Capítulo 14. Crimen de Estado. (1ª parte)

Berlín oriental. Principios de abril de 1975. Es una mañana muy nublada en medio de un parque público desierto de gente en la capital de la Alemania del Este. Un hombre solo, espera a alguien. Es un hombre de 40 años, 1'85 de estatura, composición física fuerte, de espalda ancha, con peinado largo con patillas anchas y espesas cómo era bastante común en los años setenta. Lleva unas gafas de pasta de montura negra perfectamente limpias e impolutas que reflejan la luz... y tras las cuales se esconde una mirada perdida y fría pero de ojos azules claros y penetrantes. Va vestido con una chaqueta de piel marrón oscuro, camisa negra de cuello alto y pantalones blancos de campana cómo es también la moda en los años setenta. ¿Quien es este hombre? Alguien que treinta años después sería muy conocido por la División de Vehículos Especiales de Tokio: Alberth Bund Solez, alias I.N. Quien veintiocho años después, en 2004, sería muerto por Takeo Kumagami de un disparo. Pero en esta época pasada para nosotros, I.N. es un agente de la Stasi, la Policía Secreta de la Alemania del Este. Dentro de la organización, no es un agente más, sino reconocido por su absoluta crueldad en sus interrogatorios a presos "peligrosos", que es sinónimo de presos políticos o disidentes para el Estado.

I.N. permanece a la espera, plantado ante un pequeño estanque y rodeado por una espesa niebla que lo cubre todo. Hasta que por fin... llega la persona que está esperando. Un hombre más mayor que él, de unos sesenta años, el cual I.N. Sabe que es un agente del MI6 británico... pero nada más. Su nombre? Entre ellos, el nombre en clave es "David".

(David) -aparece de entre la niebla, mirándole con cara de póquer- … ¿Casualidad... o el destino?

(I.N.) -sonríe con tristeza mirando a "David"- … ¿Existe eso para nosotros?

(David) Buscamos una seguridad en nuestras vidas. Pero esta nunca se ha presentado... y nunca lo hará. -le invita con al mano a sentarse con él en un banco que hay enfrente; ambos se sientan uno al lado del otro- … Este sea tal vez el único sitio de todo Berlín oriental donde se puede hablar tranquilamente. Sin miedo a que... tus amigos escuchen con todo detalle lo que decimos.

(I.N.) -dice sin mirarle- Hablas cómo si tuviéramos alguna relación en común... cuando somos enemigos irreconciliables.

(David) Es el destino que nos viene marcado. Quien sabe si... desde nuestro nacimiento.

(I.N.) Yo de eso estoy seguro.

(David) -dice intrigante- ¿Dudas de tu propia vida? ¿Crees haber escogido este camino... pero te das cuenta, cada día de tu vida que te levantas... que nada tiene sentido?

(I.N.) -se le queda mirando serio- … A veces llego a pensarlo. Pero existo... y sigo aquí, cumpliendo con mis obligaciones.

(David) Al servicio del socialismo. … Cómo debe ser.

(I.N.) No te molestes en hablar con ironía. He captado tu indirecta.

(David) ¿Ves igual tu futuro?

(I.N.) -devuelve su mirada impasible hacia el estanque- … No tengo futuro. Vivo únicamente el presente. Ni el futuro ni aun menos el pasado... me importan.

(David) -mirándole imperturbable- …

(I.N.) -le devuelve la mirada- Me enviaste ese mensaje por carta hace dos meses para vernos aquí y ahora. … Dímelo antes no me arrepienta o nos descubran.

(David) … Ahora por fin... el destino te ofrece una oportunidad.

(I.N.) -se le queda mirando intrigante- …

(David) Y esta oportunidad te enfrentará, sobre todo... a ti mismo contra ti mismo. Porque no lo olvides. Tú no eres sólo tú. Sois muchos tú. Y quizá nunca llegues a descubrir cual es el tú verdadero.

El tal "David" acaba levantándose y se marcha andando con parsimonia... hasta que desaparece entre la niebla, dejando a I.N. inmiscuido en sus pensamientos.

Media hora después, I.N. llega a la central de la Stasi, en uno de los subterráneos del gris y feo edificio. Entra en una habitación pequeña que da a una sala más grande por otra puerta y que tiene cómo una ventana que da a esa habitación más grande. Es un cristal de espejo por un lado y normal por el otro. Frente a esa ventana hay una mujer plantada mirándose un interrogatorio que se produce ahí. Una mujer de menos de treinta años, ciertamente guapa, de larga cabellera castaña rizada preciosa, ojos verdes claros y pecas en las mejillas. Sin duda, una mujer que no está nada mal se mire por donde se mire... pero cuyo rostro es frío, serio y despiadado. Esta mujer... es Robina Gulheit. (Quien ya ha salido otras veces tanto en mi primera historia cómo en la segunda). Su nombre en clave dentro de la Stasi es H.Y. Oficial de alto nivel especializada en operaciones especiales de combate... y sobre todo, francotiradora de élite. Pero es también... la amante de I.N. y compañera suya de trabajo. Ésta mujer está de brazos cruzados mirando cómo el interrogador de la Stasi interroga de forma violenta a un preso. I.N., o Alberth, cómo es su verdadero nombre, sabe que no es su caso, pero desea entrometerse.

(Alberth) Cuanto tiempo llevan.

(Robina) -mirando al interrogatorio- Diecisiete horas y cuarenta minutos. El sujeto es débil moralmente, pero físicamente se defiende muy bien. No es de extrañar, trabaja en las minas de Siedreichmain. -devuelve la mirada hacia Alberth- … ¿Vas a entrometerte?

(Alberth) Un maestro debe enseñar a sus alumnos cuando van por el camino incorrecto. -ella le suelta una mueca de confianza y él entra en la sala- Oficial K.L. Déjemelo a mi cinco minutos.

(Interrogador) -mirando con sonrisa confiada a I.N.- Ja. Ya sabía yo que si pasabas por aquí no resistirías la tentación de entrometerte.

(Alberth) Dame cinco minutos. -el interrogador sale y se quedan solos él y el preso, que está malherido y sangrando por la nariz. I.N. se pone a andar lentamente a su alrededor- … No has aprendido nada, joven. … No has cambiado. … Tú mismo te pones la soga al cuello, no hace falta que te provoquen.

(Preso) -muy nervioso... pero desafiante- … No todos somos tan... listos. Sobre todo aquellos que no...

(Alberth) ¿Que no creéis en el socialismo?

(Preso) … -se queda mirando miedoso, tragando saliva-

(Alberth) -se sienta en una silla, cara a cara con el preso- … Según he leído en tu expediente... tienes solamente veintitrés años. Sin embargo... ya tienes tres hijos.

(Preso) … Eso no tiene nada que ver.

(Alberth) -mirándole con una mirada fría que da miedo- … Dime. ¿Sabes cuanta sangre es capaz de perder un hombre en un solo segundo... cuando se le corta el pene?

(Preso) O _ o -se caga de miedo-

(Alberth) No. En realidad no sería necesario. Bastaría con tus testículos. Quizá... sobrevivirías. Pero te aseguro que tu sufrimiento y angustia físicas... serían indescriptibles. Por cierto. ¿Sabes quien practicaba y sigue practicando este tipo de tortura?

(Preso) … -temblando de miedo y sin decir nada-

(Alberth) Occidente. Estados Unidos para ser más precisos. En Vietnam, solían cortarles los huevos a muchos vietkongs capturados para, en palabras suyas... no poder joder nunca más. Y ahora lo están haciendo en Sudamérica. Las... dictaduras militares fascistas que han impuesto nuestros "amigos" de la CIA. -se ríe maliciosamente- No hay que menospreciar al enemigo, sabías? A veces... hay que aprender también de ellos. … No tengas "miedo". En el fondo te haría un favor. Si todos los camaradas de nuestra república socialista tuvieran tanta descendencia en tan poco tiempo cómo tú... pronto no habría recursos para todos. Así que tienes dos opciones. O te corto los huevos... o confiesas quien y cuando te han proporcionado las cajas con libros y música prohibidos de occidente en tu casa de Friedreichhain.

(Preso) -muy nervioso, temblando cómo una hoja de miedo, se echa a llorar y lo confiesa- … Fue... fue hace un mes. Un viejo amigo de la universidad que viaja mucho a Yugoslavia y que le traen cosas de Italia.

(Alberth) Quien y cuando. ¡Se preciso!

(Preso) -entre sollozos, confiesa- Yuger. … Gerhard Hidreich Yuger. Tiene mi misma edad. Vive en el número 89 de la calle Paulus del barrio de Krickenau.

(Alberth) -hace señas al espejo y entran Robina y dos guardias de la Stasi de uniforme- … Llevároslo con los informadores. Repasad su declaración e id a buscar a su "amigo". Espero que demuestre la misma "colaboración" que tú. -los guardias se llevan al preso-

(Robina) Enhorabuena. No ha estado mal.

(Alberth) -se levanta de la silla- Ha sido muy fácil. Estos cabrones hijos de la gran puta siempre se tiñen del mismo color.

(Robina) De cualquiera menos el rojo. ¿No? -dice irónica-

(Alberth) Los chistes no son tu fuerte.

(Robina) Me lo dices tú, que no tienes ni el más mínimo sentido del humor.

(Alberth) Sin embargo... por tu cara denoto que algo pasa. Dímelo.

(Robina) -se ríe fríamente entre dientes- Me conoces demasiado bien, I.N. Ha llamado el camarada General Filmann. Quiere vernos a ti a mi en diez minutos. Misión de alto riesgo.

(Alberth) -se extraña- El camarada Director General... quiere vernos?

(Robina) -dice en broma- ¿Será para ascenderte?

(Alberth) -se queda con la mirada perdida al recordar la conversación que ha tenido con ese hombre del S.A.S. esa misma mañana.- …

(Robina) -mirándole seriamente- En que piensas.

(Alberth) -dice pensativo- Información.

(Robina) -se ríe entre dientes- Ja. No cambiarás nunca. Vamos.

Alberth o I.N., acaban de enterarse que dos altos mandos de la Stasi y quien sabe si incluso del gobierno, quieren verles. ¿Será para una misión especial?

Alberth y Robina se presentan en un despacho donde dos altos mandos de la Stasi de uniforme militar con todos los galones les están esperando... más un tercer hombre de traje negro con corbata azul sobre camisa blanca. Este tercer hombre resulta ser un alto representante del Ministerio de Asuntos Exteriores de la RDA. Son el General Filmman, Director General de la Stasi; el comandante de la sección de operaciones en el exterior, General Juls, y el alto secretario para occidente del Ministerio de Asuntos Exteriores, el señor Wilheim.

Tras la mesa donde en tres sillas hay sentados esos peces gordos, hay un mástil con la bandera de la República Democrática Alemana o Alemania del Este; otra mástil con el escudo de la Stasi; y un retrato colgado en la pared con el presidente de la RDA. A un extremo de la habitación... un hombre custodiando un proyector sobre una mesita con ruedas. A I.N. se le come la curiosidad y no puede evitar saber a que viene eso.

Ya levantados y firmes ante ellos, I.N. pregunta...

(Alberth) Camaradas. ¿Puedo saber...

(Robina) I.N.

(Alberth) ¿?

(Robina) Limítate a escuchar.

(Filmann) I.N. … H.Y. … Cómo Director General de la Stasi... os agradezco que hayáis venido. Tenemos poco tiempo y hay que aprovecharlo. Lo que os ofrecemos... es participar en la mayor operación en el exterior que la Stasi haya emprendido jamás. Una operación que será... nunca mejor dicho... de venganza contra el fascismo que aun gobierna en el sur de la vieja Europa.

(Alberth) ¿? -se extraña al oír eso-

(Filmann) ¿Secretario Wilheim?

(Wilheim) Gracias, camarada Director General. I.N. H.Y. Prestad mucha atención a lo que os voy a decir ahora. La presentación, por favor.

En la sala, apagan las luces y encienden el proyector de diapositivas donde les muestran varias fotografías e imágenes... sobre su nueva misión en el extranjero.

(Wilheim) Hace más o menos un año, en la primavera de 1974, en España, la que sigue siendo la última dictadura fascista que queda en Europa tras la caída de Salazar en Portugal tras la llamada "revolución de los Claveles", se produjeron varias ejecuciones. El régimen fascista del General Franco, asesinó a dos reos en el mes de marzo. Los dos eran hombres jóvenes... pero de nacionalidad diferente.

(Alberth) A que se refiere, camarada.

(Wilheim) Tenga paciencia, I.N. El primer sujeto era este hombre joven de Barcelona. Salvador Puig Antich. Un activista anarquista. Ejecutado por... "garrote vil".

