Este capítulo ansiaba escribirlo desde hacía muchas semanas. Me pareció un capítulo muy lindo y además con mucho AcexLuffy. Espero les guste. Por favor no se olviden de comentar.
-14-
A costa de mi vida.
Los ojos de Teach y Ace se cruzaron bajo las luces tambaleantes del techo de aquellos muelles ocultos al sol. El regordete hombre pareció analizarlo de pies y cabeza, buscando similitudes entre él y el hijo adoptivo de su enemigo. Cuando no encontró ninguna miró a Portgas con un aire de incredulidad y repentinamente… rio.
—¡Esto sí que es extraño! – masculló con algo de burla de alborozo. —Bien, bien… - recargó sus muñecas en sus caderas e infló su pecho con gracia. —Hermano de Sabo, ¿Amm, cual era tu nombre? Ah, sí… Ace. – sonrió, su dentadura era quizá la más imperfecta que había visto Hiken, pero aun así se guardó el impulso de reírse de él, pues la situación era demasiado seria como para hacer eso.
—¿Quién eres tú? – preguntó el muchacho.
—Me llamo Marshall D. Teach. Ah, cielos. – farfulló después. —Te he dicho mi nombre completo, que tonto soy. – suspiró con algo de resignación. —Bueno, no creo que importe. – sonrió con astucia, estaba planeando algo. —No saldrás de aquí, después de todo, si eres hermano de Sabo-kun tendría que matarte, ya que si lo mato a él entonces tú… ah, es confuso, pero creo que entiendes. – se rascó la cabeza puesto que se había confundido a sí mismo.
—Tu nombre me suena… - no obstante Ace había ignorado sus palabras.
—Soy un importante empresario. – jactó sin poder evitarlo. —Seguro ya eres mayor de edad, por lo que debiste haber bebido la deliciosa cerveza "Kurohige" – al igual que con Newgate, la cerveza de Teach tenía su mismo apodo.
—¿Kurohige? – Ace no parecía complacido. —¿Hablas de esa horrible cerveza insípida?
—¡¿No es insípida?! – ese comentario lo irritó, pero no era para menos. Teach había vivido siempre bajo la sombra de Barbablanca y estaba cansado de las críticas constantes. —¡Y no creo que sepas diferenciar de lo verdaderamente bueno!
—Claro que sí. – Ace frunció el ceño. —No me gusta mucho beber pero en ocasiones lo hago. Prefiero la cerveza "Shirohige", esa sí tiene buen sabor.
—¡Cállate, estúpido! – sacó el arma para amenazarle. —Me he cansado de discutir contigo. – apretó el mango con fuerza. —Dijiste que protegerías a este viejo con tu vida. Pues bien, será mejor que no te arrepientas. – disparó pero no dio en el blanco. Ace tenía la agilidad pura de un atleta y sabía en el momento preciso que Teach estaba preparado para accionar el gatillo.
Kurohige no supo exactamente cómo y cuándo pero sintió un golpe tremendamente poderoso en su estómago. Ace era más que un luchador, era excelente y sus capacidades de pelea iban más allá que las de Luffy; el de su mundo, claro. Teach retrocedió adolorido y no se esperó el remate en su mejilla izquierda con los dos puños de Ace. Intentó darle con su brazo derecho, pero Ace lo esquivó sin la menor preocupación, después le arrebató el arma y la lanzó algunos metros, Marshall había quedado sin su precioso recurso y ahora tendría un duelo a puño limpió con Ace.
Ace le propinó una serie de golpes como si Teach fuera un saco de boxeo, incluso tuvo la dicha de darle un rodillazo tan potente que el hombre de la barba negra retrocedió si aliento e incapaz de pelear. Era claro que el Barbanegra de este mundo no era un experto luchador, o al menos eso aparentaba. Ace estaba entrenado, Teach… bueno, quizás no cómo hubiese querido.
El maleante se arrodilló en el suelo mientras escupía mucha saliva y tenía arcadas. Ace entrecerró los ojos y le miró desde arriba.
—Dame las llaves de las cadenas. – le ordenó con voz dura.
—Sobre mi cadáver.- susurró Teach.
—Será un placer. – iba a darle otro puñetazo desde arriba pero no espero este resurgir por parte de Barbanegra. Le sujetó el puño con precisión y apretó sus nudillos con claro fastidio. Ace intentó quitárselo pero el agarre era muy macizo. Intentó darle con el otro puño y Teach volvió a detenerlo; lentamente el cuerpo del empresario, siendo más alto que Ace, se emparejó con él y sostuvieron un duelo de fuerza.
—Eres bueno. – escupió un poco de sangre. —Pero sólo estábamos calentando, niño.
—¿Ah sí? – Ace sonrió emocionado, tenía mucho tiempo que no encontraba una pelea tan interesante. —¿Tomaste tu segundo aire?
—Y desearás que no fuera así. – gruñó.
…
Un puño muy pesado se incrustó en el estómago de Sabo mientras él golpeaba el rostro de Doflamingo. Los dos rubios se separaron un momento y se miraron para después saltar sobre el otro. Sabo se agachó y evitó un golpe para soltar dos patadas al aire las cuales fueron detenidas por los brazos del mafioso.
