Una serie de historias cortas (oneshots) sin relación entre si, sobre las SwanQueen. Tengo ya bastantes ideas en mente y trataré de actualizar con regularidad, tanto esto como mis otros dos fics.

Cualquier idea para un shot podéis mandármelas por mensaje y así ir añadiendo historias =)!

Este se me ha ocurrido hace un momento, por Halloween, así que tampoco esta muy pensado, ha sido espontaneó jajaja X)

Gracias por leerme y espero leer vuestros comentarios jajajaj ;P!

Los personajes de OUAT no me pertenecen. Contadme que os parece y espero que os guste :)!


SQT 14: Halloween.

Emma y Henry llevaban un rato esperando y empezaban a impacientarse, estaban en la entrada de la gran mansión esperando a que Regina quisiese bajar de una vez para poder irse. Era la noche de Halloween e iban a pedir caramelos en familia, Henry iba todo vestido de negro y se había maquillado la cara como si fuese una calavera, si Emma no hubiese sabido que era su hijo ni siquiera le habría reconocido; ella por su parte iba vestida de caballero blanco, una de las ventajas de vivir en Storybrooke rodeada de cuentos de hadas era que no le había costado mucho encontrar una armadura más o menos creíble que Regina se había tomado la libertad de volver blanca y hacerle en el pecho el relieve de un cisne con corona, había dicho que así haría juego con su disfraz, aunque Emma aun no sabía que disfraz seria ese, pero el suyo de caballero blanco con cisne incluido le había encantado, aunque su madre habría preferido que se pusiese algún vestido de princesa o algo así.

- ¡Mamá, si no bajas ya yo me voy!

Gritó Henry impaciente, él había quedado con sus amigos más tarde, que era cuando de verdad empezaría su noche de Halloween. Escucharon un grito desde la planta de arriba sin saber que era exactamente lo que decía, y unos minutos después Regina apareció en lo alto de la escalera.

- ¿Sabes lo difícil que es meterte sola en uno de estos?

Gruñó la morena señalando su disfraz, uno de sus gloriosos trajes de Reina Malvada. El ceño fruncido por las prisas desde luego completaba la imagen, pero la morena deshizo esa ilusión al sonreír cuando vio la cara de Emma, que la miraba desde abajo totalmente embobada. Regina recogió un poco su vestido para no pisarlo y bajo las escaleras como toda una reina.

- Henry, no vas a juego con nosotras.

Dijo con decepción al llegar abajo y ver el disfraz de su hijo, el chico giró los ojos.

- Ni siquiera sé cómo me habéis convencido para ir con vosotras, soy demasiado mayor para pedir caramelos con mis madres.

Respondió bajando las escaleras de la entrada, aunque las dos mujeres sabían que al que más ilusión le hacia esa salida familiar era a él.

- Cierra la boca.

Murmuró Regina al pasar junto a Emma para salir también, la rubia todavía seguía mirándola con la boca abierta, recorriendo su disfraz de arriba abajo. Desde luego ahora entendía lo de su disfraz.

- Como tu caballero blanco no pienso dejar que nadie se te acerque esta noche.

Dijo con una sonrisita dando un paso hacia la reina para agarrarla de la cintura, pero la voz gruñona de su hijo desde la calle las interrumpió.

- ¿Vamos o no? Tenemos solo una hora.

Las dos mujeres rieron y salieron detrás de Henry.

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A Emma le hacía gracia ver la reacción de la gente de Storybrooke cuando veían caminando por las calles a la Reina Malvada, sobre todo cuando Regina se metía del todo en su papel y ponía su mejor cara de villana cada vez que llamaban a una puerta para que las diesen caramelos. Aún no habían encontrado a nadie que no temblase al abrir y ver en su puerta a la Reina Malvada, una de las veces incluso habían vuelto a cerrar la puerta con un portazo y un grito asustado, habían tenido que volver a llamar y les abrieron de nuevo con la cara roja de la vergüenza. Cuando acabasen de pedir caramelos con Henry ellas irían a Granny's, donde la abuelita había organizado un pequeño concurso de disfraces y Emma ya tenía muy claro quién iba a ganarlo.

- No debería divertirme tanto ver como se asustan al verte ¿verdad?

