Cualli Tonalli!!

Hola!! Aquí se responden las preguntas sobre el pasado y la conexión que hay entre Wyrda y Fernaid

Yugioh, ni sus personajes y ninguna de las ideas del Oricalcos son mías, sino que pertenecen al gran kazuki takahashi.

Y sin mas les traigo los capitulos:

Capitulo 14

El ultimo día había llegado, y los guerreros lo utilizaron para poder entrenar un poco antes de la pelea, el tiempo paso con rapidez y la noche cayo provocando un vació que invadió a quienes participarían en la batalla contra Dartz.

Wyrda estaba sentada junto a la ventana de su habitación, el fuego de la chimenea daba una agradable calidez al cuarto, la chica miraba el cielo desde el gran colchón que utilizaba de cama, y todo lo ocurrido pasaba por su cabeza una y otra vez.

"¿Wyrda…?" Susurro una voz adormilada, al voltear su rostro vio a Mine incorporándose de su cama mientras perezosamente se tallaba los ojos.

"¡Ah! Mine lo siento ¿Te desperté?" Preguntó la chica mientras miraba a su amiga caminar hasta su colchón.

"No, no me despertaste" Respondió Minerva mientras se hincaba junto a su amiga que la miraba con una sonrisa "¿Ocurre algo?"

La pregunta hizo que Wyrda volviera la mirada hacia la ventana y asintiera con la cabeza, Mine la miraba en silencio y le pareció que era el momento justo para preguntarle algo que la había tenido confundida desde hacía mucho tiempo.

"Oye…Wyrda ¿Puedo preguntarte algo?" La voz de la chica sonaba algo insegura.

"Claro, Mine" Respondió la castaña mientras giraba su rostro y fijaba su atención en su amiga.

"yo quería preguntarte…" Mine bajo su cabeza mientras movía sus manos inquieta, Wyrda la miraba confundida "… ¿Quién es Fernaid y por que parece que tu y el…?"

"¿Nos odiamos?" Completo Wyrda mientras su mirada se volvía fría, Mine abrió su boca y al no poder decir nada, asintió con la cabeza, la castaña suspiro y tomando de nuevo el control sobre si, bajo la cabeza "Creo amiga mía…que es hora de que te lo cuente todo"

Wyrda se acomodo en la cama para poder ver a Mine de frente y coloco su mano en la cabeza de la pequeña.

"Te advierto que es una larga historia Mine" Una triste sonrisa se dibujo en los labios de la guerrera, más sintió como la pequeña le agarraba la mano.



"La noche es larga, Wyrda" una sonrisa alegre apareció en el rostro de Mine e invitó a su amiga a empezar.

"bien…" La chica sonrió y dirigiendo su mirada al fuego, se decidió a contarle todo a su mejor amiga.

"Cuando era pequeña, solía vivir junto con mi abuela, en una pequeña casita afuera del reino, yo amaba a mi abuela más que a nada en este mundo, ella era una persona realmente única, ayudaba a todos y sin importar que pasará siempre perdonaba a aquellos que le hicieran daño"

Wyrda sonrió cariñosamente al recordar a su abuela y Mine miraba atenta a la chica.

"Mine seguramente haz escuchado el nombre de: Yawë" La chica miró por unos segundos a su pequeña amiga, que pensaba en aquel nombre.

"¡Claro, es la primera mujer en llegar a ser guerrero legendario!" Exclamó Minerva mientras miraba asentir a Wyrda "Su nombre es mencionado en todos los escritos del reino, y tiene un monumento en el palacio ¿Por qué me lo preguntas?"

"Yawë, era mi abuela" Mine abrió su boca sorprendida, mientras Wyrda sonreía.



"Cuando tenía 6 años, llego un joven a nuestra casa, pidiéndole a mi abuela que le mostrara sus poderes, ya que el se estaba entrenando para ser guerrero legendario y deseaba ser el mas fuerte de todos.

Mi abuela se negó a enseñarle, pues podía darse cuenta de que ese chico solamente buscaba poder, aquel joven se molesto mucho y juró que algún día nos haría pagar…el nombre de ese joven era Fernaid"

Minerva escuchaba sorprendida el relato y miraba atenta las facciones de Wyrda, que se volvían poco a poco más frías.

"A los 8 años mi abuela falleció, dejándome sola; a pesar de que se habían ido llegaron todos aquellos que se hacían llamar sus hijos y me mostraron lo "mucho" que sentían no haber estado en contacto con nosotras… fue en esa ocasión cuando la oscuridad de mi corazón nació, ya que yo jamás los perdone y ahí conocí lo que es odiar"

De los ojos de Wyrda rodaron dos lágrimas que la chica secó con rapidez, más sin importar nada continuo su historia.

"A los 9 años, decidí unirme a los guerreros para poder ser como mi abuela y fue cuando todo comenzó…"

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Los árboles se volvían manchas verdes mientras corría por el bosque, saltaba con torpeza las raíces y charcos que la lluvia de la noche anterior había dejado.

