DVA
Han pasado varias horas desde que Angela bajara y nos contara la verdadera razón de su traición. Había vendido a su escuadrón, a su familia... solo por su ambición. La sed de conocimiento y de ansias de experimentar, la habían llevado a entregarse a los brazos de Talon, que con su furia y arrojo habían conseguido darle lo que nosotros no le habíamos podido ofrecer. Ha ganado todo eso frente a todo lo demás. Incluso ha...
Cuando pienso en Lúcio automáticamente me doy cuenta del monstruo en el que Angela se ha transformado. Ha sido capaz de convertir a mi prometido en un ente entre la vida y la muerte que no es consciente de lo que hace. Jamás se hubiera puesto al servicio de Talon. Jamás hubiera querido hacerme daño...
Al cabo de unos minutos escuchamos como un grupo de efectivos de Talon baja hasta nosotros y blinda nuestras celdas, vigilándonos sin quitarnos los ojos de encima. Los guardias a los que Junkrat había abatido fueron retirados por algunos de sus compañeros, y subidos por las escaleras que conectan con los pisos superiores. A la espera de lo que vayan a hacer con nosotros, los ánimos flaquean y a nadie se le ocurre ningún plan. Nadie habla, en especial Ana, quién tras haber bajado por aquella trampilla se ha quedado en una especie de shock del que no es capaz de salir.
De pronto se escucha barullo en las escaleras y varios soldados de Talon caminan en grupo hacia nosotros portando un bulto que no logro distinguir qué es. Abren la celda en la que Symmetra, Jack y yo nos encontramos, y lo tiran sin cuidado. El sonido que hace al caer contra el suelo de piedra, es parecido al de una rama al romperse. Cuando vuelven a cerrar la celda, todos los soldados, incluidos los guardias que nos custodian, vuelven escaleras arriba sin mirar tan siquiera atrás. Estamos solos.
Me seco los restos de lágrimas que aún campan por mi rostro, y me acerco al bulto, que se mueve pesadamente al ritmo de una respiración lenta. Es una persona. Va vestida con un traje negro que parece de Talon, sin embargo está salpicado por colores que no le había visto a ningún soldado. Me atrevo a darle la vuelta, bajo la atenta mirada del resto de mis compañeros, que temen que sea alguien que conozcamos. Pero no lo es.
—¿Quién es?—pregunta McCree desde la celda contigua.
—Nadie que conozcamos—contesta Jack en mi lugar—es una chica. Me resulta... familiar.
—¿Está viva?—interviene Tracer.
Asiento, buscando su muñeca para tomarle el pulso. Respira, pero no sabemos en qué estado la han dejado los soldados de Talon. Antes de que pueda tocarla, la chica se despierta y mira hacia todas partes desorientada.
—¿Qué...? ¿Dónde...?
Todos la miramos. Tiene un extraño acento.
—Hola, me llamo...
Tiendo una mano a la chica, pero me mira recelosa y se aleja de mí todo lo que puede, pegando su espalda a la celda.
—... no te acerques a mí, Hana—contesta.
Mis compañeros pasan su vista de ella a mí con increíble rapidez.
—¿Nos conocemos?
—Tú a mí no me conoces, sin embargo yo sé todo de ti.
—¿Qué quieres decir?
Sonríe, mientras se atusa su largo pelo castaño, que lleva a un lado de la cabeza. El otro lado está rapado y lo recorren unos extraños cables de color morado que relucen en la oscuridad de la celda.
—Quiero decir que ya te he visto antes. Y a todos vosotros. Sé todos vuestros secretos... Así que más os vale mantener las manos quietas si no queréis empezar con la fiesta.
—¿Secretos? ¿Qué secretos?—pregunta furioso McCree.
—Como que te gusta guardar las balas que usas para terminar de construir el fuerte vaquero que estás haciendo detrás de el cobertizo donde guardáis vuestras viejas aeronaves.
El rostro de McCree adquiere un tono rojizo, pero no dice nada. O al menos se contiene para no hacerlo. Por su parte, la desconocida sonríe de nuevo.
—¿Quién eres y qué sabes de nosotros?—espeta Jack.
—Podéis llamarme Sombra—contesta con tranquilidad—nunca digo mi nombre real. Yo soy la que sabe los secretos, pero nadie conoce nada sobre mí. Era una antigua integrante de Talon... pero esos necios me han traicionado.
