CAPÍTULO CATORCE.

Edward dejó que aquella agradable sensación de bien estar lo invadiera.

Bella giró sobre su espalda y se encontró limitada. Abrió un ojo en dirección a su barrera y descubrió el cuerpo casi pegado al suyo. Ethan dormía sueltamente, notablemente mejor. Levantó la vista, una verde y tranquila mirada se mantenía sobre ella desde hacía rato. Le regaló una sonrisa y allí quedó todo. Todo olvidado. Un pacto sellado.

Se levantó cuidadosamente de la cama y salió de la habitación. Iba descalza y en pijamas, sin importarle que llevara puesto la noche anterior había salido sin dudarlo ante el llamado de Elena. Pero suponía que aquello había sido lo que necesitaba para darse cuenta de cuánto le importaba la familia Cullen.

Dejavú.

Sus manos le envolvieron la cintura y ella se giró para enfrentarlo. Edward llevaba esa cara de adormecido feliz. Y lo estaba. Le encantaba encontrarse en su cocina a esa mujer de desnudas piernas largas que lo volvía loco. Se acercó a ella, haciéndola retroceder y chocar su espalda contra la alta mesa de mármol. No podía evitar sentir ese escalofrío que le recorría le cuerpo cuando lo tenía cerca. Dejó que sus manos reposaran en sus hombros sin aplicar fuerza de repulsión, sino de atracción. Él se acercó más a ella. Sus profundos ojos castaños y dorados lograban atraerlo, fascinarlo con locura. Se acercó a sus labios, mezclando su aliento al suyo.

Bella deslizó sus manos hacia su cuello y se atrevió a subir su mirada. El tiempo se detuvo cuando sus labios la besaron con lentitud, pidiendo permiso para entrar. Entreabrió sus labios y se dedicó a invadir su boca. Su cuerpo se acercó más y su mente exigió más. Edward se volvió más impulsivo, más demandante y sus manos comenzaron un agradable recorrido por su delicada figura.

El aire se agotó y se separó en búsqueda de algo de oxígeno, su respiración se había agitado y tenía los pensamientos dispersos. Concentrados en él y sus labios, que se deslizaban por su mandíbula y bajaban por su cuello, delineando cada curva con la punta de su lengua mientras sentía sus manos sobre su cintura, acercándola más a él. Como si esos milímetros de tela que los separaban fuera kilómetros.

Ladeó la cabeza dándole espacio para dejarlo hacer y abrió los ojos.

La cordura la golpeó devolviéndola a la realidad.

-Ethan ¿Qué haces levantado?

Con todo esfuerzo se apartó de Edward y se acercó al niño. Su voz sonaba agitada y luchó por controlar su respiración, mientras que su corazón parecía que iba a salírsele del pecho.

-Pensé que te habías ido.

Susurró aún adormecido.

-Claro que no, regresa a la cama. Voy a llevarte el desayuno.

-Okay.

Se dio media vuelta y regresó al piso superior.

Estaba bloqueada, como pocos momentos de su vida. No tenía idea de lo que seguía y por ende, de lo que debería hacer.

Se giró y Edward estaba apoyado donde ella había estado hacía un segundo, solo que apartaba la mirada hacia la ventana. Tratando de calmarse.

¿Para qué negarlo?

Estaba enamorándose de su jefe y no quería herir los sentimientos de Ethan si aquello no resultaba.

El sonido del móvil de Edward rompió el incómodo silencio y él se apartó para tomarlo, lo vio salir de la habitación y mientras esperaba que la leche calentara, se dejó caer en la silla de la cocina. Llevó las manos a su cabello tratando de organizarlo y armó un moño desordenado que desprendía mechones por doquier. Refregó su rostro con impaciencia.

¿A dónde lo hubiera dejado llegar sino hubiera aparecido Ethan?

Ni ella sabía eso. Estaba demasiado confundida entre lo que quería y lo que debía hacer.

Frustración.

Se alejó hacia su despacho en la planta baja y cerró detrás de sí.

-Edward Cullen.

-Oh, miren quién toma personalmente sus llamados.

-¿Qué haces llamándome un domingo por la mañana?

