Bon jour! Oh yo que sé, ni idea de la hora en donde estén leyendo esto hehe

No me maten con este capítulo, tengo que comenzar con los acontecimientos importantes y para ello las haré sufrir T.T
de nuevo gracias por sus reviews! A cada una o uno de ustedes que lo dejan los amo desde el fondo del corazón! Me dejan con mayores ganas de escribir.
Anlu20, Butter, loen, misel Kuchiki y sr. Guest XD LOS AMO CON TODA EL ALMA!

Y a los nuevos lectores también :D

Y he aquí mi recomendación de la semana: Compañeros de Piso, de miss pew.
Está depresiva y no me la he terminado de leer, pero es hermosa… maldición estoy sufriendo más que en Titanic la primera vez que la vi! Miss pew no me hagas estoooooooo…..

Ohh y por supuesto aquí mi nuevo capitulo. A leer se ha dicho hermosos y sensuales seguidores ;) disculpen la tardanza.


Nada huye de la oscuridad.

El callejón estaba vacío, a excepción por una sombra en el fondo, invisible para quienes pasaban alrededor, oculta en la oscuridad. Pero, la oscuridad puede hallar a sus camaradas sin importar el lugar donde uno se encuentre. Eso fue lo que le hizo maldecir al cielo, cuando de repente escuchó los pasos de ciertas personas que se acercaban hacia ella.

Si intentaba evadirlos, estaba segura que ellos la encontrarían. ¿Qué podía hacer más que resignarse y aceptar el hecho de vivir en un mundo sin escapatoria, o alguna muestra de luz? Nada. Y eso era lo que la asustaba más.

El callejón mantuvo a sus presas atrapadas una frente a la otra. Tres sombras contadas en total, más solo una estaba echada en el suelo esperando ser devorada.

No había terror en ella, sólo tristeza. No esperaba ser hallada y realmente no lo deseaba, quizás había dejado de importarle ya tiempo atrás.
-Creí que me dejarían esto a mí- comentó esta última. La turbación era notada en su voz. No era miedo, no… eso ya lo había perdido tiempo atrás. Cuando su felicidad fue arrebatada frente a sus ojos, más le hizo aferrarse más a ella.

Las sombras se situaron frente a ella, bloqueándole el paso y mirándola con expresiones vacías. -Lo hicimos en el pasado, pero lo estropeaste ¿recuerdas?- le contestaron con malicia.
La sombra femenina en el suelo se incorporó, ya no tenía caso mirarles desde abajo, eso parecería como una prueba de su vulnerabilidad.

La chica se acomodó sus cabellos mientras trataba de dar una evidencia de fortaleza en medio de las palabras que trataba decir- No tenía que morir. Él iba a hablar de todos modos. Yo solo debía presionarlo y atemorizarlo, no había órdenes de asesinar.-

Una viva imagen del hombre sufriendo en el suelo pasó por su cabeza y le revolvió el estómago. No podía sacarse de la cabeza los gritos que escuchó cuando se apartó del callejón y dejó a sus acompañantes con el hombre a su merced.

-Su presencia solo iba a significar una molestia. Además, si se arrepentía de su palabra y le hablaba a Kuchiki de este asunto, pudo haber alertado a su hermana menor y el plan se hubiera jodido.- Una voz con sorna le dijo. Ella evitaba mirar a los hombres a sus rostros, Ya tenía suficiente con tener que compartir su presencia con ellos.

La silueta femenina pasó a través de sus hombros, instándolos a apartarse. En condiciones normales, de seguro lo habrían hecho sin dudar puesto a que ella ya en sí tenía una fuerza indudable, más le sujetaron el brazo, alertando a la chica de detenerse.

-¿Y ahora qué?- preguntó con desesperación. Solo deseaba huir de ahí a toda prisa.
- Ya le hemos informado. Tienes una nueva misión… o tarea. Como desees llamarle a nosotros no nos interesa- intentó decir con desinterés, más en su voz se escuchaba impaciencia, como si al decirlo algo bueno iba a surgir y él tendría un nuevo recuerdo para sí mismo.

