Y esta autora vuelve, tal y como os lo prometí y sin ningún retraso, jejeje, con el capítulo de esta semana!
Bien, a LEER! :D
Capítulo 14
JERARQUÍA
La brisa le dio de lleno en el rostro y con ella, la densa llovizna. Unas cuantas gotas quedaron impregnadas en la grisácea cabellera de Kakashi. Unas cuantas ascuas dormitaban en la oscuridad, esperando que las reavivasen. Miró desde la oscuridad hacia la oscuridad, hasta sentir los pasos de Kurenai llegando hasta la cámara principal.
—¿Cómo está?
El gesto apacible de la mujer emuló una tenue sonrisa. El brillo carmesí de sus ojos pareció atenuarse levemente bajo la mortecina luz.
—Bien, sólo ha sido un desmayo. Algo bastante normal para… —acalló levemente la frase, denotando un destello en la mirada de Kakashi. Aquel gesto hizo que se incrementase un poco más su sonrisa—, bueno, supongo que tu ya lo sabes.
En medio del siseo de la llovizna, Kakashi no aprestó a nada más que un gesto afirmativo y vago con la cabeza. Suspiró hondamente.
—Un nuevo miembro más en la manada... —su voz, grave y solemne parecía perderse por leves atisbos de la lluvia. Sintió una de las manos de Kurenai asirle levemente por detrás. Luego la otra, en un gesto cálido. Sosegado y dúctil—Si, sé lo que significa –dijo con la mirada aun clavada en la espesura de la noche—Nos estamos poniendo viejos, Kurenai-chan. –exhaló—Simple ciclo de vida.
Las manos de ella continuaban abrazándole por la espalda. Kakashi sintió su cálido y suave aliento contra su cuello. Tan tranquilizador y apacible como el calor de su cuerpo.
—¿Preocupado? No es la primera vez que…
—Jerarquía. La jerarquía de la manada cambiará con esto. –musitó Kakashi.—Es Sasuke quien me preocupa.
—Aun no ha vuelto, ¿verdad?
Kakashi negó, sin embargo su mente aun estaba inmersa en aquel nebuloso presentimiento. Un recuerdo evocado, reacio a desaparecer en su mente, emergiendo justamente en aquel momento.
—El legado Uchiha… — Percibió el dubitativo gesto en la respiración de su compañera. Él se aclaró la garganta, y habló parsimoniosamente—…igual que ocurrió con Obito…
El fugaz destello de un relámpago lejano, iluminó con fluctuante recelo la cámara. Kakashi negó con un sutil gemido, mientras que su mente continuaba diletando entre el futuro incierto y la advenediza tormenta que estaba por venir.
Las cosas cambiarían… tal vez para bien o para mal…
… o ambas.
—0—
Llovía. Podía escuchar las sendas gotas golpear contra uno de los cristales rotos de alguno de los ventanales. La cabeza le punzaba y los músculos del cuerpo vibraban de nuevo con aquella pesadez humana. Entreabrió un ojo y notó de nuevo su piel blanca y lampiña. En medio del desmayo, su cuerpo había sucumbido al cambio, volviéndole a su constitución humana.
¿Se había desmayado? No… no. Había estado corriendo. Ella e Itachi y… iban ganándole terreno a aquella tosca máquina y entonces…
Itachi…¿Dónde…?
—¿Itachi?
El suspiro de Sakura atrajo inmediatamente su atención. La joven había abierto los ojos y trataba de enfocar la vista. Le encontró, junto a ella, desnudo también. Itachi tensó el gesto e inmediatamente ocultó su inquietud tras su imperturbable expresión habitual. La vio fruncir el ceño, desorientada al reconocer aquel techo de vigas oscuras. Movió ligeramente la cabeza hacia el fuego.
—¿Qué… ocurrió?—gimió, sin poder ocultar su sorpresa.
Él no contestó nada. Sakura se incorporó a medias, sosteniéndose torpemente con las manos. La manta con la que Itachi la había cubierto se deslizó pecho abajo. Sólo entonces ella se percató de su desnudez. Se cubrió instintivamente, tratando de ordenar sus pensamientos. Y afuera, la lluvia seguía cayendo a raudales.
—Tropezaste y te desvaneciste—carraspeó él—Te dije que había demasiado barro y no era seguro.
