Capítulo 14: Veinte años de experiencia...
-¡Nunca confié en ese maldito hurón albino! –exclamó Lupin tomándose la cabeza con ambas manos, como cada vez que caía preso de la angustia.
Dumbledore guardaba silencio escuchando tranquilamente la discusión que sostenían ambos hombres. Esperaba encontrar en las palabras de alguno de ellos la clave para tomar una decisión.
-La chica Weasley dijo que no fue intencional. –respondió Snape con furia en los ojos.
-¡Eso es lo que Malfoy les hizo creer! –contestó el licántropo apretando los dientes. -¿Desde cuando lanzar una maldición imperdonable es casualidad? Además, debemos considerar que para ser sólo un chico su criatus fue lo suficientemente poderoso como para que Hermione aún no despierte... Es más, ni siquiera yo podría realizar un criatus tan fuerte como para hacer perder la conciencia a alguien...
La larga y delgada figura del director de Hogwarts se puso de pie entre ambos brujos. Dirigió una mirada triste a Severus, quien se limitó a bajar la cabeza.
-Severus... –dijo Dumbledore. –me temo que el chico Malfoy debe ser entregado a las autoridades del ministerio, No sólo demostró ser peligroso, sino que también no tiene ninguna conciencia del daño que su magia puede causar en otros. Esto supera mi autoridad, espero que lo comprendas...
-Profesor... –musitó Snape nervioso. –Si descubren lo que pasó con Granger le romperán su varita...
-¡Eso es lo que se merece! ¡Justamente es lo que deberían hacer con ese monstruo disfrazado de chico lindo! –gritó Lupin completamente fuera de sí, con los ojos brillando en ira y las mejillas encendidas.
La puerta de la sala se abrió y una rolliza figura femenina entró seguida de las expectantes miradas de los presentes.
-Hermione despertó. –dijo la señora Weasley con preocupación en su rostro. –Pidió hablar con Malfoy.
Remus salió de la habitación bastante molesto e irritado pasando a llevar ligeramente el hombro de Molly al pasar por la puerta. ¿En qué mierda podría estar pensando la pequeña Hermione? ¿Cómo es eso de querer hablar con su atacante si casi la mató? Subió las escaleras y se detuvo frente a la puerta de la habitación de las chicas. Ginny abrió la puerta permitiendo el paso del brujo, quien se acercó a la castaña Gryffindor y se sentó a los pies de su cama.
-¿Qué pasó? –preguntó el hombre tratando de encontrar una explicación a todo lo sucedido... ¿Por qué si Malfoy parecía querer tanto a Hermione? ¿Por qué hizo lo que hizo?
-La verdad sólo recuerdo que estábamos batiéndonos a duelo y que de pronto sentí muchísimo dolor... después todo era oscuro y confuso... Ahora estoy muy cansada para pensar. –sonrió.
-Sabes quien te atacó ¿cierto?
-Malfoy –contestó bajando la vista, intentando huir de los acusadores ojos de Lupin, que parecían decirle "te lo dije". –Yo lo provoqué, Remus...
Ginny salió de la habitación.
-¡Por muy irritante que hayas sido con él, nadie merece recibir un criatus! ¡Nadie! –exclamó Lupin poniéndose de pie. –Ese chico pagará todas las que ha hecho. El ministerio será informado de este acontecimientos y, seguro, le rompen su varita.
-¿Por... por... qué? –musitó la muchacha confundida. –Si sólo estábamos en un duelo... Su primer ataque fue muy suave, mas efectivo... Aún así me burlé de él. –dijo recordando cual una película lo que había pasado hace algunas horas. –Me sentí inferior, decepcionada de que Malfoy fuera tan "gentil" conmigo y no tratara de hacerme daño... Lo insté a que utilizara su mejor arma en mi contra y lo hizo... Ginny me comentó que el hurón pensaba que yo esquivaría la maldición...
-Pero no lo hiciste... –murmuró Remus más calmado. –¿Y si en lugar del criatus, hubiera sido el Adava Kedabra, Hermione? ¿Qué hubiera pasado entonces?
-Malfoy no puede matar a nadie con el Adava Kedabra, es muy joven. –refutó la chica negando con la cabeza y seguridad en su voz.
-Con la fuerza que tiene su criatus, créeme que es perfectamente capaz de realizar el Adava Kedabra tan bien como su padre. –contestó el licántropo caminando hacia la puerta. –Los chicos quieren verte, ¿los hago pasar?
Hermione se alzó de hombros en señal de indiferencia. Todo le parecía tan confuso e irreal... Draco, es decir, Malfoy había querido hacerla sufrir... ¿Por qué? Hacía tanto que no se insultaban, solían tener charlas cargadas de acidez... así como otras con un gusto más dulce que la dejaban con una agradable sensación de cosquillas en el estómago. Bajó la vista y sintió un enorme nudo en su garganta y unas lágrimas de desconcierto rodaron por sus mejillas sobresaltándola... ¿Por qué estaba llorando?
Sintió un ruido de pisadas en el pasillo y se secó velozmente las huellas húmedas de su confusión del rostro. Ginny abrió la puerta mirando hacia ambos lados de la habitación.
