Blaine, Kurt y Warblerlandia nacieron de otra mente (RM) y pertenecen a otros dueños. Yo nada más los hago caminar por otros mundos :D


Capitulo 14. Not alone

"... pero todo el mundo debería tener un amor verdadero, y debería durar como mínimo toda la vida." John Green

La noche cae sobre los dos. Mientras parece que todo duerme, que todo descansa, que incluso los insectos que viven entre los viñedos y las estrellas que brillan con alegría en el cielo están perdidas en su propio mundo, tú y él respiran en silencio, muy juntos. El mundo parece sumido en un sueño profundo y a la vez, es testigo de la felicidad que sale a borbotones de tu alma, de la suya. Esa felicidad que los une más que sus propios dedos entrelazados, más incluso que su cabello castaño descansando sobre tu pecho. La gente siempre habla de felicidad y sólo en ese momento, en ese justo instante, sabes qué es. Estás hecho de ella, Kurt Hummel y tú, la noche que parece abrazarlos, todo el mundo parece estar hecho de la más pura e indescriptible felicidad que un corazón humano pueda sentir.

Un suspiro escapa de sus labios como una suave amenaza de romper con ese silencio, el silencio que viene después del anhelado reencuentro. Quizá después de que un sueño se cumple, la única respuesta posible es la ausencia de palabras y eso es así porque ninguna palabra podría transmitir lo que tú y él sienten. Porque se han encontrado y esta vez será así para no perderse.

Porque lo amas y él te ama a ti y ni siquiera toda la poesía del mundo sería suficiente para poder expresarlo. Y es que el amor se expresa mejor con besos que con discursos, se lee mejor en los ojos de aquel al que se ama que en los más bellos libros del mundo. El amor, es amor, y por ello por más que se escriba y se hable de él, ninguna palabra puede decirlo mejor que el silente latido de dos corazones que están llenos de su fuerza, que laten al compás de la misma canción.

Sí, esta noche eres felicidad y Kurt Hummel, él es amor.

Tus labios se curvan en una sonrisa al seguir sintiéndolo entre tus brazos. Hay en ti una ligera sensación de irrealidad pero ya no tienes miedo. Sí, te parece un milagro el compartir esa noche con Kurt, te parece increíble sostenerlo nuevamente entre tus brazos cuando habías pensado que tendrían que pasar muchos años para encontrarlo de nuevo. Pero no, estás ahí, él está ahí, contigo.

Y esa cercanía, sus labios sobre los tuyos te hacen sentir que por primera vez en veintiséis años de vida, no estás solo. Quizá desde que sus ojos azules te vieron de nuevo esa sensación había empezado a crecer en ti, pero no puede compararse a esa energía cálida que parece componerte ahora.

No, ya no estás solo y Kurt tampoco. Soledad, esa palabra ha salido de su diccionario común para convertirse en algo inexistente. Uno no ´puede estar solo cuando el amor envuelve al alma, cuando a pesar de todo, el guión de la obra, la única que planeas seguir presentándole al mundo, te ha llevado a ese lugar, debajo de ese mismo cielo, con todas esas estrellas iluminando el principio del infinito que se insinúa en tu sonrisa y en la azul inmensidad de esos ojos que te miran ahora.

-No hace frio- dice él y contrario a todo lo que hubieras pensado, oír su voz es también otra forma de recordar que estás en tu sitio.

-No- dices tú lentamente, casi en un susurro, como si quisieras evitar que tus palabras se pudieran desperdiciar en alguien que no fuera él.

-Siempre es primavera en este lugar ¿verdad?- dice él sonriendo y dejando ver un misterio detrás de esa sonrisa.

-Ahora sí- dices tú con naturalidad- si tú estás aquí siempre será primavera.

Kurt ríe. Su risa se cuela en los campos de uvas que aún no han madurado lo suficiente. Pero lo harán. Y entonces Kurt y tú estarán ahí para la cosecha, quizá tú tengas que cuidar la elaboración del vino, quizá haya llegado el momento de desenterrar tu talento escondido de ingeniero agrónomo. Pero, cuando lo oyes reír, cuando él se suelta de tu abrazo y levantándose del sitio en el que estaban, extiende su mano hacia a ti y te invita a seguirlo, sabes que lo que dijiste es cierto. Si él está contigo siempre será primavera. Aún si el invierno llega y enfría al mundo tu corazón siempre estará cálido. Él es la primavera, él es el amor ¿qué más necesitas? Nada. Tu vida empieza y termina donde su piel lo hace. Eres suyo, y saber eso con tanta certeza es lo que te hace fuerte ahora.

-¿Qué pasará mañana, Blaine?- dice él de pronto, deteniendo el paseo bajo el cielo estrellado al llegar al inicio de uno de los viñedos que se extiende más allá del horizonte.

-Seguiremos aquí- dices tú, sabiendo perfectamente que él pregunta por otra cosa pero, aún no tienes ganas de volver a pensar en el mundo real- nos levantaremos tarde, desayunaremos con mi familia, quizá en la noche podamos ir al teatro, presentarte a todo el mundo, y en la noche… no sé, después de cantar en el restaurante de Hailey… uno puede hacer muchas cosas cuando todos duermen ¿sabes?

Kurt ríe de nuevo. Sus ojos azules brillan a la luz de la luna. A él también le gustaría que fuera así de simple, entregarse a una vida sencilla a tu lado es todo lo que él quiso, lo que sigue anhelando con cada fibra de su ser. Pero, su vena realista, aquella parte de su ser que siempre exige un pago por todo lo que lo hace dichoso, no lo deja en paz. Él tiene que saber, necesita saber que todo lo demás está en paz y cuando él lo sepa, podrá extender sus alas de nuevo y podrá volar contigo y después, formará un nido, después de eso, la casa de lego será real.

-Me gusta el plan- dice él sin dejar de sonreír- pero sabes muy bien a lo que me refiero.

Su sonrisa se desvanece un poco y en un acto reflejo que te acompaña desde que eran niños, tu primer instinto es protegerlo. Te acercas más a él, aprietas su mano con un poco más de fuerza hasta lograr que esa sonrisa aparezca de nuevo y al hacerlo te sientes un poco más fuerte. Si él está bien, eres capaz de enfrentarlo todo.

-Sí, lo sé…- dices tú- sé a lo que te refieres, y no debes de preocuparte por nada, antes de venir aquí dejé todo en paz, no le debemos nada a nadie.

-¿Cómo?- dice Kurt sin poder creerlo- pero Blaine… ¿cómo pudiste dejar todo en paz? Aquello era… un desastre ¿William Miller no quiso matarte, matarme a mí? ¿No te dijo que pagaríamos con sangre el abandonar la obra? y… y… Se- Sebastian…

Él tiene miedo. Antes de contestarle, lo miras otra vez y sabes que está muriendo de miedo, que el efecto tranquilizador de haberte encontrado, aunque lo ha hecho dichoso como nunca, no ha podido alejar de él todas esas culpas y miedos que lo mantienen aún dudando. Pero no es su culpa. Nada de lo que pasó fue su culpa en realidad.

Es sólo que al mundo le gusta jugar a ser cruel antes de mostrar su faz amable. Es sólo que, para poder valorar eso que los une, los dos tuvieron que pasar por todo lo que pasaron. Porque la vida es así y porque también a veces no tiene sentido. La vida, es la vida y lo único que sabes al mirarlo es que vas a vivirla a su lado. Y él dejará de temer, él será feliz sin sentir que le debe a todos una explicación. Él será feliz porque a eso vino al mundo, a eso viniste tú también.

Antes de empezar a hablar, sonríes con calma y vuelves a andar el camino a casa. Es un paseo lento, muy lento porque lo que tienes que contarle es muy largo pero, es la única noche de la eternidad que le dedicarás al pasado. Porque después no hablarán de él más que para recordar lo que te ha costado estar a su lado, pero el ayer, nada de lo que el ayer tenga para contar podrá enturbiar tu dicha del presente.