Solo uno de ellos estaba hablando, más la presión de la malicia en su voz era suficiente para hacerla temblar en un mar de recuerdos… todos tan dolorosos como su vida.

Ella quiso huir de ese lugar en ese instante, sabía que era probable arrepentirse si no lo hacía, pero a la vez; no pudo. Era imposible. Quedar frente a ellos como una cobarde no ayudaría y tampoco daría una mejor a opinión al hombre detrás de todos ellos. Era mejor saber lo que traían entre manos de una vez por todas, no alargar el proceso.

-¿Qué es?-

La silueta le sonrió complacida, mostrando sus dientes. – Mañana, asegúrate de llegar temprano. Creo que eso es suficiente para que te hagas una idea de lo que vamos a hacer- replicó con simpleza.

Las otras siluetas fueron despareciendo parcialmente a través del callejón, dejándolos solos a ella y al hombre que le sonreía tan vulgarmente.

La chica le inclinó su cabeza afirmativamente como respuesta. Segundos pasaron, y él aún no se dignaba a moverse, solo le miraba con intensidad, haciéndole sentir ese horrible escalofrío en su cuerpo de nuevo.

-Puedes retirarte ahora. No es necesario que te quedes aquí- comentó ella esperando quedar sola con ello.

-No es necesario para ti tampoco seguir haciendo esto. Puedes huir, a él no le importa mucho tu existencia.- él la miró con ojos suplicantes por un segundo. Parecía que su deseo no se iba a cumplir, aunque eso ya no era una sorpresa para ella.
-Ni a ti tampoco- replicó con veneno en la voz, para después caminar frente a él, abriéndose paso con sus hombros y un empujón.

Justo cuando iba a traspasar la distancia que la separaba del resto del mundo, él tomó su brazo; supuso que la haría girarse para encararlo… mas no lo hizo. Solo la miró de frente, como si desease decir algo, más las palabras no surgían de sus labios. Ni siquiera su corazón deseaba hablar. Al final solo consiguió escupir unas palabras.

-No debiste seguirme. No era tu destino.

Una expresión de sufrimiento y soledad se formó en los ojos de ella, hasta que incluso podías notar la falta de emociones que su mirada tenía. Una mirada que logró penetrar lo más profundo del ser de aquel hombre, que aflojó su agarre.

-Si eso es todo lo que querías decirme- ella zafó su agarre con desprecio- entonces me marcho.

No hubo objeciones esta vez. Solo silencio. La chica dejó atrás al hombre que tenía aún su espada manchada con sangre. De seguro no fue él quién mató al sujeto, pero eso no limpiaba sus sucias manos… ni las de ella.

Su cabeza daba vueltas, y ella quería refrescarla. Ya sabía lo que querían decir con la orden, ya sabía el sufrimiento que iba a seguir a los Kuchiki a partir de ese momento. Tal y como a ella le había sucedido antes, y eso era un mal que no le deseaba a nadie, más no tenía otra opción.

Al llegar a su casa, si es que así podía considerar ese lugar, se dirigió a la ducha a tratar de limpiar sus manos y su culpabilidad. Jamás había funcionado antes, pero le hacía sentirse mejor, aunque esa vez fueron lágrimas las que inundaron la bañera.

Mientras tuviese una promesa esperando ser cumplida y una esperanza en sus manos, ella no pensaba dejar ir sus oportunidades y seguiría cada orden. ¿Estaba eso mal?

Dañar a otros para que lo que te importe no sufra… ¿Estaba mal?


-o-

-Ichigo… acércate.- su tierna voz se introdujo a sus oídos y le hizo olvidar todo lo que temía. Las lágrimas que solían caer de su rostro se habían detenido en cuanto escuchó su voz. Oh. La cálida voz que tanto amaba. La voz de su madre.

Él saltó a sus brazos con una sonrisa resplandeciente, dejando a sus compañeros de karate sorprendidos con su reacción. Incluso Tatsuki le miraba extraño, pero a él no le importaba, lo único que amaba y lo único que veía en ese momento era a su madre.

Ichigo le miró con ternura mientras abrazaba el pecho de su madre con sus pequeñas manitas. –Mamá… ¡Hoy logré tirar por un segundo a Tatsuki!- dijo con emoción a la mujer.

