Capítulo 14: Reconciliación

La playa estaba desierta. Se escuchaba el ruido de las olas golpear contra las rocas y la brisa suave jugar entre las hojas de los árboles. Solo una persona habitaba en ella, Laumy, quien había escapado de Providencia y poner un poco de atención a ese hermoso paraíso de aguas cristalinas. Al menos algo de pureza pudo invadir su sensible corazón.

La chica pareció no pestañar abrazada a sus piernas y hundida en sus pensamientos muy sumisa. Su estado ausente era provocado por el trance de aquel pequeño y fresco oasis.

A lo lejos…Una silueta morena caminaba por la dorada arena era Rex que buscaba conversar con ella gracias a que Bobo le dijo dónde estaba. Corrió hasta la chica cuando logró localizarla, corrió...para llegar más rápido en su objetivo.

Ella en cambio no movió un músculo. Su mirada estaba ida, perdida, su respirar se mezclaba con la melodía del viento acompasando los largos suspiros sonoros con el agua que acariciaba las rocas. Fue sacada de su inmutabilidad por la voz de Rex.

—Hola Laumy.— saludó el mismo cuando llego y viendo que la bella muchacha no lo miró.

—Hola Rex.— pronunció la misma cabizbaja.

—¿Puedo...sentarme?— indagó inocentemente el joven moreno.

—Es un país libre.— contestó apática aún sin posar la mirada en él.

—Tomare eso como un sí.- el joven mencionó sentándose junto a ella. Largos segundos de silencio. Se sintió un poco incomodo por el estado neutral de la joven. Rex observó como la brisa jugaba con los largos cabellos castaños de la joven. Decidió cortar ese silencio. —Ah...— vaciló acercándose apenas. —Me alegro que te haya gustado la canción y la lista sobre mis cosas.— concluyó con agradable ánimo mirándola como si fuera lo único que su vista podía contemplar, había más pero Rex no tenía ojos para nada más que para ella.

—Sobre eso...— la chica mencionó mirándolo y sonriendo por unos segundos. —Rex debo decirte algo.— concluyó con seriedad.

—¿Qué pasa?— preguntó el moreno con preocupación.

—El otro día...— la muchacha dijo haciendo una pausa. —Seis hizo pedazos el papel que me entregaste porque discutí con él.— continuó con la mirada incrédula de Rex. —No quiere que me junte contigo. Me lo prohibió.— concluyó triste.

—Él también me lo menciono o al menos eso es lo que dio a entender.— comentó el joven latino un poco dudoso. —Y también porque...— vaciló con usual tono torpe.

—Él dice que las armas no pueden estar juntas. Tú y yo... solo servimos para destruir.— pronunció decaída aun con Rex sin mencionar palabra solo la miraba esperando a que continuara con su relato. —No sé cómo hacerle entender que somos diferente.— concluyó.

—No lo hace a propósito.— Rex mencionó a regañadientes y poniéndose un poco en el lugar de Seis, pensando que reaccionaría de igual forma si tuviera desconfianza de alguien a quien tendría que cuidar en un futuro, su posición dejó perpleja a la joven. —Tiene miedo porque estás creciendo, porque cree que te vas a alejar de él.— continuó mientras ella lo miraba con ingenua intriga. —Y porque piensa que te voy a hacer daño.— concluyó el joven latino.

—Todo esto es un caos...— la chica comentó nerviosa y perturbada, tapó su rostro con las manos.

—No, no, no.- Rex pidió tomandole gentilmente las manos y acercándose más para tranquilizarla. —Escucha.— pidió nuevamente mirándola con ternura. —Tú piensas que porque estamos en Providencia... crees que lo nuestro es prohibido. Y no es así... no es así.— concluyó con dulzura.

—¿Como hago para demostrarle que eres un chico bueno y que podemos estar juntos?— la joven indagó con obsecuencia observada fijamente por él.

—No te preocupes, algo se me ocurrirá.— Rex señaló pensativo. Sin darse cuenta que la prueba para demostrarle a Seis de que la ama ya la habría hecho.

—Claro que sí, eres un muchacho listo. Seguro de algún modo lo con...— la joven hizo una pausa prendiendo un foco de idea. Sonrió repentinamente. —¡Espera! Algo puedo hacer.— opinó risueña. —Voy a tratar de convencerlo yo.— concluyó con un sonido de risa alegre.

—¿Cómo vas a hacerlo?— Rex cuestionó con ingenuidad. —Él ni siquiera quiere que de tu boca salga mi nombre, no quiere que me acerque a ti. Tampoco tocar el tema.— concluyó un poco perturbado.

