...hum, ¿hola?

Lo sé, lo sé, me perdí por no mucho, sino por DEMASIADO tiempo, creo que fue alrededor de un año y, en serio, me disculpo por eso; ha sido un año MUY pesado en muchos aspectos entre bloqueos verbales, múltiples accidentes laborales (nada que no pueda mejorar...o empeorar, conociéndome), terapias de rehabilitación con fisioterapeutas, varias búsquedas infructosas de trabajo, períodos de tiempo en los que, de verdad, no sé que hice e intentar mantener mi muy olvidada vida social, el tiempo se me fue volando.

Ya cumplí años otra vez, cumplí casi un año sin actualizar y casi cumple años el fic, así que me encuentro celebrando por todos lados. Otra razón para celebrar, es que al menos UNA de mis entrevistas laborales SÍ dio resultados positivos y...¡me iré a Disney World por un año!(de hecho, en este preciso momento estoy actualizando desde el aeropuerto) No pienso mentirles, es un sueño de la adolescencia hecho realidad y la emoción y el nervio me invaden cada día más; de cualquier manera, intentaré actualizar y quién sabe, podría encontrar inspiración al ver a Elsa y Jane...aunque no prometo nada.

Por cierto, a los nuevos lectores que llegaron a este fic, dejaron comentarios y dieron follow: mis más sinceros agradecimientos y nuevamente mis disculpas por tardar tanto en subir esta nueva entrega. Sin más por el momento, feliz lectura.

Parte XIV.

El rocío de la mañana apenas había logrado despertar a las jóvenes durmientes; Elsa se desperezó con pesadez, y sintiendo una ligera incomodidad en cada músculo en su espalda, una cosa era dormir en una tienda y otra muy diferente, hacerlo en la rama de un árbol; Jane contempló con fascinación los movimientos elegantes y casi felinos de su amada.

-Ugh, no creí que dormir en una rama fuera tan incómodo- suspiró la regente frotando su hombro una vez que se incorporaron.

-Siento haberla hecho renunciar a la comodidad de su aposento, Su Alteza- dijo Jane en tono burlón.

-No lo entiendo, ¿cómo es que no te duele la espalda?- el cuello de Elsa tronó ligeramente al girarlo.

-Aprendes a ponerte cómodo en cualquier situación con el paso del tiempo, cariño- comentó mientras comenzaba a masajear la nuca de la regente, los pulgares subiendo y bajando con un ritmo lánguido pero firme; se deslizó después hacia los hombros y prosiguió dibujándole círculos sobre los omóplatos, sintiendo el frescor que irradiaba el cuerpo de su amada; Elsa cerró los ojos dejándose llevar por las sensaciones, ¿cuándo fue la última vez que permitía que alguien la tocara de esa manera? No lograba recordarlo y en ese momento, no le importaba en lo absoluto; Jane la abrazó a la altura de los hombros con el brazo izquierdo, mientras, con la base de la palma derecha subió por la tensa columna de la regente, un placentero gemido de la rubia las petrificó, haciéndolas conscientes de la cercanía entre sus cuerpos, la castaña la soltó de inmediato.

-Deberíamos deberíamos regresar al campamento, querida- comentó la regente en un susurro apenas audible.

-Elsa

-Es un poco tarde y me preocupa que Kristoff y Kima

-Elsa, escúchame, por favor- la interrumpió Jane. Querida, me disculpo si te hice sentir incómoda, no quiero que todo lo que pasamos anoche se arruine por un instante de torpeza de mi parte- la suave mano de la naturalista acunó el rostro de su amada con delicadeza, haciendo que los ojos de la regente se encontraran con orbes turquesas teñidas de preocupación

-No tienes de qué disculparte, cariño- Elsa cubrió la mano con la suya, plantándole un beso breve en la palma. Todo está bien.

-¿De verdad quieres regresar ya al campamento? Es temprano aún.

-No, no quiero hacerlo- contestó con simpleza, en aquel tono encaprichado que le oyó un par de veces durante la infancia y añadió tras un pesado suspiro. Pero es necesario; además es hora del almuerzo.

-¿Y crees que los frutos de la selva no serán suficientes para saciar tu apetito?- Elsa se sonrojó ante la media sonrisa pícara cargada de significado que le dedicaba Jane, quien sólo atinó a reír al ver la reacción de la rubia. Anda, querida; no querrás que Kima se termine tu almuerzo.

