Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Gracias por sus hermosos comentarios durante estos capítulos. Os quiero.

A leer.

Capítulo 14:

"Esto es el principio del final

Sostén el aliento y cuenta hasta diez."

Bella's POV.

Sabía que terminaría aquí desde que Ángela me lo había propuesto, sin embargo, esto no me impide sentir que estoy traicionándome a mí misma y por supuesto a Anthony.

Camino con paso vacilante hacia la casa amarilla que hay frente a mí y toco con los nudillos dos veces cuando estoy frente a la puerta. Ángela me da un beso en la mejilla y me invita a pasar.

–¿Quieres tomar algo?

–No –agito la cabeza. Sé que no debería estar enojada con ella. Lo que estoy a punto de aceptar ha sido mi decisión–. Solo dime lo que hay que hacer.

Ángela ignora mi petición y se marcha a la cocina. Cuando regresa, trae café y un vaso de chocolate en una bandeja de plata. Le tiende el vaso a Tony y luego se acomoda la falda antes de sentarse. Me mira con gesto amable, pero sus labios están constreñidos.

–¿Estás completamente segura de esto? Una vez que comiences, no hay vuelta atrás, Bella.

–Sí, estoy segura –digo con la cabeza en alto.

–Bien, supongo que no será algo complicado. Tú sabes que esto es una venganza –recuerda–. Mi querido esposo está demandándome injustificadamente, y estoy casi segura de que lo hace solo para terminar con este matrimonio cuanto antes sin que tenga que darme un peso. Lo que tú harás será seducirlo, conseguir pruebas de que me ha sido infiel contigo y traerme esas pruebas a mí. Listo.

Con cada palabra, mi sensación de náusea crece. Una vez más, seré la amante de alguien. Qué bien dirijo mi vida adulta.

Paso saliva–. Tengo mis condiciones y mis dudas, claro.

–Adelante.

–No voy a acostarme con tu marido, Ángela –sentencio–. Ni porque me pagues un millón de dólares lo haré.

Asiente–. Está bien, lo acepto. Pero tendrás que conseguir pruebas demasiado contundentes entonces.

–Eso no será problema. Pero, ¿con quién planeas que dejaré a mi hijo?

–Yo estaría encantada de cuidar de él –responde mientras presiona la mejilla de Tony entre sus dedos suavemente–. Te lo dije; quiero ser tu amiga.

–No creo que después de esto tú y yo lleguemos a tener una relación siquiera cordial.

Levanta los hombros–. Si quieres trabajar conmigo cuando todo esto termine, lo harás. Vamos, Bella... Yo sé que esto no es lo que buscabas cuando viniste aquí. Me contarás cuando quieras lo que sea que te hizo huir de América, no voy a presionarte, pero me has dejado claro que necesitas dinero. Yo sé lo que es estar en tu lugar, Bella. Yo llegué así –me señala–, casi sin dinero, con una visa de turista y detrás del sueño de ser una mejor versión de mí misma.

Durante la siguiente hora y media, ella me cuenta lo que parece ser la historia de su vida. Yo me quedo ahí, escuchando, comparando lo que le pasó a ella con lo que me ha pasado a mí; tenemos algo en común. Nuestra desdicha converge en un punto: un hombre. Pero no cualquiera. Ambas tuvimos el infortunio de hallar a alguien que al principio nos atraía locamente, pero que después fue mostrando su verdadera cara, una que nos hizo querer correr.

Avanzada la mañana, Ángela me muestra un par de fotos de su esposo. Jacob Black. Un hombre de treinta y un años, atractivo y, en palabras de ella, encantador.

–Tiene los modales de un caballero antiguo, Bella. A ninguna mujer le cuesta trabajo enamorarse de él. Pero, no te dejes engañar. Ahora yo sé de lo que es capaz. Mírame, él ahora está viviendo en un apartamento y me ha echado de nuestra casa. He tenido que conformarme con... –observa con desdén a su alrededor–, esto.

Le gusta el lacrosse, le apasionan los autos, corre por las mañanas, todos los días; su restaurante favorito es uno recién inaugurado en el centro de la ciudad, no come carne, y le gusta que una mujer lleve diamantes en el cuello y joyas en los tobillos.

Suena como el típico hombre de negocios. Suena casi como Edward, excepto que a él no le conozco así de bien. Nuestra "relación" fue tan enclaustrada desde el primer momento, que nunca salimos a cenar o a hacer alguna actividad juntos. Eso es completamente horrible ahora que lo pienso.

