Anayance pateó la mesa de noche, molesta consigo misma. Ella no era una maldita cobarde. Nunca lo había sido, ni siquiera cuando no sabía quién era realmente. Jamás… jamás había mostrado debilidad ni temor ni una pizca de cobardía. Porqué ahora debía mantenerse oculta? Porqué debía hacer oídos sordos a lo obvio. Se sentó en la cama, ocultando el rostro entre las manos, furiosa, con ganas de llorar y mandar todo al puto infierno. No era justo. Nada justo. No levantó el rostro cuando escuchó abrir la puerta. No estaba de ánimo para ver a nadie. Mucho menos a Sam. Y odió sentir cómo su aroma invadió todo el cuarto. Lo sintió, sigiloso, acercarse hasta ella y agacharse, hasta quedar a su altura. Y aún así no se descubrió el rostro. Sí. Era una maldita cobarde. Ni siquiera era capaz de mirar a los ojos a Sam. Cómo hacerlo? Sabía que lo estaba enviando a la muerte. Sabía que el hecho de que Dean no contestara su teléfono era sólo por un maldito motivo. Y cuántas ganas tenía de despedazar vivo a ese motivo. Pero como bien decían Crowley y Bella… aún no estaba lista. Aún no recuperaba sus poderes y no podía lanzarse a la calle a hacer frente al mundo. Y sin embargo, Sam, sin poderes y todo, sí lo hacía. Porque él era valiente. No como ella.
-Ya me voy- susurró él, en un vano intento por sacarla de su encierro mental. Anayance simplemente movió la cabeza afirmativamente, queriendo llorar a gritos hasta quedar sin voz.- Nos vemos pronto- a Anayance se le terminó de romper el corazón y prácticamente podía oír cómo el trocito caía al suelo, despedazándose en mil partes. Sabía que no volvería a verlo. Y sabía que Sam también lo sabía. – Bueno… adiós- suspiró él, levantándose y dirigiéndose a la puerta.
-Sam- gimió ella, descubriendo el rostro y mirándolo. Él se volteó y la observó a los ojos. También tenía el corazón destrozado. Pero no podía elegir entre ella y Dean. Hasta Anayance sabía que aquello era imposible. La joven se levantó y caminó, con paso decidido hasta él, para colgarse de su cuello y besarlo con toda la pasión que le quedaba. Sam le correspondió. La abrazó por la cintura, acercándola a él, uniéndola a él en un abrazo que nadie podría romper así pusiera las pelotas en ello. Anayance podía sentir la agitada respiración del Winchester, tan agitada como la de ella.
If I should die before I wake
It's 'cause you took my breath away
Losing you is like living in a world with no air
Oh...
I'm here alone, didn't wanna leave
My heart won't move, it's incomplete
Wish there was a way that I can make you understand
But how do you expect me
to live alone with just me
'Cause my world revolves around you
It's so hard for me to breathe...
Tell me how I'm supposed to breathe with no air
Can't live, can't breathe with no air
It's how I feel whenever you ain't there
It's no air, no air
Got me out here in the water so deep
Tell me how you gonna be without me
If you ain't here, I just can't breathe
It's no air, no air
No air, air - No
No air, air - No
No air, air - No
No air, air
Sam le quitó la ropa con una suavidad que le quitó el aliento. En cierto modo, no era lo que ella esperaba. Aún podía recordar la urgencia y salvajismo con el que la había desnudado, ya bastante tiempo atrás, mientras estaban los dos solos en una lejana habitación de hotel; podía recordar la forma en que sorprendía a Sam mirándola, como si la desvistiera con la sola mirada. Ahora… ahora era diferente. La forma en que Sam le quitaba la ropa, poco a poco, parecían delicados roces. Ahora Sam no la miraba con lujuria… la miraba con amor, con verdadero deseo, y aquello terminaba atormentándola más. Lo perdía, se le iba como el agua entre los dedos y ella no podía hacer nada para evitarlo. Sólo robarle unos instantes. Sam la besó nuevamente, con el amor surgiendo de cada poro. Anayance acarició delicadamente el pecho desnudo, como si al más brusco toque la ilusión fuera a desaparecer. Es lo que era aquel momento para ella. Una ilusión. Una maldita ilusión que acabaría pronto, devolviéndola a la cruda realidad. Al dolor, la tristeza, la soledad… esa soledad que había sido su más cruel castigo autoinflingido desde que tenía memoria. Y hablaba de varios millones de años.
