¡Hola!

Comentarios abajo ;)

Os recomiendo la canción de Unforgiven de Metallica en la versión de Apocalyptica. La escuché por primera vez mientras escribía el capítulo ;)


CAPÍTULO XIV: Auras de colores

Vio que Jeremy no paraba de correr. Pasó por su lado como una exhalación y tan solo escuchó un: "lo siento" cuando le hizo tambalear. Cameron no se extrañó mucho de la actitud del chico. Jeremy era, ante todo, un chico raro, así que no le dio más vueltas.

Se dirigió a la biblioteca para adelantar deberes y pasar apuntes a limpio. Era una tarea más bien aburrida, pero por lo menos volvía a leer todo lo que había dado durante el día y lograba retener algo en su memoria.

Se adentró en la estancia haciendo el mínimo ruido posible para no molestar a los compañeros y se sentó en una de las mesas más cercanas a la puerta. Le gustaba más que hubiera un poco de murmullo a que estuviera todo en silencio.

Sacó su libro de Runas Antiguas y empezó a traducir unos de los textos que había mandado la profesora. A esas alturas del curso ya hacían traducciones que tenían un nivel muy alto, pues eran de los TIMOS de años pasados.

Abrió su diccionario de runas y empezó a traducir palabra por palabra.

Pronto vio que era una tarea demasiado aburrida. Miró a su alrededor para ver si conocía a alguien con quien pudiera hablar un rato para despejarse, pero nada. No había nadie conocido. Con un bufido de resignación volvió a su trabajo y continuó con la siguiente frase.

No pasaron ni dos minutos cuando vio que alguien se sentaba delante suya. Alzó la vista y vio unos profundos ojos marrones mirándole.

- ¿Te importa que me siente? Todas las demás mesas están ocupadas por niños – alegó Ewan. Cameron hizo un gesto de asentimiento y el chico, con un "gracias", se sentó con ella en la mesa. Cameron dejó sus tareas y le prestó un poco de atención al chico.

- ¿Tu eres…? – preguntó cordialmente Cameron.

- Oh, disculpa – murmuró Ewan – Me llamo Ewan, Ewan Carlsen – se presentó con una sonrisa y extendió una mano, pues estaban a demasiada distancia como para darle dos besos.

- Yo soy Cameron Potter – dijo mientras extendía su mano para unirla con la del joven – Encantada.

- Bueno, si no te importa, voy a empezar a hacer transformaciones – murmuró Ewan. Sacó sus libros, pergaminos, su pluma y su tinta y empezó rápidamente a hacer los deberes de la profesora McGonagall. Sin embargo, notaba que aquella chica le estaba mirando. En efecto, tenía los ojos verdes de Cameron mirándole como si fuera un bicho raro y resultaba un tanto incómodo.

- ¿Ocurre algo? – preguntó con educación.

- No. Sólo que… me resulta extraño – murmuró Cameron. Ewan alzó los hombros.

- ¿El qué?

- Pues, es una tontería, pero cuando me presento a alguien y digo mi nombre, siempre me dicen: "¿Eres la hija de Harry Potter?" o empiezan a preguntar cosas sobre él. Pero tú… no has dicho nada – dijo Cameron con expectación.

- Bueno, si quieres te pregunto – Ewan sonrió.

- No, no. Te agradezco que no hayas preguntado la verdad – admitió la morena – Por cierto¿das Runas Antiguas? Porque me he quedado estancada y…

- Sí, claro – Y haciendo el mínimo ruido posible, cogió sus cosas y se sentó en la silla que estaba al lado de Cameron, donde empezó a explicarle el texto.

Ewan, como profesor, era muy bueno, y entendía todo el texto de las runas. Cameron se quedó un tanto sorprendida pero aceptó la ayuda que la había dado.

Ninguno de los dos se había dado cuenta de quien había entrado en la biblioteca.

Pero Eric si se había dado cuenta de quien estaba en la biblioteca.

Los había visto a los dos muy juntitos. "¿Quien se cree que es?", pensaba. ¿Acaso tenía la intención de quitarle a todas las chicas que le rodeaban?

Con muy mala leche se sentó en una de las mesas más alejadas. Había tenido que soportar que Ewan mirara a su hermana de esa forma, que hubiera estado con ella. Pero ahora tenía que soportar que estuviera con Cameron.

Intentó relajarse y pensó por qué estaba allí: para hacer los deberes. Y ningún idiota le iba a desconcentrar.