–¿Estás bien? –inquiere.

–Uhm, sí. Estaba pe... No importa.

Continúa proporcionándome un resumen de la vida de su esposo, lo que le gusta, lo que no, algunos secretos y otros detalles.

–Te llamaré en la semana para acordar la primera cita con Jacob. Primero tengo que lograr saber el próximo evento al que asistirá... En cuanto al bebé, llamaré a un servicio especializado de niñeras y mandaré a una a tu casa. ¿Eso te parece bien?

Asiento en silencio. No puedo creer a lo que he accedido. Simplemente no puedo.

Ángela me coloca una mano en el brazo y frota–. Querida, deja de pensarlo tanto. ¿De qué sirve mortificarse? Es tu única opción.

Me doy la vuelta y me alejo.

Más bien, es la única opción que Edward dejó sobre la mesa.

OoO

Juego un momento con Tony al llegar a casa y ambos nos quedamos dormidos en el sofá mientras vemos una película.

Cuando despierto, Tony está sobre mi pecho y la iluminación taciturna de las primeras horas de la noche hace lucir a las paredes blancas del apartamento de un color celeste.

Con sigilo, llevo a Tony a la cama y regreso a la sala de estar para recoger los platos sucios de la pizza para llevar que pedí y los pocos juguetes que pude traer para Tony.

Luego, al fin sola con mis pensamientos, a la media noche, me arrepiento por enésima vez de haber conseguido ese teléfono desechable y haber llamado a Edward. Lo había hecho como un último recurso. Pensé que podría invocar a su buena voluntad y a su sentido común, pero todo fue peor. Sabía que Edward era egoísta, rencoroso y quizás un tanto controlador, pero jamás imaginé que sería tan sádico y tan impulsivo. Edward está dispuesto a acabar conmigo si no regreso... y primero muerta. Primero voy a la cárcel antes que regresar a Seattle y ponerme, por voluntad propia, bajo su yugo.

¿Qué sería de mí si regresara? ¿De qué manera cambiaría su carácter hacia mí? Seguramente me prohibiría salir del pent-house y contrataría a una sirvienta que, lejos de hacer las labores domésticas, estaría allí para vigilarme veinticuatro horas. La escena me causa escalofríos.

No comprendo cómo puede alguien ser tan aprehensivo con una persona que le ha dejado claro miles de veces que nunca ha sido bienvenido en su vida. Edward había sido para mí, un mal necesario. No me gustaba verlo marchar todas las noches, lo acepto, pero no porque lo quisiera conmigo, sino porque cada que él atravesaba la salida, me recordaba que él no era nada más que el padre de mi hijo. Que él nunca podría quedarse a dormir porque yo era su amante, el tormento de su esposa y la vergüenza de su madre. Todo lo que él hacía me recordaba mi lugar en su vida; un lugar que yo había estado dispuesta a ocupar y del que después quise salir, pero ya era demasiado tarde. Estaba esperando a Anthony para cuando me di cuenta de que ya no quería estar más con Edward.

La pasión que siento por él no se ha terminado, pero el cariño, el vago aprecio que había comenzado a crecer dentro de mí... Esos sentimientos sí que se han esfumado. Ahora lo odio, lo odio por lo que me está orillando a hacer, por haberme hecho huir de mi propio país, y por no haberme dejado marchar cuando era conveniente. ¿Qué lo hacía quererme a su lado? ¿Era mi "no" constante, mi personalidad fría, qué? Estoy segura de que Tanya tiene un modo de ser mucho más dulce y agradable. Fue educada para eso. Fue educada para ser la esposa perfecta de un millonario. ¿Quién no quiere la perfección en su vida? Algo debe de haber mal con el modo en el que el cerebro de Edward funciona. Algo que lo hace creer que quiere estar conmigo cuando no es así. ¿Es eso? ¿Hay alguna enfermedad mental hereditaria en su familia? ¿Carlisle es igual con Esme?

Para cuando salgo de todo este soliloquio interno, el reloj, y la luz de la madrugada, marcan las cuatro de la mañana.

Desearía tener a un padre y una madre. No es que extrañe exactamente a Charlie, mucho menos a Renée, pero se sentiría bien tener a alguien a quién llamar a estas horas solo para pedir palabras de aliento, que estoy segura ahora me serían muy útiles.

Mamá, papá, ayúdenme. Me estoy derrumbando.

Arrastro mis pies hasta la cama y mi mejilla toca la almohada. Quedo frente a frente con Anthony.