Pregunto Emma caminando con Regina detrás de su hijo hacia la siguiente casa. La morena rio, entrelazando el brazo en el de su caballero de falsa armadura.

- En cierto modo ayuda a mi ego saber que aún tengo ese efecto.

Respondió acariciando la mejilla de Emma con la nariz, haciendo una adorable mueca.

- Jo mamá, así te cargas la imagen de Reina Malvada.

Dijo Henry que justo se había girado a mirarlas. Sus dos madres rieron sin soltarse del brazo, o al menos no hasta que llamaron a la siguiente casa, por supuesto.

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La hora pasó y ellos tres seguían pidiendo caramelos, se suponía que Henry había quedado, pero si él no lo mencionaba ellas tampoco. Su hijo se había cruzado con amigos y compañeros, disfrutando con secreto orgullo cuando se quedaban impresionados con los disfraces de Emma y Regina, sobre todo con el de la reina, la rubia estaba impresionante con su traje, pero todos en esa ciudad tenían muy grabada en la memoria la imagen de la Reina Malvada del Bosque Encantado.

- Espero que aunque les impresione el traje sepan que es solo un disfraz.

Dijo Henry después de saludar a dos compañeros de clase que solo se habían parado a intercambiar un par de palabras con él sin dejar de lanzar miradas nerviosas a Regina, incluso cuando la morena apenas les había prestado atención demasiado ocupada bromeando sobre algo con Emma. Viéndolas de la mano y sonriendo como lo estaba haciendo, Henry no entendía que era lo que ponía tan nerviosa a la gente. Un poco más tarde, inevitablemente el móvil del chico sonó cuando sus amigos le reclamaron.

- Primero hay que ir a casa de tus abuelos.

Le recordó Emma antes de que él pudiese responder, así que quedo con sus amigos en que se reuniría con ellos un rato después y se dirigieron los tres al apartamento de los Encantadores. Incluso ellos se quedaron impresionados al ver el traje de Regina, seguramente recordando tiempos no tan felices, Mary Margaret incluso apretó más al pequeño bebé entre sus brazos en un instinto por protegerlo. Emma y Henry se echaron a reír

- Creo que ya sabemos quién va a ganar el concurso.

Comentó Mary Margaret ya totalmente relajada acercándose a saludar a su hija y nieto con un beso, libertad que aun no tenía con Regina, a quien sonrió cariñosamente. David estaba admirando la armadura de Emma impresionado de que no fuese autentica, incluso la espada que colgaba de su costado parecía real. Ellos no iban a hacer truco o trato porque el bebé era aún demasiado pequeño para ello, así que se habían quedado en casa para repartir caramelos. Cada vez que llamaban a la puerta Mary Margaret se ponía un sombrero de bruja y David una capa negra, no era gran cosa, pero mantenían la imagen propia de la fiesta.

Estuvieron poco rato con ellos, Henry se despidió con descuido por las prisas de reunirse con sus amigos y las mujeres caminaron tranquilamente de la mano hacia la cafetería.

- Espera, espera. Déjame entrar primero y cederte el paso para que entres toda Reina Malvada. Si consigues que al menos uno escupa la bebida del susto cocinare yo durante un mes.

Propuso Emma con una sonrisa que a Regina le recordaba las que Henry ponía de pequeño cuando había hecho alguna travesura.

- Se supone que debes de ofrecerme algo bueno si gano.

Bromeó Regina. La rubia giró los ojos con una risita.

- Vale, yo arreglaré el jardín durante una semana.

- Me gusta encargarme del jardín.

Volvió a negar la morena divertida, las dos paradas frente a Granny's cogidas de la mano.

- Seré tu esclava todo mes.

Propuso otra vez Emma.

- Ya lo eres, querida.

Rio Regina alzando una ceja, la rubia entrecerró los ojos apretando los labios para contener una sonrisa.

- Tendrás el control del mando hasta que acabe este mes.

- Hecho.

