TE GUARDO UN BESO

Catorceavo beso: Beso en el cuello

Por Okashira Janet

Naruto tenía las orejas rojas, rojas como el más rojo foquito de navidad que pudiera encenderse sobre un pino, ¡¿qué diablos había hecho el día anterior?!, él no era posesivo y celoso como Sasuke, él no era agresivo como Kiba, él era, bueno, siempre un poco tontorron, siempre un tanto despistado. Recordar cómo había roto la playera de su esposa… ¡oh por Kami!, Hinata se había desmayado, desde que tenía dieciséis años que Hinata no se desmayaba de vergüenza y su hijo, ¡qué pensaría ahora su hijo!, bueno, una parte de él tenía esa sensación de malvada alegría, no que le tuviera que mostrar algo a Boruto, es decir, que su hijo tuviera la idea de que tenía descuidada y triste a su madre, eso le daba duro a cualquiera, bueno, él era el Hokage, cuidar de toda la aldea y de la paz reinante era su tarea, se suponía que su primordial tarea…

—¿Estas bien? —Gaara puso una pálida mano sobre su hombro y Naruto reaccionó, estaban saliendo de una aburrida, aburrida, reunión.

—Oh, sí Gaara, bien. —Quizás habló muy rápido, el caso es que los ojos verdes del pelirrojo se clavaron en él con afecto.

—Siempre fuiste despistado, pero estoy seguro que si un diez por ciento de esta reunión se quedó en tu mente ha sido mucho.

—Tengo un par de problemas personales. —El rubio carraspeó la última palabra.

—Personales. —Gaara miró el cielo, nunca había sido bueno con nada que tuviera entrada en el ámbito personal—. Espero que disfrutes el festival.

—¿El festival? —Naruto lo miró con sorpresa ante el repentino cambio de tema.

—El festival de la arena envuelve en la noche fría del desierto. —Gaara paseó la mirada por sus tierras áridas—. Antes, después de que cambiaras mi forma de ver la vida, solía tranquilizarme paseando por las frías noches del desierto, tiene un halo mágico, sé que podrá ayudarte a apartar las tinieblas que se cierran alrededor.

—Entiendo, gracias Gaara. —Una sonrisa, la del rubio grandota, como había sido siempre, la de Gaara escurridiza, como la vida le había enseñado a sonreír a él.

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—¡Papá! —Himawari corrió por la calle adornada de figuras de papel, llevaba puesto un kimono rosado que hacía aún más adorable su figura—. ¡Mira!

—¡Voy! —Definitivamente ver al Hokage corriendo tras su hija en un festival era una imagen para hacer sonreír a cualquiera y Hinata no pudo ser la excepción, Boruto se encontraba mitad avergonzado mitad enternecido, pero se esforzaba en recordarse que la imagen era bonita por su hermana, no por el cabezota de su padre.

Naruto por su parte tenía un punto, realmente no es que estuviera evitando la conversación atrasada que tenía con su esposa ni que fingiera interés en su hija menor para escapar de los conflictos con el resto de su familia es que, sinceramente, ¡realmente estaba contento como un chiquillo corriendo por el festival!, durante su vida había asistido a varios festivales, fingiendo que la pasaba bien, fingiendo que no le tiraban comida a la cara y que nadie quería venderle cosas. Nunca había sido un niño correteando con un amigo por entre los puestos, nunca había podido pararse a ver la mercancía y gritar "¡me gusta esto!" sin que alguien le pusiera un pisotón o lo aventara.

—¡Papi, mira cuantos pececitos!

—¡Apuesto a que puedo conseguir uno!

—¡No si yo lo hago primero! —Boruto le gritó en reto, su hijo siempre quería resaltar en donde veía sus puntos flacos, pero no es como si Naruto le hubiese dicho que no alguna vez a una competencia.

Entre agua, risas, gritos y palmoteos contentos de Himawari Boruto y Naruto quedaron hechos una lástima, la gente pasaba, los señalaba, se reía, copiaban la enorme, fresca y libre sonrisa del dirigente rubio.

Hinata lo observó a unos cuantos pasos, dándose cuenta de que estaba tan divertido, tan feliz que la había olvidado mientras correteaba con sus niños, pero no se sentía desplazada, ¿cómo?, hacía años que no veía a Naruto así, como el muchacho travieso que usaba cualquier excusa para armar una competencia.

El día anterior había tenido una conversación con Boruto, una de esas charlas que ningún adolescente quiere tener acerca de la relación de sus padres, Hinata le explicó que no importaba como se viera de fuera, la relación de ella con Naruto era fuerte, tan fuerte que habían superado a la muerte juntos en varias ocasiones; Boruto lo aceptó, o intento aceptarlo en cualquier caso, al final Naruto seguía siendo un súper héroe en todos los sentidos, tanto en su increíblemente novelesca historia de amor (ir por su amada a la luna, ¿cómo iba a superar eso?) como en el papel que desempeñaba en la actualidad.

Secretamente Hinata tenía la idea de que su hijo superaría a su padre, nunca se lo había dicho a nadie, pero, ¿el espíritu inquebrantable de Naruto más una mente brillante?, su hijo apuntaba para lo más alto, aunque Hinata intentaba que no perdiera demasiado piso.

