Capítulo catorceavo: En el que por fin se descubre donde están los dos pequeños tsunderes culpables.
Lleno de nervios y gracias a unas habilidades de Inglaterra que Suiza no se va a molestar en averiguar de dónde ha sacado... Consiguen abrir una de las múltiples puertas del estadio y salir a la calle.
Inglaterra se pasa una mano por el cabello y lo primero que hace es cerrarse la cremallera de su chupa hasta la barbilla. Nadie, NADIE se molesta en mirarles en la calle y si hay algunas personas al otro lado de la acera caminando. Hace frío, así que Suiza de abraza a su toalla y entrecierra los ojos porque hay sol y da una vuelta sobre sí mismo mirando a todos lados para ver si hay algo que reconozca, levanta las cejas cuando nota el letrero de la calle a un par de metros de ellos.
—England... Mira! —se lo señala entrecerrando los ojos y caminando al borde de la acera para leer
Inglaterra está mirando el sol, relajándose porque es por la mañana, parecen ser como las ocho o así calcula a ojo por las sombras, de manera que no deben haber pasado más de una noche fuera se vuelve cuando Suiza le llama.
—Avenue... —parpadea—. Des Canadiens de Montreal
Aunque ¿no era que estaban en casa de America? quizás había pasado... detiene sus pensamientos al oír a Suiza, ¿Avenida de quién?
—Montre... uh?
—Oh —Suiza levanta las cejas al notar el francés y lo que dice—. Oh! —las levanta más aun notando que en esas están al otro lado del océano —. OH! —aprieta los ojos recordando a Liechtenstein y pensando en... Su cabello.
—Wait a second! this is not America! —Inglaterra sonríe aliviado como pocas veces en su vida
—Mein gott... Sí que es Amerika —responde en alemán y para sí mismo sintiendo un leve mareo quizás aún debido a lo que tomaron ayer.
—No, no... I mean... yes, but... No es the bloody United States.
—Preferiría que lo fuera... Canada, de todos los malditos lugares. ¿Qué hacemos aquí? ¿Cómo volvemos sin decirle a nadie?
—No, no lo preferirías, créeme... —hace un gesto para que le siga—. Hay que... Montreal —aprieta los ojos porque nunca se acuerda de estas cosas con Canadá—. Hay que buscar su casa y llamarle a Ottawa. Nos prestará ropa y en un par de horas estaremos en el avión camino a casa.
—N-No, no. England. Espera —le mira de reojo.
—Yes?
—N-No podemos ir con Canada.
—Eh? Why not?
—No podemos... E-Es decir, es... England, please, yo y... Él...
—It's a nice boy, es muy discreto y nos ayudará —insiste y da unos saltitos porque tiene mucho frío.
—Pero England —carraspea—, yo tengo una reputación que guardar con ese muchacho, él y Liechtenstein están juntos —carraspea otra vez —, y si él me ve así... Como puedo aspirar alguna otra vez a ser la figura de autoridad y de respeto que se requiere.
—Oh, no tienes que preocuparte por eso, a mí me ha visto miles de veces en cosas parecidas y nunca me ha perdido el respeto —le quita importancia con un gesto de la mano, hasta que nota lo que ha dicho—. I mean... no... miles, literal... —No, seguramente unas cuantas más, añade para sí mismo. Suiza le mira y vacila para nada seguro.
—Quizás podrías ir tú con él y yo... —carraspea y se sonroja—, Mein gott, necesito sólo un poco de dinero, ¿cómo es que acabamos aquí?
—Come on... —le insta sonriendo nervioso—, ni siquiera le diremos lo de los condones de la tour o... I mean... No voy a dejarte solo con el cabello rojo y sin dinero, Switzerland.
—No hablemos de los condones de la tour —pide/suplica cerrando los ojos y teniendo un recuerdo ridículamente vivido que asocia los condones de la tour con la voz que le está hablando. Los abre otra vez en pánico.
—OK. OK... eso no pasó y ya —se pellizca el puente de la nariz con los ojos apretados igual, levemente sonrojado.
—N-No sé de qué hablas —indica apresuradamente antes de carraspear de nuevo—. ¿Vas a hablar con el muchacho?
