Jonathan estaba impaciente por que llegara papá a casa aquella tarde. Mamá estaba cocinando y maldiciendo la cena, como de costumbre. Él no dejaba de dar vueltas por el salón. ¡Hoy papá iba a traer el árbol de navidad!.
Se arrodilló en el suelo frente a la caja de adornos navideños que habían traído de la casa de la abuela y empezó a jugar con ellos. Había bolas de colores, muñecos de cara sonriente, lazos, campanas y ristras de bombillitas que estaban enredadas formando un ovillo.
- Cariño, no juegues con los adornos o se romperán. - le dijo mamá mientras probaba la salsa con una cuchara.
Jonathan dejó los adornos y fue refunfuñando hasta la cocina. Mamá le hizo un gesto señalando con el dedo la cinta amarilla que papá había pegado en el suelo. Él retrocedió un par de pasos enfadado y desde la línea de cinta que delimitaba la zona segura, preguntó:
- ¿Cuándo llegará papá?
Lois se estaba dando cuenta que lo de esperar no se le daba nada bien a su hijo. Como a ella. Echó un vistazo al televisor con el canal 24 horas Supermán permanentemente puesto en casa de Lane&Kent. No había ninguna restransmisión en directo, así que Clark no tardaría mucho en llegar.
- Dentro de un ratito, cariño. Ten paciencia.
Jonathan no sabía que era eso de la 'paciencia', pero definitivamente no era fácil encontrarla. Quería tener el árbol preparado para que Santa Claus no se olvidara de sus regalos. Y cuanto antes estuviera mejores regalos le traería, pensaba él.
Volvió al salón y dio unas cuantas vueltas desesperado, agitando los brazos. Entonces se dio cuenta de una cosa.
- ¡Mamá! ¿Dónde pondremos el árbol?
Lois se volvió y vio a su hijo en el salón.
- Piensa un sitio donde ponerlo, cariño. - le dijo con la esperanza de que estuviera un rato entretenido.
Lois siguió a lo suyo y antes de que le diese tiempo a cortar las zanahorias oyó un ruido, como si algo pesado cayera al suelo. Se dio la vuelta y no le sorprendió comprobar que Jonathan había movido el sofá desplazándolo medio metro a la derecha.
-¡Aquí mamá! - dijo señalando alegremente el hueco que había quedado.
Lois se olvidó de la salsa y se acercó hasta su hijo. Había movido el sofá de dos metros de largo con estructura metálica reforzada para aguantar el peso de Clark que había hecho por encargo una empresa aeronaútica. No sabía si regañarle o felicitarle. Inmediatamente pensó en su marido. No iba a ser bueno que descubriese esto cuando aún no había digerido lo de la super-visión. Disimulando su inquietud, le dijo a su hijo:
- Mejor al otro lado cariño, así Santa Claus verá el arbol desde la ventana.
Jonathan asintió convencido.
- Ahora ayuda a mamá a poner el sofá en su sitio. - dijo haciendo un esfuerzo inútil por moverlo ella sola.
Jonathan se concentró. Le había costado moverlo, pero pensar en los regalos le había dado el impulso que necesitaba. Ahora lo intentó otra vez, pero por alguna razón no pudo moverlo ni un poco.
En ese momento Jonathan oyó un ruido y vio a papá a través de la puerta. Corrió hacia ella y se abalanzó sobre su padre en cuanto entró en casa.
-Hijo, ten cuidado, te puedes hacer daño. - dijo Clark revolviéndole el pelo con la mano.
Jonathan al ver que no traía nada, exclamó horrorizado:
-¡Papá!¡Papá!¡Papá!¡¿Dónde está el árbol?!
Papá se acercó a mamá que volvía a la cocina y le dio un beso antes de responder a Jonathan. "¡Eh! ¿No pueden dejar eso para luego?" pensó él.
- Me parece que alguien nos ha dejado una sorpresa en la terraza, mira a ver campeón. - le dijo papá sonriendo.
Jonathan fue corriendo e intentó abrir la puerta de la terraza, pero tenía el cierre de seguridad y no pudo. Lois fue corriendo a ayudarle a abrirla temiendo que arrancara la puerta de un tirón. Una ráfaga de aire frío entró en casa, pero eso no impidió que Jonathan saliese. Clark encendió la luz del exterior y observó como su hijo se paraba en seco al ver el gigantesco abeto nevado que había en medio de la terraza del ático en una maceta enorme.
-¡Mira mamá! ¡Mira! ¡Un árbol! ¡Y es gigante! - gritaba entusiasmado.
Mamá salió corriendo con una manta para envolver a su hijo. Hacía mucho frío, pero Jonathan no lo notaba.
- Ya te dije que papá conseguiría un buen arbol, ¿a que sí? - dijo agachándose y cubriéndole la espalda.
Papá apareció detrás de mamá con una manta enorme que le colocó encima de los hombros. Estaban los tres acurrucados a los pies del árbol.
-¿Te gusta este abeto, hijo? - le preguntó papá.
Jonathan asintió con la cabeza, sólo hacía eso cuando le gustaba algo de verdad. Fascinado recogió un poco de de nieve de una rama e intentó hacer una bola, pero era un polvo tan suelto que no pudo.
- ¡Un arbol con nieve y todo! - exclamó mamá sorprendida.
- ¡Sí! ¡Sí! ¡Nieve blanca! - dijo Jonathan mientras se le caía la nieve de la mano.
- ¿Cómo lo has hecho?- preguntó Lois volviéndose hacia su marido.
- Es un secreto. - le contestó él. Un secreto que ella pudo imaginar que tenía que ver con el super-aliento frío.
Papá ayudó a Jonathan a hacer una buena bola de nieve.
- Lo ves hijo, hay que apretarla bien con las manos. - decía papá.
Lois hizo una mueca pensado en la fuerza de su hijo hace un rato. Miró el sofá de reojo. Posiblemente Clark no se diese cuenta de que estaba movido pero... ¡PLOF!
-¡EEEY! - gritó Lois tras recibir un bolazo de nieve. Jonathan se rió a carcajadas y Clark le sonrió mientras ella se sacudía la ropa.
-¡Ahora veréis! - se pusieron los tres a dar vueltas alrededor del árbol persiguiéndose como en las películas cómicas antiguas.
Lois les engañó y sacudió una rama del árbol que les llenó de nieve. A continuación emprendieron una batalla que acabó con mamá rindiéndose y entrando en casa muerta de frío.
Jonathan y papá cantaron victoria.