"¡Tonta, eres una tonta!" Se gritaba la niña de doce años mientras se agachaba para no golpearse con una rama "¿Por qué me tengo que quedar dormida siempre?"

Abrió sus ojos sorprendida, no muy lejos de donde estaba podía mirar el final del bosque y un poco más lejos la torre del palacio, una gran sonrisa se dibujo en sus labios.

"¡Ya…ya voy a llegar!" Exclamo mientras con dificultad respiraba y aceleraba el paso, su cabello castaño sujeto en una larga coleta se movía con el viento.

La luz la cegó por unos segundos cuando salio de la masa de árboles que formaban el gran bosque y su sonrisa se incremento al ver el arco que permitía la entrada a los campos de entrenamiento de tercer nivel.

"¡Victoria!" Grito mientras reía, y comenzaba a correr nuevamente "Espero que aun no este el maestro"

Corrió con todas su fuerzas, pero olvido que la pradera no era estable, sus pies resbalaron no muy lejos del campo y para mantener el equilibrio solo pudo continuar.



"¡AHHHHHHHHHHHHH!" Gritaba mientras sentía que no podría detenerse con nada "¡CUIDADO!"

La mañana había estado bastante agradable, los pájaros cantaban y el sol brillaba con todo su esplendor, el chico abrió sus ojos violetas y suspirando pensó en el largo camino que lo había llevado hasta ahí junto con sus amigos, un chico castaño y uno rubio en quienes confiaba plenamente.

"¿Saben quien será nuestro maestro, en el tercer nivel?" Pregunto mientras interesado miraba como el castaño negaba con su cabeza, más el rubio sonrió abiertamente.

"¡Escuche que será uno de los del primer nivel!" Respondió emocionado mientras un brillo peculiar aparecía en sus ojos cafés, sus amigos miraron como con un aire de superioridad levantaba un dedo "Espero que sea él quien nos enseñe"

Al referirse a él, los demás ya sabían de quien se trataba y mirándose uno a otro no prestaron atención a la ya conocida platica de Soy su fan numero 1.

"Sea quien sea, superare este curso y me convertiré en guerrero de primer nivel" El castaño hablo determinado, mientras su fría voz estremecía a uno que otro entrometido en su platica.

"¡Debemos esforzarnos, será algo difícil!" Sonrió el de ojos violetas mientras pasaba su mirada por el lugar, debían ser al menos 12 o 13 los chicos que se encontraban ahí, todos con su razón y el sueño de ser leyenda.



"Además…" El rubio hablo casi en un susurro "…dicen que este curso será una matanza total, ya que son puros hombres quienes pasaron"

La mirada de sus amigos se volvió confusa, ellos habían escuchado un rumor sobre una chica que había aprobado el curso; pero en los alrededores no podían ver a ninguna mujer, así que…

"¡AHHHHHHHHHHHHH!" Un grito alarmo a todos, mientras buscaban al dueño de la voz, de pronto por el gran arco una silueta entró a gran velocidad.

"¡Voy a morir, voy a morir!" se repetía mentalmente mientras con los ojos cerrados esperaba algún impacto que la detuviese, y entonces lo sintió llegar.

Se había estrellado contra algo que se sentía extrañamente calido, se aferraba a él como si su vida dependiera de ello, el sonido de un palpitar la hizo levantar su cabeza confundida y toparse con un joven de grandes ojos violetas que la miraba sonrojado.

La chica abrió su boca sorprendida ¡Estaba viva! Eso era una alivio, giró su rostro para ver como muchos muchachos se acercaban hacía ella y a su desconocido salvador.

"¿Estas bien?" Escucho que le decía aquel extraño mientras soltándola la miraba fijamente provocando un leve sonrojo en su rostro.

"¡Si, muchas gracias!" Respondió dando vuelta, a su alrededor se formó un grupo de muchachos de su misma edad, que susurraban cosas inaudibles para ella, podía sentir sus miradas molestas y otras sorprendidas.

"Parece ser…" Dijo sin tomarles importancia "…que llegue a tiempo"

El chico miró a sus amigos sorprendido, el castaño observaba algo interesado a aquella joven tan rara; si se hablan de entradas sorpresivas ella seguro se hubiera llevado el primer lugar. Por su parte el rubio la miró con los ojos muy abiertos para después sonreír, este curso sería muy interesante.

"Disculpa" la castaña volvió su mirada al escuchar que le hablaban, el chico que la había ayudado se acercaba a ella lentamente, podía ver cada uno de sus rasgos, tenía un cabello muy extraño y sus ojos violetas la miraban sin comprender.

"¿Si, en que puedo ayudarte?" Respondió ella mientras ladeaba un poco la cabeza.

"¿Tu estas aquí para…entrenar?" Pregunto después de un tiempo en el cual había acomodado sus ideas, al hacer la pregunta la atención se centro nuevamente en la joven.

