¡Jelou!

Esta vez, pude actualizar más rápido :'D

Espero que guste este capítulo. Hubieron algunas cosillas que, ejem, se me hicieron "difíciles" de escribir, pero acá está lo que salió e.e

(Por favor, que los tomatazos sean de frutos frescos, no me gusta mucho el olor a podrido jaj).

Antes de dejar de atormentar al fandom con mis monólogos, quería agradecer a la gente que es copada y le da "fav" o "follow" al fic. Siempre agradezco o respondo los reviews y se me pasó ese detalle; así que ¡gracias! :D

¡Lo último!

Este cap tiene un leve spoiler para la gente que no lee el manga y sólo mira el anime. Igual, con todas estas cosas de Internet, dudo que no se sepa tras quien andaba Law, pero bueno… ¡Están avisadxs!


Disclaimer: Los personajes de One Piece no me pertenecen a mí sino a Eichiiro Oda. Yo soy dueña de mis OC.


CAPÍTULO XIV [Akarui-明るい]

El olor era insoportable. Era de esos que se impregnan en la nariz y calan hasta el paladar. Olía a hierro viejo. Sayaka se llevó la mano a la nariz para cubrirla ni bien entró en la enfermería. Había estado en lugares donde había cadáveres, pero esto era un asco. Era como si hubiesen metido a una persona dentro de una licuadora, sin tapa, y dejado que los pedazos de carne volaran por todo el lugar. Su mano abandonó la nariz para ir directo a su boca. Empezó a revolvérsele el estómago. Incluso para tratar a un enemigo, esto era demasiado cruel.

Law no tuvo que decirle quién era para que se de cuenta de que era Nise. Lo único que había quedado intacto de su cuerpo era la cabeza que había olvidado en un escritorio y ahora iba a tirar a la basura como si fuese un envoltorio de caramelo.

Si bien Sayaka no tenía bien en claro cuáles eran, sabía que ella tenía límites para el trato —o maltrato— hacia los demás. Esto figuraba entre lo que jamás se le ocurriría hacer. Lo único que tenía que hacer Law era darle ese último empujoncito, esa última razón para darle la legitimidad de poder tirarlo al mar sin culpa alguna y terminar con esta farsa. Definitivamente, ahora sí podía decir que le caía mal.

De todas formas, no pensaba comentar nada sobre eso. No le convenía. Tampoco entendía para qué le había mostrado eso. Si esperaba una opinión sobre su creatividad para tratar los cuerpos humanos, podía seguir esperando.

—Yo hubiera cambiado las cortinas, pero parece que querías un cambio total de imagen —dijo Sayaka, mirando alrededor.

—Si le gusta puedo hacer lo mismo en su habitación; pero eso no es lo que quería decirle —siguió Law, como si estuviesen practicando el guión de alguna parodia barata de Jack, el Destripador.

—¿Entonces?

—Entonces, esto es el resultado de dos años de fallas ininterrumpidas. Es frustrante.

—Pero al menos estás invicto en eso —ironizó Sayaka intentando hacer la sonrisa más simpática sin sobreactuar demasiado.

—Seguramente. Sobre todo si el objetivo es hacer que los cuerpos exploten. Pero no es mi caso. Me gusta dejar a mis oponentes vivos; tengo mis razones. Estoy probando una forma para que no sólo pueda dividir los cuerpos en la cantidad de porciones que quiera, sino que quiero probar el quitar sólo un órgano sin que la persona muera ni afectar sus funciones. Por ejemplo, si es un corazón, quiero extraerlo fuera del cuerpo pero que aún así siga bombeando sangre hacia el organismo.

—Punto número uno: No entiendo ni me importa para qué te tomas tantas molestias. Punto número dos: Tampoco entiendo pero sí me interesa en qué parte de todo esto entro yo… espero que no en esa mesa —concluyó, mirando el montón de carne desparramada.

