DECLAIMER: Harry Potter y su mundo son propiedad de J.K. Rowling.
¡AVISO IMPORTANTE!: Ésta historia está siendo editada. Pretendo corregir errores de ortografía y unas que otras cosillas. La trama no cambiará.
Capítulo XIV
¡Feliz aniversario!
Sentí su calidez tras de mi. Podía adivinar que estaba muy cerca porque su aliento junto a mi cuello logró estremecerme, consiguiendo así que uniera mis parpados con fuerza para luego llenar mis pulmones de aire, de mucho aire. Ya no estaba sola, mi amado Draco había salido de su escondite y eso me alegraba.
— Feliz aniversario, mi amor — Susurró en mi oído.
Noté que cada una de sus palabras estaban envueltas por una adoración que me hizo girar, instantáneamente. Frente a mi, estaba el hombre al cual me había dedicado de lleno los últimos 3 años de mi vida en exactitud. El que día a día me hacía suspirar como adolescente enamorada sin avergonzarme que estuviese cerca de mi.
Él, muy bien sabía los efectos que su sonrisa podían causarle a mi corazón, pero como siempre, no hizo nada por evitar sonreír. Y ahí estaba él, regalándome una de esas sonrisas que me habían hecho comenzar amarle hace 5 años atrás.
Lo miré con el mismo gesto pintando en mis labios. Tenía una franela idéntica a la mía, pero de color azul rey, aquella era la única diferencia. Extendía una de sus manos hacía mi, justamente en la que sujetaba otra rosa igual a las que estaban bajo mi posesión. Hizo un gesto con los ojos para que la tomara y sin dudar la uní al pequeño ramo que agarraba con ambas manos.
Quería abrazarle, besarle, literalmente lanzarme contra él, contra sus labios, pero algo en su mirada me pedía que me esperara. Sus ojos me miraban con una intensidad, con una pasión que logró estremecerme, otra vez. No dejé de mirarle ni un solo momento de la misma manera. El aire se había cargado de afecto, amor y ternura.
— ¿Sabes cuántas rosas tienes entre tus manos? — Sentí mi corazón latir con fuerza cuando comenzó a acariciar una de mis mejillas.
Vacilante, dudé en responder a la primera oportunidad. Dejé de mirarle para contar silenciosamente la cantidad de rosas en mis manos y me arrepentí por aquella estupidez. ¡Draco me alteraba! Por supuesto sabía el número exacto, pero su sola presencia me hacía dudar, su voz tan fina y acaramelada, su manos sobre mi rostro tan suave y...
— 5 — Dije tratando de esfumar el camino que seguían mis pensamientos.
Lo volví a mirar y seguía con aquella sonrisa pintada en sus labios y su mano seguía produciendo caricias que lograban hacerme ahogar suspiros. Draco era mi perdición, lo amaba demasiado y él lo sabía.
— ¿Sabes qué significan? — Volvió a preguntar.
Ni siquiera pensé en la interrogante en sí, tal vez si hubiese dejado de mirar sus ojos para concentrarme pude haberle dado una mejor respuesta que una negación con mi cabeza. Él rió como me lo esperaba.
— Representan la cantidad de años juntos que celebramos.
— Celebramos 3 años de casados — Le refuté algo confundida y él volví a reír.
¿Dónde estaba la gracia? Tal vez en mi expresión.
— Señora Malfoy, le informo que para mi no son 3 años, sino 5. Los 5 años más felices de mi vida, por cierto. Fue por algo que escogimos casarnos el mismo día en el que solo 2 años atrás te pedí que fueras mi novia, sin importar la queja de nuestros padres y amigos porque había caído justamente un día martes...
Sabiendo internamente que compartía su punto de vista, ambos reímos recordando aquel buen momento mientras nos fundimos en un abrazo de esos que eran tan fuertes que a veces se me hacia difícil respirar, pero no me importaba. Sí Draco respiraba, yo lo hacía también, eramos uno solo.
— También han sido los mejores años de mi vida...
Tomó mi rostro entre sus manos, me miró con una expresión de alegría que me llenaba de vida y sin más, unió sus labios a los míos. Sus labios sabían a miel... a paz. Dejé que mis manos vagaran por su cabeza logrando despeinar sus cabellos y a la vez acercándolo más y más a mi, mientras sus brazos dejaron mi rostro para envolver mi cintura y hacernos encajar como dos piezas de rompecabezas perfectas. Con su cálida lengua saboreó mi labio inferior y no pudiendo reprimir un gemido lo escuché reír. Era mi oportunidad, mordisqué con lentitud su labio y el que suspiró fue él. Dándonos por vencidos, dejamos que nuestras lenguas fueran las que, al conocerse tan bien, continuaran aquel beso.
Cuando sentimos la molesta necesidad de respirar, nos separamos solo lo justo, sin dejar de darnos besos, mucho más suaves y cortos, pero besos al fin. Le susurré te amos en la pausas donde la falta de aire me lo permitía.