Por otra parte, Cameron si se había dado cuenta de que Eric no había tenido ni la mínima intención de acercarse. Le veía a través de las estanterías, sentado sólo en una mesa y con la cara un poco roja. Supuso que estaría enfadado por algo. Ewan pareció ver que la chica no paraba de mirar a Eric, así que se separó un poco.

- Puedes ir a sentarte con él – sugirió. Cameron se giró para mirarle y pudo ver cordialidad en su cara. Asintió con la cabeza.

- Gracias por haberme ayudado.

- No hay de qué - Y como una exhalación, la morena se levantó recogiendo sus cosas para sentarse al lado de él, de Eric. Cogió silla y desparramó sus pertenencias en la mesa, intentando lograr algo de atención, pero Malfoy no levantó la vista del libro que, al parecer estaba leyendo.

- Eric… - murmuró Cameron. Pero Malfoy continuó con su estado de indiferencia - ¿Te pasa algo? – preguntó al observar que el rostro del rubio no se había movido todavía. Con dudas, alzó una mano y le zarandeó el brazo. Pareció dar resultado, aunque quizás Cameron esperaba otro tipo de contestación.

- Qué – le espetó con rudeza sin desviar la mirada del libro. La morena balbuceó al no encontrar palabras adecuadas. ¿Dónde había quedado la dulce voz del rubio?

- ¿Qué te ocurre¿Alguna nota baja? – se aventuró a preguntar. Eric se encogió de hombros aumentando su indiferencia y prosiguió su lectura pasando una página con tranquilidad. Demasiada – Venga Eric; los dos sabemos que te pasa algo. Mírate, no me estás mareando con tus preguntas – prosiguió con tono alegre para agilizar la situación.

Malfoy entrecerró los ojos y desde ese momento Cameron supo que la había cagado, y bien. Eric levantó la mirada y posó sus ojos en los de la morena. Logró acumular toda su rabia y furia en sus pupilas, algo muy propio de un Malfoy, y eso hizo estremecer a Cameron aún más.

- ¿Acaso tendría que hacerlo? – preguntó con ironía. La morena abrió los ojos con expectación. Tenía dos cosas claras: la primera era que nunca le había visto tan borde y sobre todo si le hablaba a ella. La segunda era que estaba enfadado, y mucho, y ella no era la persona indicada para que él se desahogara, desde luego. Cameron no lo sabía, pero habría jurado que estaba enfadado con ella. El problema era que no sabía por qué.

- B-bueno, siempre lo haces, pensé…

- Pues ahora no – le cortó rápidamente y paso otra página del libro, más despacio que la anterior.

Pero la paciencia no era un don con el que Cameron había sido agraciada, así que más enfadada quizás que el propio Eric, se levantó con cuidado de no tirar la silla, cogió el libro de las manos del rubio con un movimiento brusco y le alzó el mentón para que le mirara por obligación, estremeciéndose al ver sus profundos ojos grises.

- Mira Eric, no sé por qué estás enfadado, pero sí sé algo: no la pagues conmigo – y sin decir nada más, sin mirar a Ewan que había sido espectador de la discusión y sin observar la reacción de Eric, cogió sus cosas y con el aura negra abandonó la biblioteca.

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Gran parte de la Orden del Fenix y otros allegados habían sido citados en el despacho de Dumbledore para tratar un único tema: Grace. Aunque aurores como Harry o Ron también estaban ahí para intentar averigüar el paradero de los mortífagos, aunque con la escasa información que tenían, les estaba resultando un poco complicado, sobre todo porque sabían que era muy propio de los mortífagos cambiar el lugar que utilizaban para sus reuniones.

- Bueno, vamos al grano. Los mortífagos. Tenemos que saber por qué atacaron Hogsmeade así porque sí¿no os parece? – razonó Ron. Pero varias personas que se encontraban en la estancia sabían el por qué, pero por alguna razón, ninguna habló. Tanto los Weasley como los demás presentes, empezaron a divagar acerca de posibles causas del ataque, la cual más estúpida. Se buscó hasta el más mínimo detalle. Tanto, que estuvieron más de 15 minutos pensando si el hecho de que hubieran asaltado primero a la tienda de sortilegios antiguos tenía algo de relación. El primero en deshechar la idea fue Neville, ya que parecía ilógico que si los mortífagos querían algo de esa tienda, se hubieran aparecido en ese lugar.