En cada vida, había pensado que era lo justo quedarse sola. En cada vida se había resistido al amor, al anhelo de envejecer junto a alguien. Simplemente porque sabía que en la siguiente vida el recuerdo de un ser amado le iba a quemar el alma. Esta vez se planteaba lo mismo, desde siempre, incluso desde que permanecía dormida en un alma humana. Pero del alguna misteriosa forma, Sam se le había colado hasta los huesos desde la primera vez que había visto esos tristes y solitarios ojos grises, ocultos tras una mirada de indiferencia y superioridad. Aquella vez Sam había querido ser fuerte, autosuficiente, rudo… y Anayance podía recordar que hasta se divertía con los comentarios de Dean hablando de abuso, siguiendo el juego, creando una mentira, sólo por seguir los deseos de Sam. Pero a pesar de lo drogada que pudiera estar aquella vez, recordaba perfectamente las disculpas de Sam, las caricias dulces tras el sexo, las lágrimas que cayeron de sus ojos al pensar que al llegar el amanecer ella se alejaría. No lo haría. Desde la primera vez que había visto sus tristes ojos grises había decidido quedarse junto a él para siempre. Jamás pensó que Sam no lo haría. Sam jamás le prometió que se quedaría junto a ella para siempre. Y acababa de llegar el momento de perderlo. Y Anayance sabía que no podía hacer nada al respecto. Todo había acabado. La escuálida felicidad que había sentido por unos días al saber que esta vez la soledad no la acechaba, se había ido al demonio. Había perdido a Dean y estaba a un paso de perder a Sam. Estaba cansada, agotada. El entrenamiento que le habían interpuesto Crowley y Bella era exhaustivo y la dejaba muerta. Tal vez si tuviera su poder al 100% no lo sería tanto. Pero había malgastado demasiada fuerza y poder humanizando a Sam. Y ahora lo lamentaba. Si Sam mantuviera su sed de sangre de demonio, si mantuviera sus poderes, podría defenderse con mayor propiedad de Avalón. Pero su estúpido intento de devolverle una vida normal a Sam lo habían dejado indefenso para un encuentro a muerte… y a ella demasiado débil para intentar ser valiente y acompañarlo. Absolutamente todo era su culpa.
I walked, I ran, I jumped, I flew
Right off the ground to float to you
There's no gravity to hold me down for real
But somehow I'm still alive inside
You took my breath, but I survived
I don't know how, but I don't even care
So how do you expect me
to live alone with just me
'Cause my world revolves around you
It's so hard for me to breathe
Tell me how I'm supposed to breathe with no air - (Uh - oh)
Can't live, can't breathe with no air - (No - No)
It's how I feel whenever you ain't there
It's no air, no air
Got me out here in the water so deep - (So Deep)
Tell me how you gonna be without me - (Without Me)
If you ain't here, I just can't breathe ( Breathe - No - No- aha)
It's no air, no air (No - No)
No air, air
No air, air
No air, air
No air, air
No more
It's no air, no air
Anayance se dejó llevar por la oleada de sensaciones y sentimientos, mientras Sam se apoderaba poco a poco de su cuerpo, tomándola con delicadeza y amor, acariciándola con dulzura, y besándola como si se le fuera la vida en ello. Era la última vez que estarían juntos, Anayance podía sentirlo, y sabía que también Sam lo sentía, y comenzaba a faltarle la respiración. Todo aquello le dolía demasiado y comenzaba a quemarle el alma. Tal como ella había temido tiempo atrás.
-Te amo- susurró el castaño en su oído y Anayance no pudo reprimir la lágrima que se deslizó presurosa por su sien hasta caer a las sábanas. Clavó las uñas a su espalda, reprimiendo el deseo de pedirle que se quedara. Sabía que Sam no lo haría. Sabía que no era justo. Sabía que tarde o temprano aquel momento llegaría. Podía recordar la vez que le había pedido alejarse, simplemente porque había compartido la misma visión con Sam en la ducha, y había intentado alejarse del dolor que le provocaría perderlo. Pero ahora era tarde. Lo estaba perdiendo y no podía hacer absolutamente nada al respecto.
-Te amo- susurró ella, apegándose a su cuerpo sudoroso, ocultando el rostro en el cuello de Sam, ocultando sus lágrimas y el dolor tras su corazón. No quería provocar a Sam más dolor del que ya estaba sintiendo. No quería que la viera llorar. Dejó escapar un gemido profundo, que surgió desde lo más profundo de su alma cuando llegó al final. Junto a Sam. Su Sam. Ese que estaba alejándose de ella, poco a poco. Para siempre. Y otra lágrima corrió por su sien.
