INFIELES

Por: Azalyn-chan

Declaración de derechos de autor: Los personajes relacionados con la serie Inuyasha pertenecen a RumikoTakahashi; la historia y personajes ajenos son propiedad de Azalyn-chan quién escribe esto por diversión sin ninguna finalidad lucrativa.

Capitulo Catorce: Punto de quiebre

Sesshomaru la evaluó lentamente ¿qué podría proponerle esa mujer?, en definitiva las mujeres a veces eran un total misterio, pero en cuestión de negocios, él era lo suficientemente sensible como para percibir una buena oportunidad, en este caso, algo le decía que debía sacarla de su oficina lo más rápido posible. Le sostuvo la mirada fríamente, esos ojos rojos le veían de igual manera, con un túmulo de secretos dentro de sí. Kagura llegó a su compañía cuando a penas empezaba su carrera, ahora ella era tan cotizada que se preguntaba qué había pasado para que llegara tan lejos. Si bien era hermosa, tenía unos ojos con un extraño matiz rojo, casi hipnotizante, lo único que tenía de hermoso esa mujer era lo que se apreciaba por fuera, no veía nada más adentro.

-No sé qué puedas proponerme Kagura, pero creo que tu agencia se puede comunicar con…

-Esto es más entre tú y yo

-Lo siento Kagura pero no estoy interesado

-Aún no me escuchas

-No necesito escucharte ni saber que lo que me propones no me gustará por el simple hecho de que no están tus representantes aquí, eso índica que no están enterados de lo que sea que tengas en manos, por lo tanto no me interesa.

Kagura lo miró incrédula, ¿en serio la iba a rechazar sin saber lo que le iba a proponer?, estaba a punto de replicarle cuando él la interrumpió.

-Kagura, tengo algunas cosas que hacer, si no tienes algo más que agregar te agradecería mucho que abandonaras mi oficina.

Ella estuvo a punto de desvanecerse a pesar de estar sentada, ¿había escuchado bien?, ¿le estaba pidiendo que se fuera?, apretó su bolso con fuerza tratando de contener la rabia, nadie le había dicho eso jamás… al menos no desde que se hizo famosa. Pero él se lo decía con tanta naturalidad y autoridad que no dejaba espacio para caprichos.

Se levantó lentamente del asiento y Sesshomaru la imitó, Kagura le regaló una falsa sonrisa a modo de despedida que él no se molestó en imitar, simplemente hizo un gesto con la cabeza a modo de respuesta, ni siquiera hizo ademán de acompañarla a la puerta, la miró alejarse, dirigirse a la puerta y desaparecer tras ella.

Se concentró nuevamente en los documentos que tenía que terminar, pero algo le dijo que Kagura no se rendiría tan fácilmente, estuvo a punto de suspirar, preparándose para eso que vendría lo cual seguramente le acarrearía más preocupaciones que cosas buenas.

Dirigió nuevamente la mirada al ordenador, aún tenía situaciones por atender, debía enfocarse para terminarlo pronto, a pesar de lo que pasaba en su vida personal su responsabilidad le indicaba que debía atenderlos.

Tiempo después, un poco más relajado, pensó que todo esto era demasiado, no tenía dudas, Kagome sería suya, pero el ver todo lo que tenía que hacer para conseguirla le parecía una locura, una hermosa locura. Tuvo ganas de reírse de sí mismo, de ser un poco diferente quizá lo hubiera hecho, pero sólo se preparó para continuar el camino que había elegido, amando a una sola mujer. Dispuesto a darlo todo por ella.

Se incorporó de su asiento y dio vuelta hacia el gran ventanal, cómo podían cambiar las cosas un solo encuentro, una sola decisión. Sabía que el paisaje no había cambiado en lo más mínimo, pero todo el entorno le parecía tan diferente, mucho más intenso, mucho más fresco. Sin lugar a dudas esta era una de las muchas cosas que Kagome había cambiado en su vida.

Y pensar que esto apenas comenzaba, no sabía qué le deparaba el mañana, pero de algo estaba seguro, su amor por ella, le bastaba por el momento para ser feliz. Desenredaría todos los hilos que la ataban a su pasado, inclusive le ayudaría a soltarse de los grilletes a los que se aferraba, todo para que al final así, feliz, pudiera compartir esa plenitud con ella.

Quizá se adelantaba mucho a los hechos, porque no podía asegurar de ninguna manera que Kagome le correspondiera, pero algo en el fondo de su corazón le decía que ella sentía lo mismo, cada vez que estaba cerca de ella la sentía temblar, la veía en algunos casos mirarlo con algo más que respeto. Y ese simple brillo en sus ojos le hacía pensar que podía hacer todo por ella. Inclusive lo que estaba a punto de hacer. Que era separarla de su esposo y darle la libertad para que después fuera feliz de la manera en que quisiera.

Suspiró resignado, en definitiva, jamás creyó dudar de sus facultades mentales y ahora se miraba como un hombre que estaba haciendo la peor apuesta de su vida, sabía que llevaba las de perder, si lo viera fríamente como un hombre de negocios, desde hace tiempo habría desistido, pero en cuestión de sentimientos ¿Quién puede decir quién pierde y quién gana? Esa era la cuestión, nadie podría asegurar nada.

Cuando volvió a la realidad, se percató de que la oscuridad caía lentamente sobre la ciudad, señal inequívoca de que ya era tiempo de terminar la jornada laboral. Sin lugar a dudas había muchas cosas por hacer, pero debía tener paciencia, el presionarla quizá la quebraría y debía evitarlo a toda costa.

