemos, no para que te menospreciemos. Y debes empezar por ti, valora tu potencial, porque sólo cuando aceptes el poder que tienes, podrás hacerlo relucir... Y hacerle tragarse las palabras a ese Stalfo amargado—exhortó bastante serio el Espíritu, hasta la última parte en la que sacó una maliciosa sonrisa. Link no pudo evitar sentir una enorme intriga hacia el Héroe esquelético. "Yo también me moriría si..." ¡¿Qué?!. Sin embargo, Link se detuvo ante la divertida hipocresía de esas palabras. Y también lo pícaro que fue al burlarse de su propio semejante. Link no pudo guardar una sonrisa.

—Tu me hiciste exactamente lo mismo, y lo de aplastar literalmente —dijo molesto y mordaz el joven, el Espíritu no pudo evitar reír con ganas.

—Yo lo hice por prepararte para el entrenamiento que se viene.—dijo divertido el Guerrero fantasmagórico, recuperando el buen ánimo.

—¿Y quien les ordenó todo eso?—preguntó una vez más indagante.

—Que curioso eres...—Se burló el Espíritu, mientras se ponía ante Link, y sin titubear se acercaba al joven, le arrancó el guantelete de la mano izquierda, señalando el símbolo de la Trifuerza.—Ella nos ordenó a hacer todo esto, la Diosa que representas, Farore...—dijo con nostalgia el Espíritu, viendo la marca de Link que alguna vez él tuvo en vida.

—¿Y qué representa exactamente esta marca...? Valentía... Coraje... Pero siento que hay algo más—Una vez más Link indagó en el tema. El Espíritu sonrió complacido. El joven comenzaba a recuperar lentamente vestigios de su recuerdos pasados.

—Pues, para eso estás aquí, chico. Debes averiguarlo sólo. Nos detendremos aquí...—estipuló el Espíritu autoritario. Estaban totalmente sólos, en un espacio infinito y vacío en donde las voces de ambos Héroes sonaba en un inmenso y prolongado eco ante el espacio. Link miraba sorprendido.

—Bien. A lo que venimos, aprenderás a usar tu fuerza física a la máximo, y aprender como adaptarte a situaciones desfavorables. ¿Estás listo?—preguntó entusiasta y enérgico el espíritu, sonriente y alzando los brazos un poco infantil. Link sonrió divertido.

—Como si tuviera opción...—murmuró mordaz y divertido Link. Le estaba cayendo bien ese Espíritu, pese a que le partió el cuello como un hueso de pavo y casi le hace polvo la caja torácica.

—¡Tienes toda la razón!—exclamó socarrón el Espíritu sonriendo de nuevo de forma pícara. Link tragó grueso ante la miraba tan suspicaz de su maestro... Definitivamente nada bueno se le pasaba por la mente con esa forma de observarlo, y su maldita sonrisa tan burlona, jocosa y deslumbrante. Eso iba terminar muy mal, pensó Link...


—¿¡En qué momento dije que podías detenerte!? ¡ARRIBA! ¡O SINO ENTRENARÁS HASTA QUE TE EXPLOTE EL CORAZÓN!—vociferó con salvajismo el Espíritu a Link, con un grito estruendoso y poderoso que los ecos no acababan de repetir y que seguramente se oirían en las otras dimensiones. Link estaba jadeante, tirado en el suelo, estaba con torso desnudo. Algo muy extraño ya que Link nunca permitía que alguien le viera su cicatriz exceptuando Aedan y Saria. Cuando su Espíritu le pidió que se quitara la túnica para entrenar y estar libre de peso, Link intentó negarse, pero su Maestro le dijo literalmente: "Sé perfectamente lo que te sucedió, todos los sabemos. Somos tú. Así que no debes sentir vergüenza, no te juzgaremos por lo que pasó hace años". Con extremo pesar y desagrado, Link terminó por acceder a la petición de su maestro, y con incomodidad y asqueo, expuso su espalda fuertemente marcada por la quemadura. Link se encontraba ahora tendido en el suelo, tirado jadeante respirando con extrema dificultad, sus pectorales y abdomen musculoso subía y bajaba agitadamente tratando de llevar oxígeno al sistema. Respiraba por la boca tragando enormes bocanadas de aire.

Con el poderoso grito de su Maestro volvió a levantarse exhausto, no llevaba nada en mano, ni espada ni escudo, sus armas estaban al otro lado. Link se levantó débil y cansado con el cuerpo perlado de sudor... Una imagen muy sugerente para ciertos ojos femeninos espirituales que miraban en secreto el entrenamiento...

Link vió de nuevo a su oponente, era literalmente una pared. El guerrero también estaba desvestido de la cintura para arriba mostrando su torso grueso y superior en musculatura y peso al de Link. Estaban enfrentándose físicamente cuerpo a cuerpo, ya que ninguno portaba una Espada o escudo.

—No... Puedo más... —dijo al borde del colapso Link tratando de calmar su errático corazón que amenazaba con salirse de su pecho de un salto.

—No te estoy consultando. ¡Arriba!—exclamó de nuevo el Héroe forzando moralmente a Link a dar un acopio de fuerzas para alzarse de nuevo, adolorido y agotado. Frente a él estaba el poderoso espíritu en una posición de defensa.

La idea era que sólo lograría acabar con el ejercicio cuando lograra hacer retroceder a su oponente, que lo doblaba en fuerza, superaba en peso, y derrotaba en experiencia. Pero no sólo eso, el Espíritu le explicó que, conun conjuro que hizo, la gravedad en la que estaban se había cuadruplicado. Link no sólo lidiaba con mantener el ritmo de su oponente, sino que debía sobreesforzase para movilizar su cuerpo cuatro veces más pesado de lo que estaba acostumbrado.

—Te acabo de decir por décima vez lo que tienes que hacer. No busques atacar a tu oponente sólo de frente, incluso si te supera en todo sentido, todos tienen debilidades, un punto ciego o abertura, debes encontrarla y explotarla. Busca esa debilidad, y con un golpe apropiado con la fuerza apropiada, derribarás a cualquiera—explicó una vez más, ya tenso y ofuscado el Espíritu luego de horas en el mismo plan. ¿Horas? Realmente no sabían cuanto tiempo llevaban en eso, pero no importaba realmente, las unidades temporales eran diferentes en ambos mundos.

Link suspiró de nuevo frustrado y agotado. Las gotas de sudor escurrían a montones por su sien y su abundandote cabello ya se les estaba pegando a la frente y obstaculizaba su visión. Con algo de fastidio y molestia hizo a un lado se cabello y clavó su vista en su oponente. Le dolía la espalda y las piernas, y alzar un dedo siquiera le era un infierno.

