Disclaimer

Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, sólo los tomé prestados para mi entretenimiento. Y el de ustedes, claro... Reciba Rumiko Takashi el respectivo crédito por su creación.

La adaptación es de una novela de Jacquie D'Alessandro. Reciba también ella el crédito de su ingenio y creatividad.

Yo sólo hago la adaptación porque me pareció que los personajes quedaban muy bien con la trama. Espero les guste.


CAPÍTULO XIV

A la diez de aquella noche, Miroku cruzó a grandes zancadas el oscuro pasillo que llevaba a su estudio, con el único deseo de un poco de intimidad y un buen trago de coñac.

Aunque había disfrutado de la compañía de Kagome en el viaje a Londres, sintió alivio al regresar a casa, donde podía estar a solas con sus pensamientos.

Sus pensamientos.

Maldición, los había tenido el día entero ocupados por Sango: durante los trayectos de ida y vuelta en el carruaje, mientras esperaba a Kagome en el salón de costura, mientras compraba pasajes para dos personas en el Doncella del Mar, que partía para el continente la noche siguiente, de nuevo durante la reunión con su abogado, también cuando actualizó su testamento para incluir ciertas cláusulas para ella y para los hijos que nacieran del matrimonio... matrimonio que no estaba seguro de que fuera a celebrarse.

Entró en el estudio y cerró la puerta. Luego se dirigió hacia las bebidas, pero se detuvo a medio camino al ver a Hacchi sentado en su sillón de costumbre y con un vaso de whisky entre sus curtidas manos.

─Tenemos que hablar─ dijo Hacchi en un tono que puso a Miroku en estado de alerta. Señaló con la cabeza las licoreras y agregó: ─Sírvase un buen trago. Va a necesitarlo.

Veinte minutos después, mientras todavía resonaba en su cabeza la inquietante información sobre la visita de Inuyasha Taishou, Miroku se sirvió otra copa. De pie frente al fuego, la levantó en un brindis irónico.

─ En fin, no es una noticia precisamente halagüeña.

Los ojos del hombre brillaron de preocupación.

─ Es más bien todo lo contrario. Ese hombre sospecha de usted. Es como un maldito perro con un hueso, no va a dejar de husmear y presionar hasta que lo vea con la soga al cuello. Opino que debería embarcarse en un viaje largo, a algún sitio lejano.

─ De hecho, ya lo he dispuesto todo a tal efecto. Con la excusa de la luna de miel, he comprado pasajes para abandonar Inglaterra después de la boda... si es que Sango se presenta en la iglesia.

Hacchi asintió despacio.

─ Un plan inteligente. No es inusual que las personas de su clase social se vayan de luna de miel durante meses. Años, incluso.

─ Exacto. Ya he hecho todos los preparativos necesarios, pero quisiera pedirte que vigilaras a Kagome por mí. Asegúrate de que se adapte a esta casa y de que se sienta... feliz. A no ser, por supuesto, que yo siga aquí.

─ Puede contar con ello. Pero debe marcharse sea como fuere... incluso aunque la señorita Sango lo deje plantado ante el altar. Diga que se marcha de Inglaterra para curarse el mal de amores. El motivo no importa, lo importante es que se vaya.

─ No puedo hacer eso. No podría dejar que Sango se enfrentase sola al escándalo. Si no viene a la iglesia, yo... ─ se mesó el pelo y dejó escapar un profundo suspiro ─Maldita sea, no sé qué voy a hacer. Tendré que idear otro plan.

─ Si no se marcha, acabará muerto─ en los ojos de Hacchi brillaron las lágrimas ─Y yo jamás me perdonaré por haber sido tan descuidado de pasear a Campeón de ese modo. Todo este maldito embrollo es por mi culpa.

Miroku depositó la copa sobre la repisa de la chimenea y se acercó a Hacchi. Se agachó en cuclillas para situarse a la altura de sus ojos y le dirigió una mirada firme al tiempo que daba un apretón en el hombro a su angustiado amigo.

