DISCLAIMER: Inuyasha © Takahashi Rumiko
PREVIAMENTE…
- Inuyasha… ¿Qué harás con Kagome si descubres que es ella realmente la asesina que buscas? ¿La entregarás? Recuerda que es menor de edad.- Dijo Miroku, preocupado.
- Y no olvides que pronto será parte de la familia. Ya empezaron los trámites para adoptarla.- Le dijo Inu No:- No entregarás a una Taisho a la justicia por simple presentimiento.
- Además no tienes pruebas suficientes que demuestren que ella realmente es quien trató de matarte.- Dijo una voz profunda, sorprendiéndolos. Sesshoumaru ya estaba levantado y vestido. Sería el segundo día del seminario antiterrorista y le interesaba empezar temprano.
- Creo que mejor me dormiré un rato…- Les dijo, mientras ponía la prenda en una bolsa:- Necesito descansar y ya pronto amanecerá.
Se despidió y subió a su habitación. En su cama estaba ella. Tan fresca y perfumada. Se acomodó a su lado y empezó a acariciarle el sedoso cabello y recordó cuando Jakotsu le extendió su cabello a Katana. A pesar de la oscuridad, pensó que sería más o menos del mismo largo que el de ella. Recordó el suave aroma a durazno dejado en el aire por el cabello de Katana y comprobó que era el mismo que tenía Kagome. Suspiró: "Lo menos que quería era pensar en tantas coincidencias".
Finalmente empezó a dormitar… entonces descubrió una mancha de sangre en la playera de Kagome… a la altura del hombro. "Justo donde Jakotsu puso su mano". Finalmente se quedó dormido… Estaba exhausto y mañana, o mejor dicho, más tarde… sería otro día…
CAPITULO 14
La fresca brisa se colaba por la ventana y el sonido de la alarma le indicó que eran las 7 de la mañana. Suspiró sin abrir los ojos.
Buscó al lado suyo, palpando la cama, la presencia de su chica. Al sentir su hombro la abrazó, colocando su mano bajo su barbilla. Y con los dedos apreció la inusitada suavidad de su cutis.
Deslizó su pulgar delineando los labios de ella. Al notar que los entreabría no lo dudó. Esa era una clara invitación a probarlos.
Con suavidad giró el rostro amado hacia él. Aún no abría los ojos, así que la cascada de cabello cayó sobre su cara, envolviéndolo en una suave fragancia de… ¿Lavanda?
Al sentir la tersa mejilla en sus labios, buscó su boca, pero el aroma era intenso y no recordaba que Kagome emanara semejante aroma… Así que entreabrió los ojos.
Notó una marca en la mejilla de su amada, así que retiró un poco para verla mejor… Esa marca y el aroma intenso a flor de lavanda lo hicieron por fin recordar… A la única persona que usaba lavanda… y lucía ésas marcas en su rostro.
- ¡¡¡JAKOTSU!!!
Inu No Taisho y Mukotsu compartían alegremente las galletas caseras traídas por éste último, mientras tomaban té, cuando oyeron el grito. Casi todos los invitados a la casa ya desayunaban y empezaron a reír:- Parece que Jakotsu ya se encargó de despertarlo.
En la habitación, un furioso y ruborizado Inuyasha daba de gritos al joven que permanecía sentado en la cama.
- ¡Ouch! – Dijo sobándose la cabeza:- No tenias por qué darme tan fuerte… - Le dijo, lloriqueando.
- ¡¡¿¿Qué demonios hacías en mi cama??!! – Rugió, impaciente.
- Subí a despertarte, pero te veías tan lindo dormido y como aún tenía sueño me acosté un ratito… - Le dijo, con tono dulce y mimado:- No hice nada malo.
Inuyasha empezó a respirar para tranquilizarse. Era cierto. Quien se había movido era él y no Jakotsu. De hecho, Jakotsu le daba la espalda. No era su culpa que lo confundiera con Kagome. No era su culpa que hubiera estado a punto de…
- ¿Dónde está Kagome? – Le preguntó, un poco más tranquilo pero aún molesto.
- ¿"Ojitos de chocolate"? Bajó a desayunar. Dijo que me invitaría un omelette de queso.- Le respondió, un poco más tranquilo.
