Aqui les traigo el capitulo

Espero les guste

La historia es una adaptacion del libro Maravilloso Desastre e Inevitable Desastre

Los personajes no me pertenecen


Capitulo 13

(Hinata)

Sasuke dio unos pasos hacia el comedor, metiéndose nervioso las manos en los bolsillos.

—¿Tienes hambre, Paloma? Te prepararé unas tortitas. Ah, y también hay avena. Y te he comprado esa espuma rosa con la que se depilan las chicas, y un secador y…, y… espera un segundo, está aquí —dijo, corriendo al dormitorio.

Se abrió la puerta, se cerró y entonces apareció por la esquina, pálido. Respiró hondo y levantó las cejas.

—Todas tus cosas están recogidas.

—Lo sé —dije.

—Te vas —admitió, derrotado.

Miré a Sakura, que estaba fulminando a Sasuke, como si pudiera matarlo con la mirada.

—¿De verdad esperabas que se quedara?

—Nena… —susurró Naruto.

—Joder, Naruto, no empieces. Y ni se te ocurra defenderlo —sentenció Sasuke, furiosa.

Sasuke parecía desesperado.

—Lo siento muchísimo, Paloma. Ni siquiera sé qué decir.

—Hina, vámonos —dijo Sakura.

Se levantó y me tiró del brazo.

Sasuke dio un paso hacia delante, pero Sakura lo apuntó con un dedo amenazante.

—¡Por Dios santo, Sasuke! ¡Como intentes detenerla, te rociaré con gasolina y te prenderé fuego mientras duermes!

—Sakura —la interrumpió Naruto, que parecía también un poco desesperado.

Vi con claridad que se debatía entre apoyar a su primo o a la mujer a la que amaba, y me sentí fatal por él. Se encontraba en la situación exacta que había intentado evitar desde el principio.

—Estoy bien —dije, exasperada por la tensión del cuarto.

—¿Qué quieres decir con que estás bien? —preguntó Naruto, casi esperanzado.

Puse los ojos en blanco.

—Sasuke trajo a unas chicas del bar a casa anoche. ¿Y qué?

Sakura parecía preocupada.

—Pero, Hina, ¿intentas decir que no te importa lo que pasó ayer?

Los miré a todos.

—Sasuke puede traer a su casa a quien quiera. Es su apartamento.

Sakura se quedó mirándome fijamente como si creyera que había perdido el juicio, Naruto estaba a punto de sonreír y Sasuke parecía peor que antes.

—¿No has empaquetado tus cosas? —preguntó Sasuke.

Negué con la cabeza y miré el reloj; pasaban de las dos de la tarde.

—No, y ahora voy a tener que deshacer todas las maletas. Aún tengo que comer, ducharme, vestirme… —dije, mientras entraba en el baño.

Una vez que la puerta se cerró detrás de mí, me apoyé contra ella y me dejé caer sobre el suelo. Estaba segura de haber cabreado a Sasuke más allá de cualquier desagravio posible, pero había hecho una promesa a Naruto, y estaba decidida a mantener mi palabra.

Un suave golpeteo resonó en la puerta por encima de mí.

—¿Paloma? —dijo Sasuke.

—¿Sí? —dije, intentando que sonara normal.

—¿Te vas a quedar?

—Puedo irme si quieres, pero una apuesta es una apuesta.

La puerta vibró con el suave golpe de la frente de Sasuke contra la puerta.

—No quiero que te vayas, pero no te culparía si lo hicieras.

—¿Me estás diciendo que me liberas de la apuesta?

Hubo una larga pausa.

—Si digo que sí, ¿te irás?

—Pues claro, no vivo aquí, tonto —dije, obligándome a reír.

—Entonces, no, la apuesta sigue en pie.

Levanté la mirada y sacudí la cabeza, sintiendo que las lágrimas me ardían en los ojos. No tenía ni idea de por qué lloraba, pero no podía parar.

—¿Y ahora? ¿Puedo ducharme?

