Una Reina sin su Corona


Me hallaba en un bosque, uno muy conocido para mí, el bosque de Pueblo Paleta, ubicado al este de éste. Sentí un escalofrío al comprender aquello, no por nada estuve fuera de mi hogar por más de seis años. Deseaba que no fuera verdad, no lograba entender como llegué a ese lugar, la última vez que recordaba, estaba en Kalos.

No quería quedarme en ese lugar, así que empecé a caminar en dirección norte, al menos así me alejaría del pueblo, de mi madre. Tras varios minutos caminando escuché un ruido, eran como gemidos, murmullos, llanto. Pensé en los sonidos que escuché en el Pueblo Tergeist, con la idea de que fuera un Pokémon fantasma en mente, me acerqué al origen de los ruidos.

En el camino me crucé con varios Pokémon tipo Bicho que huyeron ante mi presencia, yo no les presté mi atención. Fue después de girar justo antes de llegar a un claro, que me encontré con una escena muy similar a otra de mi pasado. Una niña con un sombrero de paja estaba arrodillada contra el piso, al lado suyo había un Poliwag muy herido, tenía golpes en su abdomen y cola, y sangre salía de su boca. Frente a ambas víctimas había otros dos niños, mayores que la niña, tal vez uno tuviera trece y el otro catorce.

–Que Pokémon tan débil, no aguantó ni dos golpes. –Río el mayor de los dos. Ese chico tenía el cabello negro, una camisa blanca y pantalones cortos de color verde musgo, su ropa estaba rasgada.

–Sí, creo que ya podremos probar la cuchilla que te regaló tu padre, Erick. –Comentó el otro, con una risa macabra. Este chico tenía el pelo rubio y ropa similar a la de su compañero.

–Claro, y luego podremos hacer lo mismo con la niña llorona, parece que nadie extrañará a estos dos. –El mayor sacó una cuchilla retráctil, apretó un botón en el mango y un filo plateado apareció. Miró con ojos perversos a la niña, de la cual no podía apreciar ningún detalle, y luego al pobre Pokémon tipo agua.

–Por favor, háganme a mí lo que quieran, pero no a ese Pokémon. –sentí mi estómago revolverse ante lo dicho por la niña, era casi como un déjà vu. Pero mi rabia aumentó hasta su límite, al ver que el chico se le estaba acercando a la niña, señalándola con la cuchilla.

–Si así lo quieres, eso haré. –El mayor tomó el cabello de la pequeña, era color miel. Acercó el filo de su arma al cuello de la chica. –Así es como vi que lo hacen en la televisión. Tranquila, no te dolerá… Mucho. –La risa macabra del chico me provocó ganas de vomitar.

–¡Erick, ten cuidado! –El tal Erick no pudo reaccionar a tiempo, antes de que yo lo tacleara lejos de la niña y le quitara la cuchilla de sus manos. Extrañamente me sentía más pequeño que él, se supone que soy mayor; mirando la situación en la que estaba, decidí ignorar ese aspecto.

–Con que te gusta golpear Pokémon indefensos y amenazar niñas inocentes. A ver si esto también te gusta. –Dejando fluir todo el enojo y odio que sentía, clavé el filo de la cuchilla en la pierna del chico.

El pelinegro gritó por el dolor, creo que logré tocar algún tendón, pues no podía mover en lo más mínimo su pierna. Dejé al pequeño maleante sufriendo la apuñalada, y mientras el otro chico iba a ayudar a su compañero, yo me acerqué a la niña, que al parecer tenía lastimada su rodilla derecha. La pequeña pelimiel seguía arrodillada, sollozando, al acercarme, me miró, pero no detecté miedo en sus ojos. Le ofrecí mi mano, y ella la aceptó, así que, haciendo fuerza, la levanté del suelo, terminando en posición de abrazo. Ella se apartó ligeramente de mí, y pude ver sus ojos, unos hermosos ojos color azul, que se robaron mi corazón. Acaricié su cabello antes de soltarla e ir por el pobre Poliwag, que ya había perdido la conciencia.