Acomodó sus cosas y salió, no se sorprendió al ver a Rin haciendo lo propio, le inspiraba protección esa pequeña secretaría suya que dentro de un cuerpo tan pequeño podía soportar a un jefe como él. No lo iba a negar, en definitiva, él era muy exigente, y ella le respondía con total naturalidad.

Dejó que su mente se vaciara, se quitará todas esas dudas y cuestiones que le provocaban hasta cierto punto dolor de cabeza, su decisión era una y por muchas cosas que hiciera no podía cambiar lo que su corazón sentía, ni ahora ni nunca.

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Intentaba imaginar cómo reaccionaría su esposo ante la noticia de trabajar casi exclusivamente, sabía que Inuyasha no podría quejarse, siempre hacía todo cuanto podía por servirle, pero desde que Sesshomaru se fue no había dejado de darle vueltas al asunto, por una parte, sería mucho más interesante ese trabajo que el que estaba haciendo en esos momentos, no es que se quejara, pero en definitiva, sabía ahora que su capacidad era mucho mayor y si era requerida y podía seguir laborando en casa, se preguntaba ¿por qué no?.

Bueno, esa pregunta tenía una respuesta única, por Él, es decir por Sesshomaru, el tenerlo cerca iba a ser la más grande tortura jamás sufrida en su vida. Y en definitiva se había dado cuenta que cuando iniciaba una batalla en la cual él estaba inmiscuido, terminaba perdiendo, de una u otra forma parecía quitarle una a una las partes de la armadura que usaba para protegerse, pero terminaba por no servirle, él la retiraba con sólo una mirada, la dejaba al descubierto ante él.

Odiaba que alguien pudiera ver a través de ella con tanta claridad cómo si fuera lo más sencillo de hacer en el mundo. Se sentía indefensa, eso sumado a los sentimientos que le provocaba, en verdad tenía ganas de meterse bajo tierra para no verle, para no sentirle, para negar rotundamente su existencia y todo aquello que le provocaba.

Pero ahora se sentía como una niña haciendo el berrinche de su vida por una paleta que le es negada, se reprendió una vez más a si misma por estar haciendo una tormenta en un vaso de agua, lo que sentía no era ni por asomo lo que él podría llegar a sentir por ella, eso pensaba, además ¿qué podría pasar?, ella divorciarse por él. Sólo se escuchó el sonido de su carcajada, en realidad era algo que no tenía sentido.

La puerta se abrió dejando pasar a su marido que llegaba del trabajo, la miró curioso, había escuchado su risa y podría jurar que estaba acompañada, pero al no ver a alguien a su lado se preguntó si no fue una mala pasada de su mente. Al notarla no pudo evitar recordar lo que había pasado ese mismo día en la oficina, Kikyou, ¡rayos!, perversa mente la suya que le hacía verla incluso ahí, estando con su esposa, sí, se había dado cuenta que tenían un ligero parecido físico, pero eso no justificaba que las viera en el mismo sitio.

Tenía ganas de golpearse a si mismo por permitir que la situación llegara hasta ese punto, siempre había sido muy cuidadoso al separar las relaciones que tenía fuera de su casa, para que al cruzar la puerta su mente dejara atrás toda clase de situaciones y no le hiciera una mala jugada al estar con Kagome. Pero no supo que pasó con Kikyou, no podía atribuirlo sólo al parecido físico entre ambas, algo había pasado con esa mujer que no podía apartarla de su mente. Si, claro estaba que ese día se había enterado de qué trabajaría en el mismo despacho que él. Pero no era la primera vez que le ocurría, ver a Kagome y observar en el mismo sitio a Kikyou. Podría enloquecerlo, podría perder el control.

Compuso una sonrisa, se acercó a ella, la tomó de la cintura y depositó un suave beso en sus labios a modo de saludo, Kagome no negó el acercamiento pero tampoco lo acrecentó. InuYasha seguía teniendo el presentimiento de que algo no estaba bien con ella desde que regresó del viaje, si bien ahora estaba en casa para él, algo le hacía sentirla distante, como si una barrera los estuviera separando. Pero al mirar esos ojos chocolate, se convenció a si mismo de que debía estar delirando por los problemas que tenía ahora.

Debía actuar pronto y alejar a Kikyou de su vida para siempre, no podía darse el lujo siquiera de pensar que ella, podría informar a Kagome lo que pasó entre ellos. Porque la simple idea le aterraba, Kagome era un amor en muchos sentidos, pero sabía que algo así la lastimaría y muy probablemente la destrozaría. Como resultado la perdería y eso era algo que simplemente se negaba siquiera a suponer.

Tomó de la mano a Kagome y la dirigió a la cocina, sabía que había cocinado algo para él, siempre lo hacía y honestamente tenía hambre, ese día casi no había tocado su platillo cuando salió con Miroku así que el estómago reclamaba ser llenado. Kagome lo entendió y procedió a servirle mientras aún tenía la sonrisa en los labios por pensamientos extraños.

InuYasha comía en silencio cuando Kagome comenzó a narrar lo que había acontecido en el día, sinceramente a veces no ponía mucha atención a todo cuando ella le contaba, ponía la cara más linda para ella mientras se dejaba arrullar por sus palabras, hasta que su cerebro le llamó la atención, pues había captado entre esa telaraña de palabras el nombre de alguien que le provocaba mal humor al instante.