—Sí… —dijo él, con un suspiro.

(Sasuke)

Sakura irrumpió en el salón y se plantó justo delante de mí.

—Eres un cabrón egoísta —gruñó; luego entró en la habitación de Naruto y cerró de un portazo.

Fui al dormitorio y cogí su bata y las zapatillas y regresé a la puerta del baño. Aparentemente se quedaba, pero no era tan mala idea hacerle la pelota.

—¿Paloma? Te he traído unas cuantas cosas.

—Déjalas en el lavabo. Después las cogeré.

Abrí la puerta y puse sus cosas a un lado del lavabo mirando al suelo.

—Estaba enfadado. Te oí escupiendo todos mis defectos delante de Sakura y eso me cabreó. Solo pretendía ir a tomar unas copas e intentar aclararme las ideas, pero, antes de darme cuenta, estaba totalmente borracho y esas chicas… —Hice una pausa, tratando de que no se me quebrase la voz—. Me desperté esta mañana y no estabas en la cama y, cuando te encontré en el sillón y vi los envoltorios en el suelo, sentí náuseas.

—Podrías habérmelo pedido antes de gastarte todo ese dinero en comida solo para obligarme a quedarme.

—No me importa el dinero, Paloma. Tenía miedo de que te fueras y no volvieras a dirigirme la palabra jamás.

—No pretendía herir tus sentimientos —me dijo con sinceridad.

—Sé que no. Y sé que no importa lo que diga ahora, porque he jodido las cosas…, como hago siempre.

—¿Sasuke?

—¿Sí?

—No vuelvas a conducir la moto borracho, ¿vale?

Quise seguir hablando, volver a disculparme, decirle que estaba loco por ella y que me estaba volviendo literalmente loco porque no sabía cómo controlar mis sentimientos, pero no me salieron las palabras. Solo podía pensar en que, después de todo lo que había pasado y todo lo que había dicho, ella no tenía otra cosa que decir que echarme un sermón sobre no conducir borracho.

—Sí, vale —respondí y cerré la puerta.

Fingí estar viendo la televisión durante horas mientras Hina se arreglaba para la fiesta de la fraternidad entre el baño y el cuarto y decidí vestirme antes de que ella necesitara entrar en el dormitorio.

Cogí del armario una camisa blanca que no estaba muy arrugada y unos vaqueros. Me sentí estúpido delante del espejo peleándome con el botón de la muñeca de la camisa. Al final lo dejé y me enrollé las magas hasta los codos. De todas formas, era más mi estilo.

Caminé por el pasillo y me dejé caer otra vez en el sofá, escuchando la puerta del baño cerrarse y las pisadas de Hina con los pies descalzos.

Las agujas del reloj no se movían y, por supuesto, no echaban nada en la televisión salvo rescates en temporales y un anuncio de Slap Chop. Estaba nervioso y aburrido, lo cual no era una buena combinación para mí.

Cuando se me agotó la paciencia, llamé a la puerta del dormitorio.

—Pasa —dijo Hina desde el otro lado de la puerta.

Estaba de pie en medio de la habitación, los zapatos de tacón juntos en el suelo frente a ella. Abby estaba siempre guapa, pero esa noche no tenía ni un solo pelo fuera de lugar; estaba de portada de revista, de esas que ves en la caja del supermercado. Toda ella estaba hidratada, suave y pulida a la perfección. Solo con verla casi me caigo de culo.

Todo lo que pude hacer fue quedarme de pie, estupefacto, hasta que conseguí articular un sonido:

—¡Guau!

Sonrió y miró su vestido.

Su dulce sonrisa me devolvió a la realidad.

—Tienes un aspecto impresionante —dije, incapaz de quitarle la vista de encima.

Se agachó para ponerse un zapato y luego el otro. La tela negra ceñida se le subió un poco dejando ver unos centímetros más de sus muslos.

Hina se puso de pie y me hizo un gesto de aprobación.

