Disclaimer: Los personajes no son míos... pero la trama si es mía, aunque esta historia esta hecha sin fines de lucro.
No quiero darles una gran charla, por lo que les diré que me demoré por dos palabras: Universidad - exámenes... ¡Cuanto odio los exámenes! T-T
La verdad es que este capi ya lo tenía listo desde hacía tiempo, pero no estuve conforme con varias cosillas y le iba cambiando cosas, quitando cosas y así :D
Sin más...
¡A leer!
La princesa del castillo de oro
Cap. 14
– ¡Señor Inuyasha!, se ha visto al barco del señor Mioga seguir al de color negro a una distancia prudente. – informó el hombre con semblante nervioso –.
– Bien, entonces bajen las velas, esperaremos a que Mioga nos alcance. – habló sin despegar la mirada del mapa y su brújula.
– ¿Nos quedaremos aquí? – preguntó el hombre, retorciéndose las manos de los nervios.
– ¿Tienes alguna objeción? – lo miró fríamente.
– No señor.
– Bien, informa a todos que se preparen para el abordaje de Mioga – espetó. Él también estaba nervioso -sólo procuraba no demostrarlo ante los demás-, ya que, minutos antes de que le avisaran de la presencia del extraño barco, pudo escuchar una leve voz melodiosa, que logró captar su atención a pesar de que la escuchó lejana.
Una voz que el tiempo y Kagome se habían encargado de hacerle olvidar… pero ahora escucharlo había hecho que un escalofrío le remeciera el cuerpo.
No podía estar viva…
No, definitivamente se estaba volviendo loco.
Así que negó con su cabeza a sí mismo y sacó su catalejo para observar los navíos que se acercaban cada vez más rápido.
-.-
– Mi nombre es Jonathan Miroku Ashton, gracias por su hospitalidad, como pago me ofrezco como voluntario en su misión – anunció colocándose las botas negras de cuero que uno de los hombres le había dado a Kagome para que el nuevo tripulante se vistiera.
– ¿Cómo sabe usted de…? – preguntó Kagome, siendo interrumpida por el joven.
– El propósito de todos aquellos que vienen a estas aguas es dar con la isla y con las sirenas, claro que no todos salen de aquí vivos para contarlo.
– Usted es diferente – replicó.
– Porque tuve suerte… y el destino me ayudó… sino, ¿Cómo sabría aquella sirena del rostro de la bella dama frente a mí? – contestó mirando a Sango fijamente.
– No, de ninguna manera voy a arriesgar su vida después de como lo encontramos, le enviaré en un nuevo bote hacia mi isla con Hachi, él será buena compañía para usted – anunció Kagome observándolo con una arrebolada Sango a su lado debido al comentario anterior.
– Quisiera serles útil de alguna manera, ya que ustedes fueron los ángeles que me salvaron y – miró a Sango por un largo tiempo y volvió a continuar – Quiero disculparme con usted por la manera en que reaccioné.
– No se preocupe – murmuró la castaña con un sonrojo que subía a cada momento, cosa que sorprendía a Kagome, ya que desde que la conocía nunca la había visto de esa manera, para retirarse con una leve reverencia.
– Pero me extraña que Tsubaki Diams o alguna de sus "hijas" se presentara ante usted con el rostro de Sango… se me hace... raro – comentó, mientras hacía un ademán para que la siguiera a cubierta.
– Señora, como le dije anteriormente, yo creo firmemente en el destino, pero me asusta saber que Tsubaki Diams pueda ser una especie de vidente. – habló el pelinegro observando el cielo con sus azulinos ojos con un toque de melancolía, que luego dio paso a un brillo travieso y una ladina sonrisa – Aunque... no me molestaría tener que algo con la señorita Sango en el futuro...
– ¡Señora Kagome! – gritó el vigía – Se puede avistar a lo lejos por el oeste un barco de color negro que se dirige en nuestra dirección.
– ¿Barco negro? ¿Piratas? – Gritó acercándose al borde
– Queremos descartar esa posibilidad ya que no se puede divisar bandera alguna o… tripulantes.
– Bien, continúen en el mismo sentido y si se nos cruza nos tendremos que preparar para abordarlo.
– Muy bien señora.