Ante la referencia a los "ojitos de chocolate" Inuyasha sonrió. Los ojos de Kagome eran profundos y oscuros, pero a la claridad tomaban un hermoso tono chocolate."Un momento ¿Dijo que… lo invitaba?"
- ¿A qué te refieres con "Dijo"? – Preguntó, mientras se ponía una playera. Jakotsu observaba enlelado el amplio pecho, el marcado abdomen y los brazos de Inuyasha… sin poder reprimir un suspiro. De pronto reaccionó a la pregunta.
- Ella dijo… - De pronto lo razonó:- ¿No vas a dejar que me quede a desayunar? Tu papá dijo que sí.
- No es eso… - Le aclaró con fastidio:- Te pregunté ¿A qué te refieres con "Dijo"?
Los ojitos de Jakotsu chispearon:- ¿Quieres saber cómo me lo dijo? – Sonrió malicioso.
- Kagome… ¿Te habló? – Preguntó, con cierto temblor en la voz. Al parecer la furia se le había ido.
Jakotsu se cruzó de brazos e hizo un mohín de disgusto:- No te lo diré…
Inuyasha frunció el ceño. Sabía que cuando Jakotsu hacía un berrinche era muy difícil hacerlo hablar… Tal vez si Inuyasha…
- ¡¡¡NOOOOO!!! ¡¡¡ESO NUNCAAAA!!!
Inuyasha corría tras Jakotsu, quien dió un salto desde el barandal del segundo piso y fue a dar al sofá… donde dormía Miroku.
- ¡¡Aaargh… FIJATE ANIMAL!! – Gritó Miroku, al sentir el cuerpo caer sobre el suyo, despertándolo de golpe.
Ahora perseguido por dos, Jakotsu huyó hacia la cocina. Ante los gritos, Inu No Taisho y Mukotsu sólo voltearon a ver al joven que rápidamente se llegó a escudar tras la chica que servía el contenido de un sartén en un plato.
- Pensé que era tu sueño ser perseguido por ése par.- Bromeó Mukotsu. Inu No Taisho empezó a reírse.
- ¡¡Pero no así!! – Dijo Jakotsu, mientras se abrazaba a la cintura de Kagome desde su espalda.
Los dos chicos entraron de golpe a la cocina. Inuyasha sostenía en una mano la Tessaiga y en la otra la vaina, listo para sacarla y partirlo en dos; mientras Miroku amartillaba su arma. Jakotsu se quedó viendo a Miroku y a Inuyasha; sus ojos se agrandaron y empezaron a humedecerse.
- ¡Aquí todos me gritan! – Lloriqueó, aferrándose y estrechando a la chica. Lo que Inuyasha y Miroku no esperaban, era que Kagome se girara y pusiera sus manos sobre los hombros de Jakotsu, quien colocó su frente sobre la de Kagome, ante la mirada furiosa de Inuyasha.
- (Tranquilo Jako-kun, no llores) – Le dijo Kagome, moviendo sus dedos. Al terminar, acarició el rostro de Jakotsu.
- Ese Inuyasha... Siempre me grita y se enoja conmigo… - Le dijo a Kagome. Ella empezó a acariciarle el cabello desordenado y se lo volvió a levantar con una horquilla.
- (¿Por qué te gritó Inuyasha, Jako-kun?) – Le preguntó cuando terminó de acomodarle el cabello.
- Es que… - Empezó a decir con timidez y se volteó a ver a Inuyasha, quien lo veía con ganas de matarlo. Así que le sonrió y le susurró a Kagome algo en su oído y ella sonrió.
- (Está bien… Yo lo haré) – Le dijo. Y le tomó de las mejillas y le dio un leve beso en sus labios. Un suave roce…
Inuyasha ya tenía a Tessaiga desenvainada en las manos cuando su padre lo detuvo:- Tranquilo… no es para tanto.
- ¡¿No es para tanto?! ¡¡Besó a mi chica!! – Gritó Inuyasha.
Ante tal declaración, todos se voltearon a verlo. Menos Kagome, quien sonreía en los brazos de Jakotsu.
- Yo no la besé… Ella me besó a mí. – Le aclaró Jakotsu a Inuyasha:- Además, no puedo creer que la estés celando conmigo.
