Ni Los Juegos del Hambre ni sus personajes me pertenecen; son propiedad de Suzzane Collins.
Capítulo catorce
La encuentra saliendo del hospital, antes de que se le ocurra una buena excusa para estar allí. Ella parece sorprendida, pero de todas formas le sonríe levemente, como si genuinamente se alegrara de verlo. El corazón de él martillea algo alocado, mientras el chico trata de conectar dos ideas e inventar un motivo para estar entrando al hospital. Afortunadamente Katniss sin darse cuenta lo ayuda. La mayoría de las veces es demasiado ingenua, aunque no se da cuenta.
— ¿Te sientes bien? — Le pregunta preocupada. — ¿Te duele la pierna?
— Algo. — Murmura más apenado por el hecho de mentir que por el inexistente dolor en la pierna. — Creo que es la humedad.
— Ven, te daré unos analgésicos.
Katniss vuelve sobre sus pasos y se adentra en el hospital, con Peeta siguiéndola en silencio. Está segura que no habrá problema con darle algunos analgésicos, además no es nada demasiado grave. Debe dolerle demasiado, porque Peeta habitualmente es un buen conversador y hoy está muy callado. Le vendrán bien los analgésicos.
Peeta mientras tanto se siente un poco culpable, aunque es fácil olvidarlo cuando ve la cara de preocupación de Katniss Everdeen. Preocupación por él. Vaya. Si se lo hubieran dicho años atrás se hubiera reído de esa persona, porque estaba seguro que Katniss no notaría nunca su presencia. Y allí está, casi corriendo a buscar unos analgésicos solo porque él no es lo suficientemente valiente para decirle que quería verla.
— Oye… — Murmura sintiéndose repentinamente cohibido. — Tampoco es que me duela demasiado. — No se atreve a decirle la verdad, pero tampoco quiere mentirle así. — Podemos volver después, es la hora del almuerzo.
— No hay problema. — Responde Katniss decidida. — Mira, ya llegamos, pasa.
Lo guía hasta una pequeña salita, donde solamente hay armarios repletos de medicamentos. Peeta se sorprende de la cantidad de cosas que hay para ser que el hospital del trece es relativamente pequeño. En el doce no había nada ni lejanamente parecido. Si necesitabas algún remedio debías pagar una pequeña fortuna y eso si tenías suerte, porque si necesitabas un remedio demasiado caro o extraño no podía conseguirse. Sin embargo en el trece están ahí, en el hospital, al alcance de todos los ciudadanos.
— Espera un segundo. — Murmura Katniss abstraída tecleando cosas en una pantalla. — Tengo que registrar lo que estoy sacando y para quién es, aquí llevan un estricto registro de todo.
Cinco minutos después ambos están saliendo del hospital, Peeta con un pequeño frasquito con analgésicos guardado en el bolsillo. Deja pasar el momento, pensando que probablemente los necesite en algún momento. No es como si la prótesis fuera lo más cómodo del mundo.
Se dirigen juntos al comedor, que ya está abarrotado de gente. Sin embargo, como en el distrito trece todo está perfectamente organizado, se aseguraron que haya suficientes lugares para todos, así que nadie se queda sin mesa y mucho menos sin comida. Encuentran una mesa de cuatro personas vacía, así que apoyan sus bandejas de comida allí y se disponen a comer.
— No puedo creer que ayudes a cocinar esto. — Le dice Katniss mientras mira su plato de comida y lo revuelve con una cuchara, indecisa sobre si comer o no.
— Es lo que la encargada dicta. — Responde Peeta algo divertido por su expresión. — Creo que si sigo insistiendo en dos años me dejará encargarme de hacer el pan.
Katniss se ríe y empieza a comer el puré de, en realidad no sabe de qué es, para mitigar la sensación de incomodidad que sintió cuando Peeta mencionó el pan. Su mente regresa otra vez a ese día lluvioso, cuando pensaba que moriría de hambre, cuando ya se estaba dando por vencida, rindiéndose a las garras de la muerte. El chico frente a ella no tiene la menor idea de que es gracias a él que las Everdeen siguen vivas. Nunca pudo agradecerle. Quizás sea un buen momento para hacerlo.
— Peeta, gracias por lo del pan. — Suelta de repente, sin meditarlo mucho. Peeta la mira interrogante. — De aquella vez, cuando éramos niños.
Él lo recuerda a la perfección. Recuerda la lluvia que caía sin piedad. Recuerda que su madre ya estaba de mal humor desde el inicio del día porque con la lluvia no tendrían muchos clientes, nadie se arriesgaría a salir de su casa con aquel aguacero. Recuerda las palabras hirientes que usó cuando entró repentinamente a la cocina, vociferando que la mocosa de las Everdeen estaba husmeando en su basura, que sentiría más lástima por un perro que por ella.
