¡Saludos!
Cada vez que pienso en Kendrah, escucho la canción "When it comes" de Incubus para inspirarme a convertir mis palabras en las de ella. es difícil ponerse en los zapatos de cada personaje, pero la música ayuda.
En este capítulo Kendrah le pregunta algo a Marina que me intrigó mucho cuando vi recientemente Reyearth (de nuevo). Cuando tenía 14 años no me dí cuenta de ello.. pero con los años... uno se fija en otras cosas...Me cuentan si ustedes también pensaron alguna vez en eso.. y en lo manipulador que puede verse, o si eres una Guerrera Mágica...en cómo te puedes sentir.
Estamos muy próximos al desenlace... eso me pone triste y feliz a la vez :P
Gracias por leer.
IRONÍA
Su poder había crecido con los siglos. Era inmortal. (Que suerte, que suerte)
Kendrah le había dicho que no deseaba luchar en contra de las guerreras mágicas. (Aún estaba sentimental, mi niña de fuego)
Pero que él se enfrentara a ellas era una historia muy diferente. No me dijiste que las querías vivas…
Que bonitas eran… tan llenas de vida, tan susceptibles a la muerte. Miró a la guerrera de fuego, con su cabello pelirrojo. Estaba muy sorprendida. Seguramente no esperaba ver a su genio en manos de otros. Nadie lo esperaba, por eso era tan maravilloso… él era el artífice de todo esto, a él deberían agradecerle que no tuvieran que volver a este mundo nunca más… jijijiji y que no tuvieran que irse… los muertos se quedan se quedan
- Guerrera de fuego… ¿qué pasó? ¿Decidiste que eras demasiado buena para el Plateado?
Sorpresa, confusión…bien, bien, jejejeje, sigamos…
- ¿No te gustó la visita de tu espadachín y por eso te devolviste para Céfiro? ¿O sería posible que no se encontraran? No me culpes, no me culpes, lo envié a Japón, no al Brasil jajajajaaja
- ¿Latis? ¿Usted envió a Latis a la Tierra?
Bien, bien, sigue hablando, -iinteligennnte- se está distrayendo… si ella que es la más poderosa se distrae… ella que fue el pilar…
- ¿Me dejó saludos? No debió, muy formal, es parte de su carácter tan expresivo jajajaajjaa. Guerrera mágica, ¿no deberías estar con tu Plateado en vez de estar acá con la boca abierta? Hizo tanto, renunció a tanto… pobre pescado plateado.
Sus ojos…ah…lo vio. Perfecto. Un poco más
- Y solo por ti… por ti, guerrera mágica, es que estamos acá. Gracias a lo que él me entregó para llegar a ti, es que han muerto –sonrió- tantos
Le tiró a sus pies la cabeza que le había prestado Kendrah. Excelente recuerdo que habían traído de sus vacaciones.
Rodó hasta ellas dando tumbos sangrientos. Al ver sus caras, no aguantó más y comenzó a reír. Entre su jolgorio, escuchó como la pelirroja gritaba el nombre del que había llevado aquel miembro sobre sus hombros (¿Ráfaga? Que nombre tan absurdo… no había sido muy rápido eh? EH? Jajajajaja) y se desplomaba en el suelo. Las otras dos se congelaron en sus pies, y comenzaron a llorar, temblando un poco, sin darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor.
Ahora, mi Kendrah
Kendrah le escuchó, pues bajó de su genio con rapidez para ingresar al castillo. Sin embargo, la guerrera mágica del viento se dio cuenta y sacó su espada. Quieta, cariño, quieta.
Una guerrera del viento no podría detenerle. Extendió su mano nudosa de uñas negras y lanzó su magia hacia ella. Pero ella le vio y trató de defenderse a sí misma y sus compañeras con un hechizo protector, que funcionó por un momento, pero afortunadamente Kendrah interrumpió su concentración pasando su espada muy cerca, cortándole el brazo un poco. Su amada siguió la ruta hacia el encuentro del sucesor.
¡Sangre!
El viento protector amainó y su conjuro pasó hacia las tres guerreras que se estrellaron contra las paredes de la entrada del castillo con quejidos sonoros ¡delicioso!
¿Habían derrotado a Zagato? ¡Débil!
Parece que les había enojado. La guerrera de fuego hablaba, le preguntaba con furia, pero no quería escucharla. Muerte, muerte, escuchen como redoblan las campanas. Ding Dong Ding
Atacó de nuevo, y ellas también.
Sangrarían
¡ AYÚDALE!