Con sus ojos violetas miro como la jovencita pestañeaba sus orbes cafés y riendo levemente asentía con la cabeza, haciendo que su cabello largo hasta la cintura se moviera con el viento.

"¿Si no fuera para eso, por que estaría aquí?" respondió divertida, mientras más murmullos llenaban el lugar, el chico sonrió mientras la veía inspeccionar el lugar con la mirada.



"Déjame presentarme…" Se acerco y extendió su mano hasta la castaña que lo miró asombrada "Me llamo Timaeus"

"Ellos son mis amigos Hellmos y Critius" Agregó Timaeus mientras señalaba a los demás, que la miraban interesados.

"¡Yo me llamo Wyrda, mucho gusto!" respondió la chica mientras estrechaba la mano del chico de ojos violetas, y miraba a los otros chicos que se acercaron.

Wyrda sintió un escalofrió al percatarse de la fría mirada de Critius y trago saliva con dificultad, después fijo su mirada en el chico rubio, Hellmos le sonreía alegremente haciendo que el miedo de hace un rato desapareciera.

"¡Y gracias por salvarme!" ambos se sonrieron divertidos.

De pronto sonidos de gritos entusiasmados llamo su atención y confundidos miraron como todos los chicos se arremolinaban contra la entrada, se acercaron seducidos por la curiosidad y a lo lejos vieron llegar a su maestro, un guerrero de nombre Fernaid.

Wyrda abrió sus ojos reconociendo a aquel sujeto, a pesar de ser pequeña podía recordarlo con claridad, era aquel joven.

"Yo seré su maestro del tercer nivel, mi nombre deben conocerlo ya muy bien" Fernaid se pavoneo arrogantemente por entre los chicos que lo miraban 

como si de un dios se tratara, Wyrda y Critius bufaron al mismo tiempo exasperados, para que después de mirarse sonrieran a su manera.

"les enseñare a usar magia, para que algún día puedan usar sus poderes en algo productivo y…" Fernaid clavo su vista en Wyrda que lo miraba fijamente, poco a poco la reconoció, recordó haberla visto en casa de aquella mujer, el rostro de aquel sujeto se vio deformado por ira contenida.

Lentamente se acercó a la chica y sonriendo de manera irritante le acarició la cabeza "¿Puedo ayudarte en algo?"

La pregunta desconcertó a más de uno, el largo cabello de la chica se soltó al contacto de aquel sujeto, Wyrda abrió sus ojos confundida mientras encaraba a Fernaid

"¿Disculpe?" Preguntó algo ofendida, pero con una gran confusión.

Fernaid se mordió el labio molesto mientras alejándose de ella, miraba a los muchachos presentes que serían de mucha ayuda "¿Podrían decirme que hace una mujer aquí?"

Wyrda y Timaeus se miraron confundidos, mientras los murmullos no se hicieron esperar, muchos consideraban que las mujeres no debían ser guerreras, su trabajo era estar en casa, Wyrda frunció el ceño.

"Pues que más..." Respondió mientras sonriendo desafiante miraba al sujeto "…Vine aquí a entrenar, para poder ser guerrero legendario"

El silencio se hizo total, esa chica se atrevía a retar al gran Fernaid, ese simple hecho la había hecho ya enemiga de todos los admiradores del mencionado. Ambos se miraron desafiantes por unos segundos, para que después Fernaid levantará la voz

"¡Vamos acaso crees que una mujer podrá lograrlo, creo que sueñas demasiado niña!"

Las risas llenaron el lugar, Timaeus, Hellmos y Critius miraron seriamente a aquel tipo y después esperaron la respuesta de Wyrda, que llegó como una gran sonrisa

"¡Yo conocí a una mujer que logró convertirse en leyenda!"

Al escuchar esto todos dirigieron su mirada a la castaña, Fernaid por su parte sintió un escalofrió al saber el nombre de aquella mujer.

"Si no mal lo recuerdo… también la conociste ¿Verdad?" Sin previó aviso el moreno dio vuelta y cegado por la furia, planto una bofetada contra el rostro de Wyrda, que después de unos segundos lo miró desafiante mientras su mejilla se teñía de rojo. Todos miraban lo que ocurría con los ojos muy abiertos.

Timaeus, Hellmos y Critius se colocaron frente a la chica para evitar que la volvieran a golpear, pero aquel sujeto los quito dándoles un empujón para así acercarse nuevamente a la niña y tomar su cabello, Wyrda veía como la 

morena mano de aquel hombre acariciaba su cabeza, para después sentir un fuerte jalón que la obligo a levantar su rostro

"¡No me importa que seas su nieta, jamás podrás lograr tu objetivo!" Wyrda sentía el aliento tibio de aquel sujeto en su rostro, y lo miraba con completa repulsión "¡Y de eso me encargo yo!"

La noche había caído, Wyrda caminaba por el bosque tratando de encontrar la nueva casa en donde viviría con sus compañeros, después del suceso en los campos de entrenamiento, la chica se había marchado al igual que Fernaid sin explicar ni decir nada.

"Y pensar que ayer estaba tan emocionada por cambiar de casa, pensaba que haría nuevos amigos pero…" suspiro derrotada mientras a lo lejos veía una pequeña cabaña "… Creo que solo he ganado enemigos"

Miró las ventanas alumbradas, y unas sombras que caminaban dentro de la estancia, sin darse cuenta se quedo de pie frente a la puerta meditando sobre entrar, después de todo podía regresar a su antiguo dormitorio y así no tendría que soportar los insultos de los demás.

El sonido de una puerta abriéndose la hizo reaccionar y justo en el momento en el que estaba preparada para oír gritos molestos, miró asombrada que era Timaeus quien le abría la entrada.

"¡Bienvenida!" Timaeus sonrió y miró el rostro de la chica que no reaccionaba, el joven tomó la mano de su compañera que temerosa dio unos 

pasos hacía el interior de la casa, era grande y acogedora, en el cuarto de al lado chispeaba un agradable fuego y Critius y Hellmos salieron para recibirla.

"¿Cómo…Que…?" Balbuceaba la joven mientras no entendía lo que ocurría, los chicos se miraron e intercambiaron una mirada cómplice.

"¡Creó que seremos compañeros de hogar!" Hellmos sonrió y saltando sobre la chica la abrazo efusivamente, Wyrda se sonrojo y aun sin comprender miró a Critius que se encogió de hombros.

"¿pero…ustedes que no eran…Hellmos tu no…admirabas a…?" pero su pregunta murió en sus labios, al ver a los muchachos ponerse serios, Timaeus se acercó y tomando la maleta de Wyrda le invitó a sentarse.

"¡Jamás admiraríamos a alguien que actuara de esa manera!" Respondió el chico mientras fijaba su mirada violeta en la café de ella, Wyrda miró a Hellmos y Critius que se sentaban en los sillones del cuarto.

"Debo confesar que fue sorprendente ver la petulancia que ese hombre muestra" Hellmos cruzo sus brazos indignado, la chica sonrió levemente "¡me da vergüenza admitir que yo quería ser como él!"

"Fuiste muy atrevida al actuar así frente a un guerrero de mayor rango" dijo Critius mientras fijaba su mirada sería en la chica que nuevamente sintió un escalofrió, hasta que sorprendida lo vio sonreír divertido "¡Quisiera ver de que otra cosa eres capaz!"



Después de todo no se había ganado el odio de todos, menos mal que había alguien con cerebro durante el entrenamiento.

"¡Esforcémonos y demostrémosle que esta equivocado!" Timaeus la miró fijamente con una gran sonrisa, la chica rió fuertemente y después de asentir con la cabeza fue guiada hasta la que sería su nueva habitación.

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Wyrda abrazaba sus piernas mientras esperaba a que Mine dijera algo, su pequeña amiga estaba tratando de asimilar todo lo que le habían contando, después de un rato dirigió su mirada hacía Wyrda, la castaña al mirarla sabía que debía continuar y colocando su mano en la cabeza de Minerva sonrió.

"Poco a poco los días pasaron, hasta convertirse en semanas y entonces llegaron los primeros meses" Continuo Wyrda llamando la atención de Mine que escuchaba más atenta "¡para desgracia de Fernaid, muchos de sus seguidores decidían renunciar, pero yo y mis amigos nos manteníamos más que firmes en nuestra decisión"

Mine y Wyrda se sonrieron al pensar en que los tres chicos del cuento dormían en las habitaciones del frente y eso las hacía sentir extrañamente seguras.

"Al cuarto mes solamente quedábamos los justos para pasar al segundo nivel y para horror de mi maestro, yo era parte de esos 8.

Sin importar el tiempo Fernaid no perdía momento para insultarme y lavarles su cerebro a los demás, pero yo tenía dos buenas razones para hacerme de oídos sordos y continuar; una era la promesa hecha a mi abuela y la otra era que había personas apoyándome.

Pero por más apoyo que recibiera, los insultos de Fernaid fueron tomando efecto y fue en una tarde de agosto, cuando me di cuenta de que si decidía continuar debía arriesgar muchas cosas"

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Llovía con fuerza sobre la Atlántida, y los campos de entrenamiento dibujaban figuras extrañas; los estudiantes peleaban utilizando la poca magia que controlaban y sentían como el agua del cielo les colaba cruelmente los huesos.

Por entre los tumultos, Wyrda sostenía una ferviente pelea contra un chico de su grado, un niño que la odiaba por estar ahí y (como decía Fernaid) deshonrar el titulo de guerreros.

El empapado cabello de la chica se le pegaba debes en cuando al rostro, y su cuerpo temblaba por el viento frío que soplaba. Alrededor de ellos los demás miraban la pelea y Timaeus, Critius y Hellmos no dejaban de apoyar en silencio a su compañera.

