Ya en la morgue del hospital San Bartholomew, se acercó a Molly.

Quiero ver el cuerpo de Luck.- la joven forense se giró sobresaltada. Ni siquiera le había oído llegar.

¿Por qué?

Estoy investigando su caso y necesito saber si hay restos de drogas en su organismo.- Molly negó echando mano de una carpeta donde tenía los informes con los resultados de todas las pruebas que le había hecho hasta el momento.

No hay marcas intravenosas, ni parece que se lo haya administrado por vía oral. No había nada en su sangre ni su organismo, Sherlock.- el sonido de una puerta abierta y de algo resbalando la interrumpió. Sherlock estaba delante de las neveras y había abierto la que contenía el cuerpo de Luck. Molly suspiró y le dejó los informes al lado del cuerpo con una mueca de molestia.

¿Qué pasa?- Sherlock se detuvo y la miró con cierta sorpresa.

Sherlock, no hay más datos que pueda darte sobre el cuerpo.

Siempre hay algo más.- dijo clavando sus ojos azules en ella. Molly desvió la mirada y suspiró.

Como quieras.

¿Sabes que el pelo suelto te favorece? Te alarga la cara.- al oírle, la forense se sonrojó y sonrió levemente.

Gracias...- Sherlock le devolvió la sonrisa y se giró hacia el cuerpo de Luck. Echó mano de la lupa que llevaba en el bolsillo y se dedicó a examinar el cuerpo rápidamente, descartando teorías tan rápido como se formaban en su cabeza al observar las heridas y marcas. Pero al verle las manos, sonrió. Molly se acercó a Sherlock entonces.

¿Has encontrado algo?

Justo lo que estaba buscando.- señaló las manos de Luck.- Te has saltado lo más importante, Molly... pero has hecho un gran trabajo aún así.- la forense le miró con ganas de abofetearle, pero se acercó a verle las manos al cuerpo. Ante la palidez de la piel, advirtió que las yemas tenían una textura diferente, una especie de polvo blanco que también estaba debajo de las uñas.

¿Es... la droga que buscabas? - preguntó desconfiada. Sherlock asintió.

Quiero saber qué tipo de droga es, la composición y cuánto tiempo lleva ahí. Intenta localizar el origen, busca pequeños cortes milimétricos en las yemas de los dedos y avísame en cuanto tengas algo.

De acuerdo.- asintió Molly. Sherlock se marchó con paso rápido para poder ir a Baker Street y prepararse una pequeña maleta para no tener que estar yendo de piso en piso constantemente. Allí, la señora Hudson se afanó en echarle una mano, como de costumbre, aunque solía protestar al respecto.

Sherlock, querido, no soy tu criada, sólo tu casera.- le recordó mientras doblaba unas camisas que metió con cuidado en su maleta.

Lo sé, señora Hudson, pero requiero de su ayuda para agilizar esto.- asintió Sherlock mientras metía el microscopio y algunos botes con muestras en un lateral de la maleta.

¿Cómo es que John no quiere volver? ¿No se lo has dicho?

Lo he hecho. Pero no está preparado todavía. Dice que tiene que organizar varias cosas antes de abandonar el piso, como su consulta.

Oh, Sherlock, eso es una tontería. John no suele recibir gente en su casa.- negó la anciana. Sherlock se giró hacia ella.- Es cierto, desde que se mudó allí, apenas habrá recibido diez visitas. Generalmente, es él quien visita a la gente cuando le llaman; me lo contó la viuda de Peggins, que le llamó hace dos meses para que le mirase la cadera. Por lo visto, John le comentó que el barrio no era el mejor y que por eso se movía él a los domicilios.- Sherlock no había pestañeado ni dicho palabra alguna. Por lo general, la hubiera interrumpido, pero aquello le daba otra perspectiva a la situación. John, simplemente, no quería, por lo que fuera, volver. Aún no. Pero no se negaba a convivir con Sherlock. Sherlock cerró la maleta y poco después, volvió a Thames Blv. Quizá era hora de intentar aclarar las cosas.