Widowmaker parece que alza su vista hacia ella, aunque no hace ningún comentario.
—¿Por qué?—pregunto incapaz de contenerme.
—Porque me he vuelto demasiado peligrosa—explica con suficiencia—conozco todos sus entresijos, sus planes, sus códigos... Imagino que consideraron que tanta información en malas manos, podría ser peligroso. No se fían de mí.
—¿Les has dado motivos?—me descubro preguntando de nuevo. Hay algo inquietante en esta chica, que a su vez me fascina.
—No. En Talon nadie confía en nadie, simplemente. El único que conoce absolutamente todo aparte de mí es Gabriel Reyes. Yo no era su mano derecha ni digna de su confianza, así que aquí me tenéis...
—¿Y no es más peligroso aún hacerte esto y tenerte en su contra?
—No. Porque el objetivo de meterme aquí dentro es callarme para siempre, claro.
Nadie dice nada ante su sentencia. No sabemos cuánto tiempo nos queda aquí dentro y lo único que sí tenemos en claro es que no sabemos como salir para librarnos de lo que nos espera. Las fuerzas flaquean ante nuestra inminente caída. No hay nada que hacer.
—Tú conoces bien todo esto, ¿no hay ningún modo de salir de aquí?—pregunta Jack, claramente preocupado. Nunca le había visto con tan poca determinación.
Sombra levanta la vista y sonríe, esta vez más ampliamente que antes. Parece como si hubiera estado esperando esa frase desde que entró en la celda y se frota las manos de manera inconsciente.
—A este punto quería llegar—dice por fin—todos queremos salir, pero ninguno lo hará si no colaboramos juntos. Entiendo que no queráis fiaros de mí pero... estáis desesperados y no os queda alternativa.
—Tú también nos necesitas, no te des tantos aires—ruge Symmetra—¿cuál es tu plan?
—Gracias a mis balizas puedo teletransportarme de un lugar a otro sin gran dificultad. Tengo una de ellas escondida en la azotea del edificio, donde se halla el contador eléctrico. Cuando me teletransporte hasta la azotea y lo accione no solo se irá la luz, sino que el dispositivo de las celdas y las puertas de los laboratorios se abrirá. Tenéis exactamente cuarenta segundos hasta que reaccionen y los que están en la planta más cercana suban a comprobar porqué se han bajado los plomos. Huid hacia el ala este y bajad hasta los sótanos, allí encontraréis uno de los ordenadores principales. Meted esto en el ordenador y aseguraos de que colapse, yo bajaré hasta vosotros intentando no ser vista. Si la cosa se pone fea, tendréis que ayudarme a escapar.
Sombra sostiene en sus manos un dispositivo USB. Ninguno pregunta nada acerca del aparato porque la explicación que había dado era suficiente: colapsaría los ordenadores de Talon y eso nos daría tiempo para reaccionar. No nos queda más elección que fiarnos ante la desconocida pues es la única que tiene un plan para escapar. Es la única manera.
Cuando todos se muestran de acuerdo con su idea, Sombra hace un gesto de despedida con la mano y desaparece de la vista. Symmetra lanza un pequeño grito de sorpresa mientras los demás miramos asombrados al sitio en el que Sombra ha estado segundos antes. Poco después, tal y como ha dicho, las luces se apagan y un ligero clic nos indica que la puerta de la celda está abierta.
Jack hace la señal y todos salimos de las celdas poco a poco. Junkrat está nervioso, y da saltitos a nuestro alrededor mientras intenta contener la risa. Los demás nos mostramos cautelosos e intentamos no llamar la atención y acertar en el camino que nos lleve a la sala de los ordenadores principales. Jack llega hasta la puerta de salida de aquel sótano y la abre despacio mientras una luz más ténue va colándose por la rendija. No hay nadie en los pasillos, aunque se escucha movimiento proveniente de los pisos de arriba. Ya están movilizándose para intentar descubrir que está pasando. Aunque los pasillos de esta planta son más luminosos que el sótano de las celdas, seguimos sumidos en la oscuridad. El aire está enviciado y es tan denso que cuesta respirar. Nos movemos mientras seguimos a Jack en fila india. Según las indicaciones de Sombra, si gira a la derecha estaremos por fin en el ala este. Jack gira y abre una de las puertas del nuevo pasillo por el que nos movemos. Pasamos en silencio en el momento en que la luz vuelve.