Se detuvo, incómodo. Ella le miró tímidamente. Tiró del borde de la manta hacia arriba y cerró las piernas pudorosamente. El rubor hizo aparición.
—No…no te preocupes. E…estoy bien.
—¿Desde cuándo, Sakura?
La pregunta cayó de repente.
—¿Qué?
Se hizo un extraño silencio entre ambos, y había algo que él comenzó a notar. Suave y leve en el aire, la distante fragancia de Sakura parecía diferente ante el agudo olfato de él. No ahora… no, desde hacía semanas atrás. Y ella también podía notar aquel gesto en Itachi. Sakura supo que llegaba el momento, la pregunta que tanto le aterraba. Fijó la mirada en el fuego, sin mover un solo músculo del rostro. Y la pregunta llegó.
—Sakura…—susurró levemente dudoso. Estúpidamente dudoso ante aquel inherente hecho de la vida que parecía ser obvio—¿Tú estás…?
—No… no esperaba que ocurriese tan pronto… Itachi, yo…
Itachi no arguyó nada más, había bajado levemente el rostro y su mano se posó con premura sobre el vientre aun plano de Sakura. Ésta, sorprendida, alzó la mirada. Acercó su rostro al de ella y dejo que su mejilla rozara la suya, acariciándola. Una sutil sonrisa aplomó el semblante escueto de Itachi.
Una idea, firme e irrevocable destellaba en su mente.
Voy a ser padre.
—Esta bien. Estaremos bien, los tres –susurró él, contemplando su rostro a través de sus pupilas ónice.—Primavera es una buena temporada para criar un cachorro… Nuestro cachorro.
Estrechó el abrazo posesivamente, cubriéndola con todo su cuerpo, y cerró los ojos. En el exterior, la lluvia se estremecía ante el final del verano.
Una sombra silenciosa, ajena al calor del fuego cernido en el centro de la cámara, se quedó en hostil y expectante silencio. Quieto, en medio de la densa oscuridad que reinaba el pasillo, Sasuke permaneció inmóvil. Estaba completamente empapado de pies a cabeza y una tenue melladura en el antebrazo enarcaba un reflejo carmesí sobre la marfileña piel. El recuerdo de aquel descuido provocado por la fallida cacería de esa noche dolía menos que lo que sus oídos acabaron de escuchar.
Bufó, mientras se alejaba por el pasillo. Cerró los puños con fuerza, dando rienda suelta a su irritación. No sólo contra ella, sino contra Itachi.
Ésa era una cicatriz abierta, un fuego interno que quemaba… ahora, si la manada se perpetuaría no sería por él… y con ello, la sucesión como macho beta tampoco. No, no él sino… Itachi.
Itachi, Itachi, Itachi…
Sasuke sentía que le habían arrebatado algo. Y aunque nunca había tenido interés en Sakura, el hecho de que Itachi la había preñado, le hacía sentir traicionado.
No, traicionado no.
Furioso.
Una nueva vida se gestaría en la manada… y él no la había engendrado. Él no tendría descendencia, él no tendría oportunidad de ser el sucesor de Kakashi cuando éste partiese al otro mundo simplemente porque ahora la maldita balanza se inclinaría hacia su hermano y su familia; simplemente porque así era la ley de vida.
No, resolló mentalmente. Nadie, ningún miembro de la manada había engendrado a un cachorro que por lo menos viviese más allá de un mes, al menos desde hacía años. Poco caso habría que hacer a los relatos de Kakashi.
Tal vez no viviría.
Una incordiada media sonrisa se aprestó en su rostro enjuto.
Tal vez ni siquiera Itachi viviría para constatarlo.
Y él podría asegurarse de ello. Después de todo, siempre podía más la ley del más fuerte.
El verano se esfumó y el otoño menguó con un cobrizo aplomo en las hojas de los árboles; y aquella silenciosa promesa de muerte no quedó relegada al olvido ni siquiera con las heladas brisas de octubre. Para entonces, la manada estaba al pendiente del embarazo de Sakura como para prestar siquiera atención al sosegado y hostil comportamiento de Sasuke. Éste simplemente se había desentendido de los otros, saliendo a deshoras y perdiéndose por casi tres o cuatro días, y cuando se dignaba a volver, permanecía constantemente aislado en una de las habitaciones del piso superior, cerca de la torre norte. También había relegado a Karin; ésta, en un vago sentido de entendimiento creía saber el porqué; desde el incidente del kyuubi Sasuke había cambiado casi rotundamente… y no le culpaba por ello, ahora ella era un miembro menos útil en la manada y una compañera débil en cuestión de caza es una carga que sabía que él no quería llevar.