Tomé en brazos al Pokémon y me acerqué a la niña. Por el rabillo del ojo noté que el chico mayor ya se había sacado la cuchilla de su pierna, y estaba de pie. Él y su compañero rubio me estaban mirando con odio, así que le di el Pokémon a la niña, que lo aceptó, suplicándome que nos fuéramos de ese lugar. Yo le dije que lo hiciera ella, que yo me quedaría. Antes de que alguno pudiera agregar algo más a la conversación, sentí un poderoso golpe en el estómago y caí al suelo, fue el rubio.

El pelinegro se limitó a mirar mientras que el rubio me pateaba en el estómago, lo único que podía hacer era encogerme de dolor en el suelo. La niña gritaba por ayuda, pero en esa zona del bosque nadie escucharía. Conforme los golpes aumentaban, su voz se fue alejando, o tal vez era mi conciencia que se difuminaba. Resoplé y sangre salió de mi boca, me sentía muy mal, por suerte, el chico menor dejó de golpearme.

Cuando pensé que nos dejarían en paz, sentí que era levantado del suelo, ahora estaba apoyado en los brazos del menor, que me colocó mirando al frente, donde el mayor estaba de pie, con una mano sobre la pierna herida y la otra sosteniendo la cuchilla. Sentí como colocó el objeto metálico en mi estómago, y una sonrisa macabra apreció de nuevo en la cara del chico.

–¿Sabes, estúpido? Nunca había sentido tanto dolor en mi vida. Un niñito debilucho como tú me hizo sentir mucho dolor. Ahora pienso devolvértelo con el doble de fuerza. Y después de ti, tomaremos a tu noviecita y al patético Pokémon ese, y les haremos lo mismo.

Quería forcejear, quería luchar, quería librarme del agarre del rubio, para así darles su merecido a esos brabucones. Pero estaba muy débil, la golpiza que me dio el menor, logró dejarme casi al borde de la inconciencia. Así que, totalmente impotente, sentí como el chico mayor empezó a imprimir fuerza en el mango de su cuchilla, provocando que el filo penetrara de a poco mi piel. Los gritos de la niña se hicieron más fuertes, suplicaban por mi vida. Sonreí, a pesar de la situación; "Hay alguien en este mundo que sí se preocupa por mí?", pensé. De pronto un sonido de chispas inundó el ambiente boscoso, sentí el agarré del rubio perder fuerza, y caí al suelo, perdiendo la conciencia. Todo se volvió negro.

Me levanté exaltado, luego de unos segundos fui capaz de comprender que había sucedido. "Todo fue un sueño… No, un maldito recuerdo", pensé mientras me limpiaba el sudor de la frente. Me fue imposible no voltear a mirar a la chica que había llevado a mi habitación la noche anterior, de todas formas, ella era aquella niña que salvé en aquel bosque de Kanto, ocho años atrás. Ante mi abrupto despertar, Chandelure se encontraba mirándome preocupado; yo acaricié su cúpula central, y le aseguré que no había sido nada. Mi Pokémon fantasmagórico se relajó y se reacomodó al lado mío, flotando de manera pasiva y pendular, casi como si fuera movido por una ligera e imperceptible brisa.

Al parecer mis palabras hacia mi Pokémon provocó que el resto de mi equipo también despertara, Toxapex se acercó a paso rápido movilizando los segmentos de su cubierta, y se colocó cerca del sillón, yo acaricié la zona sin púas como gesto de buenos días. Un procedimiento similar ocurrió con Pupitar. Por su gran tamaño, me limité a susurrar un saludo a Metang, que se mantuvo en su posición de reposo en la esquina contraria a mi ubicación.