Así que le cuentas que Sebastian sigue vivo, que está en el hospital y que Aiden Miller cuida de él mejor que el más brillante de los enfermeros del universo. Ante esta primera declaración, los ojos de Kurt se abren de par en par y no puede evitar que las lágrimas salgan de ellos. Sebastian está vivo, él no lo mató, él no es culpable de otro crimen.

Eso está bien, está muy bien. Tú detienes el paseo y abrazas a Kurt fuertemente hasta que los sollozos se terminan. Hasta que él puede creer lo que le has dicho. Hasta que él deja de pedirte que le jures que es verdad, que no le pasó nada malo, que nada malo le pasará al joven Smythe. Y tú le dices que está bien, que quizá su garganta esté dañada un poco, que quizá le cueste mucho trabajo volver a cantar pero que lo hará y entonces, los dos podrán verlo actuar arrogantemente frente a las cámaras y quizá, quién puede decir que no, para ese entonces él y Aiden puedan estar juntos, también felices, también iniciando a escribir su propia historia.

Kurt se aferra a ti, se aferra a tus palabras rezando porque sean verdad. Porque ya no le importa lo que Sebastian Smythe haya sido para ti, no le importa que él haya estado en tus brazos. Él sabe que eso sólo pasó porque él así lo quiso, porque si te hubiera sujetado fuerte desde el principio, con la misma fuerza con la que ahora lo hace nada hubiera pasado. Pero tampoco tiene caso ya pensar en las posibilidades. Lo que no fue, ya no será y si tú dices que está bien, entonces lo está. Una cosa menos por la que preocuparse después de todo, piensa Kurt, al menos una cosa dentro del caos se ha despejado por fin. Pero…

-¿Y la obra?- dice Kurt volviendo a temblar un poco.

Sí, la obra ¿qué pasó con ella? En aquel momento, cuando el mundo parecía caerse a pedazos a su alrededor, aquella historia no le había parecido algo de verdad importante. Pero ahora sabe que sí le importa, que lo que pase con esa obra irremediablemente causará algo en él.

-Aiden dijo que la obra es tuya- dices tú sin dejar de acariciar su espalada, sin obligarlo a mirarte porque sabes que es difícil para él- dijo que haría exactamente lo que tú le dijeras que quieres hacer con ella. Si quieres que no se presente jamás, Aiden respetará eso, pero, si quieres que Undisclosed desires siga viva, no tienes nada más que hacer que llamarle y autorizarlo. Dijo que sí tú querías él mantendría esa obra viva, dijo que si incluso quieres presentarla aquí él será el primero en venir a verte. Lo que pase con la obra, está en tus manos Kurt, tú la creaste, tú eres el único que puede decidir en esto.

-¿Y los inversores?- dice Kurt sintiendo el corazón un poco más ligero- ¿y la prensa? ¿Qué dijo la gente?

-Los inversores…- dices tú sin poder evitar reírte- el único inversor que debería preocuparte es el padre de Aiden Miller y como él lo dijo, a su papá el dinero ha dejado de importarle en los últimos años, tiene más del que podría gastar en cuatro vidas seguidas y aún así seguiría siendo rico. William estaba molesto, como es de esperarse, pero también estaba preocupado por Sebastian, sabes que lo quiere como a un hijo, por eso le dijo a Aiden que le diera tiempo al tiempo. Con lo que recaudamos la primera noche, algunas cosas se pagarán por si solas y las que no, bueno… papá Miller se hará cargo.

"Y la prensa, bueno… todos se preguntan qué pasó. Al otro día, nadie podía explicarse por qué la obra que había sido todo un éxito no se había presentado de nuevo. Aiden y yo salimos a dar la cara, naturalmente. Explicamos que debido a la condición de Sebastian no podíamos seguir con las presentaciones hasta nuevo aviso, dijimos que tú habías tenido que salir al extranjero por motivos personales y que no tenías fecha de regreso. Evidentemente todos especularon las cosas más horribles que puedas imaginarte, hablaron de ti, de mí y de todos."

"Como era de esperarse, yo anuncié mi retiro, dije que no volvería a Broadway. Más habladurías, más suposiciones. Al final de la conferencia, un chico me preguntó si iba a reunirme contigo. Le dije que sí. Después, todos me preguntaron qué significaba ese beso que te di al finalizar la obra. Y se los dije Kurt, les dije que ese beso significaba que te amo, que te amaré y que a pesar de lo que ellos digan, esa es la única verdad que nunca podrán tergiversar."

"Aiden me regañó por decir eso último, claro, pero él entiende. Después, bueno, no es difícil de imaginar lo que pasó después. Me llamaron desde cobarde, hasta cómplice de intento de homicidio. Pero una semana antes de venir para acá definitivamente, Sebastian dio una entrevista exclusiva a Lucy Hoop y le dijo que parara con los rumores. Que él estaba vivo, que nadie había intentado matarlo y que si una sola de sus teorías fuera cierta él sería un milagro medico al haber sobrevivido a tantas calamidades. Dijo que su único error había sido pensar que su vida era tan sencilla como una obra de teatro bien escrita. Dijo que él era la razón por la que la obra había decaído y que él mismo sería el que la levantaría de nuevo y que… esperaba que tú y yo encontráramos la felicidad donde quiera que estuviéramos, porque si no, él sería el único que podría ser acusado de un brutal doble asesinato…"

"Él sabe que no vamos a regresar, Aiden me lo dijo. Pero si con todo esto que te he dicho aún tienes ganas de volver, de ir a Broadway y ser el director famoso y reconocido que quieres ser, está muy bien, yo no tengo ningún problema en volver allá, todos los actores tienen el derecho de retractarse de lo dicho de vez en cuando ¿no? Así que, Kurt, el mañana es algo que está en tus manos, lo que pase mañana será lo que tú quieras que pase y yo te acompañaré a donde quieras, lo digo en serio. Quiero ser parte de tu vida y de tus sueños, a tu lado yo ya he cumplido los míos y si en adelante encuentro alguno más, lucharé por él contigo a mi lado ¿Qué va a pasar mañana, Kurt? De lo único que estoy seguro es de que seguiré aquí, a tu lado, pasará que te seguiré amando y lo demás, eso vas a tener que contármelo tú…"

Sonríes. Él mira tus ojos, no pudo resistirse a mirarlos a medida que las palabras salían de tu boca. Eso es algo que ama de ti, tu fuerza, tu valor, la seguridad con la que eres capaz de decir cualquier cosa, haciéndola sonar sencilla, haciendo que el camino sea despejado, cubierto de rosas y no de espinas. Eres su fuerza, la única fuerza que necesita para estar bien. Ha sido así desde que son niños, a pesar de que él siempre estuvo protegiéndote de todo, eras tú el que le daba la fuerza para hacerlo. Eres su coraje y su refugio, eres su amor, eres ya lo único que le importa porque si te tiene a ti lo tiene todo.

Por eso, se acerca a ti y toma tu rostro entre sus manos. Lo acaricia. Ve en el color cálido de tus pupilas color avellana el único reconocimiento que de verdad le importa, esos ojos son los únicos que pueden hacerle sentirse valioso. No hay aplauso ni premio que se compare con tus ojos. No hay crítica por buena que sea que pueda hacerlo sentirse en las nubes como el canto de tu voz. No hay nadie para él que sea como tú. Eso es todo lo que él sabe y ahora por fin está seguro de lo que pasará mañana: los dos, eso pasará. La única obra que se encargará de escribir y de dirigir a partir de hoy, será esa en la que los dos sean los protagonistas. Ya llegará el momento de llamar a Aiden y agradecerle y confiarle la obra. Ya llegará el momento de hablar largamente con el señor Smythe. Pero por el momento…

Él te besa. Es un beso tranquilo, suave como las lluvias del verano italiano que no tardará en llegar. Tú sonríes cuando él deja de besarte sabiendo ya lo que aquel beso significa. Él te ha elegido, los ha elegido a ti y a la vida que le prometiste. El mañana tiene dirección por fin y como siempre, Kurt es el único destino.

Por fin llegan de nuevo hasta la entrada de tu casa y una figura envuelta en un largo camisón blanco, ataviada también con la mejor de sus sonrisas los espera en la puerta. En las manos tiene un paquete envuelto en papel marrón. Tú y Kurt la miran y caminan hacia ella, esa mujer que parece estar tan feliz como lo están ustedes dos.