Y ella simplemente nada podía hacer al respecto. Rogar, más de lo que había hecho en los últimos meses, tendría el mismo efecto; el cual era la total indiferencia de Sasuke. Decidió dejarle solo, no como mero desdén, sino tal vez con la lejana esperanza de que las cosas cambiasen un poco.
Tal vez.
Pero al caer la primera nevada a mediados de noviembre, la cosa no había mejorado entre ellos. El invierno se aprestó peculiarmente solitario y los rebaños de caribús y ciervos eran tan escasos como el calor del sol en pleno mediodía, dejando la desesperada medida de dispersar a dos miembros durante el día en busca de alguna presa, siendo casi siempre Itachi quien encabezaba la persecución que solía terminar hasta el ocaso; pero siempre volvía con una o dos rozagantes piezas al menos.
Para finales de enero, el vientre de Sakura se notaba levemente más redondeado de lo que se esperaba con siete meses de embarazo; pero estaba entera y perfectamente sana. Las nauseas habían menguado hasta el quinto mes, lo cual era el único menester que le había aquejado. El té de raíces de encino que había preparado Kurenai durante ése tiempo también había ayudado. Ahora, con el fluctuante y gélido clima, el cansancio era el único malestar que tenía. Kurenai decía que eso era perfectamente normal y que debía –casi obligadamente- guardar reposo, sin embargo Sakura no había querido aplazar tampoco las lecciones con Kakashi. El cambio también tenía que hacerse ahora con más cuidado también y le llevaba más tiempo, casi un minuto entero; si bien no solía salir ya de caza con Itachi, en éstos gélidos días de enero era más confortable hacerse un ovillo y acurrucarse junto al fuego en apariencia lobuna que temblando de frío bajo las desgarbadas mantas teniendo su lampiña piel humana.
Una mañana en la que los arremolinados copos de la última nevada de febrero menguaron su inevitable descenso y Sakura tenía ya ocho meses de embarazo; ésta siguió a Ino, en busca de leños y ramas para la fogata.
El tintineo de éstas resonó en la claridad matinal. Sakura dejó escapar un resuello al dejar caer el insignificante y escuálido tropel de ramas secas al caer sobre la nieve, y se inclinó trabajosamente hacia delante para levantarlas.
— No hagas esfuerzos—la reprendió Ino dulcemente, deteniéndola— En tu estado casi ni deberías moverte. Yo me encargo.
—Lo mismo que dice Itachi… —bufó Sakura, poniendo los ojos en blanco— No me deja hacer nada. A veces creo que piensa que estoy enferma en vez de embarazada. Puedo moverme, aunque no lo parezca.
Ino sonrió al imaginar al escueto Uchiha ejerciendo de macho abnegado y sobreprotector.
—Ellos siempre se ponen así, supongo que es instintivo. Cuando Sai me preñó, éste se pasaba horas mirándome fijamente, como si estuviera esperando que el cachorro naciera en cualquier momento —dijo— Me seguía a todas partes, y me ponía tan nerviosa que al final tuve que asegurarle que hasta que pasaran por lo menos siete meses, no iba a perderse nada.
Guardaron silencio durante unos momentos, escuchando el ruido de los árboles.
—¿Crees que vivirá? —preguntó Sakura, acariciando su vientre hinchado, oculto bajo el raído blusón.
Esta pregunta nunca se había apartado de la mente de todos. Ino encogió los hombros.
—No lo sé. Siempre es difícil saberlo. Pero a estas alturas, el que hayas superado media temporada es buena señal —alzó una rama, sacudiéndola de los helados despojos de nieve—. Tiene que haber algo muy fuerte en ti. Algo muy especial.
—¿Qué?
Esto sorprendió a Sakura, porque nunca se había considerado diferente del resto de la manada.