Parecía imposible derribarlo, tenía un centro de gravedad impresionante, su posición le daba estabilidad de pie con las rodillas levemente flexionadas y tenía como defenderse ante la ofensa que le pudieran dar.

Parecía un muro impenetrable. Link ya estaba harto de la misma actividad luego de horas, las anteriores habían sido ejercicios físicos excesivamente brutales, y ahora estaba con esta simple pero, irónicamente, complicada tarea. No sabía cómo derribar a su oponente. Trató de analizarlo... Y creyó haber encontrado ese punto débil.

Los punto de flexión podría ser un punto ciego al cual atacar, puntos desprotegidos y vulnerables que podía atacar para debilitar el equilibrio del espíritu y luego darle un golpe final. Link sonrió para sus adentros, pensando con malicia y eficacia. Hizo como si estuviera exhausto y que no podía más, pero repentinamente se levantó corriendo hacia el Espíritu con claras intensiones de agredirlo.

El Héroe de los Guerreros se sorprendió pero no perdió la compostura. Link fue a acertarle un puñetazo en el rostro al Espíritu y este lo desvío de un limpio manotazo, en ese momento Link aprovechó para darle un codazo con el mismo brazo en un lateral del torso del guerrero, justo en las costillas, haciéndolo gruñir de dolor, rápidamente y sin perder las momentáneas aberturas que se abrían dió un acrobático salto acertado una patada en el cuello al Espíritu quien no podía hacer nada ante el frenético conjunto de ataques que le estaba propinando su alumno.

Este último, decidido con acabar el calvario, le dió una patada en la rodilla al Héroe espiritual, haciéndolo tambalear. "Bingo" Pensó Link sonriendo de par en par para alzarse orgulloso en un perfecto movimiento y acertar una patada con sus dos piernas al pecho del espíritu, haciéndolo retroceder y tambalearse. Link no pudo evitar gritar de la euforia de por fin lograr hacer retroceder a su oponente, sólo alzó sus tensados y doloridos miembros en señal de jubilo aunque respirando copiosamente y errático ante el agotamiento. Pero la felicidad no le duró mucho a Link... Vió como su Maestro tomaba la Espada Maestra auténtica que estaba a un lado, sin dificultad (A final de cuentas fue una vez su portador y podía levantarla), y se la lanzó a Link para que tomara la sagrada arma. Este pese a agotamiento pudo agarrar la pesada arma en el aire.

—Bien chico, no cantes victoria porque aquí va lo difícil... Sin escudo, debes derribarme solo armado con tu Espada, y si lo logras podrás descansar. Da el primer ataque, las damas primero—advirtió el Héroe con tono amenazante, tomando una posición de combate. En sus manos volvió a aparecer la Espada Maestra falsa, un espejismo de la verdadera, pero no apareció su escudo, sino que agarró la arma blanca como espada de dos manos. Esto le daba una mayor fortaleza a los ataques de espada, al portarla con dos manos obviamente la fuerza ejercida al blandirla se duplicaba y causaba más daño, sin embargo sin escudo sus puntos vulnerables eran mayores. Link también tomó la Espada Maestra con dos manos, sería un duelo. Y se encorvó dando un gruñido, ya que se había olvidado del detalle de la gravedad cuadruplicada. Tardando unos instantes en lograr alzar la Espada Maestra correctamente, finalmente se puso en guardia con una gran dificultad, el arma temblaba por el pulso irregular de joven. Miró frustrado como el Espíritu frente a él no le hacia ni cosquillas la gravedad aumentada, se movía con una fluidez y facilidad impresionante, y hacia pirueta con su espada como si nada.

Link estaba determinado, deseoso de derrotar a su maestro. Ese deseo de competitividad y logro. El Héroe sonrió orgulloso por su alumno, y luego del divertido insulto, Link soltó una carcajada antes de abalanzarse sobre el Espíritu sin miramientos o la más mínima piedad o dilaciones.

Gruñendo con bestialidad el joven ya se encontraba dando macizos tajos a su oponente, brutales y poderosos adaptándose al peso. Sentía que sus miembros se les caía a pedazos del cansancio pero una parte de él luchaba sin descanso, le gritaba que no se rindiera, que no se atreviera a desfallecer. Su fragmento de la Trifuerza brillaba con intensidad ante cada tajo vertical y horizontal que daba su maestro y una que otra certera estocada que a duras penas el Espíritu podía escapar.

Los tajos se hacían cada vez más bestiales, y el espíritu tuvo que darle una patada en el estómago a Link para echarlo para atrás y ganar terreno porque el joven estaba cerca de derrotarlo. Poniéndose serio, y tomando un porte más frío y tosco que el del mismo Link, el Espíritu corrió contra su pupilo en una sería de intensos tajos que hacían retroceder a Link por la fuerza. No peleaban por entrenar, peleaban con total intensiones de derrotarse uno al otro.

Link dió un tajo diagonal contraatacando al mismo tiempo que el espíritu daba un mismo ataque diagonal contrario, y comenzaron a forzajear uno contra el otro. El Espíritu sonrió, en fuerza bruta tenía las de ganar.

Pero grande fue su sorpresa que su sonrisa se marchitó, al ver que su alumno le chillaban los dientes mientras que ponía todas sus fuerzas contra él. No podía derribarlo. El Espíritu quedó pasmado al ver que no podía hacer retroceder a su pupilo aunque le ponía toda su fuerza.

Como medida desesperada el Guerrero fantasmagórico le dió un cabezazo a Link para aturdirlo. Link gruñó de dolor al sentir el macizo golpe contra su cráneo, cerró los ojos y apretó aún más su mandíbula. Pero la sonrisa del Espíritu se volvió a marchitar al ver que Link abría los ojos casi expulsando chispas de sus zafiros y con fiereza le devolvió el cabezazo a su maestro, justo en medio de la frente, haciéndole retroceder mareado.

Link no perdió esa tentadora e irrepetible oportunidad de acabar de una vez pr todas con su oponente. Le dió un poderoso corte horizontal al Héroe, este lo bloqueó pero no tuvo la suficiente fuerza para contener el golpe, haciendo que su Espada se tambaleara entre sus manos. Y prosiguiendo con su brutal ascenso de dominio en la pelea Link le dió un patada en las manos a su maestro, derribándole el arma y dejándolo despojado de defensa. Y antes de que siquiera pudiera reaccionar Link le dió una patada en la rodilla, haciendo que se tambaleara seguido de un codazo en la cara y una patada al vientre que derribó finalmente al titánico espíritu. Y tendido en el piso boca arriba, Link se le subió encima poniéndole un pie en el pecho pisándolo y acercando la Espada Maestra al cuello del Espíritu. Link sonrió de par en par orgulloso y eufórico al fin. Su maestro no pudo evitar corresponder a la sonrisa orgulloso.