Isabella Anderson también lo sabe. Sabe que no volverán a irse a ningún lado, que los dos vivirán el amor que ella por fin les ha devuelto en la tierra que la vio nacer. Y esa sola constancia, lo absoluto de esa promesa es lo que la hace sentirse feliz, tan feliz y libre como nunca antes se había sentido. Y es que tu madre sabe que muchas veces ha sido más una carga para ti especialmente, que el apoyo que una madre debería representar para un hijo.

Pero ahora, ahora que te ve fuerte y feliz, siendo el hombre maravilloso y digno de amar y ser amado que eres, sabe que todo valió la pena, que todos esos años de olvido intermitente, de penurias, de distancias que ella misma puso entre tú y Kurt se han terminado por fin. Su promesa está cumplida. Esta noche por fin dormirá sabiendo que el mundo es como tiene que ser y que el amor que te arrebató siendo niño, dormirá profundamente a tu lado. Porque así es como tiene que ser. Porque ese era el destino de todas las cosas.

-Esto llegó hace una semana- dice Isabella con su voz suave- tu padre lo envió aquí, Kurt.

Tú miras a tu madre y si es posible, te sientes más feliz aún. Y es que sus ojos han vuelto a brillar y adivinas que tus ojos deben resplandecer de igual forma. Te acercas a ella de la mano de Kurt quien también la mira con una alegre y sorprendida sonrisa. Habían pasado tantos años sin verla, tantos días sin recordarla más que para maldecirla en sus momentos más tistes. Y sin embargo, lo único que quiere hacer ahora es abrazarla, abrazarla y decirle una y mil veces "gracias por devolvérmelo, gracias por permitir que sea mío, que yo sea para él…"

-¿Cómo supo el padre de Kurt que él vendría hacia aquí, mamá?- dices tú, llegando a lado de tu madre quien extiende el paquete hacia Kurt quien lo toma y sonríe sabiendo perfectamente qué es lo que esconde el papel marrón que lo protege.

-Yo lo llamé- dice tu madre sin preocupación alguna- le dije que estaría aquí muy pronto y no me equivoqué. Por cierto, Kurt, llámalo mañana a primera hora, parecía estar muy preocupado. Dice que sólo fuiste a verlo precipitadamente y que no le dijiste a dónde ibas. No hagas eso, Kurt, tu padre te quiere mucho, avísale donde estás para que pueda llamarte ¿vale? Quizá pueda venir a la boda de Hailey, es el año que viene… hace tanto que no lo veo.

Tú y Kurt sonríen sin poder evitarlo. Ya no les sorprende que tu madre pueda hacer esas cosas de forma tan sencilla. Ella es magia y se han propuesto vivir con ello sin preguntarse el por qué o de dónde viene todo lo que ella hace. Como el amor, como el silencio, la magia simplemente es magia y no necesita ninguna explicación.

-A papá le gustará venir a este lugar, a él y a Carole, su esposa- dice Kurt- gracias por guardarlo, Isabella.

-De nada Kurt- dice ella- es lo menos que podía hacer después de… bueno, después de todo.

Tu madre sonríe un poco avergonzada y sus ojos claros bajan al piso. Kurt deja el paquete en tus manos y se acerca a ella, abrazándola con fuerza como hace tan solo unos pocos minutos te abrazaba a ti. Isabella sonríe en medio del abrazo y dos lágrimas silenciosas corren por sus mejillas.

Ella también rodea a Kurt y después de un largo rato en el que tú los contemplas preguntándote si ellos tienen idea de cuánto los amas, los dos se separan y te miran a ti, sonriendo deslumbrantemente. Tu madre camina hacia a ti y te abraza. Tú la sostienes en tus brazos hasta que ella se separa de ti y con una sonrisa llena de genuina dicha te dice:

-¿Me cantan algo antes de dormir? Evan siempre me cuenta un cuento, pero esta vez quiero oírlos cantar a los dos, como cuando eran niños ¿recuerdan? A veces soñaba con los dos cantándome y no saben cómo me hace feliz el saber que ya no es más un sueño, que están juntos por fin… así que …

-Vamos- dices tú volteando a ver a Kurt quien también asiente- ¿qué quieres escuchar?

-Lo que sea- dice ella con calma- lo que sea siempre y cuando canten los dos juntos.

Tu madre llega a su habitación y ves a Lego escondido entre las sabanas. El perro, que ya ha crecido al doble de lo que era siendo cachorro se enamoró de tu madre desde que llegó a su nuevo hogar y presientes que no tiene planes de dejarla sola ni un solo segundo. Eso está bien y a tu madre parece gustarle porque, se mete a la cama tratando de no molestarlo. Kurt y tú sonríen con disculpa. Isabella es así, a veces puede parecer una niña indefensa pero sabes que no lo es: simplemente es una mujer que ama mucho, tanto, que el amor que no cabe en su cuerpo se escapa de su corazón y se convierte en magia, sólo eso. Sí, a veces está también llena de olvido pero tampoco a ella vas a dejarla sola hasta el final.

Isabella por fin está instalada en su cama y los mira a ti y a Kurt expectante. Ustedes dos no saben lo que ese momento significa para ella, no saben cómo estuvo esperando por ver sus rostros llenos de la dicha que sólo el amor puede dar y sus manos entrelazadas, los sentados a la orilla de su cama. Tú miras a Kurt en silencio, preguntando qué canción será la indicada para cantarle a esa hermosa mujer que espera en calma. Kurt responde con una sonrisa y mirando a Isabella a los ojos, cantándole a ellos porque son exactamente iguales a los tuyos, su voz empieza a tejer un ensueño que dice todo, que canta todo, que te hace sentir acompañado nuevamente:

Something in your eyes, makes me wanna lose myself
Makes me wanna lose myself, in your arms.
There's something in your voice, makes my heart beat fast
Hope this feeling lasts, the rest of my life.If you knew how lonely my life has been
And how long I've been so alone
And if you knew how I wanted someone to come along
And change my life the way you've doneIt feels like home to me, it feels like home to me
It feels like I'm all the way back where I come from
It feels like home to me, it feels like home to me
It feels like I'm all the way back where I belong.

¿Y a qué otro lugar podrías pertenecer, si no es a él, a los dos? Su voz sigue llenando la habitación al igual que la sonrisa de tu madre. Ella también disfruta de la maravilla que es escuchar a Kurt Hummel como si esa canción fuera una Hermosa forma de decirle que todo está bien, que por fin podrá dormir tranquila, con el corazón latiendo paz. Sabiendo que le ha entregado a Kurt una parte de lo mejor de ella misma y que él te cuidará mejor que nadie en el mundo porque eres su vida misma.

Y tú de pronto sientes como tuyas cada una de las palabras que Kurt canta. Sí, la vida ha sido solitaria, han existido veces en las que ya no querías saber nada de ella y sin embargo ahora estás con él, cantándole a ese amor recién hallado, al amor que les pertenece. Y ya jamás estarán solos, aunque el mundo sea demasiado, aunque la vida a veces duela, siempre se tendrán el uno al otro. Por eso, cantas sin miedo cuando él te dice con un suave apretón en tu mano derecha que es tu turno. Que tú también debes mostrarle a tu madre que ya no tiene nada de qué preocuparse. Que efectivamente, desde que sus labios se juntaron, desde que descubriste el calor del sol en sus brazos, la vida por fin te muestra ese lugar en el que sientes que tienes un verdadero hogar:

A window breaks, down a long, dark street
And a siren wails in the night
But I'm alright, 'cause I have you here with me
And I can almost see, through the dark there is lightWell, if you knew how much this moment means to me
And how long I've waited for your touch
And if you knew how happy you are making me
I never thought that I'd love anyone so much

