Y aquí el capítulo ;) La verdad, sé que ha quedado un poco oscuro. No es lo que suelo escribir, pero en fin. Espero que no haya quedado muy raro ^^" ENJOY


Franziska P.O.V:

Todo. Era oscuro. Todo.

Normalmente me hubiese asustado. Aterrado, incluso. Cuando me desmayé, no veía dónde estaba. Pero, extrañamente, la oscuridad se había vuelto nueva. Reconfortante. Me di cuenta de que no tenía nada que temer. Nada que me hiciese daño, al contrario de cuando respiraba. No sentía absolutamente nada. No sentía la lluvia. No sentía el frío de la noche. El calor de Miles pegado a mí. Su aliento contra mi oreja, haciendome cosquillas. No sentía mis escalofríos, ni mis lágrimas. Como si me hubiesen arrancado mis nervios uno a uno y no fuese más que un vulgar cadáver, o un muñeco.

Nada.

Y puede que hubiese sido mejor así. Perder el sentido no fue doloroso, ni me di cuenta. ¿Acaso morir era distinto? Solo podía escuchar la voz alarmada de Miles. Mi hermanito. Me hubiese gustado que estuviese ahí, conmigo, para ver la inmensidad de ese páramo oscuro. Para disfrutar del silencio juntos. "¡Wright, tienes que ayudarme! Y trae a Maya también. Vamos hacia el hospital y..." Hmpf. A veces mi hermano podía ser estúpido. Tan estúpido como para confíar en gente aún más estúpida. Por eso yo solo confiaba en mi misma, por supuesto. Aunque yo también lo estaba siendo, la verdad. Era una von Karma, y estaba tirando la toalla. Además tenía tantas cosas que hacer, que ciertamente los estúpidos de este mundo no eran capaces. Tenía que proteger a Marita. Tenía que hablar con Miles. Entonces, ¿por qué tenía tantas ganas de dejarlo todo atrás?

Porque esta oscuridad, este vacío negro, era envolvente. ¿Para qué ser perfecta si nadie lo notaba? ¿Para qué, si siempre habrá alguien mejor que yo? Sí, definitivamente, era tentador, tan tentador dejar de ser perfecta por un instante. Y hundirme, hundirme, caer, lentamente, con rapidez, a la velocidad de la luz, en lo Desconocido.

¿Y cuando tocase el fondo? Bueno.

Eso ya lo vería más tarde.


Miles P.O.V:

Enfermeras no paraban de pasar delante de mí. Unas tranquilas, hablando de la última novedad en implantes de pecho. Otras, más atareadas, iban cargadas de bolsas, agujas y otros instrumentos que no sabría reconocer. Al fondo de la sala, una pareja lloraba, y un médico se disculpaba, desolado. Gajes del oficio.

Yo no paraba de frotarme las manos del nerviosismo. Sabía que esto era duro para Franziska. Más de lo que se puede decir con palabras o expresar con gestos. Pero, ¿tenía que haberse derrumbado en mis brazos? Cuando empezó a hiperventilar, fue como hace años. Ese fatídico día, mi padre tampoco podía respirar. Cayó a mi lado, y pude ver como su rostro se tornaba lentamente a azul, a morado. Había sido inútil en aquel entonces, y lo había vuelto a ser ahora. Por Dios, es mi hermanita. ¿Cómo he podido dejar que pasase esto? Fue justo en ese momento cuando me acordé de algo. De unas palabras lejanas, pero grabadas a fuego en mi mente. "Pocos meses después dejé de ejercer como fiscal, no podía soportar toda la presión y la tensión. Como mi madre y mi tía, tengo problemas de corazón. Cosa de familia, supongo"

Cosa de familia.

Franziska también estaba enferma. Todo este tiempo. Y ni siquiera me había planteado esa posibilidad.

Golpeé el muro que tenía detrás con el puño, y un niño que tenía a mi lado se fue, llorando, a pegarse a las faldas de su madre. Esta me miró reprobadora, preguntándose que hacía yo ahí, mojado, cansado y violento. Pero francamente, no podía importarme menos. Tenía que ir. Tenía que ver a Franziska, pedirle perdón. Y no podía esperar. Me dirigí corriendo hacía la puerta que conducía a las salas de operaciones.

-Perdone, señor -me detuvo una enfermera, poniendo sus manos delante de ella -esto es zona restringida. Solo permitida para personal. Por favor vuelva a su sitio y le informaremos cuando tengamos el reporte de la operación.

Pero no quería escuchar. ¡No podía! La empujé, intentando no ser demasiado brusco y seguí avanzando. Inmediatamente sentí incontables manos y brazos a mi alrededor, intentando detenerme. "¡Alto!" "Señor, si no se detiene llamaremos a seguridad." Pero ellos no entendían. Nadie lo hacía. Tan solo quería verla, comprobar si seguía viva. Así que corrí y me colé en los interminables pasillos del hospital. Corrí, y me daba igual la cantidad de gente que oía correr detrás de mí. Eventualmente esos pasos se hicieron menos y menos insistentes, hasta que vi que nadie me seguía. Los pasillos estaban afortunadamente desiertos, así que podría buscarla en paz. La culpabilidad de todos estos años me golpearon de repente. Fue como si la gravedad de esta Tierra se hubiese vuelto más pesada, y buscase a aplastarme contra el suelo con todo su peso. Todas esas veces que Franziska no salía fuera, que no corría, que no iba conmigo...¿era que estaba enferma?