—Yes... el problema es que... —vacila, porque lo que pasa, como siempre, es que no recuerda el número de teléfono, ni la dirección... Es decir, esa es la clase de cosas que saben Francia y Estados Unidos o que se acuerda de comprobar antes de salir de casa o tiene adecuadamente apuntadas en su teléfono que NO tiene ahora a mano, ¡Eso es!—. Es que no tengo mi teléfono.
—But... Tampoco tenemos dinero. Mein gott in himmel —aprieta los ojos porque esto le agobia mucho.
—Wait! —abre su cazadora y busca dentro del forro, bien escondido, saca su cartera de las emergencias.
—What? —se acerca a él y mira con curiosidad y luego frunce el ceño—. ¡Tú tienes dinero y papeles!
—Yes! podemos ir a un Bar y pedir un teléfono —sonríe.
—Yo no tengo nada —murmura sintiéndose cada vez más estúpido y abrumado. Él tenía el cabello pintado y levantado, tenía un horroroso tatuaje y había hecho muchas cosas vergonzosas... No tenía además ni un sólo franco sobre si, siquiera para volver a casa. Aprieta los ojos —. Te pagaré lo que me prestes con intereses.
—Me tienes a mí, que soy tu amigo —le sonríe y le pone una mano en el hombro—. Pero lo discutiremos luego, movámonos antes de que se me caigan las piernas de frío.
Suiza de sonroja un poco pero agradece de todo corazón a Inglaterra. Asiente un poco con la cabeza.
—Hace un poco de frío, ja. Vamos a buscar un bar —indica tomándole del brazo más o menos como lo haría con Austria. (Suiza y sus muestras de afecto)
Inglaterra se deja aun pasándose una mano por el cabello preocupado porque no recuerda el número de Canadá y preferiría no tener que llamar a Francia o a Estados Unidos a preguntarles.
No mucho más adelante encuentran un Starbucks... Lo cual no es mucha garantía de utilidad e Inglaterra pide, carraspeando, si tienen un teléfono. La chica que les atiende le sonríe un poco descolocada, indicándole que no puede prestarle el teléfono del local pero si puede prestarle su teléfono personal.
Mira a Suiza de reojo y asiente agradeciendo, pidiendo de paso un té y un chocolate caliente porque tiene mucho frío. Suiza se abraza a su toalla todo sonrojado, mirando al suelo y sintiéndose completamente ridículo con los pelos rojos y así vestido, además con las botas de Hockey. Nadie le mira demasiado.
La chica le pregunta su nombre al inglés, sonriendo tímidamente.
—Ah... eh... —mira alrededor—. Arthur —se inventa, como siempre.
—Arthur. Bien... —le sonríe un poco —, son trece dólares.
—Le voy a dar... trece Libras, que es bastante más —responde sacándolas—. Por las molestias.
—Oh, libras —vacila porque no es realmente que acepten libras. Les mira a uno y luego al otro.
—Come on, girl. Es un muy buen trato trece libras. Equivale a veinte de tus dólares con veintiocho centavos —indica suiza haciendo el cálculo mental en automático
—Puedes ir al banco y cambiarlas tú misma. Please —pide el inglés
La chica vacila un poco pensando que esto no es un banco y no es como que quiera ir a uno, pero discutir con ellos no parece una buena idea. Suspira.
—Bien. Ahora traigo sus bebidas —susurra extendiéndole su teléfono al inglés.
—Thank you —agradece Inglaterra. La chica asiente sonriendo yendo a ayudar en la preparación.
El británico toma el teléfono, primero llamando a Westminster, pidiendo el número de Canadá y luego llamando a este. Le indica que está en Montreal y que necesita ir a su casa. Para suerte de ambos el canadiense está en la ciudad trabajando y suspira porque, como siempre, él tiene que dejar todo lo que hace para ayudar a su hermano o a su... bueno, figura paterna o algo así, Le comenta que se vean en su casa en veinte minutos, recordándole la dirección.
Suiza le mira con atención frunciendo el ceño al notar que habla a Westminster a preguntar el número. Aun así no dice más y recibe las bebidas cuando se las trae la chica. Le pregunta donde pueden tomar un taxi en cuanto escucha en que queda Inglaterra y no es más que unos minutos más tarde que están camino a casa del canadiense sobre el taxi, aun bebiendo chocolate y te respectivamente.
xoOXOox
En cuanto Canadá cuelga el teléfono con Inglaterra, este vuelve a sonar. Se sube las gafas suspirando empezando a guardar los documentos en los que trabaja en su ordenador y ve que es Liechtentein antes de descolgar, levanta las cejas y se pone un poquito nervioso haciéndolo.