—Solo déjamelo en mis manos.— la chica acotó segura dispuesta a levantarse y adoptando una postura perseverante. —Sé cómo hacerlo, soy su sobrina. Lo conozco muy bien. Es cuestión de hacer que escuche, me entienda... ya sabes... impresiones.— sugirió superior pero tierna.

—¿Crees que funcioné?— Rex preguntó cauteloso.

—Yo sé lo que hago. Hablarle y convencerlo de que... no eres pernicioso.— la chica pronunció un poco diplomática observada por la ingenua mirada del muchacho con una ceja elevada en señal de confusión. Suspiró levemente. —Que no eres malo, Rex.— concluyó explicativa.

—¿Como sabes que no soy así?— el chico preguntó un poco sensible y esquivando su mirada.

—Rex...— la chica lo llamó en un tono dulce y consolador, volviéndose a sentar. —¿Acaso un chico que no siente atracción por una muchacha... le escribiría una lista de sus cosas?— cuestionó mientras Rex giró su rostro y la miró graciosamente pensativo. —¿Le dedicaría una canción expresándole sus sentimientos?— agregó con sutil afabilidad.

—No...— el joven contestó no muy seguro de su respuesta.

—¿Entonces?— la joven lo inadagó con simpleza.

—Tienes razón.— Rex sonrió enlazando su teoría. —Eres una chica lista.— agregó en un halago, mirándola como Laumy le sonrió modestamente.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Seis caminó hasta donde sucedió el pasado entre dicho con su sobrina. Se sorprendió al ver un hueco en medio del suelo y las baldosas gravemente resquebrajadas. "¿Qué tan caprichosa se pudo haber puesto para reaccionar de esa forma tan violenta?" Se preguntó Seis un poco ¿asustado?, sacudió cabeza alejando ese absurdo sentimiento y pensar.

El agente se detuvo unos segundos hundido en recuerdos que vinieron a su mente.

****Flash de Recuerdos****

¿Qué tienes ahí?— el parco hombre preguntó inmutable.

Nada.— la castaña dijo mintiendo perfectamente.

¿Que ocultas?— Seis indagó nuevamente con seriedad, casi desconfiando.

¿Por qué habría de ocultarte algo?— Laumy comentó con retórica inocencia y raciocinio.

Estás actuando de manera extraña últimamente. Ocultas algo que no quieres que sepa.— insinuó neutral.

¿Que dices?— la chica pronunció con espontanea incredulidad, gesticulando una mueca de extrañeza.

¿Que es ese papel?— el agente Seis cuestionó casi en un tono peligroso viendo como una punta de papel sobresalió de ella.

Solo es un reporte de mi estado. Eso es todo.— la joven comunicó maquillando con tranquilidad su primaria voz de nerviosismo.

Déjame verlo.— Seis demandó con posesividad.

Aun no termino de suspirarlo...— la joven suspendiendo su hablar al meter la pata.

¿Suspirarlo?— indagó el agente lentamente.

No quise decir… Aun no termino de leerlo.— la castaña concluyó tropezando con las palabras, incitando a que Seis desconfié más sobre su actitud misteriosa y bastante extraña.

Dame ese papel.— el agente ordenó con más desconfianza y tono amenazante.

¿No te dije que no termine de leerlo?— la joven replicó caminando en reversa contestándole de forma caprichosa.

No me importa lo que usted diga señorita. Estás aquí para seguir órdenes y las cumplirás. ¡Quiero ver ese papel!— el alto y severo agente objetó acercándose a ella sin importarle si la chica tenía miedo a su presencia.

¿Ahora que eres policía?— la castaña cuestionó con presión cada vez que se alejaba de aquel protector que la obligaba a que su sangre se helará por momentos, sus pasos se alejaron más, cuidando ese pedazo de papel.

¡Quiero ese papel!— el hombre gritó con autoridad invadiendo el espacio personal de su sobrina.

¿Por qué habría de dártelo?— la chica interrogó con desafió.

Porque soy tu superior, jovencita. Ahora dámelo.— pidió el hombre asustando a la chica.

¡No!— Laumy se opusó sin pensar elevando la voz metiendo la pata nuevamente.

Seis no era un hombre pacifico ni mucho menos amigable cuando entraba en estado ebullición. La joven logró colmarle la paciencia reaccionando con impulsividad ante su actitud caprichosa y posesiva con ese trozo de hoja. Con movimientos rápidos de ninja alcanzó a sacarle la hoja de papel de su mano sin lastimarla. No era su intención. Solo quería averiguar por qué tanto misterio en ella.