Accedió finalmente la morena, Emma sonrió contenta y se inclinó para darle un rápido beso a la reina antes de soltarla y subir las escaleras hasta la puerta, cuando Regina estuvo preparada detrás de ella, abrió la puerta con serio gesto de caballero consiguiendo que toda la cafetería se girase para mirar quien entraba. El sitio estaba bastante lleno, con todo el mundo disfrazado, algunos la saludaron amistosamente con la mano, pero ella no respondió, metida en su papel se apartó a un lado, dejando la puerta abierta para que entrase Regina, o más bien la Reina Malvada en todo su esplendor. Algunos de los que estaban más cerca de la puerta dieron un paso atrás, se escuchó el gritito contenido de un hombre, dos personas escupieron la bebida, uno de ellos incluso por la nariz y una de las camareras casi vuelca la bandeja. No se recompusieron hasta que Emma se echó a reír y Regina sonrió viendo reír a la rubia.

- Has estado genial.

Dijo dándola un beso en la mejilla y esperando a que entrase del todo para cerrar la puerta. La vedad era que no podía culparles de esa reacción, si no hubiese conocido a Regina como la conocía, ella misma se habría asustado al verla entrar, realmente había parecido que iba a comerse vivos a sus hijos.

- Esto tenemos que contárselo a Henry.

Añadió por lo bajo mientras buscaban algún lugar donde sentarse, aun con algunos clientes apartándose del paso de la reina.

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Pasaron un rato agradable allí, hablando con la gente, o al menos con los que se atrevían a acercarse a Regina, pero en general lo pasaron bien tan solo estando allí la una con la otra. La morena había conseguido sentarse con comodidad en uno de los taburetes a pesar de su vestido y tenía la espalda apoyada en la barra con la Salvadora frente a ella, un brazo apoyado en la barra a cada lado de Regina y la cabeza inclinada hacia la de la reina hablando en voz baja. Eran una imagen curiosa para el resto de clientes que las veían allí, frente con frente, como cualquier pareja feliz y enamorada, aunque ya se hubiesen acostumbrado a verlas juntas, impactaba cuando Regina llevaba su traje de Reina Malvada. La abuelita se aclaró la garganta y todos la prestaron atención, incluidas Emma y Regina que giraron la cabeza para mirarla sin cambiar de posición.

- Iba a anunciar al ganador…o más bien la ganadora…del concurso de disfraces, pero no sé si cambiar de opinión porque no da la misma impresión cuando se está haciendo carantoñas con la sheriff.

Dijo la dueña de la cafetería mirando a la pareja con cariño. Emma y Regina rieron y se separaron un poco.

- Este año participan también el garaje de Tillman y el supermercado.

Añadió la abuelita sacando de su delantal tres vales atados con un vistoso lazo de regalo cuando la rubia se acercó a recoger el premio de Regina como buen caballero al servicio de su reina.

- Genial, al escarabajo le hace falta una puesta a punto.

Dijo Emma mirando los vales, uno para el garaje, otro para una compra gratis en el supermercado y otro de desayunos gratis en Granny's durante una semana. La finalidad real del concurso de disfraces no era ganar el premio, si no tener una excusa para poder disfrazarse y pasarlo bien esa noche.

- Si no me equivoco, han dicho que he ganado yo.

Respondió Regina estirando la mano para coger los vales cuando la rubia estuvo lo suficientemente cerca.

- ¡Venga ya! tu coche está perfecto y siempre dices que el escarabajo esta echo un desastre.

Se quejó Emma con su mejor cara de cachorrito, haciendo reír a Regina, que claramente había hablado en broma, todos allí sabían que la morena no usaría los vales para sí misma, tenía una familia con quien compartirlos.

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Volvieron a casa cuando se cansaron de la fiesta de Granny's, o más bien cuando Emma no pudo soportar seguir teniendo las manos quietas ante la visión del escote de la Reina Malvada.

Dieron un paseo hasta la mansión observando gente disfrazada que aún seguía pidiendo caramelos, a ellas mismas les tocaría ahora su ronda de abrir la puerta a todo un desfile de disfraces, Regina tenia listo junto a la puerta un gran bol lleno de golosinas y una enorme bolsa al lado para cuando se terminaran. Aún quedaban algunas familias pidiendo caramelos, los padres se asustaban más que los mismos niños cuando veían abrir a la Reina Malvada, pero las sonrisas de Regina a los más pequeños deshacían pronto esa imagen. Una de las pocas que no se asustó tanto al ver aparecer a Regina tras la puerta fue Ashley, con su joven marido y su hijita con un gracioso vestido del monstruo de Frankenstein.

- Si la viese Whale.