– De-de… acuerdo – tartamudeó a la vez que sentía un leve mareo. Eso y varios vómitos fue lo que iba experimentando mientras estaba a bordo y el movimiento de las olas a veces la calmaba, pero a veces no.
Sango la sujeto de la espalda y Miroku se acercó a ella y tomó su muñeca para sentir el pulso.
– Está estable, llévala a su camarote y que descanse por unos minutos.
– ¿Acaso usted es el doctor para darme ese tipo de órdenes? – replicó Sango.
– Eso lo responderé luego, por el momento llévela que aquí se está mareando más.
-.-
– Deja que me lleve al bebé, Mioga, ¿Acaso no quieres que volvamos a estar juntos?... ¿Eso no era lo que deseaba tu corazón después de culparte incesablemente que mi encierro fue por tu culpa a pesar de que no lo era?
– Basta Kanna, no dejaré que Inuyasha, o peor aún, Kagome, te toque. – contestó, mirando hacia el barco de su rey mientras llevaba el mando del gran timón de madera.
– Vamos… papá… yo también quiero ser libre, quiero dejar de ser prisionera cual genio de la lámpara.
– Pero ¿Qué pasa con el deseo que la Shikon no Tama otorga? Irasue estaba convencida de que así saldrías…
– Soy parte de la perla, y no me puedo conceder deseos a mí misma, sólo… "gozar" de los poderes que este me otorga, los cuales, son muy limitados, como ahora, por ejemplo, nadie más que tú tiene permitido verme, por ello me he convertido en un collar, para poder hablar contigo sin que nadie más se dé cuenta de mi presencia… cualquiera que te viera hablándole al viento pensaría que estás orate, por lo menos teniéndome en tu cuello podrás hablar en voz baja sin que nadie te pueda descubrir.
– Ya veo… entonces… ¿Kagome e Inuyasha podrán verte?
– La profecía trata sobre ellos, así que no veo por qué no, pero… ellos no deben saber que fui… que soy tu hija, Mioga.
– No lo sabrán… te pareces más a Irasue que a mí, por lo que no notarán similitud.
– Bien, por el momento… ¡Ah! ¿QUÉ…? – la voz de la niña se desvaneció por un momento y Mioga se preocupó al escuchar sus últimas palabras.
– ¿Kanna?
– Mioga… no… no puede ser que… ¡NO!
– ¡Vamos habla!
– ¡Irasue revivió a Kikyo Tama! ¡Es una arpía! ¡Sabía lo que le pasaría a Inuyasha y aun así lo hizo!
– ¿Cómo que la revivió? ¿Cómo lo sabes?
– Tú sabes mejor que yo que el mar es el hogar de Tsubaki, pero el que sólo aquí se deje ver no quiere decir que no se pueda mover por todos los rincones de la gran masa de agua… El tonto cuerpo semejante a la antigua Kikyo tocó el mar e inmediatamente una de sus hijas la vio y copió su apariencia y voz… ya saben que estuvo relacionada con Inuyasha de forma unilateral ya que ella no gustaba de él, pero…
– Pero… ¡Vamos Kanna dime!
– El tiempo es limitado Mioga, tienes que taparle los oídos al rey…
-.-
Sentía que los oídos se le tapaban y sus cejas pesaban como si tuvieran concreto encima.
– Señora, ¿Se siente usted mejor? – preguntó una voz masculina.
Obviamente que no se sentía mejor.
– ¿Qué pregunta tan estúpida es esa? – se llevó una de sus manos a su cabeza – De sentirme mejor, ahorita mismo estuviera controlando el timón joven Miroku.
– Bien, bien, por lo menos sus signos vitales volvieron a la normalidad – respondió – El dolor en su cabeza desaparecerá en unos minutos, por lo que usted tendrá que permanecer aquí mientras nosotros nos dedicamos a inspeccionar el barco extraño. – dijo antes de irse.
– ¡Espere! – en ese momento abrió sus ojos y se sentó de golpe, haciendo que en su cabeza hubiera más dolor del que ya tenía, aun así decidió levantarse e ir tras el joven Miroku.
Al salir tuvo que entrecerrar los ojos para que la luz del día no la molestase más de lo que ya lo hacía.
Todo mundo caminaba de un lado a otro y el joven Miroku se dedicaba a reforzar los amarres que los tendrían unido al barco negro.