—Bueno, considera las veces que yo he tratado de tener un hijo. O que lo ha intentado la terca de Karin. O incluso Kurenai; ella parece capaz de todo. Pero los cachorros morían generalmente a los pocos meses antes de nacer, y los que duraban algo más sufrían unos dolores que causaban espanto. Y aquí estás tú, que con sólo diecinueve años logras embarazarte en pocos meses y que pareces estar perfectamente. Además, hay que ver cómo soportaste el cambio; aguantaste cuando todos nosotros te dábamos por muerta. Kurenai dice que siempre supo que vivirías, pero pensaba en el Jardín cada vez que te miraba. Karin apostaba pedazos de comida a que no vivirías una semana más... y ahora da gracias a Dios todos los días de haber perdido las apuestas. —Inclinó ligeramente la cabeza, escuchando el leve silbido del viento—. Kakashi lo sabe —dijo.
—Sabe, ¿qué?
—Lo que yo hago, lo que hacemos todos. Tú eres diferente. Más vigorosa, más inteligente. ¿Por qué crees que Kakashi pasa tanto tiempo contigo y con aquellos libros?
—Le gusta enseñar.
—Oh, ¿es esto lo que te ha dicho? —Ino lanzó un gruñido—. Bueno, ¿por qué no quiso enseñarme a mí? ¿O a Karin, o a Itachi? ¿O a cualquiera de los otros? ¿Acaso cree que tenemos piedras en la cabeza? —Respondió ella misma a su pregunta—: No, si pasa tanto tiempo dándote lecciones es porque cree que mereces su trabajo. ¿Y por qué lo mereces? Porque quieres aprender. —Asintió con la cabeza al ver que Sakura se burlaba—. ¡Es verdad! He oído decir a Kakashi que cree que tienes un futuro.
—¿Un futuro? Todos lo tenemos, ¿no?
—No quiero decir esto. Un futuro más allá de aquí. —Hizo un amplio ademán, abarcando todo el bosque—. Más allá de donde estamos ahora.
—¿Quieres decir... —y Sakura se inclinó hacia delante— fuera de aquí?
—Sí. O al menos, esto es lo que cree Kakashi. Piensa que algún día abandonarás el bosque y podrás cuidar de ti misma allá fuera.
—¿Sola? ¿Sin la manada?
Ino suspiró.
—Tal vez con tu propia manada. Tú e Itachi, supongo.
Era demasiado increíble para pensar en ello. ¿Cómo podría sobrevivir a solas? ¿formar una nueva manada? No, no; era demasiado joven aun. Sakura se quedaría allí, con la manada, para siempre. La manada siempre existiría, ¿no?
—Si Itachi y yo nos marchásemos, ¿qué sería de los demás?
—Eso no lo sé. Pero muchos de nosotros supongo que no lo lograríamos. Ve a Karin, ella no sobreviviría allá fuera —señaló hacia el oeste— y Kakashi lo sabe. Ella también lo sabe. Vivirá aquí el resto de su vida. Y también yo, y Kakashi, y Kurenai y puede que Sasuke también si es que no se larga él primero. Somos viejas reliquias peludas, ¿no? —Ino sonrió ampliamente, pero había un poco de tristeza en su sonrisa. Ésta se extinguió—. ¿Quién sabe lo que será del cachorro? ¿Quién sabe si vivirá o cómo será su mente cuando se haga mayor? Tal vez será como aquella mujer que se pasaba todo el día llorando en un rincón. O... —Miró a Sakura—. O quizá será como tú o como Itachi. ¿Quién puede saberlo?
Sakura asintió, y el brillo jade de sus pupilas enarcaba el distante destello de las luces lejanas del ocaso. Finalmente, la noche se había cernido.
Itachi no volvía.
—0—
En la mohosa atmósfera del cuartel reinaba el peso de las edades. Las estanterías de roble oscuro se inclinaban bajo el peso de incontables volúmenes de saber e historia. Manuscritos trabajosamente ilustrados compartían las abarrotadas estanterías. Memorias, historias y códices encuadernados en piel se guardaban en dobles filas o se amontonaban sobre el suelo en pilas en precario equilibrio que amenazaban con volcarse en cualquier momento.