Inuyasha iba a decir algo… Cuando cayó en la cuenta que todos estaban reunidos, menos Sesshoumaru. Se contuvo, para ordenar sus pensamientos. Se dirigió al armario y tomó una pequeña bolsa. Miroku ya se había sentado junto a Sango y empezó a comer cuando vió a Inuyasha acercarse nuevamente.
- ¿De dónde salió esto? – Preguntó, sacando una prenda de una pieza, de color negro, de un material elástico pero resistente.
Kagura, Sango y Kohaku dejaron de comer y se miraron entre sí. Kagome comía tranquilamente, como si no hubiera escuchado la pregunta.
- ¿Y bien? – Volvió a preguntar Inuyasha, esta vez con impaciencia.
- Se parece a la prenda que usa Katana… - Dijo Jakotsu, inocentemente.
- Precisamente es ésa…- Dijo Miroku:- Esta madrugada Inuyasha la encontró en el cuarto de baño.
Ante el comentario, Jakotsu se levantó y de un movimiento rápido le quitó la prenda a Inuyasha y se la llevó a la cara:- ¡Mmmmm! – Suspiró al sentir el aroma:- ¡Duraznos!
Inuyasha se acercó por detrás de cada chica… y Kohaku. Curiosamente, los cabellos de Sango, Kagura, Kagome y Kohaku tenían el mismo olor.
- ¿Porqué huelen así? – Preguntó, molesto.
- ¡Aah! – Empezó a decir Sango:- Es que traje el shampoo de duraznos que tengo en casa y... les ofrecí si querían usarlo.
- ¿A poco usas el shampoo de durazno para lavar la ropa? – Preguntó Jakotsu. Sango se puso aún más nerviosa.
- ¿Eh?...Sí, digo no. Es el aroma del suavizante de telas…
- ¡¿De dónde salió esa prenda?! – Volvió a preguntar Inuyasha.
- Es mía… Dijo Kohaku.
Inuyasha se acercó al chico y lo hizo levantarse. La complexión era parecida, pero parecía un poco más bajo que Katana… Y estaba el detalle del cabello largo.
Jakotsu se acercó a Kohaku y lo sujetó por los hombros. Kohaku gritó.
- ¡AAAyyy, me duele! – Dijo, sorprendiéndolo. Al momento le alzó la manga de la playera y descubrió un moretón en el hombro… Era un golpe, no una herida.
- ¿Qué está pasando Inuyasha? – Preguntó Kagura. Al momento de protestar, Jakotsu se colocó tras ella y le extendió el cabello. A Inuyasha de dio un vuelco el corazón: Era el mismo largo y color.
"¿Acaso Kagura?" La vió. Kagura tenía un cuerpo muy bello. Bien formado, piernas largas y torneadas. Brazos firmes… Pero no tenía ni una sola herida. Su blusa "halter" lo demostraba.
- ¡Esto me está gustando! – Dijo Jakotsu:- ¿Sigo con la grandota?
Ante el comentario, Miroku se levantó y encaró al joven que ya se arrojaba sobre Sango: - ¡Tú la tocas y te mato! – Se volteó hacia Inuyasha:- No puedes creer que…
Inuyasha se acercó a Sango:- Sango… ponte de pie, por favor.
Sango se levantó. Era ligeramente más alta que Kagome, Kagura y Kohaku. Su cuerpo era un poco más voluptuoso… "Si fuera ella, no sería tan ágil". Le extendió el cabello, el largo coincidía, pero no el color "Aunque en la oscuridad…" Al tocarla de los hombros se quejó. Le alzó la manga de la blusa y descubrió una herida vertical…
- ¿Cómo te hiciste esta herida? – Le preguntó.
- Fue mi culpa.- Le dijo Inu No Taisho:- Dejé mi espada en el dojo y cuando Sango hizo la limpieza la blandió sin cuidado y se hirió…
Inuyasha respingó. Le faltaba revisar a una. La que tranquilamente terminaba su desayuno… en silencio.
Se acercó por detrás de ella y la invitó a levantarse tomándola por la cintura. El cabello era bastante parecido, aunque estaba ondulado de las puntas. La estatura y la complexión… era la misma. Así como el olor del cabello. Sólo faltaba una cosa. Con suavidad la tomó por los hombros y la apretó. Kagome expresó un gesto de dolor.