-Todos están abajo discutiendo la situación de Malfoy... –murmuró asomando la cabeza por la rendija de la puerta entreabierta. –Tienen cinco minutos, si los chicos me descubren me matan... –abrió la puerta completamente y Draco entró a la habitación.
Hermione lo observó de pies a cabeza. Estaba cabizbajo y su expresión habitual de hastío daba paso a un reflejo de vergüenza y desconcierto. Caminaba hacia la muchacha con las manos tras la espalda, lo que la Gryffindor identificó como un hechizo de seguridad que mantenía sus manos atadas.
-Hermione, yo... –murmuró sin mirarla, mantenía sus grises ojos pegados al suelo temiendo encontrarse con la mirada castaña de la muchacha. –Yo pensé que ibas a reaccionar al ataque, fue una estúpida broma que no pude evitar...
-No se bromea con las maldiciones imperdonables, Malfoy. –contestó la chica dirigiéndole una mirada asesina. –Ahora todos sospechan de ti por atacarme... Soy la única hija de muggles y justamente a mi me atacas. Eso no sonará bien en tu audiciencia... Si es que te dan una antes de mandarte a Azkabán. –la ira la inundó violentamente, los ojos se le inyectaron de sangre y sentía la piel hervir de solo ver al rubio Slytherin frente a ella.
-No me hables así, Hermione, eres la única persona que me importa en este lugar... no me interesa que el resto me crea culpable, siempre y cuando tú me perdones por ser un perfecto idiota.
Ginny volvió a entrar a la habitación y, tomando a Draco por la túnica, salió raudamente sólo momentos antes que se escucharan unas pisadas escaleras arriba. Una lechuza moteada ingresó por la ventana dejando caer una carta directamente a las manos de Hermione.
Estimada señorita Granger:
Solicitamos a Ud, su presencia el día 23 de agosto a las 9:00 horas en el ministerio de magia para tratar el caso:
Ministerio v/s D. Malfoy
Su presencia es de suma importancia para la realización de esta sesión.
Atte. Cornellius Fugde, Ministro de Magia.
-El mimisterio ya fue informado... –murmuró dejando la carta sobre la cama. –Este es el principio del fin de Draco Malfoy...
La luz se colaba por la ventana persistentemente, entrando por la cortina entreabierta de la habitación, llenando de brillo los alborotados cabellos castaños que descansaban lánguidamente sobre la almohada. Se revolcó un poco entre las sábanas intentando esquivar el rayo de sol que le daba justo a los ojos, impidiéndole seguir con su sueño.
Abrió los ojos y vio a Ginny durmiendo plácidamente al otro lado del cuarto, donde la luz no alcanzaba a iluminar completamente. Se puso de pie con cuidado, todavía le dolía la cabeza y el pecho, seguramente donde había recibido de lleno el ataque de Malfoy. Se calzó unas zapatillas de casa y caminó silenciosamente hacia la puerta de la habitación. Tomó la manilla con cuidado y la abrió evitando hacer cualquier ruido.
En el pasillo que dirigía a la escalera se detuvo. ¿A dónde iba? Al parecer todos dormían aún... Unas voces desde el piso de abajo aclararon sus dudas y se acercó a la escalera.
-¿Bajo un hechizo? –dijo una voz clara y masculina. –No me hagas reír, Arthur...
Hermione se acercó aún más y se sentó en el último escalón.
-Parece que fue una jugarreta del elfo doméstico que estaba antes en esta casa. –contestó el señor Weasley con tono seguro. –Algo hizo que el chico no pensara en las consecuencias de sus actos, pareció olvidar todo lo importante...
-¡Por Merlín, Arthur! –exclamó otra voz más agrietada y algo ronca. –No digas tonterías, llegó a la oficina el reporte que de la varita del joven Malfoy salió el hechizo Criatus... Como está bajo custodia sabemos cada movimiento, da gracias al celo que tomé la notificación antes que otro auror... Aunque el ministerio está notificado... Tuve que hacerlo.
Hermione sintió como el corazón le dio vueltas en el pecho. Tenía la esperanza que todo fuera una equivocación y que realmente Draco nunca intentó hacerle daño.
-Señores... –interrumpió una voz calmada y raspada. –Sabíamos que esto pasaría... Desde que Sirius murió temimos que nuestra posición fuera localizada. Aunque no creo que haya sido un elfo doméstico quien controló la mente de Draco Malfoy... fue otro mago.
Hubo un silencio seguido de múltiples cuchicheos que la castaña Gryffindor no pudo comprender. Alzaron la voz otra vez:
-Albus... –dijo Ojoloco, el auror que interceptó el reporte del ataque contra Hermione. –Estás queriendo decir que crees en la historia de Arthur... ¿Qué Malfoy fue dominado por algo o por alguien para atacar a Granger?
-Creo que el elfo doméstico debe haber notificado nuestra ubicación a Lenstrange, la única pariente viva de los Black, luego de la muerte de Sirius... tal vez antes y creo que fue otro mago quien intentó darle muerte a la señorita Granger, utilizando al joven Malfoy.
-¿Por qué no habían atacado antes? –preguntó una voz femenina. –Podrían haber atacado a Potter o asaltado el lugar...
-No creo que Voldemort esté detrás de Harry esta vez, Tonks. –agregó Dumbledore con mucha tranquilidad en su voz. –Está buscando la forma de hacerse de Draco.