El movimiento de mis Pokémon pareció perturbar el sueño de la pelimiel, que ahora se estaba rascando ambos ojos con sus manos. Después de desperezarse, noté que la chica empezó a buscar algo que le indicara donde se hallaba, probablemente no tuviera ninguna clase de recuerdo sobre lo ocurrido la noche anterior. Cuando sus hermosos ojos azules conectaron con los castaños míos, hubo un incómodo y sepulcral silencio. Un gesto de asombro y miedo se apodero de la cara de la chica, que en defensa se dirigió al extremo de la cama más alejado del sillón donde pasé la noche.

–¿Quién eres tú? ¿Dónde estoy? –La chica se veía bastante confundida y ofuscada por la situación en la que se encontraba. Y a pesar de comprender completamente la reacción de ella, me fue difícil no sentirme mal por la misma, realmente deseaba que fuera del estado de ebriedad en que se encontraba anoche, pudiera reconocerme.

–Es una larga historia, pero, en resumen: Soy Ash Ketchum, nos conocimos ayer en la fiesta de Viola, llegó tu novio, o ex, no sabría decirlo con exactitud. Le dijiste que ahora yo era tu novio, y que se alejara. Él no lo tomó bien y me retó. Se notaba bastante molesto, así que decidí dormirlo con la ayuda de mi Chandelure y te traje acá para evitar que pudiera ocurrirte algo. –Los parpados de la chica se abrieron a más no poder, en un genuino gesto de sorpresa. A pesar de ello, se mantuvo en silencio, procesando lo que acababa de escuchar. Yo decidí que lo mejor sería no entrar en detalles, evitando así una situación aún más incómoda.

–Y… ¿Hicimos algo? Tú y yo. ¿Hicimos algo anoche? –La cara de preocupación de la chica, expresaba claramente su temor a haber cometido un grave error en su profundo estado de inconciencia. A pesar de que no deseaba incurrir en detalles, no creía que fuera capaz de mentir en su cara. Sentía que al menos debía ser sincero, o de lo contrario el sentimiento de culpa, aquel que me hacía sentir que me había aprovechado de ella, me perseguiría por mucho tiempo. Aun considerando aquello, deseaba mantener mi identidad como un secreto, temía cualquier reacción ante la noticia sobre quien soy, y quien fui; así que me limitaría a actuar como un chico al que conoció la noche anterior.

–La verdad es que no hicimos nada muy allá. Nos besamos, y no fue la gran cosa, ya que en ese momento fue que precisamente llegó a aparecer tu novio. –La verdad es que, contra todos mis esfuerzos, no pude evitar sonrojarme al contar aquello. Ella al escucharme también se sonrojó, pero pasada la primera sorpresa, se empezó a relajar un poco, probablemente más tranquila, sabiendo que no terminamos en la cama.

–Al parecer si nos llegamos a conocer bastante anoche. –Susurró lo suficientemente alto para que yo lograra escuchar. Claramente la chica se encontraba apenada por escuchar aquello, pero en contra de lo que pensé que ocurriría, no se apreciaba molesta o indignada, simplemente se manifestaba tímida. Verla de esa forma contrastó con la imagen de ella que tuve con respecto a la noche anterior. Ya no era la mujer de carácter fuerte y decido con la que me topé, completamente segura de sí misma, con una personalidad soberbia y hasta ligeramente lasciva. –Siento todos los problemas que pasaste debido a mí. No debí haberte involucrado en mis problemas con Alain, que, por cierto, es mi ex. Terminamos poco después que perdí el título de Reina de Kalos.

–Entiendo. –Dije, tras al fin resolver mi duda sobre la relación de la ex reina y el Campeón de Kalos.

–Oh… Ni siquiera sé si ya sabías que fui reina. La verdad es que no sé qué tanto sabes de mí. –Comentó la chica, tomando una expresión pensativa y dudosa.

–Ya lo sabía. La verdad es que antes de conocernos ya sabía lo básico; yo también estoy relacionado con el Mundo Pokémon. –Le respondí. Sabía que aún si fuera incapaz de reconocerme, fuera como el campeón de conferencia de Johto o como alguien de su pasado, comprendería perfectamente que al relacionarme con el Mundo Pokémon, forma en que se define a todo aquello relacionado directamente con el uso de los Pokémon, sabría sobre todos los puestos importantes dentro de cada región. Para mi sorpresa, la chica se quedó mirando mi cara un momento, cosa que empezó a incomodarme, la idea de que reconociera provocaba sentimientos agridulces en mí.

