Notas de autor: Resulta que hace unos días viene Luna a tocar a mi puerta, para decirme que hay algo que se me olvidó mencionar en el fic. (No se me olvidó, fue obra suya y no me había enterado, así que la sorprendida, en este caso, fui yo).
Aquí os dejo el pequeño epílogo de este fic que habéis llegado a mimar y por lo que la autora se siente especialmente feliz.

CON LAS MANOS EN LA MASA

FanFiker_FanFinal

EPÍLOGO

La joven Ravenclaw bajó las escaleras a toda prisa, llegaba tarde a su clase de Historia de la Magia porque se había entretenido mirando unos libros en la biblioteca. Al girar una esquina y en uno de los bancos del pasillo vio a alguien que le resultaba familiar. Al acercarse, observó cómo ese chico estaba obnubilado por sus pensamientos; su postura encorvada reflejaba decaimiento. Aunque las sombras cubrían un poco su figura, Luna se acercó y se sentó junto al chico, que saltó al oír el contacto.

—Harry —sonrió la joven soñadora.

—Oh... Luna. ¿Puedo ayudarte?

Luna acomodó su bolso lleno de libros a un lado y puso las manos sobre el regazo.

—Esa pregunta debería hacerla yo, ¿no crees?

—¿Por qué? Yo estoy bien —dijo un despreocupado Harry.

—¿Y qué haces aquí? ¿Por qué no vas a clase? Te toca Pociones, ¿no?

Harry torció los labios.

—No me apetece ver a Snape.

Luna hizo otro intento.

—Pero hay clase con Slytherin.

Harry giró la cabeza a uno y otro lado.

—Con mayor razón.

Luna retiró su rubio cabello de la cara y giró un poco su postura. No sabía si decirlo o no.

—Harry, ¿te has peleado con Malfoy?

El chico miró a su amiga primero con concentración, luego con agradecimiento. Los ojos grises saltones de Luna siempre estaban llenos de amor.

—Nos peleamos todos los días, siempre ha sido así, no importa.

—No es eso por lo que estás triste —adivinó la chica.

Harry miró el techo del pasillo del castillo. Últimamente se sentía como si le hubieran arrancado algo de sí mismo, un vacío espectral que no sabía cómo explicar. No podía explicárselo a nadie. Lo intentó con Hermione, y ella estuvo días leyendo libros para averiguar qué le podía estar ocurriendo.

—No estoy triste.

Luna asintió compasivamente y añadió:

—Entonces me quedaré contigo para hacerte compañía.

—Pero tienes clase. Eres una buena estudiante, te echarán de menos si no apareces.

—Mi amigo tiene problemas. Eso es más importante —declaró, con una sinceridad suprema.

Harry sonrió. Tener a Luna como amiga era como sentir el calor del sol, la suave brisa del verano, era como si todas las preocupaciones se esfumaran junto a ella. El mago con quien se case Luna será un privilegiado, solía pensar Harry en ocasiones.

—Harry, hace poquito nos encontramos en Hogsmeade tú y yo, y Neville. Te dije algo un poco atrevido, perdona.

Harry sonrió.

—No sé qué pudiste decirme, Luna, no lo recuerdo, así que no debe importar mucho.

Luna abrió aún más sus ojos desorbitados y comentó, tras un suspiro:

—Ajá. Eso es. No recuerdas.

Harry la miró, divertido.

—No, perdona si era importante. No recuerdo haber ido a Hogsmeade y encontrarme contigo. He estado ocupado con Hermione y Ron, pero si quieres que quedemos otro día...

—Me gustaría. Pero ahora, Harry, ya que me voy a saltar la clase y tú también, ¿puedes explicarme qué te pasa por la cabeza?

Finalmente, el chico decidió explicarle con sentimientos confusos lo que sentía, sin nombrar nada ni a nadie en particular, sólo una sensación de desasosiego y vacío. Luna asintió y escuchó, interesada, pero no corrió hacia ningún libro o lo llamó loco. Lo cogió de las manos con suavidad.