Fernaid miraba interesado a la chica, cada movimiento que hacía, el hechizo que esquivaba y cuando atacaba, por donde la viera esa chica era como una horrible plaga, a cualquier lugar que iba, no podía evitar escuchar sobre la única mujer de los aspirantes, y eso hacía su sangre hervir.

El cielo tronaba con fervor, y en el momento justo en que un rayo alumbro la tierra, la pelea de Wyrda y su contrincante empezó.



Sus pies resbalaban por el lodo, pero eso no les impedía moverse con agilidad, Wyrda invoco un antiguo hechizo que lanzo contra su enemigo, que con torpeza lo cubrió formando a su alrededor un débil escudo.

Sin darse cuenta la pelea se extendió por unos minutos más, y el último ataque estaba por lanzarse.

Las manos de la chica se tiñeron de un color azul mientras que las de aquel sujeto tomaban uno rojo, ambos se miraban esperando ver algún error en la posición del otro, pero ninguno espero para atacar.

Wyrda pronunció unas antiguas palabras, mientras saltando atacaba, pero el viento fue roto por el sonido de algo cortándolo y con un rápido movimiento alcanzo a esquivar una roca.

Al hacerlo perdió la concentración en su ataque, y su contrincante aprovechando lanzo un disco rojo que pego en el abdomen de la chica, haciéndola caer al lodo, sin aire y derrotada.

Las burlas no se hicieron esperar, mientras por sobre la tierra mojada, Wyrda miraba a Fernaid sujetando una piedra dispuesto a lanzarla.

"¡Lo siento!" Exclamó el moreno mientras fingiendo remordimiento se acercaba "creo que debí lanzar la piedra a otro lado"

El sujeto tomo del mentón el rostro de Wyrda obligándola a levantarse un poco, la chica lo miraba furiosa mientras apretaba los dientes y recuperaba el aire perdido.

"¡Eres muy débil!" Exclamo Fernaid mientras pasaba su dedo por la fría mejilla, Timaeus miraba la escena detenido por sus amigos, si se acercaba era 

capaz de matarlo "¡Solamente eres una mujer, todo en ti me demuestra que eres débil!"

Fernaid soltó a Wyrda, haciéndola caer nuevamente sobre la tierra, y seguido de sus seguidores (para mi "borregos sin cerebro") se marcho. Timaeus, Critius y Hellmos se acercaron corriendo mientras veían que la chica trataba de ponerse de pie. Las gotas de lluvia limpiaban poco a poco el lodo de su rostro.

"¿Wyrda estas bien?" Hellmos la tomó por los hombros mientras trataba de ayudarla, la chica asintió con un movimiento de cabeza pues aun no recuperaba el aire por completo.

Timaeus se fijo en como la chica tomaba su cabello y después de verlo por un momento levantó la cabeza al cielo, para sonreír tristemente.

"Ya veremos quien es el débil aquí" Dijo pausadamente antes de desmayarse.

Al abrir sus ojos se vio en su habitación, aun traía puesta su ropa de entrenamiento, lentamente salio de su cuarto y bajo las escaleras hasta entrar a la sala, en un sillón pudo ver la silueta de Critius, el castaño estaba sentado mientras miraba el fuego chispear.

"¿Critius?" Dijo Wyrda tratando de llamar su atención, el castaño la miró fijamente para después darle la espalda.

"Deberías tomar una ducha, te hará sentir mejor" Critius sonaba indiferente, pero miraba de reojo a su amiga "Timaeus y Hellmos están descansando"

La chica asintió con la cabeza y dio vuelta, Critius escuchaba sus pasos alejarse pero de pronto el sonido desapareció.

"Oye, Critius…" Exclamo secamente mientras se detenía en la puerta "necesito tu ayuda"

El joven fijo sus orbes azules en el rostro de Wyrda, para después ponerse de pie.

"¿Qué necesitas?" preguntó, viendo como la chica acariciaba su cabello.

Era una mañana fresca, Timaeus salio de su habitación listo para empezar, su cuarto quedaba frente al de Wyrda, así que con cuidado se asomo para ver si la chica seguía dormida, pero todo estaba en orden y no había rastro alguno de que Wyrda estuviera.

Confundido bajo las escaleras, para encontrar a Hellmos desayunando en la cocina y Critius tomando una taza de te, ni un rastro de la chica.

"¿Y Wyrda?" Preguntó mientras fijaba su mirada en los otros dos, Hellmos se encogió de hombros y Critius continuo bebiendo su te como si no hubiese escuchado nada "¿Saben en donde esta…?"

"Salio" Respondió Critius indiferente mientras levantaba su mirada de la taza, Hellmos y Timaeus intercambiaron una mirada confundida "Dijo que nos vería en el campo"

El castaño se puso de pie y comenzó a lavar su recipiente, el de ojos violetas y el rubio seguían sin comprender y cuando estuvieron a punto de renegar Critius los miró seriamente.

"Fue a ver a alguien" Timaeus termino por sentarse y comenzar a desayunar mientras pensaba en lo que estaría haciendo Wyrda.