-Lo siento, olvido la diferencia horaria. Debo de haber interrumpido algo.

-No, de todas formas, tenemos cosas que aclarar.

-Pues dímelo. Todos queremos oírlo.

-¿Por qué no me dijiste lo de Ethan?

El abrumador arrastre de la voz al otro lado del teléfono le erizó la piel con un gruñido violento.

-¿Para eso trataste de contactarme con tanta urgencia?

Edward cerró su mano en un puño.

-"Eso" es un niño inocente.

-Oh, vamos, Eddie ¿Desde cuándo eres sentimental?

-Eres una maldita zorra.

-Puede que lo sea, pero fuiste tú el que me abandonó con un mes de embarazado, horas antes de casarnos. ¡Tú fuiste el maldito idiota!

-Admítelo, tenías más de un amante ¿Cómo estar seguro de que era mío? Cualquiera en mi lugar hubiera hecho lo mismo.

-¡Desapareciste! Tienes suerte de que haya nacido, Carmen se aseguró de su bien estar desde que nació. El estuvo bien.

Piezas parecían no encajar, pero tampoco quería saber el pasado de Tania. Solo quería advertirle y dejarle en claro quién mandaba ahora.

-¿Bien? ¿Cuál es tu concepto de "bien"? Hasta lo que yo veo ese niño tiene más cicatrices de las que alguna vez podrá curar y todo es tú culpa.

-No, Edward. Tú no me creíste, sabías que te amaba pero eras demasiado egoísta para verlo.

-¿Por eso pagarme con la misma moneda mediante un niño? ¿Te das cuenta de lo que creaste, Tania? Estás podrida.

-Creé algo digno de tu imagen, cariño.

-No, te equivocas. Aquí le damos lo que necesita y…

-¿Damos?

Rió en una sonora carcajada que sonó demasiado malévola.

-Querrás decir le dan. Por que no creo un soltero empedernido como tú pueda hacerse cargo de él. Eres lo mismo o peor que yo, al menos aquí tenía a alguien.

-Cambié. Mi esposa y yo le daremos lo que necesita.

-¿Tu esposa?

Sonaba un tanto más sorprendida que él mismo. Estaba tan enfadado que no tenía idea de por qué había elegido esas palabras exactamente. Pero si quería mostrarle a Tania que él no era el mismo.

-¿Por qué me ocultaste la verdad? Es mi hijo.

Desvió el tema.

-Claro que lo es, por eso está allí contigo.

-Puedo notar por qué no quiere ni verte.

La rabia le inundó el cuerpo de golpe.

-Vas a tener que prepararte Tania, esto se va a judiciales. Ethan, será solo mío y perderás tus derechos. No creas que desconozca el motivo por el que estás encerrada allí.

La siniestra risa de Tania le llenó los oídos y se convirtió en desprecio.

-Mis abogados están esperándote, en su buffet en media hora.

Sabía que era una comunicación controlada, por que una persona con desequilibrio mental podría ser capaz de cualquier cosa si se le daba un impulso. Había preparado aquella entrevista para la semana entrante, ni siquiera recordaba que al otro lado del planeta era lunes por la tarde.

-Bien, estaré allí.

Cortó la comunicación y se derrumbó en el sillón de su escritorio. Le temblaba el cuerpo. La sola idea de estar responsabilizándose de Ethan lo estaba dejando sin aire. Ni hablar que acaba de decirle que él y su esposa iban a darle todo lo que necesitaba. ¿Su esposa? Por favor. Bella no quería verlo ni en figuritas y lo evitaba cada vez que tenía oportunidad. Por que era en ella quién estaba pensando al decírselo a Tania. Quería a Bella en aquella función, lo había visto la noche anterior y lo había decidido.

Estaba enamorado de ella.

Su teléfono vibró en sus manos y lo miró apresuradamente. Un mail con la dirección norteamericana del buffet de los abogados de Tania Denali.

-¿Puedo hablar contigo un momento?

Bella se giró y asintió.

-Vendré enseguida ¿De acuerdo?

Ethan asintió distraídamente masticando una galleta.

-¿Qué ocurre?

