Hola, ¿cómo les va? Espero que bien. Su servidora anda en finales, así que ando medio loca y medio estresada, pero no importa. Aquí les traigo un nuevo capítulo, que en lo personal me gusta bastante.
Quiero agradecer sus comentarios, sus follow, su add a historia favorita y todas sus lecturas registradas. Me hacen feliz.
Yowamushi Pedal no me pertenece si no a Watanabe-sensei, no más me entretengo dando dolor de cabeza a sus hijos.
Disfruten la lectura.
n-n-n-n
Midousuji rodó los ojos mientras Mizuta no paraba de parlotear y presumir de su nuevo puesto como capitán de Kyoto Fushimi. El resto del equipo parecía hacer lo mejor por ignorarlo, aunque unos cuantos parecían preguntarse si Ishigaki había hecho la mejor elección; el propio Ishigaki se lo preguntaba.
Había ocurrido, la graduación, los de tercero habían pasado para despedirse de sus compañeros de equipo y de ese pequeño inmueble en donde pasaron los tres años más provechosos de su vida. En realidad a Midousuji no le interesaba todos esos sentimentalismos, para él era ridículo, era un día de entrenamiento perdido.
—Midousuji —lo llamó el excapitán. El alto chico giró a verlo con gesto aburrido, sólo esperaba el momento ideal para escabullirse—. Midousuji, ya eres de segundo, ¿cómo te sientes?
—¿Cómo debería sentirme? —gruñó, era idiota.
Había pasado un tiempo desde que Ishigaki descubriera que se veía con el escalador de Sohoku. El primer día, después de ese descubrimiento, el mayor no dudó en llamar a Midousuji aparte y hacerle saber que había oído las palabras del escalador del Chiba.
—¿De verdad es tu amigo? — preguntó con una seriedad que se inclinaba de forma desconcertante hacía el enojo.
Pero Midousuji se mantuvo tranquilo, con esa expresión que Ishigaki le había visto antes, esa expresión blanca —pura— que le hacía pensar en el más alto como en un niño al que hay que aleccionar.
—¿Qué pretendes? ¿Es parte de algún plan?
—Piii —ladeó el rostro en ese ángulo tan desconcertante y tan propio de Midousuji. Esa reacción sólo sirvió para molestar aún más a Ishigaki.
—¡Midousuji!
—¿Ahora te interesa mi vida privada, 'senpai'? —cuestionó con tono burlón y esa sonrisa desquiciada. Acercó su rostro al del mayor, como siempre hacía cuando quería intimidar.
—Tu vida podría interesarme menos que una roca —respondió con seguridad—. El que me preocupa es ese chico, Onoda.
La expresión pura volvió al rostro de Midousuji, e Ishigaki notó con claridad la incertidumbre teñir sus ojos grandes e inexpresivos.
—¿Qué ocurre con Sakamichi?
Ahora fue turno de Ishigaki de expresar su desconcierto. ¿Sakamichi? ¿Lo llamaba por su nombre? ¿Tan cercanos eran? No, no podía ser. De seguro sólo era una táctica de su retorcido menor.
—¿Qué pretendes al acercarte a él? ¿Espiar a Sohoku?
Ishigaki conocía tan bien a Midousuji que no le sorprendió cuando este se retorció en un ataque de risa cruda y burlona. El mayor estuvo serio, observando como se sacudían los delgados hombros del estrella y sus ojos se estrechaban tanto, hasta quedar cerrados, ser sólo un par de rendijas en su rostro. Ishigaki esperó paciente a que Midousuji decidiera terminar con su teatral ataque de risa. Lo oyó soltar su característico kimo entre risas, y cuando por fin pareció calmarse, un estridente Piii, acompañado de unos ojos desmesuradamente abiertos, lo atacaron directamente. Ishigaki no se inmutó, estaba demasiado acostumbrado a las reacciones exageradas del menor.
—Zaku —lo llamó como siempre hacía—. No necesito espiar a Sohoku para ganar —dijo con una frialdad que sorprendió al otro. Era de imaginar, en el fondo, Midousuji seguía furioso por su derrota en el Inter Escolar—. Y si lo hiciera, no necesito de Sakamichi para hacerlo.
Era sincero. Ishigaki lo sabía. ¿Cómo lo sabía? Era ridículo, pero lo sabía porque el alto había usado el nombre del pequeño escalador. Sí, era un motivo ridículo, insistía; pero por ese simple detalle se podía dar el lujo de afirmarlo. Bueno, intento justificarse, es que al hablar de otros ciclistas, de sus víctimas, se refería, sin distinción, a ellos como zakus; y con el rey de la carretera utilizaba su nombre a secas. (¿No era suficiente? ¡Ah! También estaban lo matices de reacciones que estaba demostrando. No, era sólo la burla y la irritación, estaba esa pureza y un desconcierto genuino que Ishigaki casi había dudado que el más alto pudiera expresar). Pero, entonces, si no quería espiar a Sohoku, o al mismo Onoda, ¿qué ocurría? ¿De verdad eran amigos?