Una niñita que prestaba atención a la conversación le miró con rencor desde atrás.

-¡Fue solo un segundo!- replicó Tatsuki a lo lejos, produciendo unas risitas de los labios de Masaki. Ella abrazó con más fuerza a Ichigo. Lo puso en el suelo y tomó su manita, mientras le sonreía con todo el amor del mundo.

-Eso es estupendo Ichigo. ¡Serás muy fuerte al crecer!- Masaki le miró sin apartar la sonrisa de su rostro. – Tanto en el físico como el corazón.

Aunque no comprendió del todo esas palabras, Ichigo aceptó esas palabras. Todo lo que su madre decía era música para sus oídos, todo lo que ella decía debía ser cierto. Ella era perfecta a sus ojos y él era perfecto a los de ella.

Ambos, juntos como una familia feliz, recorrieron las calles y vecindarios que los llevaría de vuelta a casa, incluso pasaron junto al lago de Karakura, admirando una hermosa puesta de sol. Ese era el lugar favorito de Masaki en la ciudad, donde los colores naranjas destellaban sobre Ichigo haciéndole ver sus alocados cabellos incluso más hermosos.

De repente, Masaki agachó su cuerpo hasta la altura de su hijo, para colocarse frente a su rostro y acariciarle el cabello. –Siempre estaremos juntos Ichigo, siempre estaré junto a ti- le dijo con amor y dulzura. Ichigo le miró sorprendido por la repentina acción.

Su madre era tan hermosa. Su cabello largo soplaba junto con el viento, su tono café claro y un poco naranja se tornaba dorado bajo los cálidos rayos de luz que emitía el crepúsculo detrás de ellos. Toda su presencia le daba seguridad.

-¿Lo prometes?- preguntó inocentemente su hijo. Sus ojitos destellaban.

-Lo prometo.

Ambos sonrieron el uno al otro.

¿Por qué las promesas que más querías que se mantuvieran tenían que romperse? Quizás ese era su destino: sufrir.

La imagen de su madre comenzó a distorsionarse. La sonrisa que solía estar en el rostro de Ichigo comenzó a desaparecer.

¿Qué le sucedía a su madre? ¿Por qué su cuerpo brillaba mientras partes de este se separaban de él y flotaban hasta llegar al cielo? ¿Por qué sonreía incluso cuando se estaban separando?

-¿Mamá?

Ichigo estiró su mano tratando de alcanzarla, trató de tomar su rostro con sus manos… pero era como estar frente a un fantasma. No sentía nada al tocarla. Solo traspasaba su silueta.

La desesperación llegó a acumularse en su interior, pues sabía muy bien lo que venía, sabía muy bien lo que pasaría. Ichigo se lanzó al cuerpo de su madre en un intento de mantenerla a su lado… pero como una pluma, como vapor, pasó a través de ella y calló a suelo.

-¿A dónde vas? ¡Mamá! ¡Mamá!-

Sus palabras dejaron de sonar en ese panorama sin aire, olvidadas por el viento. Y así, lentamente el cielo se tiñó de negro mientras el lago de Karakura se comenzó a evaporar. Ichigo trataba de atrapar las gotitas en sus manos, pero ellas se deslizaban de sus dedos hasta alcanzar el cielo. Donde jamás podría alcanzarlas. Las carreteras, los árboles, el suelo, el cielo, las nubes… todo desaparecía lentamente, dejando un hoyo negro detrás de sí.

-¡NO TE VAYAS MAMÁ! ¡Regresa!- Gritó a los aires, tratando de que su voz la alcanzara.

La imagen de su madre desapareció completamente del cielo. Las lágrimas que caían de sus ojos no daban indicio de detenerse, la desesperación aumentaba conforme el panorama se hacía más oscuro hasta que la luz despareció completamente… dejándolo en un agujero negro.

Estaba tan envuelto de oscuridad, que no sabía ya quién era, o dónde estaba, o lo que era. No podía escuchar el sonido de su propia voz, no podía escuchar su corazón, no podía oír nada. Tal vez no tenía un corazón para empezar. Ichigo estaba tan aterrado, que ya no pudo llorar más.