Por otra parte los gemelos Fred y George leyeron la lista, que les había facilitado el Ministerio, donde aparecían todos y cada uno de los nombres de aquellos que habían sido atendidos en San Mungo. Aunque sabían de primera mano que la lista no era muy fiable, ya que el Ministerio casi siempre falsificaba los datos o los cambiaba por otros inventados si algo no les producía ningún beneficio.

Hermione, harta de escuchar nombres y de haber estado callada durante casi una hora, decidió aportar algo a la causa.

- Chicos… ¡Escuchadme! – exclamó. Inspiró profundamente hasta sentirse con fuerzas suficientes – Vamos a ver, os estáis equivocando.

- ¿Cómo¿Nos hemos pasado algo por alto? – inquirió Harry mientras repasaba un fajo de papeles por octava vez.

- No, no es nada de eso, solo que…

- ¡Deberíamos de haber repasado el ataque de nuevo! – exclamó Luna para sorpresa de todos. Y aquello fue como si alguna fuerza los hubiera hecho reaccionar de nuevo. Sin más dilación, asintieron y volvieron a sus puestos de trabajo (unas sillas esparcidas por el despacho) haciendo como si Hermione nunca hubiese dicho nada.

Consternada, buscó apoyo en Dumbledore, pero éste observaba la situación con ojos divertidos, así que no le sirvió de ayuda.

Volvió su vista hacia Draco, y él si parecía que estaba metido en el asunto. Sin previo aviso, Draco sacó su varita y murmuró unas palabras que, por cercanía, tan solo Hermione pudo escuaharlas. Al hacerlo, como si conociera lo que significaban, la morena se tapó los oídos instintivamente y cerró los ojos apretándolos fuertemente.

- Ábditus luctus

Y como si todos se hubieran puesto de acuerdo, chillaron de dolor y se taparon los oídos, tal y cómo lo había hecho Hermione anteriormente. Harry se había tirado de la silla al suelo sin poder apenas evitarlo y buscaba con una mano la varita mientras que con la otra se tapaba los oídos. Pero el dolor era tan insoportable que optó por protegerse los oídos. Ginny apoyaba la cabeza en el suelo, al igual que Luna, y ambas utilizaban su pelo como orejeras, aunque no daba resultado.

De pronto, un sonoro quejido se apoderó de la habitación. Todos dieron gracias a que ese profundo pitido infernal hubiera parado, aunque buscaban con ojos llenos de furia a aquél que lo había hecho. Ron miró sin pensárselo dos veces a Draco. Pero Dumbledore acaparó toda la atención pues se había puesto de pie y sostenía la varita en alto.

- Señor Malfoy, estoy seguro de que hay otras formas de reclamar un poco de atención¿no es así? – preguntó Albus con una sonrisa. Draco no cambió su expresión ni su opinión al respecto. Solo ayudó a Hermione a levantarse y ambos caminaron hacia la mesa de Dumbledore para que todos pudieran verlos.

- Si hubierais escuchado a Hermione, no esto no tendría que haber pasado.

- Podrías haber pegado un chillido¿no? – Exclamó Ron mientras que se frotaba el oído con un dedo bruscamente, haciendo que Luna le diera un codazo y una reprimenda que Ron no llegó a escuchar - ¿Qué dices? – volvió a gritar.

- Ron por favor, compórtate – murmuró Luna avergonzada. El pelirojo le hizo gestos de que no la escuchaba correctamente, pero fueron ignorados por Hermione y Draco, que comenzaron a contarlo todo desde el principio.

Contaron los sueños de Draco. Todo aquello que estuviera relacionado con los mortífagos, menos el día del juicio de Bellatrix, ya que aquello solo lo sabía Draco, y antes de contarlo quería saber qué significaba exactamente. Contaron que era muy posible que alguien estuviera usando Legilimancia contra Grace, por lo que la posibilidad de que hubiera un instruso o un espía en Hogwarts era muy posible. Contaron cómo los mortífagos le habían tendido una trampa a Draco, cómo su madre no había aparecido, y lo más importante, todo lo que Bellatrix le había dicho. El hecho de que Grace Malfoy estuviera en peligro de muerte hizo que varias lágrimas se adueñaran de los ojos de Hermione y de varias personas más, incluidas Ginny, que no pudo evitar pensar qué hubiera pasado si en vez de la pequeña Malfoy, la elegida hubiera sido su hija. Ese sentimiento hizo que se encontrara débil, y no pudo evitar sentir empatía hacia el matrimonio Malfoy. Como si Harry hubiera pensado lo mismo, acudió al lado de su mujer y le pasó una mano por la cintura, haciéndole ver que estaba ahí para lo que fuera.