Los ojos de tu madre se cierran lentamente pero la sonrisa en sus labios parece no querer marcharse ni siquiera por la influencia de Morfeo. Kurt se acerca a ella y pidiéndote que te levantes de la cama, acomoda la sabana de modo que tu madre quede bien protegida del frio de la madrugada. Tú miras a Kurt haciendo el trabajo y tu alma se derrite de amor. En ese cuarto están las dos personas a las que les debes la vida: tu madre te la regaló, Kurt le da sentido a cada uno de tus días. Después de arroparla, Kurt besa su mejilla despacio, un último y suave gracias que el joven quería entregarle a esa mujer a la que a pesar de todo siempre querrá, como hizo desde el primer momento en el que pronuncio su nombre "Tú eres Kurt, mi Blainey me ha hablado mucho de ti"…

Vuelves a tomar la mano de Kurt y mirando a tu madre dormir, al mismo tiempo que miras sus ojos fijamente y él te devuelve el mismo espejo de tu profunda dicha, los dos cantan el final de aquella canción como si nadie más en el mundo pudiera escucharlos:

It feels like home to me, it feels like home to me
It feels like I'm all the way the back where I come from
It feels like home to me, it feels like home to me
It feels like I'm all the way back where I belong
It feels like I'm all the way back where I belong…

Sus voces son apagadas de repente por un beso inevitable, inevitable como el reencuentro lo fue. Cuando te separas de sus labios sabes que es tarde porque tú también estás muriendo de sueño. Ha sido un día agitado, apenas ayer habías llegado a Italia. Apenas ayer andabas por el mundo sintiendo que habías tenido que dejar tu corazón lejos de ti una vez más pero hoy, sabes que la mitad de tu alma sigue firmemente agarrada a tu mano y que ya no se irá.

-Voy a preparar la habitación- dices tú en un susurro- te espero allá, debes de estar cansado…

-Un poco- dice Kurt soltando tu mano y notando el esfuerzo que hacer eso le supone- no tardaré, estaré contigo en un segundo.

-Lo sé…- dice Blaine volviendo a abrazarte- no hagas ruido al salir, Lego no va a perdonarte si lo despiertas.

-Es el nuevo rey de la casa ¿cierto?- dice Kurt riendo al ver al perrito profundamente dormido al lado de tu madre- iré enseguida y Blaine…

-¿Qué pasa?

-Te amo…- dice él con una sonrisa.

-Te amo…- respondes tú.

Sales de la habitación volviendo a tararear la canción que acabas de regalarle a tu madre, sabes que nadie más va a quitarte la dicha de decirle te amo mil veces a la persona correcta. Kurt se queda en la habitación, sonriendo en silencio, acercándose de nuevo a Isabella cuyos ojos se abren lentamente, junto con su sonrisa, su sonrisa deslumbrante que bastaría para traer al mundo la luz del nuevo día.

-Sabía que no debía irme- dice Kurt sentándose a su lado- ¿qué pasa, Isabella?

-No lo sé en realidad- dice ella mirándolo a los ojos- de algún modo, siento que te debo algo todavía…

-Nunca me has debido nada- dice Kurt tomándola de la mano- y si lo hiciste, me has dado más de lo que merecía: un hogar y Blaine ¿qué más puedo necesitar?

-Una explicación, quizá- dice ella sin dejar de mirarlo- explicarte por qué todo tuvo que ser tan difícil.

-No necesito saberlo- dice Kurt con firmeza- lo cierto es que antes hubiera querido, pero ya no. Blaine es todo lo que necesito para entenderlo ¿sabes? Sólo él. Sólo sé que todo fue como fue porque él sería quien pondría todo en su lugar de nuevo. El dolor, el pasado, todo lo malo que hice, eso ya no importa porque Blaine ve felicidad y amor en mi. Lo que fui ya no importa, Isabella, porque Blaine sólo mira lo que en realidad soy, todo lo que yo seré para él…

Los ojos de tu madre brillan con fuerza una vez más. No se equivocó. Aunque ustedes dos no lo entiendan del todo, ella siempre supo que su amor estaba destinado a ser grande de aquella forma. No grande en la medida en la que la gente hablaría de él, sino grande porque es puro y verdadero como ningún otro amor del universo. Grande y legendario porque fueron las mismas manos del destino quienes tejieron la historia de los dos.

-Entonces, anda y ve con él- dice Isabella soltando su mano de forma gentil al tiempo que lo abraza con la mirada una vez más- yo descansaré tranquila por fin y, Kurt…

-¿Qué sucede?

-Sé que vas a hacerlo pero… amalo siempre ¿quieres? Él te amará también hasta el último de sus suspiros, haz lo mismo para él ¿está bien?

-Nunca antes había hecho una promesa con tanta alegría, Isabella- dice Kurt levantándose lentamente de la cama- así será, voy a amarlo hasta que yo deje de existir. Ahora descansa, mañana debes de contarme todo acerca de la boda de Hailey, ya no soy tan bueno ni entusiasta como antes, pero, si es para ella me encantaría ayudar con la fiesta y el vestido y… todas esas cosas. Buenas noches, Isabella…

-Buenas noches, Kurt- dice ella sonriendo cuando te ve salir de la alcoba y cierra sus ojos por fin al sueño- buenas noches, al fin lo son…


Un año ha pasado ya.

Tus ojos se abren lentamente y reciben con un poco de molestia la brillante luz del sol que se cuela por debajo de tus lentes oscuros. No sabes cuánto tiempo ha pasado en realidad ni cuándo fue el momento en el que te quedaste profundamente dormido. Volteas a tu derecha, buscando al joven que definitivamente tendría que estar a tu lado pero no hay nadie. No sabes por qué pero no verlo ahí como siempre, te asusta un poco. Sintiendo que su ausencia te ha despertado por completo, te levantas de golpe de la silla de playa en la que habías estado descansando y lo ves en la distancia, caminando a la orilla del mar.

Tu corazón vuelve a latir con normalidad cuando el verde de tus pupilas se llena de él nuevamente. Casi sin pensarlo, comienzas a caminar directamente a su lado. Sí, ha pasado un año, pero Aiden Miller sigue siendo el mismo de siempre. Esa sonrisa fácil, esa calidez en sus ojos y es que, estás seguro de que ni un milenio podría hacer mella en ellos.

No te falta mucho para llegar a su lado, pero en el último minuto decides quedarte ahí de pie. Aiden también se detiene dejando que las olas jueguen con sus pies haciéndolo sonreír mientras él cierra los ojos y abre los brazos en dirección al mar como intentando abrazar toda esa inmensidad. Al mirarlo, sabes que el joven Miller entiende muy bien acerca de totalidades. El amor que él siente por ti quizá apenas pueda ser contenido por la infinitud del mar. No, claro que no lo mereces, podrías volver a nacer mil veces y ni siquiera así podrías ser suficiente para él. Él siempre ha dicho que no le importa, pero verlo así, entregándote su vida, entregando su existencia a alguien como tú…

Pero por un extraño motivo que no entiendes, eso a Aiden le importa muy poco. A decir verdad, le importa nada. Sabes que has pasado un año a su lado dándole lo que tú consideras migajas pero él no se ha cansado de ti. No te ha mandado al diablo a pesar de que a veces tú lo mandas al diablo a él. De verdad admiraste su entereza en los primeros días que pasaste en casa después de salir del hospital. En ese tiempo le diste más razones para detestarte de las que le hubieras dado a otra persona a pesar de que él no lo merecía.

Aiden merecía que llenaras su vida de felicidad como único agradecimiento posible. Pero no lo hiciste. A veces llegabas a enfadarte en serio con él por esa manía suya de ver siempre el lado bueno de todo. Llegaste a odiar de verdad la facilidad con la que él te aseguraba que todo estaría bien. Aiden soportó valientemente tus gritos de frustración, tu llanto desesperado al sentir inútiles todos los esfuerzos que hacías por recuperar tu voz. Aguantó las borracheras, la vuelta a los clubes, a las noches de desenfreno, tus pesadillas, tu melancolía, tu estupidez… lo soportó todo, te soportó a ti. Incluso si aquello no duró más que un par de meses sabes que nadie más habría aguantado todo eso sin matarte.