—Allò?
—Canada —le saluda un poco aliviada al ver que al menos si le contesta—. Hallo, soy Liechtenstein
—Allò —sonríe—. ¿Cómo estás?
—Muy preocupada.
—Quoi? —se tensa automáticamente—. ¿Qué ha pasado?
—Es que... Mein bruder no vino a dormir y no me ha llamado hace horas y... Siento llamarte por esto, de verdad, pero Österreich tampoco me contesta y... Mein bruder nunca se ha ido así, me preocupa que le haya pasado algo —indica en susurros pero en una frase larguísima para ella.
—Oh... bueno, calma, seguro... seguro ton frére está bien, es un hombre muy fuerte y no dejará que nadie le haga daño —la intenta confortar—. ¿No te dijo a dónde iba cuando se fue?
—Nein, es que su teléfono está apagado y... Fue a casa de Deutschland. Kanada, mein bruder NUNCA se ha ido así y... —vacila.
—Calma, ahora te ayudo a buscarlo, ¿quieres? Puedo llamar a ver si alguien le ha visto —propone.
—No quiero que nadie se entere... Podrían hacer cosas malas, venir y atacarnos.
—Well... yo puedo... decir que no responde a su teléfono y que le busco por trabajo.
—Estoy asustada —admite en un segundo de debilidad.
—No hay por qué —intentan confortarla de nuevo—. Estoy seguro de que no habrá dejado que le pase nada —asegura con la mayor confianza que puede mientras recoge—. Creo que deberías llamar a Allemagne y preguntarle por Autriche...
—Mmmm... Bueno. Yo le hablare a Deutschland y tú, bitte, trata de averiguar algo. Frankreich... No sabe que está perdido.
—Oh... bien, preguntaré a... —no tiene ni idea de a quien más podría preguntar, mientras se sube a su coche.
—Dankeschon. Si sabes algo, por favor avísame —responde colgando.
xoOXOox
Cuando España y Austria vuelven de la cocina... suena el teléfono de Francia. Austria mira al francés con ojos entrecerrados sentándose extrañamente a su lado o al menos cerca de él
Francia lo saca y mira quién es, luego mira al austriaco de reojo a espera de ver que quiere hacer, mostrándole qué pone, "Mon petit Canada". Austria entrecierra los ojos y mira al francés.
—Contesta y di que le hablaras luego, bitte —pide en alemán porque Alemania les está mirando con extrañeza.
Prusia frunce el ceño, ¿Francia está pidiendo permiso al señorito para ver qué hacer con su teléfono? mientras el francés contesta y son un "Allò?" El austriaco mira al francés con completo interés, pasándose una mano por el cabello.
—England en Montreal? —Francia parpadea levantando las cejas, en alemán. España mira a Austria y Prusia pone los ojos en blanco porque se suponía que iban a Londres. Austria se tensa con la mención sin poder evitarlo.
—Dile que se suba con él en un avión hacia Londres lo antes posible —indica el austriaco tratando de seguir en alemán pero diciendo la mitad y la mitad.
—Canada, necesitamos que vengáis a London cuanto antes —sigue Franca mirando a Austria y luego a Alemania—. Es por un asunto muy importante.
—Nein, Nein... Frankreich —le riñe Alemania.
—Deustchland, si no viene England a London, no podré mostrarte los informes —sigue Francia pacientemente—. Kanada, dile que estamos todos ahí... estoy hablando francés —cambia el idioma un poco nervioso.
—Frankreich, no vas a hacer de esto un problema más grande —murmura en extremo tenso con el asunto de Canadá ahí y él sin saber la gravedad real de esto. Austria mira a España y le hace un gesto con la cabeza para que distraiga al alemán.
—Deustchland, bitte... eh? —se detiene Francia cuando Canadá le habla. El austriaco valora lo que ha de hacer. Mira a Francia.
—Pásame el teléfono —pide Austria.
—Alemania, ven, ayúdame porfa a pedir el vuelo a Londres —pide España yendo a por el ordenador de Francia, quien extiende una mano hacia Austria pidiéndole un momento, concentrado.