–Sabía que tu cara me sonaba de algún lado. Eres el famoso campeón de la Conferencia Plateada de Johto. Es curioso que termináramos coincidiendo en una situación como esta… –Agregó la pelimiel. Me dio la sensación de que ella dejó lo que deseaba decirme a la mitad, como si fuera incapaz de añadir algo a su ultima oración. Pero eso no impidió que me contentara con lo ella sabía de mí hasta el momento, al menos ya no sería un completo desconocido para ella, pero tampoco alguien que con su sola presencia pudiera traer turbulencia.

–Exacto, ayer también me reconociste, fue de esa manera que terminamos conversando y… y ocurrió el resto. –La sola mención de aquello bastó para que el ambiente volviera a ser bastante incómodo. En su cara podía apreciar frustración y miedo, realmente debe haberla pasado bastante mal los últimos meses que estuvo "desaparecida". Deseaba preguntar sobre las razones de su desaparición, pero claramente no era el momento ni el lugar.

Aquel silencio se mantuvo un par de minutos, realmente ninguno de los dos sabía cómo continuar la conversación, y es que la verdad es que las circunstancias que nos llevaron a ese momento resultaban un poco complicadas de digerir. Y hallé el escape perfecto a dicha situación cuando sentí la presencia de Chandelure en mi mano. Al voltear a verlo, pude ver que sus llamas ardían con ímpetu, señal de que tenía hambre, y conociendo a mí Pokémon, sabía que, de no alimentarlo, él lo haría con mi energía. Fue entonces que la chica se percató de todos los Pokémon que nos rodeaban, y se notó bastante sorprendida.

–Que hermosos Pokémon tienes. –Me alagó al terminar de dar un vistazo a los cuatro Pokémon que nos acompañaban. –La verdad me sorprende ver que los tienes afuera de sus Poké Balls, eso es muy raro de ver hoy en día. –Yo asentí comprendiendo a que se refería. –¿Por cierto, donde están tus otros dos Pokémon? Por lo que recuerdo de la final, eran un Pikachu y un Togekiss.

La realización me llegó como una Descarga de Pikachu por la mañana. Había olvidado por completo que mis Pokémon que lucharon contra Viola seguían en la guardería del Centro Pokémon. Al pensar en lo molestos que estarían ambos al verme sentí un escalofrió, sobre todo al pensar en la reacción de mi roedor eléctrico. Después de explicarle la situación a Serena, guardé a los Pokémon que estaban en la habitación, y acompañado por ella bajé hasta la recepción, donde la enfermera se hallaba leyendo una especie de revista.

Lidiar con Pikachu y Togekiss no fue tan difícil como pensé. Primero se mostraron bastante resentidos por haberlos dejado solos tanto tiempo, pero apenas notaron la presencia de la pelimiel tras mi espalda, reaccionaron muy sorprendidos. Eventualmente se acostumbraron a la presencia de la chica, y después de que devolviera a Togekiss a su Poké Ball, y Pikachu se acomodara en mi hombro, invité a desayunar a mi enamoramiento de la infancia.

Después de una comida inusualmente silenciosa, aun para alguien como yo que suele pasarla solo, le comenté a la chica que necesitaba entrenar. Aunque mi idea en inicio era que ese fuera el adiós, o un esperado hasta luego, ella decidió acompañarme. Obviamente no me negué a la proposición, no en balde esperé nuestro reencuentro durante tantos años, aunque ella no me recordara. En el camino al campo de batalla del Centro Pokémon, me fue imposible no pensar en las razones por las que la chica huyó, en la forma en que se mostró su ex novio, y en que ella aún se mantuviera a mi lado, como si temiera el quedarse sola.