No muy lejos de ahí, en los jardines del palacio había un pequeño templo blanco, en donde yacían los restos de una leyenda viviente. Una chica caminaba por el perímetro del edificio mientras suspiraba incontablemente para después de unos segundos entrar.

Levantando su mirada observó el rostro de aquella estatua que de pie sobre una tumba sostenía en sus manos una hermosa espada que tenía grabada en el mango una dorada "Y"; su rostro demostraba cariño, valentía e inteligencia aspectos que la habían llevado a ser tan conocida. Wyrda sonrió y quitándose la capa se arrodillo frente a una lapida mientras depositaba algo a los pies de aquella mujer.

"¡Lo prometo, Abuela!"

Salió del santuario sin mirar atrás, dejando ahí la más clara prueba de que jamás se rendiría.

Hacía unos minutos que Fernaid había comenzado el entrenamiento, y con una sonrisa victoriosa se percató de que "la piedra de su zapato" no estaba; de seguro aquella niña se había dado por vencida.

Una risita irritante salió de sus labios, llamando la atención de Timaeus que desesperado buscaba a Wyrda, Hellmos miraba las reacciones de su amigo para después percatarse de la disimulada tranquilidad de Critius.

"¿Dónde puede estar Wyrda?" Preguntó Hellmos acercándose al castaño que con trabajo, intentaba invocar un hechizo.

"¡No lo se!" Respondió mientras irritado suspiraba "¡no soy su niñera!"

Hellmos frunció el ceño, mientras volvía su mirada a la entrada; a lo lejos venía caminando una persona, cubierta completamente por una capucha negra, y a pesar de que su rostro no se veía podía saber que era Wyrda.

"¡Timaeus!" Exclamó Hellmos mientras corría hacía su amigo que miraba aliviado a la chica, y una sonrisa impaciente se dibujaba en el rostro de Critius.

Fernaid se percato de que los chicos habían olvidado su entrenamiento, y siguiendo su mirada, observó la extraña aparición. Una vena punzaba en su frente amenazando con dejarle un tic permanente.

"No…puede ser" Susurró mientras se levantaba de la piedra en donde estaba sentado, los demás se detuvieron y en silencio observaron como la chica se acercaba hasta quedar frente a Fernaid.



"Lamento llegar tarde, Es solo que tenía algo importante que hacer" Fernaid apretó tanto los dientes que pudo percibir el sabor de la sangre en su boca, para que después escupiendo al piso tratara de tranquilizarse.

"¿Qué debo hacer primero?" la chica llevó sus manos a la capucha y con lentitud se la quitó.

Timaeus y Hellmos abrieron sus ojos sorprendidos mientras Critius solamente sonreía de lado, los murmullos alarmados de sus compañeros no se hicieron esperar y Fernaid miró por primera vez una amenaza.

Wyrda sonreía desafiante, mientras mostraba que su larga cabellera ya no estaba, ahora no llegaba siquiera a los hombros y eso le permitiría moverse mejor.

Timaeus sonrió y tras él, Hellmos y Critius miraban orgullosos a su compañera, la chica que a su lado llegaría a ser guerrero legendario.

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Las manos de Wyrda se paseaban lentamente por su cabello, mientras recordaba todo con suma claridad, a su lado Minerva estaba sentada en silencio. Ambas chicas intercambiaron una mirada.

"Con que fue eso…" Mine miraba a su amiga fijamente, mientras la chica le sonría y asentía con la cabeza.



"Varios años después, en una ceremonia se dio a conocer a las personas que ocuparía el lugar de primer nivel" La pequeña sonrió, ella recordaba esa ceremonia por eso era que había decidido entrenar.

"A los 15 años, junto con Timaeus, Critius y Hellmos ocupe el lugar que hasta hora mantengo" Ambas se sonrieron orgullosas, pronto Mine estaría también en ese rango.

"Durante esa ceremonia Fernaid hizo su aparición y culpándome de cosas sin sentido exigió que me quitaran del puesto, sin embargo sus razones eran pobres y el rey le ordeno marcharse; pero su orgullo no pudo más y haciendo fama de sus ya conocidas reacciones, lanzo un ataque esperando que con el desapareciera"

Wyrda rió fuertemente recordando lo ocurrido, mientras Mine la miraba confundida.

"Pero Timaeus, le devolvió el ataque lo que hizo que saliera volando del lugar, y llegara a los pies del rey y de su corte.

Al parecer durante años habían recibido notas en las que culpaban a Fernaid por su actitud, y su comportamiento actual había dado pruebas suficientes como para condenarlo"

"Pero nuestro señor es muy generoso, y en lugar de encerrarlo lo sentenció a lo que más temía: le quito su rango y por sobre todo se mando borrar de los escritos todo aquello que tenía que ver con él, condenándolo a vivir como un simple hombre. Nuevamente juró vengarse"



La castaña miraba de nuevo al cielo, mientras Mine poco a poco fruncía el ceño

"lamentablemente el pasar de los años no nos puede hacer olvidar unas cosas, la oscuridad que había en mí salió en aquella ocasión cuando volví a ver a Fernaid, y durante la pelea en el palacio buscó la manera de molestarme para que me controlará la maldad pero como bien sabes, no fui yo la controlada"

El silenció se formó entre ellas, y de pronto Wyrda sintió como era sujetada por sus brazos, al volver su mirada Mine la detenía mientras llorando la observaba molesta.