—Tú también estás muy bien.

Me metí las manos en los bolsillos para evitar decir «Debo de estar enamorándome de ti en este preciso momento» o alguna de las estupideces que se me pasaban por la cabeza.

Le ofrecí el brazo y ella lo cogió dejándome que la llevase por el pasillo hasta el salón.

—Gaara se va a mear encima cuando te vea —le dijo Sakura.

En general, Sakura era una buena chica, pero estaba empezando a descubrir lo desagradable que era su lado oscuro. Traté de no hablar con ella mientras andábamos hacia el Charger de Naruto y mantuve la boca cerrada todo el trayecto a la sede de Sig Tau.

En el momento en el que Naruto abrió la puerta del coche oímos la música estruendosa en el edificio. Había parejas besándose y charlando. Estudiantes de primer curso correteaban tratando de no estropear el césped demasiado y algunas chicas de la fraternidad andaban por la hierba dando saltitos, con cuidado de no clavar sus tacones, cogidas de la mano.

Naruto y yo nos abrimos paso con Sakura y Hinata siguiéndonos. Le di una patada a un vaso para apartarlo y sostuve la puerta abierta. Una vez más, Hinata no se dio ni cuenta del gesto.

Había una montaña de vasos rojos apilados en la cocina junto al barril. Llené dos y le llevé uno a Hina.

—No cojas ningún vaso de nadie, excepto de mí o de Naruto. No quiero que nadie te eche nada en la bebida —le dije al oído.

Puso los ojos en blanco.

—Nadie me va a poner nada en la bebida, Sasuke.

Obviamente no conocía a mis hermanos de la fraternidad. Había escuchado historias, pero nada concreto. Lo que estaba muy bien, porque si alguna vez llego a pillar a alguno echando esa mierda, le daría una paliza sin dudarlo.

—Simplemente no bebas nada que no te dé yo, ¿de acuerdo? Ya no estás en Kansas, Paloma.

—Nunca había oído nada igual —replicó bebiéndose de un trago la mitad de la cerveza antes de apartar el vaso de plástico de su cara. Bebía con soltura, eso tuve que admitirlo.

Nos quedamos de pie en el pasillo de las escaleras haciendo como que todo estaba bien. Algunos hermanos de la fraternidad se paraban a hablar con nosotros cuando bajaban las escaleras, lo mismo que algunas chicas, pero yo las despaché rápido, esperando que Hinata se diera cuenta. Pero no lo hizo.

—¿Quieres bailar? —le pregunté tirando de su mano.

—No, gracias —dijo.

No podía culparla después de la noche anterior. Tenía suerte de que todavía me hablara.

Me tocó en el hombro con sus dedos finos y elegantes.

—Es simplemente que estoy cansada, Sasuke.

Puse mi mano sobre la suya, dispuesto a disculparme de nuevo, a decirle que me odiaba a mí mismo por lo que había hecho, pero sus ojos se apartaron de los míos para posarse en alguien detrás de mí.

(Hinata)

Había pasado una hora y Gaara seguía todavía desaparecido. Sakura y Naruto estaban bailando una canción lenta en la sala cuando Sasuke tiró de mi mano.

—¿Quieres bailar?

—No, gracias —dije.

Se puso lívido.

Toqué su espalda.

—Es simplemente que estoy cansada, Sasuke.

Puso su mano en la mía y comenzó a hablar, pero cuando lo miraba vi un poco más allá a Gaara, Sasuke se dio cuenta de mi expresión y se volvió.

—¡Eh, Hina! ¡Has podido venir! —me saludó Gaara, riéndose.

—Sí, llevamos aquí una hora o así —dije, sacando la mano de entre las de Sasuke.

—¡Estás guapísima! —gritó por encima de la música.

—¡Gracias! —añadí con una sonrisa, mirando a Sasuke de soslayo. Tenía los labios apretados, y sus cejas se habían unido en una línea.

Gaara señaló la sala y sonrió.