—Permitame ayudarle señorita...—dijo burlonamente Link siguiéndole el juego al Espíritu, ofreciéndole una mano a su maestro haciendo un lado su pie y guardando la Espada. El maestro sonrió socarrón, y aceptó la mano levantándose.

—Así se hace, mocoso. Te felicito. Descansa unos instantes, antes de que vuelvas a tu mundo—dijo con sinceridad el hombre dando una (Muy) fuerte palmada en la espalda de Link, que lo hizo tambalearse y caer bajo la risa de su maestro.

Ambos hombres se vistieron de nuevo y se quedaron sentados un rato, de frente en el suelo. Recuperándose del agotador entrenamiento, más que todo para Link. Silencio y tranquilidad sumía el ambiente... Hasta que los ojos de Link se ensancharon extremadamente.

—Saria... ¡Debo ir a salvarla! ¡He malgastado horas aquí!—exclamó desesperado Link totalmente descolocado y tenso mientras que su calmado cuerpo volvía a ser presa del pánico.

—No te preocupes por el tiempo. Horas en este mundo, son instantes en el tuyo.—respondió el Héroe con una extraña seriedad, pero aún así sentía la gran ansiedad de Link con empatía.

—¡Debo... Debo ir ya! La tiene Khyo... La tiene el lacayo de Khyo...—murmuró perplejo y consternado Link aún presa de la ansiedad desbordante que lo torturaba.

—Debes aprender a conservar la calma. Khyo dijo que no la lastimaría hasta que llegues al Templo. No es un ser con honor, pero si es tan enfermo como para cumplir su palabra. Desea torturarte, y por muy mal que suene, es una ventaja ahora ya que no lastimará a la Sabia del Bosque—dijo el Espíritu con firmeza pero con suavidad, mirando a Link. Este se quedó impactado con esas palabras... Saria... Era una sabia... Parecía irreal, una coincidencia muy obvia. Estaba desesperado, ya había enfrentado a un demonio de Khyo, y a duras penas lo derrotó. Pero no era el dolor físico lo que le hacia estremecerse, sino la tortura mental que le dió... De su vida pasada al borde de la desesperación. Su mente volvió a vagar en esos horrendos recuerdos que Khyo le hizo ver ese día antes de enfrentar al demonio que poseyó a Impa...

"—¡Fracasé Zelda! ¡Esto es un error! ¡Todo, las Diosas se equivocaron al darme la Trifuerza, al permitirme sacar la Espada Maestra! No soy suficiente... ¡No puedo derrotar a Ganondorf! Y ahora menos... Mira cuanto hemos perdido, sólo porque no pude derrotarlo... Ya no puedo... Le fallé al Reino que juré cuidar—declaró el Héroe en demostración de rendición, turbado, desesperado y al borde del desquicio, la culpa lo carcomía, como un maldición consumiéndolo por dentro, la sensación de que tanta sangre se había derramado por su fallo, lo hacia sentir muerto en vida. Link sen sintió al borde de las lágrimas, sintiendo en su propia piel el sentimiento de desgracia, de desdicha. Deseos de dejar de vivir.—Aún... Aún... Puedo oír sus voces suplicando ayuda... Debí morir... Debí morir con mis tropas...—susurró el Héroe de bufanda, cediendo al llanto. El espectro de Link deseó gritar de en hastiado llanto, pero no podía hacer nada, sólo ser atormentado, y sus sentidos recibiendo las descargas de amargas sensaciones. El remordimiento mutilándolo como un cuchillo sin filo.

Una demostración Link, sólo una de que desde tus vidas pasadas siempre has sido y serás débil... —murmuró con malicia Khyo en la mente del joven y renacido Link, mientras que con un destello, la visión se disolvía."

Link abrió los ojos sudando frío y con la respiración errática, apretando con fuerza la funda de la Espada estando sentado. Y se sorprendió al ver que su maestro lo veía directamente, con una intensidad desmedida, seriedad, dureza y algo de dolor y melancolía. Link analizó la mirada de su maestro, y lo detalló físicamente, observó que ahora vestido, portaba esa bufanda azul que caía por su espalda... Lo reconoció ensanchando sus ojos por la sorpresa.

—Tú... Tú fuiste el joven de esa visión que tuve...—dijo impactado Link, su lengua se movía por inercia, reconociendo al Héroe. Ahora se veía más adulto, sabio y fuerte, y su cabello estaba extremadamente largo casi a media espalda, pero sus facciones aunque más maduras, eran las mismas, y la bufanda era única. Link sentía una gran curiosidad y apego a esa prenda que portaba su maestro.

—Pues sí... ¿Sabes por qué me veo en ti? Porque sé que también te ha consumido la culpa... También has oído los gritos de dolor de otros en tus pesadillas. Sé lo que pasó con tus padres, se lo que pasó esa noche que te marcó y que ocultas con recelo la cicatriz de tu piel. La culpa te ha torturado, al igual que lo hizo conmigo. Le temo a ese dolor... A esa sensación. Y Khyo lo sabe—susurró sombrío y melancólico el Espíritu, atribulado por sus recuerdos.

—¿Y cómo dejaste de sentir ese miedo?—preguntó Link. Se sintió impactado, y un picor tras de sus ojos se hizo presente ante el deseo de llorar al oír lo que su Espíritu mencionaba... Pero no lo haría, había llorado sólo una vez, una última vez hacía ya años, al punto de perder la consciencia ante el abrumador dolor en su cabeza y el calvario de su alma al no soportar tanto, y se obligó a si mismo no volver a derramar otra lágrima de puro sufrimiento como lo hizo en esa ocasión.

—¿No me oíste? Le temo. Nunca dejé de sentir ese miedo... El miedo es parte de nuestras almas, todo ser viviente los tiene. Tuve que aprender a lidiar con mi culpa, no centrarme en lo que fallé, sino en lo que debía lograr. Podemos tropezar, podemos caer e incluso pensar en rendirnos, pero nuestro valor debe forzarnos a levantarnos, sin dilación. Y una vez de pie levantar a quien se haya caído a nuestro alrededor. Muchas veces Link, en el destino que enfrentas y yo una vez enfrenté, debes dejar de lado el sufrimiento que te causa algo, por el bien de los que amas, porque si parpadeas un instante en el campo de batalla tu sangre y la de tus aliados correrá por el suelo. Pero incluso logrando superar tal destino... Sentía ese enorme peso. Esa sangre en mis manos. Incluso casado, con hijos, dichoso, y con Hyrule en absoluta paz, no podía dejar de culparme por los hombres de familia que murieron por mi culpa en esa batalla. Culpa, es una maldición que nos carcome sin piedad y nubla nuestros sentidos... Sin embargo una gran sabia me dijo esto: "Puedes sentir la culpa de la sangre que cayó, pero tienes el derecho de valorar la sangre que no fue derramada gracias a ti". Con eso, aprendí a perdonar a mi mayor enemigo, yo—expresó el escándaloso guerrero en un tono pausado y lento, expresando su sentir con el corazón en un puño. Pero sonriendo, al decir que había aprendido a perdonarse.