Y después de todo lo que hiciste, después de recuperar un poco la cordura al tiempo de que tu voz salía a flote de nuevo, en medio de un montón de terapias y dolores de garganta, la verdad es que te gustaría que él te golpeara. Que te golpeara muy fuerte por ser el reverendo imbécil que eres. Que te diera un golpe por cada lagrima que has hecho que sus ojos lloren, por cada vez que te despertaste en la madrugada gritando el nombre de Blaine…

Ojalá que te golpeara por todas las veces que has roto su corazón. Y, aunque eso es lo único que mereces, sabes muy bien que él no lo hará. Para él siempre serás un niño malcriado que necesita a alguien que lo cuide antes de que haga demasiadas estupideces por sí mismo. Para él siempre serás la persona a la que protegerá de todos, tú incluido. Para él siempre serás el Sebastian que él ama contra toda lógica.

"Estúpido masoquista", piensas, sin poder evitar acompañar ese pensamiento con una sonrisa. Y aunque esa frase no sólo se la dices tú sino la mitad del planeta, sabes que esa es otra cosa que Aiden Miller no va a tener en cuenta jamás.

No, no es masoquista como él te lo dijo, quizá sólo es dueño de una proverbial paciencia que lucha dentro de él tratando de saber si se trata de valentía o de una enorme estupidez. La verdad es que tú tampoco crees que Aiden sea idiota. La única certeza que tienes con ese joven es que te ama, que lo seguirá haciendo aún en contra de ti mismo y, después de estar junto a él un año entero, te has quedado sin pretextos y sin excusas para refutar la existencia de ese amor extraño, terco y profundamente tuyo.

Y aunque sabes que ese amor existe en el corazón de Aiden, tú aún no te has decidido a llamarle amor a lo que sientes por él porque si lo ves fríamente, te da miedo entregarle a Aiden el montón de pedazos mal unidos que pretenden ser tu corazón ahora. Sí, tu corazón ha dolido mucho todo ese tiempo, no es como si hubieras podido arrancar a Blaine de ti al día siguiente y haberte olvidado de todo lo vivido.

Sabes que él lo dijo esperando que fuera cierto, pero si bien él se engañó, tú no pudiste hacerlo, lo amabas de verdad. Te parece increíble que eso siga pasando pero a veces aún te descubres preguntándote dónde está y qué hace por más estúpido que sea preguntarte eso porque sabes que está en Italia y si está con Kurt no es muy difícil adivinar qué es lo que están haciendo.

A veces te imaginas encontrándotelo donde sea, planeas encuentros con él sin siquiera proponértelo aunque sabes que eso no pasará jamás. Y es que, maldita sea, Blaine Anderson tiene la poderosa habilidad de echar raíces en todo corazón que toca. Sí, 365 días con sus noches han pasado y ni siquiera así has podido olvidarlo, a veces se siente como si eso nunca fuera a pasar.

Un suspiro escapa de tus labios al pensar en él. Es increíble cómo te las arreglas para que tu mente vuelva a él incluso cuando estás mirando a alguien más, y no solo a alguien sino a ese "alguien". Al alguien que ha abierto ya los ojos y deja que el mar lo rodee y parezca hundirlo en su infinidad. Aiden nada alegremente en medio de aquel inmenso azul, disfrutando realmente del día. Al verlo, tu corazón se alegra un poco, de verdad has intentado reconstruirlo para él. Has tratado de hacer que vuelva a unirse para entregárselo de una buena vez.

Pero a veces los pedazos que te quedan siguen gritando el mismo nombre de siempre y desistes de intentarlo. Sí, es estúpido y también es muy triste. Porque es cierto que ahora sabes que Aiden Miller será el único que podrá amarte de la forma en la que quieres ser amado. Pero te da miedo no poder hacer lo mismo para él, temes que él se canse a pesar de su proverbial paciencia. Porque todo tiene un límite ¿cierto? Todo se acaba alguna vez y debes de admitir que has hecho más esfuerzos por perder también el amor de Aiden que por hacerlo crecer.

Como por ejemplo, ahora. Tu voz se ha recuperado por completo desde hace más de seis meses. Desde el momento en el que pudiste cantar de nuevo, Aiden te propuso volver a presentar la obra de Kurt. Al principio te habías negado pero, después de una llamada larga que mantuviste con el creador de la obra, te diste cuenta de cuál era tu lugar. Sí, naciste para brillar sobre los escenario y si lo tenias todo de nuevo, ¿por qué seguías negándote la oportunidad de recuperas lo único que no habías podido destruir del todo? Así que volviste. "Tú eres el único que puede hacer de mi obra algo inmortal, Sebastian, el único al que a pesar de todo puedo confiarle algo así…" Eso fue lo que Kurt Hummel dijo.

Al principio lo viste sólo como un premio de consolación, pero después de subir a escena de nuevo, después de actuar otra vez al lado de Aiden quien había tomado el rol principal a tu lado, sentiste que no todo estaba tan mal y jodido como habías temido que lo estaba. La crítica a la obra fue muy buena aunque algunos echaban de menos la presencia del joven Anderson. Pero a pesar de ello, la obra ahora tiene más de medio año presentándose con normalidad y está en camino de volverse un clásico y fue gracias a ti, gracias a Aiden que no dejó que te rindieras.

Y sabes que ahora deberías estar feliz a su lado, tratando de hacerlo feliz también en estas vacaciones que él planeó para los dos. Lejos de los escenarios, lejos de la mitad del mundo en una de las islas del mar Caribe propiedad de su padre. Sabes que deberías de acercarte a él, que deberías rodearlo con tus brazos, sabes que deberías de hacer el intento y sin embargo… sigues ahí, mirándolo desde lejos como un chiquillo asustado. Sí, antes has tratado, a veces de verdad te abrazas a él como si fuera lo único verdadero que tienes, a veces lo besas con pasión, a veces lo has hecho tuyo pero… ¿por qué nunca parece suficiente?

No lo es para él que merece tenerte completo y no sólo a ratos y tampoco para ti, que quisieras de verdad poder amarlo como él espera que lo hagas y no amarlo de la forma avara en la que lo haces. Porque quizá lo ames pero… no lo sabes de cierto, es extraño, pero el que él no te haga sentir agitado, eufórico, como Blaine lo hacía te hace dudar. Dudas de la paz extraña que Aiden Miller le ha traído a tu vida. No sabes si esa paz pueda llamarse amor, al menos tú no podrías llamarlo así.

Has llegado a la orilla del mar y después de un rato, Aiden sale del agua y al mirarte a pocos pasos de él sonríe inmediatamente. Tú le sonríes como respuesta a la curvatura de sus labios. No sabes qué hacer, ni qué decir y él lo sabe. El haber dejado que tu amistad tomara otro rumbo, el permitirle a ese muchacho que sigue mirándote de la misma forma en la que te ha mirado desde hace tantos años, adentrarse en lo más profundo de ti en todos los sentidos, a veces te incomoda y a veces te hace sentir protegido como en ese momento en el que el sol va perdiéndose poco a poco detrás de las aguas azules cediéndole el paso a un cielo oscuro y despejado, salpicado de estrellas.

-Perdóname por dejarte solo, Seb- dice el joven Miller sin dejar de sonreír- no pude resistirme, deberías de nadar un poco.

-Me quedé dormido- dices tú acercándote un poco más a él- no me había dado cuenta de que estaba tan cansado.

-Has trabajado mucho últimamente- dice el joven tomando tu mano mientras te invita a sentarte al lado suyo, sobre la arena- mereces este descanso más que nadie.

-Antes podía trabajar el doble sin cansarme ni un poco, me estoy volviendo viejo ¿no?- dices tú, dejando que él te abrace y que haga que tu cabeza descanse sobre su pecho.

-Eres Sebastian Smythe- dice él con una risa suave- tú nunca envejecerás. Pasarán mil años y seguirás siendo igual de guapo que hoy.

-Eso lo dices tú porque…- dices tú comenzando a reír- porque eres tú.

-Sí, soy yo- dice Aiden acariciando tu cabello- y conmigo basta ¿o no?