La explicación continuó con el hecho de que el ataque de Hogsmeade y el rapto de Draco hubieran ocurrido ambos el mismo día. Todos opinaron que era más que una simple casualidad. Que era un plan que había sido trazado con anterioridad. Contaron por qué Grace había estado en el hospital. Cómo ni los medimagos se habían atrevido a dar un pronóstico a su estado, temiéndose tener la razón al respecto.

Y también contaron que la seguridad de Grace en esos momentos era precaria. Que lo más seguro era que el día del ataque estaba previsto que la pequeña Malfoy muriera, y que al no haberlo conseguido, podrían volver a intentarlo nuevamente. Por ello había que mantenerla como llena de algodones.

Varias propuestas fueron escuchadas, pero era muy difícil cumplirlas. El traslado a otro colegio era totalmente absurdo, pues los mortífagos se enterarían y le seguirían allá donde fuera.

- Lo más importante es que bajo ninguna circunstancia salga del colegio – puntualizó Draco.

- Pero Draco ¡eso no tiene ni pies ni cabeza¿Cómo vas a decirle a una quinceañera que no puede salir a ningún sitio! Empezará a preguntar por qué – admitió Hermione recordando la discusión que habían tenido hacía varios días.

- Hermione tiene razón, Malfoy. Lo que si se puede hacer es prohibirle que vaya otra vez a Hogsmeade – dijo Harry, a lo que todos asintieron.

- ¿Y los partidos de Quidditch? – preguntó una temblorosa Hermione, que no paraba de mover la pierna.

- Grace está enamorada del Quidditch. Si le prohibimos jugar, no nos lo va a perdonar. Ya sabes lo renconrosa que es – admitió Draco – Además, en los partidos, la mayoría de los profesores están en las gradas, Hermione. Y es muy pequeña la posibilidad de que Bellatrix se entere qué día es el partido, a qué hora e incluso cuál es su dorsal¿no crees? – dijo Draco para convencerla aún más.

- Bueno, respecto a lo de salir por los terrenos, no le veo ningún inconveniente – comentó Neville. Pero Hermione negó rápidamente.

- No, Neville. El bosque prohibido es demasiado tentador para ella.

- Bueno, podemos hacer una cosa que me hacían de pequeño – atajó Ron a la vez que Molly le miraba con ojos de "a ver lo que dices" – cuándo mi madre decía que no podía hacer una cosa (casi siempre jugar al Quidditch) me ponía deberes para que tuviera algo que hacer. Podemos aplicarlo al caso de Grace. Solamente hay que ocupar su tiempo libre con… clases "particulares", por ejemplo. Si pregunta, le dices que es para que saque mejores notas, y ya está – concluyó Ron. Todos estaban mirándole fijamente y Ron no supo si le estaban alabando o matando con la mirada. Se rascó la nuca con una mano - ¿He dicho algo malo? No sé, a lo mejor no es del todo…

- Brillante… - murmuró Draco.

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"Para llegar a las cocinas, hay que pasar por la puerta de la derecha de la escalera del hall de entrada y continuar por un pasillo hasta llegar a un cuadro de un frutero. Hay que hacer cosquillas a la pera, que se convertirá en la manivela de la puerta."

Eso era lo que Ben, el alocado hijo de George y Charlotte le había dicho antes de encontrarse frente al singular cuadro. Todo porque Grace tan solo necesitaba un poco de calma y de intimidad.

Haciendo caso a las órdenes de Ben, acarició con cuidado la pera, la cual en un abrir y cerrar de ojos dejó paso a una manivela normal y corriente. Con dudas, tomó la manivela y con extraño cuidado abrió la puerta. Esperó con los ojos cerrados para ver si ocurría algo. No sabía si había algún método anti-intrusos al entrar en la cocina, así que estaba esperando algún tipo de reprimenda, o simplemente una broma que Ben le habría puesto.

Pero nada de eso había sucedido. Abrió un ojo y por un momento pensó que se había aparecido en el Gran Comedor y que todo el mundo le estaba mirando, pues la estancia era completamente igual.

Se equivocó. No estaba en el Gran Comedor y no eran personas quienes le estaban mirando, sino elfos. Centenares de elfos domésticos iban de un lado para otro, unos chillando, otros dando órdenes, otros repartiendo platos por las cuatro mesas, otros cocinando y otros llevaban peligrosamente cacerolas enormes que sujetaban con sus pequeñas y delgadas manos.