Era una pelea pareja pero en momento Sabo perdía el equilibrio o la ventaja que le otorgaba su juventud. Si bien Joker no era precisamente muy joven, podía moverse como un gimnasta profesional, la elasticidad de su cuerpo y la fuerza con la que podía dar patadas y puñetazos dejaba convencido a Sabo que quizá tendría que haberlo pensado dos veces para desafiarlo.
Ni hablar.
Se agachó para evitar un gancho y después se dio una pirueta hacia atrás, donde aprovechó para mover sus piernas hasta Donquixote, las cuales fueron perfectamente evitadas. Sonrió desafiante y se dirigió a él con mucha potencia, le dio de lleno en el pecho con el antebrazo y lo obligó a recostarse bruscamente en el suelo. Una vez ahí le tomó del cuello.
—¿Y ahora qué, Sabo-kun? – sonrió complacido. —¿Piensas que un herido puede ganarle a alguien completamente sano? – miró sus vendajes que sobresalían de las mangas de su chaqueta.
—¿Y a ti qué te importa? – masculló difícilmente por el agarre.
—No suelo ser descortés con mis oponentes. – ante el desconcierto de Sabo lo levantó limpiamente desde el suelo y lo apretó sin nada de escrúpulos que de la nada su vista comenzó a borrársele. Doflamingo lo lanzó contra el suelo y a Sabo le costó un rato recuperarse.
Cuando intentó levantarse Joker le pateó justamente en las costillas y Sabo escupió saliva con alternaciones de aire, se removió atónito mientras intentaba arrastrarse lejos del mafioso, aquello sólo fascinaba más al rubio mayor.
—¿No estás siendo muy lastimero? – lo tomó de una pierna y lo arrastró contra él, después le hundió la planta del pie en su estómago y Sabo exclamó dolorosamente con sangre. El chico se revolcó dolorosamente en el suelo y sostuvo su boca fuertemente para no vomitar.
Joker comenzaba a cansarse de eso.
—Mmm… - suspiró un poco fastidiado. —Pensé que con todas esas amenazas podrías durar un poco más, después de todo, estabas aquí para vengarte o algo así. – levantó el asiento maltrecho que anteriormente había roto el chico y se sentó con aires de decepción.
Sabo estaba en el suelo y ya no se movía. Respiraba y tenía los ojos abiertos, pero estaba claro que no podría levantarse. Doflamingo lo miró con un poco de desprecio. Bufó decepcionado cuando supo que el duelo no duraría más.
Su teléfono personal comenzó a sonar.
—¿Qué pasa?
—¡Doflamingo-sama, estamos en problemas! – exclamaba uno de sus hombres. —¡Son los marinos, están aquí y estamos en medio tiroteo con ellos!
—¡¿Lo marinos?! – no pudo evitar sonar preocupado. —¡¿Cómo se enteraron de que estábamos aquí?!
—¡No lo sé señor! Pero estamos totalmente rodeados, es cuestión de tiempo para que agotemos nuestras fuerzas. – ciertamente no estaban preparados para un enfrentamiento bélico con la Marina, por lo menos no ahora.
—¡¿Quién los comanda?!
—¡El Vice-Almirante Garp, señor! – y escuchó el sonido de las balas.
—Monkey D. Garp. – apretó los dientes. —Ese maldito entrometido… acabaré con él. – se levantó e ignorando a Sabo pasó de largo de él, iría al campo de batalla.
Pero no pudo avanzar mucho, pues sintió que le apresaban férreamente de tobillo. Sus ojos se encontraron con los de Sabo y en medio de lo que pensó sería una fantasía bizarra, Sabo se levantó y lo haló de la pierna hasta tumbarlo en el suelo, luego, con la misma fuerza que él mismo había usado contra él, el chico lo levantó de la pierna y lo mandó contra unos barriles que estaban cerca. Sabo limpió la sangre de su boca y se levantó para otro asalto.
—Tu pelea es conmigo, Doflamingo. No te atrevas a involucrar al viejo Garp en esto.
—¡Mocoso! – se levantó para sacudirle la tierra y astillas de su espalda; estaba más que tenso. —¡Acabaré con tu patética existencia de una vez!
Lo embistió como un toro enfurecido. Sabo se tranquilizó, sabía que de nada serviría violentarse antes de tiempo. Cuando Joker estuvo a punto de golpearlo su cuerpo se meció sutilmente y la embestida de Doflamingo se perdió en el aire. Sin tiempo que perder su codo se clavó en uno de sus costados y el mafioso dejó escapar todo el aire de sus pulmones. Así, sin poder esperar más tiempo, se volteó y le dio un golpe seco en la nuca haciendo que Doflamingo cayera el suelo más adelante.
Le costó unos segundos levantarse, le miró muy enojado.
—¿Te has vuelto ágil de repente? – limpió un rastro de sangre de su labio inferior.
—Creo… que tú te has vuelto predecible.
—Será mejor que tengas cuidado con lo que dices. – se levantó y tronó sus nudillos. —No tengo tiempo que perder.
