Disclamer: Los personajes de Frozen pertenecen a Disney.

Sorpresa, capítulo antes de tiempo :o y ¡UEEE! hemos llegado a las 50k ^-^
Tropecientasmil gracias para vosotros, no sé qué haría sin vuestras reviews :)
En cuanto el capítulo, no os asustéis, empezaremos por Punzi pero será breve e indoloro.


[Las máscaras de Elsa]

Su felicidad.


~Rapunzel~

Elsa debía seguir durmiendo, le mandé un buenos días a las siete y otro cada quince minutos, pero aún no lo había leído. Quise ser su despertador llamándola, pero se enfadaría si hacía eso. En parte me gustaba molestarla, se ponía de lo más mona pero no quise hacerlo esta vez.

Después de verla tocar, de ver en primera persona el amor que sentía por Anna a través de su música, me di cuenta de que ella jamás amaría a nadie como la amaba a ella. Yo no tenía nada que hacer, aunque su madre se enterara y les prohibiera hacer esas cosas juntas, Elsa la seguiría queriéndola con locura.

Al ser consciente de ello, me quedé con un triste vacío en mí. De nada serviría insistir, estar enamorada de ella no era suficiente para robarle el corazón.

Le mandé otro mensaje ya harta de que me ignorara con el emoticono de la bandera blanca, le dije que hiciera lo que quisiera, pero que si necesitaba un hombro donde llorar o unos labios que besar, que me avisara. Yo siempre estaría a su disposición.

Respondió al momento diciendo que no podía hablar, que estaba con su madre y con Anna en una cafetería desayunando y que las habían descubierto. No supe cómo tomármelo, ¿les estaba echando la bronca en un café?

Salí de casa a toda prisa para buscarla, sabiendo cómo es y lo de sus poderes, sería capaz de hacer una estupidez.


~Anna~

Después de arreglarnos salimos para desayunar en algún sitio, con un silencio abrumador y mamá entre las dos.

Me puse a pensar en lo que dijo Elsa. Me dejó tocada, no era consciente ni de la mitad de cosas que se le pasaran por la cabeza, estaba más jodida de lo que imaginé, era como si hasta ahora sólo hubiera estado viendo la punta de su gran iceberg.

Llegamos a una cafetería cerca de casa, con mi barriga aullando. Me senté al lado de Elsa, y la camarera no tardó en atendernos.

— ¿Qué les pongo?

— Para mí un bocata de esos vegetales y un cortado. Pedid lo que queráis.

— Un donut de chocolate, un cruasán de chocolate y un Cacaolat, frío. —tenía hambre y no iba a escatimar en chocolate, era el mejor remedio contra las penas.

— Una ensaimada y un zumo de naranja.

Al irse, mamá se nos quedó mirando pensativa, preocupándonos por lo que podría estar pensando.

— Bue~eno, ya que todos tenemos el día libre, ¿qué os parece si hacemos algo divertido? Ya es un poco tarde pero ¿os apetece ir al parque de atracciones? —se me abrieron los ojos de golpe, de todas las cosas malas que esperaba que dijera, esa era la última que hubiera pensado, por un momento pensé que era una broma.

— A-a mí no me parece mal, ¿tú qué dices Els?

— Si queréis… —realmente lo dijo en serio, me pareció estupendo pero no entendí cómo había llegado a esa conclusión.

— Decidido entonces, iremos a hacer el burro hasta que ya no aguantemos más. —mamá estaba extrañamente de buen humor después de todo.

— Claro que sí, nos subiremos a todas las atracciones, y como es jueves no habrá gente, tendremos todo el parque para nosotras, ¿a qué sí? —me entusiasmó la idea al pensarla dos veces, ese plan era tan repentino como prometedor.

Recuerdo la última vez que fuimos, Elsa no quería subirse a nada, supongo que por miedo de sus poderes.

Mientras terminábamos de comer, charlando sobre lo genial que iba a ser el día, apareció la última persona que esperaba que apareciera, Punzi.