—Harry, ¿qué pasaría si yo lo estuviera pasando muy mal y a la vez tuviera una misión muy importante?

—Te apoyaría en todo. Te ayudaría, claro.

—¿Cómo me ayudarías? ¿Serías capaz de lanzarme un hechizo para que pudiera dejar de sufrir?

Harry dudó un momento y pensó si eso era posible.

—Pues, no sé... supongo. Pero, ¿cómo voy a olvidar algo importante?

—Sucede, a veces. Cuando queremos protegernos unos a otros. Cuando no queremos que uno sufra. Cuando tomamos caminos separados. La misma mente selecciona recuerdos y desecha otros para no torturarnos —Luna notó que su trascendentalidad podría estar agobiando a Harry y añadió—. Creo que no es grave, Harry. Yo me sentí así durante un tiempo, cuando perdí a mi madre.

—Pero... el vacío, Luna. ¿Cómo podré dejar de sentir ese vacío? ¿Es por mis padres?

—¿Lo has tenido antes?

—De pequeño lo sentía, muchas veces. Pero cuando llegué a Hogwarts, ya no me afectaba tanto.

Luna sonrió y le soltó las manos.

—No es grave, no te preocupes, sólo has olvidado algo que ahora no debes recordar. ¿Aún tienes el collar?

Harry frunció el ceño.

—¿Qué collar?

—El que te regalé, el que te envié por lechuza. ¿Tampoco te acuerdas?

Harry sonrió, pensando en el collar psicodélico de Luna.

—Ah, claro. Me lo regalaste, pero no recuerdo por qué. Está en algún cajón de mi cuarto.

Luna sonrió ampliamente y entrelazó sus manos como si hubiera visto algo hermoso.

—Harry, prométeme una cosa, cuando acabes tu misión, cuando todo termine... con Voldemort y todo eso, si sigues con ese vacío, con esta sensación que tienes ahora, ponte el collar.

Harry lo encontró gracioso y bromeó:

—¿El collar me ayudará a sentirme mejor?

Luna asintió.

—Es un collar con memoria. Cuando te lo pongas, el collar te dirá qué has olvidado, qué es importante. A lo mejor tiene que ver con el vacío que dices tener. Eso sí, debes asegurarte de que si en ese recuerdo hay otras personas involucradas y quieres que compartan lo que pasó, hagas esto.

Luna agarró su propio collar, una cadena muy simple con un ojo dentro de un triángulo y sin quitárselo, se acercó aún más a Harry y se lo pasó por la cabeza, de modo que ambos quedaban unidos por ese collar. Harry sintió su espacio invadido, pero no se movió. Cuando Luna le quitó la cadena, rió.

—¿Un collar con memoria? ¿En serio? ¿Por qué ibas a hacer eso para mí?

Luna alzó sus ojos al cielo y, tras cavilar, dijo:

—Pues... entonces no lo supe, pero ahora... me doy cuenta de que las cosas que pasan no son un accidente... —se levantó y recogió su bolsa—. Nunca dudes de que siempre, siempre hay alguien cuidando de nosotros. Ah, y no te lo pongas a menos que quieras tomar una decisión importante en tu vida. Voy a clase, diré que me había quedado encerrada en el baño. Me creerán.

Harry la vio marchar, saltando como una niña, mientras tarareaba una canción; parecía levitar, como si en su espalda se formaran dos preciosas alas. O eso le pareció.

fin

Quiero felicitar a las personas que tuvisteis cierto grado de adivinación porque ya lo tenía escrito, y algunos dijisteis que faltaba algo. No os puedo ocultar nada, joe, sois demasiado agudos... a algún Ravenclaw Luna le debió contar el tema, y claro, recibí emails presionándome...
Espero que os haya gustado. No modifica el final, pero sí abre una pequeña esperanza.
Os quiero a todos. Ahora sí me voy.
Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo.