_13_

La mañana siguiente amanecieron los dos en la cama de Damon. Elena dormía plácidamente abrazada al torso desnudo de él, mientras el vampiro, ya despierto, acariciaba lentamente la espalda de ella, quien también estaba desnuda.

-Hmm... –murmuró ella.

-Despierta dormilona –susurró él contra su pelo.

Elena pegó un bote al despertar.

-¿Qué hora es? –preguntó alterada.

-Son casi las nueve –le informó él.

-Oh, mierda –dijo ella levantándose rápidamente-. Es muy tarde, Jenna me va a matar.

Elena comenzó a vestirse a toda prisa mientras Damon la observaba, divertido por la situación.

-¿Por qué no me has despertado antes? –preguntó ella terminando de ponerse el pantalón.

-Parecías estar tan a gusto durmiendo... Me daba pena despertarte.

-Más pena me dará a mí cuando Jenna te clave una estaca en el corazón –le dijo ella antes de tirarle a Damon unos pantalones-, Así que, vístete ya.

-A sus órdenes –accedió él, haciendo un saludo militar, conteniendo la risa.

Antes de que Elena pudiese volver a quejarse, Damon se vistió en cuestión de segundos y se colocó junto a la puerta, mientras ella aún estaba encerrada en el baño arreglándose el pelo.

-¿Quién se entretiene ahora? –la acusó él en tono de burla.

-Ahora no me vengas tú con las prisas – contraatacó ella.

Una vez listos, cogieron el coche y se dirigieron a la casa de los Gilbert.

-Llegas un poco tarde, ¿no crees? –le dijo Jenna a su sobrina desde la cocina.

-La culpa es suya –se defendió Elena señalando a Damon-, que no me ha despertado.

-Encima que me preocupo por tus horarios de sueño... –respondió él fingiendo sentirse ofendido por dicha acusación.

Jenna no pudo evitar sonreír al contemplar tan particular escena de discusión de pareja.

-Bueno, no pasa nada –les perdonó ella-. Pero que no se vuelva a repetir.

Y, con esa frase, a Elena le quedó claro que su tía le permitiría volver a dormir en casa de Damon, algo que deseaba repetir pronto.

-¿Te quedas a desayunar, Damon? –continuó hablando Jenna.

-No, gracias. Tengo asuntos que atender –se excusó él.

Antes de que Elena pudiese rechistar e insistir, Damon se acercó a ella y le dio un beso.

-Nos vemos luego.

-Claro –respondió ella aturdida por la repentina espantada.

Una vez que Damon se hubo ido, Jenna fue junto a su sobrina con intención de sonsacarle cómo había ido la noche.

-¿Qué tal ha ido? –preguntó con una sonrisilla.

-No pienso contarte nada –aseguró Elena.

-Venga... –pidió su tía-. Solo un poquito.

-Estuvimos cocinando. Bueno, más bien, él cocinaba –rectificó-. Yo solo trataba de no estorbar mucho.

-¿Damon cocina? –la interrumpió Jenna asombrada, pues no se imaginaba a un chico como él manejándose en una cocina. Cuando Elena asintió, esta continuó-. ¿Y se le da bien? –Elena hizo un gesto de "Ni te imaginas"-. Creo que voy a tener que invitarlo a cenar un día para comprobar eso... ¿Y después qué hicisteis?

-Vimos una peli.

-¿Qué peli?

-Si te soy sincera, no le presté mucha atención –confesó esta.

-Ya... –dijo Jenna intuyendo el por qué-. ¿Y luego?

-Creo que no hace falta decirlo, ¿no? –respondió Elena algo ruborizada.

-No, es verdad. Qué pregunta más tonta... –dijo ella, provocando así la risa de ambas-. Me gusta ese chico. Al principio me preocupaba el hecho de que fuese mayor y todo eso, pero me alegra ver que me equivocaba. Hacéis una hermosa pareja.

-Gracias.

-A tus padres les hubiese encantado –añadió después Jenna.

Elena se quedó paralizada por un momento. Su tía esperaba una respuesta, pero no era capaz de dársela. Los padres de Elena posiblemente supiesen de la existencia de vampiros, por lo que no les hubiese hecho ninguna gracia que su hija saliese con uno. De eso podía estar segura, pero realmente no le importaba. Tal vez, si ellos hubiesen visto cómo es Damon, si lo hubiesen conocido, podrían haberlo aceptado. Aunque nada de eso importaba ya. Sus padres estaban muertos y nada de lo que sucediese ahora podía compartirlo con ellos.

-He quedado con las chicas –dijo Elena poco después-, tengo que irme.

-¿No vas a desayunar antes? –preguntó Jenna preocupado por haber metido la pata al mencionar a sus padres.