Llegó recuperando el aliento, pensaba que era una trampa pero las tres nos sorprendimos. Por lo visto, Elsa le había contado la situación, su ex pensó que nos estaría echando la bronca del siglo y vino a toda prisa para salvar el mundo.

Toda una locura, pero fue una locura aún mayor que mamá le propusiera venir con nosotras a pasar el día.

Aceptó, por supuesto, cómo no, no tenía nada mejor que hacer que querer robarme a mi hermana. Me imaginé quedándome con mamá mientras ellas dos se lo pasaban en grande, yo no quería eso. Hice lo posible para impedir que viniera, pero no sirvió de nada.

Pedimos unos bocatas para llevar antes de salir y con toda la improvisación del mundo, nos subimos al coche, quedándome detrás con Punzi. La miré con todo mi odio, con la esperanza de que así fuera a desaparecer de alguna forma.

Mamá me pidió que comprara las entradas desde el móvil para no tener que hacer cola, y lista de mí, compré tres para que ella tuviera que esperar.

— Ya está. —mi risa malvada delató mi astuto plan.

— Déjame ver. —Punzi se hizo con mi móvil, descubriéndome— Has comprado tres, ¿tantas pocas ganas tienes de que venga?

— Te he dicho que compraras para todas. —insistió mamá.

— Ya lo hago yo. —me cogió la tarjeta de crédito de mamá y dejé que lo hiciera ella— Ale, ya está, me he enviado una copia por si las borras sin querer. —quise abrir la puerta y empujarla pero llevaba el cinturón puesto.

Cuando vi que me cambió el fondo de pantalla por una selfie de ella sacando la lengua me enfadé aún más con ella.

— Mamá~ Punzi me ha roto el móvil, ahora tengo su estúpida cara en mi fondo de pantalla, seguro que me lo ha llenado de virus. —vi a Elsa riéndose por lo bajo.

— Dejad de hacer el tonto o no vendréis más.

— Has oído Punzo, si te portas mal te volverás a casa en bus.

— También va por ti Anna. —me callé. Empecé a creer que ese día se convertiría en una pesadilla.

Y llegamos, nos hicimos una foto en la entrada y me propuse hacerle la puñeta a Punzi de todas las formas posibles. No iba a dejar que se acercara a Elsa más de dos metros.

Mamá me cogió de la mano para que dejara de hacer trastadas, haciéndome quedar atrás mientras las veía charlando como si nada. Quiso que le contara mi versión de los hechos de atracción en atracción, que le dijera lo que me pasaba por la cabeza.

Le comenté por encima lo que pensaba de todo aquello, Elsa era mi hermana y quería que estuviera contenta, hacerle sonreír y que fuera feliz, que me prestara atención y se tomara su tiempo para estar conmigo. Por primera vez en años sentí que tenía una familia de verdad y no quería perderla, y si para ello tenía que enrollarme con ella a escondidas pues no le veía el problema.

Después de eso me dejó ir para seguir molestando a Punzi y poder estar con Elsa.

Comimos en el propio parque cuando el hambre nos lo pidió, en un buffet libre en el que me puse las botas. No entendí por qué comieron tan poco hasta que me di cuenta de que luego no podría subirme a las montañas rusas.

Nos tomamos el inicio de la tarde con tranquilidad, viendo los graciosos shows que hacían, persiguiendo a las mascotas del parque y haciendo fotos a los animales que había por ahí.

Elsa se lo estaba pasando en grande, se la veía feliz y si ella lo era, todas lo éramos.

No volvimos hablar de nuestro problema, tampoco nos escabullimos para besarnos ni nada, pensé que mamá nos había traído aquí para que nos divirtiéramos sin tener que liarnos.

Al atardecer, todas estaban ya cansadas de andar de un lado para el otro pero yo aún tenía energías y ganas de más. Me subí una última vez a la montaña rusa más grande que había y volví con ellas tres. Se habían sentado en una mesa de picnic para tomar unas crepes de chocolate sin mí.