-Espera ¿qué?- sólo atinó al salir de su trance.

Kristoff se replanteó la idea de, en algún momento, llegar a tener hijos gracias al babuino; Kima se las arregló para mantenerlo despierto prácticamente toda la noche para evitar oír los fuertes ronquidos del joven, ya fuera con su ternura inherente o con rabietas cuando sentía que no le prestaba demasiada atención; los marineros le lanzaban miradas burlonas de vez en cuando luego de haberlo oído cantar todas las nanas conocidas e inventadas posibles durante buena parte de la noche. El ver llegar a Elsa y Jane le dio una satisfacción como pocas.

-Buen día, Kristoff.- saludó Elsa acercándose a la mesa donde el chico se encontraba con el babuino y luego de saludar con una breve inclinación de la cabeza a la tripulación, quien les prodigó una reverencia a ella y Jane al verlas llegar.

-Buen día, Elsa, Jane- saludó sin poder disimular del todo un gran bostezo mientras las jóvenes se sentaban.

-Parece que alguien no pasó una buena noche- apuntó burlona la regente al ver las sombras bajo los ojos de su compañero de viaje, sin embargo, una sonrisa embelesada que no pudo disimular tras su taza de té, le surcó los labios al ver a Kima y Jane enfrascados en una conversación en el idioma del babuino.

-Al parecer, tu situación fue la contraria-susurró el chico con sorna, consiguiendo que la regente se sonrojara y se escaldara la lengua con su infusión. En fin, ¿nos acompañarás a desayunar en esta ocasión, Jane? Corté algo de fruta para Kima y no me sentiría a gusto sabiendo que mi mono favorito se fue del campamento con el estómago vacío, ¿qué pensarán de la hospitalidad de Arendelle?

-Es el único mono que conoces, Kristoff.- apuntó Elsa con una ceja enarcada.

-Más razón para que sea así, ¿no crees?- sonrió guiñándole el ojo al babuino.

-Te lo agradezco, Kristoff; aunque no me gustaría abusar de su hospitalidad.

-He de insistir, querida; además bien sabes que siempre serán bien recibidos por nosotros.- Kristoff se levantó para aproximar la silla de la joven naturalista con una pomposa reverencia, misma que fue devuelta por Jane en risueña cortesía; Elsa observó el intercambio sonriendo divertida.

-Creo que jamás podré terminar de agradecerte el que cuidaras a Kima, Kristoff.

-Y yo insisto en que no tienes nada que agradecer; como sabes, no hay simios en Arendelle y me divierto bastante con éste pequeño aunque me quite el sueño.

-Suena demasiado romántico si lo dices de esa manera, creo que ni siquiera a mi hermana le has dicho que te roba el sueño- comentó Elsa enarcando una ceja en un gesto burlón.

-Lo digo literalmente; anoche este pequeño no me dejó dormir.

-Con que esas tenemos, ¿no?- Kima se disminuyó ante la mirada reprobatoria de Jane.

-¡Oh, vamos, no lo veas así! Seguro tuvo sus razones para hacerlo.

-Kristoff, no lo justifiques- la regente lo atajó poniendo los ojos en blanco.

-Elsa, quizá aún hay un poco de hielo en tu corazón y por eso no te das cuenta que este pequeño es encantador.- Jane disimuló su sonrisa mordiendo una tostada cuando la regente transformó, con una sonrisilla de autosuficiencia, el plato del chico rubio en un perfecto cubo de hielo sólido, una treta impensable para la joven que dejó años atrás en el castillo de Arendelle; ante sus ojos tenía a una Elsa capaz de dominar sus poderes a plenitud, segura, llena de vida; la naturalista no pudo evitar volver a enamorarse de la joven reina.

-Hablaré seriamente con Kima, Kristoff; sus acciones fueron muy descorteses.- comentó Jane con seriedad, aunque sus ojos seguían los movimientos de Elsa con disimulo; el babuino aprovechó la distracción de la joven para mirar con fingida tristeza a Kristoff, el chico no pudo sino sentirse arrepentido de haberlo delatado y le alcanzó unas galletas de crema a modo de disculpa.

No le parecía buena idea, de hecho, era la peor idea que había escuchado en su relativamente corta vida; Archimedes Porter se encontraba indispuesto y Jane debía ir al Palacio a revisar los cultivos que crecían tanto de forma natural como los asistidos en el invernadero, así como tomar muestras y anotaciones; su padre se preocupó al caer en cuenta que le tomaría mucho tiempo al hacerlo todo sola y le pidió a Roald que la acompañara.

