14

La reportera confirma la sospecha.

Ginny salió frustrada de la reunión con su superior. Estaba al tanto nuevamente de que no podría hacer nada productivo esa semana, solo redactar artículos de diario a base de entrevistas y reportajes que sus compañeros habían hecho. Ella no podía tener más mala suerte allí. Iba a tener que pensar seriamente en cambiarse de bando e ir a trabajar a la competencia… O algo más sencillo como trabajar en el edificio del FBI privado. El único edificio que no se manejaba en red secreta y no tenía relación con las principales agencias estadounidenses, donde se decía, se encontraba el FBI real. El que daba miedo. Pero a Ginny no le convencían esas cosas, por un lado los del FBI siempre habían aparentado ser los malos de la película, los que siempre se creen mejor que los departamentos de policías locales, pero a fin de cuentas eran los que mejor resolvían las cosas. Además, el departamento de justicia inglés parecía ser otra cosa, más sabiendo quiénes trabajaban allí. Aunque Lupin era exigente y un quebradero de cabezas de vez en cuando, como Harry le contaba.

Eso hizo que recordara las dudas que ella tenía sobre el comportamiento de su marido en los últimos días. Harry estaba involucrado en algo raro y ella tenía leves presentimientos pero quería averiguarlo mejor antes de reclamarle a él por creer ver fantasmas donde no los había.

Perdida en sus pensamientos, no se había dado cuenta que ya había llegado a la esquina de su casa. Recorrió el corto tramo que la separaba de ella y entró en la misma cerrando la puerta con delicadeza. Dejó sus cosas sobre la mesa y caminó hasta la cocina para servirse un vaso de agua. Al cerrar el refrigerador, vio la foto que adornaba la puerta superior. Se veían tan felices, ella y Harry en alguna de sus vacaciones; ambos sonrientes abrazados y mirándose profundamente enamorados. ¿Hacía cuánto que no lo veía sonreír de aquella manera? Últimamente siempre estaba nervioso y pensando en sus cosas. Harry estaba casa día más raro y ella encontraría una explicación.

Miró por la pequeña ventana situada encima del fregadero, se encontró con su patio trasero adornado de hojas marrones y amarillas que caían del roble que se ubicaba en uno de los extremos; las hojas se desplomaban sobre el césped una a una, dejando cada vez mas vacías las ramas del árbol.

El ruido de la puerta de entrada al abrirse, la obligó a volver a la realidad. Por la puerta de la cocina vio pasar a Harry a toda velocidad, seguramente a su despacho, pensó ella.

Él ni siquiera reparó en la presencia de Ginny en la casa. Concentrado en sus asuntos subió de dos en dos los escalones que lo llevaban al piso superior y con el mismo portazo que había cerrado la puerta de calle, cerró la de aquella cómoda habitación.

Ginny dio un respingo al oír cómo su marido cerró la puerta. Respiró profundamente un par de veces para no gritarle y regañarlo por la innecesaria acción. Tenía que hablar con él, ese era el momento.

Preparó café y lo sirvió en dos tazas, luego subió cuidadosamente la escalera y se acercó a la puerta.

¡Necesito hablar contigo urgente! —dijo el moreno nervioso—. ¡Es importante!

Luego el silencio de su marido, le dio a entender a Ginny que éste hablaba por teléfono. Dudaba si entrar justo en aquel momento o esperar que Harry volviera a hablar; optó por la segunda opción.

Escúchame, ¿acaso no lees los periódicos? —Harry aguardó a que la persona del otro lado de la línea respondiera, más tranquilo prosiguió—. En la sección de misterios. Sí, hay una foto y todo. No creo poder continuar con esto.

Las sospechas de la pelirroja se confirmaban con cada palabra que pronunciaba el moreno. Una mezcla de ira y de tristeza inundaba su corazón.

¡Tengo demasiado en juego! Además amo ser detective… Lo hice porque eres mi amigo.

El sonido a porcelana rota provocó que su corazón dejara de bombear por unos segundos.

Tengo que colgar —susurró.

Cerró su teléfono móvil y abrió con brusquedad la puerta. Sus ojos verdes se cruzaron con los chocolates de su mujer y supo ver en ellos lo que sentía Ginny en ese momento.

—¿Estabas escuchando? —se aventuró a preguntar.

—¿En qué demonios estas metido, Potter?

—Yo… Ginny, amor, escucha…

—¡No me llames así! —explotó—. Estos últimos días has estado rarísimo, nervioso, serio. ¿Sabes hace cuánto que no veo una sonrisa tuya?