Un silencio sepulcral le rodeó de pies a cabeza. Colocó su cuerpo en el suelo, o lo que había debajo de él, una estructura fría y lisa e invisible para sus ojos. De no ser por el tacto, no sabría si él realmente existía en ese espacio. Solo había soledad. Y no había nadie para sacarlo de ese oscuro y fúnebre lugar.

De entre las sombras, voces comenzaban a escucharse. Ichigo se sentó en medio del lugar buscando a su alrededor de dónde provenían éstas. Ajustó sus ojos en la oscuridad, tratando de visualizar algún rostro o paisaje. Gradualmente, las voces fueron aumentando y una luz se acercó a él lentamente. Las voces estaban distorsionadas, pero poco a poco comenzaron a tomar una forma física. La esperanza de Ichigo volvió a crecer a pesar de que no entendía lo que decían. Parecían dirigirse hacia su dirección, así que él se incorporó completamente. Poco a poco, las voces se transformaron en sombras y esas sombras se transformaron en cuerpos.

No reconocía a ninguno de ellos, por lo menos al principio. La luz apareció de repente de entre los cielos y entonces pudo observar a los cuerpos que lo rodeaban. Lo primero que notó, fueron sus rostros serios.

-¿Hola?- preguntó. Nadie se percató de su presencia. Trató otra vez, y una y otra. Pero nadie podía escucharle. ¿Entonces qué diferencia tenía de como estaba antes?

La situación se tornó preocupante cuando vio el sufrimiento en muchos ojos. Después notó que todos llevaban un traje negro y lloraban. ¿Qué estaba sucediendo? Entonces lo vio. Su padre, serio como nunca lo había visto antes. Llevaba una flor en sus manos y su mirada perdida y distante.

-¡Papá! – Corrió a su dirección- ¡Papá! ¡Soy yo, Ichigo!-

Su padre parecía no alcanzar a verlo. O quizás lo ignoraba.

-¿Papá? ¿Qué ocurre? ¿Quiénes son estas personas? ¿A dónde…- cuando la silueta de su padre traspasó su cuerpo como si él fuera aire, sus palabras fueron robadas.

No lo estaban ignorando. Simplemente no lo veían. Él no existía ahí.

-¿Escuchaste? Isshin no ha sonreído ni una sola vez desde la muerte de Masaki.- susurró una de las ancianas que marchaban con el grupo detrás de Ichigo. Él las siguió con la mirada mientras centraba su atención en ellas. No era como si notaran que las iba a seguir.

-Pobre. Dejar a sus hijas menores y un niño sin madre… ¡Es tan triste!- gritó otra voz al otro lado de la multitud, robando una mirada curiosa del peli naranja.

- Cielos. Fue un accidente horrible.

-¿Cómo superarán esto los niños?-

Las voces comenzaron a provenir de todas partes. De todos lados.

-¿Cómo pudo ocurrir esto?-

-¿Quién lo hizo?

-Murió otra familia junto con Masaki.

-Que horrible.

-Alguien que los ayude-

-Sálvenlos.

Ichigo se tapó los oídos con sus manos. No quería escuchar nada más. ¡Su madre no estaba muerta! ¡No podía ser cierto! ¡No! Las voces se escuchaban desde todas partes y repetían lo mismo una y otra vez sin detenerse. No parecía tener un final. Ichigo sintió como todo a su alrededor se detuvo por unos segundos, así que retiró las manos de sus oídos.

-Escuchaste… Ella murió siguiendo a ese niño. A su hijo. Fue la culpa de ese niño.

Los ojos de Ichigo se dilataron ante lo que escuchó. Buscó de dónde provenía la voz, pero no tuvo tiempo de identificarla, pues todas las figuras perdieron sus rostros para tornarse en figuras completamente negras. Lo único reconocible en ellas eran sus labios, curvados en una diabólica sonrisa. Miles y miles de sonrisas que apuntaban a la dirección de él.

-Si. ¡Todo es culpa de ese niño!

-Si tan solo no hubiera nacido

-Es su culpa.