─ Deja de culparte. No tenías modo de saber que Taishou te estaba vigilando. Yo conozco y he aceptado desde el principio las consecuencias de mis actos, y eso es lo que son: mis actos. Y pienso asumir la responsabilidad de ellos. En cuanto a Taishou, puede albergar todas las sospechas que quiera, pero no puede hacer nada si no tiene pruebas. Aunque consiguiera dar con el establo de Campeón, eso no demuestra que sea yo el hombre que está buscando.

─ No, pero ese cabrón podría hacerle la vida imposible. Tenemos que cerciorarnos de que no encuentre pruebas contra usted y eso quiere decir que no puede arriesgarse a efectuar otro rescate. Nunca más.

Miroku asintió lentamente y a continuación esbozó lo que esperaba que pasara por una sonrisa alentadora.

─ De acuerdo.

Pero en su corazón sospechaba que ya era demasiado tarde.

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La mañana siguiente, Miroku se encontraba en un discreto habitáculo a la derecha del altar de la iglesia, consultando su reloj de bolsillo. Faltaban treinta minutos para que diera comienzo la ceremonia.

¿Se presentaría Sango?

Con el reloj en una mano, se paseó por el reducido espacio.

Diablos, se había hecho aquella pregunta un millar de veces desde la última vez que la vio.

El hecho de que no se hubiera puesto en contacto con él ¿significaba que tenía la intención de casarse? ¿O que lo había borrado totalmente de su vida, y al diablo con el escándalo?

Oyó el murmullo de unas voces amortiguadas y abrió las cortinas de terciopelo verde para observar, sin ser visto, a los invitados que iban llegando.

Al parecer, el pueblo entero se estaba congregando en la iglesia para ver cómo el conde Miroku Houshi convertía a Sango Taijiya en su condesa. Escudriñó a la creciente multitud y reparó en Shyoga Nordfield, sentada en un largo banco de madera flanqueada por sus hijas y sus yernos. Hacchi, Jaken y una docena de miembros de su servidumbre ocupaban un banco en la parte de atrás.

Su mirada reparó en caras y nombres, y luego se detuvo en Kagome.

Estaba sentada en el primer banco, con la vista fija en sus manos enguantadas y apoyadas en el regazo. El corazón le dio un vuelco: sin duda estaba pensando en su propia boda con aquel canalla de Houyo. Pensó en acercarse a ella, pero decidió dejarla a solas con sus pensamientos. Quizás el hecho de estar allí, en aquella iglesia, fuera un buen modo de exorcizar los demonios que la acosaban.

Continuó observando a los invitados, esperanzado, pero en la iglesia aún no había entrado ningún miembro de la familia de Sango. Soltó la cortina y consultó el reloj: veintitrés minutos para el inicio de la ceremonia.

¿Se presentaría Sango?

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Inuyasha Taishou se dirigía a pie hacia la iglesia, con el corazón inquieto debido a sentimientos contradictorios y la mente hecha un torbellino. La noche pasada, después de que Hacchi Timstone se encaminase a la casa, registró los establos. El edificio parecía más largo por fuera que por dentro, de modo que concentró sus esfuerzos en la parte posterior de la estructura.

Al cabo de diez minutos localizó una puerta hábilmente camuflada. La abrió y se encontró en un espacioso pesebre dotado de un ventanuco practicado en el techo. Sostuvo su linterna en alto y experimentó una sensación de triunfo: en el rincón se hallaba el magnífico caballo negro.

Ya no le quedaba ninguna duda de que lord Houshi era el Ladrón de Novias, pero necesitaba más pruebas. No tenía la intención de detenerlo sólo para dejarlo en libertad debido a falta de pruebas. Con un poco de suerte, dichas pruebas aparecerían en muy poco tiempo.

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Extrajo su reloj de bolsillo del chaleco y lo consultó con expresión satisfecha; en aquel momento su hombre de más confianza, Suikotsu, se encontraba registrando la casa del conde. Con Wesley Manor casi desierta mientras la mayor parte de la servidumbre asistía a la boda, era de esperar que Suikotsu hallara las pruebas necesarias.