—¡Pude atrapar al pececito! —Himawari gritó con bríos.

—¡Usar el Byakugan es trampa! —Boruto la amonestó, pero Naruto giró a ver a su hija aturdido, Hinata comprendió la mirada adolorida que se pintó en sus ojos después y que rápidamente cambio por alborozados "¡Hurra!" y "¡Himawari-chan es la mejor!", Naruto no sabía que su hija ya podía usar el Byakugan de manera rutinaria y sin demasiados esfuerzos, Hinata se había encargado de lograrlo, no quería que Himawari fuera dejada atrás, no quería que la hicieran a un lado por ser débil ni que se sintiera poca cosa frente a sus compañeros varones.

Pero Hinata había olvidado contárselo a Naruto, no, era en vano engañarse, los conflictos que estaba atravesando su matrimonio no eran todo por el trabajo de Naruto, sí, él llegaba demasiado cansado para preguntar, pero ella había dejado de esperarlo con ansías para contarle lo que había pasado mientras él no estaba. Se había empezado a guardar los logros de sus hijos para sí misma, no porque a él no le interesaran si no porque una parte de su ser, una parte oscura de sí misma se decía que si estaba demasiado ocupado para sus hijos no merecía tampoco enterarse de las cosas que habían logrado por sí mismos y sin su ayuda.

Que tonta, Naruto, su Naruto, podía borrar con una sola sonrisa una semana entera de trabajo pesado, Naruto no solo era el héroe de sus hijos, era su héroe también.

—¡Himawari vamos al puesto de dango!

—¡Sí!

—¡Al de ramen, yo voto que al de…! —Naruto no pudo seguir, vio las pequeñas espaldas de sus hijos alejándose, pero no pudo correr tras ellos, los brazos de su esposa lo abrazaron por atrás.

—¿Hina…?

—Me gusta un poco Kiba, es sexy después de todo. —Hinata anunció cantarinamente, Naruto se quedó helado, ¿acaso su esposa acababa de decir algo travieso?—. Pero me gustas más tú.

—Yo. —Naruto pasó saliva mientras alrededor la gente caminaba con máscaras ladeadas, dango en las manos y kimonos de fiesta—. Lamento lo que…

—Te vi por dieciséis años sin que tú me vieras. —Hinata se río—. No te voy a dejar ir ahora que te tengo.

—E-esa debería ser mi línea. —Naruto se dio cuenta de que lucía ridículo, sonrojado, con su esposa abrazándolo por atrás, el rostro de ella haciéndose un hueco en su espalda.

—No importa lo mucho que trabajes y lo poco que nos veamos, —Hinata habló con dulzura—, ni que no lo sepas todo de los niños, ni tampoco que de vez en cuando pierdas los estribos.

—¡Estaba celoso!, ¿ok? —Naruto se sintió tan ridículo como una niña enamorada de la academia—. Kiba es sexy y yo solo soy el viejo y cansado Hokage.

—Muy viejo. —Hinata restregó su cabeza contra su espalda—. Y cansado Hokage.

—¡Pero aun soy el hombre más poderoso de todas las naciones ninja! —Naruto tragó saliva—. Y si alguien viniera a secuestrarte y llevarte a la luna, yo aún viejo y cansado podría…

—Te amo Naruto. —Hinata se puso de puntillas y besó su cuello, tuvo que echarle un poco la cabeza hacia abajo por la diferencia de altura, pero Naruto sintió que mil chispas corrían de los labios de ella hacía el resto de su cuerpo—. Tal y cual eres, aunque tenga que ver siempre tu espalda, porque sé que si te estas alejando es porque deseas protegernos.

—Ja. —Naruto hizo un sonido ronco, casi gutural, Hinata sabía que estaba intentando no llorar, a veces, porque Naruto nunca había recibido cariño, no sabía cómo corresponderlo—. Se suponía que yo era quien iba a recuperarte a ti y a los niños.

—Nunca nos fuimos. —Naruto dio vuelta y la sujetó entre sus brazos, ocultándolos a ambos bajo la capa de Hokage, casi como una picara travesura juvenil, pero Hinata supo que no era eso, con una sonrisa besó nuevamente el cuello de su esposo, ovillándose bajo su cabeza como sabía que a él le gustaba y le prestó sus brazos para que pudiera envolverse en ellos, porque había cosas que solo una esposa sabía.

—Te amo Hinata, —Naruto susurró—, y voy a esforzarme porque te deje de gustar Kiba, aunque sea sexy. —Hinata soltó una risita.

—Aunque sea sexy. —Y lejos de ahí, mandándole mensajes de texto a su chica, Kiba soltó un grande y estruendoso estornudo.

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Notas de Okashira Janet: Pues bien, se acaba este pequeño arco, espero que lo hayan disfrutado. Hace poco actualice "El viaje de Canuto" (después de dos años de abandono) así que se me prendió la musa escritora, esperemos que no se apague pronto.

Recuerden que ahora me encuentran en el Facebook con el nombre de "Janet Gaspar" así que si gustan seamos amigos por ahí también. Un beso y gracias por leer.

18/08/15/Martes