El agotamiento por el día vivido había derrotado a Dean, que había caído fulminado en la cama y en pocos minutos se había quedado dormido. Estaba agotado, la situación le estaba superando y lo peor era, que no tenía la más remota idea de cómo arreglarlo todo aquello. Los ángeles y los demonios se habían empeñado en que él y Sam tenían que terminar enfrentándose en una batalla a muerte. Las cosas con su hermano no se habían arreglado completamente todavía y si se paraba a pensar en su vida personal y sobretodo sentimental, las cosas se ponían peor todavía.

No dejó de soñar, con lo que tampoco descansaba demasiado. Soñaba con el Apocalipsis, en lo que él y Sam habían hecho sin saberlo, en toda aquella gente muriendo sin saber lo que había ocurrido. Iban a terminar con el mundo cuando llevaban toda la vida protegiendo a los inocentes. ¿Dónde esta la tan ansiada justicia de dios allí?

También apareció Castiel en su sueño, justo delante de él, al lado de Sam. Los dos lo miraban, los dos esperaban que Dean dijera algo, los dos querían saber cual era su respuesta, la que durante tanto tiempo les había negado por no poder elegir.

Tenían razón por querer saberlo, se merecían saber quien era aquel a quien amaba Dean, pero por más que había pensado en eso, el cazador no había sido capaz de encontrar una solución que no hiciera daño a nadie y mucho menos una solución que fuera satisfactoria para él.

Del mismo modo que no estaba dispuesto a destruir el mundo y que toda aquella gente muriera y no iba a matar a su hermano para evitarlo, tampoco se sentía con fuerzas para elegir entre las dos personas más importantes de su vida.

Los dos decían que lo habían comprendido, que no le harían elegir porque le querían, pero los conocía bien a los dos como para saber que los dos querían ser elegidos como el único y verdadero amante de Dean.

De repente, un ruido en la habitación lo sacó de su sueño y aunque todavía con los ojos cerrados, se mantuvo a la espera para poder saber si había algo en el cuarto. Sam dormía a su lado, le había notado cuando se había echado a dormir, pero había estado demasiado cansado para decirle algo.

Sintió los labios de su hermano besándole el cuello y le oyó decirle al oído que le quería, pero para cuando quería contestar, ya estaba dormido. Ahora al despertarse y mientras esperaba saber quien había penetrado en la habitación, se dio cuenta que como de costumbre, Sam había enroscado sus piernas con las de su hermano y rodeaba su cintura con fuerza, como llevaba haciendo desde que Dean había vuelto del infierno y ahora temía perderle otra vez mientras dormía.

"Dean." Pese a haberse sobresaltado, Dean intentó no moverse demasiado, pero aún así despertó a su hermano.

"Cass ¿te importaría llamar a la puerta o dar un toque al teléfono en lugar de aparecerte así en nuestra habitación? Algún día harás que nos de un ataque al corazón."

Sam se separó de su hermano y los dos quedaron sentados en la cama, mirando al ángel. Era sorprendente que Castiel nunca estaba cansado. No dormía, no paraba y casi nunca comía o bebía nada, pero siempre estaba perfectamente bien. Dean siempre había creído que esa era un porquería de vida.

"Siento haberos despertado, pero desde que salimos del almacén estaba preocupado por vosotros." Castiel no apartó la mirada de Dean mientras decía eso. Nombrar a Sam siempre era por cortesía, cuando realmente se refería únicamente a Dean.

"Negaré haber dicho esto." Dean bajó el volumen de su voz, como si lo que iba a decir fuera un absoluto secreto y alguien fuera de la habitación pudiera escucharle. "Cuando te perdimos de vista cuando Gabriel te echó del programa japonés… el corazón me dio un vuelvo. Ya está, ya lo he dicho."

"Así que lo echabas de menos." Sam sonrió y esperó ver la reacción de Dean que no se hizo esperar.

"Gracias Sammy, creo que Cass no había llegado a eso él solo." La mirada de Dean se traslado de Sam a Castiel. No se lo podía creer pero parecía que sus dos amantes se habían puesto de acuerdo para hacerle sentir mal. "¿Dónde estuviste?" Dean se acomodó en la cama, como se tratara de un niño al que estaban a punto de contarle un cuento.

"No lo se, no estaba en ningún sitio, no podía ver nada, pero era consciente de que tenía que volver, por vosotros, tenía que volver ti, se que tenía que decirte que el embaucador no era tal cosa. Me necesitabas y en cierto modo, tu me hiciste volver."

Dean apartó la mirada del ángel. No se le daban bien los momentos románticos y mucho menos esos en los que la gente abría su corazón y decía cosas maravillosas a los seres queridos. Dean no había crecido viendo La tribu de los brady y no sabía lo que era, por eso no se sentía a gusto.