-Fuimos a la cafetería, creo que pudiste vela, está sobre la avenida principal – Kagome seguía contándole los hechos ajena a sus pensamientos – En realidad es muy bonita, no sé cómo no la hemos visitado antes, entonces me hizo una propuesta que quisiera compartir contigo.

Inuyasha la miró tomar aire mientras su expresión se hacía sombría por segundos.

-Me dijo que quería que trabajara para un proyecto exclusivo, la firma quiere que yo me haga cargo directamente y Sesshomaru dice – InuYasha se estremeció - que al ser peticiones directas del cliente no pueden negarse…

InuYasha la escrutó, odiaba escuchar el nombre de ese… de ese tipo, cuando lo conoció le pareció la persona más prepotente que podría existir sobre la faz de la tierra, detestaba cuando Kagome pronunciaba su nombre, no salían más que buenos comentarios de su boca con respecto a él. Si le preguntasen a InuYasha, tenía un par de adjetivos que le quedarían de maravilla, comenzaría diciendo que era arrogante, superficial, petulante…

-Aún no sé qué decirle, pensaba pedir detalles del proyecto antes de decidirme

InuYasha se vio interrumpido bruscamente, Kagome en un proyecto nuevamente, eso no le gustaba mucho, más bien no le gustaba nada, la miró fijamente y se percató de como su rostro adquiría un gesto único y maravilloso; casi soñador. ¿Podría quitarle eso a la persona que más amaba?... sí.

-No creo que sea prudente que inicies de nuevo con esos proyectos, verás que al poco rato te pedirán que vuelvas a la oficina y cuando menos lo sientas estarás de nuevo en ese lugar trabajando todo el día.

Kagome lo miró un momento, podía tener razón y eso definitivamente no lo quería, no había sido una experiencia mala, pero le había costado mucho trabajo reunir la suficiente fuerza para salir de ahí como para caer nuevamente en ese juego. Lo meditó un par de minutos y se encontró pensando en un par de ojos dorados que la hacían temblar, ¿cómo era posible que pensara en él cuando debía enfocarse en cosas netamente laborales? Decidió dejar la discusión por el momento, debía pensarlo con calma, alejando la influencia de su marido y la de Sesshomaru.

Cambió de tema y se dedicó a atender a su esposo, lo notaba preocupado, mucho más que de costumbre, quizá en su trabajo tuvo más problemas de lo normal. Kagome le tomó el rostro entre sus manos, enfocándose en sus ojos obscuros, tratando de adivinar lo que había detrás de ellos, InuYasha sintió su corazón contraerse, ¿Qué podía ver Kagome en él? Por primera vez en mucho tiempo sintió la imperiosa necesidad de alejarse de ella, su contacto le quemaba como si pudiera verlo todo a través de sus ojos y enfocó la mirada en su rostro, vio preocupación, sincera preocupación. La observó lentamente angustiarse por él.

Tomó sus manos y las alejó de su rostro mientras desviaba la mirada, Kagome no merecía sufrir por él, no por sus errores, ella era tan linda y amable. Besó sus dedos lentamente después se alejó de ella para perderse en la penumbra de sus pensamientos y confusos sentimientos. ¿En dónde se había metido?, Por primera vez sintió miedo, pánico a quedarse sólo, a enfrentar sus fallas.

Cuando llegó a la habitación no se molestó en accionar el interruptor de la luz, así en penumbras se quedó en silencio, analizando todo cuánto había sucedido en este tiempo, no sabía en dónde estaba la salida, pero algo si estaba claro para él, Kagome no se alejaría de su lado, costase lo que costase, puesto que ella era su estrella, su luz.

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Kagome ya había terminado sus quehaceres cotidianos, preparó un delicioso estofado y ahora se disponía a retomar su lectura, un merecido descanso cuando el teléfono la sorprendió. Se apresuró a tomar la llamada, quizá era InuYasha.

-Diga

-Kagome – hubiera preferido que fuera InuYasha, no él

-Sesshomaru

-Lamento interrumpirte, pero esto es importante, el día de mañana tenemos agendada una junta con el cliente que te comenté y necesitarán saber si participarás con ellos en la nueva campaña.

-Sesshomaru, yo aún no… - se vio interrumpida por él.

-Kagome, no quiero presionarte, lamento de verdad tener que llamarte, hubiera deseado darte un poco más de tiempo, pero sabes que en los negocios el tiempo es un lujo que a veces no nos podemos dar.

-Sí, comprendo eso – se mordió el labio inferior – pero yo aún no me he decidido

-¿Qué necesitas Kagome?

Muy buena pregunta, en realidad sería interesante responderla con sinceridad, pero estaba tan confundida, sus sentimientos por Sesshomaru, la actitud de InuYasha. Todo se había complicado tanto como para que ella deseara agregarle más cosas a su vida.

-Kagome, ¿te has puesto a pensar que necesitas pensar en lo que realmente quieres?

Ahora parecía que le leía la mente, eso la sorprendió mucho, pero descartó el sentimiento de asombro que le inundó y se concentró en la pregunta. ¿Ella?, se había olvidado de esa palabra, ella misma, quería darlo todo por las personas que amaba a tal grado que olvidaba lo que realmente quería, comenzó a preocuparse por si misma cuando empezó a buscar trabajo, sintió que ganaba por primera vez algo para darse gusto, no monetariamente, sino tiempo para si, dedicación a lo que realmente le gustaba. Se esforzaba por primera vez en hacerse feliz. Ahora que estaba en casa sentía que le faltaba algo, sentía que jamás había actuado realmente porque quisiera.