Aquel había sido un gesto cargado de compromiso, de respeto, amor, amistad y lealtad que siguen perdurando después de 5 años juntos.
— Gracias por hacerme el hombre más feliz del mundo... — Susurró mirándome con dulzura.
Volvió a unir nuestros labios en un beso atestado de pasión, en un beso que seguía extendiendo las cosquillas que habían comenzado a formarse en mi vientre desde que lo sentí detrás de mi.
Nos separamos con suavidad y él llenado de aires sus pulmones se acercó a una de las sillas, la corrió para mi caballerosamente y sin dudar me senté. Sentí sus manos acariciar mis hombros y brazos con afecto.
— Espérame un momento, ya vuelvo — Susurró y antes de dirigirse hacía la sala depositó un fugaz beso sobre mi cabello.
Pasaron muy pocos segundos, cuando volví a sentir su presencia inundando la cocina-comedor de la casa. Se sentó en la silla frente a mi y pude notar que traía un paquete similar al que ya había abierto en la recamara. Lo colocó sobre la mesa y esperó paciente a que lo abriera. Con una sonrisa pintada en mis labios no dudé en soltar la cinta que formaba el lazo y por ultimo el envoltorio que lo cubría, miré a mi esposo a través de mis pestañas de forma fugaz, lo vi sonreír, y nuevamente me concentré en la caja blanca frente a mi. Sin soportar más la curiosidad que sentía, quité la tapa que la cerraba...
Un sentimiento parecido a la alegría me golpeó en el pecho y comenzó a recorrer todo mi cuerpo a gran velocidad. Sentí que mis ojos ardían con intensidad, pero la sonrisa seguía en mis labios. Entonces lo entendí, eran lágrimas de felicidad las que mojaban sin parar mis mejillas. Pestañeé varias veces ya que la acuosa sustancia acumulada en mis ojos me hacía ver todo borroso y quería mirar lo más claro posible a mi esposo. Y allí estaba él, mirándome con una expresión de infinita ternura, mientras luchaba por mantenerse sereno aunque no sé si eran cosas mías, pero vi sus ojos brillar más de lo normal.
De forma voluntaria me ayudó a liberar el contenido de la caja, eran dos cosas, así que colocó una al lado de la otra. Eran unas franelas idénticas a las nuestras, pero de un tamaño considerablemente más pequeño. Una era rosa claro y otra azul cielo.
No podía dejar de mirarlas e imaginar a mis bebés con ellas.
De pronto sentí como algo fuerte y gélido golpeó mi corazón, haciéndolo latir de forma tan acelerada que me asusto. La realidad me había golpeado directamente sin siquiera avisar.
Lloré, lloré como si algo dentro de mi se hubiera partido a la mitad, tal vez mi corazón, mi alma... sin preocuparme en lo que pudiera pensar mi esposo al mirarme, pero sospeché que relacionó todo con la sorpresa de su detalle.
Draco, mi querido Draco ¿Cómo pudiste ilusionarte de aquella forma? ¿Tan grande así es tu esperanza? ¿Tan grande así es tu confianza hacía Dumbledore, hacía su sospecha, su dolorosa sospecha?
¿Desde cuándo Draco Malfoy era ingenuo? No sé suponía que más de una vez, cuando nos encontrábamos en los pasillos de Hogwarts me molestabas porque aquella era una de mis cualidades. ¿Qué pasó contigo, Malfoy?
Tratando de controlar mis sollozos y aun más las preguntas mentales que me carcomían no solo la felicidad que había sentido, sino mi paz, le miré cautelosa, sin saber con que encontrarme. No había muchos cambios en él, seguía observándome tan solo sus mejillas estaban humedecidas, pero pasó rápidamente sus manos por allí y borró los rastros de las lágrimas. La sonrisa en sus labios seguía intacta. No dije nada por el momento, no quería ver desaparecer aquel gesto de su rostro. No quería hacerlo regresar a la realidad, no quería verle sufrir, no hoy.
Estiré una de mis manos y la posé en la mesa, justo al frente de él. Comprendiendo, colocó su manos sobre la mía y la dejó allí, mientras yo intentaba dejar a un lado todas la preguntas y pensamientos dolorosos, miré las franelas aun derramando lágrimas, no tantas como minutos anteriores, pero gotas saladas al fin que seguían dificultando mi visión. Una dificultosa sonrisa se dibujó en mis labios...
— ¿Amor, qué significado tienen estas siglas? — Logré preguntar señalaba con uno de mis dedos las siglas H.D.S.D que estaban en las franelas de tamaño miniatura.
— Es fácil... — Espetó de forma burlona y lo fulminé con la mirada sin dejar de sonreír — H de Hermione, D de Daphne, S de Scorpius y nuevamente D de Draco — Explicó mientras iba señalando cada una de las letras. Le dio vuelta a una de la franelas y siguió — Y como yo los amo tanto como tu y pues, sé que de alguna forma ellos nos aman a nosotros quise simplificar el sentimiento en una sola frase. Ya sabes, para que a nadie le quede dudas — Sonrió y acaricié su mano junto a la mía.