-Ella se sacrificó por él.

-Todos murieron por él.

-¿No se conformó con su madre?

-¡No! Mató a otra familia también.

-MÁTENLO

-MÁTENLO

-ASESINO

-¡CÁLLENSE! ¡NO ES CIERTO! ¡NO SOY UN ASESINO!- gritó con desesperación Ichigo. Todas las criaturas le sonreían diabólicamente, le apuntaban, le lanzaban piedras, le señalaban, le gritaban palabras despreciables.

Y a pesar de que él sabía que solo era una pesadilla… se sintió sumido en ella hasta que su corazón dejó de latir por un segundo, y luego despertó.


-o-

-¿Kurosaki?- escuchó preguntar una voz. El peli naranja abrió los ojos con fuerza, su respiración entrecortada y su pecho sonando con furia.

Trató de enfocar lo que le rodeaba. Sus compañeros de clase le miraban aterrados, como si estuviesen asustados de algo que él había hecho. Su profesor, Urahara, le miraba con preocupación. Y si se encontraba en la clase, entonces Rukia…

-Ichigo…- respondió ella a sus pensamientos. Ella le estaba acariciando el brazo con una extrema preocupación y miedo. ¿Qué había dicho o hecho mientras dormía? Pues de seguro asustó a sus compañeros de clase.

La mirada de Rukia le siguió por todo ese tiempo. SU calidez le calmó, y respiró con más lentitud. Solo con esa mirada.

-¿Se encuentra bien?- preguntó su profesor.

Ichigo tragó una gran bocanada de aire y tosió, con la mano de Rukia aun acariciando su cuerpo. –Sí, solo tuve… una pesadilla.-

Sus compañeros le miraron incómodos. Estaban también intranquilos mientras trataban de consolarlo o hacerle calmarse. Rukia le ayudó a incorporarse de su asiento.

-Será mejor que vayas a la enfermería Kurosaki-san. Que Kuchiki te acompañe.- concluyó su profesor.

Ichigo no repuso. Se sentía mareado y agitado, no podría calmarse y no quería que lo vieran mientras lo intentaba. Se apoyó al hombro de Rukia mientras le permitía llevarlo fuera de la clase. Pudo sentir los ojos curiosos de sus compañeros siguiéndole con la mirada incluso cuando ya había abandonado la clase.

Incluso su profesor se notaba inquieto ante su comportamiento. Ichigo tosió un par de veces más en el pasillo, sus piernas temblaban y si no fuera por Rukia no podría estar de pie. Ella le sostenía con fuerza como si fuera frágil, su ceño fruncido reflejaba su inquietud por él.

Con costos, consiguió que no cayera un par de veces en el pasillo. Ella no debería de estar ayudándolo a él, y menos a alguien así de pesado. Ichigo se apartó se su cuerpo y se arrecostó en un costado de la pared.

-Ichigo… anda, vamos a la enfermería.- comenzó a decir ella.

Ichigo reguló su respiración un poco – No, puedo reposar aquí. Solo dame un minuto.-

Ella le mostró su desacuerdo con su mirada- pero Ichigo…

-¿Qué hice mientras dormía?- le interrumpió de repente él. Rukia le miró dubitativa en cuanto procesó sus palabras. No se decidía a responder o no hacerlo. Al final, optó por hacerlo.

-Tú… estabas llorando. Y gritabas un poco. Pero no pudimos entender nada- Rukia desvió su mirada al suelo, con dolor en sus ojos. La imagen que había visto de Ichigo, posiblemente se quedaría grabada en sus memorias por siempre.

Ichigo comprobó sus palabras al sentir las lágrimas en sus ojos. Ni siquiera se había dado cuenta de la presencia de esas infelices.

Rukia se arrecostó al lado de él. No le tocó. Solo guardó silencio.

-¿Quieres hablar de ello?- preguntó al tiempo. Ichigo no abrió su boca. No quería revivir la pesadilla.

Y esa… fue la peor pesadilla que él hubiera vivido en mucho tiempo. Le había causado tal efecto que la recordaba desde el principio hasta el final. Rukia notó su negativa a hablar y no le presionó más.