Sus ojos estaban oscurecidos y ella conocía aquel sentimiento, era rabia contenida. Estaba preocupándose y él estaba demasiado frío.

-Tengo que ir a un lugar ahora mismo ¿Crees que podrías ocuparte de él por al menos hasta el medio día?

Sabía que cuestionarlo sería ponerlo más nervioso y terminarían peleando por algo inútil.

-Por supuesto.

-De acuerdo, iré a despedirme.

Sin siquiera mirarla entró en la habitación por algo de ropa, se duchó y luego se acercó a Ethan para intercambiar unas palabras. Le deseaba suerte en la práctica, él estaba seguro de que ganaría un pase para el equipo pero debía atender un asunto urgente. El niño asintió sin demasiados ánimos.

-Ey… voy a darte algo. Mira…

Sacó de un cajón una pequeña caja y la abrió, la miró por unos segundos y luego extrajo una cadena color plata con una medalla redonda con unas iniciales.

-Es importante para mí y lo he tenido desde siempre ¿Crees que podrías cuidarlo por mí de ahora en adelante?

Bella solo apreciaba la calidad del momento desde la puerta, dándoles su propio espacio.

-¿Qué quiere decir EMC?

-Son las iniciales de mi madre, Elizabeth Masen Cullen.

Susurró.

Sintió que el alma se le caía a los pies.

-Te veré luego, ¿de acuerdo?

Murmuró al salir sin mirarla y escuchó la puerta cerrarse de un suave portazo.

Se acercó a Ethan.

-¡¿Quién está listo para un partido de futbol?!

Gritó haciéndose cosquillas asesinas al niño.

Bella entró en el campo y subió rápidamente las escalinatas hacia las primeras filas del público. Estaba aliviada por que Edward no pudiera asistir, se sentía egoísta. Sabía lo que Ethan deseaba verlo allí, pero se había alegrado al tener algo de vital jerarquía como aquel regalo. Se sentía importante en la vida de Edward y eso, era más que suficiente para un niño. Lo había ayudado a prender la cadena y la había escondido bajo la ropa. Estaba feliz.

Se deslizó por los asientos y encontró unos tres desocupados.

Allí estaría mejor.

Nunca había pertenecido a algo como esto, pero ahora era del grupo de las mamás fútbol. Un grupo de mujeres, de diferentes edades apoyaban a los niños con vítores, canciones y silbidos. Mientras que los padres tenían una extraña sensación en el rostro entre confusión, sorpresa y vergüenza. Se echó a reír sin pensarlo.

Regresó la vista al campo.

Ethan lucía un traje del equipo que aún no tenía su apellido. Solo lo llevaría en caso de que fuera aceptado para pertenecer al equipo durante el año. Ella se había asegurado de conseguir una escuela por la tarde para no interferir en sus horarios de práctica. Tenía una confianza ciega en que lograría entrar. Ella había hablado por vía telefónica con la directora del instituto en persona y la había puesto al tanto de la particularidad de su caso. Ethan era un niño brillante y solo tendría que rendir un examen para saber si estaba en el nivel que requería su edad. Bella estaba segura de que también lograría aquello.

-¿Eres nueva aquí?

Se giró hacia una mujer de cabello castaño y lacio. Lucía una sonrisa amplia y una camiseta como la del equipo de los niños.

-Si, soy reciente.

La mujer, de unos treinta años se sentó a su lado y le sonrió de nuevo.

-Soy Jessica, aquél niño rubio, es mi hijo. Es el mejor, ha estado en el equipo el año anterior.

Un niño regordete un poco más alto que Ethan, de solo verlo pudo notar que parecía como su madre. Alocado y algo arrogante.

-Fascinante, felicitaciones.

-¿Tu hijo ha entrado este año, cierto?

-Si, es aquél que está junto a…

Su primo…

-Nicholas, si, el hijo del entrenador. Todos queremos que nuestros hijos sean amigos de él.

-¿Por qué?

Jessica rió y la miró de forma graciosa.

-¿No es obvio? Todas quieren tener una oportunidad con su padre. ¿Acaso tú no? ¿Dónde está el padre de tu niño?