Sí… quieres decirle que sí pero las palabras no salen de tus labios. Sí, eso es bastante, es más de lo que hubieras esperado, más de lo que en todo caso merecías y sin embargo… sabes que él se da cuenta de lo que pasa contigo pero simplemente decide ignorarlo. Él sólo hizo aquella pregunta por hacerla, sin esperar que le respondieras de verdad. Porque así es Aiden Miller, lo da todo sin esperar algo a cambio. Sabes que es así contigo, lo sabes pero…

-¿Tú no te cansas, Aiden?- dices como sin querer decirlo.

-¿De qué?- pregunta el joven distraídamente.

-De todo, de la obra, de la vida, de mí… de mí principalmente.

El joven ríe antes de contestarte. Ríe tan alegremente que no puedes evitar sonreír mientras lo hace. Antes, te has encargado muchas veces de hacerlo llorar, de hacerlo sufrir y sin embargo ahora ríe con una risa alegre, confiada y contagiosa que se cuela en tu corazón volviendo a unir los trozos, reforzando las costuras, haciéndote creer por ese momento que tu corazón está completo de nuevo.

-Cansarme de ti- dice el joven cuando deja de reír- ¿cómo puedes pensar que puedo cansarme de ti? Soy Aiden Miller, y cuando se trata de ti, la palabra cansancio no existe.

-Pero… antes te cansaste- dices tú un poco avergonzado al recordar- me dijiste que ya no podías soportarlo más…

-Sebastian…- dice el joven poniéndose serio de pronto- si te dije aquello fue porque en aquel entonces pensé que ya nada tenía sentido, pensaba que todo había terminado y dime tú ¿quién es tan idiota como para luchar por nada? En aquel entonces carecía de un futuro, y ahora lo tengo. Si camino contigo a él ¿por qué habría de cansarme?

-Un futuro juntos… ¿es eso a lo que te refieres?- dices tú no sin cierto temor en la voz.

-¿Y a qué más, tonto?- dice él volviendo a abrazarte.

-Tengo miedo…- le dices exhalando un hondo suspiro.

-¿De qué?

-De no poder corresponderte… de no poder regresarte al menos un poco del amor que me has dado. Es que… yo siento que no podré amarte jamás como tú quieres que te ame.

-¿Amarme como yo quiero que me ames?- dice Aiden con una sonrisa divertida.

-Sí…- dices tú agradeciendo que la oscuridad cubra tu vergüenza- sé que soy un tonto, pero… yo te quiero Aiden, yo sé que no faltará mucho más para que empiece a amarte, de eso estoy seguro pero… ¿Y si nunca es suficiente?

-Suficiente ¿para quién?- dice el joven Miller sin perder la paciencia ni la sonrisa.

-Para ti… para los dos en realidad.

El joven Miller te suelta de pronto y cuando lo hace temes haber dicho algo que lo haya lastimado. De hecho, te arrepientes ahora de haber sacado el tema a colación pero tenias que decírselo. Hacerle entender que quieres amarlo, que probablemente lo harás, que quizá ya lo estés haciendo, pero, que también es posible la otra cara de la moneda, esa donde nunca podrás olvidar a Blaine y Aiden vuelve a perderlo todo.

-Dime algo, Sebastian- dice el joven mirándote fijamente- sólo responde esta pregunta con toda la sinceridad del universo… ¿de verdad vas a amarme?

-Sí…- dices tú, sin dudarlo- quizá… quizá pueda, pero no como tú… como…

- Yo no quiero que me ames como yo, eso no me importa- dice el joven con calma- si vas a amarme, ámame como quieras hacerlo y listo, ámame como Sebastian Smythe, eso es todo lo que quiero.

Él termina de decir esas palabras y sientes que tu boca sonríe por vez primera con genuina alegría después de tanto tiempo, después de tanto llanto. Lo que él te pide es tan sencillo que en seguida te sientes capaz de hacerlo. Amarlo como tú amarías a alguien, amarlo de esa forma loca y casi posesiva con la que sueles amar, amarlo también dando el corazón de a poco, amarlo así porque no podrías hacerlo de otra manera.

Y ahora pareces entender la paz que él te regala, la libertad que supone amarlo, no ya el esfuerzo. Él te ama por ser como eres y con eso que eres te encargarás de quererlo a él como a nadie más. Quizá no ahora, quizá no en esa noche joven que lentamente y sin que tú lo esperes se llena de destellos de colores que cruzan el cielo.

Tardas un momento para entender de dónde salen todas esas luces y la risa renovada de Aiden que no tiene nada más que agregar a lo ya dicho te da cuenta de quién fue el que lo planeó todo. Los fuegos artificiales siguen llenando el cielo, haciéndote sentirte libre como ellos, libre para brillar, para volar, para amar de nuevo.

Aiden sin duda alguna recordó que más que nada en el mundo amas esas luces de colores que iluminan su rostro, sus ojos grises que sonríen contigo, admirando la belleza de algo que a los ojos del mundo sería muy tonto. Y bajo esas luces lo abrazas de nuevo y sellas en sus labios una promesa: liberar tu alma y entregársela a él, terminar de remendar tu corazón y dejar que él le enseñe a latir porque al parecer lo ha olvidado.

Y cuando parece que ya no habrá lugar para más sorpresas, una música que no sabes de donde viene inunda de pronto la playa que parece haber estado todo ese tiempo reservada sólo para ustedes. Y las guitarras suenan alegremente al igual que la voz de Aiden Miller que sigue el ritmo de las notas y de las otras voces que cantan arrastrándote irremediablemente a bailar con él bajo la luna, mientras su voz te inunda, juega contigo como las olas del mar sobre las que los dos siguen bailando ajenos a casi todo:

I'm gonna pick up the pieces, and build a Lego house

If things go wrong we can knock it down.

My three words have two meanings, but there's one thing on my mind It's all for you.

And it's dark in a cold December, but I've got you to keep me warm.

If you're broken I will mend you and I'll keep you sheltered from the storm that's raging on now

I'm out of touch, I'm out of love

I'll pick you up when you're getting down

And out of all these things I've done I think I love you better now.

I'm out of sight, I'm out of mind

I'll do it all for you in time

And out of all these things I've done I think I love you better now, now

Y las palabras que él canta de pronto se encargan también de sanarte. No sabes muy bien qué es lo que parece llenar de magia esa noche. No sabes si es el ir y venir de las olas, no sabes si es la música o la risa de Aiden lo que parece hacerte sentir más ligero. Quizá sean todas esas cosas y tal vez, tampoco sea ninguna.

Quizá sólo seas tú mismo, dándote cuenta por primera vez, que si bien, nunca podrás amar a nadie como amaste a Blaine, eso no quiere decir que tu corazón haya quedado inútil para siempre, quizá, sólo tengas que aceptar dentro de ti que maneras de amar, hay muchas, hay tantas como personas hay en el universo. Y, por algún extraño designio, por un luminoso milagro, hay alguien que te ama, alguien que siempre te hará sentir amado, que te hará subir al cielo como los fuegos artificiales que siguen iluminando la noche, así de luminosos, así de altos, así de libres y extrañamente, parte intima de quien los mira… y de repente te das cuenta de que ya no estás sólo, de que nunca lo has estado, de que nunca más volverás a estarlo…


Antes de encontrarlo a él, todo era silencio. Aunque mejor dicho, después de perderlo todo fue un silencio sin final. Pero ya no más. Un año ha pasado desde que los dos llegaron a Italia, un año que parece sin embargo, no haber pasado sobre ustedes. Menos ahora, que el sol de la tarde se pierde en el horizonte y todos en aquel alegre viñedo que está adornado con flores y una mesa larga e infinita cubierta también de adornos dorados y cristales, bailan al compas de las voces de Blaine y de ti.

La música suena alegre, movida, feliz. Las notas pasan de los pies de los bailarines principales, el hombre con la sonrisa feliz ataviado con un frac negro y la mujer de la larga cabellera oscura que sonríe para todos, para ella misma pero en especial para el que ahora es su esposo, el que ella eligió y la eligió a ella como el amor de su vida.