—¿Quieres bailar?

Arrugué la nariz y dije que no con la cabeza.

—No, estoy algo cansada.

Parker volvió entonces la mirada hacia Sasuke.

—Pensaba que no ibas a venir.

—Cambié de opinión —dijo Sasuke molesto por tener que explicarse.

—Ya veo —dijo Gaara mirándome—. ¿Te apetece salir a tomar el aire?

Asentí con la cabeza y después seguí a Gaara escaleras arriba. Se detuvo y me cogió la mano mientras subíamos al segundo piso. Cuando llegamos arriba, abrió de par en par las puertas del balcón.

—¿Tienes frío? —preguntó.

—Sí, hace un poquito de fresco —dije, sonriendo cuando se quitó la americana y me cubrió con ella los hombros—. Gracias.

—¿Estás aquí con Sasuke?

—Vinimos en coche juntos.

La boca de Gaara se ensanchó en una amplia sonrisa, y luego miró hacia el césped. Había un grupo de chicas apiñadas; se abrazaban para combatir el frío. El suelo se hallaba cubierto de papel pinocho y latas de cerveza, además de botellas de licor vacías. Entre la confusión, los hermanos Sig Tau estaban alrededor de su obra maestra: una pirámide de barriles decorados con luces blancas.

Gaara sacudió la cabeza.

—Este lugar quedará destrozado por la mañana. El equipo de limpieza va a estar muy atareado.

—¿Tenéis un equipo de limpieza?

—Sí —sonrió—, los llamamos los novatos.

—Pobre Naruto.

—Él no está en el grupo. Tiene un trato especial porque es primo de Sasuke y no vive en la Casa.

—¿Y tú sí vives en la Casa?

Gaara asintió.

—Los dos últimos años. Sin embargo, necesito conseguir un apartamento. Necesito un lugar más tranquilo para estudiar.

—Déjame que adivine…, ¿te especializas en Economía?

—Biología, con Anatomía de optativa. Me queda un año más, hacer los exámenes de ingreso a la facultad de Medicina, y luego, si sale bien, ir a hacer Medicina en Harvard.

—¿Ya sabes dónde te metes?

—Mi padre fue a Harvard. Quiero decir, no lo sé seguro, pero él es un antiguo alumno feliz, ya sabes qué quiero decir. Por ahora llego a cuatro punto cero, saqué un dos mil doscientos en selectividad, y treinta y seis de media en el bachillerato. Tengo muchas posibilidades de conseguir una plaza.

—¿Y tu padre? ¿Es médico?

Parker asintió con una sonrisa benévola.

—Cirujano ortopédico.

—Impresionante.

—¿Y tú? —preguntó.

—No me he decidido.

—Típica respuesta de estudiante de primer año.

Suspiré teatralmente.

—Imagino que he desperdiciado mi oportunidad de ser excepcional.

—Oh, no tienes que preocuparte por eso. Reparé en ti el primer día de clase. ¿Qué haces en Cálculo Tres si estás en primer curso?

Sonreí mientras enroscaba un mechón de cabello con el dedo.

—Las matemáticas me resultan fáciles. No me perdía las clases en el instituto, y luego hice dos cursos de verano en la estatal de Wichita.

—Eso es impresionante —dijo.

Estuvimos en el balcón más de una hora, hablando de todo, desde los garitos de comida locales a cómo me hice tan amiga de Sasuke.

—No pensaba mencionarlo, pero vosotros dos parecéis ser el tema de todas las conversaciones.

—Genial.

—Es que esto no es normal en Sasuke. Él no suele congeniar con las mujeres. De hecho, tiene más tendencia a crearse enemigos entre ellas.

—Oh, no sé. He visto a unas pocas que o tienen pérdida de memoria a corto plazo o bien son proclives a perdonar cuando se trata de él.

Gaara se rio. Sus blancos dientes brillaron contrastando con su dorado bronceado.

—La gente simplemente no entiende vuestra relación. Tienes que admitir que es un poco ambigua.