Sólo tenía once años, pero estaba furioso. Nunca le había pasado. Había crecido soportando la falta de cariño con que su madre lo trataba, soportando sus continuos desprecios, creyendo que probablemente él había hecho algo para merecerlos. Sin embargo al escucharla quejarse los chicos de La Veta, y específicamente de Katniss se dio cuenta que su madre no cambiaría, y que ninguno merecía eso. Ni Katniss ni él.
Quemó los panes a propósito, a sabiendas de que su madre se enfadaría con él. No obstante por primera vez no sintió miedo por ello. Se sintió más vivo que nunca sabiendo que estaba desafiando a su madre, y que por primera vez podía hacer algo por la chica de la cual estaba enamorado desde hacia tanto tiempo.
No va a olvidar nunca la imagen de Katniss dispuesta a morir en su manzano, ni los golpes que su madre le dio por quemar el pan. Ese fue el momento en que dejó de preguntarse qué estaba haciendo mal, por qué su madre no lo quería. Ese fue el momento en que dejó de importarle.
— No tienes que agradecerme nada Katniss. — Murmura cuando consigue salir de los recuerdos, temiendo que ella se haya acercado a él todo este tiempo solamente porque siente que le debe algo.
— Nos salvaste. — Responde Katniss olvidando su renuencia a hablar de ese tema. Quiere decirle que la salvó a ella, que sin saberlo le dio fuerzas para continuar, pero las palabras no salen. — Habríamos muerto si no fuera por el diente de león.
La mira con curiosidad. No sabe qué significa el diente de león, pero la mirada de Katniss es tan intensa que se permite perderse por unos segundos en aquellos ojos grises con los que soñó desde que era pequeño. Sin pensarlo si quiera estira su mano por la mesa, con la intención de tomar la de ella. Quisiera poder transmitirle todo lo que siente, pero esta vez no encuentra palabras para hacerlo. Está demasiado cerca, y está seguro de que ella lo nota, aunque no retira su mano. El comedor está repleto de gente, pero a ninguno de los dos les importa, perdidos en su propia burbuja personal.
Entonces…
— ¿Están ocupados esos asientos? — Pregunta alegremente Finnick Odair, haciendo que ambos se sobresalten.
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Finnick se presenta alegremente, igual que a su Annie. Pide disculpas a Peeta por haberlo golpeado aunque no entra en más detalles, mientras la chica de cabellos rojos, ojos verdes y mirada perdida se entretiene jugando con la comida de su plato. Saluda a Katniss con una sonrisa, no obteniendo otra cosa de su parte más que una mirada desconfiada.
— Espero que en algún momento mejoren la comida. — Comenta como si no le importase el ambiente incómodo que hay entre ellos.
En realidad Finnick Odair se da cuenta de muchas cosas, y es plenamente consciente de que acaba de interrumpir algo realmente importante. No es como si le importara mucho, pero está seguro que hay mejores lugares para declarársele a la chica que te gusta que un comedor atestado de gente. Algún día el chico se lo agradecerá seguramente.
Katniss lo mira, repentinamente de mal humor, y por unos momentos su mirada se desvía hacia Annie Cresta. Parece frágil, incluso encerrada en su propio mundo, uno en el que nadie podría dañarla. Verla le recuerda a Johanna Mason yaciendo en una cama en el hospital. Ambas son completamente diferentes, pero al mismo tiempo parecidas. Fueron los Juegos del Hambre los responsables de ello.
Se pregunta qué habría pasado con ella de haber sido cosechada. O qué habría pasado con Peeta.
A su lado Peeta come tranquilamente, e intercambia palabras con el vencedor del cuatro como si nada hubiese ocurrido. Aunque Katniss no odia del todo a Finnick, no después de haberlo visto tan roto mientras bombardeaban el distrito, una parte de ella no puede dejar de sentir cierto desagrado hacia él. Y todo es porque él golpeó a Peeta, y ella está segura que de haber querido o podido podría haberlo lastimado aún más.
Se abstrae del mundo mientras se pregunta a sí misma por qué es que le importa tanto. Por lo que sabe él participaba en los torneos de lucha en la escuela, y probablemente haya recibido muchos golpes allí. Su madre incluso, el día que el arrojó esos panes que salvaron su vida, se había encargado de dejarle el ojo morado y seguramente unos cuantos moretones.
¿Por qué es tan grave entonces que Finnick lo haya golpeado?
Lo mira de reojo, mientras él continua conversando. El cabello rubio está más largo que cuando llegaron, los rizos caen sobre su frente. Conserva una sonrisa cortes en el rostro, y tal como ha constatado aquella vez que se quedó dormido en el bosque, sus pestañas son tan largas que no entiende cómo no se enredan entre sí al parpadear. Sus ojos azules se ven inocentes, aunque si te fijas bien puedes ver el dolor que ha tenido que atravesar. Su familia, su pierna, el distrito. Todo lo que le importaba reducido a cenizas.