Hailey y Paolo bailan alegremente sin que les importe de verdad que aquella canción sea demasiado movida para ser su primer baile como pareja. Y es que la novia de la boda pidió expresamente que fuera así. No quería sólo dar vueltas por la pista de baile ajena al mundo, al lado de su esposo que luce ahora radiante al contemplarla vestida de blanco, moviendo el cuerpo como le da gana moverlo, invitándolo a él y a todos a la felicidad que la embraga. Y era eso lo que más le preocupaba: perderse tanto en su propia felicidad y olvidar a todos los demás que festejan ahora su dicha. Porque ella piensa que ya tendrá más días, infinidad de noches para poder perderse en una realidad alterna al lado del hombre que ahora la sostiene en brazos, la besa tiernamente y vuelve a girar con ella por toda la pista, haciéndote reír en medio de la canción que cantas con Blaine.

Sabes muy bien cuáles fueron las razones del pelinegro para cantar esa canción contigo. Sabes que era otra forma de compartir con Hailey la dicha de amar y ser amado. Porque los hermanos Anderson parecen tener ya una casa de lego muy especial en el corazón. Al menos el pelinegro que sonríe cuando te mira, se ha encargado de crear una contigo.

Y es que, los días han pasado como la seda por primera vez para ti que simplemente no puedes creer que sean tantos y que tu corazón siga sintiéndose igual de enorme y lleno de amor como el primer día que estuviste en Italia con Blaine. Y es que es cierto, ahora tu casa de lego es real y lo más hermoso parece ser que nada ni nadie va a destruirla. Mereces esta felicidad, tú y Blaine la merecen más que nadie porque para los dos fue un largo camino. Pero fue el suyo, sigue siéndolo, con la notable diferencia claro, de que ahora es el mismo, de que lo recorren de la mano.

Sí, de la mano. Así como los demás bailan en la pista con su pareja, los padres de Blaine moviéndose con cierta timidez, Hailey y su novio, tu padre y Carole que pasarán el verano con ustedes, los amigos de Blaine, llenando todo el viñedo de risas y de amor, ustedes también le cantan al mundo, unidos como siempre, con verdadera emoción:

I'm gonna paint you by numbers and colour you in,

If things go right we can frame it and put you on a wall

And it's so hard to say it but I've been here before

Now I'll surrender up my heart

And swap it for yours

I'm out of touch, I'm out of love

I'll pick you up when you're getting down

And out of all these things I've done I think I love you better now

I'm out of sight, I'm out of mind

I'll do it all for you in time

And out of all these things I've done I think I love you better now

Don't hold me down

I think my braces are breaking, and it's more than I can take

And it's dark in a cold December, but I've got you to keep me warm

If you're broken I will mend you and I'll keep you sheltered from the storm that's raging on now

I'm out of touch, I'm out of love

I'll pick you up when you're getting down

And out of all these things I've done I think I love you better now

I'm out of sight, I'm out of mind

I'll do it all for you in time

And out of all these things I've done I think I love you better now.

La canción se termina y los asistentes a la fiesta irrumpen en aplausos. Hailey y Paolo voltean a verlos a ustedes dos y les sonríen con agradecimiento, pues su canción fue lo que ellos querían, eso y más. La música vuelve a comenzar pero tú y Blaine han bajado ya del escenario, no sin antes escuchar los gritos y aplausos de quienes exigen otro tema interpretado por ustedes.

Y es que, en ese año en Italia muchas cosas han pasado.

En primer lugar, Blaine sigue a tu lado y esa sigue siendo la cosa que encabeza la lista de maravillas que has vivido en los últimos días. Él sigue a tu lado y divide su tiempo entre administrar los viñedos y encargarse del teatro de Alessandro. Él, su director, quien fue uno de los responsables de llevarlo a ti, murió hace dos meses mientras descansaba apaciblemente en casa, rodeado de sus hijos y antes de irse, le dejó a Blaine la responsabilidad de mantener con vida aquella modesta compañía de la Toscana lo que el pelinegro a cumplido con creces, claro, haciéndolo al lado tuyo. Bien es cierto que Blaine estuvo triste, que aún lo extraña pero todo parece seguir marchando bien. En lo que a ti respecta, aquel teatro, pequeño, un poco viejo pero lleno de un tradicional encanto que no podrá ser imitado en Broadway, es el lugar donde tú también enseñas.

Y es que es maravilloso para ti sentirte útil de nuevo, sentir que haces que la demás gente se interese en lo que tú amas hacer. Además de enseñar actuación y dirección en una Academia de la ciudad, te encanta pasar el fin de semana en casa, creando talleres de teatro para los niños de la comunidad que te han tomado cariño. Los niños suelen llamarlos a Blaine a ti, "el maestro príncipe" y "el maestro príncipe 2". Esos apodos causaron primero miles de burlas entre Hailey y Blaine, pero tú no puedes negar que te causan cierta ternura.

Tu vida de verdad ha cambiado para bien y aunque Aiden te manda un reporte mensual acerca de cómo van las cosas con "Undisclosed desires", la verdad es que no extrañas nada acerca de ese mundo, no has tenido tiempo para pensar en Nueva York. Y es que ahora sabes que el arte no se concentra sólo en un lugar famoso, el arte está en todas partes, está dentro de ti y dentro de Blaine.

Por ello, no puedes dejar de sonreír, de pensar que eres el mismo Kurt de hace un año pero que tu corazón sigue siendo nuevo. Aquellos pedazos que dolían tanto en el pecho hoy son un nuevo corazón fuerte, radiante, enorme, al que le alcanzaría el amor para poder seguir amando mil vidas más. Y en esas mil vidas, sabes que amarías a la misma persona: a él, al joven que sonríe radiantemente al abrazar a su hermana, esa muchacha que luce hermosa en su sencillo vestido blanco, el mismo que Isabella usó en su fiesta de bodas.

Después de felicitar tu mismo a Hailey, Blaine te toma de la mano y sin preguntarte, te acerca a sí para seguir bailando al compás de esa música que sigue siendo por demás muy alegre. Las estrellas resplandecen ahora en el cielo, mientras tú giras con él, con tus brazos rodeando su cuello, con los suyos aferrados a tu cintura. No dicen nada. En este año no han dicho más que las palabras necesarias porque se han dado cuenta de que sus miradas, sus labios, sus cuerpos a la hora de amar son mejor lenguaje que cualquiera que los humanos hayan podido inventar a base de palabras. Sólo sabes que siguen girando, como el mundo mismo, hasta que la música se detiene y alguien avisa que la novia está lista para lanzar el ramo a la multitud.

Todas las chicas de la compañía de teatro de Alesaandro, las actrices a las que ahora dirigen tú y Blaine, se acercan sin dudarlo a la feliz mujer que antes de subir a una silla te guiña el ojo en señal de complicidad. Tú sabes muy bien lo que eso significa pero, de verdad no quieres que lo haga. Sabes lo que pasará.

Hailey lleva meses parloteando acerca de la boda que ha planeado toda la vida para ti y para Blaine pero, hace tiempo que perdiste el encanto por la magia que esos acontecimientos provocan en la gente. No vas a decir que antes no hubieras disfrutado de una fiesta en toda regla, pero, ahora mismo piensas que incluso una fiesta como la de Hailey te causaría asfixia. Parece que tu nuevo estilo de vida minimalista ha hecho mella también en algunas de tus expectativas de juventud.

Blaine ríe a tu lado porque ha entendido lo que su hermana pretende hacer. Él sólo te mira y te sonríe con disculpa. Él te entiende, él sabe que amarías poder llamarlo esposo también y festejarlo pero no te pide que lo hagan oficial. Mejor dicho, te lo ha pedido, pero una parte de ti se niega a pronunciar unos votos ante una persona que nada tiene que ver con su vida o con la tuya.

Para ti es más sencillo que lo que los une sea aquel algo real que sienten cuando despiertan los dos el uno en los brazos del otro. No hace falta el rito, la ceremonia, las fanfarrias, el banquete y las flores. Todo lo que necesitas es él, su caricia, su beso, su amor. Tú no piensas que pueda haber algo más importante y sabes que Blaine piensa lo mismo de ti. Así están bien. Además, si llegas a atrapar ese tonto ramo de rosas por el que todas las demás chicas mueren y viven y respiran y…

El ramo está ahora en tus manos. Tan hundido en tus pensamientos como estabas, no te diste cuenta de que la misma novia de la boda, Hailey Anderson y su sonrisa traviesa, han puesto el pequeño ramo en tus manos. La concurrencia aplaude y sonríe felizmente al darse cuenta de lo que pasó y Blaine te mira entre divertido y apenado. Tú no sabes qué decir pero no hace falta porque Hailey te abraza y después de decirle a Blaine "ahora te toca a ti", se aleja de los dos guiñándoles un ojo y la fiesta sigue como si nada.