Naruto Uzumaki tenía toda la apartada biblioteca para él solo. No era nada nuevo; Ebisu y su séquito de hedonistas sentían más interés por los placeres del presente que por los restos acumulados del pasado. La incursión ofuscada al bosque quedó relegada cuando las primeras nieves cayeron, produciendo una helada temporada en Konohagakure en la que había sido un suicidio internarse en el bosque a merced de los dominios de la naturaleza y de las infames ventiscas. Ahora en verano, tras el regreso de Jiraiya el entrenamiento se había tornado más meticuloso, sin contar una improvisada visita a Iwagakure.
Un cuerpo, parcialmente cercenado. Igual que en Kirigakure.
Ahora el término kyuubi estaba ligado a un nombre más, mencionado por uno de los cazadores de Iwa y por el propio Jiraiya: Madara Uchiha.
Profusamente recordaba aquel apellido… de algún lado.
Igual da, pensó Naruto. Sus azules ojos se paseaban perezosamente en los estantes; nunca había sido muy dúctil con los estudios. Los arcaicos tomos estaban cubiertos de polvo y telarañas, lo que demostraba lo raro que era que el archivo recibiera la visita de alguien.
En el exterior, la tormenta todavía arreciaba. La lluvia azotaba los ventanales de medio punto de la biblioteca y proyectaba espeluznantes y acuosas sombras que danzaban sobre las paredes.
Su mirada se posó en la puerta rectangular de pino del inocente armario, encajado entre dos enormes estanterías de roble. A decir verdad, habían pasado años desde que examinase aquellos archivos en persona pero recordaba vagamente que las crónicas referentes a las primeras décadas de la guerra se guardaban en aquel armario abandonado. En teoría, la información que buscaba debía de estar allí. Desgranó con la mirada los volúmenes, examinando sus lomos y tapas desgastados por el tiempo y alargó la mano hacia un libro; sin embargo, al pasar sus páginas se dio cuenta de que muchas de las ilustraciones y párrafos habían sido tapados con una generosa aplicación de impenetrable tinta vegetal. Además, parecía que le habían arrancado docenas de páginas. Levantó el libro sobre la mesa y le dio la vuelta: no cayó ninguna de las páginas que faltaban.
Qué raro, pensó Naruto. Aquello resultaba cada vez más sospechoso. ¿Por qué se habría molestado alguien tanto en ocultar el pasado? ¿Qué oscuro secreto estaba tratando de esconder?
Mientras hojeaba el maltrecho volumen, topó con la imagen de un solitario licántropo macho, con las garras lupinas extendidas a ambos lados del cuerpo. Lo más curioso era que el rostro de la bestia había sido quemado por completo y cerca del borde superior de la imagen no quedaba más que un agujero circular.
Naruto examinó con más cuidado el mutilado retrato. En el brazo derecho del licántropo sin cara se veía con toda claridad una marca que contenía una elaborada marca, representativa de uno de los ancestrales clanes de cazadores Senju.
Por Hashirama Senju, pensó casi sin querer.
Bajo el retrato, una leyenda borrosa rezaba:
"Uchiha Madara, señor de la horda de los Malditos".
Bajo el retrato decapitado de Madara había otro grabado en el que se representaba una trabada batalla entre cazadores y licántropos. Los cazadores, armados con espadas y ballestas de plata, atacaban una manada de licántropos humanoides y lobos, y cada bando infligía graves bajas al contrario. La caballería de los Ejecutores empalaba a las bestias en sus lanzas de plata, de tres en tres y hasta de cuatro en cuatro, mientras que en otra parte de la página, licántropos completamente transformados hacían pedazos a desafortunados cazadores con garras del tamaño de cuchillos y colmillos. Como fondo se veía humo y fuego que ascendían al cielo de la noche desde las bocas de varias cavernas de una montaña lejana. En el cielo, la luna, con los rasgos de un lobo enfurecido, contemplaba la sanguinaria escena con rabia asesina en los ojos.
Naruto reconoció, gracias a los exagerados relatos de Jiraiya, la crucial Batalla del Valle del Fin. Su dedo pasó sobre el párrafo de la siguiente página.
"De las docenas de almas valientes que se aventuraron en la infernal fortaleza de Madara Uchiha, sólo un Ejecutor sobrevivió: Nagato de la Orden de la Nube Roja, que fue recompensado con largueza, no sólo por haber entregado a las llamas a la estirpe Uchiha sino por regresar con la prueba tangible de la caída del amo de los Malditos: la piel con la marca al hierro, cortada del brazo de Madara".