— ¡Yo también quiero! —mamá me acompañó a comprarla— Ponle más chocolate. —le dije al que lo preparaba, queriendo que gastara el pote entero.

Por poco se me cae la crepe cuando me di la vuelta y las vi besándose como si nada, me sentí traicionada. Pararon cuando nos vieron.

— No las molestes ¿me oyes? —no le hice demasiado caso a mamá, me puse al lado de Elsa aunque sólo había espacio para dos.

— ¿Qué hacéis? —quería que estuviera por mí y se apartara de esa loca descerebrada.

— Nada que a ti te importe, renacuaja. —Punzi me estaba hartando con sus tonterías, odiaba que me llamara así, no era mucho más baja que ellas.

— Cuando me acabe la crepe verás. —dije con la boca llena, comiendo deprisa.

— Portaros bien, venga. —mamá parecía contenta después de verlas enrollándose, me dio mucha rabia— Tendremos que empezar a pensar en irnos.

— ¿Qué~? Pero si aún falta para que cierren.

— Pero tengo cosas que hacer y tú tienes que estudiar para la semana que viene así que venga, termínate tu… ¿Qué has hecho con la crepe?

— Es que era muy peque. Quiero otra.

— Eso, id a buscar otra, nosotras nos entretendremos. —alargué mi brazo para llenarle la cara del chocolate que tenía en las manos— Aarfphf, ¡para!

— Te lo mereces. —Elsa se reía pero a mamá no le hacía tanta gracia, terminó cogiéndome del brazo y levantándome para irnos de allí.

Volvimos a hacernos una foto en grupo con el atardecer de fondo, a pesar de tener que aguantar a Punzi había sido un gran día, inesperado y divertido. Quería que todos los días fueran así de bonitos.

Antes de irnos definitivamente, pasamos por la tienda de recuerdos que quedaba justo en la salida para comprar algunas chorradas, pero sin duda lo mejor que me llevé de ahí, fue la experiencia y la foto de la montaña rusa en la que salíamos Elsa y yo, chillando con todas nuestras fuerzas.

Después de patearnos el parking en busca del coche, mamá me forzó a ser su copiloto, dejando a ese par en la parte trasera. No pude hacer nada para evitarlo.

Me vino el cansancio de golpe y ese bajón hizo que me quedara dormida en un parpadeo. Quería que llegaran ya las vacaciones, en el mundo había demasiadas cosas divertidas que hacer como para estar encerrada en clase.

— Anna… Vamos despierta. Ya hemos llegado. —era mamá, ya había aparcado, cerca de casa.

— Hm… —un tremendo dolor de cuello me despertó de golpe— ¿Ya estamos aquí?

Salí del coche y me alegré de no ver a Punzi. Casi era de noche.

— ¿Y ahora debería ponerme estudiar…? —no tenía ganas de hacer nada, quería tumbarme en el sofá o en la cama y descansar.

— Deberías, además te has saltado todas las clases así que prepárate para robar apuntes mañana. —dijo Elsa. Me moría por empezar las vacaciones y olvidarme de todo, de todas formas, lo que aprendía en clase no me iba a servir de nada.

Llegamos a casa y caí bocabajo rendida en el sofá, no podía más y mi dolor de cuello no me dejaba vivir.

Elsa se sentó en lo poco que quedaba de espacio con mi mochila, sacando los libros para estudiar.

— No me hagas esto… —inevitablemente, nos pusimos a repasar el temario, con tranquilidad, torturando mi mente. Pensé que el karma me la había jugado, después de un gran día intuí que me esperaba una horrible noche, y acerté.

Cuando me empezó a salir humo de la cabeza, cenamos escuchando a mamá soltar una charla sobre nosotras a la que no presté mucha atención, no daba para más. Creo que dijo que mañana también se cogería el día libre y no sé qué más, el dolor del cuello me subió a la cabeza y lo único que quería era cama.