—¿Me estás preguntando si me acuesto con él?

Sonrió.

—No estarías aquí con él si lo hicieras. Lo conozco desde que tenía catorce años y soy muy consciente de cómo se comporta. Sin embargo, siento curiosidad por vuestra amistad.

—Es lo que es —me encogí de hombros—. Salimos juntos, comemos, vemos la tele, estudiamos y hablamos. Eso es todo.

Gaara r se rio sonoramente, sacudiendo la cabeza y asombrado por mi sinceridad.

—He oído que eres la única persona a la que se le permite poner a Sasuke en su sitio. Eso es un honor.

—No sé muy bien qué significa eso, pero Sasuke no es tan malo como todo el mundo dice.

El cielo se puso rojo y luego rosa cuando el sol se hundió en el horizonte. Gaara miró su reloj y después observó por encima de la reja al grupo de gente que iba disminuyendo en el césped.

—Parece que la fiesta se acaba.

—Será mejor que busque a Naruto y Sakura.

—¿Te importa si te llevo a casa en mi coche? —preguntó.

Intenté contener mi emoción.

—En absoluto. Se lo diré a Sakura. —Caminé hacia la puerta y luego me encogí de vergüenza antes de volverme a decir—: ¿Sabes dónde vive Sasuke?

Las cejas de Gaara se arquearon.

—Sí, ¿por qué?

—Porque vivo allí —dije, esperando su reacción.

—¿Que estás con Sasuke?

—Perdí una apuesta y por eso estoy pasando allí un mes.

—¿Un mes?

—Es una larga historia —dije, encogiéndome de hombros tímidamente.

—Pero ¿sois simplemente amigos?

—Sí.

—Entonces te llevaré a casa de Sasuke —concluyó sonriendo.

Bajé las escaleras al galope para buscar a Sakura y pasé de largo junto a un sombrío Sasuke que parecía enojado con la chica borracha con la que hablaba. Me siguió al recibidor mientras llamé a Sakura dándole una sacudida a su vestido.

—Chicos, podéis ir tirando. Gaara se ha ofrecido a llevarme a casa.

—¿Qué? —dijo Sakura con ojos asombrados.

—¿Cómo? —preguntó Sasuke enfadado.

—¿Hay algún problema? —le pregunté.

Miró airadamente a Sakura y luego me llevó a un rincón, con la mandíbula temblándole bajo la piel.

—Ni siquiera conoces a ese tipo.

Tiré para liberar mi brazo de su sujeción.

—Esto no es asunto tuyo, Sasuke.

—Al diablo si no lo es. No te voy a permitir ir a casa en el coche de un perfecto extraño. ¿Y si intenta hacerte algo?

—¡Genial! ¡Es una monada!

La expresión de Sasuke pasó de la sorpresa a la rabia, y me preparé para lo que pudiera decir a continuación.

—¿Gaara, Paloma? ¿De verdad? Gaara—repitió con desdén—. ¿Pero qué clase de nombre es ese?

Crucé los brazos.

—Para un momento, Sasuke. Estás siendo un imbécil.

Se inclinó; parecía aturdido.

—Lo mataré si te toca.

—Me gusta —dije, enfatizando cada palabra.

Parecía pasmado por mi confesión y luego sus rasgos se volvieron duros.

—Bien. Si acaba tumbándote en el asiento trasero de su coche, no me vengas llorando.

Me quedé boquiabierta, ofendida y enfadada al instante.

—No te preocupes, no lo haré —dije alejándome y dándole la espalda.

Sasuke me agarró por el brazo y suspiró, me miró por encima de los hombros.

—No quise decir eso, Paloma. Si te hace daño, si tan siquiera te hace sentir incómoda, dímelo.

La rabia amainó y mis hombros se relajaron.

—Sé que no lo decías en serio. Pero tienes que dominar ese sentimiento sobreprotector de hermano mayor que te hace perder el control.

Sasuke se rio.