Al final de la página había lo que parecía un trozo de cuero seco de color marrón, plegado varias veces en forma de cuadrado. ¿La "prueba tangible", anteriormente mencionada? Arrugando la nariz con repugnancia, Naruto desdobló con cuidado el miserable trozo de piel y encontró el estilizado emblema de la Orden de la Nube Roja grabado en el fragmento.
Siguió la marca con la yema del dedo, consciente del significado histórico del objeto. No era un sencillo trozo de cuero, era un pedazo de piel arrancado de la carne de un licántropo caído. Su mirada pasó al retrato sin cara que encabezaba la página adyacente y comparó la marca del brazo de Madara con la del repulsivo fragmento que tenía delante.
Las marcas eran idénticas.
¿Qué me dices de esto?, pensó, sin saber sí se sentía aliviado o decepcionado ahora que los archivos habían no develaban coincidencia o relación alguna entre éste y el kyuubi.
Por mucho que hubiera deseado encontrar alguna pista de ello y poner al egocéntrico de Ebisu en su lugar, se alegraba de saber que el infame Madara estaba realmente muerto y era tema aparte respecto al kyuubi.
¿O no lo era?
Al volver a mirar el retrato quemado de Madara, Naruto reparó en una mancha ennegrecida que había debajo del agujero que había reemplazado su cara. ¿Había algo bajo las antiguas cenizas? Se humedeció el dedo y limpió con mucha suavidad parte de la mancha. Un objeto de aspecto familiar apareció ante sus ojos.
Una nube, roja y estilizada.
La Orden de la Nube Roja…
El término seguía surcando en su mente con la bruma de un recuerdo reprimido. Miró por reflejo, hacia el tropel encontrando una imagen casi idéntica en el lomo de un voluminoso libro. Casi hipnotizado, lo alzó, y con el pulso trémulo escudriñó el interior. Las columnas de caligrafía intrincada estaban acompañadas por imágenes medio borradas que representaban escenas de la larga cruzada contra los hombres-lobo. Al principio, Naruto asintió de aprobación al ver los retratos de Ejecutores medievales cabalgando a la batalla, alzando en alto el estandarte de sus respectivas naciones y su corazón se llenó de orgullo al ver en uno de ellos el emblema de Konoha. Sin embargo, a medida que continuaba examinando los elaboradamente detallados grabados, empezó a encontrarse, con creciente consternación, con ilustraciones que más que batallas parecían representar masacres.
Claro… parte de la historia que el viejo Ero-senin ni siquiera quiso contar… ahora me supongo porqué…
Pasó un dedo por el amarillento pergamino tratando de encontrar alguna explicación a las inquietantes ilustraciones del libro. Su frente se arrugó mientras trataba de descifrar el texto adyacente. Por desgracia, los diminutos caracteres parecían emplear una forma arcaica que estaba más allá de sus conocimientos. Contempló con frustración la diminuta e indescifrable caligrafía, que estaba astutamente entrelazada con varias imágenes en miniatura en las que se representaban los diferentes símbolos con los que se marcaba la carne de los aullantes licántropos.
Al mirar con mayor detenimiento los misteriosos símbolos, no pudo dejar de observar que aunque las diferentes marcas variaban ligeramente de ilustración a ilustración, todos los diseños tenían como base una nube delimitada por tinta roja o carmesí.
Imágenes espeluznantes, mostraban a hombres y mujeres-bestia (reconocibles por sus pelajes y sus zarpas) torturados y quemados en la pira por los inmisericordes cazadores. Cachorros medio humanos eran arrojados como combustible a las llamas o aplastados por los cascos de plata de los corceles de los Ejecutores de la Orden. Desde el otro lado de un abismo de siglos, el miedo y la angustia de las bestias se escuchaba alto y claro.
Un clamor más humano que bestial.
Naruto frunciendo el ceño, pasó una página y se encontró con otra ilustración igualmente inquietante que mostraba a varios licántropos encadenados, lo mismo machos que hembras, obligados a arrodillarse y marcados como ganado. Crueles Ejecutores cuyas armaduras mostraban el emblema de la Orden, armados con picas y ballestas, asistían a la escena mientras la plata al rojo vivo se aplicaba al cuerpo de los desgraciados lobos y dibujaba los emblemas de sus nuevos amos en su misma carne.