Volvió a guardarse el reloj y apretó el paso con la mirada puesta en los invitados que entraban en la iglesia. Sí, aquel día, muy probablemente, pondría fin al caso más sorprendente y frustrante de toda su carrera, una carrera que rebosaría de nuevas posibilidades una vez que apresar al famoso Ladrón de Novias. Sin embargo, aunque no debería sentir otra cosa que triunfo, su inminente victoria le pareció hueca: Houshi le caía bien. Y amaba a Kagome. Detestaba la idea de que ella perdiera a su hermano.

Pero su deber era hacer cumplir la ley.

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Miroku se paseaba por el habitáculo igual que un animal enjaulado, con el corazón cada vez más pesaroso.

Sango se retraba ya diez minutos.

No podía soportar mirar de nuevo el reloj, no podía soportar contemplar aquella esfera burlona.

En ese momento se abrieron las cortinas de terciopelo y se volvió bruscamente. Era el vicario, que acudía nervioso a verlo.

─ ¿Ha llegado ya? ─ quiso saber Miroku.

─No, milord─ el hombre extrajo un pañuelo de los pliegues de sus voluminosas vestiduras y se secó la frente sudorosa.

Miroku enarcó una ceja.

─ En ese caso─ dijo en un tono cuidadosamente controlado ─sugiero que se mantenga atento y me avise en cuanto llegue.

El vicario asintió con un gesto que le sacudió la papada.

─ Sí, milord─ dijo antes de salir por la cortina.

Nuevamente a solas, Miroku cerró los ojos, derrotado por la desolación. Sango no iba a venir. No quería. Prefería el escándalo antes que casarse con él.

Maldición, aquello le dolía profundamente, como nunca antes le había dolido anda.

Y también le enfurecía, porque ella ni siquiera había tenido la cortesía de comunicarle su decisión. Si no pensaba casarse con él, bien podía habérselo dicho a la cara. Y si no quería acudir allí a decírselo, entonces él iría a buscarla y la obligaría a que lo dijera.

Se volvió para salir, pero antes de que pudiera hacerlo, la pesada cortina de terciopelo se abrió y apareció el rostro del vicario.

─ Ha llegado la señorita Taijiya, milord. Sin embargo, insiste en hablar con usted en privado... antes de la ceremonia. Es de lo más irregular─ el vicario apretó los labios en un gesto reprobatorio ─Le está esperando en mi despacho.

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Sango estaba paseándose por la gastada alfombra del pequeño despacho del vicario, situado junto al vestíbulo. Cuando llamaron a la puerta, dijo:

─ Adelante.

Miroku entró y cerró la puerta con suavidad. Los ojos de ambos se encontraron y Sango se quedó sin respiración. Vestido para la boda, desde la corbata de lazo perfectamente anudada, la camisa de un blanco níveo, el chaleco color crema, hasta la chaqueta Devonshire marrón y los pantalones beige, era sencillamente el hombre más apuesto que había visto nunca.

Y durante un breve e increíble instante le había pertenecido a ella.

─ Gracias por venir─ le dijo ─Tenemos que hablar.

Él se recostó contra la puerta y la contempló con los ojos entornados.

─ Te has retrasado.

─ Lo siento. Hay muchos detalles que atender cuando una ésta punto de irse de casa para siempre.

Miroku cerró los ojos musitando algo parecido a "gracias a Dios".

─ Tenía que despedirme de Kohaku─ prosiguió Sango con un toque de emoción al pronunciar el nombre ─No podía marcharme sin explicarle las cosas.

Miroku se acercó a ella y la recorrió lentamente con la mirada de la cabeza a los pies.

Luego la miró a los ojos con una expresión que acaloró a Sango.

─ Estás preciosa.

Ella se ruborizó y bajó la mirada hacia el traje de novia.

─ Gracias a ti. El vestido es maravilloso.