—No, es otra cosa. Necesito que haga algo —dijo y tapó el «cadáver» con un trapo—. Ya sabe cual es la siguiente isla y que seguramente no van a recibirnos con los brazos abiertos. La mayor parte de la población es marine o tiene algún familiar en la fuerza. Supongo que sabe lo que significa —esperó que Sayaka asienta y continuó—. Los ciudadanos van a ser hostiles, así que hay que evitarlos. Hay un hombre de entre todos los pobladores que nos puede servir y necesito que contacte con él pero que, esta vez, evite que la detecten. Es un civil más, pero un maestro a la hora de conseguir información. La vende generalmente a piratas, pero da la sensación de que mientras el cliente pague, no le importa de qué lado esté. Suele pasar por un tabernero, así que vamos a buscarlo por esos lugares; pero tenga por asegurado que cuida su estatus y su anonimato. No quiere que todo el mundo se entere de lo que hace, así que si alguien la ve con él, no dudará en matarla o entregarla, en su defecto.

—Bien, pero no creo que sea yo la que tiene que ir. Conozco esa isla, tiene la mayor escuela de formación para marines del mundo. Quiero decir, ven nuestras caras hasta en la sopa. ¿Por qué no mandas al enano? Además, no tengo idea de quién es ésa persona.

—Creí que había quedado en claro quien decidía aquí —contestó, molesto.

Buscó en el bolsillo de su pantalón, sacó un Ko Den Den Mushi y lo arrojó para que Sayaka lo agarre.

—Haru era mi segunda opción, pero preferiría que… haga otra cosa — contestó, como si hubiese recordado algo muy molesto.

Realmente había recordado algunas situaciones molestas en relación a Haru, y lo peor era que tenían pocas horas de distancia con el presente. Sabía que si no le dejaba por escrito todo lo que podía hacer, las cosas podían terminar mal y su plan iba a irse al diablo. El hecho de haberle dicho a alguien más de lo molesto que estaba por no poder resolver algo, daba cuentas de la importancia de la situación y su casi desesperación.

Hacía dos años que estaba intentando desarrollar esa nueva habilidad con su Akuma no Mi, pero solamente había tenido éxito unas dos veces, mientras lo probaba en ratones. Por esa razón había decidido buscar algún tipo de información por otro lado. No buscaba un grimorio ni libros de ocultismo, pero sí sabía de alguien que tenía mucho más conocimiento del cuerpo humano que él y había escrito al respecto.

El hombre en cuestión era un ex marine y el primer asistente del doctor Vegapunk. Terminaron echándolo de la Marina por el tipo de trabajos que hacía; experimentaciones humanas que no se molestaba en siquiera ocultar. Un peligro para la imagen de la Marina. Un misántropo sádico más.

El problema era que desde que dejó de ser marine nadie supo más de su paradero. Era ahí donde entraba el informante.

Law le dijo a Sayaka lo que sabía de ésa persona, que no era demasiado. Respondía al nombre de Heimdal, aunque no se sabía a ciencia cierta cómo se llamaba realmente. No se sabía si era dueño o trabajaba en una taberna, pero lo seguro era encontrarlo en un lugar así. La isla tenía unas catorce en total; un número un tanto exagerado pero que daba cuentas de las costumbres locales.

Era fundamental terminar con esto en una sola noche y abandonar el lugar antes de la salida del sol. Iba a ser el doble de difícil perderse entre la gente de día y con el triple de guardias por todo el lugar.

En una noche, una sola persona encontraría algo complicado el buscar a alguien del que no tienen mucha idea de cómo es entre tantos bares. En cambio, si se dividía el número entre dos, la cuestión se volvería menos complicada a razón de siete por persona.

La palabra clave, era silencio.

—El Den Den Mushi es para avisar que terminó su trabajo.

—Bien. Supongo que no sabemos mucho de este Heimdal que buscamos más que le gusta que no le hablen, aparentemente; pero seguramente esto no va a ser tan sencillo como ir gritando su nombre por ahí hasta que aparezca. No tengo mucha idea de a quién preguntarle tampoco. Lo más probable es que me respondan indicándome el camino hacia Impel Down —continuó Sayaka.