¿Qué importaba que Sesshomaru no la amara?, ¿qué importaba si quería amarlo en silencio?, eso era lo que quería con el corazón en la mano, ¡Lo amaba! Tanto que le dolía. Tanto que desde que lo volvió a ver tenía la certeza de que moriría lentamente si no sabía que era de él, sino lo veía. Amar, esa era su decisión.

-Acepto trabajar en el proyecto, si quiero Sesshomaru

Hay decisiones que cambian la vida sin saberlo, a veces pasan inadvertidas, en el caso de Kagome, la decisión de amar.

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InuYasha se encontraba en la sala de café de la oficina, estaba muy distraído, en toda la mañana no había podido concentrarse, por más que intentaba enfocarse en el caso que tenían enfrente, la mente le había jugado chueco mostrándole la imagen de su esposa preocupada y sus ojos no le ayudaban en lo más mínimo, pues se la pasaban buscando a Kikyou aún sabiendo que no debían hacerlo.

No podía apartar la imagen de ambas mujeres de su cabeza, se preguntó mil veces si era posible amar a dos personas con la misma intensidad. ¿Podría tener a ambas sin perder a ninguna? Entre más vueltas le daba al asunto, se sentía más confundido. Tenía claro que perder a Kagome no era en si mismo una opción. Pero por alguna razón, seguía sin poder quitarse a Kikyou de la cabeza.

Justamente al levantar la vista, esta vez sus ojos encontraron lo que estaba buscando, aquella figura esbelta se dejaba ver en la puerta, lo miraba con intensidad, cómo tratando de adivinar si debía irse o quedarse. A él le extrañó ver esas reacciones en ella, puesto que se caracterizaba por ser una persona muy decidida. Se incorporó lentamente y decidió alejarse nuevamente de ahí, no es que fuera cobarde, pero debía aclararse antes de dar un paso en falso.

Kikyou no se movió de donde estaba lo miró acercarse e intentar pasar a su lado sin dirigirle la palabra.

-¿Así que ahora eres cobarde InuYasha?

Apretó los puños con fuerza, hasta que los nudillos se le pusieron blancos, él no era ningún cobarde, ¿Qué podría saber ella de lo que estaba pasando?.

-Kikyou, ¿qué haces aquí?

-Eso deberías saberlo InuYasha

La miró fijamente, estaba a tan sólo unos pasos de distancia, podía acortarlos si quisiera, pero no se atrevía a estar más cerca de lo que ya estaba.

-Hay algo que quizá deberías saber

-Hay muchas cosas que debería saber InuYasha, pero lo que puedas decirme no me interesa.

Se giró rápidamente, no sabía que estar frente a él pudiera afectarla tanto, sus planes de venganza se estaban yendo muy lejos, no podía verlo sin querer besarle, sin desear abrazarle, sin esperar que su mirada se posara en ella y su corazón estallara.

Creía que podía ser más fuerte, que podía odiarlo, le sorprendió saber que no podía dejar de amarlo, como debío haberlo hecho desde que la dejo sin ningún motivo.

InuYasha al verla alejarse la tomó por el brazo en una reacción meramente instintiva ¿qué podría decirle?, ¿qué podría hacer él para detenerla? La idea misma le parecía carente de sentido, no podía hacer nada. Él, el gran InuYasha no podía hacer nada. Porque ella no sabía la verdad, jamás le permitió ver el anillo que lo marcaba como una persona casada.

¿Cómo reaccionaría ella al ver ese anillo?, no dudaba que pronto se enteraría que él la conquistó como un hombre soltero cuando no era así. Kikyou lo odiaría, lo detestaría y si estaba seguro que ella estaba ahí para hacerle la vida difícil, cuando supiera eso, se la haría imposible.

Kikyou dio media vuelta bruscamente, deshizo el contacto, como si le quemara y en realidad era así, el tenerlo cerca, piel con piel la estremecía inimaginablemente, le nublaba los sentidos y su reacción era la de querer corresponderle. Aún a costa de su propia voluntad.

-Hay algo que debes saber Kikyou, no soy cobarde como para que te lo diga alguien más, necesito decírtelo yo.

-No quiero saberlo

-Es necesario Kikyou, aunque sé que no es este el lugar indicado, déjame decírtelo de frente…

-InuYasha…

Miroku entró precipitadamente buscando a su compañero, se había ausentado un rato y ya lo estaban buscando para terminar unos documentos importantes y planear la defensa. Se quedó en silencio sin pronunciar palabra al verlos juntos, sintió que había interrumpido algo, pero ni modo de volver, simplemente carraspeó en forma de disculpa.

-InuYasha te estamos esperando

El aludido asintió a modo de respuesta, Miroku no dio indicios de querer irse sin él y tuvo que resignarse a acompañarlo.

-Te veo a la salida, por favor

No esperó a que ella contestara, simplemente siguió a un Miroku preocupado que no paraba de decirle que se había tardado bastante y parloteaba narrando circunstancias acontecidas en su ausencia. InuYasha no lo escuchaba, su mente estaba puesta en lo que le diría a Kikyou cuando la tuviera de nuevo frente a él. Debía asegurarse de que supiera lo que pasaba, aunque fuera poco honroso, debía decírselo él.