-Padre, no estoy segura que sea lo más apropiado.

-Pamplinas, querida, es un joven profesional y bien calificado, terminarán el muestreo en un santiamén.- ligeros accesos de tos interrumpían sus palabras.

-Honestamente, preferiría ir por mi cuenta; es decir, si el Rey Agdar...

-El Rey sabe que irás con alguien más, le escribí esta mañana solicitando su autorización; sabes que si no fuera por ésta fiebre, iría contigo.

-Pero los guardias no lo conocen y...

-¿Qué te preocupa realmente, cariño?

-...Elsa.- Archimedes suspiró , Jane se acomodó los blancos guantes sintiendo la mirada de preocupación de su padre.

-¿Sabes, querida Jane? Una vez tuve una asistente de laboratorio mientras trabajaba en Cambridge, a tu madre le desagradaba que pasara tiempo con ella, aunque en secreto también admitía que era brillante; hablé con Susan, tu madre, en múltiples ocasiones, explicándole que la señorita Hurst tenía una relación estrictamente profesional conmigo, sin embargo todos los problemas que pudimos tener los solucionamos hablando - Jane se revolvió nerviosa en su asiento. -A lo que quiero llegar, Jane querida, es que debes hablar de manera directa con Elsa si quieres evitar malos entendidos entre ustedes.- Archimedes le sonrió con benevolencia. -Ahora ve, cariño, ¡la ciencia espera!

Jane se preparó para salir en aquella mañana de frío invierno y se despidió de su padre luego de asegurarse que tomara su medicamento; Archimedes había arreglado que Roald y Jane se encontraran en la fuente de la plaza principal de Arendelle; para cuando llegó, el joven se balanceaba sobre las puntas de los pies en un intento desesperado de ganar un poco de calor.

-Buen día, Roald. Lamento haberte hecho esperar.

-Descuida, Jane; llegué un poco antes de lo previsto. ¿Nos vamos?- en su profunda voz grave; el joven no cedió hasta ayudarla llevando sus pertenencias y, en el camino todas fueron preguntas de índole científica: el tiempo que llevaban trabajando con los cultivos, la naturaleza de los mismos y los resultados recabados hasta el momento.

Los guardias apostados en la entrada les dieron acceso al castillo sin mayor contratiempo; intentando evitar las miradas curiosas de los sirvientes, Jane apresuró lo más posible el proceso de muestreo en exterior, al cabo de media hora, se encontraban dentro del invernadero.

-¡Vaya! No esperaba que fuera tan amplio.- Comentó Roald con asombro quitándose la bufanda y contemplando aquella crisálida cristalina.

-Sí, es mucho más grande en el interior.- Una leve sonrisa curvó los labios de Jane, como si le compartiera una confidencia; comenzaron a trabajar luego de mostarle al joven los demás cultivos protegidos como lirios, margaritas, azafranes y algunas plantas frutales.

-Segunda parcela, poco cerecimiento, el fertilizante químico no generó crecimiento significativo- notificó la joven con seriedad mientras Roald tomaba las anotaciones.- Juro que estamos por terminar.- El chico le dedicó una expresión divertida.

-No pongo reparos en esto, ¿sabes? Al contrario, estoy agradecido que tu padre me permitiera acompañarte, he aprendido mucho el día de hoy...y disfrutado tu compañía.

-¡Ah! Eh...gracias; yo, eh, también he apreciado tu compañía.- Respondió Jane con los colores subiéndole al rostro con un poco de nerviosismo; a pesar de sus obvios sentimientos por la joven regente, no podía evitar sentir una especie diferente de emoción ante los galanteos de su futuro colega. Roald le pareció apuesto desde que lo conoció, su cuerpo alto y musculoso, así como ojos verdes y cabello del color del oro bruñdo lo hacían parecer una especie de dios nórdico.

-¿Qué hay de la tercer parcela?- preguntó con una ligera sonrisa.

-¿Eh? ¡Ah! Crecimiento significativo ante el empleo de composta como fertilizante natural. Y...terminamos el muestreo- sonrió desperezándose.

-¿Te apetecería ir por una taza de té al regresar?- preguntó como quien no quiere la cosa.

-¿Disculpa?