—Por eso dije que evite ser detectada. Incluso de noche, hay oficiales hasta en los tejados.

—Si alguien me descubre o me da pelea, lo mato y ya.

—Error. Tiene prohibido iniciar o mantener cualquier tipo de confrontación. Por más que no vean cuando lo haga, si alguien encuentra un cuerpo de un marine muerto en una ciudad donde todos están a favor del gobierno, darán algún tipo de alarma. Tampoco quiero que pierda tiempo escondiendo ningún cadáver —dijo y se sentó sobre la parte menos ensangrentada de una silla—. Realmente me parece ridículo todo ese operativo de seguridad, pero burlar todo ese patrullaje, es más fácil de lo que cree. Necesita algo con lo qué camuflarse y confundirse con los demás. Es menos sospechoso ver a alguien caminando entre la multitud, vistiendo igual que los demás, a ver a alguien caminando solo o saltando por los techos…

—Para el carro. No pienso ponerme un traje de la Marina. Búscate a otro que quiera disfrazarse de asesino de niños.

—No dije eso. Aunque intente pasar por un recluta nuevo, allí todos se conocen bastante bien. Además, la carrera de marine no es algo en lo que las mujeres suelan enlistarse masivamente. Sería un suicidio. Use la imaginación.

—Bien. ¿Algo más? —preguntó como para dar por cerrado el asunto. No había sido la gran cosa y casi se había podido comunicar como una persona normal; pero el olor de la sangre empezaba a marearla. No entendía cómo Law podía estar hablando así como si nada con ese desastre de tripas desparramadas por todos lados. En su lugar, ella hubiera buscado algo con qué juntarlas, tirar todo y —fundamental— limpiar, ordenar o incinerar ese lugar.

Además, estaban por hacer un movimiento extremadamente peligroso solamente porque a él se le había antojado encontrar a quién sabe quién. No le daba miedo la isla en cuestión, después de todo, era una escuela y no creía que los mejores marines estuvieran allí. Cantidad y no calidad.

Pensar en eso ya la estaba distrayendo demasiado como para seguir una conversación normal, sumado a ese olor nauseabundo que parecía cada vez más fuerte.

—Necesito algo más —siguió Law y volvió a meter la mano en su bolsillo.

Cuando la sacó junto a su contenido, un escalofrío hizo que la piel de Sayaka se erice. Un mal presentimiento.

Law había sacado un trozo de papel de unos cinco centímetros de alto y cuatro de ancho.

—Hace un tiempo me dieron esto. ¿Sabe lo que es? —preguntó, inexpresivo.

—No tiene renglones, así que no es un trozo de Death Note —contestó, cruzando los brazos e intentando simular seriedad.

—Claro que no. No soy lector de manga como para andar con ese tipo de cosas. Esfuércese un poco más.

—Vivre Card —contestó, sin darle mucha importancia… al parecer.

—Bingo —sonrió, casi como desquiciado. Esperaba ese tipo de respuesta—. Asumo que sabe cómo se usa. ¿Cree que sería mejor que le diera un trozo de mi Vivre Card en lugar del Den Den Mushi? Son muy ruidosos y podrían traernos algún problema. ¿Qué le parece?

Y por fin Sayaka entendió para qué la había llamado. El maldito pedazo de papel. No entendía cómo era capaz de montar semejante circo, incluirla en un plan de infiltración que podía hacer solo, y todo casi para nada. Al principio le creyó, pero ahora dudaba seriamente que la necesite. Hubiese sido menos molesto que le pregunte todo directamente y —sobre todo— lejos de todo ese hedor asqueroso.

De todas formas, tenía que contestar algo.

—Sería inútil. Los Den Den Mushi sirven para comunicarse. Las Vibre Card, no. Diferente sería si fuéramos a islas distintas y lejanas o que por alguna razón alguno de los miembros de la tripulación, o todos, tuvieran que separarse. Con la Vivre Card podrían volver a encontrarse.

—¿Entonces?