La tarde pasó agitada, entre trámites y entrevistas, documentos y charlas. Cuando menos sintió la hora de regresar a casa había llegado, si bien aún tenían mucho trabajo por delante, decidieron dejar todo cuanto habían hecho hasta ahí y continuar el siguiente día. InuYasha tomó sus cosas y con paso cansino se dirigió a la salida, fue ahí cuando la vio nuevamente, casi imperturbable.

Se acercó a ella derrotado por dentro, él no era cobarde y se lo diría de frente. Como el hombre que era, como la persona responsable y razonable que solía ser. Con la decisión pintada en los ojos la tomó de la mano y se sintió débil, porque a su mente vino el recuerdo del tacto de su piel desnuda, de sus piernas rodeándole, esos ojos que ahora lo miraban con resentimiento habían estado en el pasado febriles por él. Sus manos le parecieron suaves y hechas para las suyas. Y entonces dudó si lo que haría era realmente lo que quería hacer, él sentía algo por ella, no sabía exactamente qué, era muy diferente a lo que sentía por Kagome.

Llegaron al aparcamiento sin que ninguno de los dos retirara la mano que los unía, cuando estuvieron cerca de su coche InuYasha tomó la palabra.

-Podemos ir a un lugar tranquilo para hablar, será más sencillo.

Ella lo miró contrariada, ¿lugar tranquilo?, en esa ciudad había muy pocos lugares que podrían ajustarse a esa petición.

-Mi apartamento, te espero – Contestó ella sin detenerse a esperar respuesta, giró lentamente y se alejó hacia su auto.

Al poco rato estaban frente a su apartamento, aparcaron lo más cerca posible y él se dirigió a ese conocido lugar lo más serenamente que pudo, no podía evitar rememorar las circunstancias que lo habían llevado ahí en otras situaciones. Su afán de conquistarla, sus sentimientos por ella. Cosa que aún en ese momento no tenía claro.

Una vez dentro, Kikyou le indicó que tomara asiento, quizá si hablaban tranquilamente, podría alejar de si el sentimiento que le dictaba se lanzara sobre el hombre que estaba frente a ella y lo besara hasta perder el aliento. Lo miró con temor, no sabía lo que él quería decirle, pero algo muy en el fondo le decía que no le iba a gustar en lo más mínimo.

-No he sido muy honesto contigo Kikyou, pero hoy quiero terminar con eso

Lo miró impasible, ¿honestidad?, algo nuevo.

-Yo, no te he contado todas las circunstancias de mi vida, pero antes de tocar ese punto – la miró ansioso - quiero que sepas que yo te amo, con todo mi ser.

Kikyou sintió que su razón se iba muy lejos al escucharle decir eso con esa voz ronca que eliminaba cualquier duda en ella. Quería escucharle, se sentía capaz de perdonarle cualquier cosa, ¿qué podría hacer ese hombre que la amaba que no pudiera disculparle?

-Yo, te amo Kikyou

-Yo te amo InuYasha, entonces ¿cuál es el problema?, ¿por qué me alejaste de tu lado?, ¿por qué no podemos estar juntos?

-Yo… no sé cómo decirte esto, en realidad hay algo que debí de haberte dicho hace tiempo, pero no pude, no encontré las palabras adecuadas, Kikyou te amo tanto que pensé que sería lo mejor para ambos, pero no puedo vivir sin ti…

-InuYasha... dime qué es, seguramente encontraremos la solución a lo que sea que te aqueje, soy capaz de hacer cualquier cosa por ti

-Kikyou, temo perderte

Se levantó del lugar en donde estaba y se acercó a ella a paso lento, ella le imitó y se encontraron en medio de la sala, se abalanzaron como si en ese gesto se les fuera la vida y unieron sus cuerpos en un abrazo interminable, mientras sus bocas se buscaban con ansiedad. Profundizando en la locura misma del encuentro que comenzaba entre dos seres anhelando amar.

Cuando todo pareció calmarse, por un instante se separaron en busca ahora de los ojos del amante y ahí se perdieron un momento entre el letargo y la agonía del siguiente paso. Los corazones exaltados se aferraban con fuerza al recuerdo del encuentro que se acababa de dar entre sus labios y pedían a gritos más. InuYasha fue el primero en acrecentar la distancia, ¿por qué no podía alejarse de ella?, esa pregunta una y otra vez rondaba su mente, ¿sería capaz de hacerlo?.

-Kikyou, necesito decirte algo, quiero que comprendas lo mucho que te amo, te amo Kikyou pero yo…

-Dímelo sabré comprender y ahora que sé me amas, no puedo creer que haya algo que pueda separarnos

-Estoy casado Kikyou – soltó a quemarropa

-Tú eres…. Tú estás…

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Sesshomaru llegó tan pronto como pudo al lugar de encuentro, la misma cafetería cercana a la casa de Kagome, tan solo escuchó que ella le daba una respuesta afirmativa, no pudo evitar citarla y decirle que necesitaba hablar con ella, de negocios, fue lo que dijo. La verdad quería verla y tratar de garantizarle que todo iría bien. Tenerla cerca, con eso bastaba.

Bajó algo agitado de su deportivo, había pisado el acelerador a fondo, pero todo valió la pena cuando la vio ahí, en la mesa cercana a la ventana, con la cara angelical dirigida a los jardines y esperando con tranquilidad. Se giró para verlo, sus ojos se encontraron en un cordial saludo que emitían a su vez tantas emociones contenidas, entre ellas, la alegría de verse nuevamente. Se acercó a dónde Kagome lo esperaba, con los ojos chispeantes, adoraba sumergirse en esos trozos de chocolate que pendían entre sus pestañas y quería acariciar esa piel de porcelana que inquietantemente mostraba un tenue color rosado en sus mejillas.

