El despertador suena, y siento cómo algo se levanta rápidamente a mi lado. Quinn está incorporada, con los ojos abiertos y sentada en la cama. La cojo del brazo y la atraigo hacia mí, tumbándola de nuevo.
-Hoy es sábado. Y tú los sábados no trabajas.-Digo atrayéndola a mis brazos y abrazándola por detrás y dejando un beso en su hombro.
-¿Y tú no trabajas?-Me pregunta. Suelto una pequeña carcajada, y la pego más hacia mí.
-¿Todavía no te has acostumbrado a que soy la jefa?-Digo besando su nuca y acariciando su vientre por debajo de la camiseta.
-¿Cómo es la Santana jefa?-Pregunta dándose la vuelta para mirarme.
-No te gustaría la Santana jefa. Es dura, estricta, fría, lleva traje, va maquillada y tiene cierto malhumor cuando la contradicen.
-Me gustaría verla, alguna vez…-Dice acariciando mi mejilla. Hoy tiene los ojos demasiado verdes, hoy los ojos le brillan más que nunca. No sé si será por la luz que entra por la ventana, porque la tengo demasiado cerca o es simplemente, que yo la veo así.
-¿Cuándo?-Le pregunto.
-Cuando…-Digo sin terminar la frase y poniéndome encima de ella.-Cuando vamos a desayunar.-Digo completando la frase.
-Por ejemplo.-Dice ella sonriéndome e incorporándose para darme un suave beso. La cojo en brazos, llevándola hacia la cocina. Mientras la sujeto en peso, me da pequeños mordiscos en el cuello y en la oreja, que hacen que la fuerza de mis brazos decaiga y que si no fuera porque sus piernas rodean mi cintura se habría caído al suelo.
-Quinn… No hagas eso si quieres llegar viva a la cocina.-Digo cogiéndola mejor, pero ella no cesa en su empeño de hacerme flaquear. De mi cuello pasa al hombro, con el que hace lo que quiere. La pongo encima de la encimera comenzando a besarla yo también.-¿Qué vas a desayunar?-Intento decir, pero ella no para de besarme y sólo se escucha la mitad de la frase.
-¿No estábamos desayunando ya?-Cuestiona ella. Levanto una ceja y asiento.
-Cierto.-Digo comenzando mi particular juego con su lengua. La cojo de las piernas atrayéndola hacia el borde de la mesa, haciendo que pegue contra mí, sin dejar de besarla. Meto mi mano por su camiseta, hasta llegar a sus pechos, que hago míos con las manos. Baja su boca por mi mentón, mordiéndome, rasgando con sus dientes mi piel. Bajo mi mano por su vientre, hasta la entrada de sus shorts, que desearía quitar con la boca ahora mismo. Mi mano se posa allí, intentando pasar, pero algo me lo impide. El móvil empieza a sonar.
-Mierda…-Digo cogiendo el móvil. Lo miro, es Mandy.-Mandy, ¿qué quieres?-Digo mientras Quinn no deja de besarme el cuello, morderme la oreja, y yo casi no puedo concentrarme en lo que dice Mandy.
-Santana, tiene que venir. Un empleado ha comenzando a blasfemar sobre usted y ha comenzado a destrozar la sala de reunión…-Dice, pero no termina la frase. Algo golpea su móvil y cae al suelo, dejándolo sin línea.
-Quinnie… Tengo que ir un momento a la empresa.-Digo mirándola.
-¿En serio?-Dice. Asiento, dándole un profundo beso antes de despegarme de ella.
-Sí… ¿Quieres venir? Va a ser rápido.-Le digo. Ella asiente y sonríe. Otra vez lo mismo, un traje de chaqueta esta vez orsa palo, muy ceñido al cuerpo, y una coleta alta. Quinn va como siempre, unos vaqueros, tacones y una camisa blanca metida dentro del pantalón. También lleva una coleta alta. Es simplemente preciosa.
Nos subimos al coche, y voy todo lo rápido que puedo. Mandy no tiene culpa de lo que yo haya hecho, y sin embargo ha pagado ella por mí. Quinn se retoca en el espejo el maquillaje, y luego, pone la radio, en la canción que ayer había dejado parada al bajar.
Bajamos del coche y entramos en el edificio, que Quinn se queda mirando perpleja.
-No me odies por lo que vaya a hacer ahora.-Le digo dándole un beso antes de entrar.
Subo a la planta diez, a la sala de reuniones, donde un energúmeno está gritando en medio del pasillo. La gente se aparta y me mira, mientras Quinn se echa a un lado del pasillo. El tipo se queda mirándome, alterado. Mi semblante es serio y no cambia. Mandy está en un rincón con la mano puesta en la mejilla, y el labio le sangra.