Le descubrió el hombro y notó una curación:- Estás herida…
- Por si no lo recuerdas, hace dos noches Miroku y tú la trajeron del hospital. La herida de bala que le hizo Miroku… ¿Lo recuerdas? – Le preguntó Inu No Taisho.
- ¿Y cómo es que aún no cicatriza? – Le preguntó Inuyasha a su padre, seguro que él la estaba encubriendo.
- Por que anoche mientras se bañaba resbaló en la ducha y se le volvió a abrir.- Le dijo tranquilamente.
Jakotsu se le acercó y le susurró:- Inuyasha… la herida de Katana es en el otro hombro.
- ¿Estás seguro? – Le preguntó. Al notar que asentía suspiró. No era posible que todas sus sospechas fueran infundadas.
Resignado, se sentó al lado de Kagome, quien al momento le acercó un plato.
- (¿Qué pasa Inuyasha?) – Le preguntó. Al notar que movía los dedos, la vió con ojos desolados.
- ¿Sango? – Preguntó Inuyasha pidiendo traducción.
- Te pregunta que pasa.- Contestó Sango.
Se sentía derrotado. No era posible que su instinto fallara.
- Me equivoqué…
Unas manos suaves se apoyaron sobre los hombros de Inuyasha y empezaron a masajearlo. Empezaba a disfrutarlo cuando de pronto reaccionó al notar que TODAS las chicas estaban sentadas.
- Jakotsu… - Le dijo, fastidiado:- Déjame en paz.
- Lo que necesitas es relajarte, Inu-kun…- Le dijo:- ¿Qué te parece si nos vamos a patinar?
Todos se miraron. Inu No Taisho empezó a sonreír:- Por difícil que sea de creer… creo que Jakotsu tiene razón esta vez, hijo… ¿Por qué no sales a distraerte un rato? – Se volvió a los demás:- Todos son aún muy jóvenes. En vez de estar con un par de viejos como nosotros deberían salir a divertirse.
- Y cuando regresen les tendremos lista la comida… - Completó Mukotsu.
- Además es sábado y no creo que el crimen organizado trabaje este día… Hasta ellos se toman un día para descansar. – Siguió diciendo Inu No Taisho:- ¿Qué necesitas para convencerte de ir a patinar un rato?
Mientras tanto, en el Departamento de Servicios de Protección al Menor, Kouga abría la puerta para dejar pasar a sus asistentes: Ginta y Hakkaku, dos jóvenes pasantes de la carrera de Trabajo Social.
- Pero jefe… ¡Es sábado! – Se quejó Ginta.
- Anoche ni siquiera dormimos por terminar estos reportes, jefe.- Se quejó Hakkaku.
- No estoy para oír sus quejas. El capitán me está presionando para que supervise la adopción de la chica Taisho. Y Naraku también pelea la misma custodia… ¿Qué tiene esta niña de especial? – Concluyó, mientras ponía agua en la cafetera automática.
- Oye jefe… ¿Y lo de la indigente del tiroteo contra Inuyasha? A mí me asignaste ese caso ¿Recuerdas?
- Pero el mío es más importante… Cada vez que el señor Kurozawa trata de obtener la custodia de esa chica, siempre aparece alguien que se la quiere quedar… No entiendo cómo alguien quiera adoptar a una chica ciega…
Kouga se paralizó:- Dijiste… ¿Ciega?
Los dos chicos se quedaron ante Kouga sin saber qué hacer. Kouga tomó asiento rápidamente y les pidió los reportes sobre los que estaban trabajando. Tomó las fotos de la indigente del tiroteo, las que le tomaron en el hospital y las fotos de la ahijada de Naraku, las que le tomaron en la casa-hogar. Se quedó sin palabras.
- ¿Qué ocurre jefe? – Preguntaron Ginta y Hakkaku.
- Es… Es la misma chica. – Les respondió Kouga, aún sin creerlo.
Se levantó de su asiento con ambas fotografías "Ahora entiendo el interés de los Taisho por la chica. Llegó a sus manos gracias a Inuyasha y les interesó adoptarla para fastidiar a Naraku. Bien Inuyasha. Te ayudaré a lograrlo… Solo así espero poder redimirme… de mis pecados" Pensó Kouga.
