Sakura soltó un suspiro exasperado al tiempo que giraba de nuevo en su cama, llevándose consigo las sábanas en las que los dos amantes trágicos compartían un beso, aquel privilegio que sólo podían darse una vez al año. Resignada a que esta noche no podría vencer al insomnio, Sakura se sentó en su cama, se amarró la bata y se puso de pie.
Con cuidado, como para no despertar por accidente a quien sea que pueda escucharle, la chica se escurrió entre las puertas y con paso silencioso, caminó entre los pasillos de la mansión, buscando un lugar que le pudiera brindar el sosiego que necesitaba en ese momento. La luna iluminaba con una tenue elegancia a través de las ventanas que se mantenían abiertas para acondicionar las cálidas noches de verano como esa. De alguna manera, Sakura se encontró a sí misma en una de las ventanas que se encontraban a la orilla del pasillo, desde la cual podía apreciar la belleza del cielo nocturno en Saigón.
— ¿No puedes dormir?
Su propia mano le impidió sacar el pequeño grito de sorpresa que estuvo a punto de salir, sus ojos abiertos como platos, aprensión presente en su rostro, observó al señor Yao de pie, frente a ella, observándola con curiosidad escrita en sus ojos.
—N-no, señor Yao —murmuró al tiempo que evadía su mirada, las losas de porcelana de repente merecían mucha atención.
—Sakura… —la manera tan suave y cariñosa en la que pronunciaba su nombre hizo que la chica en cuestión sintiera escalofríos—. Creí que después de ayer había quedado bastante claro que el llamarme "señor" ya no era apropiado.
La nipona tragó grueso. Por supuesto, desde que… eran… er… demonios, era tan difícil decirlo… desde que ellos… se… demostraron sus sentimientos. Listo, lo admitió. Ellos eran… argh… koibitos.
—Sí… —murmuró, sus ojos aún plantados en el suelo, y de alguna manera, el tono tan desolado en su voz la hizo sentirse peor, y pudo descifrar que al señor Yao también.
Él se aclaró la garganta y se dirigió de nuevo hacia la chica. —Como sea, ¿gustas tomar una taza de cocoa conmigo? Estoy segura de que algo dulce nos subirá los ánimos si nos quedaremos despiertos todo el día.
Sakura sonrió al tiempo que asentía. El prospecto de compartir una deliciosa y cálida taza de cocoa no le era para nada desagradable, y menos si era en compañía de alguien que obviamente le tenía tanta estima. Con ese pensamiento reforzando su determinación de lograr que… su… relación… funcionase, siguió con pasos pequeños los más grandes y un poco apurados del chino.
Finalmente llegaron a la cocina, donde las manos de Yao se pusieron a trabajar con agilidad y avidez, repasando en su mente los ingredientes necesarios para devolverle esa sonrisa al objeto de su cariño, aquella que había portado el día anterior, cuando, en esencia, se había confesado.
Se aseguraría de devolvérsela (su sonrisa) así le tomara la vida entera hacerlo.
El presente fic participa en el reto long-fic 2016: Tu OTP. Del foro Anteiku.
Perdonadme por no actualizar hace dos días, tuve compromisos (al parecer) y me tomó hasta la noche desocuparme. Luego ayer tuve un examen. Poco después me volví a enfermar. Aunque esta vez no pude actualizar más pronto, o más capítulos. Lo lamento tanto.
Anyways, ¿alguien notó que le quité su tic verbal a Yao? No sé si eso tenga un significado argumental en la historia, pueden verlo así si gustan. Algo sobre que su relación con Sakura maduró… o tal vez es que me he vuelto demasiado floja para ponerlo o releerlo desde julio y corregirlo… bah. El prompt de este capítulo es "insomnio."