-No tengo hambre –respondió la chica cogiendo una chaqueta antes de salir por la puerta principal.

00000

Elena llegó muy apresurada al Grill, quería dejar de pensar en sus padres y esperaba que sus amigas tuviesen alguna conversación interesante que darle para aparcar sus pensamientos a un lado.

-Hey, ¿qué haces aquí tan pronto? –le dijo Bonnie nada más llegar-. Creía que anoche habías dormido en casa de Damon.

-Y lo hice, acabo de regresar –explicó ella.

-Elena, ¿estás bien? –preguntó su amiga al ver que tenía los ojos llorosos.

-Jenna me ha dicho que a mis padres les hubiese encantado conocerle –respondió ella, sabiendo que su amiga entendería el significado de esa frase.

-Lo siento mucho, Elena –dijo su amiga abrazándola.

En ese momento, la chica derramó las lágrimas que había estado conteniendo todo este tiempo. Se otorgó dos minutos para llorar, no más. No podía permitirse derrumbarse nunca más y, sobre todo, no podía dejar que nadie más la viese llorar.

-¿Dónde está Caroline? –preguntó Elena una vez había dejado de llorar, liberándose a su vez del abrazo de su amiga.

-Dijo que tenía algo que hacer –explicó Bonnie no muy convencida-. Pensábamos que vendrías con Damon, así que supongo que por eso no ha querido venir.

-¿Qué problema tiene con Damon?

-Que eres tú quien sale con él y no ella.

-Claro. Ella siempre tan competitiva, ¿eh?

-Se le pasará, solo dale tiempo –pidió Bonnie.

00000

Damon estaba ya tumbado en la cama cuando Elena llegó a su habitación, pero no tardó en levantarse y acercarse apresuradamente hacia ella al ver su rostro apenado.

-Has estado llorando –entendió él al ver sus ojos.

-No es nada –aseguró ella posando su mano sobre la de Damon, quien le acariciaba la cara-. Solo he recordado que no tendré nuevas experiencias por compartir con mis padres.

-Ven aquí –pidió él dándole un abrazo.

Elena lloraba en el torso de su camisa mientras él acariciaba el pelo de ella. Era todo cuanto podía hacer. Damon no sabía cómo consolar a alguien, no tenía las palabras adecuadas que se dicen en estos casos. Por suerte para él, a Elena le bastaba con eso, con sentir su apoyo y saber que estaba allí con ella.

Despacio, Damon condujo a la chica hacia la cama, donde ambos se tumbaron sin romper el abrazo. Aquella noche, Elena lloró entre sus brazos hasta caer rendida en un sueño que, gracias a Damon, estaría alejado de las pesadillas.

00000

La mañana siguiente, Elena parecía estar de mejor humor, como si la pasada noche no hubiese ocurrido.

-¿Cuándo empiezas las clases? –preguntó Damon jugando con el pelo de ella.

-Ya te lo he dicho, el lunes –respondió ella antes de hacer una pausa-. ¿A qué viene tanta insistencia con saber cuándo empiezo? –preguntó curiosa, pues Damon llevaba unos días preguntando lo mismo-. ¿Piensas ir?

-Puede.

-No darás el pego como alumno.

-Pero sí como profesor.

-¿En serio? –preguntó ella sin saber si bromeaba o no.

-Fui a la universidad cuando era humano, antes de alistarme al ejército Confederado. Y, por cierto, las clases se impartían en latín por aquella época.

-Te creo, meus miles a academia* –rió ella, alegrándose de haber estudiado latín el curso pasado, pues así podía meterse con él cuanto quisiese, ya que una broma pierde a veces su gracia si al que se la diriges no la entiende.

A Elena le gustaba bromear con la edad de Damon, así que esa información la grabaría en su cerebro para utilizarla en su contra en el futuro.

-¿Sabes que a los profesores no se les permite tener relaciones con sus alumnas? –le informó ella con voz seductora recorriendo el torso desnudo de él con sus dedos tras haberle desabrochado los botones de la camisa.

-Lo sé –respondió Damon cogiéndola de la cintura para pegarla más a él-, por eso no me he presentado. Me echarían al primer día. No podría alejarme de ti.

Elena rió ante el comentario y le dio un beso, el cual él profundizó.

-Damon... –dijo ella tras separarse un poco-. No vayas por ahí, que nos conocemos. Es muy tarde y Jenna podría presentarse de improvisto.

-Ventajas de ser un no muerto –le recordó él señalándose una oreja-, puedo oír todo lo que sucede en esta casa.

-Pues entonces, no tengo excusa para detenerte –indicó ella volviéndole a besar.


00000


*N/A: meus miles a academia: mi soldado universitario

Por cierto, el próximo capítulo corresponderá al primer día de clase ;)