-¡Pero si está aquí la señorita López! ¡Pero qué sorpresa! ¿Ha dormido bien esta mañana la señora?-Dice acercándose a mí gesticulando con las manos. Lo ignoro y miro hacia Mandy.
-Por favor, que alguien la lleve a enfermería.-Digo mirándolos a todos, pero sólo un chico, joven, seguramente un becario, sale voluntario.-Me sorprende ver la poca solidaridad que hay entre vosotros. Bueno, en realidad no. Cuando queráis que alguien os ayude, os vais a quedar solos en la vida por actos como los que acabáis de cometer. No sé cómo no os dais asco a vosotros mismos.-Digo mirándolos a todos, que han formado un círculo.-Tú, cómo te llamas.-Le pregunto al chico.
-Jack, me llamo Jack.-Dice con la voz temblorosa.
-No tengas miedo, que no muerdo. Jack, ayúdala, vamos.-Jack corre hacia Mandy, levantándola del suelo y llevándola a la enfermería. Mientras, los miro a todos, que con las cabezas agachadas intentan irse del pasillo.-Eh, eh, eh… ¿Dónde vais? Os quedáis aquí todos.-Digo señalando el suelo.-Traed una silla.-Digo. Una chica pone una silla en medio del pasillo, y el silencio se hace entre todos. El tipo sigue con la respiración agitada, y los ojos se salen de sus órbitas.-Siéntate.-Le digo con tono gentil.
-No me voy a…-Replica.
-¡QUE TE SIENTES!-Digo señalando la silla. Él se sienta de mala gana, cruzando los brazos y manteniendo su mirada en mí.-Dime lo que tengas que decirme, aquí, a la cara. Sí, después te despediré, pero al menos quédate bien, ¿no crees? –Digo cruzando los brazos.
-Eres una dictadora, nos vas a llevar a la ruina, lo sabes. No tienes ni idea de lo que haces. Echaste a dos personas sin motivo.
-Ts, ts, ts…-Digo negando con el dedo y pongo a dar vueltas alrededor de él, mientras todos miran.-Digamos que… Mi hijo tiene cáncer, y yo quiero que los beneficios de mi empresa vayan destinados a niños como mi hijo, y alguien dice: "da igual, si van a morir igual". ¿Tú qué harías?-Le pregunto poniéndome frente a él.
-Matarlo.
-Oh, vaya, ¿y ese te parece un método más ortodoxo para solucionar el problema?-Le digo. El tipo aprieta los dientes y agacha la cabeza, dándome la razón.-Y a todos los demás, me odiáis, ¿verdad?-Digo. Un murmullo general se escucha, y sale a la luz mi típica sonrisa irónica.-Qué pena, no os han contado la historia entera, sólo sabéis que la mala de Santana ha llegado sustituyendo al siempre bueno Josh, y ha empezado despidiendo a dos personas. Bueno, contigo tres. Pero no sabéis ni la mitad. Cuando alguien quiera pedirme perdón estaré en mi despacho, dispuesta a escuchar vuestras disculpas. Pero mientras no sepáis la verdad de todo, mejor será que estéis callados y me sigáis odiando en silencio. Cuando lo sepáis todo, venís a pedirme perdón, porque si os importara un poco vuestro futuro en esta empresa y en vuestra vida en general, no trataríais así a la gente que ni siquiera conocéis y podéis hacer daño.-Digo mirándolos a todos desde el final del pasillo.-No voy a consentir que en esta empresa reine el odio hacia un superior o hacia un compañero. Y mucho menos a niños con enfermedades, me da igual de qué tipo. Y tampoco consiento que se tomen prejuicios. Dicho esto, quiero a todo el mundo trabajando para sacar esto adelante, que parecéis niños de patio de colegio. No me parece normal tener que dar una charla así a gente de treinta años o más, me parece vergonzoso. Y si os importara lo más mínimo me haríais caso, y no le daríais importancia a quién os dirige, sólo os preguntaríais para qué hacéis esto. Y tú.-Digo señalando al tipo de la silla.-Ffuera del edificio en menos de cinco minutos. Los demás, cada uno a su departamento y a trabajar.-Concluyo. Todo el mundo desaparece en cinco segundos del pasillo, dejándonos a Quinn y a mí solas. Quinn se me acerca, mordiéndose el labio inferior y abrazándome.
-No dudo de ti.-Dice en mi oído.
-Nunca haré que dudes.