"¿Por qué nunca me dijiste esto?" Preguntó mientras sentía como sus manos eran quitadas por las de la mayor "¡soy tu amiga, se supone que debes confiar en mí!"

Una mano acarició la cabeza de Mine y Wyrda sonrió al ver que dejaba de llorar, la pequeña levantó la cabeza mientras miraba tristemente a su amiga.

"¡Mine confió plenamente en ti! Si no te conté esto antes, es por que no quería envolverte en mis problemas pues podría ser muy peligroso; y ¡jamás me perdonaría si algo te pasará a ti, o a los muchachos!"

Wyrda la miró cariñosamente mientras abrazándola sonreía, Mine también sonrió y abrazo a su amiga, para que después de tranquilizarse riera levemente mientras ambas chicas se soltaban.



"Hace un momento me preguntaste si ocurría algo" La castaña se puso de pie y se alejo dando pequeños pasos, Minerva asintió confundida, ese había sido un cambio drástico.

"Cuando decidí entrenar, arriesgue muchas cosas; pero Mine tu has decidido pelear mañana y con esa responsabilidad vienen riesgos mucho más altos" Wyrda se detuvo y mirando seriamente a la pequeña continuó.

"Mine ¿estas lista para morir?" la pequeña abrió sus ojos, mientras se fijaba en el brillo de los de Wyrda, el ambiente se hizo pesado. "¿Estas lista, para dejarlo todo?"

"Wyrda..." susurró confundida mientras bajaba la cabeza "…Yo…"

"Respóndeme Mine..." ordeno Wyrda mientras acercándose a su amiga, le imploraba una respuesta.

"hum… jajajajajajajajaja" Rió Mine abiertamente mientras se dejaba caer en el colchón, Wyrda abrió sus ojos como platos y acercándose se arrodillo

"¡Mine estoy hablando en serio!" El semblante de Wyrda se endureció, pero su amiga aun reía.

"jajaja esa cara no te sienta jajaja" Grito entre risas la guerrera mientras se abrazaba el estomago y sus ojos se llenaban de lagrimas.



"¡Mine esto no es ningún juego!" La pequeña se tranquilizó al escuchar el timbre de voz de su amiga, y enderezándose en la cama la miró a los ojos.

"Eso ya lo se... Wyrda" respondió mientras sonreía como solo ella sabía, sorprendiendo a la chica "Se que no es un juego, lo sabia desde el principio, me preguntas si estoy lista a morir Wyrda…y yo te respondo que lo estoy"

Wyrda dejo caer sus brazos a los lados y mientras sentía como su labio temblaba, encaró a su amiga

"Además mañana no iremos a morir..." agregó Mine mientras se ponía de pie y cerraba decidida un puño "…mañana iremos a vencer a Dartz"

Wyrda se quedo callada y después de sonreír, abrió sus brazos suplicante para poder estrechar a Minerva que obediente se acercó, en ocasiones un abrazo expresa mucho mejor una palabra de gratitud.

La noche era mayor, y ambas chicas estaban acostadas, Mine yacía dormida mientras Wyrda la miraba parada desde la ventana, a pesar de todo aun no podía dormir, algo le molestaba.

Recargo su cuerpo en el marco de la ventana, mientras veía las estrellas; sin darse cuenta sus ojos se fueron cerrando y un fuerte dolor invadió todo su cuerpo, haciéndola caer al piso; Sabiendo que Mine estaba a su lado, mordió su labio en un intento de no gritar para que después el dolor fuera acompañado de unas visiones que jamás había tenido.



Ante sus ojos aparecieron imágenes de la pelea pronta a llegar, había humo, se oían gritos y del cielo caía una lluvia de sangre, acompañadas del sabor salado de las lagrimas, ante ella apareció una espada que conocía muy bien, a lo lejos el cuerpo del dueño yacía sin vida.

Wyrda abrió sus ojos asustada, y después de levantarse con mucho esfuerzo camino hacía el espejo y descubriéndose el hombro derecho vio como la silueta del dragón desaparecía por completo, para dar paso a una extraña figura.

La chica se contemplo por unos minutos para que después dirigiera su mirada a la pequeña que dormía.

"Así es como debe ser" Susurró mientras discretamente salía de la habitación.

Unos suaves golpes lo obligaron a despertarse, y adormilado se giró en la cama mientras fijaba su mirada en la puerta.

"Aun esta oscuro…" con lentitud se puso de pie y camino hacía la entrada "¿Quien será a estas horas?"

Con pereza giro la manija de la puerta y despertando por completo observó a Wyrda frente a él, la chica lo miraba inquieta.