—Esta es la señal—advierte Jack—han devuelto la luz al edificio y no tardarán en bajar a comprobar si seguimos dentro de las celdas. Ahora que los ordenadores se han encendido, hay que meter el USB en el ordenador principal.
Saco el USB de mi bolsillo y hago lo que dice con toda la rapidez que puedo. El ordenador tarda en responder pero luego una luz morada cubre la pantalla y una extraña imagen de una calavera se queda fija en el centro. Segundos más tarde aparece una cuenta atrás de un minuto.
—¿Y ahora qué hacemos? ¿Qué va a pasar en un minuto?—refunduña McCree, nervioso.
—No vamos a quedarnos a averiguarlo—contesta Symmetra—larguémonos de aquí aprovechando la confusión o nadie saldrá vivo de esta.
—¡Claro que no vamos a salir vivos! ¡No tenemos armas!—gruñe McCree—este plan tenía agujeros desde un principio.
La puerta de la sala de los ordenadores comienza a abrirse y nos agachamos en un acto reflejo. El barullo que hay fuera es fuerte y va cobrando intensidad. Se acercan.
Alzo la vista a la pantalla del ordenador, quedan veinte segundos. La persona que ha abierto la puerta se mueve por entre todos los ordenadores, que se van encendiendo solos a su paso. Todos tienen la misma calavera morada en las pantallas. Quedan diez segundos.
Quién ha entrado a la sala tiene un arma, se escucha como llena su cargador y se prepara para disparar a quien haga falta. El contador de los ordenadores llega a cero y las luces se apagan, al igual que todos los ordenadores del lugar. Jack hace una señal para que nos movamos y lo hacemos deprisa. Pero la figura que hay en la sala además de nosotros... es más rápida.
—Tomad—dice la voz de Sombra.
Se escuchan suspiros de alivio.
—Casi nos matas—refunfuña McCree.
—Tranquilo, vaquero, vengo a salvaros—ríe Sombra y nos tiende un par de armas—es todo lo que he podido conseguir de camino. Afuera cunde el pánico, pero tenemos que salir de aquí pronto, es el primer sitio en el que vendrán a mirar.
Todos asentimos en la oscuridad y salimos detrás de ella. Aún no hay ningún soldado de Talon por el pasillo pero seguimos mostrándonos cautelosos. Jack y Winston portan las armas que Sombra nos ha dado y mientras que uno va delante, el otro cubre la retaguardia. Por el rabillo del ojo, observo como Widowmaker coge la mano de Tracer y se la aprieta fuerte. Al principio creo que es porque Widowmaker aún sigue herida y necesita apoyarse en alguien para continuar, sin embargo el gesto esconde algo más que no logro entender.
Tras doblar un pasillo vemos la puerta de salida por la que nos habían hecho pasar tras capturarnos en el desierto. No hay nadie vigilándola y no sé si mostrarme aliviada o me da miedo que todo sea tan fácil. La llegada oportuna de Sombra, sus balizas estratégicamente colocadas, su facilidad para llegar hasta nosotros y darnos armas... todo parece sencillo. Todo es como si nos hubiera caído del cielo. ¿Podemos fiarnos de ella? ¿De verdad vamos a escapar?
El sonido de muchos pasos se escucha detrás de nosotros y varios gritos furiosos nos indican que Talon se ha dado cuenta de que no estamos dentro de la celda. Jack llega hasta la salida y dispara al dispositivo de seguridad que la abre, lo que provoca que efectivamente la puerta se haga a un lado y nos muestre el exterior.
—¡Tú!—espeta McCree a Sombra—¿dónde guardan las naves? Necesitamos algo con lo que huir de aquí como un rayo.
—Cálmate—contesta apartándose—el hangar de reparaciones está a unos metros a la derecha. Hay naves recién reparadas, podemos secuestrar una de esas.
—¿Nos dará tiempo a llegar hasta ellas?—pregunta Symmetra, recelosa.
—Id vosotros, Winston y yo les detendremos—responde Jack, mientras Winston asiente.
—¿Y qué pretendéis? ¿Que os dejemos aquí?—escupe Ana, preocupada—no voy a dejarte solo, Morrison.
