Tengo algo bien en claro: sigo viva. Porque el dolor me lo demuestra, dándome puntazos cada vez que intento sentarme. Caigo en un duermevela. Es como si estuviese drogada.

¿Tal vez planean alargar mi agonía? Quizás. Son crueles. Y yo que creía que el chico del distrito dos era macabro. ¡Que ilusa!

Poco a poco, venzo al sueño. Se que alguien viene a por mi, a cuidarme o procurar que no muera. No lo distingo, es difícil cuando se te cierran los ojos inevitablemente.

En el mundo de la fantasía, recorro el bosque con pies silenciosos. Soy invisible a ojos ajenos. No corro peligro alguno. Pero al despertar, sigo aquí. En otra parte. Y en la arena todavía.

—Bonita, despiértate- susurra una voz agradable. Quiero responderle que procuraré hacerlo. Empujo la pesada muralla de inconsciencia. Pesa en mis dedos somnolientos. Entre los primeros vistazos a la realidad, distingo las ramas verdes del bosque a mi alrededor. Puedo ver a un pajarito cantando sobre el árbol ubicado a la derecha. Por la luz que se infiltra a través de las hojas, es el atardecer.

¿Cuánto estuve dormida? No lo se.

—Bueno, pero no te muevas.

Es la misma voz. ¿Quién es? Ahogo un grito al reconocerlo. ¡¿EL MUNDO SE VOLVIO LOCO?!

Retrocedo contra la corteza del árbol. Es imposible apartarme mas, porque estoy apoyada del todo en él. La mala suerte me acecha. ¿Cómo pudo suceder?

— ¡Aléjate!-le grito, presa del pánico. Caí de mal en peor. Del hoyo al abismo.

—No temas. No te hare daño. De verdad. No miento- dice el tributo del distrito 2, esbozando una sonrisa de confianza.

Estaba detrás de todo esto, ¿eh? ¿Acaso hizo un trato con los tributos del uno para obtenerme? Seguro. Pero no entraba en ello que sobrevivieran. Los mató. Él cortó la cabeza del idiota ese.

Soy consciente de lo que pasa. De donde me he metido. Ahora lo recuerdo todo: me alejé de Rinna y Ethan que no cesaban de discutir. Mi amigo no estaba de acuerdo con la nueva allegada. Decía que "mejor matarla que dejarle vivir". Yo no creía lo mismo. Ella demostró ser una buena aliada. Y así pasaron toda la noche, echándose en cara unas cuantas verdades. Cansada yo, porque necesitaba descansar me fui. ¡Idiota yo, mil veces maldita!

¿Qué muerte me preparará? ¿Arder viva? ¿Cortarme uno a uno los dedos de las manos? ¿O los pies?

Es impredecible este chico.

Calmarme, sí. Eso necesito. Con los nervios a flor de piel, soy vulnerable. No reacciono racionalmente, hago boberías. ¿Qué se hace frente a un león? Huir despavoridamente no. Los animales huelen el miedo. Te cazan rápido y furiosos. Quedarse quieto. Sí, sí. Ser cauteloso. ¡Eso es! Si yo no…

Me pongo en pie despacio, aparentando restarle importancia al asunto.

Apenas apoyo el pie izquierdo en el suelo, suelto un quejido. Vengo coja de ahí. No puedo correr, apenas caminar.

Mierda, mierda. ¡Que infeliz!

Alzo la mirada, enfrentándole tímidamente. Y no puedo evitar decírselo.

—¿Por qué lo hiciste?- él se encoge de hombros. -¿Para matarme?

—No bonita. Sería un desperdicio que mueras de… ya sabes, tan brutalmente.

Genial. Me matará. Cobrará su venganza al fin. No se si llorar o reir.

Opto por reírme amargamente.

—Mátame- le ordeno, sonando resignada. Débil. Sus ojos esmeraldas no entienden. Tomo el cuchillo de la mochila ladina a él, poniéndose en la mano.

Que lo haga. Ya, que no dispongo de mucho rato.

Inesperadamente, arroja la cosa en el pasto. Posa sus dedos en mi delgado hombro, estrechándome suavemente.

—Mira, te dire una cosa directa- declara, mirándome fijamente. –Si te salve, no es malvadamente. Es… compasión.

—En serio…¿Lo dices?

—En serio-confirma, ofreciéndome otra sonrisa de oreja a oreja.

Me permito suspirar de pura tranquilidad. Por el momento, no me dare por fiada. Y otra opción no hay.

-.-

Alex Raizzer es un chico simpático. Asi se muestra conmigo, y dudo con razón. De un dia a otro cambiara, y yo le rogaré piedad. Que esta pirado, esta.

De día tratamos de cazar animales o cualquier cosa que llevar a la boca. Le costo arrancarme la confesión, de que yo sé cazarlos. Ayer, antes de sumirnos en un sueño reparador me dijo si le enseñaba a hacerlo. "¿Hacer qué?" pregunte, atontada ya de cansancio.

"El amor" contestó esbozando una mueca pícara. Me sonrojé poderosamente.

Me incomoda cavilar hablar de esos temas. Son tan… íntimos. Contando que curso los quince años recién, y Alex los diecisiete. Es obvio que posee experiencia en las artes del amor. Chicas no le habrán faltado, su atractiva apariencia le favorece.

Cambiando de clima, es favorecedor tenerlo conmigo. Me protege las espaldas, narra una historia rara en los caminos largos y me dedica piropos. Es estúpido lo que digo, lo sé.

Y… esto, eh…

—Vi un animalito por ahí- indica Alex, señalando en una dirección a la izquierda, interrumpiendo mis pensamientos.

—Esto, eh…- sacudo la cabeza, aclarando las ideas.- Vamos a convertirlo en materia prima.

Desenvaino el cuchillo y le explico como arrojarlo.

—Haz los honores, Catherine.

Si eso es lo que quiere…

Dejo volar el cuchillo. Se hinca en el estomago del conejo, y cae de costado.

Mi aliado deja escapar un silbido, seguido de aplausos. Nunca me gusto ser el centro de atención. Y éste me alaba.

—No te sonrojes, que tampoco es para tanto- comenta el chico del dos, palmeándome la espalda.

—Es que detesto ser el objeto de todos- le confieso, cabizbaja. Él alza mi barbilla, obligándome a mirarle.

—Una chica tan bella no debería pasar desapercibida. Por nadie.

"Oh, sí" quisiera comunicarle. "A ojos de Ethan, paso de largo".