Hermione se tapó la boca para evitar dejar escapar algún ruido de asombro. Trató de acercarse más a la sala bajando otro par de peldaños.
-De Malfoy... ¿por qué? –preguntó Remus caminando hacia la escalera, hermione podía ver la punta de sus zapatos.
-¡Ese chico es un diamante en bruto! Tiene mucho poder como para facilitarle el camino a un Voldemort de capa caída. –contestó Ojoloco carraspeando. –Señorita Granger, no es de buena educación que escuche conversaciones ajenas...
Hermione asomó la cabeza por los barrotes del pasamanos de la escalera. Se puso de pie y se dispuso a bajar a la sala. ¡Cómo había olvidado el ojo mágico de Moody! Era tan obvio que sería descubierta...
-Srta. Granger –comenzó Dumbledore ofreciéndole una silla. -¿Qué fue lo que escuchó?
-Pues... –la chica tomó asiento y comenzó a jugar con sus cabellos entre los dedos. –Yo escuché que... Malfoy podría ser inocente de mi ataque... supongo que víctima de un imperius o algo así... –decidió omitir que había escuchado de la supuesta localización de la sede de la Orden del Fénix.
-¿Qué piensa Ud. acerca de eso, Srta. Granger? –preguntó Moody retorciendo el ojo vidrioso para todos lados. -¿Cree que Malfoy sea inocente?
La Gryffindor miró a su alrededor, estaba toda la Orden reunida, frente a ella tenía a Dumbledore, Remus, Tonks, los Weasleys, Ojoloco y muy al fondo de la habitación estaba Snape haciendo una poción. Del caldero se expedía un fuerte aroma a menta y jabón en forma de un vapor celeste.
-Pues me gustaría creer que es inocente, señor... –contestó mirando al suelo. –Verá usted, yo sé que Malfoy es un pedante, orgulloso, altanero, maleducado, fastidioso, irrespetuoso, etc... pero conmigo ha sido un buen chico...
Tonks se sonrió al comprobar que el rostro de Hermione adoptaba un tono sonrojado en las mejillas. Había visto a Draco con ella y sabía que no podría hacerle daño, parecían buenos amigos... pero no debía confiarse.
-Hablé con él... ayer después del incidente. –continuó hermione respirando profundo. –Se veía muy confundido y avergonzado.
-¡Pues démosle el Óscar! –exclamó Remus tomándose la cabeza con ambas manos. –Gran actor el jovencito... Ataca y luego finge estar bajo la influencia de un imperius. La próxima vez fingirá... ¿Amnesia?
-Nos estamos alejando del tema, Remus... –interrumpió Tonks acercándose a Hermione y sentándose junto a ella. –Linda, yo sé que tú y el chico hurón son algo así como amigos... ¿o son algo más?
La castaña sintió como los colores se le subían al rostro y sus ojos se volvieron nublosos de pronto. Los frotó con las manos y respiró hondo.
-Pues no... somos sólo amigos... Fue algo que nació a presión... –argumentó bajo la mirada de los de la Orden. –tenemos una amiga en común: Pansy Parkinson... ella insistió en volvernos amigos... es sólo eso. ¡Cómo creen que un Malfoy va a fijarse en una sangre impura para algo más que una amistad!
-A eso quería llegar... –dijo Tonks mirando a Hermione a los ojos. –Para él sigues siendo una hija de muggles, por ende, una enemiga y una víctima de sus ataques... Es lógico que lo hizo a propósito.
-¡¡¡Hace mucho tiempo que a Draco no le importa mi origen muggle!!! –gritó la Gryffindor alterada. –Ustedes no saben lo que ha cambiado desde que murieron sus padres. Él ha hecho un gran esfuerzo en olvidar aquellas estupideces y nadie lo valora...
Remus fue hacia Hermione y la abrazó.
-Sólo estamos analizando la situación, pequeña, nadie está atacando a Malfoy. –le dijo al oído acariciando sus cabellos ondulados. –Entiende que queremos protegerte... estamos preocupados por ti.
Hermione se separó suavemente de los brazos de Lupin y lo miró a los ojos con los suyos húmedos de ira y tristeza.
-Remus... –murmuró tímidamente. –No quiero que lo lleven a Azkabán... Se moriría ahí solo y rodeado de esos horribles dementores o lo que sea que vigila la prisión en este momento... Él es diferente a sus padres, no es un mortífago... No se merece nada de esto.
Dumbledore observaba la escena en silencio y muy pensativo. Notaba en el cpomportamiento de Hermione una preocupación desinteresada por el destino del Slytherin. Quizás debía dar crédito a la convicción de la muchacha y una segunda oportunidad a Malfoy. Esperaba estar tomando la decisión correcta.
-Severus... –dijo atraendo la atención de toda la Orden. –Ve por el joven Malfoy.
Snape se puso de pie y asintió con la cabeza... Sólo con un movimiento rápido de varita desapareció en el aire. Segundos después estaba frente a ellos un chico alto, rubio y cabizbajo acompañado por Severus, quien lo sujetaba por los hombros.
-Vamos a ver... –suspiró Dumbledore caminando hacia Draco. –Joven Malfoy, usted me asegura que no intentó dañar a la señorita Granger...