…
—¡Miren eso! – dijo Usopp, quien miraba con unos binoculares que su padre le había regalado y que la mayoría del tiempo traía consigo.
—¿Qué? – protestó Sanji mientras intentaba acabar su raspado de fruta tropical. Estaban en un establecimiento de postres no muy lejos del puerto Minato. Después de que Luffy y Zoro se hubiesen esfumado se sintieron más seguros de ir a comprar un postres sin que el moreno se comiera todo, tal como lo había hecho en el restaurante.
—Han pasado una gran cantidad de vehículos militares, con sirenas y todo. Creo que se trataba de la Marina y la Milicia. – intuyó el tirador, pues no podía enfocar muy bien. —Han cerrado la calle, me pregunto que estarán haciendo en el puerto.
—¿Será un ejercicio de entrenamiento? – Nami se encogió los hombros con un aire despreocupado. —Bellemere-san dice que de vez en cuando la Marina hace ese tipo de cosas.
—¿Tú queridísima madre, Nami-swam? – Sanji le miró con dos enormes corazones en los ojos.
—Amm, sí.
—¿Tú madre fue una marine, no? – preguntó Usopp, mientras sorbía su bebida.
—Sí, pero no estuvo mucho tiempo en servicio. – ella comía un poco de helado de vainilla.
—Oigan… - después de una pausa Usopp palideció. —Creo… que acabo de ver a… - estaba mirando el techo de unos edificios que estaban un poco alejados del puerto y que además se veían perfectamente.
—¿Qué sucede, Usopp? – Nami se interesó por su tono de voz pávido.
—Es… es… ¡Luffy!
—¡¿Qué?! – los muchachos se levantaron para tocar los catalejos del muchacho de nariz larga.
—Vaya… pareciera como si… volara. – dijo Sanji.
—¡Déjame ver! – Nami le arrebató la herramienta y se fijó. —¡Zoro está en su espalda!
—¡¿El marimo?! – Sanji soltó una risa. —¡¿Qué diablos están haciendo esos dos?!
—No lo sé. – Nami se levantó. —Pero creo que es algo que no deberíamos perdernos.
…
Zoro se afianzó con más fuerza, pasando sus brazos por el pecho de Luffy y cerrando los ojos al momento que el moreno saltaba por los techos de los edificios. Se encontraban en las cercanías de los muelles, debido a que Zoro sugirió que tal vez lo mejor era tener una vista panorámica, Luffy lo enganchó a él y saltaron a los techos. La fuerza y la elasticidad de los músculos de Luffy eran tan poderosos que le permitían saltar grandes distancias, por lo que en este momento se encontraban de casa en casa, donde Zoro era el guía.
—¡Debe ser por acá! – señaló el muchacho de cabello verde y Luffy le obedeció saltando hacia donde apuntaba. —¡Ve derecho!
—¿No pasamos por aquí ya? – el moreno tenía un sentido de la hubicasión bueno, debido a que su haki de observación le ayudaba a sentir la presencia de las cosas a su alrededor, pero cómo Zoro "conocía" los alrededores prefirió confiar en él.
—No… creo que… ¿Ya estuvimos por allá?
—No sé. – Luffy comenzó a alejarse del puerto y a dar vueltas en círculos. Parecía una pulga saltando de un lado a otro.
—Sigue por allí… - señaló Zoro. —No debemos estar lejos…
—¿Estás seguro?
—Tú sólo sigue.
—Está bien. – saltó una vez más, era una suerte que estuviera cayendo la tarde por que las personas se encontraban normalmente en sus casas o descansando, de lo contrario posiblemente los hubieran visto saltar de un lugar a otro y se hubiera armado un escándalo. Saltó unos techos más y se detuvo en seco. Sus ojos analizaron los alrededores como si acabara de sentir la presencia de un animal salvaje.
—¿Qué sucede? – Zoro bajó de su espalda, se sentía mareado.
—¿No sientes como sí…? – sus ojos se enfocaron sin saber por qué en una fábrica abandonada que estaba no muy lejos de donde estaban parados.
—¿Luffy?
—Los encontré. – se acercó al filo del techo. —¿Qué son esas cosas?
—Son autos militares. – le dijo Zoro. —¿Qué estará pasando allá? Parece que la Marina rodeó por completo ese lugar.
—Están peleando. – dijo Luffy con dureza. —Escucho el sonido de las balas.
—Yo también. – asintió Zoro.
—Ace y Sabo están ahí. – y sin darle tiempo de decir algo Luffy desapareció de su vista para saltar por los techos.
—No cabe duda de que es muy fuerte. – reflexionó Zoro. —Pero… ¿Por qué diría que sus hermanos se encuentran allá?
Lo que Zoro no sabía es que Luffy poseía la habilidad del Haki de observación.
...
Ace ajustó un golpe directo en la barbilla de Teach y el hombre, algo mareado retrocedió para llevarse las manos a la boca. No le costaba nada quejarse de vez en cuando del dolor que sentía. No solía reprimirse.
A pesar de que cuando Kurohige se levantó y comenzó a pelear a la par de Ace, la condición del muchacho era notoriamente mejor que la suya, un hombre que pasaba el resto del tiempo comiendo pasteles de frambuesa y bebiendo cerveza. Ace en cambió, le gustaba salir y entrenar, habitualmente con Luffy.