Enfrentada ante su anatomía imponente. Se sintió indefensa como un pichoncito de ave acorralada por un feroz felino.

Seis leyó cada línea con detenimiento. Incorporando el nerviosismo en la joven agente. La sensación de nauseas torturaron su ser.

Le dio gracias a Dios cuando Seis terminó de leer la misma, se sintió aliviada, pero no del todo. Lo peor se avecinaba.

¿No ocultabas nada?— el hombre cuestionó fríamente.

Puedo explicarlo...— la chica acotó tratando de parecer tranquila pero fue inútil. Seis la interrumpió, produciéndole un miedo mortal cuando el exigente hombre enfurecía.

¿Qué significa esto? ¿Quien te lo dio?— indago molesto, inmutable ante semblante nervioso y temeroso de su sobrina. —¿Que es esto?— cuestionó mostrándole el papel.

Puedo...— la agente pronunció atemorizada, un vacío en su estomago la obligó a callar.

¿Por eso pasabas casi todo el tiempo aquí, verdad? ¡Por él!— Seis replicó significativamente molesto.

¿Qué?— la chica susurró atónita, frunciendo el ceño ante el carácter tan posesivo y celoso de Seis.

Por Rex.— el hombre concluyó concretamente.

¿Que estás diciendo?— Laumy preguntó desentendida tratando de mantener la mentira pero su juego se desvaneció hace mucho y ya no podía disimular más enfrente de Seis.

Sabes muy bien de lo que te hablo. No te hagas la tonta ni tampoco la desentendida conmigo. No funciona, jovencita.— el agente concluyó con su usual tono, ese que incomodaría al ser más inhumano del mundo. No había respuesta por parte de ella. Lo miraba... asustada. —¿Te estás viendo a escondidas con Rex?— indagó poniendo más presión en el cuerpo de la delicada criatura.

¿Eso que tiene que ver?— la chica atacó torciendo el tema.

Tiene mucho que ver.— el agente acotó mientras leyó unas líneas. —¿Que te quiso decir con esto de "Amo cuando pronuncias mi nombre"?— mencionó recordándole un escrito de los reglones. —¿Te confeso su amor hacia a ti? Porque lo que vi el otro día me bastó para pensar lo que creo.— recalcó molesto.

¿Que es lo que te bastó?— la joven caucásica preguntó desafiante.

Se estaban por besar.— el agente mencionó con desamor.

¿Tiene algún pecado estar por besar a alguien cuando dos personas se gustan?— Laumy indagó inocentemente.

Pero con él no.— el hombre de impecable traje reprochó. —¿Laumy, no lo entiendes? Tú no viniste aquí para enamorarte, viniste aquí... porque tú eres una EVO, un arma y las armas no pueden amarse.— sentenció sin corazón mientras ella se contuvo para no llorar pero esas palabras vacías y llenas de frialdad... lo estaban logrando.

¿Así que es así como me ves?— la castaña preguntó con un nudo en la garganta. —Me ves como un arma en vez de tratarme como una chica de 16 años.— continuó dolida mirando la indiferencia en el rostro de su tío. —Me tratas como un experimento.— agregó sintiendo como su corazón se estrujó de pena. —Como se nota que nunca en tu vida te has enamorado.— pronunció con impotencia.

Lo hice... pero nunca de algo que deba usar.— comunicó mientras se acercó solemne acoplando su mirar en los dolidos y vidriosos ojos chocolates. —Te prohíbo que te acerques a él.— advirtió desafiante. —Aléjate de Rex ¿Has escuchado?— concluyó con la iracunda mirada de ella clavada en su ser, Seis se inmutó ante la acción inmadura de la joven y rompió el papel en mil pedazos concluyendo con su lenta partida.

Los fragmentos cayeron livianamente sobre el suelo dispersándose en sus pies. Ella solo observó los pedazos con el corazón hecho trizas.

No puedes hacerme esto.— la joven espetó en contra de la descorazonada acción de su protector cuando las lagrimas comenzaron a surgir inevitablemente.

Puedo y lo hare.— el agente de traje verde respondió sin corazón.

¡No eres nadie para prohibirme las cosas de este mundo!— la chica retó despedazada ante el idealismo del agente.

No voy a discutir contigo, Melanie.— Seis mencionó haciendo enojar más a Laumy. La joven enfurecía cuando pronunciaban su segundo nombre al comportarse tercamente. —Tú no vas a reprocharme por un capricho adolescente ni tampoco me vas a intimidar.— agregó sintiendo en su espalda el frío mirar de la joven. No se detuvo ni siquiera para mirarla.