—Se estaban multiplicando… —musitó una voz grave, a espaldas del muchacho. Un tono que pareció perderse en medio del adusto vacío de la cámara.
Naruto se volvió, casi saltando por la intromisión. Su mirada quedó fija en una figura oculta tras las densas sombras del umbral.
—¿Qu…?
—Se estaban multiplicando, era nuestro deber detenerlos antes de que acabasen con la aldea. –enarcó la sombra. Emergió lentamente de la oscuridad y unos orbes gris oscuro y de pupilas concéntricas quedaron clavadas con enarcada severidad en las azules pupilas de Naruto. La figura se aclaró la garganta levemente, y extendió una mano hacia el muchacho—Pain.
A pesar de la gruesa ropa que vestía, un escalofrío recorrió el cuerpo de Naruto. Mientras su mente le daba la espalda a las implicaciones inquietantes de los grabados medievales, su atención quedó prendada en el grabado que mostraba la larga túnica del hombre. Una nube roja, igual que la que había visto en el volumen acusador. Naruto se quedó inmóvil, como si contemplara una aparición de ultratumba.
Esos ojos… No… no es posible…Nagato, Nagato debería estar muerto ya…
—Pain-san… ejem, veo que ya conoces a mi último alumno, Naruto Uzumaki –espetó Jiraiya desde el otro lado del pasillo. Naruto reaccionó, rompiéndose el silencioso trance— Naruto, Pain-sama fue mi anterior alumno, mucho antes que tu… —enunció escuetamente a modo de presentación—… es decendiente de Nagato, de Amegakure y…
—Miembro de la Orden de la Nube Roja, supongo… —completó el muchacho rubio. Alzó la mano correspondiendo recelosamente al saludo del desconocido—Mucho gusto.
Éste asintió levemente.
—Líder de la actual Orden de la Nube Roja –corrigió el llamado Pain.
El muchacho escrutó más a detalle la fisionomía de éste. El hombre era alto, más entrado en años que Ebisu pero no tanto como Jiraiya. Tenía el cabello corto, encrespado y de un tono naranja otoñal; y aquellos ojos, idénticos a los del temido Nagato.
—Creo que ya es momento de que te enteres de algunas cosas, muchacho. Por eso he decidido convocar una alianza con la Orden –espeto Jiraiya.
Naruto miró de reojo al sosegado Ero-senin y el gesto taciturno y severo de sus facciones le hizo volver a sentir aquel peculiar escalofrío.
—0—
Itachi merodeaba en la oscuridad.
Jadeaba profusamente. La noche había caído, se sentía agotado, tenía los músculos contusos y su andar era inseguro. Pero no volvería hasta encontrar algo de comer.
Llegó a un claro y se encontró frente a tres ciervos: un macho y dos hembras. Huyeron inmediatamente, pero una de las hembras era coja y no podía dejar atrás al lobo, que ganaba rápidamente terreno.
Itachi vio que sufría; la pata coja se había roto y se había soldado en un ángulo extraño. Él se lanzó tras ella y la derribó. La lucha sólo duró unos segundos, y la naturaleza hizo lo demás. No había salvajismo en ello; era el juego de la vida y la muerte.
El macho y la otra hembra se quedaron de momento plantados en lo alto de una colina, observando cómo el lobo rompía la tráquea a su compañera, y después desaparecieron en la noche.
Un aroma ocre se mezcló con el de la sangre y entonces se percató de que algo más se hallaba ahí, en medio de la penumbra. Se quedó alerta y cambió lo más rápidamente posible. Le dolieron los huesos al volver a sus anteriores articulaciones y los colmillos se le hundieron en las mandíbulas con un sonido como de borboteo.
Un gruñido atávico escapó de los labios de alguien más.
—No era necesario que cambiaras…
Itachi se volvió sobre su hombro, encontrándose el semblante pétreo de Sasuke.
—¿Qué es lo que quieres?
Los músculos estaban rígidos y un brillo mortecino y gélido como el mismo viento se aprestó en la mirada del Uchiha menor.
—Terminar con esto de una vez.
Itachi percibió la creciente furia de éste, oculta tras los fríos músculos faciales. Aquella afrenta que había quedado sin terminar desde que el kyuubi avasallara al resto de la manada. Ley del más fuerte, y ahora los machos beta sobrevivientes se debayirían en la inevitable batalla por la supremacía del segundo mando.