Teach embistió como un animal enloquecido a Ace, pero el muchacho era más listo y lo evitó de un salto. Sin embargo, Barbablanca alcanzó a tomarlo de un hombro y le clavó los dedos en la piel; el muchacho iba a propinarle un buen golpe por su atrevimiento, pero inmediatamente sintió que le daban un golpe potente sobre el hígado, el cual fue doloroso. Se encogió en las manos de Teach y cuando estaba a punto de recibir otro golpe parecido flexionó su cuerpo en un salto gracioso lo cual le dio la oportunidad de escapar de su agarre. Marshall falló su izquierdarzo y giró por la fuerza empleada, dándole la espalda sin querer al chico.
Ace le pateó la columna lumbar con sus botas y Teach se enderezó sorpresivamente ante el dolor y la fuerza del golpe que le enderezó las vértebras. Ace giró sobre sí mismo y le incrustó su talón derecho en el flanco izquierdo, Teach cayó al suelo con un dolor opresivo y sordo en su barriga.
—¡Ah, maldito seas! – no quería admitirlo, pero en realidad estaba fuera de práctica. Solía ser un muchachón muy bárbaro cuando joven. Cada vez que lo retaban a una pelea se las arreglaba en usar sus músculos y peso corporal para aplastar a su oponente, pero ahora, siendo mayor y más gordo, le costaba mantener el ritmo de Ace.
El panorama era diferente a cuando Ace y Teach se enfrentaron en isla Barano. Era obvio que en ese tiempo Kurohige estaba más habituado a las batallas, tenía los poderes de una fruta del diablo y además conservaba conocimientos de combate que había perfeccionado por años en la flota de Shirohige… pero ahora… no era más que un hombre cansado y abrumado por la fuerza de un oponente claramente más sano y joven que él.
Shirohige sonreía complacido. Ese muchacho era muy fuerte y su estilo de pelea era muy parecido al de Sabo, no cabía duda que ellos habían estado muy unidos cuando niños.
Ace no solía quejarse cuando peleaba, pero los golpes que Teach había logrado atinarle eran agobiantes. El hombre tenía músculos duros que, al usarlos y enfocarlos podían causar gran daño. Estaba seguro que de no ser porque entrenaba y había desarrollado tolerancia a los golpes (gracias a Garp) habría caído a los primeros puñetazos.
Lentamente y con pesadez el hombre de la barba desaliñada se levantó para encarar a Ace. Limpió su boca, la cual sangraba, seguramente Ace le había roto algunos dientes. Tragó saliva. Si intentaba pelear contra el muchacho, a expensas de que pudiera darle más golpes, no sería suficiente, sospechaba que el chico era más resistente de lo que aparentaba. Inmediatamente dirigió su vista al arma que estaba a la sombra de unas cajas, lejos de él. Si intentaba llegar donde ella el chico le patearía el trasero antes de hacerlo. Tendría que ser más inteligente si quería ganarle. Tal vez si lo hacía enojar y sacarlo de quicio se volvería predecible…
—Bien, bien… - suspiró. —¿Cómo es que Sabo-kun y tú son hermanos? – necesitaba inventarse algo primero. —Él pelea como una niñita.
—Dudo mucho que te hayas enfrentado a Sabo. – pero Ace simplemente no caía.
—¿Eso crees? Te diré una cosa. – se cruzó de brazos. —¿Cómo sabes que tu hermano no está muerto ahora?
—¿Qué has dicho? – y dio en el blanco. Si había algo que Ace no soportaba era que se rieran de las personas que amaba.
Tal como en Marineford.
—Vine a este lugar a matar a Shirohige por qué me había encargado del chico. Lo maté con mis propias manos. – se carcajeó. Ace comenzó a sentir que sus humos subían de tono.
—Malnacido. – comenzó a acercarse a paso firma, preparando sus músculos para una buena paliza.
—¡No le hagas caso! – gritó entonces quien sería su capitán en el mundo de Luffy. —¡Sabo está a salvo, él sólo quiere engañarte!
—¡¿Y tú qué sabes, Newgate?! – se burló Teach. —¡¿Cómo puedes asegurar que no lo he matado ya?!
—¡Vas a desear haber cerrado la boca! – Ace llegó a su encuentro antes de que lo supiera y con el brazo extendido le atinó un golpe devastador en la boca, lo que hizo que Teach saliera disparado contra una pila de cadenas, cuerdas y vigas.
Portgas comenzó a acercarse con un aire pesado y molesto. Teach emergió de las vigas con todo el cuerpo magullado, observó la figura temible de Ace que se acercaba para propinarle una buena tumba por hablar estupideces. Cuando se dio cuenta que sus músculos estaban cansados y que resistir más golpes por parte de Ace sería inevitable intentó idear algo.
—¡Te romperé la cara! – Ace comenzó a correr donde él, listo para impactar su puño en su rostro. A Teach se le acabó el tiempo y se puso tenso para recibir el golpe final. —¡Me las pagarás! – escuchó a Ace y cerró los ojos.