—No estoy jugando al hermano mayor, Paloma. Ni por asomo.

Gaara apareció en la esquina y se metió las manos en los bolsillos ofreciéndome el brazo.

—¿Todo arreglado?

Sasuke apretó la mandíbula, y yo me puse al otro lado deGaara para evitar que viese la expresión de Sasuke.

—Sí, vamos.

(Sasuke)

Despues de que Hinata y Gaara conversaron un poco el muy maldito se la llevo y ella acepto como si yo no existiera, Hinata siguió a Parker escaleras arriba. Vi como él se detenía y la cogía de la mano para subir al segundo piso. Cuando llegaron arriba, Gaara abrió la puerta del balcón.

Hinata desapareció y yo cerré los ojos con fuerza tratando de ahogar el grito de mi cabeza. Todo en mí decía que tenía que subir allí arriba y traerla de vuelta. Me agarré a la barandilla, conteniéndome.

—Pareces cabreado —me dijo Sakura chocando su vaso contra el mío para brindar.

Abrí los ojos de golpe.

—No, ¿por qué?

Me hizo una mueca.

—No me mientas. ¿Dónde está Hina?

—Arriba con Gaara.

-Oh.

—¿Qué quieres decir con eso?

Se encogió de hombros. Sakura solo llevaba allí poco más de una hora y ya tenía esa mirada vidriosa en sus ojos que me resultaba familiar.

—Estás celoso.

Me cambié de postura, incómodo porque alguien que no fuese Naruto me hablase de forma tan directa.

—¿Dónde está Naruto?

Sakura entornó los ojos.

—Haciendo de anfitrión con los estudiantes de primero.

—Por lo menos no tiene que quedarse después para limpiar.

Se llevó el vaso a la boca y dio un sorbo. No entendía cómo podía estar casi ebria bebiendo de esa manera.

—Entonces, ¿lo estás?

—¿Si estoy qué?

—Celoso.

Fruncí el ceño. Por lo general, Sakura no era tan antipática.

—No.

—Número dos.

-¿Eh?

—Esta es la mentira número dos.

Miré a mi alrededor. Seguro que Naruto vendría pronto a rescatarme.

—Anoche la jodiste bien —me dijo, con la mirada repentinamente lúcida.

—Lo sé.

Entornó los ojos y se quedó mirándome tan intensamente que tuve ganas de largarme. Sakura era una canija , pero sabía cómo intimidarte cuando quería.

—Deberías largarte, Sasuke. —Miró hacia arriba de las escaleras—. Él es lo que ella cree que quiere.

Apreté los dientes. Ya lo sabía, pero era mucho peor escuchárselo a Sakura. Antes pensaba que todo marcharía bien entre Sakura, Hina y yo, y eso, de alguna forma, significaba que no era un completo idiota por ir detrás de ella.

—Lo sé.

Arqueó una ceja.

—No creo que lo sepas.

No le contesté e intenté evitar el contacto visual con ella. Me agarró del mentón apretando mis mejillas contra mis dientes.

—¿De verdad lo sabes?

Intenté hablar, pero sus dedos me apretujaban los labios. Me eché hacia atrás bruscamente y aparté su mano.

—Casi seguro que no. No soy famoso precisamente por hacer lo correcto.

América me miró un instante y después sonrió.

—Entonces está bien.

-¿Eh?

Me dio una palmada en la mejilla y me apuntó con el dedo.

—Tú, Perro Loco, eres exactamente de lo que he venido a protegerla. Pero ¿sabes qué? De alguna forma, todos estamos rotos. Incluso tú, a pesar de cagarla tanto, puedes ser lo que ella necesita. Tienes una última oportunidad —dijo apuntándome con el dedo índice a tan solo unos centímetros de la nariz—. Solo una. No la cagues…, ya sabes…, más de lo normal.

Sakura se alejó y desapareció por el pasillo.

Era muy rara.