Era imposible de creer, casi surrealista. Conocía a Midousuji y sus modos, esos tan agresivos que sólo servían para alejar a las personas; esa forma tan evasiva que ponía un muro gigantesco pero invisible entre Midousuji y la gente. Ishigaki lo sabía, porque lo había visto. Como capitán —no, como senpai—, estaba curiosos por la forma de ser del alto, e Ishigaki no tardó en descubrir la soledad que rodeaba a su estrella. Aparte de los miembros del club de ciclismo, Midousuji no hablaba con nadie. Incluso en una ocasión lo vio comer el almuerzo solo —supuso que siempre era así—.
Así como Ishigaki sabía que su menor era agresivo y asocial, aprendió que también era un chico frágil. No, entendió que era rudo para proteger su fragilidad. Esa fragilidad que tanto él como sus otros cuatro compañeros vieron. En la que Ishigaki vio el asomo del verdadero Midousuji Akira, ese que sólo, hasta ese momento, habían visto ellos. Mizuta y los otros creyeron que sólo era un berrinche porque las cosas no habían salido como las planeó. Pero no, era algo más. Ishigaki quería creer que en el fondo ellos eran importantes para Midousuji, que por eso les permitió ver su yo más débil. Nunca supo la verdad, porque algo durante la noche —esa en que se suponía que debía haber pedaleado de vuelta a Kyoto—, quizá la soledad de la reflexión, trajo de vuelta al Midousuji de siempre.
Pero el misterio que encerraba Midousuji AKira no quedó ahí. Ishigaki notó de nuevo un cambio en su menor: no paraba de tipear en su móvil. Midousuji les confesó que no era muy adepto a la tecnología móvil, y que por ello su teléfono sólo lo utilizaba para recibir llamadas de los miembros del club, junto a sus ocasionales mensajes. Pero de un tiempo a la fecha todos lo notaron. Primero lo descubrieron leyendo constantemente su móvil. Mizuta, en una ocasión, mirando sobre el hombro de Midousuji, descubrió un largo mensaje con ocasionales emojis. Y así fue que llegaron a la conclusión: alguien le escribía al temible as. Pero después ya no sólo leía, empezó a tipear con una gran rapidez para alguien que resulta ser un negado de la tecnología. Pero la cosa no quedó ahí, todos concordaron con que algo extraño y bueno pasaba con Midousuji. Algo que se veía reflejado en el trato para con los demás. Incluso los profesores hablaban del misterioso cambio de Midousuji Akira, ese brillante y grosero alumno de primer año. Ishigaki y nadie podía explicar ese cambio. Ahora ahí, Koutarou, enfrentando a su menor, parecía que todo quedaba más claro. En realidad, desde el día que los vio juntos su instinto le dijo que ahí estaba la razón del cambio de Midousuji.
A Ishigaki no le costó ningún trabajo reconocer a su estrella cuando lo vio sentado en una de las jardineras de las afueras de la estación de trenes. Corriendo el riesgo de ser despedido de forma grosera por el más alto, se acercó para saludarlo. Y sólo cuando estuvo lo suficientemente cerca fue que notó que no estaba solo. Un chico bajito lo acompañaba, un chico que él bien conocía, que todo ciclista del país conocía: Onoda Sakamichi, el actual rey de la carretera. Y su sorpresa no quedó ahí, al contrario, creció cuando oyó a Onoda decir que Midousuji y él eran amigos.
Sí, era seguro que ese chico tenía algo que ver con el misterioso cambio de Midousuji.
—Realmente son amigos —sentenció con seriedad asombrada. Miró directo a los ojos de Midousuji, quien se limitó a mirarlo con esa expresión pura.
Ishigaki dejó pasar el asunto, por ese día. Con los días, el asistente se sintió con renovado valor para tratar al as. Se acercó al alto ciclista cada que lo veía atento al móvil y siempre preguntaba lo mismo: ¿qué te dice Onoda-kun? A Midousuji parecía no importarle estas interrupciones, o al menos lo disimulaba; y con suerte, Ishigaki conseguía que le respondiera. A veces de forma cortante, otras con lujo de detalle. Esas respuestas dependían no sólo del estado de ánimo de Midousuji, si no también de las palabras de Onoda.
Ishigaki no tardó en acostumbrarse a este nuevo Midousuji —como lo llamaba Mizuta—, al contrario se sentía triste de que su graduación estuviera a nada de caer, habría sido dichosos de convivir más tiempo con ese Midousuji Akira.
Ishigaki rió al recordar, momento que coincidió con la respuesta del más alto. Aún sacaba a relucir su parte grosera, pero el mayor ya no dudaba de la pureza de su menor. Akira era un buen chico.
—Perdón —murmuró aún con la sonrisa bailoteando en su rostro—. Es que algunos se ponen nerviosos ante la idea de ser "senpai".