De cerca se veía mucho más grande que de lejos, pero era raro no ver a nadie en cubierta, a menos que estén todos en los camarotes esperando atacarlos.
– Señora Kagome, ¿Qué hace usted aquí?, debería estar… – Sango había corrido hacia ella vestida con un traje similar al suyo que la hacía ver ruda y fuerte, en diferencia a su vestido, parece que pidió prestado a uno de los hombres uno de sus trajes para poder modificarlo y usarlo, en fin, lo hablarían después.
– No Sango, este es mi deber y mi responsabilidad, yo los traje aquí, yo corro las consecuencias… yo soy la capitana y tengo que estar al frente de ellos, no el joven Miroku. – aseguró suspirando y luego cerrando los ojos por un momento.
– Muy bien señora…
– Sango, ¡Deja de decirme señora!
– Está bien Kagome – murmuró cohibida – yo también la acompañaré, no me gustaría ser carga aquí.
– No eres una carga… Eres más que una grata compañía Sango – le sonrió – ahora vamos.
Miroku, Kagome, Sango y cinco de los hombres más valientes que estaban en el barco decidieron cruzar al otro barco tomándose de una de las sogas de las amarraderas y meciéndose hasta llegar al otro lado, claro que los hombres saltar
Todo era silencio.
– Separémonos – murmuró Kagome.
Todos asintieron.
Kagome decidió bajar a los camarotes con Sango y dos de los cinco hombres llamados Haigu y Trandor, mientras Miroku y los otros tres revisaban la cubierta.
– Kagome, ven… mira – susurró Sango.
Kagome la siguió y ambos entraron a un camarote con un montón de planos que habían sido marcados con una x.
– ¿Qué puede significar esto Kagome?
– No lo sé.
– También hallé eso – señaló un gran libro y único libro que se encontraba en posición horizontal encima una tabla que funcionaba como estantería.
Se miraron con curiosidad y decidieron bajarlo de ahí entre ellas, por lo que Sango tomó un extremo y Kagome el otro.
Cuando por fin lo sacaron de allí arriba, lo colocaron encima de los planos rayados.
La cubierta del libro tenía la pintura de una mujer joven con la mirada perdida y triste sentada encima de una fuente muy parecida a la que tenían en el palacio de oro… ¿Qué hacía la fuente de la luna pintada ahí?
"Una leyenda no tan leyenda"
Irasue
– Irasue…
Kagome acarició la portada y abrió el libro. Extrañamente sintió que una energía vital la rodeaba a ella y a Sango que se mantenía a su lado mirándola con una expresión de miedo.
Adentro había un pequeño escrito:
"Lee esta historia con paciencia y comprenderás todo aquello que piensas desconocido.
Este libro le da al portador lo que necesita saber, más no lo que desea saber.
Busca dentro de tu corazón y hallarás lo que necesitas, de lo contrario la información recibida te será inútil e incomprensible."
Pasó de hoja y esta se encontraba en blanco, continuó con la siguiente y se encontraba igual, ¿De qué clase de broma se trataba esto?
– ¿Qué encontraron? – preguntó Miroku, quien se había acercado sigilosamente a ellas.
– ¡Ay! – gritó Sango – ¡Nos asustó!, ¿No podía ser más inoportuno? ¿Eh?
– Lo lamento, no fue mi intención…
– Ya, no es necesario que te disculpes. – murmuró divertida – ¿Por qué mejor no nos ayudas a llevar este libro?
– Claro, Claro – Lo iba a levantar, pero inmediatamente retrocedió – ¿Esto es de Irasue?
– ¿La conoces? – pregunta Kagome.
– Ella fue la culpable de la muerte de mi esposa.
Esta fue la parte donde lo corté, originalmente el capi era más largo (11 páginas en word T-T)
Pero bueno... lo reducí a 6 págs u.u
En el siguiente capítulo está la parte que sigue...
¿Qué fue lo que hizo Irasue? ¿En verdad era ella la culpable? ¿Que onda con Inuyasha?
¿Un libro perdido? ¿Otro barco o será el mismo?
Averiguenlo después aquí en el fic:
"La princesa del castillo de oro"
Gracias por los reviews... dejen más please...
Las veo luego! ^_^
BYE
By: v-a-l-e-a-o-m-e