—Spanien, no hay luz siquiera —protesta Alemania mirando a Francia.
—Nein... non, Canada. Ja, Preussen y Allemagne están aquí, vamos todos a London, olvida ese asunto y céntrate en que Angleterre venga también —sigue mitad en francés mitad en alemán.
—Pásame el teléfono —insiste Austria mirando a Francia fijamente.
Alemania sigue alegando algo del internet y España le dice que seguro le pueden robar wifi a algún vecino
—¿Que olvide qué? Pásame el teléfono —presiona Austria poniéndole a Francia una mano en el hombro con delicadeza—. Este no era el trato.
—Hablaremos después, Canada —responde Francia mirando a Austria fijamente, colgando.
—Te he dicho que me pasarás el teléfono —reclama el austriaco en tono cáustico, sosteniéndole la mirada.
—El muchacho no quería hablar contigo —responde sin mirarle.
—¿Qué te ha dicho? —pregunta enfadado.
—Qué Angleterre está ahí y que vienen.
—¿Y de qué no se tiene que preocupar en este momento? —pregunta frunciendo el ceño. Francia vacila porque no quiere decirle que Liechtenstein está preocupada, ni hablarle de Suiza. Prusia frunce más el ceño.
—No te importa, señorito, no es tu vida —asegura el albino.
Alemania por su parte esta medio escuchando a Francia, medio a España que le está metiendo un rollo.
—Considerare esto cuando Liechtenstein vuelva a marcar —murmura Austria frunciendo el ceño e ignorando a Prusia—. O quizás la llame yo, a no ser que...
—Solo estaba buscando a Prusse, le he dicho que estaba aquí y le metido prisa, Autriche, no es como para que te pongas histérico —miente levantándose, yendo a ver que hacen España y Alemania.
Austria frunce el ceño, sin creerle desde luego, tenso. No podía ser que Inglaterra no estuviera bien o algo así, seguramente tenía que ver con Suiza. Suspira sonriendo levemente y mirando a Prusia. Le cierra un ojo.
En cuanto Francia se acerca a un histérico Alemania y a España, suena el teléfono de Alemania. Prusia se sonroja un poco y se separa de Austria asustado, yendo tras Francia. Austria se ríe bajito.
—Frankreich... Esta es una decisión completamente estúpida y descuidada de tu parte —le riñe el alemán en cuanto se acerca, sacando su teléfono—. ¡No podemos darnos el lujo de meter a más gente antes de analizar bien los daños!
—No pretendo meter más gente, pretendo conseguir los informes, el asunto lo revisaremos tú y yo en privado —responde seriamente.
—¡Después de hacer todo un meeting respecto a eso! —mira quién es y frunce el ceño, considerando extraño que Liechtenstein le hable a él. Vacila.
Francia ve quien le llama de reojo y se tensa. El alemán mira a Austria de reojo, que sigue sentado en el sillón.
—Allemagne, si'l vous plait, no te distraigas —pide—. Esto es más importante, ella está buscando a Autriche, me ha llamado a mi antes y Autriche no quiere contestarle, no querrás una bronca de Autriche, ¿verdad?
—¿Por qué Österreich no quiere contestarle? —pregunta frunciendo el ceño, aunque duda pensando que NO quiere una bronca de Austria. Aun así...
—Me ha contado que es algún tipo de entrenamiento para enseñarla a ser más independiente y que resuelva sola sus problemas, dice que Suisse la protege demasiado... Es lo que a mí me ha dicho.
Alemania vacila de nuevo porque ese argumento es bueno, pero habitualmente Liechtenstein no suele hablarle a él para nada. El teléfono se calla.
—Quizás puedas contestarle y calmarla un poco pero simplemente no pasársela a Autriche —propone Francia encogiéndose de hombros
—Quizás pueda preguntarle mejor a Österreich —murmura fastidiado con que Francia le fastidié siendo que está tan enfadado con él—. Vamos a terminar esto de los boletos.
Y justo en ese momento, cuando Canadá ha conseguido cerrar la boca de la impresión de ver al suizo con el cabello rojo, le llega un mensaje a Liechtenstein para decirle que está ahí. El teléfono de Alemania no vuelve a sonar.
Otra pieza del puzzle... poco a poco se va formando