(Alberth) Lo conozco. Un método obsoleto y poco efectivo. Pero que causa un efecto psicológico devastador en el sujeto.

(Robina) ¡Ejem! -I.N. capta la indirecta de su compañera y se calla de golpe-

(Wilheim) Conoces sus... "artes" en interrogatorios, camarada. Pero déjeme continuar. Este otro es el que nos interesa a nosotros. Un ciudadano polaco que fue fusilado bajo la acusación de matar de un disparo de escopeta de caza a un Guardia Civil en un bar de carretera cerca del paso fronterizo entre España y Francia.

(Alberth) Esa... es obviamente la versión oficial.

(Wilheim) Y estás en lo cierto, camarada. Ese hombre era en realidad un ciudadano de la Alemania del Este. Es decir, nuestro. Pero no es solamente por eso por lo que estamos aquí, cómo seguro, comprenderá.

(Alberth) Quien era este hombre en realidad.

(Wilheim) Era un informador confidente de la Stasi, encargado de vigilar a sujetos importantes o relevantes de la Alemania occidental en España. Durante sus vacaciones de verano o en viajes oficiales.

(Alberth) ¿Tienen o han tenido las autoridades españolas conocimiento de dicha causa?

(Wilheim) No, en absoluto. Las autoridades españolas no saben nada de este asunto ni nunca deben saberlo. Pero aquí... es donde entráis vosotros.

(Alberth) -escuchando serio e imperturbable- …

(Juls) Desde el departamento de infiltración y vigilancia en occidente, hemos estado recabando los últimos datos de nuestros contactos en España y Francia. Han llegado a la firme sospecha, bien argumentada y contrastada, de que unos pocos elementos, altos mandos de la Policía española, la Guardia Civil y sobre todo la DGS o Dirección General de Seguridad, la policía política represora del franquismo, pueden tener conocimiento o llegar a descubrir la verdadera identidad de nuestro informador asesinado.

(Wilheim) Por lo tanto, y cómo esto puede suponer un escándalo que puede generar problemas a un lado y al otro del muro de Berlín, esas personas...

(Alberth) Deben ser eliminadas.

(Filmann) Exacto. ¿General Juls?

(Juls) -mientras por el proyector proyectan las fotografías de rostro de los sujetos en cuestión- Estos son los sujetos que debéis eliminar en España. Primero, el capitán de la brigada de Información de la Policía Nacional José Estiarte Logroño. Edad, 47 años. Casado y con tres hijos. Es de Salamanca, aunque vive y trabaja en Barcelona, donde tiene su casa habitual. Vive solo. Es un torturador e interrogador profesional. Él interrogó a nuestro informador y le pudo sonsacar información muy delicada para nosotros. Por tanto, es el objetivo más urgente y prioritario.

(Alberth) Comprendido.

(Juls) En segundo lugar, el caporal de la Guardia Civil Raúl López Segismundo. Edad, 28 años. Soltero pero con compromiso. Es de Jaén, pero está destinado en la conflictiva e inestable provincia de Guipuzkoa, donde nuestros camaradas del movimiento de liberación nacional vasco, Euskadi ta Askatasuna, azotan al régimen constantemente. Fue quien detuvo a nuestro informador en la provincia de Gerona hace un año, antes de que le destinasen a Guipuzkoa. Él fue quien le hizo el primer interrogatorio a nuestro hombre. No creemos que sepa gran cosa, pero por poco que sepa, no debemos dejar ningún cabo suelto. Debe ser también eliminado.

(Robina) Será un objetivo muy fácil, camarada General.

(Juls) Y en tercer lugar... el pez gordo.

(Alberth) -se ríe entre dientes- Mejor así, camarada General. Tendrá más emoción.

(Juls) No es para bromear, I.N.

(Alberth) Disculpe.

(Juls) El Teniente Coronel Juan Francisco Milans del Bosch. Uno de los jefes secundarios de la temida brigada político social de la Dirección General de Seguridad. Es familiar directo de uno de los militares más importantes de las Fuerzas Armadas y del aparato franquista que tiene el poder en España. Edad, 63 años. Es un ultra del régimen convencido, o cómo allí los llaman, del "búnker". Luchó siempre en primera línea de batalla en la guerra civil española entre 1936 y 1939, junto a los golpistas, claro está. Ha llegado a su privilegiada posición por "méritos" propios. Está casado y tiene una única hija de unos 22 años, la cual, curiosamente... es militante y activista bastante activa del PCE, el partido comunista de España. Según nuestros agentes infiltrados en España, no es un objetivo nada fácil. Viaja constantemente entre Madrid y su casa en medio de sus enormes tierras, en la Mancha.

(Robina) ¿Un terrateniente?

(Alberth) Sí. Y encima, fascista.

(Juls) Pueden decirlo así. Mientras permanezca en Madrid es un objetivo demasiado difícil. Sería mucho más recomendable eliminarle cuando se encuentre en la casa que preside sus enormes tierras de cultivo.

(Alberth) Gracias por el consejo, camarada General. Es un alivio saberlo.

(Juls) No hay de que, I.N. Ya puede encender las luces, camarada. -se apaga el proyector y se encienden las luces de la sala-

(Alberth) Yendo directamente al grano, camaradas... la nuestra, es una misión de crimen de estado.

(Filmann) Así es. Vuestras sospechas se confirman. Y no debéis preguntaros por qué os seleccionamos a vosotros. Sois una pareja perfecta... y mortal. No es la primera vez que actuáis en occidente.

(Robina) Pero entonces, cual es con exactitud, nuestra misión, camarada Director General.

(Filmann) Vuestra misión tiene varias fases, pero forman parte de la misma misión. ¿General Juls?

(Juls) Sí, camarada Director General. Vuestra misión, consistirá en llegar a España de forma indirecta, haciéndoos pasar por un matrimonio de turistas franceses. Tengo entendido... que en ese aspecto no habrá problema. Ambos sabéis hablar francés perfectamente.

(Robina) Desde luego, camarada General.

(Juls) Deberéis entrar en España y permanecer allí el tiempo necesario hasta que hayáis cumplido con vuestra misión. Es decir, que dispondréis del tiempo que consideréis preciso para llevar a cabo vuestro plan. No obstante... deberéis informarnos periódicamente, a través de nuestros informadores allí, de la evolución de vuestra misión... hasta concluirla con éxito.

(Alberth) Entendido, camarada. Cumpliremos con nuestra misión.

(Filmann) I.N. H.Y. Tened esto muy presente. Ante todo, es primordial no caer ante las autoridades españolas. Que descubran vuestros... "crímenes de estado", será inevitable. Pero nunca... y lo repito para que os quede bien claro, "nunca"... debéis caer en sus manos y evitar a toda costa que os descubran.

(Wilheim) Tened en cuenta esto. A día de hoy, abril de 1975, su dictador, Franco, aun está vivo. España es aun... una dictadura fascista, por mucho que quieran disfrazarla de "simple" régimen autoritario. En ella, el comunismo y todo lo que huela a izquierda, están brutalmente perseguidas y reprimidas. Si os descubriesen... lo más probable, es que encontraseis la muerte.

(Filmann) Sé que es una orden. Pero tengo que preguntároslo. ¿Aceptáis la misión?

(Alberth) Sí, camarada Director General.

(Robina) Sí, la acepto, camarada Director General.

(Alberth) Camaradas... yo tengo una pregunta. Todo esto... a cambio de que.

(Juls) -responde con enfado- ¡Sus preguntas no están permitidas, I.N.!

(Filmann) No, Juls. Déjale.

(Juls) Pero...

(Filmann) En el caso muy probable que terminéis con éxito vuestra misión en España... tú, I.N, serás el nuevo jefe del Departamento de Investigaciones Especiales. Una oficina de nuestra organización de vital importancia para la seguridad de nuestra república socialista. En este nuevo puesto, tendrás libertad de acción y ya no tendrás que dar partes ni informes a nadie. Los demás te los tendrán que dar a ti. Suena bien, verdad?

(Alberth) -manteniéndose impasible y con su característica mirada fría- … Sí, camarada general. Será un gran honor.

(Filmann) Todo esto... si cumplís con vuestra misión. ¿Entendido?

(Alberth) Sí, camarada Director General.

(Juls) Os haré un breve resumen de lo que deberéis hacer a partir de ahora mismo. Mañana mismo saldréis para Bucarest, capital de Rumanía, en avión. 24 horas después, saldréis de allí, en otro avión... en dirección a París, capital de Francia. Allí estableceréis contacto con el informador principal de la Stasi para Europa occidental. Él os dotará de los medios económicos y técnicos necesarios, además de la documentación perfectamente falsificada... y la información completa de vuestros objetivos en España. Más tarde se os informará ámpliamente de todos estos detalles. ¿Alguna pregunta?

(Alberth) No, camarada General.

(Robina) -en voz baja y disimuladamente a Alberth- ¿No te sientes emocionado ante la perspectiva de actuar en occidente? Y encima contra fascistas de verdad.

(Alberth) -le responde también en voz baja y disimuladamente, con una sonrisa maliciosa en su cara- Más o menos. Sabes que yo soy lo que soy... esté donde esté.

Muchas horas después, en la otra punta de mundo... son las siete y pico de la mañana. ¿En que sitio? En Tokio, Japón. Un tren de cercanías de la línea Yamanote hace una parada en una estación de la periferia de la capital japonesa. Al tren se sube toda clase de gente. Hombres de mediana edad "Salary Man" embutidos en traje y corbata baratos que van a trabajar; mujeres de todas las edades vestidas con ropa de primavera a la moda de la época (mediados de los años setenta), jubilados vestidos con ropa tradicional... pero sobre todo, chicos y chicas adolescentes vestidos con uniforme escolar. Ellas con los uniformes de "marinero" de manga corta y falda larga color azul marino con un lazo rojo en el cuello... y ellos con el uniforme negro de botones amarillos. El tren arranca y se pone en marcha. Entre esa amunión de personas... hay alguien retumbado sobre la puerta del tren mirando las vistas con cara triste. Una chica de dieciséis años muy guapa, de larga cabellera oscura rizada por el lado (con un peinado muy semejante al de por ejemplo, Madoka Ayukawa en Kimagure Orange Road), labios de piñón y nariz fina. Mira entristecida por el cristal de la puerta las vistas grises de la ciudad de Tokio que pasan ante sus ojos. En los asientos de enfrente... un chico de su misma edad, dieciséis años, se le queda mirando hipnotizado. Es un chico con el pelo algo largo y patillas abultadas, con un flequillo que le cubre parte de la frente: este chico es Kiichi Goto con dieciséis años. Y la chica... es Minako Hirokawa. La que fue su novia desde ese mismo año 1975 hasta que lo dejaron en 1980. Ya se conocían de antes... pero en este momento aun no son oficialmente novios. Si que tenían eso si... una amistad muy fuerte y sincera entre ellos dos. Se ayudaban el uno al otro.

En un momento dado, Minako se da cuenta que Goto le mira embobado... y él intenta disimular escondiéndose tras su libreta de apuntes que hace ver que lee. Minako se hace la sorprendida y acaba devolviendo la mirada a fuera, sonriendo cariñosamente. El tren llega a su destino, en el distrito de Asakussa. Muchos estudiantes se bajan para ir hasta su instituto de secundaria y bachillerato, a no mucha distancia. Minako y Goto van a la misma clase, aunque no se sientan juntos. Un rato después, cuando pasa media hora de las ocho, ambos y todos sus compañeros de segundo de bachillerato, tienen la primera clase del día: la de historia. Con un profesor llamado Yashima, joven y moderno, vestido de traje marrón a cuadros con camisa beige y corbata negra ancha, con gafas de pasta en su rostro y peinado típico años setenta. Un profesor que se podría decir... que es de aquellos "progres", que más que aprender o memorizar, les interesa que comprendas y analices.

(Profesor) -escribe en la pizarra con una tiza- Bien. La lección de hoy irá sobre... el militarismo de los años treinta... y para complementar... hablaremos también del Kentenpai. Esto es lo que hay en el plan de estudios que me imponen desde arriba. Pero... ya me conocéis. -todos los alumnos le ríen la gracia- Así que llevaremos la lección de hoy... de una forma un tanto distinta. Quiero preguntaros algo. Que entendéis vosotros... por democracia. -todos se quedan mirando sin saber que decir- Me lo temía. A ver... tú, Ayuko.

(Ayuko) -haciéndose la inocente- Pues... no tengo ni idea, profesor. Sólo soy una chica. -todos se ríen-

(Profesor) -riendo- Sí... a ti te preocupan más otras cosas. Veamos...Kadokawa.

(Kadokawa) Es un sistema político. ¿No?