Fui hacia su habitación para dormir pero Elsa me pidió que durmiera en la mía, no tuve fuerzas para discutírselo y le hice caso. Estaba destrozada.

Me levanté un poco mejor, odiando mi incómoda y solitaria cama, queriendo que ese viernes pasara rápido.

Me arrastré como un zombi y me mató ver a Elsa tan despierta y enérgica, éramos como el sol y la luna, ella radiante y yo más apagada que una estufa en verano.

— ¿Qué haces tan temprano…? —le pregunté con mis pocas fuerzas.

— Buenos días guapa. —me dio un beso en la mejilla— Voy a ir con mamá de compras al centro, me falta algo de ropa para cuando vayamos a la nieve.

— ¿Para qué? podrías ir en manga corta si quisieras.

— Sí pero preferiría parecer una persona normal y así también aprovecho para hacer un cambio de vestuario. —no sabía cómo podía estar de tan buen humor.

Desayuné con pereza viendo cómo iban de un lado para el otro para prepararse, hasta que se fueron. Me dejaron sola en casa a falta de diez minutos para tener que salir, siete para ser exactos, con un silencio poco habitual. Quise volver a la cama y disfrutar de toda una mañana sin hacer nada, pero no podía saltarme más clases, eran cruciales para los exámenes finales por lo que no me quedó otra que ir al colegio.

Pasé las peores clases de mi vida, y por si fuera poco empecé a recibir fotos de Punzi del parque de atracciones. La volví a bloquear quedándome bien a gusto, no supe por qué se me desbloqueó.

Después de seis largas y duras horas de clase en las que casi me pego un tiro, volví a casa arrastrando los pies. Estaba muerta, no podía más.

Al llegar no había nadie. Llamé a Elsa y me dijo que estaban en una tienda de música comprando un piano en condiciones. No alargó mucho la conversación, dejándome sola en casa, sin nada que hacer a parte de estudiar.

Creí que el mundo se me había puesto en mi contra, encima mis amigos ni me habían propuesto quedar. No supe qué hacer, el fin de semana perdía el sentido si Elsa no estaba conmigo, sin ella me aburriría un montón.

Terminé hundiéndome en el portátil, viendo los increíbles comentarios que tenían sus videos frente a los pocos de mi blog, el cual no actualizaba desde hacía días.

Tenía que hacer algo más productivo, algo que llamara su atención, algo que tuviera que ver con la música. Ella se pondría a tocar el piano cada vez más, lo veía a venir, y para evitar que nos distanciáramos pensé que podría ser divertido ponerme a cantar. No tenía ni idea de tocar ningún instrumento por lo que esa fue la mejor opción.

Busqué por internet las versiones en karaoke de mis películas Disney favoritas y me puse a grabar con la webcam del portátil. El resultado no pudo ser más desastroso, la calidad del video era pésima, la del audio peor, la música se escuchaba más fuerte que yo y ni siquiera cantaba bien.

Mi voz sonaba mucho mejor en mi cabeza, y por ello quise desistir, pero como no tenía nada mejor que hacer, lo volví a probar grabando con el móvil.

De pie, con un mejor ángulo y la música sonando de fondo, canté como si jugara al SingStar. Al final, cuando reproduje el vídeo en el portátil, me sentí casi orgullosa del resultado, aunque hubiera preferido arreglarme un poco más antes de grabar.

No le di mucha importancia y creé una cuenta de YouTube y lo subí con la esperanza de tener un montón de visitas como Elsa.

Pensé que el contador tardaría actualizarse porque llevaba varios minutos y seguía en uno, así que me puse a merendar ya pasadas las cinco.

Después me puse a mirar tutoriales y consejos sobre cómo cantar bien, y acabé pasándome la tarde en el ordenador viendo a gente que lo hacía increíblemente bien. No me creí capaz de hacerlo como ellos, daba lástima a su lado.