–Eres tan guapo como tu padre, cariño –le hago un mechón de cabello cobrizo a un lado–. Pero mucho, mucho más dulce. Tú... –bostezo–, serás diferente. Serás un niño bueno.

OoO

Narrator's POV.

Tanya se queda despierta hasta tarde, con un ojo abierto al acecho. Sabe que en cualquier momento Edward va a levantarse, a tomar las llaves del auto y a desaparecer hasta el día siguiente como ya se ha hecho costumbre.

Él le besa la frente antes de irse y ella no puede evitar las mariposas en su estómago. Las idiotas mariposas ante un simple roce de labios. ¿Qué es, una adolescente?

Tanya toma su propio auto y sigue a Edward, cuidándose de mantener un par de vehículos de distancia para que él no pueda sospechar. Tiene miedo, no puede evitarlo. Pero no tiene miedo de que él la descubra, tiene miedo de conocerla a ella, la mujer que parece tener a su marido bajo una especie de poderoso hechizo.

No tiene ningún plan. No sabe lo que hará una vez llegue a su destino y la conozca a ella.

Veinte minutos después, Edward frena frente al que era su antiguo departamento de soltero. Tanya se extraña al ver esto, sin embargo lo sigue. Está temblando.

Deja que él se meta al elevador y luego ella va detrás, caminando cual asesino en el pasillo. Se esconde en una esquina, mirando de reojo para vigilar que nadie la atrape. Edward mete la llave en el pestillo y entra al apartamento, cerrando la puerta detrás.

Tanya acerca su oído a la madera, pero no escucha nada. Se queda ahí una buena docena de minutos y entonces su tímpano, afinado gracias a escuchar la más selecta ópera desde que era una niña, distingue una melodía in crescendo. No logra recordar el nombre de la pieza. Después, un sonido mucho más tenue y que al principio le parece extraño atraviesa la puerta... y llega directo a su corazón. Tanya apenas puede creerlo. Es Edward, sin duda, y está llorando.

Él empieza a murmurar cosas que ella no comprende; trata de agudizar más su percepción. Desea no haberlo hecho, desea no haber venido hasta aquí. Ciertamente, era menos infeliz en su ignorancia.

–No... no te vayas... Bella... –se queja.

Entonces Tanya se pone de pie y se aleja, temiendo que en cualquier momento alguien salga y la descubra. Regresa corriendo al auto, cegada por las lágrimas que se acumulan en sus ojos pero que no logran derramarse sobre sus mejillas.

Se mete de nuevo en la cama, donde se debió haber quedado desde un principio, y cierra los ojos esperando que todo haya sido una pesadilla cruel. A la hora, siente el peso de Edward hundir la cama. Ella cierra los ojos con fuerza y se hace un ovillo. El dolor es apenas soportable.

Edward le pasa un brazo por la cintura y la atrae hacia él, le besa los labios dulcemente. Ella no puede hacer nada por sí misma. El amor nos quita incluso eso; la dignidad.

Tanya abre los ojos, abre los brazos, abre sus piernas. Él le hace el amor de una manera tan dulce que es aún más doloroso para su alma. Su cabeza es un desastre de pensamientos, su corazón no está mejor. No puede discernir si el modo en que él la está tomando ahora le gusta o la lastima. Ella le pone las manos a los lados del rostro y lo obliga a hacer contacto visual.

–Amor –murmura ella–. ¿Qué pasa?

Edward solo sigue empujando, siseando y diciendo cosas.

–Sht –le calla él–. Solo siénteme... y quiéreme. Quiéreme por favor.

Tanya lo hace, a pesar de que su subconsciente le dice que su esposo no está con ella. Él está pensando en alguien más.

Cuando todo termina, Edward le besa los labios y se levanta de la cama.

Sale al balcón, mira la luna... y se pregunta si es la misma luna que Isabella está mirando o si por el contrario en donde ella está ahora hay Sol.

¿A dónde pudo haber ido? No lo sabe. Ella es tan imperceptible como el clima. Un meteorólogo puede hacer sus predicciones, pero el huracán siempre hará lo que le plazca.

Reflexiona que ahora es una cáscara de sí mismo. Su mente se quedó en ese pent-house y su corazón se fue con ellos. Con Bella y con su hijo.

Sabe que es un canalla por lo que le está haciendo, por ponerla en una situación tan difícil y por no darle otra opción más que regresar a su lado. Pero, al final, es un humano. El ser humano evolucionó por su sentido se supervivencia, manteniéndose al tope de la cadena alimenticia, sin importar a quién aniquilaba a su paso. Edward ahora está sobreviviendo.