Miroku le levantó el rostro con los dedos.

─ Sí, pero me refería a la novia que lo lleva puesto.

La sinceridad en su voz y en sus ojos le provocó el impulso de rodearlo con los brazos y fingir que no existía ningún obstáculo entre ellos; pero le quedaba poco tiempo y con tantas cosas que tenía que decirle no podía perder ni un minuto más.

De modo que respiró hondo con decisión y le dijo:

─ No estoy aquí para convertirme en una novia, Miroku. En realidad he venido para liberarte de tu obligación de casarte conmigo. Lo tengo todo preparado para marcharse al extranjero, a vivir mi propia vida. Ya no tienes necesidad de preocuparte por mi bienestar.

La mano de Miroku resbaló despacio de su barbilla y sus ojos se vaciaron de toda expresión.

─ Entiendo.

Sango le agarró el brazo y le dio una sacudida.

─ No, no lo entiendes. Quise haber hablado contigo ayer, pero no me atreví. Miroku, Inuyasha Taishou sabe quién eres. Ayer vino a mi casa y me interrogó─ le refirió a toda prisa su conversación con el magistrado ─Lo sabe, Miroku. Va a detenerte y a encargase de que te ahorquen─ se le quebró la voz y las lágrimas afloraron a sus ojos ─Debes aprovechar esta oportunidad para escapar, ahora mismo, inmediatamente. Yo distraeré todo lo que pueda al vicario y a los invitados para que les lleves una buena ventaja. Tengo el terrible presentimiento de que no hay tiempo que perder.

Miroku la sujetó por los hombros.

─ Sango, no puedo abandonarte aquí.

─ Sí que puedes. Cuentas con mi bendición.

─ Entonces déjame que lo exprese de otra forma: no pienso abandonarte aquí.

Desesperada, Sango lo aferró por la chaqueta.

─ Tienes que irte. Por favor. Puedo hacer frente al escándalo, al ridículo e incluso al desprecio, pero no puedo hacer frente al hecho de que te capturen─ las lágrimas ya resbalaban por sus mejillas ─No podría soportar verte morir.

─ Entonces cásate conmigo. Y nos iremos juntos. Ya está todo dispuesto─ le tomó la cara entre las manos y le clavó una mirada intensa ─No quiero vivir sin ti, Sango. Quiero compartir mi vida, mi nueva vida conforme a la ley, contigo. Podemos continuar ofreciendo a las mujeres libertad para elegir, pero lo haremos juntos, legalmente, utilizando canales financieros. Crearemos un fondo de algún tipo, lo que decidamos. Juntos.

A Sango la abandonó su capacidad de hablar, incluso de respirar, y simplemente se lo quedó mirando, tratando de asimilar aquello.

"No quiero vivir sin ti"

Miroku inclinó la cabeza y apoyó la frente en la de ella.

─ Te amo, Sango, te amo tanto que me produce dolor─ alzó la cabeza y le dirigió una mirada profunda ─Todas esas cosas que creía no desear... el matrimonio, una familia... cosas que creía que no podría tener nunca... El amor ha cambiado todo eso. Tú lo has cambiado todo. Quiero que seas mi esposa, mi amante, la madre de mis hijos. Sé que existe el riesgo de que me detengan, pero podemos salir de Inglaterra inmediatamente después de la ceremonia.

Sango intentó humedecerse los labios resecos con una lengua igual de reseca, pero fracasó penosamente.

─ Repítelo─ logró articular.

─ Podemos salir de Inglaterra...

Le puso un dedo en los labios.

─ Eso no. La parte de "te amo, Sango".

Miroku tomó la mano que lo había silenciado y depositó un beso en la palma al tiempo que perforaba a Sango con la mirada.

─ Te amo─ a continuación se llevó aquella mano al pecho y Sango sintió el fuerte retumbar de su corazón ─ ¿Lo notas? Está latiendo por ti. Si me aceptas, me harás el hombre más feliz del mundo. Si no... ─ apretó la mano con más fuerza ─aquí quedará solamente un hueco vacío. Mi corazón te pertenece; puedes tomarlo... o romperlo. Toda mujer se merece elegir. La decisión es tuya.