"¿Wyrda? Deberías estar dormida" Exclamó mientras fijándose en el rostro de su amiga notaba una escalofriante palidez "… ¿Ocurre algo?"



La chica no respondió y mirando fijamente a su amigo, negó con la cabeza. Timaeus la observó por un momento y después de percatarse de las grandes ojeras de su amiga, entendió que la chica no podía dormir.

"¿Quieres pasar?" Preguntó mientras se hacía a un lado dándole paso a la joven, Wyrda sonrió y tras de si cerró la puerta.

Ambos chicos estaban sentados viéndose uno al otro en silencio, Wyrda plantaba su vista en los ojos violetas del guerrero.

"Luces… preocupada" Timaeus entrelazo su mano con la de la chica, que no estaba muy lejos de él. "¿Qué ocurre?"

Wyrda apretó cariñosamente la mano que la agarraba, y con una sonrisa ocultaba lo inevitable "No ocurre nada, solo quería pedirte…"

La joven se detuvo y apretó sus labios, mientras Timaeus sentía temblar su mano, ambos chicos se miraron por unos segundos.

"Dime, Wyrda…" Invitó a su amiga a continuar, la chica bajo la cabeza y permitió que su corto cabello tapara su rostro.

"Timaeus…" ronroneo temerosa pero decidida "… quiero que me prometas, que pase lo que pase cuidaras mucho a Mine, y que nunca me olvidaras"



Los ojos del joven guerrero se abrieron de par en par, mientras acercándose se percataba de las lagrimas que resbalaban por las mejillas de su amiga.

"¿Que? Vamos Wyrda" Exclamó mientras obligándola a levantar la cabeza la miraba fijamente "…hablas como si fuera el fin de todo"

Pero la chica apretó con fuerza la mano de su amigo ignorando lo que él decía.

"Quiero que la ayudes a ser un guerrero de primer nivel, y que nunca te rindas, por más difícil que sean las cosas"

"pero… ¿Que dices, no te entien...?" Una melena café le bloqueo la vista mientras sentía como Wyrda lo abrazaba fuertemente y escondía el rostro en su pecho.

"¡¡Promételo!!" Exclamó Wyrda suplicante mientras lloraba, Timaeus no entendía nada; como podría entender el miedo que una persona siente, cuando sabe que va a pasarle.

Arrodillada ante él, estaba su mejor amiga desde hacía años y alguien a quien quería mucho; la miraba temblar y escuchaba sus suplicas desesperadas. Sin dudarlo la rodeo con sus brazos y atrayéndola hacía si, sonrió.

"Lo prometo" Concluyó Timaeus mientras acariciaba la cabeza de la chica y cerraba sus ojos.



"¡Gracias Timaeus!" Susurró complacida Wyrda, mientras veía el sol entrar desde la ventana.

Ambos se pusieron de pie, y acercándose a la ventana, contemplaron el inicio de aquel día.

"¡Perdóname Timaeus!"

Poco después de aquella situación, el sol salió dando un aire invernal a aquella terrible mañana, el palacio estaba repleto de monstruos y personas que inquietas se miraban unas a otras y despedían de sus seres queridos.

Entre esas personas se encontraban Timaeus, Mine, Critius, Hellmos y Shaka; después de lo ocurrido en la madrugada no habían vuelto a ver a Wyrda, y eso los tenía bastante tensos.

En la entrada del castillo, Iron Hearth era abrazado por su nieta, que le pedía regresar sano y salvo; poco después de separarse de Chris, Iron Hearth camino hacía la emperatriz que abrazando cariñosamente al anciano, le dio una bendición, para que él y su gente estuvieran bien.

Mine buscaba con la vista a Wyrda, pero entre la gente vio a acercarse a una chica de cabello castaño y chinos "¿¡CARMEN!?"

"¡Pues a quien esperabas, Un rey mago!" La chica sonrió divertida mientras mostraba sus armas "¡No iba a permitir que tu y Wyrda se divirtieran solas!"



Mine sonrió mientras levantaba una ceja y negaba con la cabeza "Tenía que ser rosa" Ambas chicas se sonrieron, y al poco la voz de Shaka llamo su atención. Por entre la gente venía caminando Wyrda, mientras en su cinturón traía la larga espada que brillaba con el sol de mañana.

"¿Dónde estabas?" Preguntó Hellmos mientras él y los chicos se acercaban, la castaña sonrió tranquilamente y pasando su mirada por cada uno de ellos suspiro.

"Perdonen, tenía algo importante que hacer" Respondió, pero antes de que pudieran agregar algo la imponente voz de Iron Hearth los hizo girar su mirada.

"¡Es hora de irnos!" Los jóvenes asintieron decididamente con la cabeza y dando a entender que estaban listos, caminaron hacía la batalla.

"Esto debe ocurrir..." Susurró Wyrda llamando la atención de Timaeus, que frunció el ceño preocupado.

Continuara….

Tlazohcamati huel miac!!