A un solo paso de distancia la consumió toda solo con la mirada, ella en respuesta le sonrió de la manera más sincera que pudo encontrar en su repertorio, se incorporó con suavidad y tendió los brazos hacia él en un gesto de auténtico reconocimiento, sin demora la atrajo hacía sí, aspirando su aroma, gozándose de su calor.

-Gracias Kagome por estar aquí.

Se separaron, tendieron las manos como símbolo de cordialidad, pero las sostuvieron más tiempo de lo prudente, no apartaban las miradas uno del otro, como si iniciaran la silenciosa promesa de atravesar ese camino juntos.

Sesshomaru tomó su mano, apretándola suavemente, indicándole en ese simple gesto que él estaba ahí, ahora ya estaba con ella y pasara lo que pasara todo iría bien. Kagome aceptó este gesto y soltó sus manos, para tomar asiento, dejando que la emoción se disolviera en el aire, para dar paso a la realidad que los tenía unidos en ese momento.

Sesshomaru hubiera querido perpetuar el sentimiento que habían compartido aquellos segundos, pues notó el cambio de actitud en Kagome y quiso en silencio volver el tiempo atrás para en lugar de dejar que se alejara, estrecharla con más fuerza entre sus brazos. Pero se contentó con acomodarse en el asiento que estaba frente a ella.

-El proyecto es muy interesante y te agradezco mucho que hayas aceptado colaborar con nosotros

Los ojos de ella se llenaron de tristeza, era como recibir un golpe profundo en el corazón, de nuevo esa triste realidad de saberse parte de su vida sólo en el ámbito laboral.

-Es un gran honor que me consideren para este proyecto, no podía negarme

-Claro que podías Kagome, pero es bueno que no lo hayas hecho

Extrajo de su portafolio una pequeña carpeta, en la cual estaban resumidos los datos más importantes de la campaña, así como todo lo que necesitaba saber para la junta que se llevaría a cabo el siguiente día. Kagome la tomó y comenzó a ojearla rápidamente, ya conocían al cliente así que no sería difícil familiarizarse con el nuevo concepto que deseaban. Una mesera se acercó a Sesshomaru y éste ordenó un café negro. Observaba como Kagome parecía absorber los conceptos y comenzar a generar varias ideas, la forma en que su entrecejo se fruncía mientras analizaba los párrafos y los diseños era algo que él había llegado a amar. No era la primera vez que la veía trabajar, pero no podía negar que inclusive así le gustaba.

Cuando terminó de pasar las hojas y cerró la carpeta, se encontró con el rostro de Sesshomaru completamente concentrado en ella, se sintió un poco cohibida, jamás se había percatado de la atención que le ponía, no de esa manera tan tangible y se sonrojó sin poder evitarlo; ante esto, Sesshomaru sonrió. Kagome lo miró embelesada, amaba esa sonrisa, cada gesto que escapaba involuntariamente de ese rostro tan enigmático y controlado.

Al poco rato se encontraron ambos sonriéndose y sin poder evitarlo, el sonido de sus risas hizo eco en los oídos del otro y así comenzaron a platicar, como si fueran viejos conocidos que no se veían desde hace mucho tiempo. Kagome se encontraba muy relajada en su compañía, a pesar de tener aún frente a ella la carpeta de trabajo y él por primera vez se dio el lujo de cruzar la línea entre jefe y subordinada. Lo cual lo dejó encantado, escuchar a Kagome charlar de sus tareas cotidianas y el sonido de su risa, era como darle néctar de luz a su corazón.

Se atrevió a tomar su mano cuando ella hizo un ademán exagerado, el silencio pareció cobrar fuerza, pero lo que Sesshomaru veía ahora era el anillo que la hacía figurar entre la lista de mujeres prohibidas. Sólo lo miró unos segundos mientras ella no sabía qué hacer, entonces él en un gesto casi imperceptible cubrió esa sortija con la mano como tratando de borrar su existencia, cosa que por cierto no sucedió.

-Dime, Kagome, ¿dónde imaginas que estarías si no estuvieras casada?

Su voz la llevó a lo más profundo de su ser, sus más secretas ilusiones, aquella parte que cuidaba como su más grande tesoro, ¿dónde estaría Kagome?, se imaginaba a una mujer trabajando en una empresa a tiempo completo, repleta de proyectos inclusive se vio perdidamente enamorada de él, como lo estaba ahora.

Kagome sonrió ante la imagen que su mente desplegaba, un fondo rosa en el que sobresalían dos figuras mirándose enamorados, con las manos unidas y una sonrisa de plena alegría. Si Sesshomaru pudiera ver su imagen mental, se apartaría de ella muy asustado, se alegró que él no pudiera accesar a esa parte de su mente, aún…

-Me siento muy feliz con mi vida actual Sesshomaru, no cambiaría las cosas, sólo quizá que no elegiría trabajar en casa, pero definitivamente me veo colaborando en proyectos como este – enfatizó golpeando suavemente la carpeta.

Las risas de una mesa al fondo la sobresaltó y le hizo observar a su alrededor, había mucha más gente, eso quería decir que ya era tarde ¿cierto?. Observó su reloj y casi se le paraliza el corazón, InuYasha llegaría de un momento a otro y ella estaba fuera de casa con Sesshomaru. No es que se quejara de la compañía pero no se sentía muy tranquila estando así.