-Se lo he dicho cientos de veces... –dijo el muchacho alzando la vista para clavarla de lleno en los celestes ojos del director de Hogwarts. –No creí jamás que el criatus saliera de mi boca, ni menos que Hermione no pudiera esquivarlo.
-La señorita Granger aquí presente... –Dumbledore señaló a Hermione al final de la sala acompañada de Remus y Tonks. –ha intercedido a su favor y como ella es la principal afectada... He decidido darle una última oportunidad.
Malfoy miró asombrado a Hermione... ¿Por qué lo había hecho? ¿Sería posible que lo hubiese perdonado?
-Se procederá como si esto nunca hubiera pasado. –continuó Dumbledore desatando a Draco. –Se borrará este incidente de su prontuario atribuyéndolo a "otras causas", por lo que no se tocará en su audiencia del día 23. ¿De acuerdo?
Draco afirmó con la cabeza y se volvió hacia Snape, quien le dirigió una sincera sonrisa.
-Por cierto, Severus. –dijo Dumbledore. -¿Está lista la poción para la señorita Granger?
-Sí, profesor.
-Pues, llévela a su habitación y le da su medicina... No quiero desmayos ni pérdidas graves del conocimiento... –ordenó el director. –Hermione, tu salud se ha visto muy perjudicada en el último tiempo... Toma un descanso, guarda cama y no participes de los entrenamientos de la Orden.
Hermione sonrió dando por entendidas y acatadas las indicaciones de Dumbledore. Sin decir más, Severus Snape la tomó del brazo y la llevó escaleras arriba, no sin antes mirar una vez más al rubio muchacho.
-Buenos días, Harry. –saludó la señora Weasley vigilando unos huevos con jamón que se cocinaban dejando escapar gotitas de aceite fuera del sartén. -¿Dormiste bien?
El moreno se sentó a la mesa y estiró los brazos por sobre su cabeza, dejando escapar un bostezo.
-Mejor que nunca... hoy será un gran día. –contestó dibujando una sonrisa en el rostro. –Al fin se hará justicia...
-Sí, por cierto, querido... hay algo que debo decirte. –musitó Molly sentándose a su lado. –Es sobre Malfoy...
Harry la miró acomodándose los anteojos. Hoy llevarían a Malfoy a tuición preventiva a Azkabán... ¡Nada podía salir mal! ¿o sí?
-Verás, Harry –continuó la señora Wasley tomando entre sus manos las del muchacho. –la Orden ha decidido mantener a Draco en esta casa hasta el día de su audiencia...
-Pe... pero... ¿por qué? –preguntó Harry con los ojos muy abiertos.
-Creemos que él no fue el culpable del ataque a Hermione... tenemos la impresión que fue manipulado por alguien para hacerlo. –Harry la miró enfadado soltando las manos de la mujer. –Tememos que fue algún aliado de Tú-sabes-quien. Además Hermione...
El chico se puso de pie y pateó una silla continua a él, apretó los puños con furia y comenzó a golpear la puerta de la cocina con furia.
-Hermione intercedió por Malfoy... pidió que no lo mandaran a Azkabán. –Molly se acercó al muchacho y lo tomó por los hombros obligándolo a voltearse a verla. –Albus pensó que era lo mejor.
-¿¡Lo mejor!? –gritó Harry completamente fuera de sí. -¡Trató de matarla! Y la muy estúpida lo defiende...
Una cachetada se estampó en la mejilla del Gryffindor dejándolo sorprendido y choqueado. La señora Weasley lo observó nerviosa, sin embargo su rostro reflejaba una inmensa decepción.
-Eres muy injusto, a veces, Harry. –dijo la bruja rechoncha mirándolo a los ojos. –El desayuno está servido... Yo iré a ver si Hermione desea desayunar.
Siguió con la mirada a la rolliza figura que se perdía escaleras arriba. Tocó su mejilla con la mano... jamás lo habían abofeteado y se sentía bastante duro viniendo de alguien a quien él estimaba tanto. Se volteó hacia su taza de té y su mente comenzó a divagar. Si Malfoy no era culpable... ¿pues quién lo era? Ron le aseguró haber visto al Slytherin poner fuera de combate a Hermione. Por otro lado, Ginny estaba convencida que Draco no había querido dañar a su amiga... ¡y ésta última lo había perdonado! Nada parecía tener sentido, excepto el hecho que Malfoy sí debía estar en Azkabán y, extraño, no lo estaba. Los de la Orden parecían fuera de control, como si alguien los impulsara a tomar malas decisiones. ¿Dejar al hurón una semana más en la casa, después de atentar contra la vda de una hija de muggles? Es como invitar a Voldemort a cenar... ¡Una bomba de tiempo!
-¿Harry?
-¿Ah? –el chico alzó la vista para encontrarse con una alta figura espigada coronada de rojos cabellos.
-Te pregunté si querías ir al callejón Diagon... –dijo Ron mirándolo curioso. –¿Te pasa algo? ¿Es por lo de Malfoy?
-En parte... –respondió Harry alzando los hombros. –Me haría bien distraerme un poco... vamos.
-Desayuno y nos largamos de aquí. –exclamó el pelirrojo tomando una taza de té. –El ambiente está de cortarlo con cuchillo.