Ella frunció el ceño, ese comentario era demasiado desagradable para ella. Apartó la vista hacia el juego que llevaba una hora de retraso.

-Claro que no quiero nada con él. En realidad el padre de Ethan…

Su voz se quebró.

-¿Qué pasa con él?

Su vista se perdió en el punto lejano de la entrada.

-… está entrando….

Murmuró como si fuera lo más terrible del planeta. Jessica dirigió su vista hacia el apuesto hombre que se dirigía hacia los asientos y buscaba con la mirada rápidamente a Bella. La divisó y él le regaló una sonrisa encantadora, apresuró el paso hasta ella.

-Claro, tienes uno igual de bueno del que ocuparte.

Ella se giró hacia Jessica.

-Bien amiga, espero verte pronto a lo mejor tu niño entre, nos estamos viendo.

Le dio una última mirada y se alejó al tiempo que sintió el calor familiar a su lado. Tragó en seco, su cuerpo parecía hecho de piedra caliza. Estaba inamovible.

-Hola ¿Me he perdido mucho? ¿Quién era tu nueva amiga?

Bella parpadeó sin poder creerlo.

-¿Qué demonios estás haciendo aquí?

Edward frunció el ceño con asombro.

-Pensé que te encantaría verme aquí. Ethan necesita nuestro apoyo.

-Lo sé, pero…. ¿Qué pasó con tus asuntos?

-Ah, eso fue rápido…

Apartó la vista y buscó a Ethan con la vista.

-…tengo un hijo de qué ocuparme.

Bella trató de serenarse. Esto era terrible, sabía que en algún momento esto pasaría pero no se imaginaba que fuera de esta forma. Igual, a lo mejor, eso no era ni probable. ¿Cuántos Cullen había en el mundo? No eran ni parecidos, estaba escandalizando algo que no cabía posibilidad. No había ningún parentesco entre el entrenador y su jefe.

Quería convencerse de aquello.

-¿No estás feliz de verme?

Edward la miraba de aquella forma tan particular y ella no pudo más que aflojar su semblante. Simplemente no podía evitarlo. Sonrió y deslizó su mano junto a la de él.

-Si.

Él entrelazó sus dedos a los de ella y se acercó para darle un rápido beso en los labios.

El juego comenzó de inmediato y duró una hora treinta.

Ethan llevaba la pelota con ganas y con práctica. Su táctica era buena para ser tan pequeño y compartía sus jugadas con sus compañeros. Era astuto, hábil y un buen corredor.

-No me dijiste quién era tu nueva amiga.

-Oh, definitivamente no es mi amiga. Es Jessica, la madre de Teo. Aquel rubio ¿lo ves?

-¿Esa pequeña fiera?

Corría con velocidad pero se llevaba a medio equipo por delante con brutalidad. Bella soltó una carcajada y asintió.

-Ese.

Bella deslizó la mirada nerviosa por el campo, había estado pendiente de los movimientos del entrenador. Sus argumentos no fueron los suficientemente convincentes, no lograron convencerse a sí misma. Maldijo mentalmente cuando no lo encontró. Emmet solo había estado pendiente de sus muchachos y de su atención, agradecía que su banca estuviera justo por debajo de ellos, de espaldas para que Edward no pudiera verlo. Tomando notas y hablando con una mujer que asentía a todo lo que decía mientras parecía dar su punto de vista acerca del tema. Señalaban a los niños y parecían mostrarse de acuerdo.

El tiempo había terminado.

-Bien, busquemos a Ethan y larguémonos. Tengo un hambre tan impresionante que podría comerme todo un local de comida ¿Bajamos?

Se puso de pie y jaló de su mano por las escaleras. Desesperadamente buscó y no lo encontró. Edward estaba tentado.

-Te vez nerviosa.

-¿Acaso tú no lo estás? No tengo idea de para cuándo podrían decir el resultado.

-Cierto… creo que está por allí. Tranquila, va a lograrlo.

Bella se apartó de él y comenzó a caminar.

-Espérame…

-¡Bella!

Se giró al tiempo que Edward envolvía su cintura.

Mierda, gran y gran mierda.