-Te amo- repitió él, jadeando en su cuello, para luego fundirse en un beso dulce y duradero. El beso del adiós. Ese que Anayance estaba rehuyendo.
You got me out here in the water so deep
Tell me how you gonna be without me
If you ain't here, I just can't breathe
It's no air, no air
No Air (No)
No Air (No - No)
No Air
No Air
No Air
****oooo****oooo****oooo****
Anayance se removió en la cama, desperezándose. Rayos. Estaba realmente agotada. Ya no sabía cuánto tiempo podría resistir el ridículo entrenamiento al que la estaban sometiendo los demonios.
Bostezó ampliamente y abrió los ojos, acomodándose a la tenue claridad del atardecer que se colaba por la cortina entreabierta. Y giró la cabeza hacia su lado… aunque sabía que lo hacía en vano. Sam se había ido. Para siempre. Suspiró, resignada. Rayos, no. No estaba resignada. Estaba odiándose a sí misma por haber hecho tan mal las cosas. Por ser una cobarde, por ser una maldita estúpida incapaz de sobreponerse a tres demonios y lanzarse al rescate. Al encuentro con su némesis. A la batalla que no podía alargarse más.
Se levantó, tranquila, y se vistió con calma. No quería regresar al entrenamiento. Sentía que aquel entrenamiento, en vez de nutrirla de poder, la estaba dejando cada día más agotada. Se había dormido a los cinco segundos aquella tarde. Eso no era bueno. Ya apenas tenía energía para mantener los ojos abiertos. Se preguntó si realmente podría confiar en Bella. Crowley le había dicho que Bella quería intervenir porque anhelaba ver correr la sangre de Ruby. Bien, Ruby ya estaba acabada. Porqué entonces Bella seguía "ayudándolos"… si es que esa era la verdad.
Bajó hasta la cocina para comer algo pues sentía que en pocos minutos moriría de inanición. Encontró a los tres demonios y a Castiel comiendo panqueques. Por primera vez, desde que había sabido del secuestro de Dean, sonrió. Aquello era algo digno de ver y se maldijo por no tener a mano una cámara fotográfica. Tres demonios y un ángel compartiendo mesa, disfrutando de un placer humano. La metáfora perfecta para su cometido. Se preguntó si volvería a presenciar una escena así cuando todo acabara.
-Te ves como la mierda- gimió Crowley, sacándola de sus pensamientos
-Ajá- asintió Anayance, totalmente de acuerdo con él- Debes agradecerlo a tu concubina de turno- musitó, mirando a Bella- Y su maravilloso entrenamiento
-No te lo estás tomando en serio- se defendió la rubia, dando un último bocado a su plato y Anayance la miró, con la caja de leche en las manos.
-Oh, lo siento- replicó con más sarcasmo que en toda su vida- Debo tomarme más en serio mis clases de baile y canto- resopló, angustiada
-La música te nutre de poder… si te tomaras esto en serio- explicó la demonio
-Me siento en High School Musical- se quejó Anayance, llevándose la caja de leche a la boca, pero golpes en la puerta interrumpieron su labor.- Esperan a alguien?
-No creo que sea Sam con Dean- musitó Castiel, levantándose
-Déjamelo a mí- replicó Crowley, dirigiéndose a la puerta. Anayance lo siguió con la mirada y aguardó, impaciente, con el corazón en la mano. Sabía que no era Sam. No sabía cómo ni porqué, pero sabía que no era él. Ni Dean.
El demonio abrió la puerta, encontrándose con cinco jóvenes que lo miraron ceñudas.
-Caroline?- Anayance dejó la caja de leche a un lado y fue hasta el vestíbulo, sorprendida. Qué demonios hacían las cinco ninfas en la puerta de su casa? Como toda respuesta Caroline entró, sin ser invitada, y se acercó a ella con paso presuroso.
-Qué te ha pasado?- preguntó, asustada y tanto Anayance como Crowley la miraron interrogativos.
-En Nueva York… la ultima vez que nos vimos- intervino Lucinda, entrando tras su hermana- Podíamos sentir todo el poder en tu interior, pensamos que eras la única capaz de derrotar esa extraña presencia de la que te hablamos- Caroline asintió, concordando con su hermana menor.
-Pero ahora…
-Luce como la mierda- asintió Crowley, instando a las otras tres ninfas de entrar y cerrando la puerta tras ellas- Quiénes son ellas?