(Profesor) Es... una definición muy simple y demasiado concreta. Quiero algo más... definido. … ¿Minako?

(Minako) Yo creo que es... no sé cómo explicarlo. Es... vive y deja vivir. Para mi es eso.

(Profesor) ¿Lo veis? Eso está mucho mejor. No se trata de repetir cómo loros lo que leéis en los libros de texto. Sino analizar... e interpretar. Aprended a pensar por vosotros mismos.

(Goto) -levanta la mano- Em... profesor?

(Profesor) -dice sonriente- Aigh... si ya sabía yo que querrías decir la tuya, Goto. Adelante, habla.

(Goto) Yo querría responder a su pregunta... con otra pregunta. … ¿La democracia se entiende... o se siente? Para mi... no es lo mismo.

(Profesor) Si señor. Una pregunta muy bien buscada, Goto. Cuando quieres... eres un alumno realmente brillante, no hay duda.

(Goto) -frotándose la mano en el cogote con sonrisa boba- No es para tanto.

(Profesor) No, en serio. Vuestro compañero Kiichi Goto... sin duda no es cómo los demás. Deberías plantearte muy seriamente tu futuro, Goto. Tienes un potencial inmenso. -dice esto mientras Goto mira a Minako y esta le suelta una sonrisa cómplice- Quiero mandaros un trabajo para el próximo día. -algunos se quejan- Vale, vale, no os quejéis. Es algo sencillo y que no os ocupará mucho tiempo. Quiero una redacción para el próximo día de cada uno de vosotros... sobre que entendéis por democracia... y que sinónimos asociáis con ella.

Entonces, Minako escribe algo en un papelito, lo enrolla y lo hace pasar por varios compañeros y compañeras de clase hasta hacerlo llegar a Goto. En el papelito le dice a Goto dos cosas: que ha estado muy bien... y que esta noche quiere hablar con él en el mismo sitio de la última vez. A las nueve de la noche en punto. Goto, mirando sonriente a Minako, le hace que sí con la cabeza... y ella se hace la tímida. ¿Será para declararse?

Un rato después, no muy lejos de allí, en Hachiuji, en ese mismo día de abril de 1975, un hombre aun joven, de entorno los 35 años, vestido con pantalones de campana azules a rallas, camisa blanca arremangada y corbata roja ancha, trabaja en unos planos sobre una mesa de dibujo técnico. Este hombre... es Jitsuyama, el que cuarenta años después será muerto por "El Niño que Llora" y que se encargó de Asuma cuando fue un año. Pero estamos en 1975 y Asuma aun le faltan dos meses para nacer. En esos planos, Jitsuyama supervisa los últimos y definitivos detalles del gran producto estrella de la empresa para la cual trabaja: Industrias Pesadas Shinohara. Un producto que se presentará en sólo un mes. Dicho producto... es el primer Labor de obras públicas que la empresa sacará al mercado: el Shinohara SAV-75 Labor. Jitsuyama es también entonces, el jefe de la oficina de desarrollo técnico de la empresa. Una empresa que aun no puede considerarse una multinacional ni mucho menos... pero que está en plena expansión. Mientras Jitsuyama se enciende un cigarrillo, mirando de arriba a abajo los planos... uno de sus subordinados llega.

(Subordinado 1) Director Jitsuyama.

(Jitsuyama) ¿?

(Subordinado 1) ¿Puede venir un momento, por favor? Tenemos un pequeño problema con la tercera computadora auxiliar.

(Jitsuyama) Ah, ya. Sabía que volvería a dar problemas. Voy enseguida.

(Subordinado 1) Sí, Director.

Jitusyama y el otro técnico, van hasta una gran sala contigua... donde trabajan en el prototipo definitivo del Primer Labor de la empresa: el SAV-75. No puede evitar sentirse profundamente orgulloso al observar el resultado de años y años de investigación, planificación y duro trabajo. Pero tampoco no puede evitar tener una extraña sensación... al observar al saber que aquel milagro de la tecnología, lo han conseguido con una ayuda que para él le resulta lejana en el tiempo y en el espacio. Incluso desconocida. Pero que les ha servido para terminar el proyecto en el tiempo previsto.

(Jitsuyama) ¿Cual es el problema?

(Subordinado 1) Sólo es una tontería, señor. Pero la memoria de la tercera computadora auxiliar de nuestro "Labor", no funciona todo lo bien que debiera.

(Jitsuyama) -se ríe entre dientes- Ja. No lo llaméis computadora. Es solamente un procesador de silicio. ¿Nos han proporcionado ya las nuevas placas de circuitos integrados?

(Subordinado 1) Los de Matsushita nos han dicho que no nos harán el envío hasta dentro de tres días cómo mínimo.

(Jitsuyama) En cuando lleguen, substituid la placa número tres por los nuevos circuitos integrados. ¿Entendido?

(Subordinado 1) Sí, señor Director.

(Jitsuyama) ¿Algo más, muchachos?

(Subordinado 1) No señor, todo en orden. El sistema hidráulico ya ha sido comprobado y todo está perfectamente. También el sistema eléctrico y el motor Diésel.

(Jitsuyama) Hay que seguir investigando en baterías de alta potencia y larga duración. Los Labors con motor de explosión tienen demasiados inconvenientes.

(Subordinado 1) Es cierto, señor. Pero de momento, es lo que la tecnología actual nos permite. Quien sabe lo que veremos en el futuro.

(Subordinado 2) ¡Director Jitsuyama!

(Jitsuyama) ¿?

(Subordinado 2) El Director General quiere verle en su despacho. Ahora.

El segundo cargo por importancia de Industrias Pesadas Shinohara en 1975, el Director General, quiere ver a Jitsuyama inmediatamente. Cargo ocupado por un tal... Takahiro Sinohara, que no es otro que... el padre del aun no nacido Asuma. En un momento, Jitsuyama se planta en el lujoso despacho del Director General de la empresa, donde el padre de Asuma le espera plantado ante el gran ventanal de su despacho, desde el que contempla su enorme fábrica e instalaciones. Takahiro Shinohara es en 1975 un hombre aun joven, de poco más de treinta años, atractivo, alto, bien vestido. Pero sobre todo... arrogante, ambicioso e inteligente. Capaz de hacer lo que sea para lograr sus objetivos.

(Jitsuyama) -llama a la puerta y entra al despacho- Con su permiso, Director General. ¿Me ha llamado?

(Takahiro) … -se gira, mirando con cara alegre y segura a Jitsuyama- … Oh... sí, claro. Claro que te he llamado. Pero háblame de tú, Jitsuyama. No somos desconocidos.

(Jitsuyama) Lo sé, Takahiro. Lo sé. Pero es que... tengo mucho trabajo y no puedo perder el tiempo. Tenemos una carrera contrarreloj y el tiempo apremia.

(Takahiro) Te felicito.

(Jitsuyama) ¿? ¿Sólo me llamas para felicitarme?

(Takahiro) -se sienta en la butaca de piel tras su mesa impoluta- Es una felicitación bien merecida, Jitsuyama. ¿No lo ves? Para esta empresa, nuestra empresa, haber conseguido este éxito inigualable en todo el mundo, el Shinohara SAV-75 Labor, el primer robot humanoide de la historia para uso industrial, que podamos sacarlo a la venta dentro de sólo un mes... es para sentirse profundamente orgulloso.

(Jitsuyama) -disimulando muy bien lo que él sabe y Takahiro no sabe- Em... si, bueno. El mérito no es mio ni mucho menos. Sino de nuestro excelente equipo de técnicos, ingenieros y científicos.

(Takahiro) -se ríe- Eres demasiado modesto, Jitsuyama. Igual que mi padre. Pero recuerda también... que ha sido gracias al dinero que nos ha prestado el banco de ese joven amigo tuyo. ¿Cómo se llama?

(Jitsuyama) Ishimoto. Kankichi Ishimoto. Es el... hijo del presidente del banco industrial Kawamoto.

(Takahiro) Procurare recordarlo. Le debemos la vida de nuestra empresa. De no ser por los préstamos millonarios que nos concedió a un interés muy favorecedor, el primer "Labor" del mundo, jamás habría sido realidad.

(Jitsuyama) Oye, Takahiro... que tal está tu mujer? ¿Cómo lleva su segundo embarazo?

(Takahiro) Oh, bien, bien. Estupendamente. Pero ya me perdonarás. A veces... se me olvida por completo que tengo una esposa y dos hijos, uno de los cuales está por llegar.

(Jitsuyama) Eso no es nada bueno, Takahiro. Tu mujer se enfadará contigo.

(Takahiro) Agh, últimamente siempre se enfada conmigo.

(Jitsuyama) ¿De veras?

(Takahiro) Quizá sea porque este sitio... es lo que realmente me empuja a trabajar. A ir más allá. Me entusiasma mucho más el desarrollo vertiginoso de esta empresa... la cual algún día será mía. Porque esta empresa, Industrias Pesadas Shinohara, es todo un símbolo del milagro económico japonés que está asombrando al mundo mientras occidente se hunde en la crisis del petróleo.

(Jitsuyama) Bueno, pues... sí sólo se trata de esto. Es que tengo aun mucho trabajo pendiente. Si me disculpas.

(Takahiro) Desde luego. Puedes irte. Solamente... tenía ganas de hablar contigo.

Jitsuyama se postra y se marcha. Entonces suena el teléfono sobre la mesa, uno de esos teléfonos de marcador giratorio. Al otro lado del teléfono... le espera su esposa: Eriko Shinohara, quien está embarazada de más de siete meses... de Asuma.

(Takahiro) Director General Takahiro Shinohara.

(Eriko) Soy yo, querido. Siento llamarte a esta hora, pero es que no sabía cuando hacerlo.

(Takahiro) -mostrándose molesto- Por qué me llamas a esta hora. Te tengo dicho que este mes ni se te ocurra molestarme.

(Eriko) Pero... es que yo...

(Takahiro) Vamos, dime que quieres, mujer.

(Eriko) ¿Cuando piensas venir a comer a casa? Últimamente ni siquiera vienes para cenar. Si no por mi, viene al menos por nuestro hijo. Él te extraña.

(Takahiro) -exclama enfadado- ¡No me llames sólo por eso! -se calma... pero sólo por un instante- … Si hago todo esto, es para que vosotros lo tengáis todo y mis hijos no les falte de absolutamente nada. No cómo a mi, que he logrado estar donde estoy sin nada. ¡Sin nada! -Eriko, enfadada, le cuelga a las narices- ¿? ¿Eriko? ¡Eriko! Mierda. -cuelga enfadado-

En su casa, la mansión de los Shinohara, la misma en la que Asuma, Noa y sus hijos viven cuarenta años después, Eriko se toca su barriga de embarazada, entristecida. Dentro de esa barriga... está el feto de Asuma, quien le falta unas pocas semanas para llegar al mundo.

A las nueve de la noche en punto, Goto y Minako han quedado en un puente peatonal en Shinjuku. Rodeados por los aun pocos rascacielos iluminados y las luces blancas y rojas del tráfico que vienen y van constantemente. Ambos ya no van vestidos con el uniforme de estudiantes... sino con ropa de calle a la moda de la época, mediados de los años setenta: él con chaqueta y pantalón de campana tejanos sobre polo a rallas amarillas y negras... y ella con camiseta de manga corta verde con minifalda blanca y botas altas.

(Goto) -intentando ser amable y con tacto- … Cuando... cuando vas a aclararte conmigo. Llevo ya... mucho tiempo esperando. Mucho. Y tú aun me das largas. … Por qué.

(Minako) -dice tímida mirando al tráfico que viene y va- No lo sé.

(Goto) ¿Es por miedo?

(Minako) … Sí. Tengo miedo. Pero es inevitable. Soy tímida y siempre lo he sido.

(Goto) Y eso para ti... es un defecto. ¿Me equivoco?

(Minako) Puede. -devuelve la mirada a Goto- … ¿Quieres que te diga la verdad? … La verdad... es que estoy harta. Harta de mi timidez. Harta de ser así. Quiero cambiar.

(Goto) No es la primera vez que me dices eso, Minako. Creo que ya desde que nos conocimos, me lo has dicho. … Pero que sepas... que yo te ayudo. Quiero ayudarte. Siempre que me necesites... yo estaré ahí. -dice mirándole con cariño-

(Minako) Gracias, Kiichi. -de repente, ella se echa a llorar-

(Goto) Ey... Minako. No te pongas así, venga. No vale la pena. -Goto intenta abrazarla... pero ella lo rehusa. Goto echa un largo suspiro- … Cuando te vi por primera vez antes incluso de conocernos nuestro primer día de instituto, yo...