Aun con todo aquello en mente, pude hacer como todas las mañanas, y entrené durante una hora. Todos mis Pokémon cumplieron con mis órdenes al pie de la letra, y sin cometer el más mínimo error. A media sesión de entrenamiento, vi como la chica, que se había limitado a observar nuestro trabajo, sacó a sus Pokémon. Eran el Pancham que vi la noche anterior, un Delphox y un hermoso Sylveon Shiny, la forma vario color del tipo Hada, que intercambiaba rosa por azul y le daba una belleza inigualable; reconocí al trío por aquel programa que vi cuando Serena volvió a mi mente. La eeveelución tipo Hada enrolló sus apéndices en forma de lazos en los brazos de su entrenadora, mientras Delphox se acomodaba a un lado de ella, echándose, y el pequeño panda se acurrucaba en sus pies. Sonreí ante la escena, definitivamente ella ama a sus Pokémon y viceversa.

Terminada la sesión caminé hacia donde ella se encontraba: un montículo de pasto, justo al lado del campo de batalla. Los Pokémon de la chica se hallaban dormidos, el panda aun en sus pies, el hada a su lado izquierdo, y la Pokémon zorra estaba acurrucada a sus espaldas. Me senté a su lado derecho, ella no quitó su vista del horizonte, al que veía con cara pasible, como si disfrutara el momento. Yo hice lo mismo que ella, y miré directo al profundo bosque de Santalune, todo lo que mi vista abarcaba eran árboles y eventuales Pokémon insecto.

–Es hermosa. ¿No lo crees? –Rompió el silencio la chica. La miré, intentando comprender a que se refería. –La naturaleza, es hermosa. El equilibrio que existe entre las plantas y los Pokémon y el ambiente en general. Todo ese equilibrio es hermoso.

–Tienes razón. –Respondí mirando directo a sus ojos. Ella no mantuvo la mirada y volvió su vista hacia el bosque.

–¿Sabes? Todo esto ha cambiado tanto desde que se dio la gran crisis. Es irónico que siendo Kalos la que más evitó los daños económicos, fue la que más daños sociales recibió. Desde entonces los bosques han disminuido de tamaño, y los Pokémon ahora son explotados. Yo ya no soportaba ver eso y no poder hacer nada, por eso no pude dar todo de mí en la defensa de mi título.

–Algo así me mencionaste ayer. Y voy a decirte lo mismo que te dije en ese momento: Siento que no debiste haber renunciado de esa manera al título, tal vez si hubieras luchado por él, y buscado una forma de hacer la diferencia. Eso es lo que yo busco, por eso deseo ganar el título de Campeón Regional sin usar objetos de batalla que no se basen en el lazo y la confianza entre entrenador y Pokémon. –La chica al escucharme bajó su mirada. –Y sé que debe ser difícil hablar de eso, pero me gustaría saber por qué desapareciste de la forma en que lo hiciste. –Pregunté finalmente, incapaz de seguir sin saber al menos un poco del tema.

–La verdad no es tan difícil. Todo tiene que ver con cómo la Organización de Performance Regionales ha venido tratando a los Pokémon y las performers mismas; he llegado a observar mucho maltrato y varias practicas amorales para conseguir que ellos consigan rutinas cada vez más espectaculares. De la mano de eso, la presión por el puesto empezó a ser demasiada. Y mi relación con Alain ya no era lo que fue alguna vez, podría decirse que seguíamos juntos por el bien de los reflectores. Fue entonces que perdí el título, y vi mi oportunidad de dejar eso atrás. Pero no conté conque la prensa me haría imposible el quedarme en Lumiose, y además de eso, yo no quedé en buenos términos con mi madre cuando salí de casa para seguir mi sueño de ser reina. Al final la tensión me terminó inclinando a asistir a fiestas y bares para después quedar en pésimo estado, por suerte la prensa no ha podido seguirme la pista pues dejé del todo la zona central de Kalos, así que no he sido noticia aún como la fracasada ex reina.