Había tanto movimiento que un elfo no dudó en pasar por las piernas de Grace, quien las juntó rápidamente, replanteándose volver a la Sala Común. Pero antes de que siquiera la idea le hubiera hecho mover las piernas de nuevo, un elfo apareció ante ella. Bueno, más que un elfo eran varios dispuestos en modo de torre que hacían que la cara del más alto estuviera casi rozando la de Grace.

- ¿Podemos nosotros los elfos hacer algo por usted, señorita…? – exclamó con prisas el elfo.

- Eh, pues… Malfoy, pero…

- ¿Desea comer algo, señorita Malfoy hija de la profesora Malfoy¿Nuestra más fiel ama? – preguntó esta vez el segundo elfo. Y antes de que pudiera responder, el primero de todos había chasqueado los dedos efusivamente. Grace no sabía si huir o esperar la reacción de las criaturas, así que se adelantó a los elfos y se sentó en la mesa que estaba colocada exactamente en el mismo lugar que la de Slytherin en el Gran Comedor. Pronto varias manos aparecieron ante su cara sirviéndole un plato, un vaso, cuchillo, tenedor y demás utensilios.

- Disculpe pero yo no quiero nada – logró decirle a una elfa con orejas exageradamente grandes.

- ¡Los magos mandan, los elfos obedecemos! – exclamó la pequeña. Grace alzó las cejas y no pronunció palabra. Esperó a que pasara todo, y en pocos minutos se había encontrado frente a frente con los restos de lo que parecía la comida de ese mismo día. Tragó saliva y miró a un lado y a otro preguntándose si de verdad tenía que comerse el pollo asado sobrante con patatas frías a las cinco de la tarde.

Decidió beber tan solo agua y comer un poco de postre, para no ser desagradecida con los elfos, pues su madre era muy estricta en ese tema, y algo tenía que haber aprendido.

De pronto vio como la puerta por la que antes había entrado se estaba abriendo poco a poco. Atragantándose con el agua que casi derramaba por su túnica, logró meterse debajo de la mesa a ver quien era, pues si era un profesor, estaba perdida.

Tan solo vio unos pies. Pero por lo menos sabía algo: no era ningún profesor, y era un chico, pues llevaba pantalones. Mientras el ente se movía por la cocina, los elfos habían retirado el plato y los utensilios que Grace había utilizado para "comer". Agudizó el oído para ver si escuchaba algo, pero los elfos hacían demasiado ruido.

Empujó las piernas contra su cuerpo cuando vio que la persona se acercaba a su mesa, pero giró y se sentó en la mesa de enfrente, la que reconoció como la de Ravenclaw.

Con cuidado sacó un poco la cabeza de debajo de la mesa para lograr ver algo, pero solo vio la espalda del chico y su pelo marrón.

Si no se iba pronto, tendría que quedarse ahí un buen rato.

- ¿Quiere algo, señor¿Quiere algo?

- Pues ahora no me apetece nada Klau, gracias – contestó una voz muy dulce.

- ¡Ya está¡Ninguno come nada! Los elfos esforzándose para hacer la comida, pero ni el señor ni la señorita Malfoy son capaces de…

- Espera, espera – le cortó - ¿La señorita Malfoy¿Está aquí? – Y con mucho cuidado, Grace se puso a cuatro patas y anduvo a paso ligero por debajo de la mesa, deseando que ningún elfo cotilla la hubiese visto.

- Sí está aquí señor Carlsen. Justamente debajo de ésta mesa – y escuchó como el elfo daba dos sonoros golpes a la mesa de Slytherin.

- De acuerdo Klau. Ves poniéndome algo de cena que se me ha abierto el apetito antes de tiempo – sugirió Ewan al elfo, cuales ojos se iluminaron ante la proposición de ayuda del mago. Exclamó "¡ahora mismo!" y después oyó como empezaba a dar órdenes a otros elfos.

Bueno, Ewan ya le había descubierto, así que no había más remedio que salir de debajo de la mesa. Pero cuando se dispuso a hacerlo, la cabeza del chico apareció por la parte derecha de la mesa, y Grace, que se estaba levantando en ese momento, se dio un golpe con la cabeza al ver a Ewan tan cerca.

- ¿Te has hecho daño? – preguntó preocupado Ewan mientras Grace se masajeaba la cabeza. La chica negó y logró salir de debajo de la mesa con la ayuda de Carlsen.