-Señor Edgeworth, ¿dónde se había metido?

-Edgeworth, te ves horrible. ¿¡Qué te ha pasado?!

Me sobresalté al ver detrás de mí a la pequeña Pearl Fey, que me miraba furiosa. Detrás de ella, Phoenix Wright respiraba agotado, seguramente de tanto perseguirme. Mientras, Maya estaba a su lado, nada cansada en apariencia, y le oí decir cosas como "Oh, Nick, se nota que te estás haciendo mayor para estas cosas. Deberías apuntarte a algo más...apropiado para tí. ¿Yoga, tal vez?"

-Tú tampoco es que te veas maravilloso, Wright. No os había visto -miré a mi amigo de la infancia, e incliné un poco la cabeza en modo de saludo. -Gracias por venir.

-Ya, pero Pearls también insistió en venir. Espero que no te importe.

Él se rascó la cabeza, como siempre hacía en los juicios. La pequeña se acercó a mí y frunció el ceño.

-Oí que estaba en apuro, señor Edgeworth. ¡Así que vine a ayudar! Pero no puede colarse en las puertas de los hospitales así sin más. Eso no es...¡caballeroso!

Creí que había dejado de ser un caballero para la pequeña Pearl en el Samurai de Acero Weekend. Cruzó los brazos, aparentando superioridad. Era tan pequeña, tan inocente, tan...

Tan parecida a Marita. Ella seguía sola en casa. Pero no podía irme ahora, tenía que encontrar a Franziska. Me pasé una mano por mi pelo, que seguía mojado, preguntándome qué hacer en una situación como esta. Sin darme cuenta pegué mi espalda contra el muro, buscando apoyo. Sabía que no podía dejarla sola en el hospital, pero tampoco quería dejar a la pequeña en casa toda la noche.

-Miles -susurró el abogado, podiendo una mano sobre mi hombro. -Estás agotado y sucio. Ve a casa, cámbiate y ve a buscar ropa limpia. Nosotros nos quedaremos aquí, y si pasa algo te avisaremos, ¿vale?

Retrocedimos nuestro camino, y al salir me disculpé con las enfermeras que me esperaban en la puerta. Estas, aunque molestas, me afirmaron que no era la primera vez que pasaba esto, y que me dejarían volver si no se repetía. Di las gracias y cogí mi coche para ir a casa. La pequeña Pearls agitó su mano y me pareció oir un "tenga cuidado", pero yo ya estaba demasiado lejos para escucharla.


Franziska P.O.V:

-Estamos perdiendo su pulso, señor.

-Mierda... Vale, coged las palas.

-¡Está perdiendo demasiada sangre!

Ja. Los médicos estaban pasando un mal momento conmigo, la verdad. Bueno, era una von Karma, después de todo. No debía ser fácil operar en mí, así que no les culpé demasiado. Aunque esperaba que consiguiesen sacarme de esta. No me hubiese gustado que fuesen sus voces lo último que escuchase antes de desaparecer.


Miles P.O.V:

Lo más rápido que pude, volví a casa y cogí lo necesario para mi noche en el hospital. Francamente, no quería dejar a Marita por su cuenta y de noche, pero no tenía más opción. Le dejé unas empanadillas de sobre para que cenase y le prometí estar de vuelta el día siguiente por la mañana. Por un momento barajeé la idea de perdirle a Wright y su tropa de adolescentes que cuidase de ella por esta noche. Pero después me acordé de lo angustiada que estaba Franziska ante la idea de decirle a alguien que Marita vivía con nosotros, así que deseché la posibilidad de inmediato. Pensar en ella de hecho me daba aún más ganas de volver cuanto antes al hospital. No había recibido ninguna llamada de Wright, así que supuse que no tenía noticias. O las noticias eran demasiado malas para decírmelas por teléfono.

Cuando llegué, me encontré a Wright, Maya y Pearls en la entrada. Estos en seguida me dijeron que Franziska ya estaba en su cuarto, aún dormida. No perdí más el tiempo y subí al tercer piso del hospital, cuyo olor me pareció inusual e insoportable.

Ella estaba tumbada, cubierta por unas sabanas azules y desteñidas. Tenía los ojos cerrados, el pelo revuelto, e incontables tubos salían de su cuerpo. De su nariz, de su pecho, de sus brazos. Quien me hubiese dicho que un día la vería así. Tan cerca de la muerte, y a la vez tan cerca de mí. La idea me repelía, y me apresuré en sentarme a su lado, en coger su mano, que estaba aún más fría que de constumbre. Pero seguía siendo su mano, con los huesos marcados y las uñas delicadas. Como si el contacto hubiese puesto algo en acción dentro de ella, abrió los ojos, pestañeando con dificultad. Emitió un gemido de dolor, y llevo su mano, que aún estaba en contacto con la mía, a su corazón. Este latía débilmente pero de forma regular. Me concedió una media sonrisa al ver mi rostro descompuesto.