Sesshomaru notó su cambio y se imaginó la manera de detenerla, pero no lo hizo, le indicó que se fuera, él pagaría la cuenta, ella estuvo a punto de negarse, pero viendo esos ojos dorados supo que sería una lucha que perdería, así que no insistió más, depositó un apresurado beso en la mejilla de Sesshomaru, aún sin esperar que este se incorporara para despedirla salió corriendo del local y abordó su auto. Había perdido la noción del tiempo y quería llegar a tiempo para recibir a InuYasha, aunque tuviera la sensación de que lo había estado traicionando. Además le tenía que dar la noticia de que trabajaría en el proyecto.

Habían pasado ya varias horas desde que dejó a un Sesshomaru con la despedida en la boca, estaba nuevamente con el celular entre las manos, había intentado marcarle a su marido pero no le contestaba ni en la oficina ni en el teléfono particular. Comenzaba a preocuparse, sólo un texto de "llego tarde" no era suficiente para disminuir su preocupación. ¿Dónde estaba InuYasha?, ¿Qué estaría haciendo? ¿Por qué no le contestaba? debía estar tranquila, tendría junta el día siguiente y necesitaba estar enfocada.

Se levantó nuevamente de la cama, vislumbró la calle a través de la ventana de su habitación y la quietud de la noche lejos de apaciguarla la dejaba mucho más intranquila. Deambuló por la casa, sin poder conciliar un pensamiento coherente en todo ese tiempo. Derrotada regresó a su cuarto y se metió en la cama. No intentó conciliar sueño, sabía que era vano, no supo cuánto tiempo pasó hasta que sintió a InuYasha entrar a la habitación, cansado. No dijo más que un: "ya estoy en casa Kagome, descansa".

Y tuvo ganas de llorar, porque él parecía tan tranquilo cuando su alma pendía de un hilo, pero se sentía peor porque no tenía cara para reclamarle nada, su conciencia no le permitía estar tranquila, sentía que le había fallado y debía pagar por eso, con su silencio.

Al día siguiente, las cosas habían seguido normal, ella le había informado en el desayuno que trabajaría en el proyecto, InuYasha no protestó como había pronosticado que haría, hasta había preparado su discurso para convencerle de que era lo mejor. Muy por el contrario la animó a continuar con eso, a decir verdad parecía distraído y sumergido en sus pensamientos. Cuando se despidieron, él evitó besarla en los labios, por el contrario depositó un suave beso en su mejilla. Sin mediar palabra, se alejó de ella dándole la espalda. Este gesto no ayudó en nada a que Kagome se sintiera mejor, si bien no se había negado a la idea de que trabajara, al parecer tampoco le había dado su atención.

Se preparó para salir, había dejado las cosas en orden, lucía ahora un traje sastre color negro, con una blusa rosa a juego. Se miró en el espejo y su reflejo le mostró parte de ella. Salió directo a las oficinas centrales de Amethyst, en donde al llegar sintió que un gran peso se le quitaba de encima, para ser sustituido por el deber. Vería a Sesshomaru, estaría a su lado por uno momento y eso la hacía feliz.

Una sola palabra le habría bastado a InuYasha para detenerla, un solo gesto y ella hubiera renunciado a todo por él, pero no lo hizo. Kagome se sintió desfallecer, le dolía el corazón, le dolían todos los sentimientos que tenía ahora, se sentía morir pues traicionaría a la persona que había jurado amar por toda su vida, una promesa que le pesaba en el corazón, en su vida, en su alma, en toda ella. InuYasha, ¿en dónde estaba él ahora?, ¿por qué no había notado lo mucho que lo necesitaba en ese momento?, ¿por qué no la ayudaba a luchar contra eso que comenzaba a surgir?. Su marido la estaba alejando, la dejaba sola a la deriva de una vida ruda que la acorralaba a sumergirse en los brazos de otra persona. ¿Por qué?. ¿Por qué Sesshomaru debió aparecer en su vida?.

Ya nada tenía sentido si él no estaba, si Sesshomaru no se encontraba presente aunque sea en su imaginación la desazón la consumía. Parecía como si él hubiera despertado sus más profundos sueños antes anclados y desechados por falta de valor. Kagome estaba traicionando a InuYasha de la manera más vil, amando a un hombre que no era él, en silencio. Ese silencio que la ahogaba, no sabía como viviría a partir de ese instante, amando a otro hombre pero viviendo con aquél al que eligió tiempo atrás.

Estuvo a punto de sollozar, pero no lo hizo, levantó el rostro con decisión, como buena mujer que era escondería su desdicha tras una sonrisa, no se permitiría renunciar, no ahora que sabía amaba mucho a ese hombre que la esperaba y aunque él no la amara, ella lo haría por los dos guardando la esperanza absurda, pues sabía que nada entre ellos podría hacerse realidad; de estar juntos en un futuro. Quizá mañana, las cosas fueran diferentes y entonces ella podía amarle con toda la intensidad de su corazón.

La junta transcurrió sin ninguna novedad, Kagome tenía la certeza de que vendría mucho trabajo, pero eso lejos de preocuparle, la tenía al menos con la certeza de que no se sumiría en la tristeza. Podría al menos distraerse y pensar en otras cosas, no sólo en su atormentado corazón.