(Minako) -se gira mirándole muy decidida, pero con los ojos aun con lágrimas- ¡Oye, cállate ya! ¡No me hables más del pasado! ¡Quiero cambiar de una vez por todas! ¡Y lo haré, puedes estar seguro!

(Goto) -le sonríe cariñósamente mientras le limpia las lagrimas de la cara- … Esta eres tu yo nueva. Por fin empiezas a quitarte la losa que te atormenta y no te deja ser tú misma.

(Minako) -mirándole enamoradiza- Kiichi...

Minako por fin abre su corazón. Ambos se quedan mirando enamoradizos, tímidos, sonrojados... y se besan. Tímidamente y con torpeza. Para uno y otro... es su primer beso. Pero ambos se sienten felices de darse cuenta que se quieren el uno al otro. Era el inicio oficial o no, de un amor que iba a durar años y que acabaría en tragedia cinco años después. Pero entonces todo era empezar... y había empezado.

Dos días después. París, Francia. Un taxi Peugeot 504 deja a Alberth y Robina (I.N. y H.Y.) en pleno centro de la capital francesa... no muy lejos del lugar acordado para encontrarse con su contacto parisino.

(Alberth) Quédate por aquí cerca y vigila el perímetro.

(Robina) Entendido.

I.N. se dirige andando, travesando la calle repleta de tráfico, hasta que llega a la acera... y frente al lugar exacto acordado: un enorme y lujoso escaparate de Coco Channel, con vestidos de alta costura, joyas y la última moda parisina de la época. I.N. se lo mira impasible. Pero en el fondo, cómo agente secreto al servicio del socialismo que es y se considera, siente una profunda repugnancia ante esa muestra desmesurada de lujo occidental capitalista. Por la acera, gente va pasando arriba y abajo. Cuando entonces... un traqueteo de botines, se acerca cada vez más a él. Y ese traqueteo de botines... acaba por detenerse justo al lado de I.N. Él gira su fría mirada... y ahí está su contacto. Es una mujer joven, guapa y aun más elegante, de menos de treinta años. Rubia, con el cabello muy corto, ojos azules de mirada burlona y una sonrisa entre burlona y maquiavélica siempre marcada en su rostro. Vestida con muy buen gusto a la última moda del momento: botines negros de piel; pantalones de campana anchos con estampado geométrico en blanco y negro; chaqueta de piel blanca de cuello alto; pañuelo de seda alrededor del cuello y blusa también de seda color beige. Una vestimenta que sin duda contrasta con la de I.N.: pantalones de campana y chaqueta de pana marrón claro a juego, jersey de cuello alto fino y verde, con zapatos marrones. Es su contacto... y para Alberth sólo tiene un nombre en clave: O.S. El principal agente de la Stasi para Europa occidental... y tienen una contraseña acordada.

(O.S.) -dice son su sonrisa maquiavélica sin mirar a I.N.- Ooohhh... que escaparate tan precioso. ¿Tendré bastante dinero para comprármelo todo?

(I.N.) -sin mirar tampoco a O.S.- El dinero no es el medio para lograr las cosas. Es el medio para comprar voluntades, leyes y pueblos enteros. -mira serio e intrigante a la mujer-

(O.S.) -le devuelve la mirada, sin dejar de tener su rostro marcado con su extraña sonrisa- … Soy O.S. Jefa de la célula de informadores de la Stasi para Europa occidental. Bienvenidos a París.

(I.N.) No he venido para quedarme, sino para irme enseguida. Que tienes para nosotros.

(O.S.) Ooohhhh ya me dijeron que eras tan impaciente...

(I.N.) Me parece que te has metido demasiado en tu papel de mujer burguesa y acomodada.

(O.S.) -sonriendo aun más, mirando al escaparate- Pero reconocerás que es divertido, no? Se vive muy bien en occidente con mucho dinero.

(I.N.) No tengo tiempo para hablar. Detalles de la misión.

(O.S.) Ha habido cambios de última hora. Todo figura en la carpeta de instrucciones de vuestra misión que encontraréis en la guantera del vehículo que os proporcionaremos.

(I.N.) ¿Un vehículo? Dónde está.

(O.S.) No seas impaciente, cariño. Antes... quiero adelantaros algunos detalles. Primero... ya no tenéis que asesinar a tres individuos, sino a cuatro.

(I.N.) ¿Nuevas instrucciones desde Berlín?

(O.S.) Más o menos. Aprovechando que estaréis un tiempo indeterminado en España, debéis cargaros a un sujeto muy incómodo no sólo para la RDA; sino más bien... para todo el socialismo. Está todo en las instrucciones.

(I.N.) Comprendido.

(O.S.) En segundo lugar... las armas se os proporcionarán en España por terceros.

(I.N.) ¿El material correcto o uno cualquiera?

(O.S.) Deberás conformarte con lo que te den. No hay otra salida. Contactos que no sólo incluyen nuestro informador de Barcelona. Sino también terceras personas, cómo por ejemplo... un militante del PCE infiltrado en el ejército español.

(I.N.) ¿Él será quien le proporcionará a H.Y. un rifle de precisión?

(O.S.) Eso espero. Pero te vuelvo a recordar... que deberéis conformaros con lo que os den.

(I.N.) Que más.

(O.S.) Tened especial cuidado con el segundo objetivo en Guipuzkoa.

(I.N.) ¿? A que te refieres.

(O.S.) De no caer víctimas del fuego cruzado. Vascongadas es ahora mismo un auténtico polvorín. Sólo os lo advierto que vayáis con mucho cuidado en esa zona.

(I.N.) Entendido.

Entonces, ella deja caer algo al suelo de uno de los bolsillos de su chaqueta de piel. I.N. Mira al suelo: es un manojo de dos llaves con mango cubierto de plástico... con un llavero con el logotipo de una conocido fabricante francés de coches: el doble chevrón de Citroën. Él las recoge del suelo.

(O.S.) Éste es el medio de transporte que os facilitamos para infiltraros en España. Un coche nuevo y reluciente. De gama alta. Comprado expresamente para vuestra misión legalmente. Bajo tu nueva identidad falsa, eso si. De esta forma no tendrás ningún problema en la frontera.

(I.N.) ¿Toda la información la encontraré en la guantera de este coche?

(O.S.) Desde luego. Pero en buena parte... vuestra misión en España dependerá, al menos en un 50%... de la suerte. Ah. Y no lo olvidéis. El coche es nuevo, último modelo y de gama alta. Debéis devolverlo entero y de una pieza. ¿Entendido?

(I.N.) Eso no se puede garantizar al 100%, O.S. Y lo sabes.

(O.S.) Sólo he dicho que tenéis que devolverlo. No importa en que estado, pero debéis devolverlo para que las autoridades francesas no tengan la más mínima sospecha de nada.

(I.N.) No creo que a ellos les interese este asunto.

(O.S.) Es posible. Pero no os podéis permitir errores fatales.

(I.N.) Dónde está el coche. -ella se lo indica con la mirada, I.N se gira y ve a Robina retumbada de brazos cruzados al lado del coche en cuestión.- ¿Es ese?

(O.S.) Si, ese es. Lo dicho, cuidadlo bien. … Una última cosa, I.N.

(I.N.) …

(O.S.) -mirándole aun más seriamente, casi amenazante- Ni se os ocurra desertar... o moriréis.

(I.N.) Lo mismo te podría decir a ti, O.S. Creo que te has hecho demasiado a la idea de lo que es meterse en el papel de una mujer burguesa acomodada en París.

O.S., sin dejar de mostrar su sonrisa maquiavélica, se pone unas grandes gafas de sol... y se va andando cómo si nada. Alberth cruza la calle y regresa junto a Robina quien ya inspecciona el coche de arriba a abajo. El coche en cuestión, es un turismo francés de último grito en 1975, un Citroën CX de color marrón oscuro, matrícula francesa GR-4587-S. Alberth mete la llave en el cerrojo de la puerta del conductor... y se acciona el cierre centralizado. Ambos se suben y comprueban enseguida la guantera. Dentro hay un expediente bastante gordo, con fotografías y fichas mecanografiadas con todos los datos que deben saber sobre los sujetos que deben asesinar en España. Pero en cuando Alberth observa quien es el cuarto sujeto que deben eliminar... Robina se da cuenta que la reacción de él es extraña. Cómo si disimulara no saber nada... pero sabe algo de ese sujeto y es importante. En la carpeta también figuran los lugares y fecha de encuentro con los contactos españoles o de la Stasi en España. A parte de todo esto... su documentación falsa y el dinero necesario en francos franceses y pesetas.

(Robina) ¿? ¿Y las armas? No están.

(Alberth) Hasta que no hayamos atravesado la frontera no las necesitaremos.

(Robina) ¿Es nuestro contacto de Barcelona quien debe proporcionárnoslas?

(Alberth) Sí. Y mucho me temo... que tendremos que aguantarnos con lo que nos den.

(Robina) Ah, esto va así. Nunca llueve a gusto de todos.

(Alberth) Querrás decir a tu gusto, H.Y.

(Robina) Puedes llamarme por ni nombre. No nos oye nadie.

(Alberth) Estamos en una misión, H.Y. Haz lo que debas. Ni más... ni menos.

(Robina) -mirándole seriamente- … Entendido. ¿Nos ponemos en marcha?

(Alberth) Si. Tenemos que llegar a la mañana siguiente a Barcelona. No perdamos tiempo.

Alberth, al volante del coche, arranca el motor y se ponen en marcha. Emprenden un largo viaje de muchas horas en ese coche, cuya parada intermedia será la frontera entre Francia y España... y cuya parada final, aunque no definitiva... será la ciudad de Barcelona. Una ciudad entonces convulsa y en constante movimiento, lo cual verían nada más llegar.

Horas más tarde, en Tokio, es hora de cenar. En un minúsculo piso de estudiantes compartido, Minako, la novia del joven Goto, con sus dos compañeras de piso y amigas, Tsubaki y Akane. Cenan alrededor de una mesa redonda baja y pequeña sobre suelo de tatami, con un televisor portátil a color marca Sony encendida, donde dan una serie de anime del momento: Tekkaman.

(Tsubaki) -dice con asco- Puagh, Akane. Tu arroz siempre sale asqueroso. ¿Cuando será el día que aprenderás a cocinar bien?

(Akane) ¬ ¬ Déjame en paz. Por lo menos yo intento aprender a cocinar. Tú en cambio, no sabes ni freírte un huevo. Siempre tenemos que ser las demás las que te hagamos la comida. ¿A que tengo razón, Minako?

(Minako) ¿Eh? Sí... supongo.

(Akane) -dice haciéndose la cotilla- ¡Ahhhh! A que estás pensando en ese chico de tu clase que te va detrás.

(Tsubaki) ¿Quien es? -pregunta muerta de curiosidad-

(Akane) Si, ya sabes. Aquel que tiene aquella cara un poco rara... pero que no está nada mal. -dice sonriendo pillina-

(Tsubaki) -se sorprende- ¡En serio!? ¿Ya sales con Goto? Venga, dínoslo. Porfa porfa.

(Minako) -sonríe cerrando los ojos- … Sacad vuestras propias conclusiones.

En otro sitio de la ciudad, Goto está también cenando en un cuarto minúsculo, donde vive solo.

(Goto) ¡Atxís! … Vaya, me habré resfriado? Que raro. ¿O puede que... estén hablando de mi? … Vaya, me pica la cabeza.

Horas después, cuando en Francia es de madrugada, el Citroën CX marrón oscuro con I.N. o Alberth Bund Solez al volante, circula por una autopista francesa a 120km/h en dirección al sur, a la frontera española. Ella está dormida en el asiento del copiloto. Alberth se la mira con su mirada fría... pero ni mucho menos con una mirada de desprecio o odio, sino todo lo contrario. Y es que con Robina Gulheit... I.N. es capaz de mostrar algo de humanidad, de sentimientos. Incluso... de amor. Pero en su trabajo, Alberth no es más que un mercenario al servicio del estado al que sirve: la RDA.

Unas horas después, cuando ya amanece... por fin llegan a la frontera entre Francia y España, en la Jonquera. Tras travesar los controles franceses sin ningún problema... les toca pasar por los controles españoles. Hay Guardias Civiles fronterizos armados con metralletas STAR Z70 e incluso fusiles CETME. Los guardias españoles inspeccionan el Citroën CX de arriba a abajo, al mismo tiempo que en el barracón de aduanas, inspeccionan el equipaje y revisan la documentación. Tras perder un largo rato en los controles fronterizos... se les da el OK y pueden proseguir su camino cómo un matrimonio de turistas franceses en España, sin que los españoles sepan absolutamente nada de sus verdaderas identidades e intenciones.