Ron se llevó una tostada a la boca dejando nuevamente caer a Harry en sus más oscuros y ocultos pensamientos. ¿Qué tal si la Orden conspiraba en su contra? Si, a lo mejor, Malfoy era un espía infiltrado que trabajaba para Voldemort y controla la mente de Dumbledore... O, tal vez, sólo había sido traído por Snape...
-¡Para joderme el verano! –gritó pegando con el puño en la mesa, haciendo saltar la taza de Ron.
-¿Qué te vas a joder a quién? –preguntó el colorín distraído. –Si con suerte te jodiste Herm... Bu... Buenos días, mamá.
La señora Weasley le lanzó una mirada fulminante que pareció atravesarle la cabeza. Cogió la taza de té y la bebió de un solo sorbo, que pareció quemarle las entrañas. Se metió otra tostada en la boca y se levantó rápido de la mesa.
-Anda, Harry... –murmuró jalando a su amigo de la camisa. –Vámonos al Callejón Diagon.
Tomaron sus túnicas, una bolsita de polvos Flú y dentro de algunos segundos habían huido a toda prisa de la casa de los Black, ahora la casa de los locos.
-¿Vamos por unas cervezas? –preguntó Ron con cara de espanto. –Quiero olvidar el reto que me va allegar en cuanto pise esa casa otra vez... Debería aprender a ser más medido con mis palabras frente a mamá o en su cercanía...
Caminaban tranquilamente por la calle que estaba casi vacía. Los locales comenzaban recién a abrir y se podía ver a los tendederos barriendo el pido y poniendo todo en orden al interior de ellos.
-Tampoco me di cuenta que ella estaba ahí, si te sirve de consuelo... –comentó Harry con una sonrisa. –Además, no dijiste ninguna mentira... ¡Yo sólo me he jodido a Hermione!
Ron explotó a carcajadas mientras Harry hacía muecas cachondas con la cara y sonidos bastante peculiares y que sólo se dan en la intimidad... Sin olvidar las clásicas frases: Oh, Dios mío; dale, dale; No pares; ya casi, etc.
-¡¡¡Así que era verdad!!! –gritó Lupin sosteniendo a los chicos por las túnicas. -¡¡¡Sí tocaste a mi pequeña!!! Te mataré...
Se lanzó al cuello de Harry mientras Ron trataba de cogerlo por los brazos para separarlo de su amigo.
-¡¡¡Le quitaste su inocencia, engendro del demonio!!! –gritaba fuera de sí asiendo al chico por los hombros. -¡¡¡Y te burlas y jactas de ello!!! Es el colmo, James... Harry. -lo soltó de golpe empujándolo ligeramente hacia atrás. –Pensé que eras diferente... –murmuró Lupin mirando a Harry a los ojos. –Yo quise mucho a tu padre, pero siempre le critiqué su forma de tratar a los otros... Y tú no eres muy diferente a él...
-Yo... sólo bromeaba... –contestó Harry asustado por la reacción del hombre frente a él. –tal vez debí omitir algunas cosa... pero era una broma...
Remus lo observaba en silencio trayendo a su mente recuerdos de aquellos años perdidos de su juventud. Aquella escena de su adolescencia parecía verse repetida frente a sus ojos, sólo que con otras personas, otros nombres, otras vidas y más de veinte años atrás.
-Tu padre bromeó también con lo mismo... –dijo acercando su rostro al del muchacho. –Y lo único que consiguió fue romper un corazón... Esas bromas no se hacen, Harry. Nunca sabes quien puede escucharlas...
-Lo siento... –musitó el chico bajando la vista. –Yo... no pensé que estuvieras escuchando...
-¡No se trata de eso, chico! –exclamó el mago tomándose la cabeza con las manos. –Un caballero no tiene memoria... Además, creo que con tu 'imitación' te das demasiada importancia. Te lo dicen más de veinte años de experiencia que una mujer no es tan escandalosa... a menos que esté muy desconcentrada. Bueno, con permiso... iba a Gringgots cuando me encontré con tan fingida escena pasional, así que... ¡Nos vemos en la cena!
Remus se adelantó a los chicos y lo vieron alejarse entre los locales del Callejón Diagon.
-Ahora sí que la hicimos grande... –murmuró Ron. –¿Tú crees que le diga algo a Hermione?
-¿Y qué si lo hace? –preguntó Harry arreglándose la túnica. –Le digo que imaginó todo... Todos sabemos que Lupin no anda bien de la cabeza últimamente.
-Tienes razón... oye... –el moreno se volteó sorprendido. -¿De verdad es tan fogosa?
-Sí... y no te he contado de aquella vez que se puso como loca en el baño de los prefectos... –sonrió Harry mirando a Ron por debajo de la nariz. –Vamos por cervezas y te cuento.
-Veo que ya estás levantada. –exclamó la señora Weasley al ver a Hermione sentada y vestida sobre la cama, atándose el cabello en una trenza.
-No puedo estar en cama todo el día... –dijo la chica alisándose la blusa –Me vuelvo loca...
-¿Vas a querer desayunar? –le preguntó la mujer con una sonrisa. –¿Un té?
-Sí, gracias, bajo enseguida... –respondió la castaña Gryffindor poniéndose de pie.