—Y otros se emocionan de más —dijo mirando de reojo a Mizuta. Ishigaki le dio la razón.
—Será un buen capitán, confío en él.
Midousuji tenía sus dudas sobre la capitanía de Mizuta, pero no importaba, porque al final él, Akira, era el que manejaba todo.
—¿Qué hay de Onoda-kun? ¿Todo bien? ¿Lo vas a ver este fin de semana?
—Es probable —Koutarou sonrió. Sí, ese era el verdadero Akira—. La última vez él vino, es posible que yo viaje a Chiba.
Asintió suavemente. Ishigaki sabía que se turnaban para visitarse. Que solían montar en bicicleta por las carreteras de Kyoto y Chiba. Que algunas veces viajaban a Akiba. Unas más se quedaban en casa y hacían sus deberes.
A cuenta gotas, pero Midousuji le contaba de su amistad con Onoda. Y eso hacía sentir satisfecho a Ishigaki. Cuando Midousuji estaba inusualmente parlanchín, incluso le contaba de las cosas que conversaba con el escalador. Koutarou recordaba especialmente aquella en la que Midousuji le confesó que Onoda lo tomó por gay. "¡Me dijo gay por no estar interesado en las chicas!". La carcajada que soltó en ese momento llamó la atención del resto del equipo y le ganó la indiferencia de Midousuji por unos días. No necesitaba verlos ni oírlos para concluir que Onoda y Midousuji eran un par de torpes para algunas cosas —¿relaciones humanas?—, y que eran un dúo de los más adorable.
—Me da gusto oír eso.
—Piii.
El silencio se instaló entre ellos. De lejos les llegaba el rumor de la conversación de Mizuta y las protestas de Yama porque el de los frenillos dejara de obligarlo a presumir de su título de subcapitán.
Ishigaki echaría de menos a esos niños.
—Ishi-ga-ki-kun~
El susodicho giró a ver al menor. Se sobresaltó cuando notó la cercanía de sus rostros. La primera reacción del mayor fu alejarse, pero Midousuji se lo impidió al sostener su rostro pinzando sus mejillas entre el pulgar y el índice. Ishigaki sintió sus mejillas enrojecer al ver la mirada pura del más joven desde tan cerca. Lo sintió mover su mano de forma que podía examinar su rostro.
—Midou...—intentó llamarlo, pero en ese momento el más alto se acercó aún más, hasta casi hacer rozar sus labios—. ¡Midousuji-kun!
Se arriesgó a empujarlo. No le importaba si el otro se molestaba, igual él estaba molesto.
Respiró hondo para tratar de calmarse y difuminar el sonrojo de sus mejillas.
—No es igual —lo oyó murmurar.
—¿De qué hablas? —lo cuestionó en tono serio—. Esto no es correcto.
—Piii —Midousuji lo miró sin expresión en el rostro—.A Sakamichi parece no molestarle.
—¿Cómo?
Ishigaki sintió como si lo hubieran golpeado fuertemente en la cabeza. Sabía que Midousuji invadía el espacio de otros para intimidar, más nunca se había acercado tanto como para casi sentir sus labios.
—Aunque no es lo mismo que lo hiciera con Sakamichi a que lo haga con Ishigaki.
El mayor lo oyó hablar con ese tono y forma que le recordaban a la de un niño explicando lo que aprendió en la escuela.
—¿Qué no es lo mismo? —se atrevió a preguntar.
—Cuando me acercó así a Sakamichi me siento asqueroso —explicó sin tapujos—. Siento que es asqueroso...me siento asqueroso.
—¿Cómo asqueroso?
—¡Kimo! —explotó jalando el parpado inferior de uno de sus ojos, su lengua colgó de forma reptilinea de su boca—. ¡Kimo!
—¿Midousuji?
—Es como si me sofocara. Kimo, kimo, kimo, kimo. ¡Es asqueroso!
—Bueno, si tanto te incomoda, ¿por qué lo haces?
—¡Kimo! No me incomoda. Nunca dije que me incomodara, Bakagaki.
—¿Y conmigo?
—Tampoco.
—¿Entonces?
—¿No me oíste, senpai? Siento asqueroso.
En momentos como ese Ishigaki odiaba el inusual y limitado vocabulario del más alto. ¿Qué era asqueroso? Asqueroso en el idioma de Midousuji podía significar muchas cosas. Como los asquerosos gundam que en realidad le gustaban; o la asquerosa anguila mal cocida, porque de verdad detestaba la anguila mal cocida. ¿Qué podía ser asqueroso que sentía al acercarse al escalador de Chiba? Si no es incomodidad —porque no se siente al hacerlo con él, pero no es lo mismo que con Onoda—. Podía ser...asqueroso porque le disgusta o asqueroso porque...
—Midousuji...¿te gusta Onoda-kun?
Ishigaki es un amor. Todos deberíamos tener un Ishigaki en nuestras vidas.
Siguiente capítulo: 26 de mayo.
Hasta la próxima.