OoO

Bella's POV.

Una semana después...

–¿Usted es la señora Bella Swan? –una mujer de cuarenta y pocos, vestida con uniforme negro, se hace paso dentro de la casa. Me muestra una identificación–. Soy la niñera.

Le hago saber todo lo que necesita para mantener a Anthony bajo control y luego, con angustia, salgo del edificio. Voy tarde a casa de Ángela.

Cuando llego ella está asomada en el porche fumando un cigarrillo.

–¡Dios, mujer! ¿Has visto la hora? Se supone que ahora ya deberías estar en camino.

Pido disculpas y ella me lleva dentro de la que supongo es su habitación.

Sobre el colchón, hay una caja blanca, cuadrada y grande con el logotipo de Bien Savvy en la tapa.

–De acuerdo. Compré este vestido y zapatos para ti. Supongo que eres de la misma talla que yo. No habrá problema.

Desenvuelve el vestido de entre todo el papel de algodón y lo extiende frente a mí.

–¿Qué te parece?

Exhalo–. ¿Me voy a poner eso?

–¡Pero si es precioso!

–Es revelador, Ángela.

Ella me mira como si acabara de decir la cosa más tonta del mundo–. Tienes que enamorar a mi esposo, ¿recuerdas? Esta noche no acaba hasta que él no esté comiendo de tu mano.

El vestido en cuestión no tiene mangas, el corsé va demasiado ajustado al torso y la falda es de terciopelo negro largo hasta el suelo y con una abertura a lo Jessica Rabbit en la pierna izquierda. Es hermoso, sin duda, pero no creo que sea para mí.

De cualquier manera, cuarenta minutos después tengo el vestido y los tacones puestos, a juego con una gargantilla de diamantes préstamo de Ángela.

–Eres hermosa, Bella –me dice–. Esto será pan comido.

La imagen en el espejo es de alguien que no soy yo. Nunca me había arreglado tanto para alguien. Ni siquiera para Edward. Mierda, ¿de dónde vino eso?

Tomo el bolso de mano y me doy una última mirada desde todos los ángulos.

–¿Tendré que pagarte por el vestido? –inquiero.

Ella agita la cabeza y se arrodilla frente a mí, abrochando una cadena de plata alrededor de mi tobillo.

–Considéralo material de trabajo –canturrea.

Ángela pide un taxi por teléfono mientras yo bebo una copa de vino en la cocina para relajarme.

–¿Tienes claro lo que vas a hacer? –interroga con temor.

–Sí –aseguro–. Llegar, flirtear, charlar sobre sus cosas favoritas y...

–¿Y...?

–No lo sé –frunzo los labios–. ¿Y qué?

–¡Concretar un segundo encuentro! –exclama–. Dios, por favor... Hazlo bien. Todo esto depende de ti.

Uh, qué alentador. Va por ti, Edward. Maldito idiota.

Subo al taxi y Ángela me despide agitando la mano. Me siento como cuando fui al baile de graduación de la preparatoria y perdí mi virginidad.

Voy a conocer a Jacob Black en persona en el lanzamiento de algún vino australiano. Ángela tuvo que hablar con unas cuantas amistades para conseguir una invitación.

Me abanico el rostro con el bolso para no arruinar el maquillaje y contengo la respiración para ayudar a ralentizar el ritmo de mi corazón.

Solo flirtea con él. Haz lo mismo que hiciste con Edward... Tranquila. Respira, uno, dos, tres...

El salón del evento es una estructura moderna, de cristal y metal, la cual despide luces de colores. Cuando estoy a la entrada y el botones me pide la invitación, estoy a muy poco de echarme para atrás.

Lamentablemente, ya no es una opción arrepentirme. Es esto, o perder a mi hijo... y mi libertad.

–Soy Ángela Webber –miento. El organizador revisa la lista un momento.

–Por supuesto, señora Webber. Su asiento está al lado del Señor Black, mesa doce. ¿Gusta dejar aquí su abrigo?

–No, no... Muchas gracias.

Maldición. Voy a conocer a un magnate del vino... y yo no sé nada de vinos. Que el Cielo y el Infierno me ayuden.

OoO

Hmm... Ay, ay Bella... Por otro lado, ¿qué piensan de la actitud de Edward? Este hombre se nos está saliendo de control. ¡Quiero correeeer!

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Un beso.

Amy W.