-No hace falta, te subo la bandeja en un segundo... –repuso Molly con voz de mando. –Trata de descansar...
Ginny sorprendió a su madre abrazándola por la espalda asomando su cara por sobre el hombro de la rolliza bruja, besándole la mejilla.
-Buenos días, mamá... ¿Me traes también el desayuno?
-¿Tú también estás enferma? –preguntó la señora Weasley con una mirada pícara.
-No... –contsetó Ginny soltándola. –Es que no quiero que Hermione desayune solita... ¿Dime que sí?
-Está bien... –afirmó la madre. –pero que nos e te haga costumbre...
La chica pelirroja asintió con la cabeza y se sentó junto a la castaña a los pies de la cama. La señora Weasley hizo aparecer un par de bandejas sobre las piernas de las muchachas con jugo, té y unas tostadas. Dejando todo listo, bajó nuevamente a la cocina.
-Oye, Hermione... –interrunpió la pelirroja con la humeante taza de té entre sus manos. -¿Por qué intercediste por Malfoy?
-Pues no lo sé... –murmuró la Hermione tomando su sorbo de jugo. –Sentí que el espíritu bondadoso de Ginny Weasley se apoderaba de mi cuerpo... Jajaja. –Ginny se sonrió. -¿Los chicos lo saben? –la pelirroja la miró sin entender la pregunta. –¿Que yo hable a favor del hurón en la reunión de esta mañana?
-Mamá y papá dijeron que hablarían con ellos. –respondió con preocupación en el rostro. –Ya sabes que están molestos y consternados por el incidente...
-Creo que yo también debería estarlo... pero no entiendo porqué no lo estoy. –repuso Hermione untando una tostada con mantequilla. –Algo me dice que debo creer la versión de Malfoy y la de la Orden. Estoy muy confundida...
-Yo creo que eres una máquina del perdón... –rió Ginny mirándola a los ojos. –Perdonas las pesadeces de Ron, las burlas tontas de Lavender y Parvati, el ataque de Malfoy y las injusticias de Harry... ¡Eres demasiado buena!
Hermione sonrió y mascó la tostada, masticó rápidamente y se limpió la boca con la servilleta.
-A Ron lo perdono porque lo quiero, a Lavender y Parvati no les doy importancia, malfoy es inocente hasta que se demuestre lo contrario y a Harry... aún no lo perdono.
-¿No? –preguntó Ginny sorprendida. –Yo pensé que... se llevan tan bien... con si no hubiera pasado nada...
-¿Sabes, Ginny? –murmuró Hermione bajando la vista a su bandeja. –En este tipo de cosas hay que tomarse tiempo para sanar las heridas... Sé que ambos actuamos mal, hay muchas cosas en que los dos somos culpables... Nos herimos mutuamente y hay que darle tiempo al tiempo...
-¿Tú lo sigues amando?
-No. –contestó la castaña. –Me atrae sí, pasó mucho agua bajo el puente... pero no sé si podría volver a enamorarme de él.
-¿A qué te refieres con "mucho agua debajo del puente"? –preguntó Ginny con una mirada pícara. –¿Me estás insinuando que tú y él...?
-¡Ay, Ginny! –exclamó Hermione completamente roja y con una enorme sonrisa que la delataba.
-¡Lo sabía! ¡Lo sabía! –gritó la pelirroja entusiasmada dejando la bandeja del desayuno en el suelo, para sentarse de lleno en la cama de su amiga. –Vamos, cuéntame.
-¡Ay, no! ¡Qué vergüenza! Es algo muy personal...
-Somos amigas, ¿no? Anda, vamos... ¿y qué tal? –insistió la menor de los Weasleys.
-Eh... pues bien... –comenzó Hermione. –Es algo extraño, entretenido, es... se siente bien... ¡No le vayas a decir a nadie!
-¡Claro que no! –negó Ginny algo ofendida -¡Cómo crees que voy contárselo a alguien!
-No me gustaría que se hicieran comentarios al respecto... –murmuró la castaña terminando su desayuno y dejando su bandeja junto a la de Ginny. –Es un tema delicado...
La señora Weasley apareció por la puerta y recogió ambas bandejas.
-Ginny, te necesito abajo, por favor... –le dijo a su hija con el rostro iluminado.
-Claro, mamá... –exclamó la pelirroja poniéndose de pie. –Después me cuentas Hermione.
-Está bien... –dijo la chica algo aliviada por no tener que confesarle su vida íntima a su amiga. Sin embargo sabía que no podría evitar el tema eternamente. –Hablamos luego...
Madre e hija salieron de la habitación. Hermione se tendió a lo largo de la cama con las manos detrás de la nuca y las piernas cruzadas. Escuchó unas pisadas por el pasillo acercándose hacia su pieza... ¿Qué no tendría paz para pensar en este día? ¡Tenía tantas cosas en la cabeza y ningún segundo para ordenar su cabeza! Sintió unos golpecitos en su puerta...
-Pase... –bufó la Gryffindor de mala gana.
-Granger... ¿podemos hablar? –murmuró Malfoy asomando la cabeza por la puerta entreabierta.