En cuanto prosiguen su camino vía por la autopista A-7 en dirección a Barcelona...

(Robina) Ha sido más fácil de lo que creíamos. Tanta arma para nada. Sus controles fronterizos son de lo más ineficaz que he visto.

(Alberth) -le dice intrigante y frío- ¿Estás segura?

(Robina) -se le queda mirando seria- …

(Alberth) Me lo tomaré cómo un sí. Lo fácil sólo existe para los que no creen en el trabajo colectivo.

(Robina) Ya lo sé. Es una frase que tú mismo me enseñaste cuando empezamos a trabajar juntos hace siete años. ¿Recuerdas?

(Alberth) No lo digas cómo si fuese... un recuerdo bonito.

(Robina) Lo sé. Es trabajo.

Ella, sonriendo muy tímidamente, le pone su mano sobre la mano derecha de Alberth que está sobre el pomo del cambio de marchas, manteniéndose él imperturbable. Una imperturbabilidad que es sólo aparente, porque ella sabe que haciendo eso le calma y le hace sentirse mejor.

(Alberth) ¿Qué hora es?

(Robina) -mira en su reloj de pulsera- Pues... falta un minuto para las siete de la mañana.

(Alberth) Pondré la radio.

(Robina) ¿La radio oficial?

(Alberth) Por qué no. Quiero escuchar con que lavan el cerebro aquí a la gente.

(Robina) -se ríe entre dientes- Ja. Eres tan sarcástico cuando quieres.

Alberth enciende la radio en el salpicadero del coche... y encuentra la emisora oficial de Radio Nacional de España, dando los señales horarios de las siete de la mañana, sondando la sintonía de la época con la música militar de "La Generala" y la voz que dice aquello de "Habla Radio Nacional de España en conexión con todas las emisoras españolas", hasta que empiezan a hablar de la actualidad "oficial" del momento.

(Radio) Buenos días. Esta es la actualidad del día de hoy, miércoles 9 de abril de 1975. Hace escasas horas, el ministerio de Marina ha hecho pública la siguiente nota oficial. En la tarde de ayer, a las 17.15 horas, se produjo un choque armado en aguas del estrecho entre buques de guerra españoles y marroquíes, ante las señales de ayuda que buques de pesca españoles lanzaron ante una agresión injustificada de los buques alauíes. Este es uno de muchos incidentes armados que vienen produciéndose entre España y Marruecos en lo que va de año. En otro orden de cosas, hoy se hace público en el Boletín Oficial del Estado, las medidas económicas urgentes aprobadas por el último consejo de ministros ante la apremiante y urgente desfiguración económica que sufre el país, por la inevitable crisis económica internacional fruto de la crisis del petróleo que ha afectado a todo el mundo occidental. Hoy también prosigue el juicio por el llamado "Caso Matesa", el cual empezó ayer en la Audiencia Provincial de Madrid y en la que el fiscal solicita más de 1600 años de cárcel para los ocho acusados. En el panorama internacional, el presidente del gobierno provisional portugués, Vasco Gonçalves, reafirmó en público su confianza en la neutralidad española en el proceso político revolucionario que se vive en nuestro país vecino. Mientras, el conflicto de Vietnam da signos de decaída para Vietnam del Sur. Ayer, el palacio presidencial de Saigón, fue bombardeado por un avión de su propio bando. Las fuerzas norvietnamitas siguen avanzando directas hacia Saigón y se espera que para finales de mes, alcancen la capital survietnamita. -Alberth va a apagar la radio, cuando...- Regresando a España, siguen las declaraciones políticas y las alteraciones del orden público, especialmente en Madrid, por el anuncio hace dos días, por parte de Raimundo Fernandez Cuesta y José Antonio Jirón de Velasco, de solicitar la aprobación de Falange Española de las JONS, para constituir una asociación política. Anuncio que la oposición subversiva ha aprovechado para provocar en el día de ayer y se espera que hoy también, alteraciones en el orden público en grandes ciudades de todo el país. -Alberth apaga definitivamente la radio-

(Robina) Puede que sean imaginaciones mías, pero... no tienes la sensación que nos estamos metiendo en la boca del lobo?

(Alberth) -con sonrisa maquiavélica- Es verdad. Pero no me negarás... que puede ser divertido.

(Robina) -echa un suspiro- Si tú lo dices.

Mientras en España ese 9 de abril de 1975 es muy de mañana... en Japón es de tarde. El joven Kankichi Ishimoto, entonces un joven de entorno los veinticinco años y un alto directivo del banco presidido por su padre, el banco industrial Kawamoto, no está precisamente trabajando. ¿Qué está haciendo entonces? Espiar a otra persona: a Eriko, la esposa de Takahiro Shinoara... y madre de Asuma. Escondido dentro de su coche, un coupe deportivo blanco Toyota Celica del '74, observa a una distancia muy prudencial, cómo la mujer por la que siente todo un amor platónico, pero a la cual fue incapaz de conquistar, por la sencilla razón que él es diez años más joven que ella, pasea por el jardín de su mansión de arquitectura tradicional japonesa. Observa cómo ella se sienta en un unas piedras frente a un pequeño estanque con carpas de colores... y cómo se frota sonriendo afablemente su abultada barriga de embarazada, oculta bajo su kimono. Al ver aquello, Ishimoto no puede evitar sentirse profundamente indignado e impotente. Es incapaz de comprender y nunca lo comprenderá, por qué una mujer que es todo belleza, bondad y dulzura se pudo casar con un hombre que es todo arrogancia, prepotencia y avaricia. Pero Ishimoto se calma y sonríe con maldad... al recordar que él ahora sabe algo muy importante. Algo que puede suponer el fin de Industrias Pesadas Shinohara. Una información que el propio Takahiro le reveló poco tiempo atrás, borracho y sin saber lo que se hacía, pero que le dejó boquiabierto: los planos que Gotlieb Von Kleiner dio a la familia Shinohara en 1949. Es decir, sobre el verdadero origen de los Labors. Ishimoto sabe que en esto no puede contar con nadie; debe actuar solo... y lo hará. Arranca el coche para regresar a su trabajo, pero a medio camino...

Ishimoto decide hacer una parada en un sitio: una tienda de antigüedades "bélicas" en Akihabara. Donde venden desde "cosplay" de uniformes militares hasta objetos y armas antiguas en desuso. Ishimoto aparca el Toyota Celica y se baja del coche para entrar en la tienda. No va en busca de nada de uniformes ni merchandaising. Sólo quiere una cosa: una pistola. El propietario y dependiente del establecimiento, un tipo bajo y ancho pero fuerte, con gafas redondas, barba y aspecto descuidado, le recibe.

(Dependiente) Buenas tardes, señor. ¿Qué desea?

(Ishimoto) Esto... resulta que yo... me da un poco de vergüenza decirlo, pero...

(Dependiente) Oh, no se preocupe, joven. A muchos de los que entran aquí les da vergüenza. Esto para la mayoría de la gente es una tienda para "raritos", ya me entiende. -se ríe-

(Ishimoto) Ya. Bueno... yo quería... comprar un arma antigua.

(Dependiente) O _ o Ooohhhh! ¿Lo dice en serio!? ¡Fantástico! Hoy podré cerrar pronto. -se ríe todo contento-

(Ishimoto) Oiga... tiene o no tiene armas antiguas?

(Dependiente) -exclama sonriente- ¡Por supuesto! Bueno... dependiendo de que tipo... y de que época.

(Ishimoto) Quería... una pistola de la Segunda Guerra Mundial. No me interesan las copias. Quiero...

(Dependiente) -se ríe entre dientes- Quiere un ejemplar original, verdad que sí? No hay problema. Tengo unas cuantas. Espere aquí, enseguida se las saco.

Ishimoto se queda esperando mirando las paredes y estanterías de aquel local repletas de uniformes, medallas, cascos, cantimploras y toda clase de objetos de campaña. El dependiente regresa con cajas de zapatos con una inscripción en rotulador en cada una de las cajas, indicando el modelo y año del arma. Las va abriendo y sacando una a una.

(Dependiente) Veamos... este suele ser el ejemplar que más me piden. La Nambu Tipo 14. El arma corta predilecta de nuestras tropas en la Segunda Guerra Mundial. Este ejemplar desgraciadamente está algo oxidado y su recamara medio podrida. En calidad nuestras armas no eran las mejores. -se ríe-

(Ishimoto) Pues entonces, esta no la quiero. Necesito que esté en buen estado.

(Dependiente) De acuerdo. En ese caso... sólo puedo ofrecerle estas tres. Esta es una... Browning de 9 milímetros. Británica. Robusta y fiable cómo pocas. Hoy en día todavía se usa. Esta otra... es la clásica Colt calibre .45 americana. ¡Ja! ¿Tiene idea de lo de japoneses que murieron en el Pacífico por este arma? Y no digamos de vietnamitas estos últimos años.

(Ishimoto) Eso no me interesa. ¿Está en buen estado, si o no?

(Dependiente) Estás tres son las únicas que tengo que estén en perfecto estado. Debe entender que ya tienen más de treinta años y el paso del tiempo afecta mucho al metal.

(Ishimoto) ¿Y esta otra más pequeña?

(Dependiente) Aaaah. Esta es un caso muy especial. Es una... Beretta M1934 italiana. El que me la vendió me dijo que la consiguió de un inglés que la heredó de su padre, quien la consiguió cómo botín de guerra en el Norte de África en el 42. Además del arma... también conservó la munición original que lleva en su cargador.

(Ishimoto) ¿Esta viene con balas y todo? -dice un tanto sorprendido-

(Dependiente) Sí. Están en el cargador del arma. Hay cinco balas y están en perfecto estado de conservación. Es decir que... esta pistola aun funciona.

(Ishimoto) -lo sopesa unos segundos y se decide- … Me la quedo.

(Dependiente) ¿De verdad? -se ríe- Que bien. Hoy podré cerrar temprano. -dice todo contento-

(Ishimoto) Cuanto pide por ella.

(Dependiente) -se queda pensativo, con la mano en la barbilla- Veamos... no esperaba venderla, así que no le he puesto un precio. Pero por ser usted e incluyendo las cinco balas originales... se la dejo por... mmmmm... ¿Qué le parecen 75.000 yenes?

(Ishimoto) -se lo toma mal- ¿75.000? Menudo atraco.

(Dependiente) Amigo... es un arma antigua, en perfecto estado y con munición original que aun funciona. Por 75.000 yenes te estoy ofreciendo una ganga.

(Ishimoto) -indeciso, sin saber que hacer- …

(Dependiente) Además... te lo estoy vendiendo cómo una antigüedad cualquiera... cuando lo que en realidad te estoy vendiendo es un arma con munición incluida. Estoy cometiendo una ilegalidad, lo sabías? Así que tú elijes, joven. O lo tomas... o lo dejas.

(Ishimoto) No es que no quiera pagarle tanto, señor. Para mi... el dinero no es problema.

(Dependiente) Si ese coche en el que has venido es tuyo ya se nota que para ti el dinero no es problema. ¿Me equivoco si digo que eres un hijo de papá? -dice intrigante-

(Ishimoto) …

(Dependiente) -se ríe entre dientes- Ja. Eso es un sí. Mira... yo regento un negocio y lo que me importa es ganar dinero. Así que te la vendo igual. Son 75.000 yenes. Ni uno menos.

(Ishimoto) … De acuerdo. ¿Acepta tarjeta de crédito?

(Dependiente) No, muchacho. Aquí sólo acepto dinero en efectivo. Contante y sonante.

(Ishimoto) ¿Acepta un cheque bancario?

(Dependiente) Hasta que no me traigas los 75.000 en efectivo no te la vendo. Por mucho que insistas.

(Ishimoto) -se lo piensa y dice todo decidido- … Está bien. … Que le parece si... le doy un cheque bancario... por 100.000 yenes?

(Dependiente) O _ o Por... por 100.000? ¿Está dispuesto a pagarme 25.000 yenes más? -dice alucinado-

(Ishimoto) Si. Es que... la necesito ya. Para mi... mi... mi colección privada. -dice cómo excusa-

(Dependiente) -muy sonriente y contento, le da la mano a Ishimoto- ¡Claro que sí, amigo! -riendo todo contento- ¡Trato hecho! ¡Es toda suya! -riendo satisfecho-

(Ishimoto) -se saca de debajo su chaqueta el talonario y una pluma estilográfica; rellena uno de los cheques y se lo da al dependiente- Aquí tiene. 100.000 yenes.

(Dependiente) -dice sonriente- Aquí tiene su Beretta, amigo. -le da la caja con la pistola y las cinco balas en su interior-

(Ishimoto) Ah. Una última cosa.

(Dependiente) ¿Sí?