La fiesta transcurrió como siempre: algún drama, una o dos peleas, alguna riña entre chicas, un par de parejas que discutían y terminaban con la chica llorando y los últimos rezagados por ahí desmayados o vomitando en cualquier lado.

No paré de mirar arriba de las escaleras. Incluso aunque algunas chicas casi me suplicaban que me las llevase a casa. Miraba tratando de no imaginarme a Hina y a Gaara haciéndolo o, incluso peor, a él haciéndole reír.

—Hola, Sasuke —dijo una voz aguda y cantarina detrás de mí.

No me di la vuelta, pero enseguida la chica se puso delante de mis ojos. Se apoyó en la barandilla de madera.

—Pareces aburrido. Debería hacerte compañía.

—No estoy aburrido. Puedes largarte —le solté mientras me volvía a concentrar en mirar escaleras arriba.

Hinata se detuvo en el descansillo de espaldas a la escalera. Se rio.

—Me lo he pasado muy bien.

Hinata pasó despreocupadamente a mi lado hacia la sala donde estaba Skura. La seguí, dejando a la chica borracha hablando sola.

—Chicos, podéis ir tirando. Gaara se ha ofrecido a llevarme a casa —dijo con emoción contenida.

—¿Qué? —exclamó Sakura y sus ojos cansados se encendieron como dos antorchas.

—¿Cómo? —dije, incapaz de contener mi irritación.

Sakura se volvió.

—¿Tienes algún problema?

La fulminé con la mirada. Ella sabía perfectamente cuál era mi problema. Cogí a Hinata del codo y me la llevé a una esquina.

—Ni siquiera conoces a ese tipo.

Hinata apartó su mano de un tirón.

—Esto no es asunto tuyo, Sasuke.

—Al diablo si no lo es. No te voy a permitir ir a casa en el coche de un perfecto extraño. ¿Y si intenta hacerte algo?

—¡Genial! ¡Es una monada!

No me lo podía creer. De verdad estaba entrando en su juego.

—¿Gaara, Paloma? ¿De verdad? Gaara. Pero ¿qué clase de nombre es ese?

Cruzó los brazos y alzó la barbilla.

—Para ya, Sasuke. Te estás comportando como un imbécil.

Me eché hacia delante, furioso.

—Lo mataré si te toca.

—Él me gusta.

Una cosa era aceptar que estaba siendo engañada y otra escucharla admitirlo. Era demasiado buena para mí, joder, pero estaba clarísimo que también era demasiado buena para Gaara. ¿Por qué estaba mareando la perdiz con ese idiota? Mi cara se contrajo de la rabia que me corría por las venas.

—Bien. Si acaba tumbándote en el asiento trasero de su coche, no me vengas llorando.

Abrió la boca ofendida y furiosa.

—No te preocupes, no lo haré —me dijo y me empujó con el hombro al pasar.

Me di cuenta de lo que había dicho y la agarré del brazo soltando un suspiro, sin girarme del todo.

—No quería decir eso, Paloma. Si te hace daño, solo con que te haga sentirte incómoda, dímelo.

Sus hombros se relajaron.

—Sé que no lo decías en serio. Pero tienes que dominar ese sentimiento sobreprotector de hermano mayor que te hace perder el control.

Me reí. Hina no lo entendía.

—No estoy jugando al hermano mayor, Paloma. Ni por asomo.

Gaara apareció por la esquina metiéndose las manos en los bolsillos.

—¿Todo arreglado?

—Sí, vamos —dijo Hinata cogiéndolo del brazo.

Fantaseé con la idea de salir corriendo tras él y darle un codazo en la nuca, pero Hinata se volvió y me pilló mirándolo.

«Ya basta», me dijo solo con los labios. Se fue caminando con Gaara, que le abrió la puerta al salir. Le dedicó una amplia sonrisa como agradecimiento.

Por supuesto, esta vez sí se dio cuenta de que le abrían la puerta.


Espero les haya gustado fue un poco corto pero espero mañana subir uno mas largos

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