Link quedó impactado con tales palabras, pasmado y sin saber como responder. Era una aplastante verdad.

—¿Crees... Crees que logre derrotar a Khyo?—preguntó con clara inquietud e inseguridad Link, con un tenue temblor en sus manos.

—Si te esfuerzas por aprender, si luchas con valor y sin retroceder, y guerreas con la determinación de salir triunfante, nada ni nadie te detendrá. La Espada Maestra no es un contenedor de poder, es una espejo que refleja en forma de luz la fuerza de tu voluntad. Ya es hora... Debes partir a salvar a Saria—animó el Héroe Espiritual con una gran sonrisa. Link asintió enérgico, levantándose rápidamente.

—Espera... Dijiste que te casaste y tuviste hijos... ¿En donde están ellos?—preguntó Link mirando a su maestro.

—Están esperándome en mi mundo, a que termine mi designio de guiarte hasta el final de tu periplo para regresar junto con ellos... Ve con cuidado en tu viaje, de todos modos estaremos velando tus pasos—dijo con pesar el Héroe espiritual, no permitiendo preguntar más a su pupilo. Link comenzó a sentir como su vista era nublada por un intenso resplandor que lo hizo tambalearse y quedar totalmente insconciente...


—¡MALDITA SEA, LINK, DESPIERTA!—escuchó distorsionado una voz que lo llamaba con urgencia y desesperación. Los ojos de Link se abrieron lentamente, con enfoque perdido y borroso el cielo sumido en tinieblas y como una espesa neblina los comenzaba a invadir lentamente. Los animales del Bosque estaban mudos, dándole un silencio aterrador y tétrico a los bosques con la maldición de Khyo. Link comenzó a recuperar la razón observando con Aedan lo agitaba desesperado a un lado de él, estando el joven héroe tendido en el suelo. Link oyó como claramente como Impa y Zylia auxiliaban a Zelda que al igual que Link, llevaban minutos insconcientes después de que el demonio se llevara a Saria. Horas en este mundo son instantes en el tuyo, así lo había dicho el Espíritu.

Link se sentó en el suelo mientras que Aedan suspiraba más calmado pero aún histérico por el secuestro de Saria. Al la vez que Link se levantó, Zelda lo hizo. Ambos se miraron a los ojos a la distancia, y comprendieron con sólo ese contacto, que ambos pensaban lo mismo. Ambos habían sido entrenados por sus espíritus durante esas cruciales horas.

—¡Vamos por Saria!—exclamaron Link y Zelda al unísono, mientras que miraban el recorrido que debían tomar. Los mortales bosques perdidos. Lugar maldito en el que pocos habían sobrevivido...

A la distancia se podía ver el umbral de árboles marchitos que mostraba la entrada a esos bosques por donde Saria se había ido. El cielo que estaba azul se había adormecido en tonalidad de negros y grises de penurias, el silencio era abrumador, como si los animales del Bosque hubieran quedado mudos, y una espesa neblina salía de esas arboledas míticas.

Pero lo más impactante era el aura siniestra y oscura, repulsiva y maléfica que provenía de ese bosque al que debían ir... Sentía claramente, como susurros a sus oídos...

Sin embargo, los Héroes no se acobardaron y decididos a salvar a la Sabia del bosque, todos se prepararon para lo que sería una infernal cruzada al más allá. Sin titubeos, los paladines se armaron adecuadamente para entrar a esos bosques y dirigirse a la aldea oculta entre los bosques antes de acudir al Templo forestal.


En la Ciudadela de Hyrule había un enorme caos, las personas huían temerosas a sus hogares, acobardadas por los soldados de Hyrule que asediaban las plazas, calles de la ciudad y las entradas y salidas de las murallas.

La situación en Hyrule era desastrosa. Se había anunciado el vacío de poder, las Princesas estaban desaparecidas y relacionadas en un presunto movimiento, la comandante declarada como homicida y prófuga actualmente, y además, el peor miedo de los Hylians se hacía realidad, Aedan Kyarat estaba vivo, el máximo (falsamente) criminal y traidor del Reino. Sin saber siquiera los ignorantes que el cáncer estaba en sus filas...

La situación política tan tensa hizo que se disolviera en pocas horas el Parlamento de Hyrule y se declarara Ley Marcial. Ahora, los Veinte Caballeros Principales tenían el total mando sobre Hyrule.

En la sala de la mesa redonda estaban diecinueve de los Veinte Caballeros, hombres y mujeres, los mejores y más prestigiosos guerreros de Hyrule. Y actualmente los mandatarios sobre el Reino.

—Esto es grave... Debemos iniciar con la búsqueda de Impa Nok Sheikah de inmediato, y concertar las principales legiones a mantener el orden en la Ciudadela.—estipuló el mayor de los Caballeros, todos vestidos con sus lujosas y llamativas prendas.

—Es lo de menos, Aedan Kyarat está con vida... No puede haber mayor desgracia, y las Princesas lo apoyaron en el ataque a la Caravana, debe tenerlas bajo un tipo de chantaje o dominio—exclamó otra Caballero mujer totalmente consternada.

—Para empezar ¿¡En donde está Aaron Warren!?—gruñó ofuscado y enojado uno de los Caballeros ante la ausencia del actual Comandante.

—Como decía mi padre cuando lo llamaban... No invoquen a Ganon, se les puede aparecer—dijo con sorna el susodicho, haciendo acto de presencia pavoneándose por la sala con su ritmo usual y refinado de caminar, a pesar de su lesión en los pies, ni se le notaba al andar.

—Ya era hora ¿¡Y qué se supone que hará?! ¡El Reino se cae a pedazos y usted no hace nada por enmendar su fracaso al transportar a Nok Sheikah a su juicio! Tendrá suerte si sigue en el puesto que ahora tiene... Me encargaré personalmente de limpiar el desastre que hizo, Warren—espetó encolerizado uno de los Caballeros, un hombre de cincuenta contemporáneo con Aaron totalmente calvo y de por fiero.