(Ishimoto) -le advierte muy seriamente- Estos 25.000 yenes que le he pagado de más... espero que sirvan para comprar su silencio. No diga nada de esto... a nadie, por favor. A nadie.

(Dependiente) ¿? ¿Por qué? -pregunta muy extrañado-

(Ishimoto) Em... porque... porque no quiero que mi familia se entere de esto. Es un... hobby personal. No quiero que nadie se entere.

(Dependiente) Aaaahhh ya entiendo. Claro, claro, señor. No se preocupe. Gracias por todo. -se ríe-

Ishimoto sale del local, mientras el dependiente, más contento que unas pascuas, besa el cheque de 100.000 yenes que acaban de darle por la pistola antigua que acaba de vender. Ahora Ishimoto ya tiene en sus manos el arma, la Beretta M1934, con la que iba a perpetrar el secuestro de Jitsuyama pocas semanas después. El secuestro que cuarenta años después, tendría unas graves repercusiones.

Dos horas después, en España, Robina y Alberth (o I.N. y H.Y., cómo es su nombre en clave), llegan a Barcelona en su Citroën CX marrón oscuro matrícula francesa. Suben por la Avenida Meridiana... cuando a su alrededor, adelantándoles por la derecha, pasan varios Land Rover's (o mejor dicho Santana's) y coches patrulla SEAT 124 de la Policía con las sirenas en marcha. Ambos se dan cuenta que hay una protesta de jóvenes, probablemente universitarios, discurriendo más adelante. Estudiantes con el puño en alto gritando la consigna muy coreada en la ciudad condal en ese momento de "Llibertat, Amnistia i Estatut d'Autonomia". Algunos llevan consigo banderas rojas y otros "señeras", banderas catalanas, ambas prohibidas en pleno franquismo. Los "Grises", los antidisturbios de la policía franquista, cargan brutalmente contra la masa de jóvenes, dispersándolos por la calle. Alberth mantiene la compostura y la serenidad, pero Robina no puede evitar ponerse algo nerviosa ante aquel lamentable espectáculo entre sirenas de policía, jóvenes huyendo y grises tras suyo para aporrearlos con unas porras enormes, sumando los disparos por los policías tanto de pelotas de goma cómo de granadas de gas lacrimógeno. Alberth intenta hacer avanzar el Citroën CX cómo pueden en medio de aquel caos. Se tienen que parar en seco de nuevo. Enfrente suyo, a unos 5 cincuenta metros, un grupo de jóvenes arrastran un coche aparcado, un SEAT 127 verde oscuro y a empujones, lo vuelcan en medio de la calle cómo barricada. Pero tienen que huir perseguidos por más grises. Uno de los jóvenes es atrapado y aporreado brutalmente contra el suelo por dos agentes ante el morro del coche de Alberth y Robina, pudiendo oír claramente los desgarradores gritos de dolor del muchacho y los insultos de los grises.

(Gris 1) -aporreando al joven- ¡Te vas a cagar, hijo de puta! ¡Ya te voy a enseñar yo amnistía, cabrón! ¡Toma amnistía, rojo de mierda!

(Robina) -visiblemente rabiosa e indignada, aprieta los puños de rabia- …

(Alberth) Ahora mismo te bajarías del coche y liberarías al chico, verdad?

(Robina) -se queda mirando indignada a Alberth sin decir nada- …

(Alberth) -le dice con frialdad- Estamos aquí para cumplir nuestros objetivos. Esto no es asunto nuestro. … Olvídalo.

(Gris 2) -da un porrazo sobre el capó del Citroën CX- ¡Venga, gabachos! ¡Aquí no tenéis nada que ver! ¡Salid de en medio, coño! ¡Circulen, circulen!

Alberth reemprende la marcha del coche, observando cómo los grises se llevan al joven antifranquista con la cabeza sangrando, herido por los brutales porrazos de los grises.

(Robina) -visiblemente rabiosa e indignada- Malditos fascistas hijos de la gran puta. Ellos son la viva imagen de que este país sigue siendo la última dictadura fascista que queda en el mundo.

(Alberth) No seas ingenua.

(Robina) ¿?

(Alberth) Nosotros en nuestra república socialista hacemos lo mismo. Claro que... de una manera mucho más sutil.

(Robina) -le replica molesta- Alberth... a veces tu cinismo llega a sonar insultante.

(Albert) Te he dicho que no me llames por mi nombre mientras estemos en una misión.

(Robina) -mirándole seriamente- … Entendido.

Después de dar varias vueltas por la ciudad condal... llegan a su destino, en el barrio de Gràcia. Suben por un ascensor hasta el quinto piso de un bloque de viviendas. Allí... les espera su siguiente contacto, con el cual hay una contraseña acordada: una mujer anciana que vive sola junto a unos cuantos gatos. Llaman al timbre... y la voz de una mujer anciana les responde tras la puerta.

(Anciana) ¿Sí? ¿Quien es?

(Alberth) … Le traigo los pasteles salados de Luís.

(Anciana) ¿Con su tomate muy rojo?

(Alberth) Si. Muy rojo... y de sabor fuerte. -la anciana les abre la puerta y les deja entrar-

(Anciana) Adelante, camaradas. -ambos entran dentro y cierra la puerta-

(Robina) -algo sorprendida- Usted... usted es el informador de la Stasi para España?

(Anciana) No lo parece, verdad? De esta manera, paso totalmente desapercibida.

(Alberth) No la subestimes por su aspecto. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, fue una informadora muy eficaz al servicio de Moscú de lo que se cocía aquí, en España. Es toda una veterana.

(Anciana) Oh, no sea tan educado conmigo, joven. Venid, venid. Tengo algo para vosotros.

(Robina) ¿No es usted, señora, quien debe proporcionarnos las armas?

(Anciana) Ya me gustaría. Sólo las armas cortas. El rifle de precisión... tendréis que conseguirlo en otra parte.

(Alberth) Lo sabemos. Que armas son.

La anciana va hasta la cocina y de una caja metálica de galletas grande, saca dos pistolas de fabricación española: una ASTRA Constable y una STAR Modelo B.

(Anciana) Aquí lo tenéis. Es lo que he podido conseguir para vosotros. Ahora os doy las cajetillas de munición. -les da munición para sus armas... escondida en paquetes de tabaco-

(Robina) Sé que no estoy en situación de quejarme, pero... estas armas no son soviéticas.

(Anciana) Lo sé. Pero ya os habrán dicho que...

(Alberth) Que nos conformemos con lo que nos den. Y tiene razón. H.Y. Tú quédate con la STAR. Yo con la ASTRA.

(Robina) -se ríe entre dientes y dice medio en broma- Ja. Es curioso que yo tenga que quedarme con el arma más grande.

(Alberth) Sabes que cojo el ASTRA porque es la versión española de la Walther PPK, de la cual también deriva la Makarov que uso habitualmente. Ya que estoy acostumbrado a usar ese arma, esta se adapta mucho mejor a mi.

(Robina) -suspira algo enojada- … De acuerdo, que remedio.

(Anciana) ¿No tenéis ninguna queja de las armas?

(Robina) -dice resignada- Yo sí. Pero me las tengo que tragar.

(Alberth) H.Y. Da igual donde estén fabricadas nuestras armas. Matan igual.

Sin más que discutir, Robina y Alberth abandonan el piso de la anciana de regreso al Citroën CX. Pero Robina, más que por las armas que les han dado, está más bien preocupada por el cuarto sujeto que les han ordenado asesinar... y lo que Alberth le oculta a ella sobre este cuarto sujeto. Le da la sensación... cómo si él le conociera de algo. Pero acaba pensando que no puede ser. Nada más subirse al coche, Alberth...

(Robina) ¿Qué hacemos ahora, I.N.?

(Alberth) Basándonos en la información que nos han proporcionado del sujeto... el plan a seguir será este.

(Robina) Te escucho.

(Alberth) Esperaremos a la noche del día siguiente. A las diez. Esta noche comprobaremos que la información que nos han proporcionado sea correcta. De ser así... seguiremos este plan. Cuando el sujeto, el policía llamado José Estiarte Logroño, llegue a su domicilio habitual para estar en él a penas media hora, para salir a las once... en dirección a locales de prostitución en el barrio barcelonés del Rabal... el momento anterior a éste; cuando llegue a su domicilio y esté solo... será el momento ideal para liquidarle.

(Robina) Entendido. Pero que hacemos mientras tanto.

(Alberth) Interpretar nuestro papel. Un matrimonio francés que hace el turista por España.

(Robina) Aaahhh... ya entiendo.

(Alberth) Esta noche... nos quedaremos en un hotel de por aquí. Pasaremos la noche en la misma habitación... y nos comportaremos en "todo"... cómo un matrimonio. -dice mirando a Robina con una tímida sonrisa-

(Robina) -con sonrisa malévola- … Ningún problema. Me gusta el teatro. Y lo haré... en "todo".

Al día siguiente, 10 de abril de 1975, en Japón es mediodía y es hora de comer. Goto y Minako comen juntos sus tarteras bajo la sombra de un árbol en el patio del instituto. Minako parece entristecida, come con desgana.

(Goto) ¿? ¿Qué te pasa? ¿No tienes hambre?

(Minako) No, no es eso. … Es que...

(Goto) Me extraña que comas tan poco con lo comilona que sueles ser.

(Minako) ¬ ¬

(Goto) Qué te preocupa.

(Minako) Dime, Kiichi. Tú... tú sabes cómo ser feliz?

(Goto) ¿?

(Minako) Lo digo porque... porque yo... últimamente me siento un poco confundida. A veces no sé ni lo que siento.

(Goto) -le dice sonriente- Déjate de tonterías y come. Le das demasiadas vueltas.

(Minako) Contéstame a mi pregunta, Kiichi. Tú que haces para ser feliz.

(Goto) No puedo responder a algo que no se puede responder.

(Minako) ¿Qué? -se sorprende ante esta respuesta de Goto-

(Goto) La felicidad, si es que esta existe, que no lo dudo... es algo que cada persona debe buscar por si misma, es cierto. Pero para mi... lo que uno se encuentra en el camino de la vida, le ayuda y mucho, a que su felicidad, sea un poco mayor. -dice sonriendo a Minako-

(Minako) Entonces tú no crees en el destino. ¿Por qué alguien cómo yo... puede enamorarse de alguien cómo tú?

(Goto) Ah, vete tú a saber. Los misterios del amor. Pero a mi eso no me importa. Lo que ambos sentimos... es lo que importa.

(Minako) -se reconforta- Tienes razón. Le doy demasiadas vueltas. Me gusta demasiado pensar. Darle vueltas y más vueltas a las cosas. ¿Todo tiene que ser tan complicado en esta vida? ¿Tantos obstáculos nos tienen que poner para conseguir una brizna de felicidad?

(Goto) ¿Por qué dices eso?

(Minako) -suspira con preocupación- … Por nada. Si mis padres, en el pueblo, se enterasen que estoy saliendo con un chico...

(Goto) A mi me pasa igual. Si mis padres se enteran que salgo con una chica, no les hará ninguna gracia.

(Minako) Sí, que palo, verdad? … Ah, Kiichi.

(Goto) ¿Sí?

(Minako) Muchas gracias por ayudarme ayer en mi redacción sobre democracia que nos ha pedido el profesor de historia.

(Goto) Agh, no es nada, mujer. -se ríe- Pero creo que no hubieses necesitado ninguna ayuda. Eres una chica inteligente y podrías habértelas apañado tu sola sin ningún problema. Y reconozco que eso... me gusta.

(Minako) ¿Y eso que tiene que ver con la redacción? -le pregunta en broma-

(Goto) Porque creo que eres una chica justa y que sabe lo que quiere, aunque a veces tú misma pienses lo contrario.

(Minako) -baja la cabeza, entristecida- ¿De veras? No sé que pensar. … A veces pienso que sólo soy una cobarde que se esconde y no afronta sus miedos adolescentes y adultos, los cuales ya no sé cuales son unos y cuales los otros.

(Goto) No digas más tonterías. -le da un tímido beso a los labios y le acaricia el cabello, sonriéndole con cariño- Anímate, Minako. Tú y yo... somos muy jóvenes y tenemos muchas cosas que vivir todavía. Muchas. No vale la pena atormentarse... cuando la vida a penas nos ha dado experiencia de nada. Tenemos todavía... mucho y mucho que aprender.

(Minako) -se queda por un momento absorta- … ¿No tienes miedo a veces... de mirarte al espejo y no reconocerte a ti mismo? ¿De ver a otra persona que no eres tú?

(Goto) Minako... hubo un sabio que dijo que el espejo no muestra realidades, sino que es un objeto de pura ilusión.