Esperó un segundo, dos, tres, cuatro, cinco… abrió los ojos para ver qué diablos pasaba y por qué no le había golpeado. Tanto él como Edward Newgate se quedaron sorprendidos cuando contemplaron el cuerpo de Ace en el suelo. El chico había caído sorpresivamente, sin ninguna causa aparente.
—¿Está… dormido? – Shirohige entrecerró los ojos.
—¿Narcolepsia? – articuló Teach, con el mismo pensamiento que el viejo. —¡No puedo creerlo!
—¡Chico, levántate! – gritó Shirohige, si Ace no se despertaba pronto algo malo le pasaría. —¡Despierta, niño!
—Muy tarde, Shirohige. – Teach se levantó y tomó una cadena. —Mandaré a este chico al fondo del mar. – ató la cadena a una viga muy pesada que estaba en la orilla del muelle y después empezó con el pie de Ace.
—¡No te atrevas a tocarlo, desgraciado! – Shirohige se esforzó en liberarse una vez más, pero estaba tan herido que no podía hacer mucho.
—Sólo mírate, Shirohige. Me das pena.
—Véngate conmigo pero deja a ese muchacho en paz.
—De ninguna manera. Este chico me golpeó como nunca nadie lo había hecho. Además juró protegerte por su vida. Voy a darle el gusto de morir por ti.
—¡Teach, no te atrevas…!
—¿Y qué vas a hacer? – le desafió. —¿Golpearme?
—Él no, pero yo sí. – sus ojos se ancharon horrorizados cuando escuchó la voz de Ace. Lo miró y recibió un puñetazo en la nariz. Kurohige retrocedió con ambas manos sobre su nariz, deteniendo el sangrado y reacomodándosela. Ace se levantó perezosamente del suelo, como siempre pasaba cuando se quedaba dormido.
—Maldición, me quedé dormido. – rascó sus ojos con ambas manos, para quitarse la pereza.
—¡Hijo de perra! ¡Dios, cómo duele! – se removía con la nariz rota el granuja regordete.
—¿En dónde nos quedamos? – Ace subió los puños a la altura de su pecho, pero se desconcertó cuando Kurohige empezó a reír.
—Has sido un oponente muy molesto. – comenzó a caminar hacia unos barriles y vigas pesadas que estaban en la orilla de uno de los muelles.
—¡Chico, cuidado! – gritó Shirohige cuando se dio cuenta de lo que quería hacer.
—¡Nos vemos en el infierno! – empujó la viga y ésta cayó al mar, inmediatamente Ace observó la cadena que estaba atada y que se hundía rápidamente.
—Oh no… - no alcanzó a decir otra cosa porque Hiken cayó al suelo y con un desconcierto latente cayó al agua para hundirse sin poder evitarlo.
—¡No! – Shirohige removió la pared una vez más. —¡Teach! – gruñó pastosamente.
—Ah… - se quejó con cansancio. —Ese muchacho me causó muchos problemas. – escuchó el retumbo de las cadenas que Newgate halaba desesperadamente para liberarse. —Tú haces mucho ruido. – caminó hasta la pistola. —Pero bueno, cuando termine contigo este lugar será tan pacífico como el fondo del mar. – soltó una carcajada al mencionar lo último. —Te reunirás con ese muchacho. – le apuntó, esta vez al corazón.
—Vas a caer Teach, pagarás por lo que has hecho. – amenazó el anciano.
—¡Oh, cállate! No me gustan tus regaños… sabía que eras un gruñón pero no que fueras sumamente irritante. – pasó una mano por su nariz para limpiar algunos rastros de sangre.
—Teach… - volvía a nombrarlo con una voz profunda y molesta.
—A partir de ahora seré Marshall D. Teach, el nuevo dueño de tu cervecería. Deséame suerte. – se preparó para disparar.
Pero entonces, de nuevo y a su pesar, escuchó una voz sumamente agresiva que se adentraba en la habitación por el techo. Miró desconcertado y la superficie se destrozó dándole paso a lo que pensó era un misil. Mucho polvo y polillas revolotearon cuando el impactó sucedió. Los dos empresarios abrieron los ojos incrédulos, cuando del polvo y las estacas rotas de madera emergía una figura humana.
—¡ACE! – el gritó resonó en todo el subterráneo. —¡SABO! – gritó nuevamente Luffy. Luego se percató de que no estaba solo. Cuando la tierra se asentó se encontró cara a cara con la imponente silueta de Shirohige. Le reconoció enseguida.
—Mocoso… ¿Cómo fue qué…? – las palabras de Newgate se atoraron en su boca cuando Luffy exclamó a todo pulmón.
—¡Ah, ese el viejo Shirohige! – le apuntó. —¿Pero qué te ha pasado? ¿Estás herido? ¿Necesitas ayuda? – miró la sangre en su cuerpo y las cadenas. —Te liberaré.
—¡Alto ahí! – Teach lo detuvo. —¡¿Quién eres tú?! ¡¿Es que están lloviendo adolescentes del cielo?!
—¿Ah? – Luffy dio media vuelta y encaró a Kurohige. Al verlo su expresión se transformó por completo. —Kurohige. – susurró con sentimientos encontrados.