Jerarquía. Vil y salvaje jerarquía. Y la espesura de la sangre no importaba; el hecho de ser hermanos sería totalmente irrelevante.
—No, Sasuke.
El gruñido escapó de sus labios no como una advertencia sino como una pausa corta. Aun había demasiada humanidad en aquello. Humanidad que había constatado que Sasuke había perdido.
—¿Porqué? ¿Temes que te mate? No tienes las agallas para hacerlo tú, nii-san…
—¡Porque no voy a hacerlo! No por ti, ni por la manada ni por…
Un destello inmisericorde cruzó por los ojos de Sasuke.
Jerarquía. Claro… era eso y más.
Sakura…
Itachi exhaló. Los huesos faciales estaban cambiando de forma; la nariz y la boca se alargaban en un hocico revestido de pelos negros.
—…Pero… si no me dejas otra opción, que así sea –sentenció.
La boca de Itachi se abrió para dejar sitio a los colmillos que surgían, goteando saliva, de entre los dientes humanos. Sasuke, cuya espina dorsal empezaba a doblarse.
Entonces, el lobo azabache se había lanzado ya al ataque, azotando el aire con las patas.
Y un estridente aullido de agonía coronó el silencio sepulcral que reinaba en el bosque.
—0—
El sonido le despertó, en medio de un sueño febril y confuso. Sakura se agitó, alzándose levemente sobre su lecho… y sin encontrarle.
Itachi no estaba.
Un aroma distante circundaba la brisa. Un aroma gemebundo. Trágico.
Algo había ocurrido…
No podía ser sólo un vago presentimiento. No, eso lo sabía. Era una inminente premisa, como el mismo alarido de la parca circundando en el bosque. Se levantó, sintiendo el andar inseguro mientras la ominosa noche invadía el interior de la cámara.
—¿Sakura? –Ino le llamó, pero ésta parecía haberse perdido por completo en aquel eco.
El cruel silencio aplomó el ambiente.
Aquel lejano aullido de dolor volvió a escucharse. Menguó. Se intensificó de nuevo en la lejanía y se apagó, como una flama al extinguirse por el viento.
—Itachi… —su voz parecía un susurro congelado y casi inentendible.
La ley del bosque no tenía misericordia. Recordó los horrores del kyuubi y lo despiadada que era la propia naturaleza. El cazador, siempre tenía el ominoso destino de terminar cazado. Nadie tiene ganado nada en esta vida cruel e inmisericorde. El depredador también podría ser presa…
Había reconocido aquel sonido, y con el mismo aplomo de una ráfaga de tormenta en la nuca, ella lo supo.
Algo había pasado.
Quiso correr. Buscarle, pero las piernas no le obedecieron. Un clamor incipiente y trémulo le atenazó en las entrañas, haciéndole perder el equilibrio y cayó de rodillas. Un líquido cálido cruzó por el dorso de su muslo, mientras ella, incapaz de levantarse, apretándose el abultado vientre, se quedó allí, tumbada y temblando de dolor.
Mientras el cuerpo sucumbía ante las primeras contracciones.
Continuará
Siguiente Capítulo: PERPETUACIÓN DE ESPECIE
N/A:
Bien, esto es lo que se llama un final de capítulo estilo "cliffhanger", o sea, dejando la mejor escena a la mitad. Ya, lo hago a propósito, para comenzar de lleno con lo que sigue.
Pues ya vimos un poco mas acerca de la Orden de la Nube Roja y los horrores que ocasionó a manos de Nagato... Pain, bueno, ¿es realmente "decendiente" de Nagato? Ok, eso el tiempo lo dirá (ya verán luego como lo acomodaré)
Sasuke, definitivamente aqui y en todos mis fics tiene que salir con sus típicas canalladas, ya la cuestión de jerarquía de la manada, eso ya es factor de más.
Y mientras tanto, ¿Cual será la resolución de este inmimente combate hermano Vs hermano? ¿Que pasará con el cachorro que esta por nacer? ¿Porqué la alegoría de Madara Uchiha?
Vale... os dejo en ascuas hasta el lunes de la semana próxima!
NOS LEEMOS!