Primero Natsu, quizás también Haru y ahora ese necrófilo que tenía de capitán. ¿Tan difícil era preguntar las cosas directamente? En el caso de que contestara algo que los llegara a hacer sentir atacados de alguna forma, sería una tripulación de nueve contra una. Podía solucionarlo destruyendo el submarino, seguramente de esa forma se concentrarían más en que Law no se ahogue que en ella. Pero por más de estar a menos de un día de la siguiente isla, tendría que haberse guardado un Log Pose en el bolsillo o algo así. Si se desviaba un poco del camino —lo más probable, siendo Grand Line— podría terminar nadando días enteros hasta morir.

Esta gente la ponía de los pelos. Ya no tenía ganas de estirar más nada. No tenía por qué andar dando explicaciones a nadie ni tampoco creía estar haciendo nada malo. «¡A la mierda todo!.»

—¡Ya me libré de ese maldito pedazo de papel! —gritó, golpeando la mesa con el puño y olvidando lo que había debajo del trapo—¡Agradecería si dejan de tratarme como si fuera una espía de la marina! ¿En serio crees que perdería mi tiempo haciendo algo así? Conozco gente mucho más poderosa que tú; no te creas tanto. Si quisiera entregar a alguien, no sería otro pirata que está en la misma categoría que yo. Aun así, tampoco quiero hacer algo como eso. No me interesa ese tipo de poder o algún privilegio que venga de hacer algo así. Además, ya ni me acordaba que la tenía. Si hubiera sabido que la llevaba en el bolsillo, la habría tirado mucho antes. No me interesa que nadie sepa dónde estoy o qué hago; mucho menos ese viejo molesto que…

Mala idea.

Se puso pálida. Había decidido no contar nada segundos atrás, pero evidentemente esa mezcla de incontinencia verbal sumada a la incapacidad de reprimir ciertos pensamientos —o al menos guardárselos—, no pensaban abandonarla hoy. Ahora lo tenía que arreglar. O encontraba una máquina del tiempo para no decir lo que casi había dicho, o paraba un poco con ese hermetismo sin sentido.

Apretó con más fuerza la tela que cubría las tripas de Nise. La estrujaba como si estuviese tratando de reventarlas. Cuando se dio cuenta de qué era lo que estaba apretando, dio un salto hacia atrás y sacudió la mano para que se salga lo que se le había empezado a pegar. Estaba armando demasiado alboroto por nada.

Inspiró y exhaló rápidamente y se acercó a donde estaba sentado Law, para usar la misma técnica que usaba con el enano. Cara a cara, las cosas le salían mejor y decía menos estupideces.

Se acercó hasta donde estaba sentado, se encorvó y apoyó la mano en el respaldo de la silla, quedando así enfrentada con el otro pirata y ocupando la mayor parte de su campo de visión.

No sabía lo que pensaba. La mirada de Law nunca transmitía nada; era mucho más cerrado que ella y no dejaba que se escape nada que no quiera decir. Pero lo que quería hacer, no era acercarse para meterse en su mente sino demostrarle que no iba a mentir y que iba en serio.

—Mira, las cosas son así: siempre viajé sola; nunca trabajé para nadie ni pienso hacerlo y el dueño del pedazo de papel es un viejo idiota que me trata como una niña. Si quisiera entregarte, ya lo habría hecho hace mucho tiempo —dijo, y cambió su expresión del enojo a la seriedad absoluta—. Voy a decir esto una sola vez, y si se te ocurre contárselo a alguien, voy a encargarme de que quedes como el más desquiciado de North Blue… Estoy… bastante… bien, supongo, viajando con ustedes. Así que no pienso hacer ninguna estupidez así ni tampoco tolerar que hablen mierdas de mí; sobre todo si no es verdad. Eso es todo lo que necesitas saber. El cocinero y el enano son unos ridículos paranoicos.

—Creo que está confundida —respondió, sin explicar demasiado.

Sayaka arqueó una ceja. Creyó haber sido lo suficientemente clara. Suponía que en algún momento se iba a explicar.