-Las ninfas de las que habló Dean, no?- intervino Castiel, llegando junto a ellos, seguido por Bella y Dimitri. Anayance asintió y miró a Caroline, interrogativa.
-Qué hacen aquí?
-Queremos ayudar- dijo la de cabello negro y Caroline volvió a asentir.
-Lo discutimos mucho y finalmente llegamos al acuerdo de que esta batalla merece la pena… todo se está yendo al demonio- explicó mirando a Anayance, quien no parecía nada de acuerdo con la idea- Los hombres que desaparecieron en Nueva York han aparecido… muertos… con pruebas que nos señalan como culpables.
-Todo iba bien hasta poco antes- continuó Lucinda- Hasta que esa amiga de ustedes… la tal Sarah, llegó a proponernos que nos uniéramos a su bando.
-Podía sentirse a leguas de distancia que era parte de lo que acechaba el pueblo desde hacía semanas…- prosiguió la de cabello negro y Anayance alzó la ceja, extrañada.
-Le dijimos que no, por supuesto, esta no era nuestra batalla- continuó relatando Caroline- Al día siguiente aparecieron los muertos… con el peine de Lucinda, o un mechón de cabello de Clarice… somos perseguidas por la policía ahora.
-Vaya- silbó Anayance, ceñuda
-Cuando les dijimos a ustedes que no nos entrometeríamos, se marcharon, sin dar vuelta la vista atrás, simplemente… en cambio ella… nos culpó de las muertes que ellos provocaron…
-No es justo- la cortó Castiel y Caroline asintió.
-Si tienen poderes, son valiosas para la batalla- acotó Bella
-Son ninfas, tienen poderes- replicó Anayance y se volteó hacia Caroline- Aparte de las visiones, verdad?
-Tenemos el poder de la claridad- dijo entonces Lucinda- Las criaturas como la tal Sarah, son ambiciosas, se cegarán al ver sus mayores deseos revelados, pensando que son una especie de premonición, se apresurarán a verla cumplida… cometerán errores
-Suena bien… y coincido con ella… somos muy ambiciosos- asintió Dimitri. Anayance lo miró.
-Eres tan preciso cuando no bebes- sonrió
-ja ja- bufó él, regresándose a la cocina
-Con la ayuda de las ninfas podremos hacer un poco más arduo tu entrenamiento- acotó Bella y Anayance resopló, hastiada. No quería llegar hasta ese momento del día.- Sam ya se ha ido- dijo entonces Bella- Está en peligro… eso debiera ser un aliciente para moverte a conseguir todo tu poder más pronto. Anayance iba a replicar, cuando alguien tocó a la puerta nuevamente.
-Y ahora quién?- bufó, mientras Crowley abría la puerta. Anayance quedó de una pieza al ver a Cassandra, acompañada de otro sujeto, desconocido.
-Chuck?- Castiel se adelantó a Anayance y llegó hasta el desconocido- Qué haces aquí?
-Vine a ayudar- musitó el sujeto, con demasiado miedo en la voz
-Igual que yo- intervino Cassandra
-Un momento, un momento- los detuvo Anayance, poniéndose seria y molesta- Detengan esto, quieren?- todos la miraron interrogativos- Ya me siento lo suficientemente responsabilizada por proteger a Sam, Dean, un ángel y tres demonios… no quiero ser responsable por la vida de cinco ninfas y dos humanos! Esto no es el juego en un parque de diversiones, saben? Pueden salir muertos de todo esto… y no soy lo suficientemente poderosa para resucitarlos…
-No debes preocuparte por nosotras- dijo Caroline- Sabemos en qué nos estamos metiendo… y no es que nuestra vida sea mucho más perfecta allá afuera. La policía nos busca, ya te lo dijimos. Además, si podemos ser de ayuda para destruir a la criatura que nos ha hecho esto, ayudaremos. No fuimos creadas para la maldad o la venganza… pero nadie se mete con nuestra familia.
-Yo también puedo ser de ayuda- acotó Cassandra- Puedo ver más allá, lo sabes- Anayance las miró, resignada. Además, estaba tan cansada que ni siquiera tenía ganas de discutir.
-Y yo…- titubeó Chuck- También puedo ser importante… tengo información.
-Han seguido las visiones?- interrogó Cass
-Más que eso, diría yo- replicó Chuck, inseguro- He vuelto a ser yo mismo
-Qué, te poseyó un demonio?- preguntó Anayance y él negó con la cabeza.
-Me poseyó Dios- Castiel y Anayance se quedaron mirándolo, de una pieza.