Harry se sentó en el pequeño sillón junto a la puerta y se masajeó las sienes. Se le venía todo encima. Y se preguntaba constantemente '¿En qué estabas pensando…?' Tiró la cabeza hacia atrás y se concentró en buscar las palabras adecuadas para explicarse con su esposa.

El silencio y el movimiento mecánico de la pierna de Harry, desesperaban a la pelirroja que estaba del mismo color que su pelo.

—¿No piensas decir nada? ¡Quiero una explicación! —exigió ella.

—La tendrás… Sólo siéntate, por favor —le indicó.

—Parada me encuentro muy bien, gracias. ¿Con quién hablabas? ¿Qué quería decir 'hay mucho en juego'? Harry estás haciendo algo malo, puedo presentirlo.

—Tengo una explicación para todas tus preguntas…

—¡Pues quiero oírla! —lo interrumpió—. Hablabas de la noticia del periódico de hoy, de la sección de misterios —pensaba en voz alta, intentando recordar alguna noticia, pero teniendo en cuenta las actitudes de Harry últimamente y la conversación reciente, estaba segura que la noticia no hablaba de su esposo capturando a un ladrón.

Harry sabía que debía decirle la verdad a su mujer, pero también, que todo terminaría mal. Aún si se callaba, ella averiguaría todo por sus propios medios. Sin embargo, sabía que Ginny se sentía traicionada y defraudada con Ron, y básicamente ella lo vería a él de la misma forma que a su hermano. Sin darle más vueltas al asunto y teniendo en cuenta que ya no había marcha atrás, optó por sincerarse con ella.

—Ginny, dime qué es lo que estás pensando… —le pidió.

—Pienso que estás yendo por el camino incorrecto. Que cada vez que junto mas piezas del rompecabezas, estás actuando igual que… igual que…

—Tenía mis razones. Pero lo que debe quedarte claro, es que amo mi trabajo. Vivo para él. Sólo que a veces se presentan cosas en el camino que te hacen verlas de otra forma, o que no las crees del todo mal…

—¿Estás ayudando a Ron? —soltó al sentir que esa situación le parecía conocida, tan conocida y tan cercana a ella, que podía jurar que recordaba la traición de Ron hacia Hermione.

Harry asintió levemente con la cabeza.

—¿Desde hace cuánto?

—Un par de años.

—¿¡Un par de años! —se acaloró— ¿Y lo dices tan fresco? Harry, él es un delincuente, tú un oficial de policía… Debes capturarlo, ¡no ayudarlo a infringir la ley! Cielo santo…

—Voy a dejarlo, voy a dejarlo —le dijo seguro.

—¡Ahora que lo sé todo decides dejarlo! —gritó ella. No podía creer que había sido engañada por años.

—No, ya lo venía pensando. Era una decisión casi tomada.

—¡Tomada un comino! Harry me traicionaste. ¡Traicionaste mi confianza!

—¡Sólo ayudaba a un amigo!

En los ojos de Ginny se podían ver llamas de la ira que sentía. No iba a tolerar algo como aquello, tendría que tomar medidas drásticas. No podía creer que por segunda vez le pasara algo como aquello, primero su hermano y ahora su marido.

La situación la sobrepasaba, no sabía si reír o llorar, si marcar la palma de su mano en el rostro de Harry, si salir corriendo…

—Amor…

—Te dije que no me llamaras así —respondió con frialdad. Se dirigió hacia la puerta.

—¿A dónde vas?

—A hablar con la policía, ¿A dónde más?

—Ginny…

—Nada, Potter. Cuando vuelva no te quiero ver aquí. Las maletas están en la primera puerta del ropero —le dijo ella con lágrimas que amenazaban por desbordar sus ojos.

—Espera… —Harry estaba devastado.

—Cuando vuelva de hablar con Hermione te quiero fuera de esta casa —habló duramente.

Hubo un último cruce de miradas, los ojos tristes de Harry se conectaron con los dolidos de Ginny. Luego, un nuevo portazo en aquella lo trajo a la realidad, y sintió como si un balde de agua fría hubiese caído sobre su cabeza. Caminó por el pasillo, pisando los trozos de porcelana y el líquido oscuro que antes se encontraba en ellas, sacó su teléfono móvil, y marcó un conocido número. Sin saludar, pronunció unas pocas palabras.

—Ginny lo sabe todo. Se dirige a hablar con Hermione —y cortó.