A todos nos sorprende escucharla después de que se haya quedado callada durante tanto tiempo tras bajar por la trampilla. Su voz parece débil y rota, y me preocupa que haya podido ver algo tan desagradable como para no querer contarlo jamás. Jack intenta disuadirla, pero no queda tiempo para discutir. Algunos comenzamos a ir hacia las naves mientras escuchamos a Jack y Winston disparar a nuestras espaldas. Talon ya ha llegado hasta nosotros y no sabemos cuánto tiempo podrán retenerles. Tracer llega la primera y pasa hasta el hangar, cuya puerta está abierta. Los demás aún seguimos varios metros por detrás, escuchando como un motor se pone en marcha. A los pocos segundos tenemos una enorme nave encima de nuestras cabezas, pilotada por Tracer.
Esta baja la nave hasta nosotros con cuidado, permitiéndonos el paso. Primero suben Widowmaker y Symmetra, que la sujeta con dificultad debido a su pierna rota. Las siguen Genji, McCree, Pharah y Junkrat y Sombra y yo somos las últimas en pasar. Sombra me tiende una mano y me ayuda a subir, sin dejar de mirar atrás por si alguien nos persigue. Cuando Tracer vuelve a levantar el vuelo y acelera, comprobamos que el número de soldados de Talon ha aumentado y que Jack, Ana y Winston están apunto de deponer las armas.
Abrimos una de las compuertas de la nave con la intención de prepararnos para rescatarlos.
—Si bajamos hasta ellos no tendremos ninguna oportunidad de escapar. Nos detendrán—dice Symmetra.
—No podemos dejarlos aquí, antes morir—añade Genji, hablando por fin tras salir de la celda.
—¿Y qué proponéis que hagamos? ¿Que todo lo que hemos logrado para salir de la celda no sirva para nada? No podemos bajar y que nos atrapen también a nosotros.
Los soldados de Talon aumentan a medida que nosotros vamos hablando y rodean a Jack y los demás. Echo la vista atrás y todas son cara de lamento. De derrota. Parece que se han rendido.
Cuando vuelvo la vista de nuevo, una figura se alza en el aire majestuosa y distrae la vista de todos durante un segundo. La figura se acerca a la nave con rapidez, y el reflejo del sol en lo alto nos impide ver de quién o qué se trata. Inútilmente nos preparamos para un posible ataque sin embargo, por la compuerta abierta de la nave la figura lanza un objeto que Pharah recoge con destreza: un arma.
Por fin la figura se hace visible en cuanto se incorpora a la nave a través de la compuerta. Mercy.
—¿Qué haces tú aquí?—espeta Pharah. Mercy tuerce el gesto, dolida.
—No... puedo explicártelo ahora. Coge el arma y vamos a ayudarles.
—¿De verdad crees que vamos a fiarnos de ti?
—Pharah... por favor.
—¡No pienso hacerlo! Eres una sucia traidora, ¿a qué viene esto ahora? ¿A QUÉ VIENE?
El rostro de Pharah está perlado por el sudor y su pecho sube y baja rápidamente debido a su respiración acelerada. Aprieta sus manos sobre el arma.
—Entiendo que no os fieis de mí, pero ahora no os queda mucha opción. Coge el arma y vuela, iré detrás de ti. Probaré mi halo contigo, tiene que funcionar.
—No dejaré que me enchufes esa cosa. ¿Solo quieres que les rescate para probar tu estúpido experimento?
—¡Claro que no! He venido...
Symmetra se levanta impaciente. Tenemos que actuar ya.
—¿Qué es lo que quieres? No te necesitamos aquí, lárgate de una vez. El tiempo se acaba y no vamos a perderlo contigo—ruge Pharah.
—... por ti—termina Mercy—y aunque no quieras bajaré contigo a liquidar a Talon antes de que terminen con Jack, Winston y tu madre. Se les acabará la munición y si los capturan... ya no los meterán en celdas, Pharah. Harán algo peor.
Genji también se levanta y mira a Pharah instándola en silencio a actuar de una vez.
—Está bien, bajaremos juntas. Pero en cuanto rescatemos a mi madre y a los demás... te dejaremos con Talon. Y que ellos decidan qué hacer contigo. No volverás a hacernos daño.
—¿Y así me dejarás después de haberos ayudado? ¿Tirada como a un juguete roto?
—Qué irónico, un "juguete roto"—escupe Pharah, haciendo las comillas con los dedos—creo que fuiste tú la que jugaste conmigo... y rompió mi corazón.