(Minako) -se ríe entre dientes- Ja. Esa frase la has aprendido en la clase de literatura, verdad?

(Goto) Más o menos. Lo que te quiero decir... es que para verse uno mismo, no necesitas un espejo. Necesitas una persona sincera que te diga la verdad en todo momento. Y en mi caso... esa persona eres tú, Minako.

(Minako) -sonríe cariñosamente a Goto- … Gracias, Kiichi.

(Goto) No hay de que. -suena el timbre del instituto- Bueeeno. Hora de volver a clase.

(Minako) Kiichi.

(Goto) ¿Sí?

(Minako) -mirándole con cariño- … Nada. Nos vemos al terminar las clases.

(Goto) -le sonríe- Claro. Vamos, o llegaremos tarde.

Minako, en sus dieciséis años, seguía teniendo sus dudas sobre lo que estaba haciendo. Sobre si realmente ha hecho bien en empezar a salir con Goto, un compañero de clase de su misma edad, quien le gusta. Pero una cosa es gustarte alguien... y otra muy diferente, es quererla; amarla. Pero a Goto eso no parece importarle mucho. ¿Porque no se da cuenta? ¿O porque él si tiene claros sus sentimientos? Aun haría falta un tiempo para que ambos lo descubriesen por ellos mismos.

En ese mismo instante, en Barcelona es de madrugada. Alberth y Robina están en la habitación de un hotel, a oscuras, donde hacen lo que no sólo es un papel; sino también lo que suelen hacer en la realidad: hacen el amor. Porque a parte de ser compañeros en la Stasi, son amantes. Al terminar de hacerlo y mientras se fuman el cigarrillo de después...

(Robina) … ¿Piensas decirme alguna vez quien es el cuarto objetivo que debemos eliminar? ¿Por qué me lo escondes?

(Alberth) Eso es asunto estrictamente mio, Robina. Tú no tienes por qué saberlo.

(Robina) Te guste o no, yo he leído los mismos documentos que tú. Sin embargo, por la cara que has puesto en cuando has visto la foto, me he dado cuenta enseguida de que le conoces. … Quien es.

(Alberth) … No puedo decírtelo.

(Robina) Alberth.

(Alberth) -se queda mirando seriamente a Robina, sin decirle nada- …

(Robina) Sólo quiero avisarte. Yo no estoy aquí sólo para acompañarte. También para asegurarme que no incumplas las órdenes dadas desde Berlín este.

(Alberth) Eso ya lo sé, H.Y.

(Robina) Llámame por mi nombre. Y mírame a los ojos.

(Alberth) -suspira enojado... hasta que mira seriamente a los ojos a Robina- …

(Robina) -le dice preocupada por él- Prométeme que no harás ninguna estupidez. Quiero que regresemos los dos a la RDA sanos y salvos. … Quiero que sigamos estando juntos. ¿Me lo prometes?

(Alberth) -mirándola frío, pero con lástima- … Te lo prometo. … Robina.

(Robina) ¿Mh? -pregunta mientras apaga el cigarrillo en el cenicero-

(Alberth) ¿Qué es lo que sientes tú... con este trabajo?

(Robina) Que voy a sentir. … Miedo. Inseguridad. … A veces incluso... angustia. Pero me lo tengo que tragar... y seguir adelante. O sigo adelante... o moriré.

(Alberth) Ahora mismo, en este instante... yo puedo sentir algo. Puedo decir... que tengo sentimientos. … Cuando se trata del trabajo... no siento nada. No me importa nada. Cuando estamos solos tú y yo... entonces me pregunto cómo he llegado a esto. … Por qué lo hago.

(Robina) Eso es algo que creo nunca tendrá respuesta. Y si la tiene... deberás buscarla tú solo.

(Alberth) Creo que nunca podré hacerlo. … Nunca.

(Robina) ¿Qué pasará si nos descubren? Entiendo que es una posibilidad muy remota, pero es que...

(Alberth) No temas. Te garantizo... que saldremos de esta. … Te lo prometo. -echa una última calada a su cigarrillo y lo apaga en el cenicero-

(Robina) De acuerdo. … Pero sobre el cuarto objetivo... no me vas a hablar. ¿Verdad?

(Alberth) -pensativo y preocupado- … Te lo diré... en su debido momento. Quiero dejar al cuarto sujeto... para el final. Para mi... es un asunto personal y no quiero hablar de ello con nadie. Ni siquiera contigo.

(Robina) Alberth... venimos de un país donde nadie tiene vida personal. Donde todos... tienen sus vidas espiadas y controladas por el todopoderoso Estado. Y para nosotros no es diferente. A veces me entra la risa... cuando pienso que cuando tú y yo estamos en mi apartamento de Friedrichshain, haciendo el amor... hay alguien escuchando nuestros jadeos de placer por unos auriculares, mientras lo graba todo en una cinta con un magnetófono. … Porque esto lo hemos hecho nosotros con otras personas decenas de veces. … Puede que centenares.

(Alberth) -mirándola seriamente- … Es nuestro trabajo, Robina. … Es nuestro trabajo.

(Robina) ¿Me pides que me resigne a vivir así?

(Alberth) No estarás insinuando que quieres que desertemos.

(Robina) No, no te digo eso. Porque si te dijera eso... me matarías ahora mismo.

(Alberth) No estoy tan seguro. Creo que tú... eres la única persona en toda la faz de la Tierra... a la que sería incapaz de matar.

(Robina) -mirando con lástima a Alberth- … Tranquilo. No quiero desertar. … Dentro de... unas quince horas, cumpliremos nuestro primer objetivo. … ¿Lo harás?

(Alberth) Lo haremos, H.Y. Lo haremos.

Alberth y Robina son dos agentes de la Stasi fríos, calculadores y despiadados. Pero también son humanos y tienen un poco de corazón humano... en su más estricta intimidad.

Cuando en Japón ya es la mañana siguiente, el 11 de abril de 1975, sobre la fábrica y central de Industrias Pesadas Shinohara en Hachiuji, está lloviendo. En una gran sala con una gran mesa, hay una reunión del consejo ejecutivo de Industrias Pesadas Shinohara, en un ambiente dominado por el humo de tabaco, ya que es esa época, era bastante común fumar en cualquier parte y a cualquier hora. La reunión la preside el Presidente de la compañía... y abuelo de Asuma: Daihiro Shinohara. Le acompaña su hijo... y padre del aun no nacido Asuma: Takahiro Shinoara; además de Jitsuyama, de otros directivos y dos personas ajenas a la empresa: un alto representante del Ministerio de Obras Públicas del gobierno japonés, llamado Niitaka; y un joven directivo del Banco Industrial Kawamoto: Kankichi Ishimoto. Todos van de traje y corbata, excepto Jitsuyama, que va con su mono de técnico color marrón, propio de las empresas industriales japonesas. Cuando ya llevan un largo rato de reunión...

(Daihiro) Caballeros... me temo que tendremos que llegar a las conclusiones de esta reunión. Tengo otros asuntos que atender esta mañana, así que deberíamos ir terminando. Antes que nada, quisiera de nuevo, agradecer la asistencia de nuestros dos... invitados. El señor Niitaka, que viene en representación del Ministerio de Obras Públicas e incluso se podría decir, que del gobierno; y el señor Ishimoto, en representación del Banco Industrial Kawamoto, quien nos ha prestado una ayuda financiera vital para el desarrollo del proyecto SAV-75.

(Niitaka) Si me permite, presidente Shinohara, quiero decir, en nombre del gobierno y del Primer Ministro en persona, que seguimos manteniendo nuestro interés por su proyecto de robot humanoide para trabajos de obras públicas. Y que lo estamos siguiendo, que no supervisando... muy de cerca.

(Ishimoto) Por mi parte... no hay objeciones que poner. Os hemos prestado unas cantidades de dinero importantes a un interés relativamente bajo y vosotros habéis prometido devolverlo en los plazos fijados, para demostrarnos a nosotros y al país entero... que Industrias Pesadas Shinohara es una empresa solvente al 100%.

(Daihiro) Por lo que hemos discutido en esta reunión... se puede llegar a la conclusión de que el proyecto de nuestro... "Labor", está prácticamente concluido.

(Jitsuyama) Y estás en lo cierto, Daihiro. Pero en mi opinión...

(Directivo) Hay aun al menos tres aspectos, que si bien ya pertenecen a la fase post-desarrollo y entran de lleno en la fase de pre-producción... debemos abordarlos y solucionarlos inmediatamente. En primer lugar, hay que terminar con los preparativos para poner en marcha los mecanismos de producción en serie de nuestro nuevo robot. Nos estamos esforzando en ultimar la construcción y puesta en marcha, así cómo la preparación y entrenamiento de nuestro personal de producción y de control de calidad... para nuestras nuevas cadenas de montaje automatizadas. Hemos tomado ejemplo, especialmente, observando lo que ya se está aplicando en las fábricas de automóviles de nuestro país. Visitando una factoría de Toyota en la prefectura de Aichi hace unos meses, pudimos ver cómo funcionaba y tener un ejemplo claro... de lo que queremos hacer en este aspecto.

(Takahiro) -dice en broma- ¡Ja! Eso es espionaje industrial. Seguro que los de Toyota os echaron de la fábrica a patadas. Cómo les hacemos la competencia en el sector de los vehículos industriales.

(Daihiro) Hijo, guárdate tus chistes sin gracia para otro momento. Ahora estamos en una reunión.

(Takahiro) Sí, padre.

(Directivo) En segundo lugar... debemos establecer claramente los costes del Labor. Tanto los de producción, cómo los de venta y distribución... así cómo los de mantenimiento y servicio post-venta. El valor justo que debe tener una vez fabricado... y la formula de venta y financiación más adecuada para el que, de momento, será nuestro principal cliente del SAV-75: el Estado japonés. Y finalmente... establecer una fecha definitiva para la presentación oficial de nuestro nuevo producto ante la opinión pública.

(Jitsuyama) Presidente... siento discrepar. Pero cómo jefe del departamento de desarrollo técnico, creo que aun es demasiado pronto. Antes de sacar a la venta el SAV-75, debemos asegurarnos de pulir cualquier mínimo defecto que nuestro robot pueda presentar. Si bien en este aspecto ya se ha hecho y mucho, considero que hay que asegurarse que nuestro "Labor"... no tenga ni el más mínimo defecto.

(Takahiro) -le responde con chulería y prepotencia- Agh, déjate de estupideces, Jitsuyama. No podemos perder más el tiempo con... minucias sin importancia.

(Jitsuyama) -responde enfadado- Para mi no son minucias. Para mi es asegurar que lo que fabricamos, sea de la máxima calidad posible. Que estamos ofreciendo a nuestros clientes una máquina que no sólo colme sus expectativas, sino que las sobrepase.

(Takahiro) Todos los técnicos en cualquier empresa manufacturera decís lo mismo. Hacéis perder tiempo y sobre todo dinero a la empresa. Esto es una empresa industrial, pero ante todo, es un negocio que debe generar beneficios para que sea sostenible ella misma y para generar para nosotros unos márgenes de beneficio aceptables. Lo único que debería importarnos, caballeros, son las ganancias. … De todas formas creo firmemente... que el nuevo Shinohara SAV-75 Labor dará a Industrias Pesadas Shinohara... unos beneficios extraordinarios.

(Daihiro) Hijo... a veces creo que deberías haber sido corredor de bolsa o banquero. Tengo la desagradable sensación que te importa más el dinero que nuestra empresa.

(Takahiro) -dice molesto- No es eso, padre. No es eso. … ¿Puedo continuar? Quisiera decir algo.

(Daihiro) Desde luego, hijo. Habla.

(Takahiro) Ejem. … Quisiera proponer... para la presentación en público de nuestro nuevo "Labor"... que esta fuese a lo grande y sin escatimar medios.

(Jitsuyama) Creo que te estás precipitando, Takahiro. Considero que aun es...

(Daihiro) Déjale hablar, Jitsuyama. Puede ser interesante.

(Jitsuyama) -dice resignado- Sí, señor presidente.

(Takahiro) Creo que... después de pensarlo mucho... podríamos hacerlo dentro de sólo tres semanas. Propongo cómo lugar... el gran pabellón de Congresos de Asakussa. Es un lugar grande, espacioso, con gran capacidad para acoger a mucho público y en pleno corazón de Tokio.

(Directivo) ¿Y qué fecha propone, Director General?

