Capitulo 14.

-¿Preparada?- preguntó Hermione en un susurro.

-Nací preparada, Hermione- rió bajito Ginny.

-Tranquila, fiera- replicó, cansada.

Ambas amigas estaban en las puertas del colegio Hogwarts, sesenta años antes de que ellas estudiaran allí, y contemplaban el familiar paisaje, idéntico a cómo lo recordaban.

-Dejémonos de sentimentalismos- dijo Ginny, optimista- Vamos a ello.

Hermione asintió y se apuntó a sí misma con la varita. Pronunció un hechizo desilusionador tan potente que acabó siendo invisible a sus propios ojos. Una vez que Ginny la imitó se pusieron en camino hacia las escaleras de piedra que daban acceso al castillo. Aprovechando que las puertas se abrían en ese momento para dejar salir a un hombre de aspecto robusto que debía ser el antecesor de Hagrid, entraron en el castillo. A diferencia de en sus años escolares, el castillo estaba en silencio y muy solitario. Sin los alumnos ni los profesores que habitualmente lo ocupaban, el colegio se veía muy silencioso.

Hermione empezó a subir la escalinata principal y recorrió los pasillos que la conducían a su destino: la biblioteca. Llegaron a ella sin ningún percance y, una vez a salvo dentro de ella, deshicieron el hechizo desilusionador.

-Guau, que sensación más extraña- comentó Ginny- Eso de atravesar el castillo sin nadie a la vista… daba un poco de yuyu.

-Tienes razón, era extraño ver el castillo tan… muerto- coincidió Hermione.

-Al lío- dijo Ginny y giró sobre sí misma para contemplar la biblioteca- ¿Dónde crees que estarán?

Hermione se encogió de hombros. Por lo que Harry había dicho, Voldemort encontró el libro que hablaba de los horrocruxes en la biblioteca del castillo, pero no sabía donde. Hermione suponía que semejantes libros estarían en la sección prohibida de la biblioteca, pues esos conocimientos solo deberían estar disponibles para las mentes más maduras y amuebladas.

-Digo yo que estarán en la sección prohibida- dijo Hermione.

Ginny sonrió a su amiga y le hizo un gesto con el brazo.

-Despues de ti- dijo, riéndose.

Hermione guió a su amiga hacia la entrada a la sección prohibida. Sacó la varita una vez llegó a la verja que marcaba los límites entre las dos secciones y murmuró:

-Alohomora.

La cancela se abrió y les franqueó el paso. Hermione se plantó en medio de la sala y tomó una gran bocanada de aire. Lo que estaba a punto de hacer cambiaría muchas cosas, cambiaría el futuro, pero construirían uno mejor. Estaba segura.

-Accio libros sobre horrocruxes- conjuró, imitándose a sí misma dentro de unos años, o hace unos años… que lío.

Una docena de libros volaron desde la sección prohibida hasta la mesa que había al lado de Hermione. Ginny se acercó de inmediato a los volúmenes y los ojeó.

-Madre mía- suspiró Ginny- Y pensar que por culpa de estos libros El-Que-No-Debe-Nombrarse consiguió hacer horrocruxes…

Hermione negó con la cabeza.

-Los libros no son los causantes de que Voldemort decidiera hacer lo que hizo…

-Es verdad, perdona, no quise meterme con tus adorados libros- rió Ginny, sonriendo sin maldad a Hermione.

-Bueno, debemos irnos antes de que alguien nos vea…- propuso la castaña.

Ginny asintió y ambas volvieron a desilusionarse para salir del castillo del mismo modo que habían entrado. Una vez fuera de los terrenos de Hogwarts y recuperar de nuevo su apariencia, Hermione depositó los libros en el suelo.

-¿Qué hacemos con ellos?- inquirió.

-Opino que deberíamos quemarlos- dijo Ginny- Al fuego con ellos.

-¿Qué?- exclamó sorprendida Hermione.

-Así evitamos que Quien-Tú-Sabes los encuentre y los lea- explicó Ginny- Él y cualquier otro mago o bruja.

-Sé que tienes razón, pero… está en contra de todos mis principios quemar un libro.

-Si quieres lo hago yo- se ofreció Ginny, arremangándose.

-¡No!- exclamó Hermione- Esperaremos a los demás para ver que hacemos con ellos.

Dicho esto Hermione introdujo los libros en su pequeño bolsito de cuentas, el mismo que había llevado en la búsqueda de Horrocruxes a sus diecisiete años. Allí estarían seguros. Ginny bufó, pero dejó a Hermione que los guardara. A continuación caminaron un rato hasta llegara las afueras de Hogsmeade, lugar en donde habían quedado con Sirius, Harry, Ron, Neville y Luna. Ginny se dejó caer, agotada, en un tronco de árbol.

-Puf, estoy agotada- dijo.

-¿Cómo te encuentras?- preguntó Hermione, preocupada por el embarazo de Ginny.

-Bien- sonrió ella- No he tenido casi nauseas, pero sí que me noto más cansada de lo normal.

-Debe ser maravilloso eso de sentir crecer una nueva vida dentro de ti- suspiró Hermione.

-Seguramente tú dentro de poco tendrás un hijo o hija- dijo Ginny con una sonrisa pícara.