"Bueno, yo voy a… creo que hay una cafetería al final de la calle y" Sam comenzó a levantarse. Que Dean lo quería era un hecho, que estaba enamorado de su hermano era otro, pero que estaba dispuesto a compartirlo en un trío… Sam prefería no ver lo que ya sabía que ocurría entre su hermano y Castiel.

Sin embargo, la mano de Dean agarrando la suya con fuerza, no le dejó seguir adelante y le hizo sentarse otra vez en la cama.

"No quiero que ninguno os vayáis, no quiero hacer esto más difícil de lo que ya es para todos, pero no se como arreglarlo. Queréis que os diga que estoy completamente enamorado de uno de vosotros y que este arreglo de los tres no puedo soportarlo. Pero creo que soy demasiado egoísta y, de alguna forma gracias a Gabriel, me he dado cuenta."

La otra mano de Dean se deslizó con suavidad por la pierna de Castiel y le sonrió. Se acercó hacia él y de rodillas en la cama, frente al ángel, le besó en los labios, se apoderó de ellos como si hiciera años que no le besaba, como si un día lejos de él hubiera supuesto la vida entera.

Castiel le contestó rodeando su cintura y atrayendo su cuerpo hasta el suyo como si pudieran fundirse en uno sólo. "Tu me has salvado de Gabriel y creo que quien fuera que me resucitara de ser asesinado por aquel arcángel, sabía que me necesitabas. De nuevo me salvaste tu."

"Creo que ahora más que nunca se que te quiero." Dean volvió a besarle, no podía creer lo fuera de si que le ponía estar lejos de su ángel. "Y creo que estamos en paz, tu me sacaste del infierno y me devolviste la vida y me trajiste con Sam y yo te he salvado la vida, más o menos dos veces. Creo que eso nos deja en tablas."

Entonces Dean se dio la vuelta. Por un momento había llegado a creer que Sam se había marchado, pues ahí detrás de él, se había quedado en completo silencio, mirando una escena, que no podía negar que le hacía daño.

"Sam ven." Estiró la mano esperando que su hermano la tomara. Pero Sam dudó, llevaba un tiempo preguntándose cuanto más iba a poder soportar aquella situación. Amaba a Dean, le quería con toda su alma y pasar un solo minuto lejos de él, era lo más parecido a morirse. "Sam por favor, yo no… no creo que…"

Su mano todavía extendida comenzó a temblar. Había temido tanto que llegara ese momento, que uno de los dos, que Sam o Castiel decidieran dejarle por no aguantar más… que pensar que Sam se lo iba a decir ahora era imposible de aceptar.

Sin embargo, Sam no dijo nada y sin más tiró de Dean hasta recogerlo entre sus brazos. Dean respiraba tan rápido que apenas podía decir nada, por lo que se quedó en silencio arropado entre sus brazos y su cuerpo, mucho más grande que el suyo.

Notó el beso de Sam sobre su cabeza, como si del hermano mayor cuidando del pequeño se tratara. Pero por una vez, Dean no se quejó y se quedó ahí, relajándose con el latido del corazón de Sam.

"Te quiero Dean, te quiero de todas las formas posibles y no se como podría dejarte por hacerte elegir." susurraba al oído de su hermano, con la esperanza de que Castiel no tuviera ningún tipo de superoído ni nada parecido. "Tu tienes tu ángel, muy bien, pues yo tengo mi… diablillo. Sam se río, al ver que Dean se removía con rapidez, para protestar.

Lo conocía demasiado bien como para saber lo que iba a hacer, cada movimiento, cada gesto, incluso cada palabra no pronunciada. Así cuando Dean se incorporó, le sujetó el brazo derecho contra la espalda y con un poco de fuerza, consiguió tirarlo sobre la cama y sin más dilación le besó con rudeza.

Sabía que lo que estaba haciendo le encantaba a Dean y Castiel no iba a hacérselo, demasiada compostura de ángel. Se sentó sobre él y volvió a besarle, hasta que Dean ya no tenía intención de decir nada.

"¿Esto como va a funcionar? ¿Ahora soy vuestro esclavo sexual o algo así? Por mi no hay problema, mientras os organicéis vosotros." Dean sonrió aunque no estaba seguro porque estaba haciendo aquello Dean, pero le gustaba.

"Sam." Si no lo conocieran bien, dirían que Castiel estaba ruborizado. Después de lo que había hecho con él cuando estaban a solas, Dean se sorprendió de verlo tan cortado ahora.

"Dean no lo dice en serio y yo tampoco pretendo eso. Tan sólo quería que se callara y que no aguara la fiesta. Tranquilo Cass no estoy preparado para un trío yo tampoco."

Dean se incorporó ahora, tal cual había visto en su sueño, tenía a los dos hombres de si vida, frente a él, esperando que dijera algo.