La expresión de Law se relajó un poco, pero aun así se tardó un rato en responder. Era verdad que en un principio sí había dudado, pero hacía rato que estaba convencido de que Sayaka no trabajaba para nadie más que ella misma. También le habían comentado sobre esa especie de incidente con la Vivre Card que terminó tragándose; pero Haru ya le había dejado bien en claro que Sayaka distaba de comportarse como una espía. Además, tuvo varias oportunidades de entregarlos y no lo hizo; la mayor de todas fue en Marineford. El que trabaje para la Marina, estaba descartado hacía mucho tiempo. Tampoco creía que esté bajo las órdenes de algún Shichubukai; nunca se lo había preguntado, pero por su relación con el gobierno seguramente no figuraban entre sus piratas favoritos.

Ésa era su real preocupación, porque el primer objetivo de Law en el Nuevo Mundo, era justamente matar a un Shichibukai en particular. Sería molesto que Sayaka sea efectivamente una espía suya; pero estaba seguro de que ni siquiera se conocían.

—No sé que quieres decir con eso. No creo estar confundida —insistió con el tono de voz más gélido que podía salirle.

Le molestó que no se explique y odiaba a la gente que no decía las cosas directamente. No soportaba que le den tantas vueltas a un asunto tan estúpido.

Law meneó la cabeza y agudizó la mirada para marcar su error.

Se acercó más para recordarle, que si bien tenía algún tipo de consideración para con su mal genio —que de no ser así, la habría matado desde un principio—, no pensaba dejar que abuse de esa especie de «Libertad de expresión» que tenía. Al igual que con el resto, si tenía que hacerlo, le recordaría cual era su lugar en ese submarino.

—Puedo ponerlo de una manera que lo entienda: no creo que usted sea una espía. Creo que ya sabe con quien tiene que hablar sobre eso. Evidentemente no es conmigo —contestó—. Ahora, le sugiero que me deje levantarme. Tengo mucho para hacer aquí, como verá.

Eso había sido una cachetada directa de la realidad. Sayaka procesó lo que le había pedido y se encontró con que efectivamente estaba impidiéndole el paso; había pasado todo el peso del cuerpo a la mano que estaba apoyada en el respaldo de la silla. Eso no era nada comparado a que estaba prácticamente sintiendo la respiración de alguien más casi como si no hubiese nada más allí; eso no podía significar nada bueno. Casi había hecho una invitación para que invada su espacio personal y respirara su aire. No entraba en su cabeza la idea de semejante descuido.

Normalmente el único que podía acercarse tanto y no morir en el intento, era Haru. Prefería morderse la lengua a reconocerlo, pero el hecho era que en lo más profundo de su inconsciente, lo consideraba como lo más cercano a un hermano que tenía por el momento.

Esto era distinto. No lo tenía bien caracterizado, pero estaba segura de que Law entraba dentro de la categoría de los que tenían que mantenerse a un mínimo de dos metros de distancia. Le faltaba solamente sentársele arriba como para sumarle algún tipo de gracia, pero esto por sí solo ya la ponía demasiado incómoda. Nunca entendió cómo no se había dado cuenta antes.

—¿Me estaba escuchando o tiene algún tipo de parálisis que no la deja moverse?

—¡Eso estaba por hacer! —gritó, sobresaltada, y saltó hacia atrás.

La expresión de su rostro cuadraba dentro del de alguien que acababa ser descubierto intentando robarle la cartera a una anciana. No existía un color dentro de la escala cromática que pueda definirlo sin faltarle el respeto. Por primera vez, Sayaka se había sentido de alguna forma vulnerable y desorientada.

Cuando recuperó su capacidad de raciocinio y cayó en la cuenta de que no era la única que lo notaba, se enderezó, endureció su semblante y volvió a buscar la mirada de Trafalgar para terminar con esto dignamente.

—¡Todo ese olor a muerto combinado con los antisépticos de este condenado lugar me dan una alergia terrible! ¡Si me enfermo y Aki-san se queda solo manejando esta lata de sardinas, vamos a tardar el doble en llegar! ¡Me voy a hacer mi trabajo! —dijo y mecánicamente dio media vuelta y se largó de la enfermería, intentando no tropezarse con nada.