— Los amo — Dije segura y sentí un apretón cariñoso en mi mano.
Sin decir nada más, Draco tomó un plato y comenzó a llenarlo de comida, un poco de cada cosa, mientras yo doblaba las franelas con movimientos delicados y finalmente, las volví a meter en la caja para protegerlas y a la vez reservarlas a un lado de la mesa. Mi esposo me extendió el plato ya con comida y comenzó a llenar otro para él.
Agradecí a los cielos por permitirme compartir con él de aquella forma tan amena. Estaba feliz, lo único que pedía era tiempo, más tiempo para vivir. Suspiré dejando de lado los pensamientos pesimistas que querían volver a inundarme. Aquel desayuno no había sido una excepción, había sido igual de alegre e inolvidable que los otros.
La comida estaba riquísima, otra vez se había lucido mi chef particular y se lo hice saber con una sonrisa. En ese momento aprovechó para preguntarme si me había gustado su idea de las cartas, las rosas y los regalos y con total honestidad le contesté que me encantó de principio a fin...
— ...aunque, debo decirte que el mejor regalo ya lo tenía — Le expresé llevando una fresa a mi boca. Él me miró confundido y no pude evitar sonreír — ¡TU! ¿Qué más?
Sabiendo ya a qué me refería sonrió y tomó la decisión más sabía en toda aquella mañana: sentarse en la silla a mi lado. Nos podíamos besar con facilidad, acariciarnos y no solo eso, darnos trozos de frutas en la boca, también.
Una vez satisfechos nos levantamos y entre los dos recogimos la mesa, guardamos la comida que sobró y Draco se ofreció para lavar los platos mientras yo subí a la recamara para guardar las franelas de los niños en una de las gavetas del armario. Una vez hecho aquello volví a bajar hasta la cocina y vi como llenaba un florero de agua que colocó en la mesa frente a la chimenea justo en la sala, allí metió las 5 rosas rojas que me había obsequiado.
Lo miré de forma divertida cuando observó hacía las escaleras llenas de pétalos aun.
— Y el cuarto está igual — Susurré y me miró suplicante.
— ¿Me ayudas?
— ¡Claro! — Sonreí y me atrajo con uno de sus brazos para besarme de forma fugaz.
Sin perder tiempo ambos comenzamos a hacer desaparecer los pétalos de rosas esparcidos por casi toda la casa con un hechizo común: Evanesco. Yo me encargué de la sala y la cocina y él se responsabilizó del cuarto y el baño.
Unos cuantos minutos pasaron hasta que lo vi bajar las escaleras otra vez, lo hacía con una sonrisa triunfante al comprobar que ambos habíamos terminado con nuestra labor. Pasó por mi lado como distraído y cuando llegó al mueble blanco frente a al chimenea se recostó en el con expresión cansada. Reí al mirar su cómica actitud, sin dudar ni un segundo lo seguí para acurrucarme a su lado. Enredó mi cuerpo al suyo con ayuda de sus brazos. Ambos respirábamos de forma compasada. Había sido una grandiosa mañana, pero aun faltaban cosas por vivir, por rememorar.
Posó una mano en mi cabeza y comenzó a jugar con uno de mis rulos de forma distraída mientras yo acariciaba su pecho con afecto. Llegó mi turno.
— Ahora me toca a mi — Alcé un poco la cabeza para mirarle. Le regalé la mas sinceras de mis sonrisas y él en cambio me mostró una fina arruga en su ceño — ¡Aja! Al parecer ahora eres tu el desorientado... — Reí de forma juguetona rememorando el momento en el que me preguntó cuál era el motivo de las 5 rosas o la cuestión de las iniciales.
Me levanté del mueble con cierta brusquedad, lo reconozco, pero estaba muy impaciente por ver su reacción.
— ¡No te muevas! — Le ordené subiendo las escaleras hacía la recamara sin detenerme siquiera para volver a mirarle.
Hurgué dentro de un cajón de la peinadora y encontré una caja, la cual abrí y encontré un objeto envuelto en una tela sedosa la cual le quité y sin más lo escondí tras mi espalda mientras me disponía a volver a bajar.
No pude evitar reír sonoramente al ver a mi querido esposo, inmóvil, tan gélido e inerte como una estatua.
— ¡Lo dije literalmente, amor! — Nuestras carcajadas se unieron a la atmósfera de la sala.
Draco me miró fijamente y notó a simple vista que escondía algo, así que tomó una posición un poco más erguida en el mueble que la que había conservado desde minutos atrás. Palmeó a su lado de forma reflexiva, pero sin dejar de mirarme. No era necesario que me lo pidiera, exactamente eso era lo que iba a hacer, sentarme a su lado.
Lo vi abrir la boca dispuesto a decir algo, pero sus palabras se congelaron en sus labios al mostrarle lo que celosamente escondía en mi espalda...
CONTINUARÁ...
Si fueras Hermione, ¿Qué le regalarías a tu amado hurón platinado? .— Espero sus creativas respuestas.