Rio Regina cogiendo a la niña en brazos y ofreciéndole una piruleta de colores que la pequeña cogió enseguida con ojos golosos.

- Vamos hacia su casa.

Respondió Ashley riendo también cuando la reina le devolvió a su hija.

Siguieron pasando unas pocas familias más, niños por su cuenta y cuando se hizo más tarde, adolescentes vestidos más macabramente que los más jóvenes, aunque eran ellos que se asustaban cuando Regina abría con su cara de despellejar aldeanos.

- Nunca he despellejado aldeanos.

Se quejó la morena cuando Emma le dijo eso después de cerrar la puerta al último grupo de adolescentes que se había presentado, acabándose por fin las reservas de caramelos de la casa. La rubia improviso un rápido cartel de "a la Reina no le quedan caramelos" y lo colgó por fuera de la puerta.

- Cualquiera diría que no quieres que nos molesten.

Rio Regina nada más Emma volvió a cerrar, apoyando a la rubia contra la puerta y besándola antes de darla tiempo a responder.

- ¿Sueles hacer esto con todos tus caballeros, Majestad?

Preguntó el caballero blanco sonriendo contra la boca de la reina y mordiéndole suavemente el labio inferior.

- Aaaammm…sí.

Respondió la morena con un encogimiento de hombros, Emma echó la cabeza hacia atrás mirándola con una ceja fruncida.

- Es una broma, idiota.

Rio la reina al ver la cara de la otra mujer.

- Más te vale, o tendré que empezar a acabar con todos los que fueron tus soldados.

Bromeó Emma agarrándola por la cintura y apartándose de la puerta mientras besaba a Regina subiendo las escaleras de la entrada.

- ¿Cuánto tiempo crees que tenemos hasta que vuelva Henry?

Consiguió preguntar la morena entre beso y beso, cada uno más ardiente que el anterior.

- Le he dicho que puede pasar la noche fuera, volverá después de desayunar con sus amigos.

Respondió Emma empezando a morder el cuello de Regina, la morena se apartó de ella para mirarla con cierto reproche.

- Aunque nos cueste aceptarlo Henry ya no es un niño. Y yo de verdad necesito poder tenerte desnuda toda la noche, en todas las habitaciones de la casa.

El reproche desapareció de la cara de la reina con esas palabras, sustituido con una lujuriosa sonrisa, lanzándose otra vez sobre los labios de Emma, buscando como empezar a quitarle la armadura.

- ¿Cómo demonios te quito esto?

Preguntó frustrada después de varios intentos, Emma se quitó la parte de los brazos soltando dos hebillas que había en los hombros, luego se llevó una mano al costado del disfraz y soltó dos cierres que había allí, la parte de arriba de la armadura se soltó y calló de lado, dejándola solo con la parte de abajo y una camiseta de tirantes bajo la cual Regina metió rápidamente las manos para quitársela, luego localizó un cierre en la parte derecha de la cintura y le quitó también la parte de abajo del disfraz. Emma miró a la todavía completamente vestida Regina de abajo arriba.

- No sé si quiero quitártelo.

La morena la besó con pasión, inspeccionando cada rincón de su boca con la lengua, una y otra vez durante largos minutos, antes de volver a apartarse de la rubia.

- Si quiero quitártelo.

Rectifico Emma buscando de donde tenía que tirar para que cayera el vestido. Regina le indicó un lazo justo al borde de su escote, la rubia sonrió y aprovecho para hundir la cabeza allí y desanudar el lazo con los dientes, tirando de las cuerdas del corsé de la espalda con dedos hábiles.

- ¿Por qué habitación quieres empezar?

Preguntó Regina con la respiración entrecortada y el vestido en el suelo del vestíbulo junto a las piezas de armadura, Emma levantó la cabeza de su pecho.

- ¿Esto cuenta cómo habitación?

- Estamos en la entrada.

La rubia mordisqueó su mandíbula desde la oreja a la barbilla.

- A mí me vale.

- ¿Y si alguien nos escucha?

Dijo la morena con una sonrisa que demostraba lo poco que a ella le importaba eso.

- Estamos en Halloween, a nadie le extrañaran unos cuantos gritos. Incluso si no son precisamente de miedo.

Rio Emma apoyando a Regina contra el primer mueble que encontró con un salvaje beso y levantándole las piernas para que las abrazase a sus caderas.