—No. No. No... Para comenzar, fue mi intensión que Impa quedara libre. ¿Por qué? Para atraer a Aedan Kyarat y a los suyos. Ahora no se separarán, y con más presas en la manada será más simple cazarlos... No irá ninguno de ustedes ni sus guarniciones ni clanes a por Aedan Kyarat o Impa Nok Sheikah—ordenó con prepotencia y arrogancia el guerrero.

—¿¡Y qué le hace creer que vamos a acatar su exhortación!?—reclamarón los Caballeros.

—Impa Nok Sheikah y Aedan Kyarat fueron entrenados por mi persona, los mejores guerreros de su generación junto con Aliath Wyhert y de los más fuertes ex-caballeros del Reino. Están entrenados para matar, son expertos estrategas, conocen como la palma de su mano a lo que se enfrentan. No se si me estoy halagando o insultando al decir que, creé obras maestras, que ahora están en mi contra, y en contra de ustedes. Ninguno de los de esta sala está en condiciones de traerlos ante la justicia. Lleven sus tropas, y encontrarán restos cortados con Dadao y cráneos perforados por flechas.—dijo con frialdad y claro cinismo y egocéntricismo.

—Usted es un...—

—Lo dejaré más claro a sus ojos. Si, yo maté a Aliath Wyhert y Alexia Lance-Wyhert, a la Reina Christien Nohansen, y a varios objetivos más que me obstaculizaban. Y antes de que levanten sus armas y me ataquen por mi confesión... Les invito a ver la reflexión que me llevó a hacer lo que hice ¿No les asquea ser subordinados? Mirense... No son más que eso, armas que la aristocracia y los nobles usan para cuidar sus cuellos mientras se atragantan en banquetes tirados en un trono mientras nosotros vamos a matarnos para que ellos reciban más gloria y poder. ¿Y qué ocurre con nosotros? Somos destituidos, reemplazados, olvidados y luego echados a un agujero para ser recordados sólo un día al año. Los diputados del parlamento sólo son inútiles que están donde están por adulaciones y prestigio hereditario. Pero nosotros caballeros... Nosotros estamos donde estamos por ser Dioses, seres superiores a los demás, poderosos, con habilidades sobre lo usual. ¿¡Y se contentan siendo unos títeres!? Cuando podríamos gobernar a nuestro antojo, tener el prestigio que merecemos nosotros y nuestros antepasados que murieron por glorificar a unos malditos con una corona en la cabeza. Observen ¿¡Quien sería capaz de imponerse sobre los Veinte guerreros más poderosos de Hyrule!? Tenemos el Reino en nuestras manos. Y podrá serlo siempre, de nuestra propiedad y poderío... Depende de nosotros actuar para tener el control, y es comenzando por erradicar a Aedan Kyarat y a Impa Nok Sheikah. Permitanme iluminarles, y les daré un poder, una gloria y riqueza real—Las palabras de Aaron dejaron enmudecidos a los Caballeros, pasmados y mudos asimilando la verdad y las palabras tentadoras de su superior.

—Tomaré el silencio como afirmación... Aqui está la solución para conseguir a mis dos ex-alumnos, a las Princesas y al joven guerrero que nos obstaculiza... Adelante, Denzel, Ivy, Zara... Aquí está mi elite—con esas palabras, tres individuos entraron a la sala tras de Aaron. Eran dos hombres y una mujer. El de nombre Denzel era un joven alto, de contextura fornida y pesada, no aparentaba más de veintiocho años, su cabello era negro y corto en mechones despeinados, y sus ojos eran negros con pupilas amplias. Su rostro era atractivo aunque marcado con amargura, su quijada cuadrada con mandíbula apretada, grandes ojeras oscuras se marcaban en sus ojos, y lo más llamativo, era que como Warren, tenía tres piercings intra tabique, tal como los de Warren. Su aspecto era sombrío e indiferente, totalmente desafectado y frío.

El de nombre Zara era un hombre adulto de unos cuarenta, de porte algo delgado, pero atlético y notablemente fuerte. Sus ojos eran de una tonalidad amarillenta, su piel tostada era opaca, sus facciones eran gruesas. Lo más curioso de él era los innumerables tatuajes en la totalidad de su piel, al punto de ser repugnante y excéntrico, con una mirada cínica y humorísticamente oscura, inquieta y violenta.

La tercera de nombre Ivy era una chica no mayor de veinticinco, despampanante y pomposa, coqueta y mortífera de cabello carmesí. Sus ojos eran verdosos azulino con una mirada entre sus tersas pestañas con lujuria y coquetería. Sus curvas eran infartamtes y extremadamente notables y amplias. Pese a su porte tan femenino y fatal, se notaba excesivamente violenta, peligrosa y sádica, relamiéndose los labios pintados de rubí de ves en vez y su cabello recogido en una trenza. Los tres guerreros recién llegados se pusieron en fila a un lado de Aaron, sin decir palabra. Pero los Caballeros no terminaban por asimilar la estampida de sucesos. Los oficiales reconocieron de inmediato al trío, eran guerreros desertores de sus Clanes...

—Por supuesto que no... ¡Maldito poco hombre cobarde, usted mató a su Majestad! Hicimos un juramento, usted Warren, juró lealtad a Hyrule... Y ahora la está violando, merece la muerte—

—¡Esto es inaceptable... Usted ha sido la verdadera causa de las desgracias en nuestro pueblo! Es una desgracia—

—Prefiero morir antes de ser parte de una blasfemia como la que acaba de dictar... No hay discusión, usted pagará por sus crimenes—

Espetaron sólo tres caballeros... Y estos se quedaron sorprendidos al ver que el resto se quedaba en silencio... Sólo Tres caballeros aún tenían el honor para rechazar la maldita oferta de Warren de gobernar ellos y dejar de ser subordinados... La libertad de Hyrule se desboroba en instantes.

Los tres Caballeros leales quedaron enmudeciedos al ver cómo sus hermanos estaban dudando del juramento y comenzaban a decidirse a favor de Aaron.

—¿Sólo tres en contra?—preguntó sarcástico Warren sonriendo de par en par. Antes de sacar de su cinturón tres dagas y lanzarlas sin la más mínima dificultad al mismo tiempo a los tres caballeros, que ni pudieron reaccionar antes de que las cuchillas se clavaran en sus cuellos y los matara en el acto desangrándose al caer al piso.