–La verdad es que lo entiendo, así que no creas que te juzgo. Y tampoco creo que seas fracasada, con todo en contra mantuviste el título de Reina de Kalos por tres años, y tus Pokémon se notan saludables y felices; así que para mí eso solo es señal de triunfo.

–Gracias… Ash. –Me dijo sonriendo la chica.

–Y sobre tu ex… Mira, no quiero sonar como un chismoso o insensible, pero Alain ayer parecía muy fuera de sus cabales. –Comenté siendo incapaz de guardar silencio al respecto. Ella suspiro antes de hablar.

–Desde que terminé con él, poco después de perder el título, él se lo tomó muy mal, y se ha dedicado a llamarme y mensajearme como loco, al punto de convertirse en una especie de loco ex novio acosador. Él también fue una importante razón para alejarme de Lumiose, simplemente ya no soportaba estar cerca de Alain. –Una cara de tensión y cansancio fue la que ahora apareció en el rostro de la chica.

–Sí, pude detectar el aura de un acosador cuando apareció. Otra razón por la que no deseaba luchar con él. Además, todavía me falta para lograr darle pelea. Por suerte pude manejarlo con la Hipnosis de Chandelure. –Miré a mi Pokémon que se encontraba junto al resto descansando, en medio del campo de batalla, entre ellos estaba Pikachu.

–Sí… También debo agradecerte por haberme ayudado. No solo evitaste que Alain pusiera sus manos en mí, sino que me protegiste y me diste donde pasar la noche. Así que gracias. –Le hice un gesto con la mano y le sonreí, realmente no había sido nada. –Por cierto… –Empezó diciendo Serena, mientras jugaba con sus manos, nerviosa. –Quería ver si podía viajar contigo. Me gustaría ver como luchas contra los gimnasios. Además, ahora que no soy la Reina de Kalos no tengo nada mejor que hacer.

La miré con sorpresa pintada en mi rostro, la verdad no esperaba escucharla decir eso, y aunque si deseaba que me acompañara, no imaginé que fuera ella quien lo propusiera. Así que calmé mi espíritu, y pensé de manera racional antes de aceptar, aun mi costumbre a viajar solo me hacía difícil imaginarme en una situación como esa.

–¿Estás segura de que eso deseas? Todavía no tengo claro hacia dónde dirigirme. Además, debo hacer escala en Lumiose para tomar cualquier camino en dirección de mi siguiente destino. –Comenté, golpeándome la cabeza de manera mental, por haber auto saboteado mi viaje con la chica de mis sueños.

–No hay problema, además me va a servir para solucionar cuestiones pendientes. Y pasar un par de días en Lumiose tampoco será el fin del mundo, solo debo evitar ser reconocida, y sé como hacerlo, al menos por un periodo de un par de días. –La miré pensativo, aun en shock por el hecho de que ella me pidiera viajar conmigo de forma tan repentina, y aunque la parte de mí paranoide buscaba una buena razón para evitar que ella viniera, no encontré nada que me ahorrara aquello. Finalmente le sonreí, en el fondo genuinamente contento.

–Creo que está bien. Para variar sería bueno tener compañía. ¡Viajemos a Lumiose entonces!

Me levanté del pasto y ayudé a la chica a hacer lo mismo. Ambos devolvimos a nuestros Pokémon a sus Poké Balls y regresamos al Centro Pokémon. Luego de recoger mis cosas, y pasar rápidamente por el gimnasio de Viola para que Serena recuperara su bolso con su equipaje, y tras varias bromas de la rubia y un reclamo por dejar al campeón noqueado en su gimnasio, partimos a la capital de Kalos. Al cruzar el umbral de salida de Ciudad Santalune, miré por última vez el lugar; sonreí al saber que ahora viajaba con aquella persona que llevaba años buscando, solo porque viajé a ese lugar. Serena me llamó por mi nombre, así que salí de mis pensamientos y empezamos a caminar lado a lado en dirección a Ciudad Lumiose.