Blaine, por otra parte, sonríe y te lleva con él caminando lentamente hasta un lugar donde no habías estado antes. No van con rumbo a la casa, la casa de Blaine donde has pasado todos estos días. El joven te lleva guiando por un camino que poco a poco te parece más familiar: Blaine y tú iban a pintar a aquel prado todas las tardes hasta hace unos meses en los que las visitas a aquel lugar cesaron de repente, es el prado en donde a Blaine le gustaba pintarte, donde Evan Anderson te contó un día, conoció a Isabella y se enamoró de ella.

Él sonríe de forma misteriosa pero tú no sabes qué es lo que te impide preguntarle qué es lo que se trae entre manos. Simplemente lo sigues, mirando a todos lados, perdido irremediablemente en esa sonrisa que a pesar de la incertidumbre te calma como el primer día, y cuando crees que no llegarán nunca a su destino, Blaine se detiene y tú también lo haces porque no puedes creerlo: estás delante de un camino de piedra, rodeado de las flores favoritas de Blaine y las tuyas, flores que él te ha enseñado a cuidar. Es un camino que conduce a una casa colorida, hecha de ladrillo pero que, de algún modo te hace pensar en otra cosa…

-La casa de lego…- dices tú muy despacio, sin saber si llorar o reír.

-Sí, bueno…- dice Blaine sin dejar de sonreír, sintiéndote contento tan sólo al ver la alegría en tu cara- es de Lego pero también es nuestra…

Tú te echas a los brazos de Blaine sin poder evitarlo. Te ríes con ganas de su chiste. Y como si lo hubieran llamado, el husky siberiano que ha crecido tanto, empieza a ladrar en medio del jardín. Blaine besa tu frente cuando con la mirada le preguntas si aquella casa será de los dos aunque de sobra sabes que es así. No hace falta que te lo explique porque ahora entiendes qué era lo que hacía que Blaine se levantara muy de madrugada a diario, ahora entiendes por qué de pronto, las visitas al prado cambiaron de lugar. Blaine estaba construyendo esa casa para ti. Blaine estaba como siempre, perfeccionando la idea de un hogar feliz.

Sin importarte mucho, te echas a correr hacia la entrada con el ramo de Hailey aún en la mano, con Blaine corriendo detrás de ti. Son niños de nuevo, han llegado a casa después de un día cansado y lo único que quieren es dormir juntos otra vez. Blaine abre la puerta de la casa y te das cuenta de que está ya amueblada, de que es exactamente como hubieras querido que fuese si hubiera dependido de ti hacerla real. Blaine ríe al contemplar tu gesto de asombro, la genuina alegría arraigada en el azul de tus pupilas. Él vuelve a abrazarte y después de darte un beso lento y profundo, te guía a su alcoba.

Se trata de una habitación luminosa en el segundo piso de la casa. Entras a verlo y la sensación de estar dentro de un cuento de hadas sigue siendo la misma. Blaine decoró todo a tu gusto sin si quiera preguntarte, te conoce demasiado bien. Recorres el cuarto de un lado a otro con Lego siguiéndote con la mirada, esperándote al lado de Blaine. Te detienes en la terraza que da al jardín, te quedas mirando al cielo y después miras las fotos, los cuadros, ese cuadro…

La casa de lego resplandece en la pared. Sí, has visto ese cuadro toda tu vida pero nunca antes te había parecido tan real, tan bien puesto en algún lugar. Dejas las flores que Hailey te entregó sobre la cama y con una sonrisa decidida te acercas a Blaine, lo tomas de la mano, lo llevas frente al cuadro y sin dejar de mirarlo le preguntas:

-Bien, Blaine Devon Anderson ¿de qué va todo esto?

Blaine ríe antes de contestarte pero no aparta los ojos de ti. No podría. Siente que su corazón se derrite de dicha pura al contemplarte siendo tan feliz, tan amado, tan inconmensurablemente suyo.

-Es mi regalo de… compromiso- dice Blaine un tanto nervioso, completamente adorable.

-¿Compromiso?- dices tú sin poder evitar levantar una ceja, pero sin estar molesto de verdad.

-Sí… - dice él mirándote ahora con seriedad- Kurt Hummel, sé que lo hemos hablado muchas veces, sé que me has dicho ya lo que no quieres pero…

-Blaine….

-No, déjame hablar- dice él, tomando tu mano con fuerza renovada- ya sé lo que no quieres y te entiendo. Yo tampoco quiero que esto se vuelva grande, no quiero la ceremonia, ni la fiesta, nada de eso. Sólo quiero que tú y yo estemos ahí Kurt, que le prometamos a alguien más grande que tú y yo, al universo mismo, que seremos uno siempre. Sólo quiero eso, decirlo porque estoy seguro de que lo haremos, de que estaremos juntos muchos años, pero… soy un romántico sin esperanza… así que, por favor, Kurt Hummel… dime que vendrás conmigo. Mañana te llevaré a un lugar muy especial y ahí, solos tú y yo, podremos hacer un pacto con la eternidad, ¿quieres?

Te quedas callado. Miras el color avellana de su mirada y sabes que él no tiene miedo, que te dijo todas esas cosas simplemente porque de verdad quiere hacerlas. Y lo entiendes, sabes que lo no dicho siempre hablará mejor que todo lo que puedas prometerle pero ¿De verdad no puedes hacer eso por él? ¿No puedes gritarle al mundo en algún lejano lugar donde la soledad los abrazará para proteger esa declaración, que lo amas, que nunca podrías llegar a amar a nadie más?

Tus labios sonríen sin que puedas evitarlo, pero aún no eres capaz de decir algo.

-Hailey quería que lo tuvieras- dice Blaine señalando el ramo, sin presionarte de ninguna forma- ella no sabe nada de lo que te estoy pidiendo, ella quería darte el ramo para que lo pudieras poner aquí, en la casa, pero… Kurt, yo de verdad quiero…

-Vamos a hacer lo que quieras, Blaine- dices tú con tus pupilas azules centelleando de convicción- y allá donde me lleves seguiré gritando una y otra vez que te amo, si es a ti, no tengo miedo de hacer una promesa. Tú las has cumplido todas para mí…

-¿Ah sí?- dice Blaine, con ganas de abrazarte para no soltarte jamás.

-Sí…- dices tú- cuando éramos niños me dijiste que tu corazón siempre sería mío y lo sigue siendo. Yo te dije que viviríamos juntos, porque eso hacen las personas que se quieren como yo te amo a ti. Por eso yo quiero renovar esas promesas y ofrecértelas a ti, eso es lo que quiero.

Blaine sonríe con toda la luz de las estrellas resplandeciendo en sus labios y tú vuelves a recibirlo en tus brazos otra vez, sin poder evitar que los dos rueden en la cama y que Lego se les una en una confusión de besos, caricias y pelaje gris sobre sus estómagos.

La música de la fiesta de Hailey sigue entrando por la ventana pero como desde siempre ha sido, el latir del corazón de Blaine Anderson, los besos que el pelinegro sigue dándote como muestra de lo feliz que lo ha hecho tu respuesta, siguen siendo, hoy y siempre, tu mejor canción.

No, efectivamente, al lado de Blaine, ya no puede existir el silencio porque mañana por la tarde, el universo entero te escuchará prometer en un grito que pase lo que pase, tu vida estará siempre llena de esa música que sólo tú y Blaine son capaces de crear, una canción capaz de conjurar de sus vidas el menos atisbo de soledad…


Canciones:

Feels like home- Edwina Hayes

Lego house- Ed Sheeran

NdA: Uno más y la casa estará lista. En serio gracias por haberme acompañado hasta acá :3