- ¿Qué hacías ahí abajo?

- Pues había oído a alguien entrar y temía que fuera un profesor – admitió la morena. Ewan sonrió y le ofreció asiento mientras los elfos, nuevamente, les servían comida.

-¿Ya estás bien, verdad? – Grace asintió sabiendo a lo que se refería, y no era el golpe que se había dado – En verdad no sé que te pasó. De pronto te pusiste a temblar y…

- Es igual Ewan. De todas formas, prefiero no recordarlo - repuso Malfoy. Cogió el vaso de agua y dio dos sorbos – Y ¿qué hacías tú aquí abajo?

Ewan se encogió de hombros y le enseñó una carta que tenía entre manos.

- Necesitaba un poco de tranquilidad.- Grace sonrió y tomó un poco de pastel de chocolate. No tenía hambre, pero era mejor comer que estar callada y buscar las palabras con las que entablar una conversación.

Al cabo de dos minutos la situación se volvió incómoda. Ewan no paraba de dar golpecitos con la carta en la mesa, haciendo que se doblara uno de los cantos. Grace, por su parte, había cogido un tenedor y estaba destrozando el pastel ante los ojos ambiciosos de los elfos.

Decidió que era hora de acabar con la situación, ya que parecía que el moreno había ido a las cocinas para leer aquella carta, y estaba claro que la presencia de Grace le molestaba.

-Bueno, tengo cosas que hacer. Te dejo con tu lectura – murmuró mientras se levantaba y se dirigía esquivando elfos hacia la puerta. Cuando estuvo en ella, pudo respirar tranquila, y con un "adiós" se despidió de un cansado Ewan, quien le hizo un gesto con la mano.

Cuando Grace desapareció, Ewan estampó la carta sobre la mesa, sin importarle que se hubiera manchado de chocolate. Las cosas no iban bien. Se había encontrado con Grace después del ataque, y ni siquiera había sido capaz de hablarle.

¿Por qué?

No lo sabía. Pero la carta tenía algo que ver. Aquella maldita carta que le traería la desgracia. Porque había algo más importante en esos momentos que volver a tener la confianza de Grace. Y se encontraba en aquella carta.

Sabía de quien era. Sabía que no tenía remitente y que la carta estaría escrita en doble sentido, por si algún curioso la leía. Claro que lo sabía. ¿De quién iba a recibir cartas si no era de ella? No tenía parientes ahí fuera, ni amigos ni nada que se le pareciera. Estaba solo, y ella estaba en ese mundo sólo para atormentarla.

Con muy pocas ganas, poquísimas, abrió la carta, y lo hizo con la mayor parsimonia posible, como si se pudiera alargar el momento. Tres líneas escritas adornaban el papel marrón. Y en cuanto esas tres líneas fueron leídas, Ewan arrugó el papel y con un simple hechizo, se quedó reducido a ceniza.

Te queda poco tiempo

Si no actúas pronto, llegarán refuerzos

No nos vuelvas a traicionar


¿Qué tal el capítulo?

Bueno, el título es una tontería, pero al poner lo del "aura negra" de Cameron se me ocurrió. Os voy a contar una cosa que me pasó al escribir este capítulo.

Me puse a escribir en folio en vez de a ordenador. Total, empecé con un boli azul. A mitad de hoja se me gasta. Cojo otro. Escribo dos líneas y se para. Cambio al rojo. Lo mismo. Enfadada cambio al verde. No va. Y más enfadada aún, dejo de escribir XD Suerte que después me puse al ordenador y acabé la escena.

Lo que dice Ron ha sido una de las cosas que tengo pensadas desde el principio de los principios, así que ha sido un alivio escribirlo XD

¡He escrito mi primer hechizo! Y lo dice nuestro gran Draco

"Ábditus luctus"

Es una chorrada campal XD Si cambiamos la b por la u se queda auditus luctus, que en latín significa dolor de oídos. Qué original ¿eh?

Y hemos visto a nuestro Eric celoso muajaja Pero no os preocupéis, que el enfado de Cameron no será eterno. Más que nada porque ya se la siguiente escena XD

Bueno, voy a parar ya. A ver si llegamos a 5 reviews por capítulo ¿vale? Que nosotros podemos: D

Muchos besos a todos,

SilianMo0Re

PD: IsiGranger1610, me encantó tu review Te he contestado a la dirección de correo electrónico. A McMafis, ECDP y Krissalis Potter también gracias por sus reviews ;)