-SI alguna vez- repuso en cambio- quieres hablar de eso… yo te escucharé.

Ichigo volvió a mirar a la chica a su lado. Su rostro irradiaba tristeza y preocupación, no había ningún puchero, ninguna mueca divertida, ninguna sonrisa… y él odiaba verla así. No debía dejarla ver esa parte de él.

El peli naranja colocó su mano en el cabello de ella y lo desacomodó un poco, ganándose una mirada feroz por la parte de ella, mas esta mirada se desvaneció al ver como el muchacho la miraba con ternura y amor pintados en una sonrisa. O eso era lo que ella creía ver. Un sonrojo ligero tomó el lugar de su preocupada mirada, alegrando más al chico.

-Gracias- fue todo lo que él dijo.

Ambos se sonrieron mutuamente. Los minutos pasaban con ambos arrecostados a la pared, sin hacer nada. Ninguno de los dos quería regresar al salón, ya fuera porque en primer lugar la razón de Ichigo de quedarse dormido fue por estar en una clase aburrida, y además de que disfrutaba de la presencia de Rukia a su lado a pesar de que no estuviesen compartiendo palabras, sino miradas.

Pero quizás esa era su forma especial de hablar entre ellos, de una forma que pocas personas podían hacer. Con una simple mirada podían comprender el corazón del otro. Era tan simple y tan hermoso que incluso podía mostrar lo estrecha que era su relación sobre la de otras personas.

-¿Qué tal si damos un paseo por los corredores?- propuso finalmente Ichigo. – de todos modos, pronto saldremos a receso.

-Uhm- afirmó Rukia dulcemente.

Rompieron el récord que tenían de mayor tiempo juntos sin pelear. Ambos caminaron por los pasillos sin rumbo fijo. Ichigo parecía ya no tener problemas para caminar, pero solo por si acaso, Rukia le llevaba de la mano. No parecía molestar a Ichigo, de hecho, él secretamente lo disfrutaba. Incluso estrujó su mano aún más contra la de ella, haciéndole sonrojar un poco.

Se dirigieron al casillero de la enana, para sacar el dinero del almuerzo que había dejado guardado.

Y durante esos segundos, todo fue tranquilo.

La extraña sensación de que algo estaba mal seguía apestándole en los labios a la peli naranja, incluso si su pesadilla ya había terminado y ya no se encontraba en ese trance del que Rukia lo había sacado. ¿Entonces por qué no se sentía a gusto?

Rukia parecía también sentirlo. Notaba como sus manos se apretaban más fuertemente conforme se acercaban al casillero, en el aire podías sentir ese aroma a destrucción, a rencor, a odio. ¿Tenía eso sentido?

Ojalá se hubiesen equivocado. Incluso desde lejos podías ver el desastre. Alguien había estado antes que ellos por ahí, al frente del casillero de Rukia. Alguien lo había destrozado, lo había abierto y lo había destrozado todo. Los libros y cuadernos que ella había dejado estaban regados en el suelo destrozados como los que estaban en el cuarto de su hermano.

Su dinero ya no estaba. El casillero estaba rayado de pies a cabeza. Zorra. Maldita infeliz. ¡Muérete!.

Rukia comenzó a asustarse en los brazos de Ichigo. Lo que más les sorprendió a ambos, fue esa maldita nota en medio de los restos de lo que fue una vez su casillero.

Snow White 306.


Y eso es todo! Quería desarrollar más el final, pero son las dos de la mañana y no me da la jupa para más.
Espero que les haya gustado, aunque estuvo muy triste, pero les prometo más partes felices, tiernas, comprometedoras (hehehe) y demás, aunque también pondré cosas incluso más tristes que esto. Pero no se preocupen! Quiero un final feliz… y maldición, no he llegado ni a la mitad del conflicto -.- de hecho quería agregar una escena más a este capítulo, pero supongo que la pondré en el próximo… que de hecho tengo problemas para desarrollar. YA NO SÉ COMO HACERLO XD

Dejen sus reviews y me dicen que les pareció linduras ;)

Tienes alguna ides? Las aceptaré con los brazos abiertos

Suya: Luci :D