Creí que estaría más segura contigo.— la chica mencionó dolida cuando Seis detuvo repentinamente su caminar. —Creí que me cuidarías de cosas peligrosas, como el fuego, los derrumbes y demás momentos angustiosos.— agregó con más dolencia en su hablar. —Que me alejarías de todo mal... de lo oscuro y de lo cruel.— añadió tratando de normalizar su respiración por la presión en su pecho. —Pero lo único oscuro y cruel... eres tú. Me cuidas y me alejas de cosas que ni siquiera sabes que son ni que significan.— continuó mientras su garganta se cerró continuamente con cada catarsis. —Sabes… Te quiero. Pero a veces te odio.— concluyó destrozada y desilusionada de la persona por la cual había puesto toda su admiración y ahora solo actuaba como el mercenario que era tiempo atrás.

No me hagas mencionar como fue cuando te encontré sola y desamparada.— le recordó fríamente el hombre de verde atuendo.

¡ME HUBIERAS DEJADO! ¡AL FIN Y AL CABO... ESTARÍA MÁS SEGURA SI ME HUBIERA CRIADO SOLA!— la joven gritó sin consuelo, cerca de la furia.

Buenas noches, agente Parker.— el agente Seis se despidió expulsando toda la frialdad de su ser saliendo de la habitación ignorando completamente a la joven que lloraba derrotada.

¡SOY TU SOBRINA!— la chica levantó la voz con impotencia en la pequeña habitación. —¡NO UNA MAQUINA!— replicó con claridad lo más fuerte que pudo para que la escuchase aunque su tío ni si quiera se inmuto en contestarle. No tenía por qué rebajarse a la altura de una adolescente. Aunque fuera su sobrina.

****Fin del Flash****

Laumy llegó de la playa y pasó justo por la habitación de obstáculos, se percató de Seis en el interior y retrocedió lentamente haciendo el menor ruido posible.

Seis... es un profesional en los sentidos. Una habilidad que aprendió en sus tiempos como mercenario. Percibió a la joven, oliendo su temor.

—¿Dónde estabas?— Seis la interrogó fríamente, dándole la espalda a la joven agente.

—Fui a la playa.— Laumy contestó sinceramente pero Seis…y la desconfianza en su ser no le permitieron sentir la sinceridad de la chica.

—No mientras.— el hombre pidió volteando lentamente optando su postura estoica.

—No quiero discutir otra vez contigo, por favor.— la joven pidió dolida. —Ya tuve suficiente con lo del otro día...— espetó cuando no pudo continuar ya que Seis habló encima de sus palabras.

—No tengo intención de discutir.— el agente mayor señaló tranquilamente. —Quiero hablar, aclarar cosas y si sé puede en paz.— rogó sin mostrar mucho afecto haciendo dudar a la joven. —Solo busco hablar.— propusó sereno.

Laumy dudo unos segundos más. Su protector se escuchó con intenciones verdaderas de razonar. Quizás si hablarían amenamente... todo tendría un arreglo. Accedió resignada mostrando un semblante flexible.

—Está bien.— aceptó acercándose unos pasos y mientras caminó dejo sus brazos cruzados en señal de estar a la defensiva. —¿De que quieres hablar?— preguntó sin pena ni gloria.

—Quiero que me digas la verdad.— pidió con inusual cautela sacando de foco a la joven agente. —Y sé... sincera.— pidió nuevamente mostrándose lo más gentil posible, casi bajando la guardia.

—De acuerdo.— la chica accedió decidida.

—¿Que sucede entre Rex y tú?— Seis indagó sin rodeos dejando pasmada a la muchacha por la apresurada pregunta. —Dime la verdad.— pidió conciliador.

—¿Alguna vez te he mentido?— la chica cuestionó bajando los brazos.

—No sería la primera vez.— el magro contraatacó un poco molesto recordando el desliz de la joven hace unos días, haciéndola sentir un poco culpable al instante. —No quiero más mentiras.— espetó con rectitud.

—Él...— la chica musitó haciendo una pausa.

—Solo quiero que seas sincera conmigo.— el hombre pidió sin rodeos.

—¿No sé qué decirte si no sé cómo vas a reaccionar?— la joven admitió cautelosa y concretamente espontanea conociéndolo de pies a cabeza.

