Desconocida
Clavó sus ojos en el chillón overol rosa que llevaba la chica, incapaz de apartar la mirada. ¿Quién era? Esa era la pregunta que rondaba por la cabeza del actor. Alzó la vista, observándola directamente a los ojos mientras ella mantenía una sonrisa bastante nerviosa en su rostro, a la espera de que él dijera algo. ¿Acaso se trataba de alguien del supermercado? ¿Tenían servicio a domicilio? Quizás lo tuvieran, pero resultaba inquietante que llevasen un uniforme como aquel. ¿Sería de mantenimiento? Se veía demasiado joven para eso. Fuera como fuese sabía quién era él, aunque eso no era novedad, era un actor nacionalmente conocido, que supiera su nombre no significaba que le conociese personalmente.
¿Quién demonios podía ser esa chica? Parpadeó varias veces, dando un paso hacia el interior de su apartamento. ¿Y si se trataba de una fan? Quizás usando aquel uniforme y fingiendo ser de un servicio a domicilio habría entrado en el edificio para encontrarse con él. Frunció el ceño mientras esta idea crecía en su cabeza, ¿acaso una fan lo trataría de forma tan respetuosa antes de lanzarse a su cuello cual histérica? No parecía ser como el público femenino enloquecido que había visto en las entrevistas.
—¿Tsuruga-san…? —preguntó intentando no variar su gesto aunque pudo notar un ligero rictus en su mejilla.
Su voz, durante un instante, hizo que olvidase sus elucubraciones. No, no podía tratarse de nada eso. Simplemente por su actitud se notaba que era alguien formal, por lo que no se era un fan. Demasiado joven para tratarse de alguien de mantenimiento y, por las bolsas que sostenía, lo más seguro era de que fuera alguien del supermercado, aun usando aquel horrible uniforme. ¿Acaso él recibía comida en su casa cual recluso que evita el exterior?
—¿Qué haces aquí? —finalmente dijo, aún con el ceño fruncido, mostrando una extraña mueca entre la sorpresa y el enfado.
—Eh… —dudó—. Vengo a hacerle la cena, Tsuruga-san. El presidente me ha pedido que viniese —contestó—. También… me ha explicado lo que ha pasado —dijo bajando ligeramente el tono de voz mientras miraba a un lado y otro del pasillo que no hubiese nadie—. ¿Puedo pasar?
Oh, así que el presidente la había enviado. Volvió a echarle un vistazo a su uniforme y pensó cómo no había caído en esa posibilidad al ver la indumentaria de la chica. Ella hizo una ligera reverencia antes de entrar y pasó por su lado dirigiéndose directamente hacia la cocina. En cierta medida le molestaba bastante que ese hombre tuviera que enviar a alguien para cuidar de él, como si fuera un niño en vez de un adulto que necesitara supervisión. Además, aquella joven debía ser menor que él.
—Dices que el presidente te ha dicho que me ha pasado —comentó—. ¿Qué te ha dicho exactamente? —indagó.
La chica, que había comenzado a sacar de las bolsas todo tipo de verduras y condimentos, se detuvo girando su cabeza mostrando una profesional sonrisa.
—Todo —respondió—. Me ha dicho que Tsuruga-san, debido al accidente, sufre amnesia y no puede recordar nada de años atrás —repuso—. Pero, también me ha dicho que es pasajero y que seguramente en un par de días esté completamente recuperado —añadió—; así que me ha pedido que, mientras Tsuruga-san recupera la memoria, me asegure de que come apropiadamente.
¿Acaso no era ese exactamente el trabajo que haría una niñera? Aquel asunto cada vez le gustaba menos. Se cruzó de brazos, observándola detenidamente mientras guardaba todo lo que había traído en diferentes lugares de su cocina, como si conociese dónde debía ir cada objeto.
—No necesito que nadie se asegure de que como apropiadamente —comentó—. Cuando tenga hambre comeré.
La muchacha se detuvo, girándose lentamente para mirarlo de una manera que sorprendió al actor. Sus cejas, antes alzadas y comunicativas, se encontraban gachas y suspicaces, como si las palabras que hubiera dicho sonasen a algo despectivo o incluso incorrecto para esa chica.
—Por eso exactamente me ha enviado al presidente, Tsuruga-san no tiene ni idea de lo que es alimentarse apropiadamente. —Señaló, con voz bastante seria, a la pila de comida precocinada que había encima de la encimera—. Y Yashiro-san sólo sabe fomentar los malos hábitos de comida que tiene —bufó—, parece que no le conociera.
Abrió ligeramente la boca, incapaz de encontrar una respuesta certera a tan descarado comportamiento. ¿Cómo se atrevía…? No, ¿cómo era capaz de dirigirse de forma tan obcecada hacia él? Ignorando el estado en el que le había dejado ella continuó su labor, buscando una cazuela de tamaño medio que comenzó a llenar de agua. El actor comenzó a sentir una fuerte animosidad por esa muchacha. ¿De qué se conocían? ¿Cuán cercanos debían ser para que le hablase en aquel tono?
—¿Y acaso tú me conoces mejor? —dijo en un tono de mofa.
—Sé perfectamente los hábitos alimentarios que debe tener Tsuruga-san, cosa en la que discrepamos bastante —afirmó—. El presidente me dijo que, además de prepararle la cena y demás comidas, si cabía dentro de mi poder debía ayudarle a recobrar sus recuerdos, sobre todo los relacionados con su papel de Cain Heel.
La mención del nombre del personaje que tenía que interpretar para realizar el papel de B.J. lo sorprendió. ¿Acaso no era un secreto? ¿No estaba utilizando ese mismo pseudónimo para que nadie supiera que era Tsuruga Ren? ¿Cómo entonces el presidente desvelaba tal información a alguien de la compañía? Estaba a punto de reclamar, de decir algo, cuando recordó que él no iba a estar solo cuando fuera a interpretar a Cain Heel. Éste tenía una hermana menor que él: consentida, infantil, posesiva y caprichosa. Destinada a mantener su identidad a salvo fuera cual fuese la circunstancia. Se la quedó mirando incapaz de pensar que aquella muchacha fuera en quien estaba pensando.
—¿Quién eres tú para saber eso? —preguntó.
Ante aquella cuestión ella ladeó la cabeza, inicialmente confundida, pensando en por qué no debería saber eso. Hasta que cayó en la cuenta de que él no recordaba nada, no sabía quién era y mucho menos su papel en toda esa empresa.
—Yo soy quien interpreta a Setsuka Heel.
Continuará…