- Debemos separarnos –dijo Lucy-
Tenía los ojos húmedos aún. Marina sentía cuánto le dolía todo aquello a su amiga. El alma de Lucy gritaba dentro suyo, llena de culpabilidad y desespero. Oh Lucy…
Resistían los ataques de ese tipo con dificultad. Era muy fuerte. Ella estaba en contra de lo que le estaba diciendo Lucy, pero también sabía que tenía mucha razón. Aquella niña terrible de cabellos oscuros y mirada asesina había entrado en el castillo. Debían proteger a sus amigos
- Marina, debes ir –asintió Anaís, solo para que la escuchara ella- Guruclef y los demás corren un grave peligro. No… quiero que les ocurra lo mismo que a Ráfaga. Y si yo me voy de acá… Lucy está muy afectada. Primero Latis y ahora…
Rafaga… aún veían aquel bulto en el suelo. Era espantoso. Caldina…
- Iré
Lucy la volteó a ver sin sostenerle la mirada
- Dile a Gurucleb… dile que yo…
- Lucy, nada de esto es tu culpa, enfócate en derrotar a ese hombre loco.
- Si – dijo con un hilo de voz-
Salió corriendo. El hombre se dio cuenta lo que pretendía y le atacó directamente, pero Lucy se interpuso con su magia, dejándole el paso libre.
Corrió, dejando a sus amigas atrás, adentrándose en el castillo. No dejaría por nada del mundo que esa asesina usurpadora, remedo de guerrera mágica dañara a sus amigos… o a Guruclef.
La tenía cerca, pues una ola de fuego se le vino encima de pronto. Usó su magia para pararlo… muy fuerte, incluso más que aquel tipo… no debería subestimarla.
Siguió adelante y la encontró cerca del salón principal. Se había detenido y tenía la mirada en el suelo. Su cabello era muy largo, más que el suyo. Negro como la noche. Le aterraba su postura. Se dejaba caer un poco… con los brazos a sus lados, con la espada desenvainada y sucia en la mano derecha con la punta hacia el suelo. Llevaba un vestido muy parecido al de Lucy cuando convocaba a Reyearth.
Parecía como si llevara una carga muy pesada en su espalda. Su cabello se le venía a la cara y le cubría la expresión. Toda ella estaba manchada en algunas pares de sangre… en la cabeza, en sus ropas, en las piernas, brazos. Sin embargo, estaba intacta. No era sangre de ella la que le manchaba el cuerpo.
- Aléjate – le dijo con voz cavernosa-
- No lo haré
- Te pareces a Alda, tan impetuosa… eres la guerrera del agua ¿verdad?
- ¿Quién eres tú?
- Soy Kendrah, una antecesora de ustedes. No deben preocuparse más. Yo las liberaré de esto.
Su voz era amable en esta última frase, muy diferente a cómo antes le estaba hablando. Dudó un poco, pero no debía confiar.
- Soy Marina. ¿Por qué estás haciendo esto?
GuruClef apareció detrás de Kendrah. Marina temió por él de forma instantánea al ver como cambiaba la expresión de la guerrera.
- ¿Qué es lo que quieres?, ¿de dónde provienes? ¿Cómo es que estás comandando a Reyearth? – le preguntó con el báculo presto para responder algún ataque-
Kendrah se volteó lentamente. Era espeluznante ver sus movimientos. Era como una muñeca de cera.
- Tu eres Clef – afirmó con la misma pavorosa voz que había oído antes-
- Si. Mi nombre es GuruClef
- Marina… dime algo… ¿GuruClef les dijo cuando se vieron con él la primera vez que para "salvar" Céfiro debían asesinar a su pilar? – le dijo volteando su cabeza brevemente. Sus ojos destellaban furia y tenía una mueca formándose en su boca-
La tomó desprevenida. Su mirada se cruzó con la del Guru por un momento
- El… -empezó-
- Lo suponía. Lo veo en tu rostro. Nunca les conviene decirlo.
Kendrah atacó el hechicero rápidamente. Al tiempo que le enviaba su magia saltó y se colocó a sus espaldas. GuruClef formó un escudo a su alrededor de él y de Marina.
- No te servirá. ¡Aprendí algunas cosas! ¡Morirás Kabura!