La muchacha asintió suavemente con la cabeza y el chico entró al cuarto cerrando cuidadosamente la puerta. Hermione le hizo un gesto para que se sentara a los pies de la cama, al tiempo que ella se incorporaba.
-Verás, Granger... –dijo Draco mirando al piso, temía mirarla a la cara... ¿y si ese sentimiento volvía a apoderarse de él? ¿Si nuevamente intentaba hacerle daño? Si eso sucedía el mismo se encerraba en Azkabán... –Debo agradecerte tu apoyo... no pensé que después de lo que conversamos ayer tú intercedieras a mi favor.
-Malfoy, no sé que me impulsó a hacerlo... –interrumpió Hermione nerviosa... ¿Y si la atacaba otra vez? Ahora no tendría escapatoria... ¿Había actuado correctamente? –Pero, por lo menos, tienes una semana completa para preparar tu audiencia.
-Veo que no crees nada de lo que he dicho... –murmuró el chico apoyando los codos en las rodillas inclinándose hacia delante. –tenía la esperanza que, a lo mejor, tú si estuvieras de mi lado... Los únicos que parecen entenderlo son los padres y la hermana del pobretón... ¿irónico no?
Hermione lo observó un minuto y toda duda dentro de su corazón pareció desvanecerse... ¿Cómo podía dudar de él? Si era el único que alguna vez la había comprendido, la había acogido entre sus brazos como si fuera especial... la única. Y ella le pagaba con su desconfianza... Draco Malfoy era un chico consecuente, si decía y demostraba que la quería, jamás la atacaría sin una buena razón... ¿buena razón? ¿Qué clase de excusa es esa? Sin pensarlo más, se acercó a él y pasó su brazo por los hombros del muchacho.
-Yo no he dicho que no te crea... –repuso la castaña sonriéndole. –A mis ojos eres inocente, tanto como yo... Fuimos víctimas de un tonto juego de alguien...
-¿Y si no fuera así? –preguntó Malfoy mirándola fijamente. –¿Y si yo te dijera que realmente quise lanzarte el criatus y hacerte mucho daño?
-Pues... –musitó la Gryffindor alejándose un poco de él. -¿Estás hablando enserio?
Draco asintió con la cabeza.
-¡Entonces, Remus tenía razón! Sólo finges ser un chico bueno conmigo para ¿eliminarme? –exclamó la chica sin moverse de su lugar. -¿Qué pretendes?
-Si supiera lo que pasó en ese momento te lo diría... –contestó el rubio tomando una mano de Hermione entre las suyas. –La verdad es que no podría hacerte daño... no ahora, pero ayer fue diferente.
-No entiendo nada... –dijo la muchacha zafándose de Malfoy y apoyando su espalda en el respaldo de la cama. –Ahora no te crees capaz de atacarme... pero ayer lo hiciste... Creo que debo preguntar porqué.
-¡No lo sé! –exclamó Draco tomándose la cabeza con las manos. –Me instaste a hacerlo... Me dio coraje, me sentí torpe al tratarte como a una chica y no como a una oponente... me picaste el orgullo, ¿sabes?
-¡Y me atacaste con una maldición imperdonable porque herí tu estúpido orgullo de Malfoy 'sangre pura'! –gritó Hermione completamente fuera de sí... Si hasta hubiera preferido que el ataque hubiera sido por que la odiaba y despreciaba... O porque era espía de Voldemort... ¡Cualquier cosa menos esa estúpida respuesta! -¿Eres tan imbécil?
-Hey, yo no te he insultado... –exclamó Draco indicando a Hermione con el dedo y el ceño fruncido. –Si me dejas continuar podrías tratar de entender que fue lo que pasó...
-No creo que puedas cagarla más. –bufó la muchacha cruzándose de brazos.
-Cuidado con esa boca, señorita Granger... –repuso el rubio mirándola tan seriamente que Hermione sintió como se le helaba la espalda. –Entonces... ¿dónde me quedé? Ah... Pues te estaba contando, antes que me llamaras imbécil, que me sentí muy ofendido por tu actitud...
-¡¡¡Esa no es una razón para lanzarme un criatus!!! –interrumpió la chica bastante molesta y sin intenciones de seguir tragándose lo que sentía.
-¡Si me sigues interrumpiendo me vas a volver loco! –gritó Draco acercándose a la Gryffindor. -¡Ya, cállate de una vez asquerosa sangre sucia!
-¡Atrévete a callarme, maldito hurón mortífago!
La miró un segundo... levantó su mano y la ira se le agolpaba en el rostro. ¿Cómo lo había llamado la muy mugrienta? Hermione lo observaba con verdadero temor y en un intento desesperado se cubrió la cara con las manos... No podía creer que él fuera a pegarle. En un rápido movimiento el rubio la tomó por las mejillas y... ¡la besó!
El dulce sabor de los labios de la castaña Gryffindor lo hizo olvidar el porqué la odió en un minuto, porqué quiso hasta golpearla... ¡Ese no era él! Él jamás levantaría la mano contra ninguna mujer, así le habían enseñado... Es más a las sangres sucias, las mataban las mujeres mortifagos. Sintió la acelerada respiración de Hermione en su mejilla y aquel viejo escalofrío volvió a apoderarse de su espalda. La tomó por la cintura y se juró que esta vez no se le escaparía... no esta vez.