—Ustedes tres, tomen los ropajes de los Caballeros que... "Renunciaron". Tomarán todo de ellos, linaje, puesto, guarniciones, dominios y riquezas. Y si me lo permiten caballeros... Muy pronto les daré sus presas que cazaran para mi. Yo seré la autoridad aquí. Sirvanme y serán reyes y nobles sobre Hyrule. Si no, lo último que verán será mi espada. ¿Objeciones?—expresó directo y mordaz Aaron, dándole a Denzel, Ivy y Zara el lugar de los tres oficiales que asesinó como si nada, sonriendo con su usual arrogancia y elegancia enfermiza...

Hyrule había caído.


Habían transcurrido cerca de dos días de recorrido entre las arboledas del Bosque perdido. Los Héroes seguían a paso firme hacia la aldea que estaba remotamente oculta entre los árboles de miles de años de antigüedad. Ya estaba cerca de anochecer, y en ese momento, estaban pasando por un pequeño clero plano de césped. Ajenos a lo que ocurría en la capital.

—Debemos detenernos, la luna llena ya es esta noche. La neblina no nos dejará ver entre el camino—intervino Zylia, con tono serio nada usual en ella. Pero era cierto, en luna llena, por una misteriosa razón, la neblina era más espesa de lo normal.

—No nos vamos a detener hasta que lleguemos a la Aldea—espetó ácido Aedan quien dirigía el grupo por el camino estando alerta.

—Lo haremos, Aedan. No nos podremos orientar y sólo perderemos más tiempo si nos extraviamos. Peor, podríamos caer presa de espíritus...—enfatizó Impa con su usual tono firme y autoritario. Link, Zelda y Zylia abrieron desmesuradamente los ojos al ver que se dirigían palabra luego de tres días. Aedan se frenó en seco, dándole la espalda a la Sheikah.

—Si fuera una de tus pupilas comprenderías, pero como no es nada tuyo no te importa holgazanear —reclamó arisco y violento el arquero, dirigiéndole la palabra a, sí, Impa. Mientras se daba un cuarto de vuelta y la miraba de soslayo con frialdad. Link estuvo a punto de intervenir, pero Impa se le adelantó.

—¿Y si morimos por insensatos? ¿Quien salvará a la chica? Deja de ser obtuso, si caemos, ella cae con nosotros. Y claro que me importa, me salvó la vida y hacer lo posible por rescatarla es lo menos que puedo hacer—Ni siquiera pudo pasar ni un instante.

Aedan se había armado con el arco y tensó una flecha apuntándola al cuello de Impa acortando la distancia entre ambos para dispararle a quemarropa, mientras que Impa ya había sacado su Dadao, y la apoyó en el cuello de su ex compañero. Al mismo instante y agilidad ambos estaban amenazando la vida del otro. Si alguno se movía, morían ambos.

—¡AEDAN!—Link dió un grito mientras que rápidamente daba un tajo con su espada cortando a la mitad la flecha que tenía en el arco, inutilizándolo, mientras que empujaba a su maestro para detenerlo.

—¡Es una traidora!—reclamó enfurecido el arquero.

—Somos sus aliados, estamos de su lado y queremos tanto como usted salvar a Saria. Pero si vuelve a atacar a Impa o a cualquiera, creame que no podrá contar esa historia—espetó con frialdad Zelda, interponiéndose entre Impa y Aedan.

—Este es el colmo. No hay discusión, esperaremos a que pase la Luna llena antes de seguir avanzando y poder ir por Saria. Y tú...—señaló Link a Aedan como si fuera un niño.—Contrólate. Recuerda, medio para un fin. Una vez que todo esto acabe tú y yo nos iremos a los bosques y ellas al castillo, fin de la historia. Jamás las volveremos a ver ¿Contento?—ordenó serio y determinado Link, sorprendiendo con su tono severo. Aedan chasqueó la lengua y malhumorado se alejó unos pasos hasta echarse en el césped, sentado. Pero las palabras de Link incomodaron a Impa, y en especial a Zelda... ¿No se volverían a ver...? Lo dijo con tanta convicción, y determinación. Una terrible opresión invadió el pecho de Zelda.

El silencio se había vuelto el usual diplomático entre los guerreros... Todos acabaron por decidir acampar ahí, en ese clero del Bosque. La tensión era casi palpable, miradas incómodas y penetrantes.

Se habían preparado, sacos de dormir, municiones, armas, equipaje e infinidad de aditamentos para el viaje tomados del mini almacén que tenía en la casa del árbol. Impa había mejorado notablemente estando ya a su óptimo estado, aún así la mantenían en observación.

Llegado la hora de dormir, decidieron al azar quien sería el primero en hacer guardia durante las primeras dos horas. Y salió Link. El susodicho se equipó, mientras que el resto, al rededor de la fogata y con distancia entre ellos, se acomodaban a dormir para reposar sus fatigados cuerpos.

Link fue a uno pequeño árbol en el límite del clero, donde se sentó para estar alerta.

Sin embargo, en una de los sacos de dormir alguien se movía inquieta. La Princesa Zelda no lograba conseguir comodidad, o conciliar el sueño. No es que estuviera incómoda, aunque comparado a lo que estaba acostumbrada, el sacó no estaba tan mal, eso no la hacia descansar... Pensaba y pensaba, indagando en la infinidad de sus dilemas.

"Jamás las volveremos a ver"

Esas palabras habían dejando una enorme perturbación en Zelda. No sabía el por qué, no se conocían, era extraños uno del otro... Pero le llamaba la atención ese joven, el hijo de los Wyhert. Uno de los pocos que podrían (o eso creía ella) comprenderla. Pero no era así.. Era un guerrero. Suspiró, mirando turbada con sus preciosos ojos hacia la infinidad de los cielos adornado por los luceros. No quería, por alguna razón, que las palabras del joven se cumplieran... No entendía por qué. Dió un agudo gruñido de fastidio, y pensó en hacer una de las mayores locuras que se le pudo ocurrir en toda su vida...

No meditando en lo que haría, salió silenciosa del saco de dormir, sin despertar al resto, se acercó a Link, mirándolo mientras caminaba hacia él, el joven estaba cabeceando del cansancio. Lejos de alertarle, verlo así le causó cierta ternura a Zelda. Sacudió inmediatamente esa atrevida idea.

—Héroe...—murmuró Zelda con su usual tono dulce y bajo. Link dió un gruñido alarmado abriendo los ojos de par en par y llevando su mano a su Espada de forma insconciente, ni se había percatado que Zelda se le acercó.—¡Tranquilo! Tranquilo... Soy yo—dijo Zelda haciendo señas de disculpa por asustar a su compañero.