¿Por qué le importa tanto que Finnick lo haya golpeado? ¿Es por qué ha sufrido demasiado? No es por auto - compadecerse, pero ella también ha sufrido bastante toda su vida. Todos lo han hecho de alguna manera. Incluso Finnick Odair y Annie Cresta, sobre todo en estos últimos tiempos. ¿Entonces por qué lo hace?
— Katniss. — La voz de Peeta es lo que la devuelve a la realidad, lo que es irónico, sobre todo teniendo en cuenta que por su culpa se había alejado de ella. — Tengo que regresar a las cocinas. Nos vemos luego.
El chico del pan saluda a Finnick y a Annie como si fueran viejos conocidos y se aleja, dejándola a ella entre medio de dos desconocidos. Nunca fue buena interactuando con las personas. Además ahora Finnick la está mirando suspicazmente y le da la impresión que es por su distracción anterior. Se concentra en su plato, que ya está frío, tratando de ignorarlos. No obtiene buenos resultados.
— Es un buen chico Peeta ¿verdad? — Le pregunta Finnick como quien no quiere la cosa. Katniss se sonroja, pero asiente, siempre manteniendo la vista fija en su plato. — ¿Se conocen hace mucho?
— Hace un tiempo. — Responde esquiva. No va a hablar de ello con extraños.
— Parece buena persona. — Agrega Annie hablando por primera vez, como si no hubiera estado perdida en su propio mundo. Katniss la mira con curiosidad, quizás demasiada, ganándose una mirada de reproche por parte de Finnick. Probablemente todo el mundo la mire con curiosidad, como si se tratase de un bicho raro. No es que lo haya hecho a propósito, pero aun así nota que ha conseguido incomodar a la chica de ojos verdes.
— Yo… em… debo irme. — Se las arregla para decir a pesar de la incomodidad.
Se apresura a escapar con su bandeja de comida sin terminar y no se detiene hasta estar en un pasillo vacío, a medio camino hacia el hospital. Cuando alguien pone una mano en su hombro suelta un pequeño grito y se lleva una mano hacia el pecho. Se gira y se encuentra con la mirada verde mar de Finnick Odair, esta vez sin ninguna Annie a su lado.
— Mira, no sé por qué estoy haciendo esto. — Empieza el vencedor con tono disgustado. — Ya me disculpé con Peeta por haberlo golpeado, y realmente no necesito que Annie se sienta más incómoda alrededor de la gente. Entiendo que tú no tienes ninguna responsabilidad por lo que pasó y que ni siquiera nos conoces, pero no voy a dejar que nadie la mire como si fuera un extraño fenómeno sacado de un circo. No hace falta que culpes a Annie por lo que yo hice.
¿Por qué le importa tanto que Finnick lo haya golpeado?
Mira los ojos verde mar del vencedor del distrito cuatro y en ellos encuentra una respuesta. Él le dio la respuesta, yendo a reclamarle por haber hecho sentir mal (inconscientemente) a su Annie. Se aleja unos pasos, asustada. No del vencedor, o quizás sí.
— Lo siento. —Murmura apenada, aunque inmersa en su mundo. — Yo lo siento Finnick.
Luego sale corriendo dejando al vencedor pasmado, sin entender nada. No se detiene hasta encontrar un armario repleto de útiles escolares, donde se esconde del mundo en medio de las cajas.
No puede esconderse de su propia mente.
¿Por qué le importa tanto que Finnick lo haya golpeado?
Por la misma razón que a Finnick le importa tanto que ella sin querer haya podido herir a Annie.
Porque él le importa.
Y la respuesta la aterroriza tanto que le gustaría quedarse encerrada en el armario para siempre, hasta poder lograr olvidar todo.
Especialmente a Peeta.
Hola! Al fin, después de catorce capítulos,incontables evidencias y miles de situaciones incómodas (? Katniss se dio cuenta de la verdad. Creo que hasta un caracol hubiera sido más rápido que ella, pero que se le va a hacer :p Demos gracias a Finnick que, enojado por la actitud poco sociable de Katniss con su Annie, la ayudó a darse cuenta finalmente. ¿Qué piensan que va a hacer ahora? No parece muy feliz por su descubrimiento :p
Esta vez les pido disculpas, porque no voy a poder contestar los reviews. Estoy sin internet desde el martes (todavía no pude ver Game of Thrones T_T) y para actualizar a tiempo estoy usando mi celular como puerto wifi (no se imaginan lo lento que es esto). No quería dejarlas sin actualización después de las semanas que no pude actualizar anteriormente, pero no se preocupen que en cuanto tenga internet de nuevo voy a responder todos los reviews como suelo hacer :) Les agradezco infinitamente por el apoyo que brindan a esta historia, me animan a seguir escribiendo cuando falta el tiempo o la inspiración :)
Por cierto, ya estamos en 91 (me parece increíble). ¿Creen que podamos llegar a los 100? :p Harían demasiado feliz a esta chica :)
Bueno, muchas gracias por todo, en serio :) Espero que les guste el capítulo y muchas gracias por su apoyo a esta historia.
Saludos!