(Takahiro) Déjame pensar... Creo que... el seis de mayo sería la fecha ideal. Caballeros. Piénsenlo por un momento. Esta fecha... 6 de mayo de 1975, quedará registrada en los libros de historia... cómo el día en que la ciencia y la tecnología dieron un paso de gigante. Y que ese paso lo dio gracias a nuestra empresa: Industrias Pesadas Shinohara. Considero que sería recomendable, más bien imprescindible, convocar a toda la prensa, tanto la nacional cómo la extranjera, para cubrir el evento. No debemos escatimar esfuerzos humanos y económicos... en mostrar en esta presentación la mejor imagen posible del nuevo producto de Industrias Pesadas Shinohara.

(Daihiro) Hijo... a veces la ambición te ciega. Pero estoy de acuerdo contigo... en que dar la mejor imagen de nuestro nuevo producto es primordial. Cómo Presidente de Industrias Pesadas Shinohara... apruebo la fecha y lugar para la presentación. Quiero que esté todo dispuesto en el plazo previsto.

(Directivo) Sí, señor Presidente. Nos encargaremos desde hoy mismo.

(Daihiro) Muy bien. -dice sonriendo confiado-

(Jitsuyama) ¡Ejem! Daihiro...

(Daihiro) ¿Algo que decir, Jitsuyama?

(Jitsuyama) Sé que ya has dado la orden, pero... considero que sería mejor... posponer la presentación de nuestro Labor... para dentro de dos meses.

(Daihiro) ¿? ¿Para dentro de dos meses?

(Takahiro) ¿Y por qué tendríamos que hacerlo? ¿Eh? -dice molesto-

(Jitsuyama) Dentro de dos meses abrirá sus puertas la Exposición Universal de Okinawa. Sería el escenario perfecto para hacerlo.

(Takahiro) No digas estupideces, Jitsuyama. Lo de la Expo será sólo para los turistas. Pero la presentación oficial debe hacerse antes. Y no te preocupes tanto, hombre. Que las primeras series de unidades producidas tengan... ligeros defectos de fábrica, es inevitable. Pasa lo mismo con cualquier nuevo modelo de máquina fabricada en serie que salga al mercado. Sea un automóvil, sea una lavadora, sea una prensa hidráulica, una computadora... o un robot, en todos los casos, siempre pasa lo mismo. Y si eso pasa, seremos nosotros, la empresa fabricante, quien corra con los gastos de la garantía. Pero sabes una cosa? Que no pasará nada. Porque tú y tu equipo sois los mejores. Y vuestro nuevo robot humanoide para obras públicas, es, sencillamente... perfecto.

(Jitsuyama) -suspira preocupado- … Espero que tenga razón, Director General. Pero para su información... hace pocos días corregimos un error grave en el sistema electrónico del robot. Tuvimos que cambiar un procesador de silicio por un circuito integrado. Si no se hubiese llegado a descubrir... nuestros nuevos Labors, al activarlos, su sistema electrónico echaría chispas cómo un castillo de fuegos artificiales.

(Takahiro) -responde chulesco en broma- Qué más da eso. Lo habéis corregido a tiempo, no? Entonces, todos tranquilos.

(Daihiro) No te preocupes, Jitsuyama. Pero ya he tomado una decisión. Aplicaremos el plan propuesto por mi hijo... perdón, quería decir por el Director General.

(Ishimoto) -sin haber dejado de mirar fríamente a Takahiro- Si necesitáis financiación para llevarlo a cabo... podéis contar con nosotros.

(Takahiro) -haciendo el chulo y prepotente- Oh, venga ya, Ishimoto. No quieras lamernos demasiado los zapatos. Eres demasiado importante para rebajarte tanto. Ya lo harán otros por ti. -se ríe con cierta prepotencia- Para eso no necesitamos tu dinero. Esta es una empresa muy grande y en plena expansión. Nosotros solitos podemos correr con todos los gastos.

(Daihiro) Hijo... no seas maleducado con Kankichi.

(Takahiro) Oh, venga, padre. Qué he dicho?

(Daihiro) ¬ ¬ Hijo...

(Takahiro) Sí, de acuerdo, padre. Ya me callo.

(Daihiro) Señores, la reunión termina aquí. Gracias, caballeros.

Jitsuyama se levanta de su silla, cómo los demás, preocupado por lo que él considera una decisión precipitada por parte del Presidente de Industrias Pesadas Shinohara y su arrogante y prepotente hijo, de presentar el Labor tan pronto cuando su desarrollo justo ha finalizado. Le preocupa que por esta precipitación, el nuevo Labor, el primer Labor, no consiga los resultados esperados e incluso sea un fracaso. Pero lo que Jitsuyama no sabe ni intuye... es que Ishimoto, quien le mira intrigante... ya está decidiendo por él.

No muchas horas después, en Barcelona, ya son más de las diez de la noche. Alberth y Robina esperan dentro de su coche Citroën CX aparcado en la misma calle donde está el domicilio de su primera víctima, en el barrio de La Sagrera. Esperan pacientemente... a que la fruta madura caiga del árbol. Es decir, a que su primera víctima, llegue. Mientras esperan, Robina repasa la información sobre el sujeto a asesinar que su informadora de Paris le ha proporcionado.

(Robina) Según consta aquí, el tal José Estiarte Logroño es un interrogador profesional de la Policía, brigada de información, que trabaja codo con codo con la brigada político-social de la Dirección General de Seguridad. Es bastante violento pero ineficaz en sus interrogatorios. Se pasa horas y horas maltratando a sus detenidos sin sacarles nada de provecho. Sólo... para divertirse.

(Alberth) ¿Es que nosotros no hemos hecho lo mismo alguna vez?

(Robina) Habla por ti, I.N. Yo nunca lo he hecho. Me ordenan sonsacar la información del detenido, no torturarle innecesariamente.

(Alberth) ¿Dice algo de su vida personal?

(Robina) ¿? ¿Desde cuando te interesa a ti la vida personal de tus objetivos?

(Alberth) A mi no. Pero a ti...

(Robina) -se ríe entre dientes mirando la documentación- Pues mira. Por lo que dice aquí... puede que se lo merezca y todo, el muy cerdo.

(Alberth) ¿Ya lo has encontrado?

(Robina) Ahora entiendo por qué vive solo. Consta que cuando le destinaron a Sevilla entre junio de 1970 y octubre de 1973, su mujer se separó de él, llevándose con ella a sus dos hijos de cuatro y dos años, al descubrir ella que su marido le estaba siendo infiel no con una prostituta. Sino con... dos a la vez. Por lo visto... les pilló a los tres en "plena faena".

(Alberth) -se ríe fríamente- Así que le gustan los tríos, eh?

(Robina) A mi no me hace gracia. Este tipo, además de fascista, es un machista asqueroso que utiliza a las mujeres cómo un mero objeto sexual.

(Alberth) Es tu opinión cómo agente del socialismo o cómo mujer?

(Robina) Más bien lo segundo. Ya me perdonarás, Alberth. Pero esta clase de hombres me parecen vomitivos. -dice con desprecio-

(Alberth) ¿Por eso te acuestas con alguien cómo yo?

(Robina) Alguien cómo tu, Alberth, es un agente especial excelente. Pero para la mayoría de las mujeres, no darías el pego. Excepto conmigo. Ya sabes el viejo dicho que se dice tanto en occidente cómo en el mundo socialista. El amor es ciego.

(Alberth) Ya. Y a veces... hasta sordo y mudo.

(Robina) ¿A qué te refieres?

(Alberth) Nada. Olvídalo.

(Robina) Cómo lo vas a hacer.

(Alberth) -mientras se pone dos guantes de látex blancos en las manos- Será mucho mejor llevar a cabo nuestro primer... crimen de estado, con un arma blanca en vez de con la pistola. Te recuerdo que las pistolas que nos han proporcionado no tienen silenciador y el sujeto vive en un bloque de pisos donde hay decenas de personas que podrían oír el disparo perfectamente e identificarme a mi en la huida. Por todo esto... será mucho más conveniente liquidar al sujeto haciendo uso de un arma blanca. La navaja que hay en la guantera me servirá. -mira en el reloj del salpicadero del coche- Es la hora. El sujeto llegará en pocos minutos. Debo prepararme para darle la "bienvenida a casa".

(Alberth) Tus chistes no tienen ni pizca de gracia. … Cumple con el objetivo y regresa. Te estaré esperando. -dice mirándole seriamente-

(Alberth) No tardaré.

I.N. Se baja del Citroën CX y se va directamente para el domicilio de su víctima. Con una llave duplicada de la puerta del piso que han conseguido de su contacto de Barcelona, Alberth consigue abrir tanto la puerta del vestíbulo... cómo la del piso de su víctima, el 4º C. Alberth le espera a oscuras, navaja en mano... para liquidarlo.

Abajo, en la calle, Robina espera dentro del coche, con cierta tensión pero aburrida. Enciende la radio del coche, sintonizando en el dial de la radio buscando una emisora... cuando sintoniza una en la que justo empiezan a pinchar una canción muy y muy buena de ese mismo año, 1975: "Bohemian Rapshody", del grupo británico "Queen", liderado por Freedy Mercury, una de las voces más prodigiosas de toda la historia de la música. Y a Robina... esa canción y su música, que en su país y en todo el bloque comunista, está radicalmente prohibido de escuchar... le está gustando y mucho.

De repente, observa que en la calle, no muy lejos de ella, llega y aparca otro coche, un SEAT 1430 de color negro, del que se baja su primera victima: el policía José Estiarte Logroño. El tipo va de traje negro barato con la corbata aflojada, haciendo cara de cansado. Cierra el coche y se mete en el bloque de pisos. Sube por las escaleras lento, cansado, hasta que llega a su apartamento, el 4º C. Mete la llave en el cerrojo, entra y cuando le va a dar al interruptor de la luz... su mano derecha es cogida con fuerza por alguien en la oscuridad, al mismo tiempo que la puerta es cerrada bruscamente, cómo si la hubiesen empujado. Empieza entonces una pelea en la oscuridad, una sobanta de palos ente el policía español e I.N. Una pelea que se vuelve larga y engorrosa... pero silenciosa, ya que Alberth procura no hacer más ruido del necesario... ya que no deja de taparle la boca al sujeto en ningún momento.

Una pelea... que parece ir a juego con la música de la canción de "Queen" que Robina está escuchando en el Citroën CX, distraída. Su cara parece impasible... pero los dedos de sus manos no paran de moverse, cómo bailando al son de la música. Y es cuando la canción casi termina... cuando Alberth, con una frialdad absoluta... le clava su navaja a su víctima justo en el corazón... y le mata al instante. El primer sujeto de su lista, ya ha sido eliminado. Rápidamente, I.N. abandona el apartamento muy disimuladamente, vigilando de que ningún vecino de la escalera le escuche ni le vea. Llega hasta abajo y sal del edificio cómo si nada. Ya en la calle, andando tranquilamente hacía el Citroën CX donde le espera Robina, quitándose los guantes de látex ensangrentados de las manos, tirándolos por una rejilla de las cloacas entre le calle y la acera... junto a la navaja también ensangrentada. Llega al coche y se sube al asiento del conductor.

(Robina) -mirando a Alberth con sonrisa confiada y malvada- ¿Y bien?

(Alberth) … Objetivo conseguido, camarada H.Y. El sujeto prioritario de nuestra misión ha sido eliminado.

(Robina) Perfecto. Buen trabajo, I.N. ¿Y ahora?

(Alberth) Es hora de ir a por nuestro segundo objetivo, en Guipuzkoa.

(Robina) ¿Has estado nunca?

(Alberth) No. Y seguramente, nunca más volvamos a estar. … Y tú, que. ¿Has hecho algo entretenido?

(Robina) -le dice en broma- La música de occidente no suena nada mal.

(Alberth) -le lanza una sonrisa malévola, cómo riéndole la gracia- ¡Ja! Capitalista.

Alberth y Robina, otrora I.N e H.Y., ya han cometido su primer crimen de estado en la España de finales del franquismo. Pero aun les quedaban tres más por cumplir. Y uno de esos tres crímenes, el último... era algo que a I.N. le estaba atormentando seriamente... y Robina ya se había dado cuenta.

Pero al mismo tiempo, paralelamente, en Tokio, el joven y profundamente resentido Kankichi Ishimoto, tiene a Jitsuyama en su punto de mira. Lo preparaba todo para el secuestro de Jitsuyama... y su estelar aparición cómo "El Niño que Llora", para tres semanas después. Algo que aun nadie sabe. Todo formaba parte de su plan maquiavélico e imposible... para vengarse de la familia que a su parecer, le ha destrozado la vida: la familia Shinohara, la cual en dos meses, tendría un nuevo miembro: Asuma Shinohara.

¿Qué más iba a ocurrir en la España de los últimos coletazos del franquismo? ¿Que pasaría en Japón? ¿Hay alguna conexión entre ambas historias? Las respuestas, en el siguiente episodio.