Mamá y Elsa llegaron a eso de las ocho, llevando unos pelos de peluquería y una caja enorme, contentas como si me hubieran arrebatado la felicidad.

— ¿Es para mí? —me imaginé un Toblerone gigante esperando a ser devorado— ¿Se come? —por desgracia ya sabía lo que era.

— Es el piano que me ha comprado mamá, es mi regalo de cumpleaños adelantado. —ella con juguete nuevo y yo más amargada que nunca.

— Qué bien. Oye, ¿sabes qué? Voy a convertirme en cantante. —me miró extrañada mientras abría la caja en el comedor.

— ¿Y eso? O sea… creo que nunca te he visto cantar.

— Ah, esto tiene solución. —fui a por el portátil y le enseñé el vídeo, el cual tenía cinco visualizaciones, todas mías— Mira. —dejó lo que estaba haciendo con un suspiro para prestarme atención.

No lo terminó de ver, dijo que lo hacía bien, que le gustaba y volvió a ponerse con el regalo. Sabía que en el fondo pensaba que se me daba fatal, me sentí muy inútil.

— Pues pienso hacerlo mucho mejor que eso, voy a cantar como esos que tienen millones de reproducciones.

— Bueno, pues suerte con ello. —fui a dejar el portátil a la habitación algo mosqueada.

Más mosqueada terminé cuando me dijo que el fin de semana que viene iría a un concurso de talentos musicales que daban en un colegio del centro, nada serio, pero un claro paso hacia su futuro éxito.

Le recordé la promesa que me hizo, no podía hacerse famosa si eso significaba pasar menos tiempo conmigo, pero no se lo tomó muy en serio. No sé qué le había hecho mamá, pero no me gustaba ni un pelo su cambio de actitud.

Después se puso a instalar cosas y configurarlo todo para conectarlo con el ordenador mientras me contaba muy por encima lo que habían hecho en todo el día. Estaba concentrada con el piano, así que me fui a ver la tele enfadada esperando a que viniera a por mí.

Esperé por nada.

No estaba teniendo el mejor día del mundo que digamos, y encima mamá hizo verdura para cenar.

— ¿A qué viene esa cara? ¿Tan mal te ha ido el cole? —preguntó mamá, porque Elsa seguía en su habitación.

— Sí… no me hagas hablar de ello…

Mientras comimos me limité a ver lo bien que se llevaban ellas dos, de repente parecían amigas de toda la vida. Me molestó porque yo estaba primero, parecía que Elsa quisiera pasar el tiempo con cualquiera antes que conmigo.

Fui a mi cama sin siquiera llevar mi plato a la cocina, queriendo que Elsa me pidiera dormir con ella, o al menos que viniera a darme las buenas noches, pero pasó de mí olímpicamente.

Mamá apareció cuando iba a ponerme a llorar por la mierda de día que llevaba.

— Buenas noches cielo… ¿Estás bien?

— No… Elsa pasa de mí.

— No pasa de ti, sólo está más ocupada con otras cosas, eso no significa que no se preocupe por ti. Tómatelo con calma ¿de acuerdo? Te aseguro que esto no es fácil para ninguna de las tres.

— Hm… pues nada, buenas noches. —me dio un beso en la frente y se fue.

Me quedé dormida mientras pensaba de todo un poco de la forma más negativa posible, sólo faltaba que Mauri no me cayera bien, que suspendiera los exámenes y no pudiéramos ir de vacaciones para que mi vida terminara siendo un completo desastre.


En el próximo capítulo veremos mejor lo que pasó con Elsa.
PD: tengo un muy grave problema. Me muero de ganas para escribir el final de la historia, pero quiero alargarla todo lo que pueda, pero cuando más la alargo más ganas tengo de escribirlo y así tengo un pez que se muerde la cola en mi cabeza que no me deja vivir xD Ya me pasó algo parecido con Life's too short, y terminé haciendo una segunda parte de unos 70k después de lo que supuestamente iba a ser el final xD

En fin, domingo más.