Desapareció. Caminaba de manera algo torpe, pero tensa a su vez. Como si estuviese haciendo equilibrio en una soga. Bajó por las escaleras un nivel y se topó con algunos tripulantes que no llegó a ver y los atropelló para seguir. Aún tenía que bajar un nivel más.

Al llegar a las escaleras, cayó en la cuenta de que no había pasado realmente mucho tiempo desde que Aki la había relevado. Dudaba que haya pasado una hora y no tenía cómo justificar que quería relevarlo porque sí. Ni se le cruzó por la cabeza hacerle compañía, aunque sea, sentada en el rincón más oscuro y dándole la espalda. Dio media vuelta y cambió de rumbo. Todavía tenía otro lugar al que ir: podía quedarse en su habitación hasta que Aki se aburra y decida hacer emerger el submarino. En ese momento, saldría a la cubierta y podría descargar toda su ira hasta que no quede ni una sola criatura viva bajo el mar.

Buena idea.

Abrió la puerta y se dejó caer en su viejo colchón. Levantó la katana que tenía al lado y la desenfundó sin ninguna otra razón que para simplemente mirarla. La giraba y jugaba con el reflejo de la luz sobre el filo; y fue en ese momento en el que la dejó nuevamente en el suelo y se sentó.

—¡No me jodas! —gritó, hacia la nada y le dio un puñetazo a la pared —¡Auch! ¡Mierda, qué dura! —se quejó frotando los nudillos con los dedos de la otra mano. Agradeció el estar sola para que nadie más haya visto como hablaba sola y peleaba con una pared de un metal tan duro que resiste la presión del fondo oceánico.

«Definitivamente, estoy haciendo las cosas mal. Tengo que recuperar mi practicidad y volver a pensar un poco más las cosas antes de hacerlas… o pensar menos… ¡Ya no sé!» se quejaba por dentro mientras apretaba los dientes. No entendía cual era su maldito problema y cómo había perdido el control de la situación. A esta altura, ya no le importaba lo que piense Natsu, Haru o quien sea sobre ella; de alguna forma los podía controlar o ponerlos en su lugar. Con ellos era fácil: un buen golpe en la mandíbula, y asunto terminado.

A Law no le podía pegar por varias razones, pero podían resumirse en una sola: era el capitán y, al menos que quiera ocupar su puesto, era una estupidez golpearlo. Obviamente a ella no le interesaba en lo más mínimo estar al mando de ninguna tripulación. Aun si por alguna razón determinada, no pudiera frenar su impulso y terminara dándole algún golpe —ya que las ganas le sobraban—, Law estaba lejos de reaccionar como los demás. Eso y pedirle que la mate, era lo mismo. Sería una molestia y sobre todo, una pelea demasiado larga que todavía no tenía ganas de tener. «Táctica, Sayaka, táctica. Esto es supervivencia pura. En este momento, los necesitas, así que vas a actuar como los demás y vas a partirle la cara ni bien ponga un pie en el Nuevo Mundo.» Pensaba y empezaba a sonreírse imaginándose cómo se caían uno a uno sus dientes. «Quiero ver cuanto le dura esa sonrisa de psicópata cuando se de cuenta de que los usé. A mí no impresiona ningún Akuma no Mi, ni que su recompensa sea mayor que la mía, ni que ande haciendo el idiota con esa cara bonita, ni que se le ocurra ir haciendo explotar a… ¿Qué demonios acabo de decir? »


My god!

Qué vergüencita me da escribir esas cosas… Emmm… Lo tuve que parar ahí o me iba a dar un ataque de algo xD

Bueno, eso fue todo por ahora.

¡Antes que me olvide!

Iba a sacar esa parte rara (muy rara) del chiste de la "Death Note" porque claramente no tiene nada que ver con One Piece; pero después me dije: "ya fue. Lo dejo a riesgo de que quede para la mierda". Bueno, eso.

¡Nos leemos!

-Nami