—Dis-disculpe Princesa. Sólo descansaba los ojos. Y perdone preguntar pero ¿Por qué no está durmiendo?—preguntó Link tosiendo levemente y claramente sonrojado al ver como Zelda se inclinaba y se hincaba para quedar a la altura del joven. A Link se le enredó la lengua mirando con fascinación bobalicona a la Princesa. Esta sonrió de medio lado, aunque algo apenada.

—No podía conciliar el sueño... Y decidí, no lo sé, hacerle algo de compañía, dos horas sólo no ha de ser agradable—Se escusó la Princesa. Bien sabía que esa no era su única intensión. Link se sorprendió ante esas palabras.

—He estado semanas sólo, un par de horas no me hará daño... Pero, si, me encantaría su compañía—dijo Link, aún extrañado, pero complacido.

—Gracias... ¿Sólo durante semanas?—preguntó curioso la Dama, sentándose con su usual elegancia, en el suelo, a un lado de Link.

—Pues si. En los bosques, no hay muchos con quienes hablar—respondió Link rápidamente, continuando nervioso la conversación. Habían hablado los últimos días. Tenían más confianza entre ellos, aunque fuera un poco más.

—Entiendo... Quisiera hacerle una petición, si no es una molestia...—dijo extremadamente bajo y algo apenada Zelda... Pero había pensado bastante en la petición, y necesitaba hacerla. Link la miró extrañado, lo que hizo quy la Princesa se apenara aún más.

—Digame—respondió curioso Link. La joven era realmente un cofre de misterios.

—Yo... Necesito, debo aprender a manejar el arco y flechas, pero nunca recibí instrucción. Desearía saber si es posible que usted me enseñe, aprender sobre la marcha.—pidió Zelda desviando la mirada. Link casi se le desorbitan los ojos ante la petición de la joven.

—Pero... ¿Por qué? Ósea usted es hechicera... No creó que sea útil aprender arquería —dijo confundido Link, no comprendiendo a su compañera. Era algo absurdo la verdad.

—Está bien, si no quiere enseñarme...—dijo desilusionada la Princesa, algo indignada y levantándose, pero Link la detuvo.

—¡Espere! No dije que no... E-está bien, le enseñaré... ¿Está segura de esto?—preguntó Link, accediendo, extrañado y matándole la curiosidad. ¿Para qué quería aprender arquería?.

—Más que segura ¿Y cuando iniciamos?—preguntó determinada la Princesa.


Habían decidido iniciar de inmediato. Estando en plena guerra, lo mejor era iniciar cuanto antes a instruir a la Princesa, y teniendo unas horas libres (Zelda le tocaba la segunda ronda de guardia) decidieron apartarse un poco del resto pero desde donde pudieran verlos, hacia unos árboles. Link comenzó con lo básico al enseñarle a la joven. Debido a la circunstancias Link decidió que Zelda usara por los momentos su viejo arco que estaba adecuada a su medida, ya posteriormente buscarían un arco a la medida exacta de la Dama. Con algunas antorchas, y con un blanco tallado en un tronco, estaban practicando.

—En la Arquería es muy importante la respiración. Mientras más quieto esté nuestro pulso, más fácil y preciso será el disparo... No, no debe pararse así...—dijo Link a un lado de Zelda, quien estaba de pie firme, con un arco de madera en su mano derecha, tensando la cuerda con la otra, y de pie y posicionada en la forma correcta, sin embargo, tenía algo mal en su posición.

—Flexione un poco... Tense el abdomen, dará estabilid...—Link no pudo terminar, los colores se le fueron al rostro violentamente al ver que estaba tomando de forma descarada y atrevida a Zelda por el estómago desde atrás y con la otra mano su cintura, indicándole de forma muy interactiva como posicionarse. Ni se percató que sus manos se movieron, fue por inercia, un movimiento insconciente, no supo por qué lo hizo, sólo lo hizo.

Zelda también se sonrojó violentamente, su pálida piel estaba como un tomate maduro. Pero lo que más la asustó fue la respuesta de su cuerpo, su piel se erizó cuando tocó su perfecto y delgado abdomen, y en vez de dar un grito y separarse violentamente, un suspiro escapó de sus labios... Definitivamente algo no andaba bien. Link esperó una bofetada, cerrando los ojos... Pero nunca llegó.

—¿Así?—preguntó Zelda acatando la exhortación del Héroe, deseando hacerse la vista gorda del incómodo silencio y contacto que hacia unos instantes había sucedido. Ambos decidieron fingir que no pasó nada, más que todo por el bochorno... Link arrancó las manos de la zona de peligro.

—Así. Ahora, suelte al mismo tiempo los dedos de la cuerda—Indicó Link, notablemente acalorado por la situación... Necesitaría una decena de duchas de aguas heladas para bajar el calor de su cuerpo. Había disfrutado tal contacto, la cintura estrecha y fina, exquisita. Y dió una patada a esos pensamientos desquiciados. Sentía que no era la primera vez que la tocaba... ¡Pero si nunca había tocado una mujer en su vida! Veintidós y virgen, patético, a palabras de Aedan.

Zelda trató de dejar a un lado su bochorno, y el enorme torbellino de sensaciones, fallando rotundamente. Trató de agudizar su vista mientras se preparaba para disparar. Cerró delicadamente un ojo, afinando la puntería, calmó sus temblorosos miembros, respiró suave y muy lento, suspiró sacando todo el aire de sus pulmones, mientras se preparaba para lanzar.

Lo siguiente que sonó fue un silbido en el aire de una flecha, y como se clavaba en la madera. Ambos jóvenes miraron al tronco al que Zelda apuntó, y quedó notablemente fuera del blanco.

—No comprendo como ustedes pueden hacerlo...—murmuró frustrada la Princesa mirando de mal humor a la flecha que disparó.

—Aedan lo hace parecer fácil. Toma tiempo, pero como toda arte se logra con esmero. Le felicito, en mi primera clase casi me clavo una flecha en un ojo, usted al menos la clavó en el objetivo—dijo divertido Link, encomiando a su alumna. Y agradeciendo a las Diosas que su atrevimiento no pareció importarle a la chica... Cuando no sabía el infierno que desató dentro de ella. Zelda no pudo contener una pequeña risa por las palabras de Link. Y ese sonido no pudo evitar que le hiciera sentir complacido, al ver sonreír a la Princesa. Se quedaron mirándose uno al otro con intensidad. No comprendían el por qué, sólo se clavaban las miradas uno sobre el otro, como un ciego mirando por primera vez el mundo.