—Veo que has escuchado de mí. Déjame adivinar, ¿Eres otro hermano de Sabo?
—¿Conoces a Sabo? – miró a todos lados. —No lo veo por aquí pero siento su presencia… ¿Y Ace? Hace poco sentí que estaba cerca.
—¿Te refieres a un mozo alto, moreno y que tiene problemas de narcolepsia? – describió con maldad el villano.
—Bueno, Ace es alto y moreno, pero no sé qué es lo último que dijiste.
—Es muy bueno peleando, ¿No?
—Así es. – Luffy sonrió.
—¿Son hermanos?
—Aa, es mi hermano mayor.
Ante lo dicho Teach sonrió.
—Oh, lo lamento mucho. Está muerto. – un silencio espeso se hizo en la habitación.
—¿Qué? – Luffy parecía calmado, pero en realidad estaba muy tenso.
—Acabo de lanzarlo al mar, jamás podrá salir de ahí. ¡Ja, ja, ja, el chico se ahogara!
—¿Ace está… en el mar? – miró el agua con algo de miedo. —¿Venciste a Ace?
—¡Lo mate! – corrigió. —¡Y ahora está en el fondo del agua! ¡Morirá ahogado! – le apuntó con su pistola. —Y no hay nada que puedas hacer al respecto. Si intentas proteger a Shirohige de mí tendrás la misma suerte.
—¿Muerto? – musitó Luffy, una sombra cubrió sus ojos. —¿Ace está… muerto? – alzó la cara y fue como verle los ojos al demonio.
Luffy no solía enojarse a menudo. Es decir, molestarse enserio. La ira no era un sentimiento común en él, a menos que le provocaran. Luffy jamás había sentido tanta ira en su vida. El sólo pensar que Ace había vuelto a caer en las manos de Kurohige lo volvía loco; pero más, el saber que había dejado que sucediera de nuevo.
—¡Kurohige! – rugió como una bestia colérica. Su cuerpo enteró se tensó y no fue necesario mencionarlo; el Gear Second se activó por sí solo. Al ver el resplandor carmesí y el espeso vapor que se desprendía del cuerpo del chico, Teach retrocedió estremecido.
—¿Qué cosa eres? – musitó y sus manos comenzaron a temblarle.
—¡Acabaré contigo! – Luffy le miró con un sentimiento asesino, el esqueleto entero de Kurohige se echó a temblar.
—¡No te me acerques! – le disparó en total cuatro veces hasta que su arma se quedó vacía. Las balas rebotaban en su cuerpo sin hacerle daño.
—Las balas no le hacen daño. – musitó estupefacto Shirohige cuando lo vio.
—Esta vez…- murmuró Luffy, colérico. —¡No permitiré que escapes!- desapareció de la vista de Teach y apareció a su lado. —¡Gomu Gomu no…! – todo pasó muy rápido. —¡Jet Pistol! – la escena de Impel Down se repetía y la sangre volvía a fluir por la boca del empresario, sólo que ahora la garantía de que pudiera resistirlo era cero.
¿Pueden imaginarse la fuerza de un Jet Pistol en un humano normal? Se supone que el Gear Second aumenta la fuerza de Luffy estrambóticamente, más después de dos años de entrenamiento duro; ahora bien, la primera vez que Luffy había golpeado a Kurohige en la gran prisión fue suficiente para casi noquearlo, un golpe en un humano sin habilidades ni resistencia sería fatal.
Los ojos del maleante se torcieron hasta quedar en blanco y un pujido claro salió de su garganta. Sus pies abandonaron el suelo y se elevó hasta chocar con una balsa que estaba encañada en uno de los muelles; y por si fuera poco, debido a la potencia con la que Luffy lo había golpeado, el bote se sacudió entero y salió disparado hacia el exterior por el gran impulso con el que viajó Teach.
Luffy aún tenía los puños muy apretados. Su corazón no dejaba de bombear sangre y su rostro estaba deformado en una mueca de ira pura. Los dientes le castañeaban y estuvo tentado a ir hacia Teach y asegurarse de matarlo… pero no era su estilo. Además entendía el concepto de que era muy fuerte en ese mundo, ese golpe habría sido suficiente para dejarlo en coma.
Lentamente y ya desactivado su Gear, se volvió a Shirohige y exhaló una gran cantidad de vapor. Estiró sus brazos y cabeza hasta llegar a las cadenas y las rompió con los dientes como si se tratara de algo sumamente delicado. Barbablanca estaba más que impactado. Sobre todo por la fuerza y la extraña capacidad del muchacho de estirarse.
—¿Ace, dónde está? – pidió con una voz seria y ensombrecida.
—Está en el agua. – miró el mar.
—Entiendo. – corrió a la orilla del muelle. —¡Ace! – se lanzó sin la mayor precaución, había actuado de nuevo por instinto.
Pero cuando se vio cubierto por el agua su cuerpo comenzó a debilitarse inmediatamente. Alcanzó a ver a su hermano en el fondo. Estaba intentando inútilmente zafarse de una cadena que tenía atrapado su pie. Abrió la boca para emitir un sonido, pero en lugar de eso el agua entró en él. Los ojos de Luffy comenzaron a perder la vista y sus brazos, estirados para alcanzar a Ace se hicieron más flácidos. Finalmente su cuerpo entero se quedó inmóvil y comenzó a hundirse.