- Para el lunes iremos a hacer una visita al hogar Taisho. Preparen el papeleo. – Le ordenó a sus asistentes.
- Pero… ¿Y mi caso jefe?
- Es la misma chica. Reportaremos eso a los superiores. Prepárense que esto se va a poner interesante.- Dijo mientras echaba un último vistazo a las fotos "Ella es… realmente hermosa".
En la casa Taisho estaban reunidos en el estudio Jakotsu, Mukotsu, Inu No Taisho, Miroku e Inuyasha. Éste último jaló al chico de la bufanda.
- ¡¡Mierda Jakotsu!! ¡¡¿¿Qué hacen aquí??!!- Le habló con voz fuerte pero sin gritar.
- Yo vine a ver a tu padre… Le traje unas galletas y hace mucho que no charlamos. – Dijo Mukotsu.
- Y yo vine a conocer a Kagome… Tengo unas ganas locas de ir a patinar y no quiero ir solo.- Dijo Jakotsu.
- ¿Patinar?... – Preguntó Miroku:- ¿Estás loco?
- ¿A poco solo los locos patinan? – Le preguntó el chico. Inuyasha lo vió, molesto. Jakotsu lucía una camisa manga larga color salmón y un pantalón de mezclilla en verde claro, mocasines y su infaltable bufanda, esta vez de un tono verde claro.
Lo tomó del brazo y lo jaló:- Se supone que no te gustan las mujeres, Jakotsu.- Le dijo.
- El hecho que me gusten los hombres no significa que me desagraden las mujeres…- Le respondió. Pero la mirada incrédula de Inuyasha le hizo corregir:- Está bien, lo acepto… no me gustan las mujeres. Pero Kagome es tan linda… que podría despertar mi lado masculino.
- Más te vale dejar tu lado masculino dormido si quieres seguir con vida.
Jakotsu lo vió, inquisitivo:- ¿A que le temes Inuyasha?
Eran pocas las ocasiones en que Jakotsu hablaba en ése tono.
Inuyasha sólo acertó a bajar la mirada, mientras lo soltaba:- A… enamorarme.
Al salir del estudio, encontró a Sango, Kohaku, Kagura y a Kagome ya listos para salir. Se despidieron de los dos hombres y salieron hacia la acera, donde estaba el auto de Inuyasha.
- Veamos… Miroku conmigo adelante, Sango pondrá a Kohaku en sus piernas y lo mismo hará Kagura con Kagome… Jakotsu irá solo.
- ¡Yo quiero llevar al lindo Kohaku! Prometo no hacerle nada.- Dijo Jakotsu.
- ¡Yo quiero llevar a Sango! – Dijo Miroku:- Recuerda que es mi novia.
"Y yo quisiera llevar a Kagome…" Pensó Inuyasha. Pero al ver las miradas de súplica de los hermanos Taijiya, que no los pusiera en "manos peligrosas", sonrió.
- Yo no quiero llevar a Kagome.- Protestó Kagura:- Es más alta que yo.
- Si quieres yo la llevo… - Ofreció Jakotsu y volteó a ver al del pelo plateado:- Si Inuyasha lo permite…
Inuyasha tuvo que asentir, molesto. El único cambio era el de Kagome.
- ¡Oh, vamos Inuyasha! – Trató de consolarlo Miroku, mientras conducía:- Es como si fuera con otra chica…
- Yo… ya no estoy tan seguro.
Llegaron a la pista de hielo. Sango tomó de la mano a Kagome y a Kohaku y se adelantaron a pedir los patines. Kagura caminaba al lado de Jakotsu, en silencio, mientras éste daba de gritos de emoción al ver la pista. Miroku caminaba al lado de Inuyasha, quien iba pensativo.
- ¿Te preocupa algo?
- Entre otras cosas la identidad de Katana, la adopción de Kagome, el contrato de Sango, la probable masculinidad de Jakotsu… sin contar que aún podrían atentar contra mi vida… Incluso en un lugar público como éste. No me gustaría que resultaran heridos por mi culpa.
- Bueno, creo que tu papá tiene razón. Hasta Naraku debe descansar…
No se dieron cuenta que eran observados por cinco hermosas chicas, que descansaban luego de patinar un rato.
CONTINUARA…
-