—Sir Link... Creo que cometeré la mayor imprudencia de mi vida, pero ¿Puedo preguntarle algo? Si no es de mi incumbencia, puede decirlo—interrumpió Zelda el ensimismamiento, que dejó perplejo a Link. Este asintió, algo nervioso por la mirada celeste de su compañera.—¿Por qué nunca volvió a Hyrule, luego de... Lo de su familia?—La pregunta le cayó a Link como balde de agua fría. Se había jurado que nunca revelaría tal cosa... No deseaba decírselo a nadie, deseaba llevárselo a la tumba. Estaba entre la Espada y la pared, y no sabía que contestar. Finalmente decidió, decir la verdad, a medias. Sin comprender el por qué, podía decirle que no hablaría de eso, pero le urgía, necesitaba decírselo, a ella. Sin comprender por qué.

—Deseaba... Huir, no recordar mi pasado. Iniciar de nuevo, en donde nadie me conociera, ni me señalara como víctima... Lo sé, he sido un cobarde, de seguro el Clan de mi Padre ya se extinguió porque jamás regresé y me creyeron muerto...—expresó Link, para luego suspirar, desviando la mirada. Zelda sintió una gran conmoción, oyendo tales palabras, comprendía a la perfección el sentir de su compañero.

—No fue cobardía. Era comprensible, pasó por demasiado...—Zelda quería preguntar más, pero se notaba que Link había hecho un enorme acopio de fuerzas para decir sólo esas pocas palabras. No abusaría.

—Me toca a mi preguntar. Si me lo permite, majestad ¿Por qué no quiso acabar con los subordinados de Aaron?—Ahora a la que le había caído un balde de agua fría fue a Zelda. Y la pregunta fue justificada, aunque le pareció atrevida, no le molestó, aunque si incomodó, pero más por la respuesta, no porque Link hubiera aprovechado para interrogar. Ella había hecho una pregunta personal, lo menos que podía hacer era responderle. Aaron y sus hombres perfectamente merecían morir, eran hombres inservibles y ruines.

—... Por Aaron... Él le tiene un nulo respeto a la vida de cualquier ser. Mata sin remordimiento, la vida no vale para él. No quiero ser ni lo más remotamente cercano a un ser como él. Considero sagrado el don de la vida, y ninguno de nosotros, ni siquiera con la supuesta razón de hacer justicia, tiene derecho de acabar con la vida de otro. Pero ¿Por qué usted le impuso a Sir Kyarat el que no hubiera bajas a pesar de que no estaba de acuerdo conmigo?—Zelda dió directo en el clavó, derrumbando toda defensa del pobre rubio. Este se puso como un papel, atorado en sus palabras.

—Eh... Bueno... Yo... Usted... Digo...—balbuceaba Link con un desastroso aplomo al verse descubierto. Apoyó a Zelda en eso, sin tener razones, cuando deseaba matar a Aaron y a los suyos... Y no sabía por qué lo había hecho. O más bien si sabía pero le apenaba la respuesta. Lo había hecho por ella.

—Gracias, de verdad.—agradeció Zelda sincera, aunque sonriendo ante los balbuceos de Link. Al oírlo le vino algo a la mente, algo que la incomodaba. Su lengua trabajó sin consentimiento de su mente:—Sir Link... ¿Podría llamarlo sólo por su nombre?—y al decir esas palabras Zelda deseó ser tragada por la tierra ante esa petición. ¿Quien se creía que era? Pensó Zelda. Pese a la formalidad con la que Link se dirigía a ella, se notaba que él era genuino, amigable y sincero. No buscaba su favor o adularla, sólo era un joven, hablando con otra joven.

Link creyó que los oídos le fallaron al entender esa petición, arrugó el ceño de extrañeza, mirando a la Princesa, su semblante gacho de vergüenza confirmó que había oído bien. Sin explicarse el por qué respondió con una parte de si que tenía sepultada.

—Por supuesto... —dijo apenado Link, ante la enorme demostración de confianza que estaba recibiendo.

—Entonces, Link, puedes dejar de llamarme por títulos, sino por mi nombre, por favor —pidió animada Zelda, había recuperado su semblante iluminado por la respuesta de su compañero, frente a frente. Tenas como siempre, la Princesa exigía que la tutearan. Link puso una cara de torpe al ver el extraño giro que había tomado la conversación que habían iniciado. ¿Cómo acabaron así?.

—Claro que no, no puedo faltarle de esa forma alteza—dijo espantado Link.

—Ahora lo último que importa son los títulos... Si cumpliremos esta misión, al menos quiero liberarme de esa carga por ahora.—insistió Zelda de nuevo, no dispuesta a dar su brazo torcer.

—No Princesa, no puedo—Se negó terco Link. Zelda lo miró con ceño fruncido, luego miró el tronco con el blanco... Su arco y flechas, y se le ocurrió.

—Solucionemos esto diplomáticamente. Si acierto en el blanco desde aquí, ocho metros ¿Accederá a mis demandas?—ofreció Zelda, con su tono cordial. Parecía que estaba acordando un tratado o alianza económica.

—Ja... Si claro—dijo Link sarcástico, sonriendo con sorna ante la oferta. Zelda lo miró pícara, y tomó su arco. Ante la mirada incrédula de Link, tensó el arco elegante y perfecta, con rapidez poniéndose como Link le enseñó. Apuntó al blanco, agudizó la vista, respiró profundo, tensó su abdomen... La flecha salió disparada. Pero los ojos de Zelda se iluminaron de dorado, y una estela de luz rodeó la flecha en el aire, guiándola al blanco del tronco. Con la magia Zelda había eliminado su problema de puntería. Link quedó con la boca abierta.

—¡Pero eso fue trampa!—reclamó Link como niño pequeño a quien le hacían treta en un juego.

—Nunca especifiqué que sería sin magia... Link—dijo complacida con clara picardía la Princesa, mientras que comenzaba a caminar victoriosa para alejarse.


Entre las absolutas tinieblas del Templo del Bosque, una pequeña figura se mantenía de pie, una joven chica poseída por el más oscuro y excéntrico de los demonios. Ante ella, había un ejército de seres malditos, entes demoníacos y oscuros.

—Vayan... Traiganme las cabezas que puedan...—susurró melodiosa y enfermiza la voz de Saria, al unísono con la demoníaca de Tarak, para que luego las tropas obedecieran la orden retirándose directo a su labor de matanza...


Comentarios Finales:

Para comenzar ¡Feliz 30 aniversario de The Legend of Zelda! Un hermoso aniversario a la saga más espectacular y magnífica de todas. Todos los juegos tienen una historia, pero sólo una es leyenda.

También les agradezco a todos los que han comentado, seguido y dado a favorito! Esperohaberlos complacido con mi escrito.

Nos vemos el próximo Domingo queridos ^^ Adiós.