—No me voy a enfadar.— el agente dijo reflexivo causando el mirar confuso de la joven. —Seré...breve. Al venir aquí observe los pedazos de papel aun en el suelo. Reflexione y fue estúpido de mi parte pelear por algo que es normal a tu edad.— continuó sorprendiendo a la joven que lo miraba estática. —Los meses pasados Providencia se encontraba muy nerviosa y alterada por la batalla que se aproxima, esa emoción nos influyó y nos dejamos ganar por la ansiedad. Sé que no soy un hombre expresivo pero eres mi sobrina y yo te aprecio mucho. No quiero estar así contigo.— agregó abriendo a penas su corazón provocando una fugaz semi dulce sonrisa en la chica. —Nos esforzamos tanto para que todo esté bien... para que salga a la perfección... que ahora estamos distanciados por la discusión que tuvimos. Yo pretendo estar bien contigo. Ya que eres lo único que tengo y soy lo único que tienes...no quiero perderte…— agregó tratando de encontrar la palabra correcta pero fue interrumpido por ella hablando encima de sus palabras.

—Ya sé a qué quieres llegar.— la joven pronunció adivinando con superioridad. —¿Quieres la verdad?— propuso mirándolo.

—Te escucho.— espetó el serio hombre.

—Okey... escúchame bien.— aquella joven pidió con tranquilidad. —Tú tienes una imagen errónea acerca de Rex. Crees que porque es impulsivo, rebelde y...un poco cabeza dura...— reconoció haciendo una mueca de resignación espontanea y otra mueca de risa inocente, pero se contuvo para no tentarse y poder continuar su forma de ver las cosas. Suspiró. —Quizás...piensas que él podría hacerme daño... y no es así.— reitero lo más sincera posible.

—¿Como sé que no lo estás inventando?— el agente Seis preguntó desconfiado y alzando una ceja.

—Porque soy Laumy.— la chica pronunció obviamente.

—Continua.— Seis demandó estoico.

—Puedo asegurarte que Rex guarda un cincuenta por ciento de humanidad en él.— la joven arma informó con neutralidad, conformando un ademán con sus manos poniendo su teoría bajo control.

—¿Cómo?— el mayor indagó expectante.

—Un chico que de verdad no siente nada por una muchacha... ¿Le cantaría una canción donde abre su corazón por completo? ¿Se tomaría la molestia de hacer una lista con las cosas que nadie sabe sobre él? ¿Qué joven de hoy en día hace eso?— la joven preguntó con franqueza con la inmutable mirada de Seis. —Tío Seis, las apariencias engañan. Te digo la más pura verdad, él es un amor de persona, Rex no es tan irreverente como tú crees.— comunicó con la infinita ternura que la envuelve.

—Solo quiero que seas feliz.— Seis confesó sincerándose y ablandando un poco su serio rostro.

—Soy feliz. Porque te tengo a ti y a Providencia que me cuidan.— informó con ojitos vidriosos mostrándole una sonrisa sincera y acercándose lentamente con cautela para darle un abrazo, pensó que él retrocedería ante el gesto de amor pero el mayor se mantuvo en su lugar. Se aferró a él. —Perdóname, ya sabes porque.— pidió aferrándose mucho más, ocultando su rostro en el pecho de su tutor mientras Seis acarició sus largos y esbeltos cabellos con estoica delicadeza.

—No hay nada que perdonar.— Seis menciono gélido, estrechado un poco más por el abrazo de la muchacha. —Con esto que me acabas de mencionar... quieres decir que tú y Rex... ¿Son pareja?— cuestionó difícilmente elevando una ceja dejando su semblante serio intacto con una joven sonriéndole con dulzura adolescente. —Solo prométeme algo.— pidió subjetivo aparentemente aceptando la situación sentimental.

—Lo que sea.— la joven aseguró alejándose un poco sin soltarse.

—Júrame que si te llega hacer daño... me darás los reportes.— Seis comentó sonriendo estoico.

—Te aseguro que él no haría eso. Confía en mí.— prometió la muchacha.

—Okey, muchacha enamorada...— Seis pronunció un poco menos serio, un poco más relajado y con una sonrisa de acero.

—Gracias tío Seis.— la chica agradeció más que feliz acercándose nuevamente para darle un abrazo, acurrucando la cabeza en el pecho del agente.

—¿Confió en ti?— el serio hombre indagó retóricamente.

—Confía en mí.— la chica contestó aun abrazándolo con más fuerza. Laumy sabía que a Seis no le gustaban mucho las demostraciones de amor, así que lo hacía con el propósito de diversión. El pasar tanto tiempo con Rex la estaba influenciando.

—Ya, de acuerdo.— Seis comenzó a incomodarse y se sacó a la chica de encima mientras la joven reía estrepitosamente. —Confió en ti y en el chico. Ahora vete.— ordenó sin poner ningún freno a la joven que cruzó la puerta de lo más feliz.