Así pensaba y no se percató que en la sala quedaban sólo dos personas, cuando se incorporó se dio cuenta de que esos ojos dorados la miraban nuevamente, como desnudando su alma y se sintió mal, ¿podría ver su tristeza? Pensó que lo mejor sería que no conociera la respuesta a esa pregunta. Le regaló una tímida sonrisa, apretó su maletín y se dirigió a la salida más cercana. A sólo unos pasos de alcanzar el objetivo, todo su mundo se detuvo, unos brazos la rodeaban por la espalda, ajustándose a su cuerpo, estrechándola con fuerza, transmitiéndole la fortaleza que sentía iba a perder en cualquier momento. Y justo cuando creyó que podía ser fuerte su voz la paralizó.

-No quiero verte triste Kagome, yo estoy a tu lado…

Y las lágrimas corrieron por sus ojos como grifos abiertos, sus sentimientos afloraron, la desesperación se hizo tangible, su tristeza encontró la salida, aquella falsa sonrisa se desvaneció y fue remplazada por sus verdaderos sentimientos. Impotencia… Sesshomaru podía desarmarla en segundos; dolor, Sesshomaru la tenía enamorada sin saberlo; angustia, ella nunca podría ser suya aunque así lo quisiera; rabia, ¿por qué debía amarlo a él?; amor, lo amaba sólo a él; toda su vida lo espero, toda su vida aguardó por él. Y ahora ahí estaba, lo que tanto había soñado, pero por injusticia de la vida no podía tenerlo, ni ser suya.

Se sintió derrotada y soltó el maletín que causó un sonido sordo, mientras se giraba sin apartar los brazos que la rodeaban y correspondía desmedidamente ese abrazo, no un abrazo cualquiera, sino aquél que suele transmitir la necesidad y los sentimientos sin que hubiera palabras de por medio.

Sesshomaru la sintió temblar por las lágrimas que derramaba, la miró desconcertado y con la rabia a flor de piel, tratando de mitigar el instinto asesino que surgía en su ser para con la persona que se atrevía a hacerla llorar de esa forma. La apretó con más fuerza sin importarle el lugar en el que estaban.

-Kagome, mi Kagome yo te quiero…

Ella no supo cómo ni por qué soltó el llanto y lo abrazó con más fuerza si es que cabía, Sesshomaru se separó lentamente de ella sólo para poder tomar entre sus manos ese frágil rostro ahora empapado de dolor y retiró una a una las lágrimas.

Tragó saliva y deseo poder apartar el sentimiento que lo embargaba, porque no le permitía pensar con claridad, porque su único deseo en ese momento era besarla, además había hecho una declaración, sino formal, al menos sincera y ella no había respondido, al contrario parecía llorar con más intensidad.

-Kagome

Ella negaba frenética, no podía ser cierto, él no podía quererla, debía estar engañándose, lo que dijo fue porque la vio llorar, ella no debía llorar por nada y menos por él.

Sesshomaru sintió su rechazo y se desesperó, ¿cómo mostrarle que lo estaba matando al verla sufrir de aquella forma?, apretó aún con más fuerza aquel frágil cuerpo contra él, tratando de transmitirle seguridad y amor e intentando no dañarla pues sintió que lo haría.

La separó nuevamente, Kagome seguía hipando, Sesshomaru sabía que el permitirse llorar frente a él era algo que debía interpretar como total confianza. Acarició su rostro, permitiéndose el deleite de esa suave piel bajo sus dedos, recorrió su cabello, su cuello y entonces ella abrió los ojos desconcertada, hipnotizada también por las sensaciones surgidas entre ellos. Como una explosión que derrumba todas las barreras, como la certeza que golpea de frente con la realidad tangible.

Sesshomaru se inclinó y acortó la distancia entre sus rostros, a escaso centímetro de su boca se detuvo, si ella no quería que la besara lo entendería, pero no podía contenerse, no podía frenar todo aquello que le provocaba y aunque le costara la vida, esperaría a que ella le permitiera darle un poco de lo que había en él sólo para ella.

A corta distancia del cielo o del infierno Sesshomaru cerró completamente los ojos y aflojó su agarre, para permitirle escapar o acercarse y tomarlo.


Notas de la Autora:

En serio que me quedé sin palabras, acabo de terminar de editarlo y me recorre un cosquilleo en la piel al releer el capitulo, sobre todo la última escena, pues ¡cumplí!, dije que no tardaría más con este momento y aquí esta… aunque ya sé que muchas de ustedes van a querer matarme, pero ¡si me matan no hay beso!, ja,ja,ja.

Que intenso, en serio no tengo palabras para describir todo lo que están pasando, no me imagino cómo voy a poder concluir con todo esto así que échenme porras. Ahora voy con una pregunta ¿Quieren que Kagome bese a Sesshomaru?, ya saben ¡Comentarios!. También platíquenme qué les pareció el capitulo y todo eso. Por favor, es muy importante para mí.

Ahora, pues publiqué antes de lo acostumbrado y es que mi editor (que ya tengo XD) le echa muchas ganas y me anima a escribir cada vez que puedo, gracias mi querido Changuito, este capitulo también es tuyo. ETPM.

¡Comentarios! , por favor escríbanme para que yo pueda saber que piensan y qué les parece esto que escribo para ustedes.

Muchas gracias a tods los que dejan su review y agregan la historia a sus favoritos y alertas. Me hacen muy feliz y como siempre, la respuesta en tu bandeja de entrada o en mi perfil.

¡Aaah!, esto se pone cada vez más bueno y yo que pensaba que ya no podía estar mejor, al parecer sí. Gracias por todo y les deseo lo mejor de lo mejor.

Besos y abrazos.