- ¿Kabura? –dijo GuruClef con reconocimiento en su voz-
Desplegó un hechizo que Marina no había visto. Hasta ahora su magia era muy parecida a la que usaba Lucy, pero esto…
Agujas de fuego se filtraron por el escudo de GuruClef y se convertían en filosos carbones de piedra al contacto con el escudo… y con la piel del hechicero. De inmediato desplegó su propia magia al ver que no sería capaz de parar aquel ataque y salir ileso. Pero Kendrah era muy hábil, y le esquivó con facilidad. Paró un momento para ver cuánto daño le había causado a su Clef. El estaba levantándose apenas, y tenía una fea herida en su brazo izquierdo.
- Esa magia… es muy.. –dijo él, sosteniéndose de su báculo-
- Antigua… como yo –respondió Kendrah- prepárate a morir, hechicero de cabello morado.
- No lo permitiré –gritó ella con fuerza- ¡no permitiré que le hagas daño!
Guruclef la miró… y … la vio. La vio realmente. Sus ojos cambiaron de expresión. ¿Lo supo?
- No quiero pelear contigo Alda –gimió Kendrah, con voz gentil-
¿Qué le ocurre? Le dice Kabura a Guruclef, y a mí me llama Alda
- Pero si tengo que hacerlo para terminar con esto… -continuó con furia-
Kendrah cargó hacia Marina con su espada. Muy muy fuerte. Pero no estaba usando magia. Cada golpe y arremetida de esa guerrera debía bloquearla con ambos brazos para que la espada se sostuviera y lograra hacerle frente. La energía oscura que alimentaba a esa letal guerrera crecía a cada momento, pero su propio deseo por salvarlo, por ayudarle, por… ser alguien más para él, también empezaba a fortalecerla.
Y entonces… lo logró. Le hirió en uno de sus brazos. Kendrah se sorprendió tanto como ella y paró su ataque. Detrás, Guruclef aprovechó para lanzarle un hechizo para retenerla, pero se dio cuenta, y lo bloqueó con furia, con un escudo convocado desde sus manos.
Kendrah se irguió y pudo ver claramente su cara. Era hermosa… pero un enorme odio le recorría entera. Sus ojos eran como los de un lobo antes de lanzarse sobre su presa.
Marina vio con desespero cómo la piel del brazo de Kendrah se curaba y no le dejaba una sola marca.
- No puedes hacerme daño. Ya morí una vez.
CERRAR
Estaba agotado, pero no podía dormir. Para ese momento sería de noche, pero el cielo seguía brillante, detenido como todo lo demás. El tiempo solo pasaba para los que estaban en esa casa.
Había pedido a su Tío que le prestara el libro, y lo había estado ojeando.
Después de todo no tenía poderes como Superman. Sus habilidades no le servirían para impresionar a nadie. No le habían servido a su padre para detener el hechizo que el mago le había impuesto. Entonces, ¿cuál era el objetivo de todo? Estaba sentado en el patio, en una de las bancas cercanas a una pequeña fuente, cuando Darren Colt se le acercó.
- Eric, ¿puedo sentarme?
- Sí.
- Eric, la razón por la que trajimos al Cefiriano, es para que nos ayude con algo. Por eso necesito que seas muy prudente
- ¿qué quieres decir?
- Necesitamos cerrar los portales
- ¿Cerrarlos? Pero si los cerramos, él no podrá volver… y las guerreras mágicas…
- Lo sé, es un pequeño precio a pagar. Pero piensa Eric. Amati es muy poderoso, y Kendrah es inmortal. No pueden matarla. Puede que las guerreras mágicas no vuelvan. Cuando ellas mueran, el hechizo que mantiene al mundo congelado se detendrá y podrán abrirse otros portales. Estoy seguro de que Kendrah querrá volver a su hogar, y cuando lo haga, acabará con todo. Esa es la razón por la que Amati en un principio deseaba controlar todos los portales en Céfiro. Debemos cerrar los portales antes de que eso ocurra.
- Das por sentado que Céfiro se destruirá, ¿no es así? ¿No crees que es un poco hipócrita de tu parte, siendo quien eres? ¿descendiente de Guardián? – le espetó con furia-
- Eric, no entiendes. Ahora lo que debemos proteger es este mundo, nuestro hogar.
- De nada sirvió el sacrificio de mi padre, que inútil…si el mago logró volver por las piedras. ¿Dónde estaban todos? ¿Escondidos debajo de una piedra? Cobardes…
- No tienes ni idea a lo que te enfrentas – dijo Darren Colt sin perder la paciencia- nosotros sí. Es por eso que decidimos sacrificar al Cefiriano
Se levantó de golpe. ¿Qué demonios estaba diciendo?
Darren Colt continuó sin inmutarse, y le explicó el plan.
Para Eric tuvo mucho sentido.