Sango lo miró fijamente.

Su corazón latía con tanta fuerza que el pulso le martilleaba en las sienes.

Él la amaba.

Imposible. Debía de estar trastornado. O ebrio. Olfateó discretamente, pero no notó olor a alcohol; tan sólo percibió su aroma limpio, masculino, cálido. Y no había duda de la sinceridad que se leía en su mirada, ni del amor que ardía en sus ojos oscuros.

Con todo, sólo por si acaso el pobre no estuviera en sus cabales, se sintió empujada a señalar:

─ ¿Te das cuenta de que sería una condesa horrible?

─ No. Serás una condesa encantadora. Cautivadora, cariñosa, cuerda y comedida. Llena de coraje─ le acarició suavemente la mejilla con los dedos ─Cuántas palabras con c para describir a mi extraordinaria Sango.

Ella tuvo que afianzar las rodillas para permanecer erguida y trató de pensar con claridad, pero el hecho de que Miroku la amara desafiaba toda lógica. Antes de empezar siquiera a dominar sus dispersas emociones, sonó un golpe en la puerta.

Ambos se volvieron.

─ Entre─ dijo Miroku.

Era el vicario, que alternó su mirada interrogante entre el uno y el otro.

─ ¿Podemos comenzar ya? ─ quiso saber.

Miroku se volvió hacia Sango, y los dos se miraron a los ojos. No dijo nada, sólo se limitó a mirarla, aguardando, permitiéndole escoger, rezando para que lo aceptara.

Entonces, con sus ojos fijos en los de Miroku, Sango respondió al vicario:

─ Sí, podemos comenzar.

Miroku experimentó una profunda sensación de alegría y euforia. Sango y él iban a estar juntos... como marido y mujer.

Todo iba a salir a la perfección.

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Suikotsu, el hombre de más confianza del magistrado, se deslizó en el dormitorio del conde Houshi y cerró la puerta sin hacer ruido. Paseó la mirada por la espaciosa y lujosa habitación y se dirigió a toda prisa al escritorio de cerezo situado junto a la ventana.

Con suerte encontraría algo allí. El registro efectuado en el estudio privado del conde y en la biblioteca no había dado resultado y el tiempo se estaba acabando.

Examinó los cajones, pero no halló nada. Acto seguido se puso en cuclillas y pasó las manos ligeramente por la madera brillante. Entonces, detrás de una de las patas, sus dedos toparon con una manecilla redonda. Casi sin atreverse a respirar, la hizo girar. Sonó un leve chasquido y se abrió un compartimiento secreto. Algo blando le cayó en la palma de la mano.

Sacó la mano y se quedó mirando una máscara de seda negra.

Experimentó una abrumadora sensación de triunfo.

Aquélla era justamente la prueba que necesitaba el magistrado.


¡Hola! Espero que hayan disfrutado del capítulo... Aunque haya sido algo corto.

El siguiente es el final [no sé si debí decírselos o no... es sólo para que estén preparados jeje]

Ya terminaron de entregarme mis resultados de los primeros parciales, a pesar de que estoy algo atareada y en varios proyectos, en general me fue bien.

Quiero compartirles que, me entró una depresión de lectora en la semana, por que:

Seguía una historia muy buena del fandom de Fairy Tail... cuando la autora tardaba en actualizar, yo le mandaba mensajitos para motivarla... pero esta vez que entré a buscarla, ya no aparece la historia ni la autora, y me sentí fatal! por que se había quedado en algo muy bueno... (TT_TT)

Entonces recordé que yo aún no actualizaba tampoco,... y aquí está!

Muchas gracias por sus comentarios.

Creo que ya los respondí,... y si no, Oh cielos! una disculpa enorme! Les respondo rápido los de éste.

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Motivan a seguir escribiendo, actualizar rápido y a mejorar..."