Hermione se sonrojó.

-No sé si Sirius querrá…

-Venga ya- dijo Ginny- Sirius está loco por ti y si tú quieres ir a vivir a Júpiter él te comprará la nave espacial y correrá con todos los gastos para que vayáis a vivir allí. Él es tu media naranja, querida amiga y, cuando todo se solucione, tendréis una gran vida juntos.

Hermione sonrió feliz ante las palabras de su amiga. Cuando se imaginaba su futuro familiar se veía a sí misma con dos niños (por lo menos), un gato, un marido y una gran casa con jardín donde invitar a sus amigos y familia cada fin de semana. En fín, el sueño de la mayoría de la gente.

-Espero que tengas razón- dijo.

En ese momento se oyó una serie de chasquidos que les alertaron de la llegada del resto del grupo. Antes ellas aparecieron de la nada Luna, Ron, Harry, Neville y Sirius. Estos dos últimos sostenían a un mago de aspecto abandonado completamente inconsciente. Hermione ahogó un grito y corrió hacia Sirius.

-¿Qué tal ha ido todo? ¿Estais bien?- preguntó al tiempo que abrazaba a Sirius.

-Estamos bien, tranquila- murmuró en el oído de la chica y acariciándola en la espalda a la vez.

-¿Ése es Morfín Gaunt?- preguntó Ginny, apartándose de Harry y abrazando a Ron.

-Sí- afirmó Luna- Tiene una casa muy pintoresca.

Ron bufó.

-Luna, era una casucha y estaba abandonada- replicó el pelirrojo, poniendo los ojos en blanco.

Todos rieron con ganas y depositaron a Morfín en el suelo mientras decidían qué hacer a continuación.

-Propongo que vayamos a alguna posada y pidamos alojamiento- dijo Harry.

-Sí, decimos: Queremos habitaciones para ocho, por favor. ¿El tipo que está inconsciente? Es nuestro tío, que se ha pasado un poco con el whiskey de fuego- se burló Ron- Tenemos que ver que hacemos con Morfín antes de dejarnos ver en público.

-¿Qué propones tú, listo?

-Bueno, Hermione se ha traido la tienda que usamos en la búsqueda de horrocruxes- explicó Ron- propongo que la usemos como en aquel entonces. Una vez estemos seguros de que Morfín no es un peligro, podremos dejar de escondernos.

Estuvieron debatiendo un rato y decidieron que la opción de Ron era la mejor, así que se tomaron de las manos y se desaparecieron en un bosque de abetos. Hermione sacó la tienda del bolsito y la montó mientras los demás ponían hechizos de protección en torno al claro y buscaban leña para el fuego. Harry decidió que lo mejor era arrebatarle el anillo de Sorvolo Gaunt del dedo ya que, si no lo tenía, Voldemort no podía quitárselo ni convertirlo en horrocrux. Una vez hecho esto, Sirius y Neville amarraron con cuerdas a Morfín en una silla y, una vez seguros que no se escaparía ni tenía ningún objeto peligroso a mano, lo desembrujaron.

-Enervate- susurró Sirius.

Morfín sacudió de golpe la cabeza y los miró con sus pequeños ojillos. Al notar que estaba atado empezó a revolverse.

-ASQUEROSOS SANGRE SUCIA, SOLTADME AHORA MISMO. INMUNDOS. SOY MORFÍN GAUNT, DESCENCIENTE DIRECTO DE SALAZAR SLYTHERIN- gritó Morfín.

Hermione dirigió su varita hacia el rostro del mago y éste se quedó callado, mirándola.

-Si no te callas ahora mismo te dejaré sin voz- amenazó- Escucha lo que tenemos que decirte y luego podrás hablar.

El hombre asintió y clavó en ellos sus ojos amenazantes, pero no soltó ni una palabra.

-Somos… somos agentes del Ministerio de Magia, sí- dijo Ron, mirando a Harry, que asintió- Hemos venido a buscarlo para…

-Para protegerlo- dijo Harry, en un rapto de inspiración- Hay un joven que desea matarlo. Un joven relacionado con su hermana.

-Mi hermana está muerta- dijo Morfín, con gesto de asco en su rostro inmundo- Murió al poco de abandonarla ese sucio muggle del que se enamoró.

-Mérope estaba embarazada ¿lo sabía?- interrumpió Hermione- Su hijo es el joven que lo busca.

-¿Porqué desea buscarme?- inquirió Morfín.

-Porque sabe que usted no la ayudó. No fue en su busca cuando ella murió y él creció solo en un orfanato. Viene en busca de venganza y le aseguro que es un duelista inmejorable- dijo Harry.

Morfín los miró entonces con los ojos como platos. Los siete se miraron: los estaba creyendo.

-Hemos venido para llevarlo a un lugar seguro, donde no lo encuentre jamás- explicó Harry.

-No, no puedo abandonar la casa- dijo Morfín, negando vehementemente con la cabeza- Mi padre…

-Su padre está muerto- replicó Sirius duramente- Y ¿Qué es más importante? ¿su vida o seguir viviendo en una casa que se cae a pedazos?

Permanecieron en silencio hasta que Morfín asintió.

-De acuerdo, llevarme donde sea. Haré lo que sea, pero no dejéis que me encuentre- suplicó.