-¿Creías que podías librarte de mí tan fácilmente, Miles Edgeworth? Ja. Menudo estúpido.

Yo solo entorné los ojos, maravillado y a la vez incrédulo de que pudiese ser irónica en momentos como este. Solo tenía ganas de tomarla en mis brazos y dar gracias a cual fuera esa fuerza superior por protegerla. (¿El Karma, tal vez?) Justo en ese instante una mujer con pelo largo y rubio entró en la sala. Su bata blanca estaba arrugada, probablemente de estar tantas horas seguidas trabajando. Estaba seguida de varios residentes, y de repente la sala estaba muy llena. Demasiado para mi gusto.

-Buenas noches, señorita von Karma. ¿Cómo se siente? -Franziska pronunció un a penas audible "bien", con su voz ronca y débil. -Soy la doctora Altman, de cardiología. Le informo de que usted ha sufrido un paro cardíaco hace unas horas, pero que hemos operado y por ahora su situación es estable.

-¿Por ahora?

No había podido evitarlo, y la pregunta salió de mi boca sin ni siquiera pensarlo. Mi voz temblaba a mi pesar. Sin embargo, ella parecía tranquila antes las noticias. La doctora nos miró los más amablemente que pudo cuando dijo:

-Sí, por ahora. Señorita von Karma, usted tiene una anormalidad del corazón, lo que hace que a veces este bombee más sangre de la que debe. ¿Y cuáles son las consecuencias de esto, Karev?

Uno de los doctores dio un paso al frente y recitó las consecuencias como si de la lista de la compra se tratase. Cada síntoma se sentía como una torta en toda la cara.

-Pérdida de control, cambios de temperamento, malestar, estrés, hasta puede llegar a la pérdida del conocimiento.

-Así es. Señorita von Karma -se acercó a ella y poso una mano sobre su hombro, y su mirada era serena -no tiene que preocuparse. Tenemos la situación bajo control, y es una enfermedad que se puede tratar. Es más, podrá seguir con su vida cotidiana si sigue todos nuestros consejos y vuelve al hospital regularmente.

Franziska estaba callada, y solo asintió. Y yo sabía por qué guardaba ese silencio.

-Bueno, les dejaremos un poco de tranquilidad. Si necesita algo, solo tiene que pulsar este botón, ¿vale? Que pase una buena noche.

Todos salieron, y una vez más, la sala estaba vacía. Yo tenía muchas cosas que decirle, pero sabía que ella quería hablar aún más que yo.

-Yo... -empezó, mirando hacia abajo – creí que iba a morir. Hoy mismo.

-Nunca hubiese permitido eso, Franziska. Lo sabes.

Pero yo mismo sabía que era mentira. Que ella había caído en mis brazos y no pude hacer nada. Ella pareció darse cuenta de mi tristeza, porque su voz se volvió dulce y comprensiva. Nunca la había oído así.

-Sé que quieres decirme cosas, Miles Edgeworth. Y yo también -bostezó sin retenerse, y me pareció una visión de lo más adorable. -Pero estoy cansada. ¿Podrás esperar a mañana?

Asentí, pero tan pronto empecé a levantarme, una mano aferró mi muñeca.

-Puedes...puedes quedarte, estúpido. ¿¡Miles Edegeworth, qué estás haciendo?!

Ya que me lo ofrecía, aproveché para subir a su camilla y tumbarme a su lado. Su voz volvía a ser estridente y fuerte, a pesar de haber tenido una operación hacía tan solo una horas. Rodeé su cintura con mis brazos, y al poner mi cabeza contra la almohada, todo el cansancio que había retenido cayó sobre mí de golpe. Mientras, Franziska se debatía, pero se rindió enseguida, demasiado frágil por la operación. Suspiró largamente, derrotada, y sacudió la cabeza hacia ambos lados, como incrédula.

-¿Qué has hecho conmigo, Miles Edgeworth?

Yo tan solo la incité para que finalmente cerrase los ojos y se tumbase completamente. Su cuerpo, largo y delgado, estaba pegado con el mío, y aún podía oler su embriagador perfume.

-Podría hacerte la misma pregunta, Franziska von Karma.

Ella tan solo refunfuñó, pero posó su mejilla contra mi hombro y cerró lentamente los ojos. Nos dormimos mano en mano, yo escuchando los pitidos de las máquinas que iban al compás con los látidos de su corazón.


He decidido terminar la historia aquí. No creo que pueda hacer mucho más, y además este es un buen final, ¿verdad? Seh, yo creo que hasta aquí está bien ^^ Sé que he dejado muchas preguntas sin responder, pero bueno, es lo que hay XD Me voy a poner con mi otra fanfic que la tengo un poco abandonada, así que no os preocupéis.

...

Que noooo XDDDD ¡Mentira! Me encanta escribir esta fanfic XD No mintáis, alguno se lo ha creído, ¿a que sí? :P

SEE YOU