Ace lo vio entrar y cuando comprobó que Luffy había dejado de moverse y no luchaba por nadar recordó lo que le había dicho que debido a su Akuma no Mi, no podía nadar y por lo tanto, cuando lo sacó del lago del parque, realmente le había salvado la vida. Entró en pánico cuando se dio cuenta que se hundía lentamente. Se esforzó por nadar hasta él y sujetarse, también por liberarse, pero no pudo. Alargó sus brazos hasta tomar el cuerpo de Luffy que descendía sin interrupciones al fondo.
Lo sacudió varias veces para hacerlo reaccionar pero el chico simplemente no respondía. Se asustó, Luffy moriría si no hacía algo. Probó de nuevo con la cadena pero ésta no cedió. Entrecerró los ojos cuando el aire comenzó a hacerle falta. Ya no podía retener más tiempo la respiración. Miró a Luffy en sus brazos y sintió una punzada en su corazón. No podía permitir que él muriera, cómo su hermano mayor no podía.
El aire escapó de sus vías respiratorias cuando ya no fue capaz de retenerlo. Los estragos de la anoxia comenzaron a atormentarlo. Se sintió desesperado, el agua entraba poco a poco por su boca y nariz, se ahogarían juntos si no hacía algo. Pero entonces, como si se tratara de una ilusión, antes de quedarse inconsciente alcanzó a ver una gran figura que se dirigía a ellos.
Shirohige había entrado al agua para rescatarlos. Al darse cuenta que no emergían a la superficie se preocupó y se lanzó al agua a pesar de sus heridas. Tomó la cadena de Ace y jaló de ella para liberarlos, pero parecía que no lo lograría. Los miró y se encontró con que ambos no se movían, estaban flotando a merced del mar. Se desesperó y apretó las cadenas en sus manos hasta lastimarse y dejarse moretones.
La fuerza del hombre era superior a Ace ya que rompió las cadenas súbitamente después de aplicar toda su capacidad muscular. Al liberarlos los tomó entre sus brazos y subió con ellos. Manchas de sangre se desprendía de sus extremidades, por los orificios de las balas. Se aferró de los tablones de un muelle y emergió con ambos chicos.
Atendió primero a Ace, comenzó a reanimarlo y en cuestión de segundos el moreno mayor reaccionó. Tosió y se volteó bocabajo para escupir el agua salada. Lentamente recuperó el aliento y la vista. Miró a Shirohige, el cual jadeaba igual que él.
—Gracias. – susurró con fatiga.
—No me agradezcas, hay que atender a tu hermano.
—Es cierto. – se volteó inmediatamente donde él y lo sacudió de los hombros. Al ver que no respiraba ni reaccionaba comenzó a reanimarlo. Empezó a presionar su esternón y le dio insuflaciones.
Pero… Luffy no reaccionaba. Ace comenzó a desesperarse.
—Vamos, Luffy, vamos. – siguió dándole RCP mas no consiguió respuesta. —¡Luffy! – comenzó a gritar con horror. —¡Reacciona, vamos, reacciona! – le dio insuflaciones pero el usuario de la Gomu Gomu siguió inerte. Ace se volteó a Shirohige para pedirle ayuda, pero él estaba tan estático y asustado que no reaccionó. Miró a Luffy, comenzó a hiperventilar por el miedo, su corazón estaba tan acelerado que creyó que se le saldría por la garganta.
—No puede ser que esté... – sugirió Barbablanca, mas Ace no lo escuchaba, pues se sumió sobre Luffy y comenzó a pegarle con ambos puños en el tórax.
—¡Vive! – le ordenó temeroso. —¡Vamos, Luffy, vive! – siguió dándole, sintió el escozor de lágrimas desesperadas en sus ojos. —¡Maldita sea, Luffy, no puedes dejarme así! – golpeó de nuevo. —¡Respira! – le dio tan fuerte que el cuerpo del moreno menor se convulsionó y con ella expulsó una gran cantidad de agua. Ace se detuvo y lo ayudó a volearse hacia abajo, sus lágrimas se convirtieron de tristes a felices. Luffy había reaccionado.
Vomitó demasiada agua y también tosió descontroladamente. Cuando recuperó la noción del tiempo y espació miró a todos lados, se sentía mareado.
—Luffy. – al escuchar la voz de su hermano se volteó para encararlo, pero lo que vio lo dejó perplejo. Ace estaba llorando y lo hacía tan copiosamente que lo desconcertó.
Ace no era de los lloraban a menudo. En toda su vida sólo lo había visto llorar una vez; cuando se despidió de él y la vida lo abandonaba. Hiken solía ser fuerte ante todo, siempre firme en sus decisiones y nunca se arrepentía. Pero ahora la panorámica era totalmente diferente.