De rodillas en la cama, como si estuviera haciendo algún tipo de penitencia, Dean se deslizó por la cama hasta ellos. Con ambas manos, acarició las mejillas de los dos y suspiró aliviado al ver que ambos seguían ahí todavía.

De repente, Sam le besó la mano y comenzó bajar por el brazo, mientras Castiel se quedaba allí mirando a los dos hermanos. Las manos de Sam se posaron sobre sus piernas y lo escuchó suspirar otra vez.

"Sammy…"

"Todavía te cree que te puedo dejar porque no puedas elegir entre nosotros. Valiente tonto." Sam le besó en el cuello y lamió su piel hasta debajo de la oreja. "Tenemos bastantes problemas como para que compartirte con un ángel, sea el pero de todos ahora mismo."

"Dean." La mano de Castiel se movió con decisión por el brazo de Dean. "El fin del mundo está a la vuelta de la esquina y se que me quieres. Creo que hasta que solucionemos todo esto, podré soportarlo. Al menos ya se que cuando todo esto acabe no espero terminar otra vez en el cielo con el señor."

Sam se acomodó en el hombro de su hermano y observó al ángel mientras hablaba. Rodeó la cintura de su hermano con las dos manos y por un momento con una tocó la entrepierna de Dean.

"¿No habías dicho nada de tríos?"

"Esto no es un trío Dean. Primero porque Castiel es mucho más conversador." Aunque Sam también lo era. Castiel asintió. "Lo que quiero es que dejes de pensar en quien de nosotros te va abandonar, porque creo hablar por los dos cuando digo…"

Sam estaba a punto de besarle, cuando para su sorpresa, Castiel se puso en medio y se apoderó de los labios de Dean. Introdujo la lengua hasta el fondo, hasta dejarle sin respiración y jugueteó en el interior de su boca hasta que Dean gimió con fuerza.

"No, no me gusta las cosas de tres, pero te conozco y se sin uno de nosotros no podrías seguir en esta guerra."

"¿Sólo estáis haciendo por ganar el Apocalipsis o de verdad…"

"Mira que eres tonto Dean." Sam volvió a besarle el cuello casi como si se tratara de un vampiro en acción, al mismo tiempo que sus ojos se encontraron con la mirada azul de Castiel. "El día que decida dejarte, será porque un demonio ha acabado conmigo, no porque deje de quererte."

Pese a haber dicho que los tríos no eran lo suyo, Sam introdujo la mano dentro del pantalón de su hermano y rozó su trasero. Por su parte Castiel le levantó la barbilla y volvió a besarle.

"Ya tomé una decisión cuando te saqué del infierno y todas las veces que he traicionado a algún ángel por ti. Pero nunca estoy tan seguro de querer estar contigo como cuando me alimento de tus labios."

Castiel había dicho lo mismo sobre tres personas en una relación, pero si Sam había decidido seguir adelante, él no iba a ser menos y volvió a besarle, introduciendo la mano por su camisa hasta acariciar el pecho de Dean.

Cada vez que Castiel le besaba, le dejaba sin aliento, pero aquello le encantaba sin duda. "Haciendo estas cosas, no vais a conseguir que me decida sobre vosotros dos." Gimió cuando notó un dedo de Sam introduciéndose en él. Castiel le había desabrochado toda la camisa y había comenzado a besarle el pecho, a lamer sus pezones y apenas podía resistirlo.

Entre los dos lo tumbaron en la cama. Sam le quitó los pantalones, Castiel la parte de arriba y ambos continuaron amándole. Un rato más tarde, cubierto de sudor e incapaz de aguantarlo más, Dean gimió, escondió la cara en la almohada hasta que Sam tomó su cara y le besó, mientras le mordía le labio y eyaculó dentro de él con la última envestida, mientras Castiel se sacaba su miembro de la boca tras haber conseguido que eyaculara también.

Se tumbaron a su lado, acariciaron su cuerpo desnudo y pringoso por el sudor y ambos le besaron. "Creo que en algo estamos de acuerdo Cass y yo. No nos gustan los tríos y no nos gusta compartirte con otro, pero podemos ponernos de acuerdo como tu has dicho para hacerte feliz."

Tal vez Dean estuviera pidiéndoles mucho a los dos, tal vcez algún día los perdería a ambos, pero estaba claro que mientras el Apocalipsis siguiera adelante, tenían cosas más importantes que hacer que discutir por amor y al menos durante un tiempo iba a tener el mejor sexo de su vida.

"Os quiero." Dean cerró los ojos, si antes había estado cansado, ahora estaba terriblemente agotado y lo único que quería era dormir. Se quedó allí tumbado, con la cabeza en los pies de la cama y lo dos hombres de sus fantasías junto a él, abrazándolo, amándolo y soportando sus indecisiones. ¿Podía pedir algo más pese a lo cerca que estaba el final del mundo?