-Me preguntaba si...te gustaría ir por una taza de té; sé que tienes que pasar por la Plaza Principal y que ahí hay un pequeño café que es de tu agrado- el joven se mesó los cabellos y Jane se mordió el labio intentando ahogar una risilla.

-¿Me has estado espiando?

-No, sólo...te he prestado atención- el nerviosismo del joven le pareció encantador.

-Ah; infiero, pues, que me he convertido en un objeto de estudio.- Jane comenzó a guardar sus cosas dentro su mochila sin prestar atención a Roald, quien se acercó despacio hasta situarse detrás de ella.

-Más que de estudio, me atrevería a decir que de admiración- dando media vuelta, Jane encaró a su acompañante quien, delicadamente, le retiró el guante izquierdo; la suave piel de la naturalista se encontró sostenida en la cálida mano de su acompañante. Sin romper las miradas, Roald llevó la palma de la joven hasta sus labios plantándole un único beso suave y lánguido; sin saber cómo reaccionar, Jane quedó de una pieza y, tomando esto como una aceptación, Roald le acunó el rostro con la mano opuesta, inclinándose hasta que sus labios se encontraran.

Extraño...a pesar de sentir un cierto interés por su colega, aquel contacto no lo sentía orgánico, real ni natural; no se consideraba muy diestra en aquello de besar, pero era una sensación totalmente diferente a la que experimentaba con Elsa, para empezar, porque su colega no generaba reacción alguna en ella; sin embargo, fue precisamente él el primero en besar su palma desnuda, un acto tan simple e inpensable a la vez. Jane rompió aquel contacto separándolo por el hombro.

-Roald- dijo en tono conciliador- detente, por favor...

-Lamento si te he ofendido con mi atrevimiento- susurró en sincera disculpa.

-Deberíamos irnos, no tarda en oscurecer.- Ambos recogieron sus pertenencias en una suerte de silencio algo incómodo; el joven no volvió a mencionar el invitarle una bebida una vez que llegaron a la Plaza Principal y no insistió cuando Jane rechazó con amabilidad y candidez su oferta de acompañarla hasta su casa. En el silencio de su habitación, una vez que se aseguró que su padre se encontrara cómodo y hubiera tomado sus medicamentos, la joven recorrió con los dedos el fantasma de ese beso que le escocía la palma.

En los días siguientes, Jane y Roald se trataron más con una distante formalidad que con la clásica camaradería que era común entre ellos; Roald continuó por su lado, buscando nuevas áreas de especialidad y Jane siguió sus estudios y cátedras esporádicas, siempre volviendo al refugio en los brazos de la Princesa Heredera, pero con aquel beso marcándola como una especie de estigma.

Sentada frente al escritorio de su tienda, Elsa soñaba despierta mientras jugaba distraída con su collar; el peso de la pieza de plata la reconfortaba y le daba la sensación de que, una parte de ella, había regresado al fin. Una sonrisa bobalicona le surgió en el rostro al recordar la noche anterior con Jane; en realidad, no hicieron más que charlar y compartir alguna que otra caricia tímida, sin embargo, era más de lo que la joven regente había esperado; a pesar de que, años atrás, habían compartido largas sesiones de besos agitados e incluso intimado, Elsa no se sentía aún con el valor de volver a besarla...aunque moría por hacerlo.

Decidiéndo que no tenía cabeza para terminar la entrada en el diario, lo cerró con un leve suspiro y decidió tomar una pequeña caminata por la orilla del mar. Salió descalza, sintiéndo la arena entre los dedos y la reconfortante agua fría lamiéndole los tobillos; cerró los ojos y, alzando la cara al cielo, dejó que el sol acariciara su rostro marfileño, dibujando una media sonrisa complacida y se desperezó con languidez. Estaba pasándola tan bien, que había olvidado que la fecha de partir se acercaba inminente; frunció el entrecejo al recordarlo, abrazándose por la cintura y dejando atrás toda sensación de tranquilidad.

Cuatro días, sólo tenía cuatro días para convencer a Jane de regresar con ella. ¿Podría lograrlo? Todo parecía incierto a ratos y no sabía cómo iniciar el tema con Jane, pero tendría que hacerlo a la brevedad posible; sus músculos se tensaron al sentir una presencia a su espalda, se giró lista para usar sus poderes de ser necesario.

-Tarzán necesita hablar contigo- expresó con dificultad el hombre mono.