Sintió sus brazos alrededor de él y eso lo hizo temblar por dentro. Cuando Ace estaba vivo solían demostrarse su afecto de maneras simples. Eran contadas las veces que se abrazaban, y era Luffy quien las iniciaba, comúnmente las palmadas, los apretones de manos y sonrisas eran suficientes para mostrarse afecto.
Luffy tragó saliva. Cuando lo escuchó gimotear en su hombro.
—Ace. – retuvo su voz para que no sonara muy afectada.
—Luffy. – se apartó de él y lo tomó firmemente de los hombros, su rostro cambió a uno airado. —¡¿Qué creías que hacías?! – regañó. —¿Qué no te das cuenta que pudiste morir? No puedes nadar, tú mismo me lo dijiste, casi te ahogas y… ¡¿Es que no entiendes?! ¿Qué hubiera pasado si no hubieses reaccionado, eh? – apretó más su agarre, Luffy lo miraba en silencio. —Me asusté mucho. – Ace bajó el rostro. —Yo… no quiero… - dejó de hablar.
—Ace. – la voz de Luffy sonaba seria y melancólica. Realmente no tenía idea de lo significativo que era verlo así. Luffy cerró los ojos con parsimonia.
—No quiero lo hagas de nuevo. No intentes salvarme si eso significa que morirás por mí. No vale la pena.
Lo que dijo lo dejó perplejo. En realidad que Ace no entendía lo profundo que eran esas palabras para Luffy. Era justamente lo que intentó decirle cuando él estaba en la plataforma de ejecución. Cuando le dijo que no deseaba ser salvado por él, que sentía vergüenza de verlo luchar en su lugar. Lo que realmente quería decir Ace en ese momento era que no lo salvara a costa de su vida.
Pero en aquella ocasión Luffy se lo dejó claro…
¡No me importa lo que diga el código pirata! ¡Tampoco me importa nada lo que tú me digas! ¡Yo soy tu hermano pequeño! ¡Y te salvaré, así me cueste la vida!
Los recuerdos revivieron en el corazón de Luffy.
—¿Es que no te lo dije ya? – sus manos estaban temblando, Ace lo notó. —No me importa lo que tú digas… yo te salvaré, aunque me muera en el intento.
—Luffy…
—Ace. – acalló sus palabras. —Nunca digas que no vale la pena. – lo miró directamente, los ojos de Luffy se veían hinchados y rojos, como si fuese a soltar el llanto en cualquier segundo. —No podría soportar esas palabras… no de nuevo. – bajó la cabeza.
—¿Por qué lo dices?
—El Ace de mi mundo… - confesó, creyó que ahora podía decírselo. —Ya no está conmigo. – tras esa declaración Ace comprendió.
Claro. Ahora entendía aquella actitud tan humilde y alegra por parte de Luffy. El cariño que le profesó desde que lo sacó del lago era inmenso y aun poco agobiante. Por eso le había abrazado tan desesperadamente, por eso había llorado cuando le vio por primera vez.
—Lo siento mucho. – sólo eso fue capaz de decir.
—¿Recuerdas que te dije que estuve en prisión? ¿Recuerdas que te dije que participé en una guerra? – suspiró pesadamente. —El comandante que querían ejecutar… eras tú. – apretó los puños. —Tú moriste para salvarme. – su respiración se hizo irregular. —Me protegiste hasta el final. Mi querido hermano mayor.
—Luffy.
—Te debo la vida… en más de un sentido. Tú fuiste mi mejor amigo y luego mi hermano. Sólo éramos tú y yo…
—Pero, ¿Sabo…? – no pudo continuar al ver el perfil de Luffy. Negó lentamente con la cabeza. —Dios…él también. - suspiró cuando lo entendió.
—No soportaría verte morir de nuevo. Tenía que hacerlo, Ace. Quería protegerte, quería que tú vivieras… sólo por esta vez, quería salvarte la vida y agradecerte por todo lo que habías hecho por mí. – no pudo evitar unas pequeñas lágrimas que se derramaban por sus mejillas.
—Oh, Luffy. – colocó una mano en sus cabellos. —Perdóname.
—No, Ace. Perdóname tú a mí, por no haber sido lo suficientemente fuerte… por romper mi promesa…
—¿Pero qué dices? – sonrió de lado. —Si no fuera por ti… yo no estaría vivo. Me has salvado hoy… y siempre. Eres mi hermano pequeño y estoy muy agradecido contigo por todo lo que has hecho por mí. Gracias, Luffy. Te quiero mucho.
Y el menor no pudo resistirlo. Dejó salir sus lágrimas, aquella declaración lo había desarmado por completo.
—¡Ace! – lo abrazó inevitablemente y pegó su cara a su pecho, como un niño pequeño que busca consuelo. Ace le acarició la cabeza. —Yo también te quiero, Ace. Gracias por ser mi hermano mayor.
—¿Qué no lo dije antes? Yo siempre estaré contigo… aún después de la muerte.
—Aa… lo sé.
Claro que sí… ahora lo sabía.
Continuará…
Claro que sí. Eso estuvo muy tierno. Gracias a todos por leer. Espero que les haya dejado un buen sabor de boca como a mí. Y aprovecho este medio para decirles que este fic ha llegado a su final. Espero verlos en el próximo capítulo. Adiós.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