¿La había querido atacar? ¿La despreciaba? ¿Y qué más daba si ahora podía probar nuevamente sus labios, si sentía su helada piel quemándole cada centímetro que iba descubriendo con sus manos. Ahora no lo dejaría ir... Lo necesitaba... ¡No podía ser él quien la atacaba! No era quien la estaba besando en este minuto, él que tocaba su piel con esa dulzura embriagante...
Se separó ligeramente de los brazos del Slytherin y lo miró a los ojos... Tenía las mejillas encendidas y sus labios brillaban tan rojos como el escudo de Gryffindor... ¿irónico no? Trató de calmar su respiración un minuto antes de decidirlo... Se volteó suavemente a su mesita de noche y sacó la varita.
-¿Qué vas a hacer, Hermione? –preguntó Draco algo asustado por la reacción de la muchacha. ¿Se estaban besando de lo mejor y ella saca su varita?
-Hoy no te me escapas, Draco Malfoy... –murmuró la castaña con las mejillas completamente ruborizadas. Movió su varita y conjuró la puerta. –Nadie podrá molestarnos en un buen rato...
El rubio la miró sorprendido y sonrió pícaramente... ¿Lo había perdonado? Tal vez sí, tal vez no... pero hoy tendría a Hermione Granger como siempre la había querido tener... Sola para él y sin que estuviera con el corazón en Potter...
-¿Cómo te fue en Gringgots? –preguntó Tonks al ver entrar por la puerta a Lupin.
-Bien. –contestó colgando la túnica en un gancho de ropa a la entrada de la sala. -¿Y tú no deberías estar en el ministerio?
-Vine a asegurarme que todo esté en orden... –murmuró la mujer cruzándose de piernas sentada en un cómodo sillón frente a la apagada chimenea de la sala. –Además, Molly me invitó a almorzar...
Remus se sentó en un sofá frente a Tonks. La observó en silencio al tiempo que limpiaba una pipa.
-Sabes que odio que fumes, Remus. –dijo la joven mujer descruzando las piernas. –Es un vicio muy tonto.
-Lo es para ti que no lo haces... –respondió el licántropo vaciando algo de tabaco de vainilla en la pipa, acercó su varita y comenzó a botar pequeñas bocanadas de humo por la boca. -¿Alguna novedad?
La bruja veinteañera negó con la cabeza apoyando su mentón entre sus dedos, ocultando vagamente su boca tras ellos. Sus oscuros ojos se posaron en la silueta del maduro brujo frente a ella... Tal vez porque careció de figura paterna, quizás porque nunca tuvo un amor serio... Pero Remus Lupin le era delirantemente atractivo... Puede que todos dijeran que estaba perdiendo la cabeza, que no se vistiera con lo mejor... pero esa personalidad y esa alma bondadosa que llevaba no la tenía cualquiera.
-¿Y Hermione? –preguntó Lupin mirando fijamente y descaradamente las piernas de Tonks que se asomaban coquetamente por entre la abertura de la túnica.
Podría ser su hermana menor... ¡incluso su hija! Pero algo de la joven bruja le atraía inmensamente. Sí, habían tenido sus roces en varias ocasiones... Encubiertos por la privacidad que ofrecía la casa de los Black en otros tiempos, alejados de cualquier prejuicio, de cualquier crítica...
-En su habitación... –dijo la bruja poniéndose de pie para caminar cadenciosamente hacia la ventana. –parece que está durmiendo, no la he sentido hace mucho rato...
-Se debe sentir terrible... –comentó el hombre acomodándose el cuello de la camisa nerviosamente. –Mi pobre pequeña.
-¡Tanto interés por la chica, Remus! –exclamó Tonks con la vista perdida en la ventana y los brazos cruzados a la altura del pecho. –La sobreproteges...
-Le tengo cariño... –respondió Lupin volteándose a ver a la bruja siguiendo cada uno de sus movimientos con la mirada, recorrió detenidamente su perfil, la textura de su piel, el brillo de sus ojos... –Es una buena niña, inteligente y muy bonita...
-¡Merlín, Remus! ¡Podrías ser su padre! –suspiró la joven alterada, no podía creer que el brujo podría sentirse atraído por la pequeña Hermione, sólo tenía 16 años. –Serás cerdo...
-¡No me mal interpretes, Nynphadora! –le corrigió Lupin algo avergonzado por las ideas retorcidas de la joven. -¡La quiero como un padre! No quiero que le pase nada... ¡Por Dios, jovencita, conozco a Hermione desde antes que le crecieran los senos! Para mí siempre será una niña...
Se puso de pie y caminó hacia la mujer quien lo observaba con el ceño fruncido y algo de duda en sus ojos oscuros.
-No sé... –dijo la mujer mirándolo penetrantemente. –Creo que me siento algo desplazada por ella...
-¿Celosa? –preguntó el mago acercando su rostro al de la bruja. –No te conocía esa faceta, Nynph.
-No bromees conmigo, Lupin. –le advirtió Tonks con el rostro empapado en furia. –Voy a ver que hace Hermione... Para que veas que no soy de competir con una niña...
-No tienes porqué competir. –contestó Remus al ver a la joven bruja alejarse hacia la escalera. –¡Ya ganaste, Nynph!
